¡Oh, Rasen ha aparecido una vez más para traerles felicidad! Antes que nada, gracias por sus lecturas y paciencia. La vida del adulto responsable no deja tiempo para lo que una tanto ama. ¡Disfruten la lectura!
Karma
No fue para nada complicado arrebatarle el celular al gracioso que se encargó de fotografiarlos en un momento tan vergonzoso como ese. Sin embargo, no se imaginaron que esa comprometedora escena ya había llegado al móvil de Kuramochi. Y eso significaba grandes problemas.
—Así se hace, capitán. —Su sonrisa de satisfacción se ensanchó conforme más los miraba. Aceptaba que verlos molestos era reconfortante—. Descuiden, todos los del equipo podrán saber lo bueno que es. —Una felicitación disfrazada de mofa y cinismo.
—¡Si serás un…! —Sora cerró sus puños para darle una buena tunda al moreno.
—Deja que te eche una mano. —La perversa sonrisa de Miyuki no se hizo esperar.
Ambos ardían con las llamas de la venganza.
—No tengo remordimiento alguno, he tenido una buena vida —espetaba Yōichi con valentía y satisfacción.
—Tendremos que conseguirnos otro bateador…—Exhaló Sawamura lánguidamente.
—¡Eijun-kun, no digas esas cosas! —Haruichi era el único que se angustiaba por el oscuro futuro de Kuramochi.
No era el nuevo día de clases lo que les causaba estupor, sino lo que pudiera ocurrir a sabiendas que no habían sido capaces de impedir el envío de tan comprometedora foto, inclusive cuando se deshicieron del celular de Kuramochi y Sawamura. Tampoco ayudaba que se toparan en el pasillo y se les viera ascendiendo las escaleras lado a lado, como la parejita que no eran.
—Debiste de haber tomado asiento en otro lado, Miyuki-kun.
—Te recuerdo que fuiste tú la que no se quiso mover. Tú fuiste la que provocó todo esto —alegó sin dignarse a mirarla.
—No es como si un beso fuera la gran cosa. Todos arman mucho escándalo por algo tan simple. Todo porque eres un retraído social que no se le ve más que practicando béisbol.
—¿Gracias? —Ironizó—. Tienes una lengua muy filosa para tener un rostro tan agradable.
—Gracias por lo primero. —Sonrió con mesura—. ¿A quién de los dos nos irá peor este día?
—Quisiera apostar sobre algo menos tortuoso. Si fuera solamente tu caso estaría bien.
—No cantes victoria antes de tiempo, Ore-sama.
Sus palabras sonaban tan firmes que Kazuya pudo asegurar por unos cuantos segundos que podía saber lo que sería de su día a causa de esa foto viral.
—¡¿Ore-sama?! —replicó.
—Miyuki-kun es demasiado obsoleto para ti —expresaba juguetona antes de acelerar el paso y encaminarse al salón de clases antes que él.
Kazuya siguió su camino, optando por olvidar las ocurrencias de esa mujer. Sin embargo, al entrar no pudo ignorar las miradillas que se colaban hacia él como si hubiera cometido el peor de los crímenes. Y gracias a que era bueno pasando de todo y de todos, pudo llegar a su lugar y sentarse cómodamente. Por ahora lo que interesaba era evaluar el avance del equipo.
—Miyuki-kun, ¿crees que podrías explicarme algunas cosas sobre la lección de ayer? Es que me he quedado algo confusa y sé que a ti se te dan bien los números.
No pudieron venir a interrumpirlo en peor momento.
—¡Y a mí! Yo tampoco entiendo algunas cosas.
—¿Chicas…? —Sólo atendió unos minutos su cuadernillo y ahora ya tenía a tres compañeras suyas alrededor con libreta en mano.
—No tomara mucho tiempo, Miyuki-kun.
El problema no era que se posaran a su lado, sino que estuvieran invadiendo peligrosamente su espacio personal.
—Demasiado cerca…—Él se levantó, recuperando su espacio vital—. No soy tan bueno como creen. —Quería librarse de esas tediosas clases explicativas.
—Oh, Miyuki-kun, no seas tímido. No se lo diremos a tu adorable novia —comentó quien se había prendado de su brazo.
El pararse solamente mejoró las maniobras que podrían usar esas jovencitas para acercársele.
—Hasta donde sabemos, Sora-chan no es nada celosa. Por lo que no debes preocuparte por nada —mencionó quien lo miraba con descarada coquetería.
