Capítulo 19: SIMEON CRANE

"Las traiciones en tiempos de guerra resultan infantiles comparadas con nuestras traiciones en tiempos de paz. " - Katherine Clifton, en "EL PACIENTE INGLÉS".

- ¿Estás segura de que deberías estar aquí, Hermione?- preguntó Harry, con la preocupación evidente en su rostro, mientras jueces, testigos, periodistas y curiosos ingresaban a la sala donde retomarían el juicio esa mañana.

- No hay ningún otro lugar donde debiera estar, Harry.- murmuró con firmeza, consciente de la preocupación de su amigo, pero determinada a estar presente durante los interrogatorios de ese día.

Draco, de pie junto a ella, le sonrió de un modo que transmitía su orgullo, y ella no pudo evitar sonrojarse y sonreír de vuelta, en el preciso instante en que Cormac McLaggen le dirigía una mirada asesina desde corta distancia, escudriñando al rubio con la mirada, mientras hacía su ingreso a la sala.

- Malfoy,- insistió Harry,- ¿no crees que es demasiado pronto para…?

- Es su decisión, Potter.- respondió el rubio, pero sin dejar de mirarla.

Harry acomodó las gafas sobre el puente de su nariz, con una mirada recriminatoria hacia Draco, pero luego se encogió de hombros con hastío, como aceptando la inutilidad de su reclamo, y cambió el tema de conversación.

- Supongo que Buttercup te contactará apenas se entere que estás aquí.- explicó Harry, como si los demás entendieran de lo que hablaba.

- ¿Por qué habría de hacerlo?

- Mientras estuviste inconsciente vino a buscarte un par de veces, pidiendo que le avisáramos apenas regresaras.

"Buttercup es Legeremante…", llegaron las palabras de Draco, como un eco, sin que Hermione lograra del todo entender la relación, pero presintiendo que algo tenía que ver con lo que su amigo le decía de la defensora.

Al girarse a mirar a Draco, pudo notar el cambio en su expresión. Parecía hacerse la misma pregunta.

"Y la dejé ver.", el recuerdo retumbaba en su memoria.

- ¿Por qué no me lo dijiste?- preguntó a Harry, el enojo evidente en su voz.

- Porque estuviste inconsciente por dos largas semanas, por si no lo recuerdas.- expuso el joven, con expresión ofendida.

- Podrías habérmelo dicho ayer, cuando…

- ¡No se suponía que volvieras hasta dentro de unos días, Hermione!

- Pero podrías…

- Granger.- la llamó Draco.- Puede no ser nada.- Dijo, aparentando tranquilidad, y Hermione apretó los labios, tomando cuenta de la expresión dolida de Harry, lo que hizo que un punzante dolor oprimiera su pecho.

Harry Potter no se merecía que ella lo gritara en una antesala del Ministerio.

- Lo siento, Harry.- el aludido torció el labio, pero pareció relajarse de un modo casi instantáneo.- Yo…

- ¡Harry!, ¡Hermione!- los llamó la voz de Dean Thomas, saliendo de la sala de apelaciones, con la ansiedad clara en su rostro, hasta colocarse en medio de ellos y hacerles seña de acercarse. Draco se mantuvo a una distancia prudente, pero atento.- ¿Recuerdan que les dije que Buttercup pidió presentar un testigo más?- Hermione asintió, mientras la sonrisa se dibujaba en los oscuros labios de Dean.- Es Hemlock. Viola Buttercup presentó como testigo a Emet Hemlock, y los jueces aceptaron. Está en la sala y testificará después de Crane. ¡Es nuestra oportunidad!

Los ojos de Hermione viajaron tan rápidamente a mirar a Draco, que el cuello le dolió con la brusquedad del movimiento. Él no le devolvió la mirada, y aunque su rostro no reflejaba gran cosa, parecía más pálido que antes.

- Hermione,- le llamó Dean.- ¿Retomamos el plan?- Hermione recordó vagamente el listado de preguntas que habían ensayado, esperando tener la oportunidad de interrogar al hombre. Preguntas que ella había desechado, luego de la confesión de Draco, entendiendo el riesgo que sería para él que las respuestas dieran cuenta de lo ocurrido, de un secreto que él quería mantener enterrado para siempre.- ¿Hermione?- la volvió a llamar el moreno, pero ella no lo oía. Apenas era consciente de los latidos de su propio corazón y del miedo que Draco debía ocultar bajo su rostro inexpresivo.

