MUGEN
Sublime
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El viento te mece el pelo con suavidad, se pasea entre las ondas oscuras como dedos invisibles que se deleitan con las hebras. No lo culpo, yo mismo me he perdido muchas veces oliendo y acariciando los largos mechones que se rizan al llegar a las puntas. Mantienes el mentón alzado de forma leve y los ojos cerrados, pareces recibir cada uno de los finos rayos de luz que se filtran por entre las hojas de este bosque de bambú que tanto te gusta.
Me mantengo en silencio y sólo te admiro, recordando los matices que te componen; delicada y fuerte, luminosa cuando el amor te embriaga y completamente oscura cuando el mundo se te hace pequeño. En momentos como ese es cuando recuerdo que este lugar te amplía, te reconcilia con todo aquello que parece mal por un instante. Y ahora, que vuelves a encontrar equilibrio dentro de ti, puedo contemplar la exquisita sublime calma que te rodea, convirtiéndote en una criatura casi etérea y que contrasta ferozmente con la que me besaba un momento atrás.
Sin poder dejar de mirarte, desde mi lugar con el tronco de un bambú a la espalda, observó cómo la luz furtiva del sol de media tarde parece buscar los recónditos espacios entre las varas y las hojas para llegar a ti. Te toca la frente, las mejillas y los labios, creando destellos sobre tu piel clara. Delineo con la mirada la forma de tu perfil y desciendo por la curva larga del cuello hasta que ésta se pierde dando protagonismo a tu pecho y a la forma en que se alza.
En este momento me permito separar los labios y beberme el aire en una bocanada profunda. Estás cubierta por mi kosode rojo y es la consciencia de tu desnudez bajo aquella prenda, el roce del tejido firme sobre tu cuerpo, lo que me agita sin siquiera proponérmelo. Te lo he dejado después de hacer el amor sobre un lecho improvisado con las hojas caídas de los bambúes y no me cansaré de pensar que es en ti dónde realmente luce.
Abres los ojos y me miras, tal parece que el impacto de las sensaciones en mí te han alertado. Jamás debo olvidar lo perceptiva que eres. Tu expresión es serena y cálida, mientras una nueva ráfaga de viento te mece el pelo y ríes como si lo escuchases contarte historias de otros lugares.
Kagome —musito tu nombre.
Entonces me muevo hacia ti, acorto la distancia entre los dos para llenarme de tu aroma y deleitarme con las hebras oscuras de tu pelo, enredadas entre mis dedos. Observo de cerca tus ojos, tus mejillas y tus labios, cuando son acariciados por los rayos furtivos del sol y es en ese momento en el que decido besarte, en mitad de este apacible bosque de bambú en cuyos fuertes troncos resuenan los latidos ansiosos de nuestros corazones. Te beso el cuello y el lugar en que su curva da paso al pecho. Revelo la piel suave bajo la tela firme del kosode para, así, darle al viento una nueva historia que contar.
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N/A
Un momento, un paisaje, una emoción.
Espero que disfrutaran.
Un beso
Anyara