—Ahora empecemos con las lecciones, Miyuki-sensei.
La sonrisa descarada de la chica no era lo que le sabía mal a Kazuya, sino el tener tan apretado su brazo contra ella. Podía experimentar una suavidad que despertaría la envidia en más de uno.
—La clase está a punto de dar inicio, así que… ¿Qué les parece si lo dejamos para otro momento?
No es como si se cohibiera con algo tan simple. No. Él era de los que gustaba de poner a la chica en jaque mate. Sin embargo, disfrutaba de su espacio y no le gustaba que quisieran cruzar esa línea.
Y efectivamente el profesor no demoró en entrar y calmar las aguas momentáneamente.
«Ese Kuramochi me la ha hecho… No dejaré que obtenga lo que quiere».
Sonrió con enorme seguridad. No permitiría que alguien como Yōichi se metiera en su cabeza y jugara como se le diera la gana. No cuando él era un total experto en hacerlo con los demás.
«¿Ah? ¿Quién sigue mandando papelitos en estos tiempos?».
Para cuando enfocó sus castaños ojos en su cuaderno había tres pequeños papeles perfectamente doblados. ¿Acaso se trataría de esas chicas?
«Imposible. Estamos demasiado separados como para que se arriesguen. ¿Entonces?».
Los abrió guiado por su curiosidad. Y al poco rato un largo suspiro abandonó sus pulmones. Justo lo que le faltaba.
—Los chicos también empezarán a liármela…—Sus pensamientos aterrizaron cuando el profesor se fue.
—Ey, Miyuki. ¿No eres un poco egoísta?
—Una cosa es que seas el capitán del equipo de béisbol y otra muy distinta que quieras acaparar a todas las chicas buenas de la escuela.
Excelente, ahora su panorámica era la de un grupillo de tres chicos que no estaban nada felices de que les arruinaran el negocio del fino arte del flirteo.
—Se han hecho una idea equivocada. —Sus brazos se deslizaron hasta detrás de su nuca, cruzándose cómodamente para un mejor descanso.
Esa pose llena de despreocupación crispó el humor de los chicos. A su parecer les indicaba lo engreído que era Miyuki Kazuya.
—Nosotros vimos cómo te coqueteaban Ayumi-chan y las demás. Y no hiciste absolutamente nada al respecto. Parecías disfrutarlo.
—Más te vale que te mantengas al margen o Sora-chan se enterará de la clase de noviecito que tiene.
—Ah, no. Sería problemático que eso sucediera —habló con fingida preocupación—. Lo que pasa es que ellas solamente querían ayuda con cosas que no entendieron. Mas estoy seguro de que si ustedes se lo explican, lograrán conquistarlas —recomendó con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Será eso de integrales y esas cosas? La verdad es que yo tampoco caché nada al respecto.
—Pueden hacer un grupo de estudio e invitarlas. Eso siempre funciona —aseveraba el de gafas.
Ellos parecían haberse tragado el cuento.
—Ven, les dije que Miyuki no era tan mala persona como todos decían.
—Es algo que escucho a menudo. —Rio reservadamente.
Gracias a su simple plan se quitó de encima a esos alborotadores chicos. No obstante, por alguna razón todavía no se sentía del todo seguro. No cuando esos ojos avellana lo acribillaban como agudos puñales.
¿Por qué lo veía con tanto odio?
«No recuerdo haberle hecho nada malo. Tampoco la reconozco».
Y de pronto cayó en cuenta. Hace dos semanas había llegado una chica nueva al salón de al lado. Posiblemente se trataba de ella.
—Eres más decepcionante de lo que esperaba. —Esos pequeños labios soltaron un par de palabras mordaces.
—¿Disculpa? ¿Nos conocemos de algún lado?
¿Cómo era eso que venían rotundos desconocidos a meterse con su persona? Estaba bien que no tenía la mejor fama del mundo, pero tampoco era para que lo acosaran a ese nivel.
—No. —Su monosílabo fue rasposo, como si de verdad lo aborreciera—. Pero creo que no queda más remedio que ese.
Kazuya no podía estar más confundido.
—Mi nombre es Namikawa Kokone, pero tú puedes llamarme Nami-san. —Se había tomado las molestias de ir hasta su lugar para estrechar su mano.
