ADVERTENCIA: SEXO. LENGUAJE VIOLENTO. ALUSIÓN A TEMAS SENSIBLES. (FAVOR TENER EN CUENTA, SOBRE TODO EN LA PENÚLTIMA ESCENA DEL CAPÍTULO).
Capítulo 15: ASTORIA GREENGRASS
"Arrepentirse de las cosas que hicimos puede atenuarse con el tiempo. Es el arrepentirse de lo que no hicimos lo que se vuelve inconsolable". - SYDNEY J. HARRISGawain Robards había sobrevivido en el puesto de Jefe de la Oficina de Aurores, incluso después de la guerra. Su relación con Harry, si bien tensa desde su llegada al Departamento, donde Robards lo veía como una amenaza para su puesto, había empeorado desde que Shacklebolt destinara al elegido a trabajar junto a Hermione en un sistema de justicia que escapaba del control del Wizengamot, y por tanto, del control que el Departamento de Aurores tenía a través de este.
Por lo mismo, no provocó extrañeza en Hermione saber que Robards había testificado en defensa de Azkaban, presentando evidencia que respaldaba el "buen uso" que se había dado por parte de los guardias, a las "donaciones" de sus prisioneros más adinerados, y negando traspasos de dinero a los aurores.
- ¿Qué dijo de Hemlock?- preguntó Hermione, mientras Dean y Harry terminaban de relatar lo ocurrido en las entrevistas del día previo. Sabía bien que parte de la estrategia de su amigo, consistía en llevar al jefe de guardias al estrado, para indagar sobre el destino de los montos recibidos.
- Que recibía los depósitos en su rol de jefe de guardias, por sugerencia de él mismo, pero que nunca hizo más que seguir instrucciones del Departamento de Aurores.
- ¿Lo podemos traer a declarar con eso?- insistió Hermione.
- No, pues Buttercup alega que el rol de Hemlock no guarda relación directa con el caso de Nott o la denuncia de maltratos.
- ¿Y qué dice Robards de los maltratos?
- Que no existen.
Hermione bufó molesta. Sabía tan bien como Harry y Dean, que Robards debía estar al tanto de lo que ocurría en Azkaban, y muy probablemente ser parte de ello, o no se expondría a negar todo con tal descaro.
A Robards se sumaban como testigos otros tres guardias que ya habían sido llamados a declarar, todos prestando testimonios prácticamente ensayados, para negar cualquier acción comprometedora.
"Tengo la instrucción de mis superiores de no hablar", había dicho Hemlock, y Hermione estaba segura que la Defensora se había encargado de pautar las respuestas de cada funcionario de Azkaban.
Para empeorar las cosas, Dean se estaba quedando sin testigos, pues solo faltaban las declaraciones de Flint y Draco, que no necesariamente lograrían convencer a unos jueces que hasta entonces parecían considerar toda evidencia como "circunstancial".
- Hermione,- comenzó Harry de pronto, girándose a ella.- es importante que Malfoy declare lo que ocurrió esa última semana en Azkaban.
- Si él lo declara, podremos citar a la sanadora, y tener un testigo directo y creíble de lo que ocurrió.- Siguió Dean, mientras Hermione asentía.
Sabía muy bien que sus amigos tenían razón, pero cada vez que intentaba tocar el tema con Draco, algún beso o gesto, o caricia, o risa, le hacía pensar que no quería arruinar el momento y que aquella conversación podía esperar. Por lo mismo, estuvo a punto de exponer a los dos muchachos que necesitaba apoyo con eso, pero el ingreso de Hestia a la sala la detuvo.
La rubia mujer, que desde que se confirmara el traslado de su novio a nuevas dependencias del Ministerio, parecía más feliz que nunca, traía consigo una serie de carpetas, con las transcripciones de los testimonios del día previo, que entregó a los muchachos, antes de girarse a Hermione y explicarle que tenía una visita esperando por ella en la oficina.
Grande fue la sorpresa de todos al enterarse de que se trataba de Astoria Greengrass.
-HP-
La hija menor de los Greengrass, no había sido otra cosa más que amable con ella, desde que salieran del Ministerio, en busca de alguna cafetería que les permitiera charlar, pero aún así, Hermione exudaba angustia con cada paso que daba a su lado, temiendo por el reclamo que la joven seguro querría hacer en algún momento.
"No somos novios", había dicho Draco una y otra vez, pero sin aclarar nunca qué eran realmente. Y Hermione no podía estar segura respecto a qué idea pudiera tener Astoria respecto a su relación.
- ¿Draco sabe que estás hablando conmigo?- fue lo primero que pudo decir Hermione, luego que la mesera se retirara con las órdenes de ambas.
- No.- sonrió la joven.- No lo sabe. Le dije que tenía la intención de hablar contigo, pero él dijo que no debía preocuparme.
Que no debía preocuparse. Hermione sintió su estómago revolverse.
- Astoria, ¿tú y él son novios?
La rubia joven sonrió como si la pregunta fuera algo ingenua.
- Si fuera mi novio esta conversación no existiría, ¿no?- su mirada era transparente, sincera, pero a la vez había una cierta madurez en ella que hizo a Hermione sentirse como una niña siendo reprendida por su pregunta idiota.
Fue la llegada de la muchacha con la bandeja de té la que interrumpió la conversación un instante, mientras Hermione admiraba la elegancia y amabilidad de Astoria con la chica. El modo cortés en que agradecía, y su sonrisa sincera. Y ella se sintió algo torpe, al intentar alzar la tetera, pasando a llevar su propia taza con el codo. La porcelana se tambaleó sobre el plato, haciendo un ruido ridículo.
- Tú no estuviste en Hogwarts ese último año.- la interrumpió la rubia, y Hermione desistió en su empeño de servir el té, sintiendo como cada músculo de su cuerpo se tensaba ante las palabras. No era un reclamo, pero seguía siendo incómodo cuando le recordaban que ella no había estado en Hogwarts. Que había una parte de la historia que ella no conocía. Y la imagen de un decrépito Neville, y las ojeras de Ginny, siempre volvían a ella.
- No.- respondió con brusquedad.- Estaba arriesgando mi vida junto a Harry y Ron, para poder acabar con Voldemort.- Astoria ni siquiera pestañeó ante el nombre.
No es precisamente una niña indefensa.
