Capítulo 18: NARCISSA MALFOY

"¿No tiene usted ninguna consideración a la honra y a la reputación de mi sobrino? ¡Criatura insensible y egoísta! ¿No repara en que si se casa con usted quedará desacreditado para siempre a los ojos de todo el mundo? ." - "ORGULLO Y PREJUICIO", Jane Austen.

El eco de sus voces la despertó la primera vez. Voces no tan lejanas a ella, que transmitían una mezcla de rabia y angustia, en una discusión inentendible.

Intentó abrir los ojos, intentó alzar su mano, e intentó gritar, pero miles de agujas clavándose en su cuerpo ante cada intento, le impidieron hacer nada más que permanecer ahí, inmóvil y en silencio, rogando por volver a la inconsciencia.

- …podrían haberte acusado por secuestro…

Harry, era la voz de Harry.

- ¿Secuestro? ¿En serio, Potter?- respondió Draco. Nadie podía hacer vibrar el apellido de su amigo como él.- ¿Es secuestro desaparecerme con mi novia para salvarla?

Salvarme… ¿Estoy a salvo?, se preguntó, pensando que el dolor y la inmovilidad la hacían sentir más muerta que viva.

- ¿Novia?- preguntó Harry, y el eco de su pregunta retumbó en sus oídos.

Por mucho que ella intentó quedarse a oír la respuesta, su mente regresó a aquel lugar donde todo era silencio.

-HP-

La segunda vez pudo separar los párpados lo suficiente para notar el alto techo de la habitación, y la luz que llegaba a través de amplios ventanales, reflejándose en la araña de cristal.

Un techo muy parecido a otro techo, y una lámpara similar a aquella de sus pesadillas… Y comenzó a temblar ante la idea de que en cualquier momento rizos negros y ojos desquiciados aparecerían en su campo visual.

"¿De dónde la sacaste?", la voz de Bellatrix le llegaba nítida a través del recuerdo. Demasiado nítida. Y el dolor…

Hermione quiso gritar, pero fue apenas un quejido lo que salió por su boca.

- Granger…- le llegó su voz, y un rostro apareció frente a ella, pero no eran rizos negros. Eran rubios. Y ojos grises cansados y tristes.

Los labios de él volvieron a moverse, pero el dolor la obligó a cerrar los ojos, de vuelta a la inconsciencia.

-HP-

La voz de una mujer la trajo de regreso.

- … ¿y después? ¿Qué pasará después?

- No lo sé madre. ¿Lo sabes tú?

- Tu padre jamás habría permitido…

- Suerte que mi padre está muerto.

Un silencio profundo secundando aquello.

Y la inconsciencia otra vez.

-HP-

- ¿Puedes oírme?- preguntaba una voz conocida, una voz de cuentos nocturnos y paseos al parque. Y ella no podía responder, y tenía miedo de separar los ojos por terror de que el dolor volviera.

- Hermione, mi vida…- la voz de su madre. Tibios dedos apretando los de ella, y Hermione apretó de vuelta. Y separó los ojos, y los amados rostros estaban sobre ella.

- ¡Está despierta!- gritó su padre, y una tercera sombra se movió en la habitación. Cabello rubio y desordenado fue lo primero en asomar a su campo visual, y luego su rostro.

Sus labios se curvaron en una sonrisa triste y ella intentó sonreír de vuelta, y lo logró.

Fue poco más lo que pudo mover, antes de volver a dormirse.

-HP-

Cuando volvió a despertar, el dolor se había ido, y debió apretar los párpados varias veces para acomodar los ojos a la luz, antes de incorporarse en la cama. El cuerpo le pesaba, pero podía moverlo nuevamente. Y no había dolor.

Por el rabillo del ojo distinguió una figura que la observaba desde la puerta de la habitación. Alta, imponente. Largo cabello rubio coronando su rostro e intensos ojos azules que transmitían severidad.