—Kazuya Miyuki. Aunque creo que eso ya lo sabes, ¿verdad? —En el instante en que sus manos hicieron contacto, se lamentó de haber estrechado su cordial saludo—. ¿Lo está haciendo a propósito? Está apretando demasiado fuerte.
—Eres muy popular entre el alumnado, Miyuki-kun —habló una vez más.
—No tanto como piensas.
—Ya veo. —Tomó asiento frente a él para hacer contacto visual—. Todos dicen que eres el novio de Yūki-san.
Kazuya se enfocó inconscientemente en esas dos coletas recogidas con un par de lazos que formaban un adorable conejito. Lo segundo que resaltaba era su flequillo central y su rostro un tanto aniñado. También era bastante bajita.
—¿Qué es lo que te causa tanta risa, Miyuki-kun? —cuestionó inquisidora.
Y es que el receptor se echó a reír justo después de haber visto el peinado que llevaba.
—¿Es que quien va a preparatoria usando esa clase de peinado? —Sus manos se fueron instintivamente hacia su estómago para mitigar el dolor que tanta risa le ocasionó.
—Tienes muchas agallas para decirme eso —mencionó como si nunca hubiera sido insultada—. Pero que no se te suman los humos a la cabeza o ella podría cortarte la cabeza.
—¿«Ella»? —Para él hablaba en otro idioma. No comprendía el punto de su charla ni nada.
—Parece que no estás enterado…—Su oración fue como un rezo que no pudo ser escuchado por él—. Como sea, ten una buena mañana. —Se levantó y se fue.
—Otra rarita…
El receso fue hecho para descansar de las pesadas clases y poder restablecer energías. Un momento sagrado que era respetado por todos. Fue así hasta que ese ruidoso chico decidió acompañarla a merendar en compañía de Miyuki.
Habían logrado dar con ella pese a que se escondió en la azotea para comer en paz. Ahora estaban allí, sentados en el frío piso.
—¿Cómo es que dieron conmigo? —preguntó globalmente.
Los chicos comían tranquilos.
—Todos te conocen en la escuela, así que pregunté —hablaba como podía Kuramochi.
—Yo lo encontré a él y lo seguí —soltó Miyuki con un par de bolas de arroz en manos.
—Entiendo…—Se hizo la desentendida y optó por comer.
—Qué tal tu día, ¿eh? —Quiso echarle sal a la llaga.
—Te aclaro que todo ha sido tu culpa, Kuramochi-kun. Fuiste quien envió esa foto a todos los del club.
—¿Qué culpa tengo yo de que ellos decidieran enviarla a todos sus conocidos? —añadió cómico.
—Esa fotografía lo empeoró todo —suspiró Sora.
—¿Qué te hicieron hoy? —curioseaba con interés Kazuya. Si sería malicioso.
—Pusieron tachuelas en su asiento. Su silla estaba destornillada. Garabatearon en su pupitre y cosas como esas —resumió Yōichi—. Tú mismo debiste verlo. Los tres vamos en el mismo salón.
Se notaba lo mucho que a Kazuya le importaba lo que ocurría a su alrededor.
—Sus intentos fracasaron totalmente.
—¿Y no piensas hacer nada al respecto? —No la conocía a profundidad. Mas estaba segurísimo de que no era de las que solían quedarse de brazos cruzados cuando se metían con ella.
—Hoy traje pastelillos para ti, Miyuki —agregó con una sonrisilla. Él otro parpadeó.
—¿Ah? Eso no fue lo que te pregunté —añadió—. Aunque, ¿y mis pastelillos?
—Sencillamente desaparecieron —continuaba Kuramochi.
—¿Eh? —Kazuya no estaba en sintonía con ninguno de los dos.
—Los dejé en mi pupitre y después de que regresé del tocador se habían esfumado —relató con pena fingida.
—Y lucían tan bien. —Se lamentaba Yōichi.
—¿Por qué presiento que planean algo ustedes dos?
—Deberías preocuparte más por tu propio bienestar físico que por el nuestro, Ore-sama.
—¡Deja de llamarme así!
—Eres muy delicado para mi gusto —añadió bribona.
—Bueno, me voy yendo. —Miyuki se despidió con un ademán simple.
—¿Crees que funcionará?
—Irremediablemente caerán. Sólo hay que tener paciencia. —Su mirar mostraba un brillo inmaculado. Se veía emocionada—. No suelo hacer esta clase de cosas porque no van conmigo, pero no estoy en mi vieja escuela. Debo acoplarme a lo que hay.
