- ¿Tienes idea de hacia dónde nos dirigimos? - preguntó Miroku, aferrado a Sango

- No tengo idea - respondió sin voltear

Ir sobre el lomo de Kirara resulta tan familiar

Pensó, acariciando el lomo del animal, mientras sonreía

- Es hora de hacer uso del pequeño artefacto que la señora Kaede nos entregó - dijo Totosai, mirando a los jóvenes por sobre su hombro - De acuerdo... aquí vamos

Apretó el pequeño papel, cerrando sus ojos

- ¿Qué esperas? Es momento de acelerar - le dijo a su vaca, la cual comenzó a ir más rápido

- ¿Qué ocurre? - dijo la mujer

- Parece que debemos aumentar la velocidad

- Kirara - la miró, ella obedeció

Hacía ya rato que la oscuridad los había envuelto, sin embargo, el cielo comenzó a iluminarse de repente

- Esto no me agrada nada - murmuró el joven

En ese momento, un rayo los azotó, provocando su caída

- Sa... Sango - pronunció mientras caían, observando a la mujer, quién parecía estar desmayada. Estiró su brazo, sin embargo, sabía que era imposible alcanzarla

Maldición

Cerró sus ojos, esperando el impacto, el cual nunca llegó

- ¿Qué? - los abrió y notó que se encontraba tendido sobre el pasto - ¿Sango? - se sentó, tomando su cetro - ¡Sango! ¡Sango!

No obtuvo respuestas. Comenzó a caminar, sin tener clara una dirección

- ¿Por qué el maestro Totosai comenzó a aumentar la velocidad? ¿Acaso quería que ocurriera esto? - murmuraba sin detenerse

Continuo durante varios minutos, atravesando el bosque, hasta llegar a una zona despejada, en la que, a varios metros de distancia, se distinguía una especie de casa

- ¿Esas son personas? - pronunció, acercándose un poco más - Al parecer es un monje

Logró divisar una figura masculina, vistiendo las tradicionales prendas de la época, al igual que un sombrero. Estaba de espaldas y parecía estar hablando con alguien más. De repente, volteó y comenzó a alejarse del lugar

Yo conozco a ese sujeto

- ¡Papá! ¡No me dejes papá!

- ¿Qué? - abrió sus ojos ante aquel niño que corría tras el hombre

- ¡Miroku! - fue sujetado por otro hombre - ¡Si vas serás absorbido por el agujero negro de tu padre!

- ¡Papá! - el niño lloraba, extendiendo sus brazos, tratando de alcanzar al sujeto, el cual no volteo ante las súplicas del infante

El castaño, tratando de procesar lo que estaba viendo, se alejo un poco, con temor de que se percataran de su presencia

- Pa...papá - murmuró

Cuando estuvo lo suficientemente lejos, el hombre retiró el rosario de su mano, al miso tiempo en que un intenso brillo emanó de su mano, seguido de un viento cuya velocidad era comparable a la de un huracán

Miroku clavo su cetro, evitando ser llevado por la corriente, sin embargo, no podía quitar los ojos de aquel panorama, mientras escuchaba aún los gritos del niño

Segundos después, el hombre había desaparecido y, en su lugar, un enorme cráter se observan en el suelo. No oyó más gritos, por el contrario, todo era silencio

- El agujero negro - miró su mano, sorprendiéndose de que él mismo tenía la misma vestimenta que poseía el sujeto en cuestión - Ahora lo recuerdo... mi padre

Su excelencia

La figura de la mujer, con aquel extraño traje y una enorme sonrisa en su rostro, paso por su mente

- Sango - murmuró

Miró al frente, al mismo tiempo en que todas las secuencias de su vida anterior pasaban por su mente, desde su niñez, la muerte de su padre, la crianza con Mushin, la maldición de su mano derecha y los encuentros con Inuyasha, Kagome y Sango, además de su larga travesía hasta derrotar a Naraku y la familia formada con la castaña

- Vaya

- Veo que has recordado

Giró ante la voz del anciano

- Totosai - sonrió - Fue usted, ¿no es así?

- Necesitaban ayuda para recordar, por lo que el padre de Inuyasha me pidió que les diera una mano

- Entonces, todo fue una ilusión

- Supuse que un gran recuerdo haría que sus mentes reaccionaran

- ¿Y Sango? - su mirada se tornó de preocupación

- Está experimentando lo mismo en este momento... sólo que con su propio pasado

...

Recuperó lentamente la conciencia, mientras realizaba gestos de dolor. Abrió sus ojos y se encontró completamente sola. Se sentó, observando en todas direcciones

- ¿Joven Miroku? - se puso de pie, tomando su HiraiKotzu - ¡Miroku! - comenzó a caminar - ¡Kirara! ¡¿Hay alguien?!

