Aprendiendo

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Suspiro en medio del beso que te estoy dando y lleno mis sentidos con el aroma que vas desprendiendo en medio de caricias suaves. Esta ha sido una tarde cálida, de aquellas que invitan a descansar con escasa ropa y tú, mi hermosa Kagome, no has querido quitarte la yukata. Debo reconocer que yo mismo aún me sonrojo cuando me desnudo frente a ti, sin embargo recuerdo una frase.

Sobre los cobardes no se ha escrito nada —me la dijo alguna vez Miroku y nunca más la olvidé, supongo que porque mi espíritu comprende su significado.

Te escucho murmurar mi nombre que se vuelve una abreviatura cuando vas cediendo a los besos y las caricias que te doy. Humedezco tu cuello con la lengua y succiono con cuidado tu piel para no amoratarla; he ido aprendiendo en el camino. Tus piernas se retuercen bajo las mías y el movimiento me roza justo donde más sensible estoy ahora mismo y soy yo quien termina abreviando tu nombre contra la piel de tu hombro. Pongo mi mano sobre tu pecho, aún cubierto por la ropa y lo oprimo ante el calor del momento y la forma perfecta que tiene se amolda a mi mano, sin embargo tu queja es diferente a la que me das de forma habitual.

—¿Qué pasa? —te pregunto, sin poder obviar la entonación de dolor que me ha parecido oírte.

—Nada… —parece que quieres decir algo más, pero finalmente no lo haces. Te vuelvo a tocar de la misma forma y la queja es mucho más clara.

—Te duele —aseguro, en lugar de preguntar.

Tú me miras y asientes. Los colores de tu cara se han vuelto maravillosamente rosa y me acomodó para sostener el peso de mi cuerpo sin aplastarte.

—Cuéntame —te pido, sin dejar de mirar el movimiento de mi mano que va descubriendo la piel de tu pecho hasta que puedo ver el pezón.

—Son cosas de mujeres —me dices con cierta timidez que por un momento me siento impulsado a respetar, no obstante, inmediatamente comprendo que no puedo permitir esas barreras entre los dos.

—Sólo nos tenemos tú y yo —te expreso mi pensamiento.

Tú me miras, al parecer te sorprenden mis palabras y a pesar del rojo encendido de tus mejillas al comenzar a hablar, veo la decisión que ha adoptado tu mirada y creo que tú también entiendes que sobre cobardes no se ha escrito nada.

Me comienzas a explicar el modo en que las mujeres, al igual que la luna, tienen fases en las que el cuerpo responde de diferente forma a determinadas cosas y entre eso está el que mi toque te duela. Me encargo de guardar en mi memoria el aroma que tienes hoy, ese aroma me guiará más adelante.

—Y si sólo es así —pregunto, mientras toco con un dedo la zona, intentando hacerlo con total delicadeza.

—Bien —suspiras al responder.

—Y ¿Así? —doy un toque cuidadoso con la lengua.

Tu respuesta llega con mi nombre abreviado.

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N/A

No me pueden pedir que no sea Anyaraxxx, aunque sea con x chiquita

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