La idea de haber abandonado a esos dos le pesaría en el preciso instante en que se encontró a esas chicas que ansiaban sus clases privadas.
Únicamente poseía una salida que simultáneamente coincidía con sus necesidades básicas del momento.
En el interior de esas frías cuatro paredes se sentía seguro, tranquilo y podía ignorar que su día escolar estaba siendo un verdadero hastío.
Agradecía que no hubiera nadie más en el baño y pudiera desplazarse hacia el urinario de su preferencia. Sí. Todo era perfecto y rezaría si fuera necesario para que la situación se mantuviera así hasta la práctica.
—Esto está empezando a salirse de control.
Corrió su cremallera y descansó de la presión que condicionaba la estabilidad de su vejiga.
El rechinido de la puerta lo alertó de que pronto habría alguien más que terminaría haciéndole compañía. Se acongojó de pies a cabeza al mirar por el rabillo del ojo los particulares zapatos que estaban a escasa distancia de su lugar.
Como bien pudo se las apañó para resguardar su hombría, retrocediendo lentamente mientras se esforzaba por abrocharse los pantalones.
—¡Este es el baño de chico!¡¿Qué demonios estás haciendo aquí?! —Ya estaba cubierto. Una pena que estuviera siendo acorralado por una chica.
¿Nadie iba a entrar y estropear sus planes?
—No nos parece justo que ella sea la única que disfrute de ti, Miyuki-kun —enunciaba gozosa, como si careciera de pudor.
¿A dónde se había ido la decencia estos días?
—Esta no es la manera… ¿Y cómo que «nos»? ¿Acaso hay más de ustedes? —Miró en todas direcciones como un paranoico.
—Nos iremos turnando, Miyuki-kun. Así que descuida. Será muy divertido. —Por un lado, iba diciéndolo y por otro se iba desprendiendo del suéter que vestía.
—Alguien va a entra y se va a dar cuenta.
Su plan consistía en un fildeo y huir por la puerta como un potro desbocado. Idea que murió cuando escuchó la puerta ser cerrada desde afuera.
—Este sitio estará fuera de servicio por un tiempo. —Sonrió con malevolencia para el ofuscado chico.
—¡¿Qué la han cerrado?! ¡Pronto se darán cuenta de que todo es una farsa! —Otra opción era esconderse en uno de los baños y así alejarla.
—Nos divertiremos mucho, Miyuki-kun.
Eso decía ella, mas no tenía intenciones de que abusaran de él. Mucho menos en un baño y bajo las órdenes de quien sabe que loca.
—Lamentablemente se me hace tarde para mi clase por lo que tendré que dejarte. Una lástima. —Momento de pensar rápido o las cosas se pondrían escabrosas.
Solamente existía un modo que le otorgaría el escape. No obstante, no estaba totalmente seguro si lograría hacerlo a tiempo. Era una apuesta de todo por el todo.
Gracias a su buena condición física y que tenía el ímpetu del miedo tatuado sobre la piel, utilizó la tapa del escusado como apoyo para sujetarse del marco de la ventana. Ahora todo radicaba en qué tan rápido la abriera y se escurriera por allí.
—Oh, Miyuki-kun, no seas tímido. Pensé que eras más atrevido para esta clase de cosas.
No le preocupaban sus palabras sino sus acciones. Estaba más que dispuesta a que se quedara. Incluso si eso significaba jalarlo de los pantalones para que no huyera.
—No eres necesariamente mi tipo. —Porque aun cuando luchaba por salir no desperdiciaba la oportunidad de responderle.
—Te convenceré de lo contrario. Verás que no te defraudaremos, Miyuki-kun. —El deletreó de su apellido crispó cada una de sus fibras capilares.
Si perdía fuerza pasaría a ser de su propiedad
—¡De ninguna manera! —Fue su grito de guerra, su impulso final que le permitiría lograr lo que muchos considerarían como imposible.
Oh sí, la ansiada y desgarradora libertad había sido alcanzada, produciéndole un vibrante regocijo interno que solamente podía ser equivalente al vencer a un digno rival dentro del campo de béisbol. Incluso el viento parecía estar a su favor porque podía sentirlo vibrante sobre cada centímetro de su piel.
