Gracias, Yani por ayudarme a betear el capítulo.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 2
Cinco años antes…
La lluvia seguía cayendo a cántaros en el paisaje verdoso, formando pequeños charcos sobre la superficie.
Apoyé la espalda en el ventanal e inspiré mientras comía un postre típico de la región: brigadeiro.
El olor a tierra mojada era un viaje al pasado. Una trampa que te hacía querer volver a donde fuiste feliz, quizás muchos iban directamente a la infancia, sin embargo, mis pensamientos solían ir al día que conocí a Bella.
La vi en el estacionamiento de la universidad con su ropa empapada por la lluvia que caía ese día. Nos sostuvimos la mirada un par de segundos porque ambos estábamos en las mismas condiciones; una sonrisa fresca y un «hola» lo cambiarían todo.
―Oye… ―Sus brazos me envolvieron por detrás sacándome de mis ensoñaciones. Sonreí al ver sus traviesos dedos jugar con los vellos de mi pecho―. ¿Por qué estás despierto?
Sentí como su mejilla calentita se apoyaba en mi espalda desnuda.
―Estoy viendo la lluvia, me gusta porque me recuerda a cuando nos conocimos.
―Te veías guapo con la ropa toda mojada.
Negué con la cabeza mientras mis labios mantenían una sonrisa socarrona.
―Miré tus tetas desde entonces, creo que eso fue lo que más me atrajo de ti.
―Lo sabía. Siempre te han gustado.
Exhalé sin dejar de apreciar el paisaje que nos rodeaba. Habíamos elegido quedarnos en una cabaña y estar rodeados por la madre naturaleza.
―La lluvia siempre me hace recordar buenos momentos ―confesé― y en todos estás tú.
Ella suspiró y sus brazos se abrazaron con más fuerza a mi torso.
―Es curioso que a mí me suceda lo mismo contigo, tal vez de alguna forma estamos conectados.
―Creo que simplemente estamos felices estando juntos. Y la lluvia forma parte de nuestros recuerdos.
Sentí su hálito caliente estrellarse en mi espalda y provocar un escalofrío en mí.
―Ahora la lluvia está arruinando nuestros planes ―se quejó―. Según los noticieros no es típico que esté lloviendo de esta manera sin parar.
Me giré hacia ella y la atrapé en mis brazos. Bella instintivamente envolvió sus piernas en mis caderas y rio suavemente por el impulso, aferrándose con sus manos a mis hombros como lo hacía siempre.
―No te quejes porque la hemos pasado muy bien en esta cabaña. ―Moví mis cejas de forma sugerente para que recordara nuestra última semana y la forma en que ella estaba agotada.
―Para nada es una queja. Es más, si por mí fuera, nos quedamos un mes aquí, pero extraño a mis ardillas y quiero verlos.
No podíamos evitarlo. Habíamos decidido sacar un tiempo para nosotros, disfrutar en pareja y olvidarnos un rato de nuestras responsabilidades siendo menos aprensivos, no obstante, nuestro lado paternal estaba activado desde hacía cinco años: Sam y Amy eran lo más importante que teníamos y nos sentíamos vacíos sin ellos.
Unas simples vacaciones lejos de casa y ya ansiábamos regresar.
―También yo ―reconocí―. Necesito abrazarlos y llenarlos de besos.
Su mirada café se iluminó de forma especial.
―¿Por qué no volvemos a casa, amor? ―Propuso sonriente al tiempo que ondulaba sus caderas y su ingle creaba una deliciosa fricción en mi cadera―. Quizá sea tiempo de viajar a Colorado con nuestras ardillas. Les debemos unas vacaciones antes de que regresen a clases.
Caminé hacia la pared más cercana y apoyé su cuerpo, ella se aferró más fuerte a mí, afianzando sus piernas.
―¿Lo dices en serio? ―Empujé contra su centro, me gustaba la sensación creada por los movimientos y la escasa ropa. Ella con apenas unas bragas de encaje y yo con bóxer.
―Sí. Hemos estado por más de una semana y ha sido espectacular conocer lugares nuevos, solo que nos quedan cuatro días y creo que debemos volver a casa.