- Lo sé.- sonrió tranquila la rubia.- Se escribieron muchas historias sobre su valiente cruzada.- Con sus largos y pálidos dedos, la joven acercó la tetera frente a ella para completar el contenido de la taza de Hermione, y luego el de su propia taza, con tranquilidad.- Pero las historias de quienes estuvimos en Hogwarts no fueron escritas, aunque lo que ocurría ahí, día tras día, también dio origen a muchos actos de valentía.- La rubia añadió azúcar a su té, sin parar, hasta que logró disolver diez cucharadas en ella. Hermione debió resistir la urgencia de decir algo respecto a los estragos que eso podía provocar en sus dientes.- Aprendí a apreciar la dulzura del té y los caramelos gracias a Draco, ¿sabes? Siempre llevaba consigo algunas grageas, y ese año, cuando teníamos a los Carrow por maestros…-se detuvo, negando con un movimiento de cabeza antes de beber de su té y volver a hablar.- Él decía que el dulce ayudaba. Y era cierto.
- Astoria, no entiendo qué…
- Draco dijo que Bella te torturó, de modo que sabes lo que es resistir la Maldición Cruciatus. Con los Carrow, ese tipo de torturas formaban parte de nuestras clases.- Hermione apretó los labios como lo hacía cada vez que recordaba ese dolor.- No era un tiempo donde pudiéramos alegrarnos de un paseo a Hogsmeade o de nuestra primera cita. La mayor alegría era llegar al final del día, habiendo escapado a las "demostraciones". Cada vez que debíamos participar de una maldición, ya fuera porque Amycus consideraba que era necesario conocer su efecto, o porque Alecto quería dar un ejemplo de cómo se debía castigar a los muggles, todos reteníamos el aliento rogando no llamar su atención, para evitar que nos tocara recibirla. Incluso cuando no te tocaba, bastaba con ver los efectos en alguien cerca tuyo para recordar cómo se sentía.- bebió de su té con tranquilidad, antes de seguir.- La sensación de mil abejas picando a la vez, la falta de aire, el sabor metálico en tu boca al morder tu lengua…- Astoria apretó los labios antes de seguir, conteniendo sus recuerdos.- En algún momento comenzábamos a suplicar… Si aún podías hablar, rogabas porque parara. Otras veces, solo salían sonidos inentendibles a través de nuestra boca, porque ni siquiera podíamos articular palabras.
La rubia sostuvo la taza de té entre sus manos, con la mirada detenida ahí por unos segundos.
- ¿Sabes lo agradable que es beber todo el líquido que quieras, sin miedo a que ese sea el día que te toque participar del espectáculo?.- Hermione alzó una ceja sin comprender- Beber demasiado jugo de calabaza solo agregaba humillación el castigo.- sonrió, dando otro sorbo a su tazón, con una tranquilidad que contrastaba con la crudeza de su relato, mientras Hermione sentía el frío recorrer su espalda, ante el recuerdo.
Fue con el segundo cruciatus de Bellatrix que Hermione sintió la tibia humedad brotando entre sus piernas y mojando su ropa. Recordaba también la humillación al saber que ellos estaban ahí, observando, riendo. Harry y Ron nunca mencionaron nada respecto a sus ropas mojadas, pero el olor a orina estaba vívido en sus recuerdos.
- Draco recibió la maldición por mí más de una vez, durante las detenciones con Amicus.- siguió Astoria.- Ventaja de ser la hermana de su novia, supongo.
Daphne Greengrass. El nombre hizo que el estómago de Hermione se apretara, porque era otro aspecto del pasado de Draco que le era desconocido.
- Los Slytherin no se caracterizan por su valentía,- siguió la joven.- pero en esos tiempos, surgieron muchos actos valientes. Claro que nadie habla de ese tipo de heroísmo. Es demasiado humillante. Demasiado real. Hablar de héroes que ruegan para que el dolor se detenga, o que hacen tratos con maestras asquerosas para reducir los castigos a sus amigos, no es algo de lo que nadie quiera hablar. Pero para mí sigue siendo heroico.
- ¿Lo amas, verdad?- Hermione creía conocer la respuesta. Lo que seguía sin entender era el objetivo de aquella conversación que la tenía ansiosa y molesta. ¿Por qué la rubia no le decía de una buena vez lo que había venido a decir?- Astoria, puedo entender que…
- Si. Lo amo.- Astoria dejó la taza de té vacía sobre la mesa y giró a mirarla. - No del modo que tú crees, pero lo amo. Y sé que él no merecía Azkaban.
Hermione apretó los labios y se mantuvo por varios segundos en silencio, evaluando los riesgos de responder a aquella declaración.
"Él no merecía Azkaban"
Pero antes de poder frenar sus pensamientos, las palabras dejaron sus labios, transformándose en sonido.
- No. Él no lo merecía.
Una tibia sonrisa apareció en los labios de Astoria ante su confesión, mientras algo similar al remordimiento, se apoderaba del pecho de Hermione.
"Tú eras la testigo ideal…"
"¿Es por Culpa?".
- Bien.- siguió la rubia de pronto, retornándola al presente.- Ya que estamos de acuerdo en eso, debes saber que amo a otra persona, y que pienso aceptarlo como esposo.
Hermione pestañeó un par de veces, confundida. ¿Debía felicitarla?
- Astoria, no entiendo qué…
- Draco siempre estuvo para mí, y yo le prometí que estaría siempre para él.- siguió la rubia- Estar prometida a otro, me hará difícil cumplir mi promesa, y por eso quiero estar segura de que tú estarás ahí para él, y que no le harás daño.
- ¿Crees que puedo herirlo?
- No directamente, pero, eres Hermione Granger.- sonrió la rubia, como si la implicancia fuera obvia.
- ¿Es por ser hija de muggles?
- Eso también.- Hermione resopló. Esperaba algo más de amabilidad de una chica supuestamente bien educada.- Puede que para Draco ya no tenga importancia, pero para una parte del círculo de personas que aún le habla sí la tiene. Partiendo por su madre. Pero no es solo eso. Lo digo también porque siendo quien eres, tampoco para tí será fácil estar con él y temo que cuando te des cuenta, sientas que es más de lo que puedes soportar.
Los ojos azules de Astoria recorrían su rostro, esperando su reacción, pero Hermione no sabía qué decir ante eso. Estaba al tanto de los prejuicios y consciente de que había muchos secretos de Draco que aún no conocía, pero, ¿eso lo haría insoportable?
