Omnium Rerum Principia Parva Sunt

Satisfecho tras la caza, llego al bunker con la daga aún en la mano.

"¿Viste algo interesante?" preguntó el Dr. Petrov.

"Creo que pude sentir el rastro de un vampiro, no muy lejos de aquí... Por un momento..." Hice una pausa. "Pude oler la esencia de mi conversora, creo", le comenté.

"Hmm... si hay vampiros cerca, creo que sería mejor que lo tomemos con cautela. No queremos que algún vampiro revele tu identidad. Recuerda que la única que sabe sobre ti es la vampiresa que te convirtió", respondió, un poco preocupado.

"Ella no sabe sobre mi habilidad, bueno, no exactamente qué es ni cómo funciona. Solo sabe que puedo hacer algo, por alguna razón lo sospecha o lo desea".

"Ves, eso puede ser una gran ventaja", añadió el Dr. Petrov. "Si empiezas a dar caza a tu especie y logras no dejar rastro, a los demás les será difícil saber qué pasó o quién está detrás. Mientras más sigiloso seas, mejor".

"Pero mi conversora es mi punto débil", le contesté, y luego añadí: "Si ella comenta algo a algún vampiro, o los Volturi se enteran a través de ella, podrían llegar a mí".

El Dr. Petrov quedó pensativo por un rato.

"Bueno, Doc, tengo el factor sorpresa de mi lado, y con el arsenal que tendremos, podré aguantar hasta donde pueda. De una forma u otra, tendré que llegar a ese punto".

"Buena observación, Gonzalo. Veremos hasta dónde llegas, pero tengo un par de ideas que compartir. Así podríamos crear algunas cosas más para que tengas todo lo que necesitas para tu misión".

Seguí al Dr. Petrov hasta el laboratorio principal, donde teníamos todos nuestros recursos. Él extrajo un líquido rojizo especial.

"Huélelo, pero solo un poco, porque es muy fuerte. Ni te atrevas a beberlo, mira que me costó mucho hacerlo".

Respiré ligeramente el líquido e inmediatamente sentí un cosquilleo y una sensación de dolor en mi garganta. Era esa sensación de sed; acababa de alimentarme, pero al inhalar el gas del líquido, me sentía como si no hubiese bebido en varios días.

"¡Doc, ¿qué es esto?! Siento otra vez la sed, el dolor en mi garganta, ¡y acabo de alimentarme!"

"¡Ja! Tomé una de las muestras de sangre más potentes que tenía y, usando ingeniería inversa, logré invertir sus efectos en una sustancia completamente nueva. Si antes el olor te atraía, con esta versión, el gas desencadena la sed, especialmente al beberlo. En lugar de saciarla, la sed se intensificará. Por eso te advertí que no lo bebieras, de lo contrario, el dolor sería insoportable y saltarías encima de mí".

"Creo que tengo un par de ideas con este líquido. ¿Se puede hacer un gas con esto?", pregunté sonriendo.

"Era lo mismo que estaba pensando cuando lo descubrí, pero me imagino que eso ya va en tu área", sonrió.

"¡Una bomba de gas! Tengo un buen par de ideas, y con esto ya casi no necesitaré el gas pimienta. ¡Esto es muchísimo mejor!"

"Excelente, y mira aquí..."

El Dr. Petrov sacó de una cápsula dos réplicas exactas de mi brazo.

"Los componentes son exactamente los mismos. Utilicé los datos que teníamos y, junto a la impresora y la IA, podremos hacer pruebas con tu daga y la espada para saber exactamente qué puede hacer la espada. Eso sí, tendrás que decidir en qué arma usar la batería de Prometio, porque no podemos replicarla aquí".

"¡Por supuesto que la usaré en la espada! Si es que funciona", contesté entusiasmado.

El Dr. Petrov había dividido las pruebas en varias etapas. Lo primero sería ver cómo ambas armas se desempeñaban sin usar calor en la hoja para, finalmente, realizar las pruebas finales usando el calor.

Comenzamos las pruebas con la daga. Esta vez teníamos una cámara que registraba el proceso, lo comparaba y, mediante un software integrado a una inteligencia artificial, analizaba las diferencias y veíamos qué mejoras se podían hacer.

En el laboratorio, observé con curiosidad las dos armas que habíamos creado: la daga, hecha con el diente de vampiro, y el nuevo sable, fabricado a partir del colmillo de hombre lobo. Ambas armas eran productos de la combinación de elementos biológicos y tecnológicos, pero diferían en su diseño y en las propiedades que esperábamos encontrar.