- Será mejor que entremos.- dijo Harry.

- Hermione- Insistió Dean, pero ella se giró a Draco.

- ¿Podemos hablar?- Y sin esperar respuesta, tomó de su mano y lo arrastró lejos de ahí, doblando por el pasillo, hasta llegar a la sala de interrogatorios que había usado tantas veces junto a Harry, prácticamente como una segunda oficina.

Y una vez que estuvieron dentro, colocó un hechizo silenciador, y luego un cerrojo mágico sobre la puerta, a fin de evitar interrupciones, y se giró al rubio, quien la observaba mudo, torciendo los labios en una sonrisa… Pero no parecía real.

- Draco…

- Con todas las medidas que estás tomando para que nadie entre,- dijo, con tono burlón.- estoy esperando que me hagas cosas realmente indecentes.- Hermione pensó que la sonrisa que fingía podría haber engañado a cualquiera que no hubiera sabido cómo percibir el pestañeo inhabitual de sus ojos, la inusual rigidez de su mandíbula, o lo apretados que parecían sus labios. Pero ella lo conocía demasiado bien para no notarlo.- ¿Hacerlo en el Ministerio es algún fetiche tuyo del que no estaba al tanto?- alzó una ceja, pero cuando Hermione caminó hasta él, pareció comprender que su actuación no era suficiente y retrocedió del intento de alcance de ella por instinto, escapando de su toque.

Su sonrisa había desaparecido de golpe y respiraba agitado, pasando la mano por sus cabellos primero, para luego girar sobre sí mismo, buscando con sus ojos algo que no parecía encontrar. A Hermione le recordó un animalillo intentando escapar de una amenaza, buscando una salida, y un nudo se posó en su garganta ante la imagen, sin saber qué hacer o decir, mientras él retrocedía hasta apoyar su espalda contra el frío muro, golpeando su cabeza contra la piedra, y cerrando sus ojos, en una expresión que nada tenía que ver con su intento de mofa previa, y que transparentaba dolorosamente su angustia.

- Es normal que sientas miedo, Draco.- dijo de pronto. Él resopló como respuesta.

- No. No lo es.- susurró, cubriendo el rostro con sus manos.- No cuando me he prometido matarlo y no soy capaz de entrar a una puta sala con él.

Hermione caminó hasta ubicarse junto a él, apoyada contra la pared, con su hombro rozando el suyo.

- ¿Quieres hablar de lo que pasó?- preguntó, sin saber muy bien qué decir. Lo había traído ahí, lejos de todos, para darse la oportunidad de discutir la necesidad de exponer a Hemlock, sin pensar realmente en el efecto que la sola presencia del hombre tendría en él, y se sentía ridículamente torpe por ello.

Draco se tomó aún unos segundos, antes de negar con la cabeza.

- Hablar de las cosas está sobrevalorado.- dijo de pronto, sin voltear a mirarla. Sus grises ojos fijos frente a él, lejos de ella.- Hace que revivas toda la mierda.

Hermione sabía que los minutos pasaban, y que en cualquier momento comenzaría el interrogatorio en su ausencia. Podía ver en la angustia de Draco que él también estaba al tanto de ese hecho, pero por el modo en que respiraba, por cómo tensaba su mandíbula y apretaba los puños, no creía que él estuviera en condiciones de quedar solo, y ella no iba a dejarlo solo.

- La última vez que lo ví, apenas pude evitar salir corriendo.- dijo de pronto.- Y cuando puso su mano en mi hombro, fue como si…- Su respiración se cortó.- No lo sabes, pero, ese día, luego que el Auror me entregara mi varita, corrí a encerrarme en el baño. Por denigrante que sea, es mi primer instinto. Encerrarme en el baño.- sonrió nervioso- Casi creí que Myrtle aparecería en cualquier momento.

- Draco, sé que tienes miedo de que ciertas preguntas puedan…

- ¿Terminar con Hemlock en prisión? Si, tengo miedo, porque no lo quiero en prisión.

- Pero es nuestra oportunidad.

- ¿Oportunidad de qué exactamente?

- De que pague por lo que hizo.- Hermione notó que el volumen de su voz fue mayor al que quería, y Draco giró a mirarla, pero no parecía haberlo convencido.