—¡Espera! ¡¿Por qué…?! —No tuvo que terminar la pregunta para darse cuenta de que le faltaba algo esencial y que lo metería en graves problemas si alguien se diera cuenta de que no lo tenía—. Mis pantalones…—Era hombre muerto.
No obstante, las cosas tampoco eran menos calmadas del lado de Sora.
Se miraba al espejo, no por vanidad, sino porque buscaba hacer tiempo para que las personas que la citaron en un lugar tan poco higiénico aparecieran.
—De verdad que será una lástima que ese bonito rostro quede arruinado —pronunció con perversión la última chica en entró.
La misma que se encargaba de ser la vigía de la puerta y que no permitiría que nadie se marchara.
—¿Qué crees que estás haciendo, Sora-chan? —preguntó la líder, mostrando una fotografía desde su celular táctil.
—Presionar mis labios con los de otra persona. Creo que lo conocen como besarse. Mas no estoy totalmente segura de ello. —No tenía ni deseos ni intenciones de girarse hacia ellas. Se limitaba a contemplarlas desde su imagen en el espejo.
—¿Quieres hacerte la graciosa con todas nosotras?
No era el interrogatorio el problema.
Tiró de su cabello y la inclinó hacia el lavabo.
—Lo siento. No me gusta ser el bufón de nadie —estipuló secamente—. Les pediré amablemente que me dejen en paz. Odio que me acosen.
—Nosotras aborrecemos que las nuevas vengan a hacerse las importantes y meneen el trasero a los chicos. Especialmente a las aburridas como tú.
—¿Qué les parece si les hacemos un cambio de look? Llevar el cabello tan largo es malo para la salud. Además de que debe ser todo un problema el cuidarlo.
No sólo eran amenazas, sino futuras acciones que se harían realidad gracias a las tijeras que tenía.
—Mi cabello largo es de las cosas que más me gustan de mi persona. Aprendan su lugar de una buena vez por todas.
—¡S-suéltame…! —Sus gestos de dolor se incrementaban conforme más presión ejercía sobre su muñeca—. ¡Maldita!
—No te atrevas a tocar mi cabello o te arrepentirás. —Sus buenos reflejos le aseguraron escaparse de las filosas hojas de esas tijeras—. Tengo un poco de experiencia con esta clase de cosas, ¿saben? Mi última pareja era un tanto popular.
—La suerte no te sonreirá.
—Lamento discernir. —Les sonrió con encanto.
Ellas iban a hacer el primer movimiento, aprovechándose de que la superaban en número. Sin embargo, antes de que pudieran tocarla, se detuvieron.
Las graciosas muecas que invadieron sus rostros parecían ser el indicativo de que ocurría algo con sus cuerpos.
—No se ven nada bien. Es como si les hubiera caído algo mal…—mencionaba con sorpresa.
Ellas gruñeron con enfado. Estuvieron a punto de profesar una buena sarta de groserías, pero no podían. El retorcijón de sus tripas se los impidió.
—Deberían usar los sanitarios, chicas. Se sentirán mejor —alentó amigablemente. Ninguna respondió porque se encerraron en los sanitarios—. Descuiden, me encargaré de que nadie las moleste.
Abandonó el tocador sin ningún apuro, con una sonrisa apenas perceptible en sus labios. Su pequeña travesura había salido a pedir de boca y dejaría que la madre naturaleza se hiciera cargo del resto.
—¿Les molestaría quedarse calladas y quietecitas? —Fue la dulce pregunta que lanzó mientras sacaba de la bolsa de su falda una pequeña botella plástica.
Había pasado más de una hora desde aquel incidente vergonzoso y no había abandonado la zona que había elegido para resguardarse. No podía salir de los arbustos y dirigirse hacia los dormitorios para tomar unos pantalones y volver a ser el mismo de siempre. No cuando existía un enorme tramo que recorrer y nada que lo atajara para pasar desapercibido.
Estaba en serios problemas. Tenía que encontrar una forma para salir del aprieto antes de que esas locas optaran por ponerse a buscarlo.
—Mi celular se quedó en el bolsillo de mi pantalón. Y debo atravesar la cancha de futbol y eso sólo significa…—Por donde se viera era mala idea—. Estoy jodido…
Frenó el tren de sus pensamientos cuando el sonido de pasos empezó a escucharse rápidos y próximos. Era como si estuvieran indagando por los alrededores.