Ojos bellos, tan parecidos a los de Bellatrix, pero sin locura en ellos.

- Señora Malfoy…- susurró Hermione, notando lo rasposa que se sentía su voz, y lo secos que estaban sus labios.

- Por el modo en que puede moverse sin gritar,- comenzó la mujer, inclinando su cabeza hacia el lado, con los dedos de las manos entrelazados por delante de ella.- asumo que el sanador estaba en lo correcto al pensar que ya podían dejar de lado las posiciones aturdidoras.

- ¿Dónde está Draco?- Narcissa llevó su cabeza hacia atrás, con la nariz prácticamente apuntando al techo, mientras la observaba.

- En el Ministerio, prestando declaraciones por lo ocurrido la noche que la trajo aquí.- Hermione pestañeó un par de veces intentando ordenar sus pensamientos.- Con la ayuda del Señor Potter, logró retrasar esto el tiempo suficiente para no separarse de usted estos días, pero no ha podido quedarse a verla despertar.

- ¿Tiene que declarar por lo que hizo Lestrange?- las imágenes de los sucesos previos a que el cuchillo del elfo se hundiera en su espalda le llegaban borrosas. Ella y Draco habían enfrentado a tres mortífagos, luego ocurrió algo que la hizo romper la varita de él.- ¿Qué es lo que va a declarar?

- Debe explicar por qué la trajo hasta aquí en lugar de llevarla a San Mungo.

- ¿Sólo eso?

- Entiendo que el Señor Potter se encargó de explicar el resto.- respondió Narcissa, con una mirada suspicaz.- Confío en que lo de hoy sea un mero trámite, como me aseguró su amigo.

Harry…

- ¿Cuánto tiempo he pasado aquí?

- Suficiente para que su aspecto no sea el mejor.- sonrió la mujer de lado, y Hermione supo de dónde había sacado Draco su sonrisa. Solo que en la mujer, no había forma de que le produjera algo distinto al horror.- La elfa le ha preparado un baño y vendrá a buscarla una vez que termine para que me acompañe a la sala de música. Es un día bello, y le hará bien tomar sol.

- Preferiría esperar a que Draco regrese…- intentó exponer, empuñando las manos con involuntario nerviosismo, lo que la mujer pareció notar, pues soltó una sonrisa burlona.

- No es una invitación, señorita Granger.

Y aunque al retirarse, Narcissa Malfoy no cerró la puerta tras ella, Hermione sintió que algo había retumbado en la habitación, haciéndola temblar.

-HP-

Aún llevaba el cabello húmedo mientras seguía los pasos de la Elfa por los pasillos de una mansión que en sus recuerdos no era más que paredes grises, arañas de cristales rotos, y pisos ensangrentados. Pero al recorrerla entonces, a la luz del día, admirando los majestuosos pasillos de pisos de mármol, escaleras talladas, y esculturas majestuosas decorando los rincones, apenas y podía pensar que fuera el mismo lugar.

La sala de música era espaciosa, con ventanales grandes y abiertos, por donde entraba el sol y el aire. Conectaba con una gran terraza en el patio, y un piano de cola adornaba el amplio espacio en mitad de la sala. Hermione casi podía ver ahí sentado a un pequeño Draco insultando a su profesora, cuando alguna pieza no le salía, como si fuera culpa de la maestra su propio error, y no pudo evitar sonreír.

Si Narcissa se percató o no de esa sonrisa, no había modo de adivinarlo. De pie, junto al ventanal más amplio, la mujer la observó en silencio, antes de indicarle que tomara asiento en una elegante mesita frente a ella, donde la elfa comenzaba a llenar dos hermosas tazas de algún material casi transparente, con un humeante té. Nadie le ofreció ni azúcar ni leche, pero Hermione evitó beberlo no por la ausencia de estos, sino por miedo a que estuviera envenenado.

La precaución no estaba de más.