- No hay garantías de que lo haga.- dijo al fin.

- No en el modo que tú quieres, pero tendría una condena.- El resoplido que tuvo como respuesta, dejó clara su incredulidad.- Le mostraste a Viola Buttercup lo que ocurrió. Si puso a Hemlock a testificar, y si quería hablar conmigo, puede ser que…

- Puede ser que use lo que sabe para ganar su puto caso. O puede ser que quisiera tener una mayor ventaja metiéndose en tu cabeza.- Se giró a ella con una mirada severa plasmada en su rostro.- No sabemos cuales son sus intenciones, Granger.- mordió su labio.- Jamás debí dejarla ver.

- ¿Y si solo quiere hacer justicia?

- ¿Exponiendo a todos lo que Hemlock hizo?- su expresión era de reproche.- ¿No te das cuenta las consecuencias que eso tendría para mí?- Ella guardó silencio sin responder, pero comprendiendo en su mirada que el descubrir a todos lo que él solo se había atrevido a confesar a ella, lo afectaba irremediablemente.- Granger,- se giró a ella, con una expresión suplicante en su voz que no había advertido antes.- Por una vez, quiero que sea mi decisión.- Hermione le sostuvo la mirada incapaz de decir nada.- No lo quiero en Azkaban.

Todo en Hermione gritaba que esa decisión estaba mal, que tendría consecuencias, que Draco se estaba dejando comandar por la rabia, en lugar de entender lo que ocurriría después de eso. Pero era tal la necesidad que había en sus ojos, que no se atrevió a contradecirlo.

Y asintió.

-HP-

El interrogatorio había iniciado ya cuando Hermione tomó asiento junto a Harry, inmediatamente detrás de Dean. Draco había insistido en quedarse atrás, lejos de ella, retomando su plan de usar el galeón en caso de necesitar transmitir algo importante.

- Negó la carta.- le susurró Harry, con la rabia contenida en su rostro.- El maldito negó que fuera su firma, y Buttercup pidió desestimarla como prueba.

- Pero…- Hermione no supo qué decir. ¿Era posible invalidar una prueba así?

Apreció el aspecto nervioso de Dean, mientras preguntaba al hombre por maltratos, dando cuenta de su turbación al hacerlo. Todo lo que habían ensayado tenía que ver con la carta que Crane había enviado, no con los maltratos.

- Señor Thomas,- le llamó el juez.- ¿Esto nos lleva a alguna parte?- Dean titubeó por unos segundos, justo cuando Hermione sintió algo tibio vibrar sobre su falda.

Un papel, perfectamente doblado, apareció de la nada. ¿Draco?, pensó. Pero Draco había quedado en usar el galeón. No un papel.

Dominada por la curiosidad, aunque reticente, desdobló la nota, con dedos temblorosos.

"Bóveda 13643, Gringotts."

Hermione arrugó la nota entre los dedos, mirando a Harry, quien estaba demasiado atento a la turbación evidente en Dean, como para haber notado lo que acababa de ocurrir.

Bóveda 13643…

El número daba vueltas en su cabeza intentando entender.

- ¿Alguna nueva pregunta, Señor Thomas?- insistió el juez.- ¿O pasamos al siguiente testigo?

- Yo no…- titubeó Dean.- Sí, supongo que…- Hermione se colocó de pie como por instinto, y Dean giró su rostro a ella.- Aún tengo otra pregunta.- Sus oscuros ojos parecían haber adivinado algo en el rostro de ella. Algo de lo que ni aún Hermione estaba segura.- Sólo un momento.- caminó hasta ella.- Hermione, qué…

- Pregúnta a Crane por la bóveda 13643 en Gringotts.

- ¿Es de él?

- No lo sé, Dean. Pero pregunta y veremos su reacción.- el moreno asintió, y se giró al testigo, aunque sin alejarse mucho de su asiento, a fin de estar cerca de ella.

- Señor Crane, ¿qué nos puede decir de la Bóveda 13643, de Gringotts?.

El rostro de Simeon Crane palideció de golpe, y su cabeza giró hasta fijar sus ojos en Hemlock, lo que no pasó desapercibido para Hermione. Como tampoco pasó inadvertida la intensa mirada de Viola Buttercup sobre ella, ni el sutil asentimiento que le dirigió.