- Él realmente te quiere, ¿sabes?- siguió Astoria.- Por eso debo asegurarme de que entiendas que para él, el estar contigo, no es solo lanzarse a una piscina. Sino al mar… y sin salvavidas. Yo no quiero dejarlo hasta estar segura de que tú estarás ahí para él, cuando yo no esté. ¿Lo estarás?.
Y Hermione, que no terminaba de admirar la lealtad de una chica que hasta hacía pocos segundos provocaba celos en ella, asintió. Porque ella sí quería estar para él.
"Intenta no sacrificarte por él, porque él no lo hará por ti."
Solo esperaba que Harry estuviera equivocado, y que el sentimiento fuera recíproco.
-HP-
- Granger,- le llamó Draco, haciéndola levantar la mirada desde la carta de opciones. Sentado frente a ella, en la mesa de una cafetería del Londres Muggle, sonriendo de medio lado y con los ojos explorando en todas direcciones con curiosidad, Draco Malfoy era un espectáculo que sacaba suspiros en ella. Lamentablemente para Hermione, la imagen parecía resultar igualmente encantadora a las chicas de las mesas más cercanas, que lanzaban miradas poco disimuladas en dirección al rubio- ¿Los muggles son siempre así de amables?
- En este local, siempre lo han sido conmigo.- sonrió aparentando tranquilidad, mientras una de sus manos buscaba la de Draco, para cogerla sobre la mesa, esperando que aquello acabara con la insistente contemplación por parte de las demás.
- ¡Hola cariño!,- se oyó la melosa voz de la mesera que llegaba a su lado,- ¿ya decidiste qué van a ordenar tú y tu novia?
Podrías preguntarle directamente a su novia, pensó Hermione, apretando los dientes.
- Si quieres una recomendación,- siguió la mujer, acercando su cabeza excesivamente a la de Draco, solo para apuntarle uno de los platos de la lista.- yo te diría que…
- Dos americanos estará bien, gracias.- interrumpió Hermione con frialdad, arrancando la carta de las manos de Draco y extendiéndola a la mujer para que la retirara.
- Y una tarta de limón.- agregó Draco, pero sin dejar de mirarla a ella, con una sonrisa insinuante.
- ¿Qué?- exclamó Hermione, cuando la chica se había retirado lo suficiente para no oírla.
Draco no respondió nada, pero en su rostro estaba claro el deleite que le provocaban sus celos, y Hermione le soltó la mano, a modo de protesta, cruzándose de brazos mientras recorría con la mirada el salón de té que frecuentaba con sus padres durante su infancia. Había pensado que era un buen modo de tener una cita con el rubio, sin que entrara en pánico porque alguien fuera a reconocerlo.
No preví que terminaría siendo foco de atención por otros motivos, reclamó mentalmente.
Pero cuando su mirada volvió a encontrarse con él, pensó que era esperable aquella reacción por parte de las otras chicas, pues lo rasgos del rubio no eran precisamente habituales. Con el cabello parcialmente desordenado, dejando caer mechones sobre su frente, el rostro apoyado en una de sus manos, una sonrisa divertida asomando en sus labios, y sus ojos grises fijos en ella, Draco era en verdad un espectáculo que quitaba el aliento.
- ¿Qué te parece tan divertido?- le reclamó, entrecerrando los ojos, con la esperanza de que eso lo hiciera desistir de la clara burla que hacía de ella.
- Luces guapa enojada.
- No estoy enojada.
- Está bien, lo diré de otro modo.- su lengua asomó por sus labios para humedecerlos antes de hablar.- Luces guapa cuando estás celosa.
- No estoy celosa.- Una rubia ceja se alzó, poniendo en duda su declaración.- Está bien… puede que esté celosa.- apretó los brazos cruzados sobre su pecho cuando la sonrisa en los labios de Draco se amplió- Aunque no tendría que estarlo si no estuvieras sonriendoles de vuelta.
- Esa es una acusación ridícula, Granger, considerando que, desde el momento en que tomamos asiento, no he despegado mis ojos de ti.
Eso es cierto, se reprochó mentalmente, al tiempo que sentía que su respiración se detenía y que los colores subían a sus mejillas, ante la intensidad de su mirada.
- Y, ¿qué es lo que ves?- preguntó soltando sus brazos, y llevando un mechón de cabello por detrás de su oreja.
- Que Weasley fue un idiota al dejarte ir.
Una risita involuntaria escapó por sus labios frente a las implicancias del cumplido, y Hermione no pudo evitar pensar en lo ridícula que le habían parecido en otros tiempos Lavander y Parvati, cuando reían de un modo similar.
- Dijiste que querías hablar de algo importante.- fue él quien cambió el tema de conversación, y Hermione lo agradeció mentalmente.
- Así es.- Tomó aire, volviendo a acomodar su cabello detrás de su oreja.- La señora Weasley me pidió que te invitara a cenar a su casa para las fiestas de Pascua.
- Gracias, pero no.- respondió tajante, sin dejar de mirarla, pero esta vez sin sonreír.
- No tienes que ir a toda la fiesta.- insistió ella, recordando la sugerencia de Ginny de incluirlo en su grupo de amigos, para evitar que estar con él todo el tiempo acabara aislándola de los demás.- Puedes simplemente pasar unos minutos a saludar y luego…
- Créeme Granger, no es una buena idea.
- Draco,- Hermione mordió sus labios.- así como tu relación con Harry ha mejorado, podrías intentar llevarte mejor con…
- Mi relación con Potter no ha mejorado.- Esta vez fue él quien se cruzó de brazos y la observaba con expresión ceñuda.- Sigue siendo un idiota al que le gusta lucirse, pero considerando que gracias a él ya no tengo un psicópata xenofóbico metido en mi casa, puedo intentar ser civil con él.
- Ron también ayudó con eso.
- Tú ayudaste más.- sonrió, haciendo a Hermione pestañear confundida.
- ¿Eso qué tiene que ver?
- Que prefiero agradecértelo a ti.- expuso, alzando una ceja sugestiva.- Y a tí no parece molestarte el modo en que te lo agradezco.
La llegada de la chica con los cafés y la tarta, liberó a Hermione de responder a un comentario que no sabía bien cómo enfrentar.
- Perdona que pregunte, pero…- interrumpió la mesera, sonriendo hacia el rubio.- ¿tu cabello es natural?- Hermione sintió algo revolverse en su estómago, mientras Draco giraba su rostro a la muchacha, con aparente confusión.
- ¡Sí, es natural!- exclamó Hermione, con más energía de la necesaria, atrayendo la mirada de la mesera, Draco, y los comensales de las mesas más cercanas.