- Es una bella mansión, señora Malfoy.- intentó romper el hielo con un elogio. No quería dar a la mujer más motivos de los que al parecer ya tenía para despreciarla. Narcissa llevó la taza a sus finos labios, sin dejar de mirarla.

- Lo era aún más antes de que mi hijo hiciera tapiar gran parte de ella.- su rostro se contrajo en una mueca de desagrado.- Y aunque no puedo decir que no entienda sus motivos, no comparto del todo su decisión, pues aunque ocurrieron cosas terribles en estas paredes, también había recuerdos gratos.

"Mi puto hogar era la guarida de todos ellos".

"¿Sabes cuándo empezó lo de Alecto?".

"...engullir a una persona viva en la mesa de tu hogar".

Hermione no dijo nada en respuesta, pero entendía bien las razones de Draco para cerrar parte de la casa, y no querer vivir en ella. Su propia mano viajó a su antebrazo a apretar las cicatrices de su anterior visita, lo que no pasó desapercibido por Narcissa, en cuyo rostro se posó una expresión indescriptible.

- ¿Alguna noticia de Draco?- dijo Hermione, en un intentó de cambiar el tema de conversación.

- Considerando que está siendo interrogado por aurores, no tendremos novedades hasta que eso termine.

- ¿Zabini está con él?

- Probablemente. Suele estar pegado a él como la sanguijuela que es…- Los ojos de Hermione debieron abrirse exageradamente ante el impacto de un comentario que no esperaba.- Siempre viviendo a costa de mi hijo.- Narcissa volvió a beber de su té, como si lo que había dicho fuera de común entendimiento entre ambas, y no la aberración que le parecía a ella.

- Puede que Blaise no sea mi persona preferida en el mundo, señora Malfoy,- expuso- pero es innegable la lealtad que tiene hacia su hijo.

La mujer soltó una risa burlona ante su comentario.

- ¿Le dijo Blaise de dónde viene su fidelidad con Draco?- Hermione fijó su mirada en ella, sin responder.- No lo sabe, ¿verdad? Pero lo que usted sí sabe, es de mi traición en la Batalla de Hogwarts.

- Yo no lo veo como una traición.- intentó decir Hermione, pero la mujer no dio muestras de oírla.

- Yo solo quería llegar con Draco, saber que estaba bien, sacarlo de ahí.- explicó.- Mi familia es lo más importante para mi, siempre lo ha sido. Pero ese mismo acto que ustedes alabaron y que me mantuvo fuera de Azkaban, me ganó el odio de todos los demás. No eran tontos, señorita Granger. Hasta los más idiotas hicieron sus cálculos, y supieron lo que les costó mi mentira.

Bebió de su taza de té y dirigió su mirada a la ventana, como si rememorara algo.

- Lucius siempre fue previsor.-siguió de pronto.- Teníamos trasladores preparados, y elfos esperando por nosotros en Francia. Había tomado meses buscar los hechizos más adecuados.- Una lágrima rodó por la mejilla de la mujer, antes de girar sus ojos nuevamente en dirección a Hermione.- No sé si lo recuerda, pero nosotros también estuvimos en el gran comedor junto a ustedes. Los vimos llorar a sus caídos y aceptar el costo de su victoria. Nosotros, por supuesto, solo esperábamos el momento adecuado para escapar.- una sonrisa triste se posó en sus labios, mientras con un delicado y largo dedo secaba una lágrima de su rostro pálido- Yo siempre supe que tendríamos que huir. Ya fuera de ustedes o de ese monstruo que desconfiaba de mi hijo.- se detuvo en algún recuerdo que entristeció su semblante.- Draco nunca tuvo madera de asesino, señorita Granger, no importa lo que digan. ¡El núcleo de su varita era un cabello de unicornio, por todos los cielos! ¿Qué esperaban?

Hermione no sabía qué responder, por lo que guardó silencio.