No podía ver más allá que las grandes estructuras de los árboles

- ¿No hay... nadie? - murmuró con su voz entrecortada

Contrajo su rostro en una notable sensación de miedo, sin embargo, no podía permitirse dejar que éste se apoderara de ella. Suspiró profundamente, sujetando con mayor fuerza su arma

- Tal vez, si sigo por aquí - continuó caminando en línea recta

Atravesó la arboleda hasta que logró distinguir una estructura a la distancia

- Es una... ¿fortaleza? - murmuró, deteniéndose

Yo... conozco este lugar

Por alguna razón, su pecho se apretó un poco, mientras sus ojos comenzaron a humedecerse

La gran puerta de madera comenzó a descender

- ¡¿Qué?! - abrió sus ojos al ver al primer hombre que salió - Pa... papá

- ¡De prisa! - gritó - Tenemos que llegar al castillo cuanto antes... el general dijo que era urgente

Un grupo de hombres salió detrás de él, sin embargo, las últimas personas en emerger, dejaron a la castaña sin aliento

- ¿Estas bien? - le preguntó a su hermano

- Bu... bueno, eso creo - respondió, titubeando

Kohaku

Una lágrima comenzó a caer por su mejilla derecha. Instintivamente miró hacía abajo y notó que tenía puesto el mismo traje que la versión de ella misma que estaba observando

- Tranquilo - puso su mano sobre su hombro - Todos estaremos contigo... nada malo va a sucederte - sonrió

- Gracias hermana - apoyó su mano sobre la mano de ella, devolviéndole la sonrisa

- Sango, Kohaku... andando

Los jóvenes asintieron, apurando su paso. Lentamente, todo el grupo se alejó del lugar. Sango salió de su escondite, observándolos con nostalgia. En ese momento, el cielo se oscureció

- ¿Qué? - elevó su mirada - ¿Monstruos?

Observó a decenas de youkais, dirigiéndose a la aldea

- ¡No! - corrió en dirección a la fortaleza, empuñando su boomerang

Un campo de energía la detuvo, impidiendo su avance, al mismo tiempo en que gritos desgarradores comenzaron a oírse desde el interior del lugar

- ¡Maldición! - golpeaba el campo con sus puños, con su arma, incluso con la espada que había descubierto que poseía en su traje, sin embargo, nada resulto - ¡Vuelvan! - giró, mirando en dirección al bosque

Intentó correr detrás de los demás exterminadores, pero nuevamente aquel campo no la dejo avanzar. Percibió el olor a humo y notó las llamas sobresaliendo de la fortaleza. No pudo hacer más que sólo observar, con sus lágrimas recorriendo su rostro, el cual, era iluminado por el fuego

Lentamente, los demonios se retiraron y los gritos fueron cesando, las llamas se apagaron y el campo que le impedía el paso, se desvaneció. Corrió con todas sus fuerzas, atravesando lo que quedaba de las maderas de la entrada

- No puede... ser - cayó de rodillas ante las decenas de cadáveres de las personas que allí habitaban

Tapó sus ojos con ambas manos, ahogando su llanto. En ese momento, la secuencia del castillo pasó por su mente nuevamente. La batalla contra aquel demonio, su hermano asesinando a su padre y los demás y, por último, atacarla directamente con su kurasigama

- Ko...haku - pronunció con su voz entrecortada

Su mente se llenó de imágenes, desde su infancia en la aldea de exterminadores, sus entrenamientos, primeras batallas contra demonios, hasta la tarde en la conoció a Inuyasha y los demás, su largo camino en la lucha con Naraku y el momento en el que ella y Miroku, por fin pudieron vivir en paz, casarse y tener sus hijos

- Con que esto fue lo que pasó aquella noche - murmuró - ¡Maldito Naraku! - golpeó el suelo con su puño - Has vuelto para volver a utilizar a Kohaku, ¿no es así? - su expresión se contrajo en molestia, tomó la empuñadura de su Hiraikotzu y se puso de pie, observando el lugar - No te lo permitiré... no esta vez

Volteó ante aquel conocido gruñido

- ¿Kirara? - susurró

El animal, que permanecía transformado, emergió, corriendo en dirección de su compañera

- Kirara - sonrió, arrodillándose y recibiéndola en sus brazos mientras ella besaba su rostro

- Sango

- Excelencia - murmuró observando sus ojos azules - ¡Su excelencia!

Corrió, lanzándose a sus brazos, mientras volvía a romper en llanto. Él la recibió, aprisionándola fuertemente contra su cuerpo, mientras trataba de no llorar

- Me... me recuerdas, ¿verdad?

- Como no voy a recordarlo excelencia - se apartó unos centímetros, acariciando su mejilla

- Mi hermosa Sango

Rompió con la milimétrica distancia, besando sus labios y experimentando la misma sensación en su pecho que había sentido la primera vez que la besó estando consciente, en la época antigua. Volvieron a apartarse, volvieron a mirarse y volvieron a fundirse en un abrazo

- No quiero interrumpir - ambos lo miraron - Pero debo decirles, que su entrenamiento ha finalizado

- ¿Qué? - se sorprendió ella - ¿No se supone que íbamos a luchar con demonios o algo así?

- No es necesario - se acercó - Ustedes demostraron recuperar sus habilidades mucho más rápido que los demás, por ende sólo debían recordar

- Señor Totosai - se acercó el monje - Inuyasha recordó a la señorita Kikyou, pero no ha recordado nada relacionado a colmillo de acero o la señorita Kagome, ¿A que se debe?

