Agradezco a Jane Bells por tu ayuda con los diálogos en portugués.
Gracias, Yani, por ayudarme a betear el capítulo.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 3
Cinco años antes…
Estaba por oscurecer.
Habíamos decidido conocer la ciudad de Santos antes de salir al aeropuerto. Pasaríamos el día entero disfrutando de la ciudad, pero no fue posible debido a las inclemencias del tiempo.
El vuelo estaba programado para las seis de la tarde saliendo de Sao Paulo. Habíamos viajado más de cuarenta minutos por una autopista en mal estado.
El taxi derrapó en la carretera haciendo que el coche zigzagueara. Instintivamente rodeé con mis brazos el cuerpo de Bella que se había agitado del asiento.
El buen hombre miró por el retrovisor cuando el vehículo se quedó detenido, podía apreciar preocupación en sus orbes oscuros.
Desde mi visión periférica aprecié el semblante asustado de mi esposa.
Le sonreí para tranquilizarla y seguimos jugando con nuestras palmas cuando el coche avanzó bajo la intensa lluvia.
Era un paisaje grisáceo que apenas podía distinguirse.
Me enfoqué en mi esposa. Continuamos riéndonos y tonteando porque necesitaba distraerla y calmar sus nervios. Bella venía asustada por los deslaves que estaban ocurriendo en la ciudad a causa de las fuertes lluvias.
En los noticieros radiales informaron que cientos de vuelos estaban siendo cancelados y que los hoteles aledaños estaban a su máxima capacidad.
Sabía que había sido mala idea salir de la cabaña. Fue una imprudencia, pero no sabíamos que las lluvias continuarían con mayor fuerza apenas dejamos el hotel y menos sabíamos que los vuelos serían cancelados.
―Ojitos, ¿llegando a Seattle me recuerdas la lista que tengo pegada en el refrigerador? ―me dijo―. Son algunos pendientes que debo hacer antes de salir a Colorado.
Rodeé con más fuerza sus hombros y la acerqué a mí, dejándole un beso en la sien.
―Nunca te lo he dicho, pero admiro que seas tan organizada, nena. Me encanta que en cuestión de segundos puedas tener todo calculado y con un mejor panorama.
―Tengo una fea manía ―respondió―, creo que lo puedo planear todo y no es así.
―Yo amo tus manías. ―Besé cada uno de sus dedos.
Mi estómago se agitó fuertemente cuando de nuevo el taxi se deslizó por el asfalto deteniéndose de golpe. Las manos de Bella se aferraron a uno de mis muslos.
―Edward…
―Tranquila, nena ―susurré apretando su cuerpo.
―Es imposible seguir ―dijo el taxista, mirándome por el retrovisor―, los neumáticos están algo desgastados para seguir bajo la lluvia, es peligroso.
Necesité apretar la mano de Bella antes de asentir.
―Puede dejarnos en algún hotel ―pedí―, quizá esté disponible alguna habitación para pasar la noche.
El hombre no dijo más, solo dio la vuelta en "u" antes de seguir el camino.
Miré por las ventanas y vi cómo algunos autos se orillaban para detenerse fuera de la carretera.
―¿Por qué no se detiene? ―le preguntó Bella al hombre―. Si los vuelos están siendo cancelados no hay ninguna prisa por volver.
―Yo también necesito estar con mi familia ―susurró entre dientes.
El auto siguió su marcha por la carretera mientras Bella y yo manteníamos nuestras manos unidas.
Perdí la noción del tiempo. Entre mis conversaciones con Bella y seguir mirando la lluvia por los cristales fui consciente de cómo los nubarrones oscuros seguían cubriendo el cielo.
Fue solo un instante, quizá un pestañeo, cuando el auto derrapó fuera de la carretera dando vueltas entre la maleza.
Escuché gritos.
Intenté tomar la mano de Bella, la busqué a tientas en medio del disturbio, pero fue en vano… mi cabeza golpeó contra algo volviendo todo oscuro.
.
Un fuerte dolor en la cabeza me hizo abrir los ojos. Enfoqué mi vista en el lugar contemplando con rapidez las paredes blancas y altas.
Cerré los ojos un segundo y enseguida volví a mirar hacia todos lados. Traté de incorporarme y una mujer me detuvo de los brazos, ayudándome a acostarme.
―Precisa descansar ―pidió en su idioma.
Sacudí la cabeza. No quería seguir durmiendo. ¿Cuántas horas llevaba? Miré la claridad por la ventana y comprobé que la lluvia seguía cayendo con menos intensidad.
―Bella ―pronuncié con la garganta seca―. ¿Dónde está mi esposa?
La mujer mulata me sonrió. No sabía si ella me entendía, así que lo hice en portugués.
―Onde está a minha esposa? ―repetí―. Bela está bem? Eu preciso vê-la.
―Não havia ninguém com você.
―¿Qué? ―Me senté en la camilla―. Mi esposa estaba conmigo, viajaba a mi lado en el asiento trasero.
La mujer enfermera me miraba sin entender. Maldije entre dientes por no tener dominado el idioma.
―Você precisa se acalmar ou vou ter que aplicar um sedativo novamente.
―¡No me voy a calmar ni tampoco quiero un sedante! ―Pateé las sábanas―. Necesito ver a mi esposa. ¿No lo entiende?
―Preciso de ajuda! ―escuché qué gritó cuando me incorporé fuera de la camilla.
Sentí un leve mareo que ignoré al sostenerme de la camilla.
―Sr. Cullen, você é o único sobrevivente do acidente.
Me quedé mirando sus ojos negros como el ónix. Pestañeé un par de veces antes de sentir como si hubiesen golpeado mi pecho de forma mortal, exhalé pesadamente y volví a sostenerme de la cama cuando mis piernas se doblaron.
Mis pensamientos estaban revueltos. Mis ideas no parecían hilarse dentro de mi cabeza y menos las palabras podían ser articuladas.
Sin siquiera meditar, salí corriendo de la habitación, recorrí los pasillos sin importar que me pedían que volviera.
Mis oídos se volvieron sordos y mi corazón tronó con fuerza dentro de mi pecho mientras mis pasos pesaban cada vez más.
Quise salir. Intenté con todas mis fuerzas salir corriendo de ese hospital, pero no pude.
Varios hombres me detuvieron como si yo fuese un maldito rehén.
Forcejeé con ellos.
Mis lágrimas estaban en mis ojos y solo sentía que algo dentro de mi pecho se quemaba.
―Bella ―pude gritar―, regresa.
Hola, aquí vamos con otro capítulo. En cada capítulo nos iremos acercando al presente, vamos poco a poco conociendo personajes y situaciones. Espero que realmente la historia les guste y se animen a leer y comentar.
*Recuerden que estoy en Facebook por si gustan ver imágenes alusivas de cada capítulo.
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