La máquina de estudio sujetaba con cuidado la daga y el sable, mientras yo observaba detenidamente la muestra de mi brazo de vampiro (copia sintética). Era el momento de analizar las similitudes y diferencias entre estas armas.

La daga, con su hoja afilada y su mango de Prometio, había demostrado ser formidable en su capacidad de corte y quemado. La hoja, fabricada con la combinación del diente de vampiro y el Nitruro de Boro Cúbico, poseía una dureza excepcional y una conductividad térmica sin igual. Sin embargo, me preguntaba qué aportaría el nuevo sable a nuestro arsenal.

La máquina posicionó cuidadosamente el sable sobre la muestra del brazo de vampiro. Al estudiar el colmillo de hombre lobo, noté que su estructura era diferente a la del diente de vampiro. Parecía más denso y robusto, con una curvatura natural que sugería una forma ideal para un arma de filo.

El sable, al contrario de la daga, presentaba una hoja más larga y curva, diseñada para cortar con mayor efectividad. La aleación de materiales orgánicos del colmillo de hombre lobo con el Nitruro de Boro Cúbico proporcionaba al sable una combinación única de dureza y capacidad de conducción de calor, similar a la daga.

La máquina inició el análisis, y pude observar cómo el sable se hundía en la muestra del brazo de vampiro con una fluidez sorprendente. La hoja cortaba sin esfuerzo, dejando una estela de calor a su paso. Era evidente que el sable tenía una capacidad de corte más efectiva debido a su diseño curvo y su mayor longitud. Además, la estructura densa del colmillo de hombre lobo ofrecía una resistencia adicional.

A medida que el sable avanzaba, pude apreciar cómo la hoja se adaptaba perfectamente a la forma del brazo de vampiro. Era como si estuviera hecha a medida para enfrentarse a su enemigo natural. La combinación de elementos biológicos y tecnológicos proporcionaba al sable una efectividad letal.

En comparación con la daga, el sable tenía una capacidad de corte más poderosa y una mayor adaptabilidad a la forma del objetivo. Ambas armas poseían una dureza excepcional y una alta capacidad de conducción de calor, lo que las hacía letales contra los vampiros.

Concluí que mientras la daga era ideal para ataques rápidos y precisos, el sable ofrecía una opción más versátil, capaz de enfrentarse a enemigos en movimiento y adaptarse a diferentes situaciones de combate.

"¡Wow, Doc! Ver al sable encenderse es una belleza", le dije, entusiasmado.

"Claro, supuse que el colmillo de hombre lobo le daría más flexibilidad, sin comprometer su dureza", respondió.

Además de las armas, yo mismo, junto al Dr. Petrov, creamos unos tasers y un guante que daba una descarga eléctrica al contacto, lo que me permitiría inmovilizar a los vampiros.

"Doc, con esto ya puedo salir a dar caza al vampiro que podría tener información sobre Anastasia".

"¿Anastasia? ¿Así se llama la vampiresa que mató a tu familia, no?", preguntó el Dr. Petrov.

"Sí, Doc. Debo interrogar a ese vampiro, aprovechar que está cerca".

"Wow, wow, wow, muchacho. No has completado tu entrenamiento a la resistencia contra la sangre humana. Yo pienso que es mejor que debas esperar, debemos estar seguros de que responderás de manera efectiva a los humanos. ¿Tienes el comunicador contigo?"

"Sí, Doc, lo tengo siempre conmigo..."

"Bien", respondió el Dr. Petrov. "Mira, estoy armando otro transmisor. Podrías ayudarme aquí, ya que me gustaría contactar con mi hija de forma segura, y necesito que alguien encripte los datos y los mejore".

"Sí, Doc, tengo un par de ideas por ahí que podría usar para que podamos establecer comunicación. Le prometí a ella que volveríamos a hablar de manera más segura".

"Ok, chico, ve al laboratorio y sigue con tu entrenamiento. Es tarde, yo iré a tomar una siesta".

Ingresé una vez más al laboratorio. Odiaba ese lugar, pero sabía que era la única manera de enfrentar al peor vampiro que existe, mi más grande enemigo, yo mismo.