- Cuando finalmente logramos activar los trasladores, Draco insistió en llevar a Blaise con nosotros. Verá, señorita Granger, todos los ojos estaban puestos en mi hijo, incluso después de la Guerra, pero tanto Blaise como otros chicos, participaron de todo aquello, con más éxito que Draco a la hora de seguir las enseñanzas de los Carrow. Draco sabía que Blaise también necesitaba huir de la justicia que los perseguiría. Y lo llevamos con nosotros.

El rostro de Narcisa había dejado de lado la tristeza para dar paso a la rabia, que se intensificaba cada vez que mencionaba el nombre del moreno.

- No puedo culpar a Blaise por pensar en su madre, por dejar palabras del lugar donde iba, pero sí por ser tan ingenuo de creer que eso no tendría consecuencias para nosotros. Si lo siguieron o la bruja de su madre nos vendió, no tiene importancia realmente. De todos modos fue mi Lucius quien murió, por culpa de ese chico. Porque Draco no lo quiso dejar.

Una nueva pausa se extendió entre ambas, como una bruma densa y oscura surgida de los recuerdos, imposibilitando a Hermione a decir nada, hasta que Narcissa volvió a hablar.

- Después de eso, ya no tenía mucho sentido escondernos y mi hijo decidió enfrentar la justicia de Shacklebolt. "Ya no están los dementores", me dijo, como si eso fuera algo bueno.

"Narcissa también pidió que tú declararas", le llegaron las palabras de Theodore.

Hermione sostenía la taza sin beber entre sus manos con tanta fuerza que comprendió que estaba a punto de romperla, por lo que se inclinó hacia delante dejándola en la mesa. Podía sentir el mudo reclamo de la mujer en sus ojos, y agradeció mentalmente que ésta no explicitara su reproche, porque ella no habría sabido cómo responder. Aunque eso no impidió que sus ojos comenzaran a picar.

- Solo alcanzó a estar un año ahí dentro…- siguió Narcissa-, pero fue suficiente. Esos monstruos no dejaron marcas, pero soy su madre, y yo no necesitaba ver las marcas. Sabía que lo habían destruido, que se cobraron en él del odio acumulado durante años a causa de quienes hicieron las atrocidades que mi hijo nunca pudo. El mundo ha sido un lugar injusto con Draco, señorita Granger.

- Lo sé.- Hermione se percató de que la exclamación había escapado por sus labios incluso antes de pensarla.

- Me alegra que coincidamos en eso.- Los ojos de Narcissa se detuvieron en ella un largo instante, antes de volver a hablar.- Sé que usted es una chica inteligente, por lo que no me detendré a explicar las consecuencias que traerá a mi hijo el mantener esta relación con usted.- Hermione alzó los ojos, intentando no descolocarse ante la brusquedad del cambio en la conversación, ni en lo que implicaba la mujer con sus palabras.- Y comprenderá también que lo mejor que puede hacer por él, es acabar con esto.

La mirada de Narcisa se posó en ella, por primera vez atenta a lo que tuviera que decir, por lo que Hermione tragó la saliva que se acumulaba en su boca y dio paso a las palabras.

- Sé que el mundo ha sido injusto con él. Y sé las consecuencias que una relación conmigo traerá para él. Pero, ¿no cree que su hijo merece ser feliz, señora Malfoy?

- ¿Con usted?- "¿Con una sangre sucia?", parecía ser la implícita pregunta.

- ¿Y si así fuera?

- Puede que usted no lo entienda, pero mi hijo es el único heredero de dos de las familias sangre pura más antiguas de nuestro mundo. ¿Y usted quiere poner fin a eso?

Poner fin a un linaje de sangres pura…Hijos… Está hablando de hijos mestizos…, pensó Hermione, conteniendo la respiración ante la novedad de la idea.