La muchacha pareció entender que no era bien recibida, porque asintió con una mirada apenada y se alejó de la mesa al fin.
- ¿Qué?- preguntó al advertir la amplia sonrisa en los labios del rubio.
- Luces realmente guapa cuando estás enojada.- Hermione llevó la taza de café a sus labios.- Tan guapa, que estoy pensando en pedir esta tarta para llevar.
Eso me parece una estupenda idea, susurró una voz dentro de su cabeza, y Draco pareció leer sus pensamientos por el modo en que alzó la mano para pedir la cuenta.
-HP-
Hermione jamás imaginó que una simple almohada pudiera hacer la diferencia, pero luego de que Draco colocara una bajo sus caderas, con una de las piernas de ella sobre su hombro, y la otra enredada con las de él, mientras se movía sobre ella en un compás delicioso que la llenaba por completo con cada embestida, pensó que valía la pena invertir en almohadas nuevas.
El pensamiento duró exactamente hasta que sus muslos comenzaron a temblar, y su atención se volcó en los sonidos obscenos que hacían sus caderas al impactar una contra otra, cada vez que una parte de él buscaba refugio dentro de ella, mientras la humedad de sus labios la recorría desde su boca, pasando por el lóbulo de su oreja, su cuello, y hasta sus pechos, en un ángulo que ella no sabía bien cómo lograba hacer durar tanto tiempo, mientras la devoraba con la boca.
En algún momento el frío de su cuarto invadió sus pechos, cuando su boca dejó de contactar con ella, y Draco deslizó sus dedos hacia la parte más sensible de ella, y Hermione se sacudió mientras gritaba, y cada músculo de su cuerpo se tensaba, buscando los brazos de él para agarrarse a algo, arañando su piel en el proceso.
Sintió su garganta desgarrarse en una serie de gritos entrecortados, generados por el orgasmo que se abría paso fuera de ella, mientras Draco iba acelerando el ritmo de sus embestidas y rozaba su parte más sensible.
De pronto, todo fue demasiado, y su cuerpo se elevó de golpe sobre la cama, aferrándose a la vida sin poder pensar, ni respirar, ni moverse, mientras su cuerpo se sentía cayendo metros y metros en un desfiladero sin fondo, con una mezcla de ansiedad y miedo que la consumía al pensar en que todo acabaría.
Y acabó, con él dejándose caer sobre ella, y ambos respirando profundas bocanadas de aire. Los ojos de Hermione buscaban adaptarse a la penumbra de un cuarto que no lograba reconocer tras los destellos luminosos que habían invadido su vista, mientras la sangre golpeteaba fuerte en sus oídos.
Draco no tardó en alzarse sobre ella, apoyado en sus antebrazos, buscando primero sus ojos, y luego uniendo su boca a la suya, como si quisiera extraer el escaso aire que quedaba en sus pulmones, y Hermione no tuvo más remedio que enredar sus dedos en los cabellos de él y jalarlo con fuerza, hasta separarlo de su boca, mientras pensaba que acababa de experimentar el mejor orgasmo de su vida.
Y habría seguido sumida en la placentera sensación que era contemplar sus ojos grises, de no ser porque un oscuro pensamiento cruzó por su cabeza en el momento más inoportuno, preguntándose dónde había aprendido Draco sobre el sexo.
¿Habrá sido con Alecto Carrow?, surgió la pregunta, y al instante siguiente una sombra se posó en el rostro de Draco.
Lentamente, y con más seriedad de la que solía mostrar en los momentos posteriores al sexo, Draco se separó de ella, dejándose caer sobre su espalda al lado de la cama, con su mirada perdida en el techo, y Hermione se preguntó si sería que él también, como ella, necesitaba recuperar la respiración.
- No fue Carrow.- sonó su grave voz de pronto, retumbando en la habitación de Hermione. Ella giró su rostro a él, sin poder explicar sus palabras, pero adivinando, o más bien, sabiendo, que no podía ser coincidencia.
- ¿Cómo dices?- preguntó, con una mezcla de ansiedad y miedo.
- Estoy respondiendo a tu pregunta.- sus ojos seguían fijos en el techo, mientras acomodaba su brazo por detrás de su propia cabeza.
- Yo no hice ninguna…- Hermione sintió las palabras atascarse en su garganta, tomándole aún varios segundos antes de poder emitir algún sonido.- ¿Eres un Legeremante?
Draco cerró los párpados y apretó los labios, con su rostro inundado por algo que parecía una disculpa, antes de girarse a ella. Era la expresión de un niño travieso descubierto en una falta.
- No es tan difícil cuando eres oclumante.- respondió con franqueza, y por un largo momento no dijo nada, mientras el cerebro de ella procesaba sus palabras y analizaba todos los momentos previos en que sintió que podía leerla, pero esta vez con el conocimiento de que en verdad podía hacerlo.
- ¿Fue así como supiste que era yo, cuando estaba en el cuerpo de Astoria?.- él asintió.- ¿Y siempre me estás leyendo? ¿Todo lo que pienso o digo y…?
- ¡No!- exclamó, girando el resto de su cuerpo, hasta quedar frente a ella sobre la cama.- Lo he usado muy pocas veces contigo, lo juro. Solo un par de ocasiones, desde que estamos juntos. La mayor parte del tiempo no tengo idea qué es lo que pasa por tu cabeza, y creo que es mejor así, porque tu mente es como un tumulto de pensamientos que se mezclan y racionalizan, y discuten entre sí y es como…¡Uf!- exclamó, apretando los ojos, como si con eso pudiera alejar esos pensamientos.- Es, demasiado.- sonrió. Hermione no estaba segura de que eso fuera tranquilizador.
- ¿Y ahora? ¿Por qué entraste en mi cabeza ahora?
- Quería saber si te había gustado.- alzó una ceja y sonrió, con soberbia.
- Podrías haber preguntado.- le reclamó.
- Podrías no ser sincera.
- Preguntame.- le exigió ella, y él pareció comprender que necesitaba que lo hiciera, pues tras unos segundos de duda, lo hizo.
- ¿Te gustó?
En la penumbra de la habitación, uno frente al otro, con los ojos de él brillando sobre ella, había algo tan íntimo ocurriendo entre ambos, que Hermione sintió que, pese al enojo que le provocaba saber que había estado hurgando en su cabeza, debía ser sincera con él.