- No es mía.- fue la agria respuesta de Crane, que si bien había devuelto su cabeza a su posición, parecía replegado contra su asiento, y con sus ojos viajando a Hemlock en forma intermitente. En su rostro el miedo era palpable… Y también la rabia.

- ¿Nos puede decir a quién pertenece?- siguió Dean. Los ojos de Crane volvieron a viajar a Hemlock.- ¿O lo que encontraremos en ella si solicitamos abrirla?

- No es mía.- repitió, con expresión traicionada.

Hermione volvió a colocarse de pie, y Dean caminó hasta ella, como si hubiese estado esperando sus instrucciones.

- Pregunta por…- El galeón ardió en su bolsillo. Draco.

- ¿Por quién?- preguntó el moreno, pero Hermione había girado a mirar al rubio. El galeón volvió a vibrar, cuando ella descubrió en sus ojos grises, a varios metros detrás de ella, que también entendía lo que había ocurrido. También sabía que las miradas insistentes de Crane a Hemlock significaban algo. Que era su oportunidad de que el confuso testigo frente a ellos se sintiera traicionado y dijera lo que ella necesitaba. Ni Harry ni Dean parecían haberse percatado, pero Draco si. Por supuesto que Draco sí.- ¿Por quién, Hermione?

- Señor Thomas, lo estamos esperando.- expuso el más anciano de los jueces, con tono molesto.

El galeón volvió a vibrar, pero Hermione no necesitaba leerlo. Podía adivinar en la mirada de Draco la solicitud que encontraría ahí. En el ruego que eran sus ojos grises, en el gesto de negación que hizo con su cabeza mientra una súplica silente traspasaba la distancia entre ambos.

Hemlock merece un castigo. Y Draco no merece Azkaban.

- Hermione…- insistió Dean, y ella giró sus ojos de regreso a él.

Y Theodore merece que acabemos con esto.

- Haz que crea que Hemlock te dijo de la bóveda.- expuso al fin y Dean entrecerró los ojos.

- Sería mentir.- susurró Harry.

- No menciones a Hemlock, pero haz que crea que fue él.- por el modo en que los ojos de Dean Thomas brillaron pareció entender, pues se giró de vuelta a su testigo, agradeciendo a los jueces su paciencia, mientras Hermione volvía a tomar asiento.

Perdóname, Draco.

- Señor Crane, un testigo declaró que usted sabe más de esa bóveda de lo que nos ha dicho.- oyó decir a Dean, quien giraba su rostro inocentemente hasta el lugar donde estaba Hemlock.

Por favor, perdóname.

El rostro de Crane pareció teñirse de rojo, y esta vez su mirada viajó sin disimulo alguno al lugar donde estaba el jefe de guardias.

- ¡Tu! ¡Maldito traidor!- gritó el interrogado.

- Señor Crane,- siguió Dean.- ¿Hay algo que nos quiera decir de esa bóveda, antes de que traigamos a nuestro testigo?

- Fue él el de la idea. ¡Él me hizo abrir esa puta bóveda en Gringotts!

- ¿Quién le hizo abrir la bóveda, señor Crane?

Perdóname, rogó, sin mirarlo.

- Hemlock.- gritó Simeon Crane, con la rabia evidente en su voz.- Él es el único que sabe de esa bóveda además de mí, pero fue él quien me hizo tomarla para guardar el dinero cuando comenzaron a rastrear los depósitos.

Ella, al igual que Dean, comprendieron de pronto lo que acababa de ser declarado, asombrados de que la rabia hubiera cegado al hombre al punto de no percatarse. Y cuando Hermione giró sus ojos a Viola Buttercup, la encontró extrañamente desinteresada en presentar cualquier objeción. Tampoco había sorpresa en su rostro. La Defensora sabía bien cómo reaccionaría Crane ante aquella pregunta. De algún modo esperaba que fuera la forma de llegar a Hemlock, y de pronto entendió que Viola Buttercup había incluido un nuevo testigo sin verdadera intención de interrogarlo. Lo había incluído por el solo hecho de que, estando ahí, la sensación de traición y la rabia, harían hablar a Crane.

- Él fue quien comenzó todo esto.- Sonó nuevamente la voz del guardia, en un intento por explicar, y por salvarse.