- Estoy al tanto de lo que usted ha sacrificado por mi hijo, y lo agradezco, - siguió la mujer.- La respeto incluso por ello, y puedo entender por qué Draco la admira tanto. Pero las familias como la nuestra tienen un legado que cuidar,- siguió Narcissa- y aunque no espero que comprenda nuestros motivos, las decisiones de mi hijo no pueden ser en base a sentimientos del momento. Hay algo mucho más grande a sus espaldas, algo que debe anteponer a lo que sea que siente por usted.

- ¿Algo más grande?- la pregunta escapó por los labios de Hermione como un susurro, que Narcissa malinterpretó como aceptación. No podía estar más lejos de ello.- ¿Fue lo mismo que le dijeron a Draco cuando lo obligaron a tomar la marca?- el tono de voz que usó al hacer su pregunta dejaba claro su desprecio, y el rostro de la rubia mujer frente a ella se demudó de golpe.- ¿Que era algo más grande que él mismo o lo que él quisiera hacer con su vida? ¿Que convertirse en seguidor de Voldemort era parte de ser un Malfoy?.

- Usted no tiene idea de…

- No fue decisión de Draco tomar la marca, ¿verdad? Pero la marca solo puede ser tomada en forma voluntaria,- siguió Hermione, viendo palidecer el rostro de Narcissa. Una mezcla de ira y tristeza se denotaba en el modo que apretaba sus labios y entrecerraba los ojos.- Así que imagino que también entonces le hicieron ver que debía hacerlo por algo más grande que él mismo… Seguir las órdenes de un mestizo.

- Usted no tiene ningún derecho a…

- ¿A cuestionarla? No. No puedo imaginar su desesperación al ver cómo su único hijo se sacrificaba por algo "más grande"- recalcó las últimas palabras-, porque sé que no hacerlo implicaba una traición que les costaría la vida a los tres.- la mujer respiraba en forma acelerada y parecía morderse las mejillas por dentro, aunque en su expresión, la ira iba dando paso a la tristeza.- Pero esta vez, nadie los está apuntando con una varita, señora Malfoy. ¿Vale la pena volver a sacrificar a Draco por algo "más grande"?

Narcissa resopló con desprecio, antes de hablar.

- ¿No es arrogante de su parte pensar que dada la oportunidad de escoger, la escogerá a usted?- preguntó con burla.

- Ya lo hizo.- respondió Hermione con una seguridad que no entendía bien de dónde venía.- O no estaríamos teniendo esta conversación, ¿verdad?

- ¿Cómo se atreve?- la rabia comenzaba a dejarse ver tras el estoico rostro de la mujer, y Hermione pensó que había sido muy idiota de su parte no pedir su varita de regreso antes de dejar el cuarto.- ¿Cómo puede pensar que…?

- ¡Madre!

La porcelana retumbó contra el piso transformándose en mil fragmentos, cuando resbaló por entre los dedos de Narcissa.

Hermione se puso de pie por instinto, conteniendo los deseos de correr hasta él, lejos de la mujer, que la observaba con un odio transparente en su rostro.

- Asumo que todo salió bien en tus declaraciones.- dijo Narcissa, apretando los dientes, con los ojos de un azul oscuro que ocultaba bien sus sentimientos, cuando giró a mirar a su hijo.

Draco caminó hacia ellas con expresión cansada, aunque cautelosa.

- Potter se encargó de arreglar todo.- respondió aparentando tranquilidad.- Debo llevar a Granger de regreso.

- Si debes hacerlo.- respondió Narcissa con frialdad, y al girar a ella, Hermione sintió el frío recorrer su espalda.

En sus ojos, podía leerse la promesa de un odio eterno.

-HP-

Saber que Lestrange y los otros habían sido llevados a Azkaban fue tranquilizador. También lo fue enterarse de que el elfo había sido encontrado libre de culpa, y enviado a Hogwarts, lejos de su antiguo amo, en línea con el programa de reinserción que ella misma había impulsado desde el Ministerio.

Pero comprender que el veneno puesto en la daga, la había hecho perder dos semanas de su vida, y que se encontraban a mediados de mayo, la descolocó.