- Sí.- Fue su respuesta.- Me gustó mucho…- seguramente los colores subieron a su rostro, pero el modo en que el sonrió ante ese comentario hizo que valiera la pena.- No tengo tanta experiencia en estas cosas pero sé que eres realmente bueno en la cama.
Los rumores no mentían.
- ¿Cómo lo sabes?- preguntó él de pronto, enredando sus dedos con los de ella. Hermione recordó cuánto le gustaba a él el contacto físico.
- He leído mucho libro erótico…- expuso, y el volumen de su voz se hizo más bajo, mientras sus mejillas se teñían de rojo. No consideraba que leer literatura erótica fuera algo embarazoso, pero era la primera vez que confesaba su placer culpable por libros donde el argumento no era lo más importante.
- Por supuesto.- sonrió él, mientras sus ojos brillaban.
- Y se sintió mucho mejor que cualquier descripción que haya leído.- siguió ella.
- ¿Mejor?- Alzó una ceja pretenciosa, que era absolutamente innecesaria en opinión de Hermione. Aún así, dejó salir una respuesta sincera.
- Infinitamente mejor…
La sonrisa que se formó en los labios de él ante sus palabras, hizo que la confesión valiera la pena. Era reconfortante verlo sonreír, con los ojos transparentes, sin usar oclumancia.
- Tanto,- siguió ella- que, si no fuera celosa, le recomendaría a una de esas escritoras que experimente contigo, antes de volver a escribir.- Draco sonrió.- ¿Con quién aprendiste?
- Mi maestra de francés… - fue tan rápida la respuesta, que Hermione podía adivinar la sinceridad.- A los catorce.
- ¿Es eso legal?
- No. Pero ella no era tanto mayor, y en su defensa, debo decir que fui yo quien dio el primer paso.- Los dedos viajaron de sus manos hasta el rostro de ella, y luego a un mechón de su cabello, que posicionó detrás de su oreja.- Tenía un cabello oscuro que daban ganas de…- se mordió los labios, para ejemplificar la reacción que eso tenía en él.- Y unos ojos…- la miró fijamente como si descubriera algo por primera vez.- Se parecían a los tuyos.- Por un largo instante en que Hermione contenía el aliento, no hubo entre ambos más que silencio, pero él pareció necesitar romperlo.- Ella fue la primera.
- ¿Y qué pasó?
- Mi madre se enteró.- mordió su labio.- Pero estuvimos juntos tiempo suficiente para mejorar mi francés y aprender muchas otras cosas… Soy un buen alumno cuando estoy motivado.
- Imagino que Parkinson se benefició de ese aprendizaje…- Draco amplió su sonrisa en una clara confirmación, y Hermione sintió que debía aprovechar el momento de sinceridad creado entre ambos - ¿Y Carrow?
De golpe, la sonrisa del rostro de Draco desapareció, y sus dedos detuvieron su avance sobre su cabello.
Por favor, no uses oclumancia… por favor, algo en ella quería gritarle, pero las palabras no salieron de sus labios.
- ¿Quién te lo dijo?- fue su pregunta. Más que molesto parecía curioso, y Hermione llevó una de sus manos a colocar un mechón del rubio cabello detrás de la oreja de Draco, y luego se quedó ahí, a acariciar el ángulo de su mandíbula y su mentón. Sus ojos seguían siendo de un gris claro.
- Deduje la mayor parte.- Expuso, sin traicionar a Ginny. No podía sonreír, pero tampoco quería expresar preocupación u otro sentimiento que le impidiera a él hablar.- ¿Fue por Luna?
- ¿Lovegood?- sus ojos se empequeñecieron como si no entendiera la relación.
- Ella dijo que no quisiste lanzarle una imperdonable bajo órdenes de Alecto, y que eso te ganó una detención.- Hermione se mordió el labio sin saber qué más decir.- Supongo que fue entonces que…
- No.- respondió seco.- No me sacrifiqué por Lovegood, si eso es lo que crees.
- Por Astoria entonces.
- ¿Astoria?- la incredulidad estaba clara en su rostro.
- Habló conmigo hoy. Al parecer quería asegurarse de que mi relación contigo es algo serio para mí.- Draco negó con la cabeza como si el gesto de Astoria le pareciera ridículo, pero tierno.- Ella mencionó que te sacrificabas por tus amigos. Supongo que…
- Astoria es una chica increíble, pero tiende a idealizar las motivaciones, y ver bondad donde no la hay.- mordió su labio, como si dudara en seguir hablando, pero lo hizo igualmente.- Soy un egoísta, Granger. No lo hice por Lovegood, ni por Astoria. Lo hice por mí.- apretó sus labios, en el gesto inconfundible de quien guarda un secreto, pero poco a poco, los fue separando otra vez.- No quería terminar como ellos.
- ¿Ellos?
- Bella, Alecto, Amycus, Rabastan.- Explicó. - El mismo señor oscuro. Todos parecían haber perdido algo en el camino. Eran temibles, porque no tenían límites.- sus dedos se posaron en los labios de ella.- Usar las imperdonables te hace eso. Yo… podía sentirlo cada vez que lo hacía. No sé describirlo, pero era como si algo en mí se corrompiera.- Hermione envolvió con su mano la de él, por encima del ángulo de su mandíbula, y la llevó hasta sus labios para besarla, aparentando una tranquilidad que no tenía del todo.- Satisfacer a Alecto me evitaba parte de eso.- Los labios de Draco se curvaron en una sonrisa triste, y aunque Hermione no estaba del todo de acuerdo con su lógica, con Alecto Carrow condenada de por vida a Azkaban, era poco lo que se sacaría con convencerlo de hacer una denuncia.
- Lamento que tuvieras que pasar por eso.- dijo al fin.
Él había comenzado a dibujar caricias con sus dedos en el contorno del rostro de ella, emulando lo que ella hacía en el suyo.
- Alecto Carrow no fue tan horrible, comparada a todo lo demás.
Todo lo demás…, las palabras resonaron en la mente de Hermione.
"Tu familia viéndote como un fracaso"…
"Casi un menor de edad cuando llegó"…
"Quemó la marca en mi brazo"…
"La maldición Cruciatus"…
"Su voz me hizo recordar"…
"Recibió la maldición por mí más de una vez"…
- ¿Qué es todo lo demás, Draco?- preguntó de pronto.
- Tu lo sabes.
