Byobu
.
Permanezco echado sobre el futón que compartimos para dormir, mientras la luz de la mañana entra a raudales por las ventanas de la cabaña y tú te ayudas de ella para ir trazando pinceladas de color en aquel dibujo que has hecho sobre el byobu que pediste a un artesano del pueblo que trabaja con la madera. Lo ha traído a casa hace unas semanas y llevas desde entonces mirándolo y repitiendo, más para ti que para mí: le falta algo.
Yo te habría dicho que le faltaba otro lugar en el que estar, ya que lo has usado para vestirte tras él, cuando yo habría deseado ver cómo te desnudas cada noche. Suspiro, sé que he decidido esperar el tiempo que te haga falta para completar nuestra unión, sin embargo eso no lo hace más fácil, ni menos deseado.
Sonrió, me siento y bajo la mirada un momento. No, mi amada Kagome, no sabes el ansia que experimento por ti y como el amor me hace soportar.
Vuelvo a mirar como trabajas sobre la madera. Miroku me ayudó a conseguir tintes que te están sirviendo para poner color al simbólico dibujo que has creado: una rama con flores de cerezo, desde la que cae una flor y es recibida por una mano de garras blancas y afiladas cuyo brazo se cubre con una vestimenta de color rojo. No puedo evitar la emoción al comprender que me regalas la imagen de ti, siendo depositada en la confianza de mis manos. Hay delicadeza en los trazos y aunque yo no sé mucho de arte, soy consciente que lo estás creando.
En este momento me miras y sonríes con la calidez de una niña que muestra el mundo que está descubriendo. Tú, estás descubriendo que te gusta hacer esto para nosotros. Te pones en pie y te sientas junto a mí para observar el trabajo.
—¿Te gusta? —preguntas con la ilusión en los ojos. Yo sólo puedo mirarte a ti. Quisiera contarte que aquello que realmente me gusta es verte brillar a través de lo que haces.
—Sí —respondo, manteniendo la sonrisa y tú me observas y, como siempre, miras un poco más allá de mis palabras.
Tu mirada ahora se vuelve cálida de otra forma. Es una mirada que ya te he visto en las últimas semanas, sobre todo cuando pasas tras el byobu, esa pared de madera que me priva de tu piel. Te estiras hacia mí y yo desciendo irremediablemente en tu busca, observando los infinitos tonos de rosa que decoran tus mejillas, mucho más hermosos que el color que has puesto en los pétalos de tu obra. Siento el roce de tus labios sobre los míos y el modo en que intentan encontrar fortaleza en este beso. Te toco la cadera y desde ahí abarco el lateral de tu cintura sólo con una mano. El beso pide más y mi cuerpo lo desea, sin embargo mi mente se abruma y mi razón pide calma por ambos.
Suspiro sobre tus labios y tú, con apenas un susurro, me dices: pronto.
.
N/A
Un pequeño trocito que podría quedar en la Ēteru — Antología, sin embargo MUGEN también es parte de ese mismo universo.
Espero que disfrutaran este pequeño instante.
Gracias por leer y acompañarme
Besos
Anyara