El Dr. Petrov había diseñado una máscara que aislaba los gases, y yo podía usarla para exponerme a la esencia de la sangre humana y adaptarme con mayor eficiencia. La máscara aislaba el resto de los olores, permitiéndome exponerme solo a esa fragancia particular. Ese aroma desencadenaba en mí una locura, me hacía enfrentarme a mi propio lado vampírico. Era como si estuviera muriendo de hambre y me ofrecieran mi plato favorito, solo podía olerlo y verlo, pero no podía comer. Debía resistir, no había otros olores, solo el de mi plato principal.

Mientras el sol se escondía lentamente, yo pensaba más y más en ese vampiro, en la esencia de Anastasia y en todo el arsenal a mi disposición. Estaba muy cerca, a pocos kilómetros de descubrir algo, de encontrar más pistas. No podía pensar en otra cosa que no fuera ella. Mi ira se alimentaba más y más de ese pensamiento.

En medio de la noche, me quité la máscara y tomé la muestra una vez más. Estaba decidido a indagar más, no podía dejar pasar esta oportunidad. Tomé los tasers, las bombas de gas, el sable que ahora tenía la batería de Promethium y la daga.

Mientras corría velozmente, recordando imágenes satelitales y triangulando posiciones, comencé a sentir ese olor una vez más, el olor de ese vampiro entremezclado con el muy tenue aroma de Anastasia. Paso a paso, el olor se hacía más fuerte. Estaba casi ingresando a un lugar que parecía ser un campamento cuando escuché la señal de la radio.

"Hola... hola... Gonzalo... ¿Dónde andas? Cambio y fuera", decía la voz del Dr. Petrov.

"Hola, Doc, ando ocupado. Estoy rastreando el lugar, creo que ya voy a dar con el vampiro. ¡Ahora podré probar las armas en un escenario real!", le contesté.

"Gonzalo, no te alejes mucho, por favor, la señal se está debilitando y no podremos mantener comunicación".

"No te preocupes, Doc. Estaré de vuelta pronto. Cambio y fuera".

La esencia ya estaba casi allí. Corrí varios kilómetros más y llegué al lugar del olor. Era un campamento cercano donde un hombre estaba pescando. El vampiro ya estaba allí, preparado para atacar, corriendo hacia el tipo. Logré interceptarlo y lancé una granada de humo. Me puse la máscara y lo empujé hacia el lugar opuesto.

Él lanzó una patada que me movió varios metros, pero logré caer de pie encima de una roca.

"Nadie me roba mi comida. Yo lo vi primero. Ve a cazar a otra parte, sino...".

Antes de que terminara la frase, le lancé uno de los tasers y lo tomó con la mano, riéndose. Comenzó a convulsionar y lo dejé de rodillas. En ese momento, escuché otra vez la señal del Dr. Petrov.

"Gon... *sonidos de interferencias... Gonz... Me escuch... *más sonidos de interferencias... Al... pasa...".

"Doc? ¿Doc? Hola? Cambio y fuera".

"G... Aqu..." Solo podía escuchar sonidos de interferencia.

"Ahh, Doc, no tengo tiempo ahora". Apagué el transmisor y decidí encenderlo más tarde cuando terminara con esto. El vampiro intentó escapar, y encendí de nuevo el taser.

"Ahhh...", exclamó el vampiro, cayendo al suelo otra vez.

"¿Dónde está Anastasia? ¡Dime que sabes de ella!"

El vampiro respondió: "No sé. ¿Qué quieres de mí? ¿De quién hablas?"

Volví a encender el taser, y él volvió a caer y a convulsionar.

"No lo voy a repetir más. Puedo sentir su olor en ti. Estuviste con ella. ¡Vamos! ¡Dime que sabes de Anastasia!"

Me miró a los ojos: "Mira, he estado con muchas chicas, no puedo decirte nada si no me das algo más exacto".

"Chica rubia, pelo mediano largo y liso, de estatura baja, es una vampiresa de ojos rojos", le dije.

"Ok, ok. La rubia. Ufff, hombre, tienes muy buen gusto. Una de esas se ve una vez en la vida..." Activo el taser de nuevo. "Ahhhhh... no... ahhh".

"No soy su novio, solo dime adónde anda, ve al grano, idiota", le exclamé.

"Ok, ok, okey... Vamos a calmarnos... Estuvimos juntos por un tiempo. Me preguntaba cuán fuerte era y poco a poco dejó de cazar conmigo, me imagino que se había aburrido de mí", dijo.