- ¿Con las extorsiones?

Simeon Crane asintió.

- Debe saber que no fue idea mía.- siguió el hombre.- Emet hizo el contacto con los del Ministerio y era quien sabía a quién pedir el dinero.

- ¿Pidieron dinero a cambio de mantener vivo a Theodore Nott?- la pregunta de Dean retumbó en la sala.

- Emet lo hizo. Dijo que debíamos pedir algo grande, porque cuando nos hicieron llegar a Nott, fue con instrucción de que el chico no debía salir vivo de Azkaban.

- ¿Quién dio esa instrucción?

- Los del Ministerio. Los putos aurores con los que Emet hacía trato.

Por el rabillo del ojo, Hermione notó a Cormac McLaggen removerse incómodo en su asiento.

- Señor Crane, ¿tuvo usted algo que ver con la muerte de Theodore Nott?- insistió Dean.

- ¡Por supuesto que no! Fueron Emet y Bitterwood, su nuevo mejor amigo. Desde que perdí la memoria me consideró poco fiable y comenzó negocios con Bitterwood. A mí solo me mandaban a limpiar su mierda. Una puta sala llena de sangre.

- O sea que Theodore Nott no murió de Viruela de Dragón.

- ¿Viruela de Dragón? ¿Realmente es tan idiota para tragarse eso?- se burló Crane, quien parecía bajo los efectos de una poción que le hacía hablar de más, y Hermione se preguntó si Viola Buttercup sería capaz de llegar a ese extremo.- El chico murió desangrado. A consecuencia de qué, no tengo cómo saberlo. Ya habían retirado el puto cuerpo cuando me hicieron entrar a limpiar la mierda que dejaron.

Hubo un silencio ensordecedor en la sala, secundado por una serie de murmullos entre los curiosos que comentaban lo que acababa de ocurrir.

- ¿Usted envió la carta entonces?

- ¡Claro que envié la puta carta!- recién en ese momento, el hombre pareció comprender su error al confesar que había mentido en un juicio donde estaba obligado a decir la verdad, y se replegó sobre el asiento, con los hombros contraídos y la mirada fija en el piso.

Dean pestañeó varias veces, como si no pudiera creer todo lo que acababa de ocurrir, antes de girarse al jurado.

- Señor Juez, solicito que se admita la carta presentada como prueba previamente, ahora que el señor Crane admite su veracidad.- El anciano giró a mirar a Buttercup con una mirada cansada, para recibir en respuesta un asentimiento.

- Será admitida como prueba, señor Thomas.- dijo el anciano.- Mientras tanto, el señor Crane tendrá que quedarse a aclararnos su laguna mental previa, asumiendo que fuera solo esa la causa de no reconocer la carta.- Exhaló con fastidio- En base a los nuevos antecedentes, los señores Defensores coincidirán conmigo en que lo mejor es suspender el resto de los interrogatorios.

No bien hubo terminado de decirlo, Hermione advirtió que Emet Hemlock se colocaba de pie en dirección a la salida. Draco, a solo unos metros del hombre, también estaba de pie, con los ojos fijos en él.

- Señor Hemlock,- resonó la voz del anciano, atravesando la sala, y haciendo al hombre detenerse- si yo fuera usted, aguardaría ahí mismo a los aurores que lo escoltarán a responder unas cuantas preguntas.

Hemlock se pasó los dedos por la frente para quitar de ahí los grasientos cabellos, mientras los aurores caminaban en su dirección. A solo unos metros, Cormac McLaggen se mordía los labios de forma nerviosa, lo que generó una especial satisfacción en Hermione. La sonrisa apenas comenzaba a tomar forma en su boca, cuando se borró de golpe, al advertir la intensa mirada de Draco sobre ella.

Sus ojos grises habían transmitido en el pasado muchas cosas, no todas buenas, pero nunca, nunca, nunca, había advertido en ellos como entonces, el dolor de una traición.

-HP-

Luego de enviarle múltiples mensajes a través del galeón, ir por él a su casa, y buscarlo en su oficina, donde Blaise Zabini la recibió con el habitual encanto que solo reservaba para ella, Hermione supo que lo encontraría en Grimmauld Place, junto a Theodore.

Y desde el momento en que hizo su aparición, y sintió las risotadas que llegaban desde la cocina, adivinó en qué estado los encontraría.