"No dejaron de molestarlo nunca"…
"Ha soportado un montón de mierda"…
"Como si quisiera que lo golpearan"…
"Habían repetido la maldición tantas veces"…
"Héroes que ruegan para que el dolor se detenga"…
- No… No lo sé.- confesó ella de pronto, haciendo que los dedos de él se detuvieran.- Y es un poco humillante tener que enterarme por otros de lo que ha ocurrido al hombre con el que llevo meses compartiendo de todo, y que no quiere compartir conmigo nada de su vida.- fue un torrente de palabras dichas sin haberlas pensado del todo, pero que Hermione estaba segura, representaban de algún modo el sentir de su corazón.
- Granger…
- Ni siquiera eres capaz de llamarme por mi nombre.- Hermione se incorporó sobre la cama, atrayendo la sábana de florecillas rosas para cubrir su cuerpo. De un momento a otro, estar desnuda frente a él se sentía incómodo.- ¿Qué es lo que soy para tí, Draco? Porque empiezo a pensar que aparte de satisfacer tus necesidades en la cama, es poco más lo que represento en tu vida.- Draco se apoyó sobre un brazo primero, mordiendo sus labios, antes de quedar sentado junto a ella.
- Granger…- sus ojos miraban hacia abajo, buscando alguna excusa.
- Dime,- siguió ella, sintiendo la ira bullir en su interior. Y fue esa ira la que le impidió analizar lo que estaba a punto de decir.- ¿soy otra encamada conveniente, como lo era Carrow?
Los ojos de Draco se clavaron en ella de golpe. Su mandíbula pareció tensarse y sus fosas nasales se ensancharon.
- ¿Te estás comparando con Alecto Carrow?- preguntó con una voz grave, fría, muy diferente a la que había usado en los momentos previos.
Hermione sabía que equipararse a la mujer era ridículo, pero todos sus cuestionamientos sin respuesta, los silencios incómodos e inseguridades, comenzaron a apretujar dentro de ella, transformándose en una rabia contenida que quería explotar. Y fue esa rabia la que habló.
- ¿No debería? Con lo poco que sé de tí, el estar conmigo podría ser perfectamente otro acto egoísta que convierte esto en una relación por conveniencia.
- ¡Alecto Carrow me daba asco!- La expresión de Draco era de incredulidad, y aunque había alzado el tono de voz, parecía más confundido que enojado.
- ¿Y en qué sería diferente a mí?- preguntó, apretando la sábana con más fuerza en torno a su pecho, sin dejar de mirarlo. El rubio la contempló perplejo, con los labios apretados, en actitud contenida. Hermione podía adivinar la ira apoderándose de él, pero ni aún eso impidió que siguiera con su reclamo.- Durante todo nuestro tiempo en Hogwarts me despreciaste como algo digno de asco. ¡Fuiste el primero en llamarme sangre sucia y celebraste cuando Voldemort volvió a la vida, porque acabaría con los que eran como yo! Puede que te resulte aún tanto o más despreciable que Alecto, por todo lo que sé.- Sabía que el reclamo era injusto, pero el peso de sus inseguridades se habían transformado en una ira que no la dejaba pensar racionalmente.
- Fui un idiota durante gran parte de mi vida, Granger.- dijo de pronto, con voz fría- Pero hace mucho que dejó de importarme el tema de tu sangre. ¿O crees que iría a comer con tus padres si los considerara inmundos?
- No.
- Entonces deja de decir estupideces.- se giró sobre la cama, dándole la espalda, aún sentado, pero con los pies contactando la alfombra. Parecía restregarse el rostro con las manos.
En el fondo de su corazón, Hermione sabía que sonaba ridícula, y una pequeña parte de ella se avergonzó del espectáculo que estaba dando. Pero otra, una más vengativa, no quería soltar. Y eso se sumaba al miedo a que las preguntas quedaran ahí, sin respuesta, y tuviera que seguir viviendo en la oscuridad, con todos conociendo más de él que ella misma.
- Soy estúpida entonces…
- No lo eres. Pero lo que estás diciendo sí suena estúpido.- dijo, girando su cabeza a ella por encima de su hombro, pero sin mirarla.
- Hablemos del resto entonces.- siguió Hermione- ¿Qué más hay detrás de tu historia, Draco? ¿No te parece que merezco saberlo? Eso me permitiría hacerme una idea de por qué estás conmigo realmente.
- ¿Necesitas conocer mi historia para saber por qué estoy contigo?- giró el rostro hacia ella, con la perplejidad expuesta en él.- ¿Sabes lo ridículo que eso suena?
- ¿Ahora soy ridícula?
- Granger…
- No es ridículo.- reclamó, abrazándose a sus piernas por encima de la sábana.- Zabini, Theo, incluso Astoria saben de tí más que yo. ¿Cómo quieres que encuentre sentido a tu historia, si ni aún…?
- Blaise y yo hemos sido amigos desde Hogwarts. Theo incluso desde antes.- se puso de pie, girándose hacia ella, enojado y desnudo, enfrentándola.- Astoria fue testigo de gran parte de esa mierda, y tú crees que solo porque me acuesto contigo, debo ponerte al tanto de todo, para que tú, mágicamente, puedas encontrarle sentido a mi historia.- Había comenzado a gritar.- ¡Nada de lo que me ha pasado tiene sentido, Granger!.
- ¿Cómo quieres que lo sepa, si no me dices nada?- insistió ella.- Necesito entender por qué tomaste la marca, pese a no ser capaz de matar a nadie, o por qué no reconociste a Harry cuando los carroñeros nos llevaron. Necesito entender, Draco, y para entender, debo saber lo que todos los demás parecen saber de ti, pero que yo tengo que estar adivinando.- Draco resopló con desprecio.
- Tomar la marca era parte de cumplir con lo que se esperaba de mí. Y si no reconocí al puto elegido, fue porque ya había visto suficiente como para saber lo que les esperaba si lo hacía. Podían no agradarme, Granger, pero lo que había visto…- se detuvo, como si el solo recuerdo lo hiciera temer otra vez.- No se lo deseaba ni siquiera a Weasley. Tú deberías saberlo, pues tuviste una muestra de ello.
Instintivamente, Hermione llevó sus dedos a enredarse en su antebrazo, donde las líneas que daban forma a la horrenda palabra marcada ahí, parecían palpitar con renovada fuerza.
- Era un imbécil arrogante porque no se suponía que tuviera que agradarle a nadie.- siguió él.- Mi único deber en la vida era lucir bien, aprender a manipular a gente influyente, buscar una joven sangre pura con quien casarme y menospreciar a personas como tú.- La rabia era patente en su voz, contenida. Parecía próximo a explotar cuando apretó los labios, y le dio la espalda, en busca de su ropa.