—Maldición. Ojalá no se trate de ninguna de esas locas…
No había terminado de cambiarse y esas tres compañeras suyas accedieron a los vestidores. Parecían preocupadas y no lograba entender el porqué de ello. Por ello prefirió atender a su relato hasta el final.
—Sus cosas están aún en la escuela. ¿A dónde se supone que se fue? No parece ser de los que se van de pinta y menos dejando todo atrás.
—Nadie lo vio regresar después del receso. Ya estuvimos buscándolo por todas partes, pero nada —comentó Haruno.
—No ha llegado aún a la práctica y ninguno de sus compañeros lo ha visto.
—Dicen que lo vieron por última vez yendo hacia el baño —añadía Yui. Las tres jóvenes intercambiaron miradas.
—¿Pues en dónde podría estar metido?
No había pasado demasiado tiempo desde que Yoshikawa y las demás abandonaron los vestidores, pero pronto un par de voces se colaron desde la entrada; tornándose mucho más fuertes y familiares. Y ese suceso llevó a Sora a tomar sus cosas y esconderse.
Lo peor que podía pasar era que se percataran de que estaba allí.
—¿En serio no lo encontraste por ninguna parte?
—Te juro que revisé por todos lados. No obstante, esto es lo único que tenemos —mencionó otra, mostrándole la prenda que mantenía oculta dentro de su mochila.
—No pudo ir muy lejos estando en esa condición. —Bufó con enfado—. Mira que escapar de la ventana de ese modo, sacrificando sus pantalones. Debo admitir que tiene agallas.
—¿Qué haremos entonces? Todo nuestro plan se vino abajo. Y el resto no ha aparecido desde que hicieron que Yūki-kun se reuniera con ellas en el baño de las chicas.
«¿Qué fue lo que hicieron? ¿Cómo que tienen los pantalones de Miyuki-kun?».
Se contuvo las ganas de salir y decirle un par de cosas a esas brabuconas, pero consideró que era mucho mejor terminar de fastidiarle los planes.
—Hay algo que sin duda nos será de gran ayuda.
—¿Acaso podría tratarse…?
—Ha sido una gran puntada. —Se le escuchaba más que feliz por lo que fuera que tuviera en sus manos—. Pensé que usaría una prenda un poco menos evidente… No hay duda de que es un loco obsesionado al béisbol.
—Lo sé. Igualmente, se le ven bastante bien —comentaba risueñamente la otra—. Ayumi casi lo atrapó, mas escapó por la ventana dejándonos esto. Incluso su celular.
—¿Estás pensando lo mismo que yo? —inquiría con malicia palpable.
«¿Qué tan locas pueden estar como para fotografiarlo así…? Ahora queda claro porque nadie lo ha visto. No es como si fuera a andar por allí en ropa interior».
—Llamémosle a su querida novia y hablémosle sobre su lindo novio. Hay que explicarle por qué nos ha dejado su celular.
«Chicas, esto ya no es sano. Además, hasta donde sé él no tiene mi número telefónico. Por lo que pierden el tiempo».
—¡No está por ninguna parte! Su nombre sencillamente no está. Y de hecho solamente tiene guardado los números de los chicos del club.
«Tengo dos opciones: podría cobrarme todas las desfachateces de Miyuki-kun y dejar que lo chantajeen con esa fotografía comprometedora…».
Sonrió ampliamente al imaginarse todo el teatrito que armaría el receptor y lo mucho que disfrutarían esas mujeres de él.
«O detenerlas ahora mismo, quitarles lo único que tienen para chantajearlo y portarme como una persona moralmente correcta…».
Las decisiones siempre eran difíciles, más si ponían el disfrute personal de por medio.
«Probablemente me arrepienta de lo que estoy a punto de hacer».
¿Por qué de todas las personas que podría encontrarlo tenía que ser justamente ella? ¿Cómo es que se veía tan tranquila?
Poco o nada le interesaba a ella que la parte inferior de sus ropas no se encontrara y que gracias a la larga camisa de su uniforme pudiera cubrirse adecuadamente.
¿Qué era ese incómodo silencio que se formó entre ambos?
—Ah, ¿Namikawa-kun? —No se le ocurrió nada mejor que decir.
La otra por su lado levantó su mirada hacia las ramas más frondosas del árbol que escondían al receptor.
—Te dije que me llamaras Nami-san —gimió con el ceño fruncido—. ¿Es que acaso te atraparon en medio de una jugarreta?