- Hmmm - se rascó la cabeza - No tengo idea - hizo una pausa - En el momento en el que Inuyasha recordó a esa chica, su vida estaba en peligro, tal vez haya tenido algo que ver con eso

- Quizás Inuyasha experimentó la misma sensación que cuando ella murió en la otra época - se paró al lado del monje

Miroku abrió sus ojos repentinamente

- Esa energía - murmuró

- ¿Qué ocurre excelencia?

- ¿Presientes esa energía?

La mujer cerró sus ojos unos momentos

- ¡Es la misma que la que poseía el ser que trató de llevarse a Kohaku!

- Deben estar en el cementerio - acotó el anciano

- Sango - la miró - Ven, tenemos que averiguar lo que están tramando

- De acuerdo - asintió

...

- ¿Acaso enloqueciste hermano? - dijo Jakotsu cuando el joven terminó con el relato

- Sea lo que sea que te haya dado ese sujeto, ta ha afectado - acotó Kyokotsu

Bankotsu los observaba seriamente, mientras Naraku se posicionó a su lado

- Yo si te creo hermano - sonrió Renkotsu - A mi si me agradaría recordar aquella vida... sobretodo si era un respetado asesino

- ¿Tú también enloqueciste? - lo miró Ginkotsu

- Te apoyo hermano Renkotsu - se acercó Mukotsu - Suena mucho más interesante que pasar el resto de los días en esta vida aburrida

- Me alegra oír eso... ¿Qué hay de ti, Suikotsu?

- ¿Qué? - regresó a la realidad, mirando a su amigo

- No has dicho una sola palabra, ya sé que opinan los demás... ahora quiero saber que piensas tu

- Yo no tengo intenciones de ser un asesino, Bankotsu

- ¿Me estás diciendo que no te interesa volver a ser como antes?

- No... - el rostro de la joven Kikyou paso por su mente - No tengo motivos para hacerlo

- De acuerdo - se encogió de hombros, girando y caminando en dirección de Naraku - Ya oímos lo que tenían para decir, ¿tú que opinas Naraku? - sonrió - ¿Qué deberíamos hacer con los desertores?

- Es una muy buena pregunta Bankotsu - rio - Lamento decirles... que no me interesan sus opiniones

Onigumo emergió de las sombras y, sin mediar palabra, extendió su brazo, abriendo la palma de su mano, al mismo tiempo en que la energía saliente de la estrella, envolvía a los jóvenes

Un espectáculo de gritos y quejidos se elevaban sobre el silencio del lugar. Los amigos de Bankotsu se encontraban de rodillas en el suelo, tomándose la cabeza, emitiendo notables gestos de dolor ante la atenta mirada y sonrisa de su líder y de los dos seres

Momentos después, el silencio volvió a reinar nuevamente. Los chicos comenzaron a ponerse de pie, demostrando que sus recuerdos habían sido restaurados con sólo dedicarle una sonrisa llena de malicia a su hermano, quién se mostraba orgulloso

- ¿Se sienten bien? - preguntó

- Mejor que nunca, hermano - se estiró Ginkotsu

- Es bueno volver - sonrió Jakotsu - Sobre todo si se trata de volver a ver a mi amado Inuyasha

- Siempre hablando tontearías - se quejó Kyokotsu - Yo por mi parte... pienso destruir a ese maldito lobo

- Te acompaño hermano - acotó Ginkotsu, chocando su puño contra la palma de su mano

- Yo tengo una cuenta pendiente con el hermano de Inuyasha - se quejó Mukotsu - Ese bastardo, ni siquiera mostro un poco de respeto por mi veneno - elevó su puño

- ¿Qué ocurre Renkotsu? - preguntó con seriedad - ¿Te has acordado de algo malo?

La secuencia en la que Bankotsu lo asesinaba, arrebatándole los fragmentos de la perla, paso por la mente del guerrero, mientras este fruncía el entrecejo

- Para nada hermano Bankotsu - respondió con la misma seriedad - Estoy feliz de volver

- ¿Qué hay de ti, Suikotsu? ¿Cómo te sientes?

- Muy bien, hermano - rio

Al parecer la voz malvada que me dominaba en la época feudal no se encuentra en mi interior... ¿significa que estoy bien? Sin embargo... si Naraku o el hermano Bankotsu se enteran, lo más probable es que me maten... tengo que ser muy precavido

- ¿Escuchas la voz de ese médico?

- No hermano, soy el de siempre

- Que bueno oír eso - se acercó Jakotsu, poniendo su mano sobre su hombro - Estaba harto de tener que lidiar con ese horrendo ser bondadoso

- Aparentemente todo salió bien - miró a Naraku - Ahora debes cumplir lo que me dijiste

- Con que tu eres quién nos revivió en el pasado, ¿no es así? - se acercó Renkotsu

- Es verdad - abrió sus ojos Jakotsu - Al fin muestras la cara, bueno... o algo así

- No es momento de saludos - pronunció con firmeza el líder de los guerreros

- Bankotsu tiene razón, una promesa es una promesa - giró - Síganme, si quieren recuperar sus armas...