Atardecer
.
No sé en qué momento comenzó a gustarme tanto este instante del día. Quizás fue durante las tardes que compartíamos en busca de los fragmentos que se resistían y pasábamos días y días, en grupo, en el camino. Sé que preferías dormir en algún sitio cobijado y sobre un futón, sin embargo debo reconocer que mi lugar ha estado siempre al aire libre, excepto ahora en que nuestra cabaña es un hogar.
Hoy llegamos a esta colina en un paseo que prácticamente nos impusimos, luego de dos días encerrados en los que hemos sobrevivido en base a arroz, algunos frutos secos y agua; además de besos y deseo y la sensación maravillosa que tocarnos y sentirnos. Hace dos noches hicimos el amor por primera vez y no hemos dejado de tocarnos desde ese momento. Incluso en este paseo que buscamos hacer para que el cuerpo recordase que podía estar de pie, nuestras manos no han estado separadas más de un instante o dos.
—Me encanta —expresas, con toda esa luz que suele rodearte cuando ves el mundo así como ahora, que miras los colores anaranjados, violetas y azules del horizonte.
Yo quisiera decirte que me encantas tú y el modo en que tu pelo oscuro se mece con la brisa, o como el anaranjado del cielo se refleja en el castaño de tus ojos. Sin embargo sólo te observo en silencio y presiono un poco más el agarre que tengo en tu cintura.
—¿Por qué has escogido este lugar? —preguntas, enfocándote en mí.
Me encojo de hombros ¿Qué te puedo decir?
Aquí es donde te esperaba cada tarde durante tres años —demasiada congoja para un momento hermoso.
No obstante, tus ojos y tu alma me leen ¿Cómo he podido pensar que no lo harías?
Te giras hacia mí y te sostienes de mis brazos. El sólo gesto hace que mis manos rodeen tu cintura con total naturalidad, para pegarte un poco más a mi cuerpo, para seguir tocándote a través de la ropa. Sonríes con un gesto suave en los labios y luego los separas cuando parece que una idea ha comenzado a crearse en tu mente.
—¿Qué quieres? —te pregunto. El aura de intimidad que nos ha rodeado estos días, parece acompañarnos hasta aquí.
—Un beso —respondes y humedeces los labios a la espera.
—Ven por él —te reto, humedeciendo los míos.
La sonrisa se te ha ampliado y noto como te alzas en puntas de pies, usando mi cuerpo como soporte. Intento mantenerme firme, intento no ser yo quien reclame tu boca una vez más, y en el intento suspiro, esperando y sintiendo en la fina piel de los labios el recuerdo de los tantos besos que nos hemos dado en estos dos últimos días.
Te escucho quejarte frustrada, aunque te esfuerzas no consigues igualar mi altura.
—¿No lo quieres? —preguntas y los colores del atardecer se han matizado en tu rostro con el rosa maravilloso de tu sonrojo.
Me inclino hacia ti, tomando ese beso que me es ofrecido y ansiado, regalándote de paso mi voluntad.
.
N/A
Una imagen, un momento, un beso, un amor.
Así son siempre para mí InuYasha y Kagome
Más besos y gracias por estar.
Anyara