—¡Claro que no! Espera, ¿cómo demonios me viste? —Había tantas preguntas que le atormentaban.
—Escarabajos. —Fue su simplona respuesta—. Generalmente están en las partes más altas de los árboles, así que siempre hay que mirar hacia arriba. ¿Por qué te trepaste? ¿Acaso querías suicidarte?
—Obviamente estoy escondiéndome, no suicidándome —agregó fastidiado—. Esas locas estaban buscándome por todas partes. Era el único sitio seguro. —Liberó de su cabellera un par de hojas que se alojaron allí sin su consentimiento.
—¿Te das cuenta que estamos escondidos tras unos arbustos y si alguien nos encuentra sería muy difícil explicar la situación sin que lleguen a malinterpretarla? —Que sonara tan inocente y le acompañara esa sonrisa embaucadora no estaba haciendo sentir mejor a Kazuya.
—¿Por qué demonios tuviste que encontrarme tú? —Correr hasta el área de prácticas era mejor que estar soportando las ideas maquiavélicas de Kokone.
—Yo misma le diré que estás aquí. Sé paciente.
Del mismo modo en que apareció, se esfumó y lo dejó solo con sus reflexiones.
—Qué ya termine este día… El entrenador va a asesinarme. —Era un triste futuro.
No tuvo que esperar demasiado antes de que la realidad literalmente golpeara bruscamente su cara y lo hiciera reaccionar.
Entre sus manos tenía lo que hace varias horas atrás le arrebataron: sus pantalones. Por fin podía sentirse salvaguardado. Fue así hasta que notó a la persona que se había encargado de entregarle aquella valiosa prenda.
Estaba que no se lo creía. ¿Cómo es que ella los había recuperado y dado con su paradero?
—Lindos bóxeres, Miyuki-kun. —Se burló tanto como pudo.
No soportó y rio.
—¡Deja de reírte! —exclamó con un tenue sonrojo sobre sus mejillas.
Era ridículo estar en ese estado frente a alguien que indudablemente lo usaría para burlarse de él más adelante.
—Como si fuera tan especial el verte en paños menores —habló intentando sofocar otra revoltosa carcajada. Se había imaginado que se vería patético, mas nunca creyó que tanto—. Tuviste mucha suerte de que ningún profesor te encontrara o hubieras estado en problemas.
—Por la culpa de esas tontas. —Nuevamente era un hombrecito con sus pantalones bien puestos—. Ya me las pagarán.
—Mejor date prisa y ve a la práctica o el entrenador hará carne picada contigo. Eres el capitán y debes poner el ejemplo —mencionó casual.
—Supongo que te debo una. —Cada palabra le costó decirla. Sin embargo, no estaba en posición de respingar nada. Por esta vez aceptaría que hizo algo positivo hacia su persona—. Me adelantaré. —Fue su simple despedida.
—¿No vas a decirle nada sobre la fotografía?
—Algún día vas a matar a alguien de un susto, Kokone —indicaba calmadamente.
Namikawa parecía más que feliz. Incluso una sonrisa se dibujaba en sus labios como si disfrutara de algo que únicamente ella conocía.
—El que nos topáramos de camino ha sido un golpe de suerte. Sin embargo, no imaginaba que vendrías con las pertenencias de Miyuki-kun.
—Fue mera coincidencia —aseguró Sora—. Al menos sé que las cosas se calmarán de ahora en adelante.
—Pusiste en su sitio a esas tontas, ¿verdad Yūki-san? —interrogó, ansiando el sí más que nada—. Dudo que hayan podido hacerte algo. Yūki-san siempre es tan genial.
—En realidad no hice la gran cosa. —Calló y sacó un cubre bocas de su bolsillo—. Se supone que deberían estar despertando para cuando la escuela cierre.
—Si tan sólo volvieras con todas nosotras. —Se lamentó.
—Las cosas nos siempre salen como las planeas, Kokone. Gracias por ayudarme con esas chicas, pero no vuelvas a hacerlo. Nos meterás en problemas a las dos —pidió con amabilidad. Incluso le obsequió una tenue sonrisa—. No lo odio, mas no es algo que vaya conmigo actualmente…
—Yūki-san…—No dijo más, la persona con la que tanto deseaba continuar charlando se había marchado—. Tal vez Miyuki no sea la persona que pueda hacerla entrar en razón.