Había sido algo de suerte y mucho conocimiento previo, lo que permitió al rubio adivinar el antídoto que se requería, y había acertado al pensar que la poción no estaría en San Mungo, pero sí en las mazmorras de una mansión acostumbrada a preparaciones no habituales.

Lamentablemente, un efecto indeseable de salvarle la vida fue el dolor, que no había modo de contrarrestar más que con las pociones aturdidoras que la mantuvieron inconsciente hasta esa gloriosa mañana.

A regañadientes debió aceptar no retomar sus labores hasta la semana siguiente, a fin de dar tiempo a su cuerpo a botar los remanentes de las pociones con que la habían tratado, y con pena fue puesta al tanto de que el anhelado evento en Venecia había ocurrido sin ella.

Una visita de sus padres sirvió para darles a ellos la tranquilidad de su recuperación, y para ponerla al tanto de que Draco los había mantenido informados de avances en todo momento.

La posterior visita de Ginny le entregó los detalles de cómo Harry había ayudado en distraer a Narcissa para que los Granger pudieran visitarla en la Mansión, mientras estaba inconsciente.

- Nunca creí que diría esto, Hermione,- dijo Ginny de pronto- pero me alegra que Malfoy y tú estén juntos.- y ante la extrañada mirada de ella, la pelirroja agregó.- Te mereces a alguien que te quiera como él lo hace.

Mucho después de que toda visita desapareciera, y no quedaran más que Draco y ella en el hogar de él, Hermione se atrevió a aclarar sus dudas.

- No era la primera vez que Lestrange te seguía, ¿verdad?,- preguntó, acomodándose junto a el rubio en el sofá de su cuarto. Draco pasó su brazo por detrás de ella, hasta hacer que quedara apoyada en su hombro - En tu expediente figuraba una denuncia previa hecha por…

- Astoria.- sonrió triste.- Pero esa tampoco fue la primera vez. Ya había logrado escapar de él otras veces.

- Quería llegar a tu madre.

- Y cobrarse la pérdida del ojo de su hermano. O al menos entiendo que esa era la idea.-él no agregó nada más a su relato y ella no presionó. Ya podía adivinar que fue defendiendo a Narcissa, que Lucius había perdido la vida.- Potter sabe la verdad.- expuso de pronto.

- ¿Qué verdad?- Hermione alzó su cabeza ante la pregunta, subiendo sus piernas al sofá.

- Lo que ocurrió realmente.- Sus ojos grises se clavaron en ella.

- ¿Cómo lo supo?

- Se lo dije.- apretó sus labios, como si pidiera su perdón.

- ¿Y?

- Dijo que tú lo matarías si alguien llegaba a enterarse.- sonrió de lado, entrelazando sus dedos a los de ella.- Y que yo haría bien en no repetir nada de eso jamás.- alzó una rubia ceja hacia ella.- No sé bien cuál fue su versión, pero entiendo que en ella no existió ningún hechizo fuera de lo permitido. No de nuestra parte, al menos.

Los dedos de Hermione viajaron a su barbilla, dibujando círculos, y él respondió cerrando los ojos y humedeciendo sus labios con la lengua, antes de tomar la muñeca de ella y retirarla de su rostro con reticencia.

- No me tientes, Granger.

- ¿Por qué?

- Fueron dos largas semanas.

- Mayor razón para recuperar el tiempo perdido.- bromeó, inclinándose para besar su boca. Draco enredó sus dedos en los cabellos de ella, pero tras un casto contacto de labios, unió sus frentes, y no hubo más avance.

- Creí que morirías.- confesó de pronto, con voz ronca, y ella no supo cómo responder a la sinceridad de sus palabras.- Y habría sido por mi culpa.