- ¡Draco!- exclamó Theodore al verla aparecer a través de la puerta. Estaba con toda su larga figura recostada contra la mesa del centro de la cocina, un chaleco de cachemira de cuello alto y Crookshanks ronroneando sobre su abdomen.- Te busca tu amada.

- Te dije que me encontraría.- le llegó la grave voz de Draco, desde algún punto del piso, por detrás del mesón.

- Y yo te dije que definitivamente lo haría.- agregó Theodore, como si ella no estuviera ahí.- Es Granger. Dime de algo que no logre.- Y comenzó a reír, secundado por Draco, como si compartieran una broma que ella no pudiera entender.

- Draco…- le llamó Hermione.

- Te llama tu amada.- dijo Nott, inclinando la cabeza hacia delante para beber un nuevo sorbo de su botella, solo para hacer puchero al encontrarla vacía.

- Ya la oí.- respondió Draco, que seguía oculto a su vista.

- No podrás evitarla mucho tiempo.- siguió Theodore- Seguirá y seguirá y seguirá, hasta que consiga lo que quiere. ¡Hazte hombre y enfrentala!

- Soy un cobarde, ¿recuerdas?

- Pues hazte valiente.- siguió Theodore.

- Siento que ya me diste este sermón una vez.

- Fue la noche antes de ir a pararte frente a Dumbledore y decirle que lo ibas a matar.- dijo Theodore, arrojando la vacía botella al piso, y sobresantándose con el estrepitoso ruido que esta produjo al hacerse añicos.

Crookshanks en su regazo pareció removerse levemente ante el ruido, solo para dirigir una desdeñosa mirada a Hermione, y retomar su descanso sobre la tibia almohada humana.

- Eso acabó mal.- la voz de Draco sonó sombría.

- Me hubieses advertido que tu misión era matar al viejo, y yo no habría hecho nada por envalentonarte.- Theodore acomodó los brazos por detrás de su cabeza.- Te habría dicho que estabas perdido.- sonrió.

- Eres un amigo de mierda, ¿sabes?

- Tenemos los amigos que merecemos. Ni más ni menos.- siguió el moreno.- Supongo que por eso eres amigo de Parkinson.- Una nueva exploción de risas entre ambos inundó el ambiente, y Hermione apoyó la espalda en la pared, buscando las palabras para hablar, pero sin saber qué decir.- Draco, Hermione sigue ahí.

- Lo sé…

Theodore Nott se inclinó hacia delante, cogió a su antigua mascota en un brazo y bajó las piernas al suelo.

- Los dejaré a solas.- expuso, tambaléandose sobre sus piez descalzos.- No necesitan audiencia para arreglar su mierda.- Con la varita, hizo desaparecer los trozos de vidrio que había dejado en el suelo.- Pero si les interesa un consejo, no desperdicien con peleas ridículas, las maravillosas horas de sexo que podrian estar teniendo.- dijo en dirección a Hermione, y luego se giró a Croockshanks.- ¿Verdad gato?- El felino, colgando de su brazo, no pareció inmutarse ante la pregunta.- Si, si. Tú me entiendes.- Dijo, guiñando un ojo al pasar por el lado de Hermione, con un rizo oscuro escapando de su moño, antes de perderse tras la puerta.

A los pocos segundos, todo lo que ella oía era el ritmo de la cadenciosa respiración de Draco, mientras caminaba por detrás del mesón, donde lo encontró sentado sobre el suelo, con la espalda pegada a la pata de la mesa, y una botella de weasley de fuego a medio terminar entre sus piernas.

- Draco…- intentó decir, pero él colocó un dedo sobre sus propios labios, haciendo seña de guardar silencio, y luego usó el mismo dedo para apuntarla en forma acusatoria.

- Toda mi puta vida, los demás han tomado decisiones por mí.- comenzó, su gris mirada fija en ella.- Algunas veces creyendo que era lo mejor para la familia, o para mí mismo, pero siempre fueron otros.- pestañeó un par de veces antes de seguir- Matar a Hemlock es tal vez la única maldita decisión importante que sentía que era mía, y tú lo sabías. Aún así, hiciste lo mismo que todos los demás.

