MUGEN

Eso

.

—¿Todavía está eso aquí? —pregunto y una arruga se manifiesta en mi nariz. No puedo concebir la atención que prestas a algo tan poco agraciado y carente de simpatía.

—Sí —aceptas— y creo que quiere quedarse.

—¿Quedarse? —alzo ligeramente la voz, sin intención de acallar mi malestar.

—Sí —repites, con un tono dulce que, sin buscarlo, me abruma.

¿Por qué te gusta tanto eso? No es más que una bola de pelo que duerme.

—Le pondremos un nombre —lo acaricias.

—No —me niego a ello, si lo nombramos, nos lo quedaremos y…

—No te entiendo, te gustaba Buyo —me observas con atención, sé que buscas comprender y sé que no podré explicarme.

—Era lo único entretenido en tu casa, aparte de los juegos de tu hermano —por tu expresión, mi respuesta no parece ser satisfactoria.

—¡Oye! ¡Qué mi madre te hacía de comer! —me recuerdas, alzando la voz lo suficiente como para que eso se remueva en su sitio.

—Ella siempre fue amable conmigo, pero no tiene nada que ver con el entretenimiento —digo, mientras miro fijamente a eso.

Tú pareces asumir que tengo razón, algo que dada la inquietante conversación que tenemos, me resulta muy extraño. No obstante, no consigo detenerme el tiempo suficiente en esta victoria, dado que eso sigue sobre tu regazo y tú, mi Kagome, olerás a ese animal el resto del día y la noche. Ante ese razonamiento arrugo el ceño; no, la noche será mía.

.

La luna está creciente esta noche, puedo verla desde la ventana que mantenemos abierta para moderar la temperatura en nuestra cabaña. Permanezco con la mirada fija en el cielo, aunque mis pensamientos están puestos en otro lugar, en algo más cercano y que me tiene notoriamente molesto.

—InuYasha, ven al futón —te escucho decir por segunda vez en corto tiempo.

—No tengo sueño —respondo, sin mirar hacia ti.

Escucho que te remueves bajo las mantas.

—Anda, no seas crío —me pides, con esa voz dulce que usas cuando quieres convencerme.

Suspiro y miro hacia ti.

—No con eso en el futón, Kagome —mantengo lo que te dije un instante atrás.

—Está en mi lado —intentas, insistiendo en ese todo dulce y ligeramente susurrado en tu voz.

Observo al ovillo de color gris pálido que tienes en donde deberían estar tus pies extendidos e intento imaginarme junto a ti y sin tocarlo.

—Y ¿Bien? —el susurro de tu voz casi parece tocarme la piel.

Vuelvo a suspirar, derrotado en una batalla que doy por perdida; aunque sólo será por este día. Me pongo en pie y camino hacia ti. Eso mueve la cabeza y abre un poco los ojos, como si me vigilara.

—¿Qué miras? —lo increpo y luego le enseño los colmillos de forma parcial.

—InuYasha —me nombras y extiendes tu mano. La tomo y me acomodo en el futón junto a ti, rodeándote con un brazo por la cintura. Eso se vuelve a bajar la cabeza—. Creo que Shinju está a gusto.

—¿Shinju? ¿Le has puesto nombre? —mi voz no suena todo lo acusadora que quisiera.

Te escucho sonreír.

—Sí, además, creo que es una chica y está embarazada —te encoges con cierta alegría.

Suspiro y escondo la cara en tu pelo, casi puedo ver la cabaña llena de pequeños esos. Tendré que dormir en el árbol.

.

N/A

Shinju significa perla y me pareció un bonito nombre para una gatita gris clarito.

Espero que esta pequeña historia les haya gustado y que me cuenten en los comentarios.

Un beso

Anyara