Hermione lo observó recorrer la habitación en la penumbra de la noche, mientras se vestía, y la rabia hizo explotar algo dentro de ella.
- ¡Ni te atrevas a dejarme así!- amenazó, con el corazón latiendo a mil por hora, mientras él terminaba de abrocharse el pantalón e iba por su camisa. Hermione ni aún se molestó en cubrir su cuerpo, cuando bajó de la cama y se aferró a la chaqueta de él, a fin de evitar que siguiera en su afán de vestirse, porque sabía que al terminar de hacerlo se iría, dejándola nuevamente sin respuestas.
Draco sonrió de medio lado al comprender su empeño, con la camisa aún abierta, y los brazos a los lados de su cuerpo, mordiéndose los labios. Su mirada estaba fija en el piso, y su cabello desordenado coronaba maravillosamente su rostro. Hermione sintió que la rabia cedía ante esa imagen de niño trágico, pero no del todo.
- No te atrevas a irte y dejarme sin respuestas, Draco.- siguió ella.- Necesito saber, necesito entender qué hay detrás de tus silencios y de tus muros de oclumancia, para saber si esto vale la pena.
- ¿Qué es exactamente lo que tiene que "valer la pena"?- sus palabras arrastradas transmitían una frialdad peligrosa.
- Esto. Lo nuestro.- aclaró.- Necesito saber para estar segura que…
- ¿Crees que es llegar y decirte toda la mierda que tengo dentro, cuando ocultarla tras muros de oclumancia es lo único que me mantiene en pie?- siguió, sin gritar, pero su grave voz resonaba en la habitación, y Hermione sintió erizarse los vellos de su nuca.
Quería decir muchas cosas más y una respuesta ya asomaba en sus labios ante lo expuesto, pero algo en el rostro de Draco, en el modo en que el dolor asomaba en sus ojos, la obligó a morderse los labios, y dejarlo hablar.
- ¿Quieres que sea un maldito libro abierto para ti, sin importar que eso me haga mierda, solo para saber de mí tanto o más que Blaise? ¿Para qué? ¿Para saber si esto "vale la pena"?- Hermione notaba su respiración acelerada, mientras la rabia en sus ojos iba desplazando al dolor- ¿Quieres que te hable de cómo dolió la marca cuando la estamparon en mi brazo, mientras Bellatrix y Rodolphus me sostenían?,- dió un paso hacia ella, y Hermione retrocedió por instinto.-¡Claro que dolió, Granger! Y no debía doler, porque era un puto privilegio, pero dolió porque había algo en mí que no la quería. Mi magia rechazaba con todas su fuerzas esa invasión, haciéndome gritar y retorcerme, porque no la quería, Granger. No la quería.- un nuevo paso hacia delante de él los acercó aún más.- ¿Quieres saber que lloré durante días y que llegué a desear que mi padre muriera para que mi madre aceptara huir conmigo?- Inclinó su cabeza hacia un lado.- ¿Quieres que te cuente que intentaba hacerle ver a todos lo orgulloso que me sentía de ese puto tatuaje, para ocultar mi vergüenza, cuando en realidad estaba gritando por dentro? ¿O quieres que te hable de las torturas? ¿Quieres saber quién fue la primera en mostrarme cómo se siente el efecto de un cruciatus?- Dio otro paso hacia ella - ¡Me hacían torturar a otros, Granger! ¡Me obligaban a torturar y ver como otros eran torturados para "aprender"! Y si me negaba, era yo quien quedaba a merced de sus varitas.
Hermione lo sintió aún más cerca de ella, e intentó desplazarse hacia atrás, pero sus piernas chocaron contra el colchón, y tomó asiento en él por reflejo.
- Mi puto hogar era la guarida de todos ellos. El único espacio donde debía sentirme a salvo, donde crecí, fue ocupado por ellos, borrando cualquier vestigio de los recuerdos buenos que pudieron haber en mi vida.
Su alta figura se inclinó frente a ella, colocando una mano a cada lado de la cama, con ella en el centro. Sus ojos grises fijos en los suyos.
- Y ya que tenías tanto interés en saberlo…- su voz parecía dulce, pero ella sabía, por el modo en que la miraba, que estaba lejos de serlo- ¿Sabes cuándo empezó lo de Alecto?- una rubia ceja se alzó en su rostro.- Apenas mi padre fue llevado a Azkaban.- inclinó su cabeza hacia el lado, indagando en los ojos de ella, que pestañeaba confundida. Su aliento impactaba tibio sobre el rostro de Hermione, por lo cerca que estaban.- ¿Quieres saber qué sentí la primera vez que me tocó bajo la mesa? ¿O dónde estaban sus manos cuando me explicaba por qué me convenía tenerla como amiga? Vomité cuando me hizo demostrarle qué tan talentoso era con mi boca, y ahí supe que debía ser muy bueno, pues con todo y el asco que esa mujer me generaba, después de la primera vez, ella siempre quería más.
Hermione seguía inmóvil, apenas respirando, pero sabía que había comenzado a llorar, por el modo en que los ojos de él siguieron el trayecto de una lágrima que rodó por su mejilla, antes de inclinar su cabeza, lentamente, hacia el lado contrario, y seguir su discurso horroroso.
- Pronto comprendí que nadie me podía ayudar. No realmente.- sonrió de lado, pero sus ojos no acompañaron su sonrisa.- Mi padre había perdido el favor de su amo, y los demás podían oler mi miedo. Yo no tenía un puto Dumbledore a mi lado, y la única vez que ese viejo decrépiro me ofreció ayuda, ya no servía de mucho, ¿no?. El maldito anciano lo supo todo el tiempo, y no hizo nada, porque hacer algo por mí colocaba en riesgo a su precioso Potter…- Una de sus manos se alzó desde la cama, para borrar una lágrima de la mejilla de ella y el frío de su mano, combinado con la desnudez de su propio cuerpo, hicieron a Hermione temblar.- ¿Crees que eso tenía sentido para mí? ¿Saber que mi vida no era tan importante como la del puto niño que vivió?
Una mueca triste se formó en sus labios, antes de seguir.
- Y luego Hogwarts, con Alecto todo el tiempo y en todas partes. La alternativa era quedarme en casa y seguir recibiendo instrucción de mi desquiciada tía. Así que fui a Hogwarts, aunque sabía lo que me esperaba ahí.