"Aún no me has dicho adónde se fue", le repliqué.

"Mira, después de estar conmigo, Anastasia dejó de cazar humanos y me dijo que era mejor terminar nuestra relación. Estaba asustada y paranoica. Seguramente se fue a buscar a otro, partió en dirección este, quizás se encuentre en alguna parte de China o más al sur. Mira, me quedé con esto de ella." Él me dio un pequeño mechón de su cabellera atado a una cinta.

"Más al este", pensaba mientras miraba el mechón de pelo. "Hmm... Ok, gracias."

"De nada, hombre. Ahora entiendo por qué andaba tan paranoica... Mira, hagamos un trato, ¿qué tal si nos repartimos...?"

Antes de que terminara de hablar, encendí la hoja del sable y lo terminé con un corte. La combustión comenzó de inmediato. El sable era mucho más efectivo que la daga; el Dr. Petrov tenía razón, el sable era mucho más versátil y eficiente en el corte. Ahora debía regresar al laboratorio para ver qué quería el Dr. Petrov.

"Doc, ¿me escucha? ¡Ya tengo la información que necesitaba! Cambio y fuera".

No hubo respuesta. Quizás se había ido a dormir, pero comenzaba a preocuparme. Después de un par de horas, intenté de nuevo.

"Doc, ¡Doc! Ya casi llego... ¡Doc! ¡Hola? Cambio y fuera."

Ya cerca del laboratorio, comencé a sentir un olor peculiar y desconocido. Alguien más había estado cerca del laboratorio. Comencé a sospechar lo peor.

Justo en la entrada, vi salir a una mujer que no parecía realmente un vampiro. Traía consigo un pequeño disco duro externo. Intentó escapar, pero lancé una granada de humo.

Ella se movió rápidamente hacia un lado y me arrojó un gran pedazo de metal. Logré activar el sable y corté el metal antes de que impactara contra mí.

"¿Dónde está el Dr. Petrov?" Pregunté seriamente.

"Descansando en paz, mi padre me envió sus saludos."

La chica me miraba con sus ojos marrones, definitivamente no eran humanos, parecía compartir ciertos aspectos de los vampiros, pero no completamente. Sus movimientos eran menos finos que los de un vampiro, pero igualmente mortales. No poseía esa palidez típica de un vampiro, así que supuse inmediatamente, al saber que las granadas de humo no le afectaban de la misma forma que a un vampiro, que era definitivamente un híbrido.

"¿Cómo nos encontraste?" Le pregunté.

"Tu olor. Noté una extraña actividad alrededor de este lugar abandonado. Mi padre me mandó a buscar al Sr. Petrov, ya que nunca dio noticias después del ataque del año pasado. Él pensaba que Petrov había muerto. Yo me ofrecí a revisar el lugar y me dispuse a esperar. Luego de detectarte merodeando por aquí, pensé que quizás Petrov no estaba del todo muerto. No sabes cuánto recorrimos para encontrarlo, su información será valiosa para las investigaciones de mi padre".

Una de las hijas de Joham andaba por aquí, y yo, inmerso en mi búsqueda por Anastasia, no pude verlo. No puedo dejar que ella se lleve todos estos datos.

Salté hacia ella y tomé varias rocas para lanzárselas. Blandí mi sable y comencé a lanzar golpes, logrando esquivar los objetos que ella arrojaba. Un par dieron en el blanco y logré herirla. Me pateó y nos alejamos; me percaté en ese momento de que podía sanar sus heridas fácilmente.

Comenzó a correr otra vez, y la perseguí, lanzándole varios de mis tasers y bombas de gas. Ninguno dio en el blanco. Saltamos entre cerros y montañas; no podía dejarla ir. Finalmente, una de mis otras bombas de aturdimiento dio en el blanco. Caímos por un precipicio, y le lancé la daga.

Le dio en el hombro y la arrojó de vuelta hacia mí. Logré desviarla con el sable. La daga tenía sangre. El combate se volvió más complejo cuando el lugar se hizo pequeño. Al no poder usar mi espada, comenzamos un combate cuerpo a cuerpo. Entre golpes y golpes, me di cuenta de que era más fuerte que ella. Logré someterla y activar mi guante eléctrico. La fui paralizando con golpes en lugares clave y pude ponerle un taser en la cabeza. Finalmente, activé el taser.

"Ahhh..."

"Ya te tengo... Quiero que me digas quién eres y qué quería tu padre", exclamé.