―¿No volverás a la clínica? No creo que a Lauren le haga gracia que la sigas dejando sola con todo el trabajo que tienen.
Apresó con sus dientes su labio inferior cuando su mano empezó a jugar con mi falo, acariciándolo de arriba hacia abajo.
Solté un leve gemido que amortigüé en su cuello. Bella amaba provocarme con su juego de seducción.
―Cuando mi amiga se escapó con su futuro marido ―gimió en mi oído. Tragué―, duró dos semanas desaparecida dejándome con todo el trabajo de la veterinaria, yo no me quejé.
―Bella… ―siseé, desesperado por atención. Besé sus hombros con ansiedad en lo que mis caderas seguían moviéndose contra su centro.
Sería fácil mover a un lado sus bragas y penetrarla. Sin pensarlo más, terminé por hacerlo y me adentré en ella de una estocada.
Tenía una mano apoyada en la pared mientras que con la otra acariciaba su rostro con mis dedos, me fascinaban sus muecas de placer y lo hermosa que era al estar caliente; mantuvo sus labios entreabiertos al recibir mis acometidas y gimió.
Solo podía escucharse el sonido de la lluvia y el chaqueteo de nuestros cuerpos al estar unidos.
Las perlitas de sudor se formaron en su rostro de forma graciosa y sus mejillas se encendieron en un tono más rosa. Deslicé una mano por su cuerpo, descendiendo hacia su centro.
Bella exhaló un jadeo cuando mis dedos hurgaron en ella pellizcando su clítoris.
Estaba tan cerca… El sonido del celular me distrajo, reconocí que se trataba de una videollamada. Giré hacia el mesón y vi el aparato vibrando.
―Quiero terminar ―gruñó al tiempo que su orgasmo la hizo sentir espasmos y apretar mi polla.
Me uní a su clímax y terminé viniéndome en su interior.
―Son tus padres ―susurré sin energía.
La dejé sobre sus pies y besé rápidamente sus labios. Bella se acomodó su camisón, subiendo los tirantes por sus hombros, y corrió descalza hacia el mesón.
Me detuve a guardar mi flácida polla en el confín de mi bóxer y la seguí. En el camino tomé la camiseta que había encima del sofá y me la puse por la cabeza.
En la pantalla estaban nuestras ardillas, Renée y Lauren.
―¡Holaa, mami, papi! ―chillaron Sam y Amy―. ¿Cuándo regresan?
Bella volteó a mirarme con absoluta complicidad. Me tomó la mano, entrelazando nuestros dedos. No hacía falta expresar nada, con solo vernos a los ojos sabíamos que volveríamos por ellos para viajar a Colorado.
―Hola, amores ―comentó Bella, agitando su mano hacia la pantalla―. ¿Por qué están despiertos a esta hora?
La diferencia de hora entre Río de Janeiro y Seattle eran cuatro horas por delante. Si aquí eran las diez, ¿qué hacían despiertos a las seis de la mañana?
Amy quitó el cabello de su rostro, tenía una melena castaña y abundante, muy parecida a Bella. En cambio, Sam era una copia mía, con su pelo color cobrizo.
―Queríamos verlos ―respondió Sam―. ¿Qué hacían?
―No hagas ese tipo de preguntas ―expresó Lauren soltando una leve carcajada, fue extraño verla en pijama en casa de mis suegros.
―Nada, amor, estábamos dormidos ―respondió Bella―. Hemos decidido ir por ustedes para llevarlos a Colorado como tanto han querido.
Ambos empezaron a gritar fuertemente y levantaron sus manos, bailando y saltando sobre sus pies. Era una euforia contagiosa.
Los niños salieron corriendo y supuse que habían ido a decirle a Charlie, podía escucharse su voz en el fondo.
―Eres una idiota ―le expresó mi mujer a su amiga. Se conocían de toda la vida y era su manera de tratarse―. No digas nada inapropiado delante de mis ardillas.
La rubia volvió a soltar una carcajada y llevó su cabello detrás de sus orejas mientras articulaba palabras ininteligibles con Renée.