- No.- lo corrigió, llevando sus manos al rostro de él.- Habría sido culpa de ellos. Y es gracias a tí que sigo aquí.- sonrió tímida, aunque sin más avances, limitándose a rozar su nariz con la de él, mientras él la asía por el cabello.- Sólo lamento que arruinaran nuestro viaje.

- Retomaremos Venecia, cuando estés lista.

- Lo haremos.- sonrió.- Después de los interrogatorios.- Draco se separó de ella lo justo para indagar sus ojos, parecía confundido.- Pedí a Harry que me pusiera al día, por lo que sé que mañana retomarán el juicio.

- Seguro que Thomas entenderá que no puedas ir.- expuso serio.- Estuviste a punto de…

- No se trata de eso, Draco. Tenemos una prueba que bien puede ser nuestra mejor oportunidad de demostrar que todo lo de Theo fue una farsa. ¿No es por ello que estamos haciendo esto? ¿Por Theo?

- Seguro Potter y Thomas podrán…

- Seguro que podrán, pero si llega a aparecer algo que podría facilitarnos las cosas, y pierdo la oportunidad por no haber estado ahí, jamás me lo perdonaré. ¿Entiendes?

Aún le tomó a Draco varios segundos responder, pero finalmente asintió, para luego acomodar la cabeza de ella de vuelta a su hombro, envolviendo su espalda con su brazo.

Hermione podía sentir el movimiento que hacía su pecho mientras respiraba, notando que parecía hacerlo más rápido que antes.

- Iré también.- dijo al fin, y ella alzó sus ojos a él por reflejo. El principal interrogado era Simeon Crane. Y él lo sabía.

- No creo que sea una buena idea que…

- Borré sus recuerdos, Granger.- la interrumpió.- Prácticamente jugué con su mente. Me será más fácil que a cualquiera de ustedes detectar alguna ventaja en el relato de Crane.

- Draco…

- Si dices que es importante para Theo, soy yo quien debe estar ahí. Se lo debo.

- Iremos juntos entonces.- Intentó sonreír, pero una sensación muy similar a la angustia oprimió su pecho al comprender lo que significaría para Draco estar frente al hombre, y solo esperaba que el sacrificio sirviera de algo.- Yo estaré contigo, y no soltaré tu mano en ningún momento.

- De hecho, es mejor que estés lejos.- dijo con seriedad.- Evitará rumores que nos distraigan de lo importante, y si surge alguna pista, utilizaré el galeón para ponerte al tanto.

- Es una gran idea.- asintió Hermione, acomodando su cabeza en su hombro.

- Además, teniendote cerca, me podría desconcentrar.

- ¿Desconcentrar?

- Ya sabes.- Hermione alzó su mirada para buscar sus ojos, y lo encontró mordiendo su labio inferior en aquel modo maravillosamente tentador que él lo hacía.- Teniéndote cerca, siempre están los deseos de tocarte- Con su mano envolvió la mejilla de ella.- De olerte.- Inclinó su rostro hasta que su nariz rozó su cuello.- De besarte.

Cuando los labios de Draco contactaron su piel, Hermione pensó en lo irracional que resultaba la forma en que su cuerpo reaccionaba a su roce y en el modo en que sus piernas se separaban para conceder acceso, mientras la mano de él recorría un camino que conocía de memoria.

Pudo notar su reticencia inicial, en su doloroso intento de contenerse, de recordarle a ella su convalecencia y la necesidad de descanso. Pero Hermione respondió con una exigencia sin palabras que él comprendía a la perfección, y a la que parecía incapaz de oponerse.

Cuando el orgasmo la alcanzó, transformando todo pensamiento racional en gemidos inentendibles, Hermione se dejó devorar por esa sensación. Y él se dejó devorar también, por sus brazos, por su boca, por su cuerpo, y por todo lo demás, en una entrega que daba cuenta de su miedo a perderla.

Y ella sintió miedo también.

- Fin del Capítulo 18-

Capítulo corto, pero importante… ya preparando el siguiente para una semana mas… Estamos cerca del final.

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