Hermione llevó su antebrazo a limpiar las lágrimas de su rostro, pero sin mucho éxito, mientras él seguía hablando.
- Daphne fue mi consuelo durante un tiempo, un refugio para poder soportar todo lo demás, porque realmente la quería, e hice todo lo que pude por demostrar que la quería, hasta que supo lo de Alecto.- bufó con rabia.- Por mucho que intenté convencerla, con la misma mentira que le decía a todos, ella no pudo soportar el asco.- Draco se incorporó finalmente, apoyándose en la cama, y luego en sus pies, arrastrando su chaqueta con él, sin que Hermione intentara retener la prenda esta vez.- Cuando la guerra terminó, creí que al fin tendría la oportunidad de dejar toda esa mierda atrás. ¿Pero sabes qué pasó entonces?- ella alzó su rostro hacia él, aunque no era necesario que se lo dijera. Ya sabía la respuesta.- Después de la guerra, vino Azkaban.
Hermione subió sus piernas a la cama y tiró de la sábana para envolver su figura, mientras lloraba, sin hacer nuevo ademán por detener al hombre que terminaba de abrochar su camisa frente a ella.
Sentía que de algún modo algo se había roto entre ambos, y aunque era doloroso, esperaba que eso permitiera destruir el muro de secretos que los separaba. Movida por ese deseo, fue que la última pregunta salió de sus labios.
- ¿Qué fue lo que ocurrió tu última semana en Azkaban, que hizo que tuvieran que llamar a San Mungo?
Los ojos de Hermione ascendieron lentamente, hasta encontrar los grises de él, con las lágrimas nublando su visión, y la sangre latiendo fuerte en sus oídos. Necesitaba terminar con los secretos, aunque doliera. Pero los segundos pasaban sin que él respondiera nada.
- Draco…
- No lo vale.- dijo de pronto, sin que ella entendiera sus palabras.
- ¿Qué cosa?
- Esto.- sus ojos estaban fijos en ella, pero parecía no verla realmente.- No vale tu estúpido sacrificio. ¿No es eso lo que querías saber a través de todas tus ridículas preguntas?- había desprecio en sus palabras. Un desprecio que hacía mucho no había oído en él.- Te puedo adelantar el resultado. No lo vale.
- No eres tú quien decide eso, Draco… Soy yo quien decide si esto vale o no la pena para mí.
- Pues entonces no lo vale para mí.
- ¿Qué?- preguntó ella, mientras Draco se colocaba la chaqueta y caminaba en dirección a la puerta.
- Lamento bajarte de tu puta nube, Granger,- dijo con su voz ronca, la mano cogiendo la manilla, y el rostro girado a ella sobre su hombro, pero sin mirarla- pero puedo tener sexo mediocre en otros lados, sin tantas preguntas.
- Draco…- Fue todo lo que alcanzó a decir, en un susurro ahogado por su propio llanto, antes de que él desapareciera detrás de la puerta.
-HP-
- ¿Todo bien?
Hermione alzó la cabeza de golpe, ante la pregunta de Dean Thomas, que sentado frente a ella en la sala de interrogaciones que habían convertido en un anexo de su oficina para el caso, la observaba intensamente con sus ojos.
- Si… Todo bien, Dean.
- ¿Segura? Tienes unas ojeras que dicen lo contrario.
Hermione apretó los labios, pensando en qué responder ante ello, para no confesar que había pasado la noche llorando, luego que Draco dejara su cuarto, y pensando en él, y en todo el horror contenido en sus palabras.
- No he dormido bien.
- ¿Por lo de mañana?- Hermione le dirigió una mirada confundida. -¿Harry no te lo dijo?- preguntó el moreno, extrañado.- Flint no declarará.
- ¿Cómo?
- Envió una lechuza indicando que no declarará. Que podemos hacer lo que nos venga en gana con la entrevista, pero no se presentará ante los jueces.
Un frío temblor recorrió la espalda de Hermione.
- ¿No habrá interrogatorio mañana, entonces?
- Oh, sí.- expuso Dean, sentándose frente a ella.- ¿Malfoy no te lo dijo?- Dean la recorría insistentemente con la mirada- Lo citaron en lugar de Flint.- expuso extrañado.- La lechuza ya fue enviada a su casa para ponerlo al tanto. Será el primer interrogatorio de la jornada.
Hermione asintió, dándose por enterada y bajando la vista otra vez para detener la conversación, mientras sus dedos acariciaban el galeón en su bolsillo, a la espera de sentir el calor de una respuesta a sus múltiples mensajes pidiendo a Draco que hablaran. Pero no hubo ninguna.
Ni la habría tampoco en muchas horas más.
- Fin del Capítulo 15-
NOTA IMPORTANTE:
HOLA A TOD S, Y MUY ESPECIALMENTE A QUIENES COMENTAN Y ME AYUDAN A MEJORAR ESTA HISTORIA.
QUIENES YA LEYERON LOS AVANCES DEL CAPÍTULO 16 EN MI PÁGINA WEB, PUEDEN ADIVINAR QUE SE VIENE UNA DE LAS ESCENAS MÁS INTENSAS DE ESTE FIC. TERMINAR CON ESTE CAPÍTULO ME DEJÓ MAL. EN EL SIGUIENTE ME VAN A QUERER MATAR, PERO ES UN DESAFÍO QUE NECESITABA IMPONERME, Y LES ASEGURO QUE HAY LUZ AL FINAL DEL CAMINO.
NOS VEMOS EN DOS SEMANAS (RECOMIENDO TENER PREPARADOS CHOCOLATES Y PAÑUELOS).
RECUERDEN QUE EN MI PÁGINA WEB ALEXIARIDDLE PUNTO C O M, ESTARÉ ACTUALIZANDO ALGUNOS AVANCES DE LOS CAPÍTULOS POR VENIR,
COMO SIEMPRE, SUS COMENTARIOS, SUGERENCIAS, TEORÍAS Y PREGUNTAS ME ALEGRAN EL DÍA, Y ME AYUDAN A MEJORAR, ASÍ QUE NO OLVIDEN ENVIARLOS, YA SEA POR A3O, WATTPAD, , O MENSAJE DIRECTO EN MI PAGINA WEB.
UN ABRAZO A TOD S, Y AGRADECIMIENTOS A QUIENES COMENTAN Y MÁS A QUIENES ME SIGUEN HACE TANTO TIEMPO YA! SON LAS MEJORES!