Mi suegra se puso de pie y no se vio más en la pantalla, dejando a Lauren sola.
―Son un par de cochinos ―musitó en burla―. Antes de salir en la pantalla cepilla tu cabello y cubre esos chupetes que traes en el cuello.
Bella pasó las manos por su cabellera y protestó:
―¡Desgraciada!
Rieron juntas de nuevo.
―¿Qué dice Ben? ―pregunté―. Dile que sigue en pie el día de su rescate.
―¡Cállate! ―advirtió en broma―. Está esperando tu regreso para irse de fiesta, más te vale que no le lleves a ninguna mujerzuela.
Llevé una mano a mi pecho.
―No prometo nada ―dije, sintiendo un manotazo en mi pierna―. Está bien, no habrá mujeres.
La boda de Lauren y Ben sería en tres semanas. Bella y yo éramos los padrinos, así que teníamos todo planeado para volver y pasar un fin de semana en Colorado con nuestras ardillas y luego volver a Seattle para la despedida de solteros que les habíamos organizado a los dos. Evidentemente, ellos no sabían nada.
―¿Qué haces en casa? ―indagó Bella.
La rubia se alejó de donde estaba en la cocina y caminó hacia el pasillo.
―No he estado muy bien. ―Su voz fue baja, inclusive se cubrió la boca―. Mis malestares han seguido, así que Renée me invitó a quedarme en casa.
Las dejé conversar y volví al ventanal donde la lluvia se apreciaba con mucha fuerza.
Lauren tenía todos los síntomas de embarazo. Bella me había mencionado antes todo lo que su amiga estaba padeciendo: mareos, vómitos y náuseas, todos los malestares que señalaban que venía un bebé en camino, solo que su amiga no estaba lista para ser madre.
No podía culparla.
Nuestros mellizos tampoco fueron planeados. Bella seguía cursando la carrera y le fue difícil mantener las dos cosas a la vez. Cuando llegó el día del nacimiento fue un completo caos cuidar de dos pequeñas ardillas que solo lloraban todo el tiempo.
Podría asegurar que fueron los momentos más críticos como pareja, pero también los más inolvidables como ser humano.
Fue indescriptible la forma en que dos seres dependían totalmente de nosotros y nos hicieron amar más allá de nosotros mismos.
―Ojitos ―la voz de Bella me hizo girar hacia ella. Sonreí al escuchar el apodo por el que solía llamarme―, los niños te hablan.
Volví al mesón y me senté en una de las sillas altas, mirando hacia el celular. Mis pequeños hijos agitaban sus manitas hacia la pantalla, estaban riendo y murmurando entre ellos.
―Dice mami que ya vienen, papi ―comentó Amy a la vez que retorcía sus dedos frente al celular―. ¿Hay regalos?
―Sí, queremos saber si nos traen regalos ―secundó Sam cubriéndose la boca con ambas manos.
Renée estaba riendo al escucharlos.
―Son unos interesados ―les dijo, abrazándolos y besando ruidosamente sus mejillas―. ¿Cuándo regresan, hijos?―nos preguntó―. No me habían dicho que volvían pronto, ¿por qué el cambio de planes?
―Edward y yo extrañamos mucho a los niños, mami ―explicó Bella―. Desde que salimos tengo una sensación extraña en mi pecho.
―Es normal, cariño. Es la primera vez que te despegas de ellos por muchos días, comprendo tu sentir.
―Mamá, promete que los cuidarás hasta que regresemos.
Volteé hacia Bella, su voz se escuchaba desanimada. Apreté su mano.
―Los cuidaré con mi vida, cielo ―susurró Renée enviándole besos―. No olvides que te amo. Cuídense mucho que aquí los esperamos.
―¡Adiós, papis! ―Las ardillas se despidieron entre risas y cuchicheos.
Apenas la pantalla se apagó y Bella salió corriendo cubriendo su boca.
¿Qué le pasaba?
Hola, aquí vamos con otro capítulo. Sin duda el siguiente capítulo será una de las respuestas a lo que pasó con Bella, ojalá quieran leerlo.
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