- Draco…

- En tu caso se sintió peor, Granger, porque confiaba en ti.- Hermione inspiró profundamente, apretando sus labios.- Los demás tenían mi obediencia, pero tú tenías mi confianza. Podía no haberte dicho nada, pero lo hice. Y aunque no creí que lo entenderías, confiaba en que respetarías mi decisión. Por eso tu traición dolió tanto.

Hermione separó los labios, pero ninguna palabra salió de su boca.

- Y cuando ese maldito me sonrió hoy…- cerró los ojos, mordiendo sus labios con rabia, antes de volver a hablar.- ¿Sabes qué pasó entonces?

- Lo sé…

- No. No lo sabes.- insistió, volviendo a mirarla.- En todo lo que podía pensar, mientras él sonreía, era en que tenía esa misma sonrisa mientras yo le suplicaba porque parara. Y recordé lo que hizo.- sus ojos en clavaron en ella, con una expresión de asco y rabia entremezclando de un modo doloroso, que cortó la respiración a Hermione.- Y también recordé las cosas que yo hice, con tal de que se detuviera.- pestañeó, sin dejar de mirarla.

Hermione sintió que su estómago se revolvía de rabia e impotencia.

- Y mientras lo hacía, mientras suplicaba y cedía a lo que él quería, juré que los haría pagar. A los otros por recordarme mi cobardía contigo, y a él, por lo que me hizo.- sus ojos se clavaron en ella, acusadores.- Y tú hoy me quitaste esa opción.

- Draco…

- Ya no puedo hacer que pague del modo que yo quería.

- Haremos que pague de un modo que no implique que termines en Azkaban.- las palabras salieron firmes, entre sus dientes apretados, queriendo transmitir su convicción.

- No iba a terminar en Azkaban…

Hermione pestañeó un par de veces confundida.

- ¿Qué creías que iba a pasar después de matarlo?- se inclinó a su lado, lentamente, hasta quedar sentada junto a él.- ¿Que te iban a dar una medalla?- de algún modo, ella ya temía su respuesta.

- No había un después…- Se mordió los labios mientras sacaba algo del bolsillo de su camisa, contemplando un pequeño frasco de destellante color púrpura brillar entre sus dedos, por varios segundos, antes de extenderlo a ella.

Hermione contempló el líquido en silencio, sin necesitar ni aún destaparlo para reconocer su brillo particular y la consistencia gelatinosa con que se movía dentro del diminuto frasco.

Poción de Muerte Instantánea.

- Esencia de hígado de Dragón…- murmuró Hermione, recordando el accidente ocurrido meses atrás en esa misma cocina, la primera vez que vió su marca.

Nunca se preguntó el tipo de poción que preparaba Draco ese día, pero siendo el ingrediente básico de la poción que tenía ahora entre sus dedos, la misma que había generado el accidente que terminó con él sin camisa frente a ella, le resultaba necio de su parte no haberlo sospechado al menos.

- Todo este tiempo,- dijo ella al fin.- has estado pensando en morir.- las palabras escaparon de sus labios como un quejido, reflejando bien el horror que la embargaba ante el descubrimiento.

- Te lo dije, Hermione. No pensaba regresar a Azkaban después de matarlo. Te dije que no había un después.

- ¡Pensé que era una metáfora! Pensé que…- la rabia iba creciendo en ella. Se sentía traicionada. Utilizada incluso. Todo ese tiempo ella lo había estado arriesgando todo por él, y Draco estaba predispuesto a morir…

Pero el curso de sus pensamientos se frenó de golpe al reparar en sus palabras, y en el esbozo de una sonrisa curvando los labios del rubio.

"No pensaba…"

"No había…"

- Antes no "había" un después.- lo miró, buscando encontrar ahí la respuesta que necesitaba.- ¿Y ahora?

Sus ojos grises transmitían muchas cosas durante esos segundos en que la contemplaba sin decir nada, incluída la confirmación que Hermione buscaba.

- No me has dejado más opción que confiar en ti.- murmuró Draco al fin, y Hermione sintió el aire retenido en sus pulmones escapar de golpe, permitiéndole respirar otra vez.- Tendré que confiar en este plan tuyo que no implica matarlo.

- ¿No me odias entonces?- dejó escapar, exponiendo su miedo.

- ¿Odiarte?- La mirada de Draco se estrechó, como si aquello le resultara ridículo- Hace mucho que dejé de odiarte, Granger. A veces me pregunto si realmente te odié alguna vez.