"No te diré nada, vete al infierno, idiota".

Me escupió en la cara y activó el taser una vez más. Ella comenzó a convulsionar. Si bien los cortes y quemaduras de la espada y, sobre todo, las bombas de gas, no afectaban a los híbridos, seguramente el taser y el guante eléctrico podían hacer algo.

"¿Quién eres? ¿Cuantas más hay como tú? ¿Qué quiere Joham?" Exclamé.

"Púdrete, imbécil", contestó.

Pasó un día entero, y poco a poco el taser comenzaba a quedarse sin batería. Esta chica era fiera, no había forma de hacerla hablar; parecía estar decidida a morir por su padre. Le quité el disco externo USB.

"Sabes, a mí no me interesas ni a ti ni a tus hermanas. Si me dices qué quiere tu padre con todo esto, te juro que dejaré a tu hermana en paz", le expliqué.

"Si tocas a mis hermanas, te juro que...", exclamó.

"Hermanas... Bien, ya vamos progresando".

"No... Desgraciado". Comenzó a llorar.

Pensé que seguramente el Dr. Petrov tiene más información acerca de la peculiar familia de esta mujer. Si este hombre, Joham, está muy interesado en nuestra tecnología, no quiero ni imaginarme lo que planearía hacer. Todas las armas, los prototipos, la información, la maquinaria.

Le puse otro taser.

"Mira, podemos estar aquí días, semanas, incluso meses. Puedo aguantar mi sed lo suficiente para hacerte hablar. ¿Puedes tú?"

Pasaron días y días. Luego de más de una semana allí, ambos sentados debajo del precipicio, comenzamos a sentir la sed. Tenía un par de tasers más, pero poco a poco se me estaban agotando. De todas formas, podía admirar su coraje. La había estado electrocutando allí por semanas constantemente, llegaba incluso a dolerme a mí, y aun así, con todo, no lograba que me dijese nada. De repente, me miró a los ojos y dijo:

"Mi padre quiere la tecnología y conocimiento de Petrov. Con lo que ustedes han hecho, mi padre podría crear algo maravilloso, único, que se distinguiese de los vampiros y los humanos. Él siempre ha dicho que nosotros somos especiales, que somos el futuro, mejores, superiores a los humanos".

"¿Y tu madre? ¿No sientes nada por tu madre?" Le repliqué.

"Sí, ella dio su vida por mí, por mi padre. Nos amó tanto que se sacrificó para que pueda vivir, para estar aquí, con mis hermanas".

"Entiendes que, en realidad, tu madre fue utilizada por tu padre. A los vampiros no les importa la vida humana. ¿Por qué querría tu padre condenar la vida de tu madre?" Le repliqué.

"¡Él la amaba!", me contestó furiosamente. "¿Quién eres tú para hablar de mi familia? Lávate la boca antes de hablar de mi padre. Una vez salga de aquí, te mataré al igual que a ese científico".

"¿Te alimentaste de él?", le pregunté.

"¡Como todos los vampiros! Es parte de lo que somos. Sé lo que soy y estoy orgullosa de eso".

Al escuchar esas palabras, con ese tono tan distintivo, palabras que ya había escuchado hasta el hartazgo, me di cuenta de que ya no se trata de si eres vampiro, humano o híbrido, sino de la decisión que tomamos. Ella estaba decidida, y no podía hacerla cambiar.

"Tu madre era humana. Tú eres parte humana. Te comes a los de tu propia especie. Eres una caníbal".

"Y tú cazas vampiros. A los de tu especie. Eres un asesino en serie. ¿Qué diferencia hay? Jamás podrás negar lo que eres", me replicó.

"Últimas palabras a tu familia antes de que los visite", le dije.

Me miró con ojos llorosos y sollozó. "No los vas a encontrar".

"Los encontraré tarde o temprano. No tengo tiempo para juegos, así que... ¿me darás información o te despedirás de ellos?", respondí.

"Diles que Maysun los ama", contestó.

"Bueno, Maysun, una pena que nos hayamos conocido en estas circunstancias. Tienes mi respeto".

Encendí la hoja y reclamé finalmente su vida con el sable. Esta vez, la combustión no fue tan intensa como la de un vampiro, y pude sentir el olor de su parte humana. No me sentía bien con lo que hice; tenía sensaciones mezcladas, ya que esta chica, a mi parecer, era solo una víctima del lavado de cerebro de su padre.