ELLOS
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Ellos tenían una historia, sé que la tuvieron, aunque desconozco los detalles. Alguna vez pregunté a Myoga y por entonces él comenzaba a divagar y suspirar sobre lo mucho que se amaban. A veces, cuando era joven, me dedicaba a imaginar cómo serían, cómo se relacionarían.
¿Se mirarían a los ojos? ¿Estarían ilusionados de tenerme?
Mi madre me amaba, de eso estoy seguro.
Con el tiempo dejé de hacerme preguntas que no encontrarían respuesta y me dediqué a vivir y a sobrevivir. Luego, cuando llegó Kagome, comencé a vivir otra vez.
Ahora miro a mi compañera, está sentada sobre la hierba mientras sostiene las manos pequeñas de nuestra niña que ha comenzado hace pocos días a sentarse sola. En este momento no puedo evitar pensar en que mi madre haría algo similar conmigo cuando tendría su edad y que su mirada sería luminosa como la que tiene Kagome ahora, es probable que yo mismo la observara con la curiosa admiración que Moroha pone en su madre. Supongo que de vivir mi padre por entonces, él habría atesorado imágenes como ésta del mismo modo que lo hago.
A veces, cuando dejo que mi mente ronde por mis ideas ilusorias de ellos, intento dilucidar cuánto he heredado de ambos. Muchos creen que tener los sentimientos humanos heredados de mi madre es mi debilidad, yo también lo creí durante un tiempo, sin embargo he conocido la fortaleza que hay detrás de las emociones humanas y no hay debilidad en ellas. También hay quién me ha dicho que el aprecio de mi padre por una raza menor como la humana lo llevó la tumba. En este momento en que estamos tres seres tan diversos compartiendo un mismo amor, creo que mis padres no sufrieron ni una cosa ni la otra, ellos sólo fueron dos seres que se amaron, de ese modo romántico que Myoga suele relatar, pero también lo hicieron sintiendo la desesperanza y la tristeza y el miedo profundo que lleva consigo la incertidumbre sobre el futuro.
Me acerco unos pasos a estas dos hermosas luces que acompañan mi vida; Kagome sonríe, Moroha aún me mira y mueve su pequeña nariz para reconocerme y sonríe un instante después.
Mis padres tenían una historia y yo sigo sin conocerla en sus detalles. Su final fue triste, sin embargo las historias también son lo que se vive entre líneas. Cuando los imagino, me gusta pensar en mi padre mirando con dulzura a mi madre cuando ella le sonríe, como miro en este momento a Kagome.
—¿Qué pasa? —pregunta.
—Sólo imaginaba —mi respuesta pone en su mente ideas que me parece puedo ver revolotear y luego brillar en sus ojos.
Me arrodillo ante ella y tomo su rostro entre mis manos. Me enfoco en sus ojos, sus profundos ojos castaños. Ella mantiene la sonrisa suave, justo antes que yo la cubra con un beso.
Ellos tenían una historia y como las historias que se viven en medio del amor, debió ser hermosa.
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N/A
Un pequeño momento de amor inspirado en una imagen de Toga e Izayoi que puso Len
Besos
Anyara