- ¿Me perdonas?

Draco la contempló un largo instante en silencio, inclinando el rostro hacia un lado.

- Cuando salí de esa sala, pensé que nunca podría perdonarte. Pero Theo tiene razón.

- ¿Qué dijo Theodore exactamente?

- Que mi plan era una mierda, y que agradecía que tú no fueras tan idiota, como para hacerme caso.- sonrió de lado.- También me recordó que me habías perdonado primero.- dijo, como si fuera obvio.- Pese a todo, me perdonaste. ¿Cómo podría no perdonarte después de eso? - sonrió de lado mordiéndose parcialmente el labio inferior, antes de que una duda transparente se plasmara a sus ojos -¿De verdad me amas?- preguntó, rozando el rostro de ella con los dedos, en un gesto tentativo.- Pese a todo lo que sabes de mí. A las cosas horribles que te he dicho, y a otras, que no me atrevo a confesar, ¿me amas?

- ¿Tú qué crees, Draco?- murmuró, acercándose a él lo suficiente para que su otra mano pudiera enredarse detrás de sus rubios cabellos y así atraerlo a su boca. Sintió como Draco temblaba ante el contacto, y llevaba sus manos a la cintura de ella.-Te amo…- su boca encontró la de él al fin, pero antes de poder avanzar, Draco se separó.

- Debes saber que estoy comprometido,- expuso, con la ansiedad clara en su rostro.- pero lo solucionaré.

- ¿Comprometido?

- Era la condición para que el Ministro Francés apoyara todo esto- se mordió el labio inferior, con sus ojos expectantes y fijos en ella, buscando una comprensión a la que Hermione no se sentía particularmente predispuesta.

Intentó alejarse de él, pero el firme agarre de Draco la mantuvo pegada al piso y a su cuerpo.

- ¿Te comprometiste con una bruja mientras tú y yo…?

- Nunca pensé en cumplir, Granger.- aclaró con voz ronca.- Además, no había nada entre nosotros entonces, y luego pensé que no se haría ningún anuncio hasta que los juicios terminaran, por lo que no te enterarías hasta que yo… Hasta que ya no importara.

- Te comprometiste pensando en no cumplir.- se detuvo, analizando la situación, pero su cerebro parecía querer explotar.

- Te prometo que lo arreglaré.- dijo él al fin, con la angustia clara en su rostro, mientras la apretaba contra él con insistencia.- Pediré a Blaise que vea qué podemos ofrecer en lugar de eso.

- ¿Con quién te ibas a casar?

- La hija de un francés sangre pura que necesitaba el apellido. Apenas la conozco, pero no pensaba llegar a cumplir el compromiso, Granger. No había un después, ¿recuerdas?

- Pero ahora si lo hay…- la sonrisa que escapó de los labios de Hermione fue involuntaria, pero no se arrepintió de que él la viera. No cuando eso parecía ser todo lo que Draco necesitaba para sonreír de vuelta y reafirmar su promesa.

- Si.- exhaló sobre su boca.- Ahora sí lo hay.- y la besó con la misma intensidad del primer beso compartido. Con la misma necesidad de fundirse en ella, mientras inclinaba su cuerpo sobre ella y con sus manos acunaba su rostro a fin de acomodar mejor su boca.

Y pareció contrariado cuando ella lo separó de sí, aunque levemente, para plantear una pregunta. No podía dejar de hacer preguntas ni aún en momentos así.

- ¿Esto significa,- comenzó ella, inclinando su rostro,- que Zabini irá a hablar con mis padres, para asegurarse de la preservación de tu fortuna?- Draco pareció confundido al principio, pero al instante en que los labios de ella expusieron una sonrisa, medio en serio, medio en broma, pareció estar dispuesto a seguir el juego.

- Insistirá en hacerlo.

Y cuando su boca encontró la de ella otra vez, Hermione se sumergió en ese beso, incapaz de formar ningún pensamiento coherente, mientras él la cogía de la cintura hasta posicionarla sobre sus caderas, y sus pechos se juntaban sobre su ropa, y sus labios se trababan en una hermosa danza conocida que querían hacer suya en ese momento. Y también después de ese momento.

Ahora había un después.

-Fin del Capítulo 19-

Y nos vamos acercando…

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