El canto matutino de los pájaros terminaron despertando a Ed, lo que lo hizo estirar su brazo hasta que sintió un tirón que le hizo desistir de continuar con su estiramiento.

"Aún tenemos trabajo por hacer, eh." Dijo para sí mismo mientras veía su brazo.

Tras una inspección rápida a sus alrededores, con cuidado y lentamente tomó el vaso que Rose había dejado en la mesita de noche y comenzó a usarlo como una pesa provisional. Peor es nada. Pensó mientras comenzaba a ejercitar su brazo, su miembro aún estaba tambaleante pero, a comparación del día anterior, esta vez Ed se sentía mejor en general. Quizás fuera la alegría de saberse en Amestris o la gran motivación que ahora tenía de recuperarse para poder ver a sus seres queridos pero esa mañana el rubio se sentía con un gran ánimo que no había sentido en años.

Mientras comenzaba con sus ejercicios, un olor a tocino llegó a su nariz lo que lo hizo salivar para después soltar un suspiro. Dudo que tenga tan buena suerte como para que Rose me deje comer un poco de tocino el día de hoy.

Justo cuando ese pensamiento pasaba por su mente, la puerta comenzó a abrirse lo que lo hizo dirigir su mirada a ella sorprendiéndose al percatarse de que su visitante era alguien diferente. Se trataba de un niño que, por la estatura, la redondez infantil de sus mejillas y el cabello castaño debía de tratarse del hijo de Rose.

"Eh… ¿Hola…?" ¡¿Cómo rayos se llama el hijo de Rose?!

El niño se sobresaltó ligeramente pero rápidamente se compuso y entró a la habitación cerrando la puerta tras de sí. Mientras lo hacía, Ed devolvió el vaso a la mesita encontrándose casi cara a cara con el niño cuando se volvió a acomodar en la cama.

"Mamá me dijo que habías despertado." Dijo el niño alegremente dejando atrás su timidez inicial.

"Sí, tu mamá es Rose ¿cierto?"

El niño asintió mientras se llevaba un dedo a la barbilla. "¿Dónde está tu brazo?"

Ed bajó su mirada a su hombro derecho por un momento antes de volver a mirar al niño. "Lo perdí."

"¿Cómo?"

Ed se encogió de hombros tratando de desviar la atención. "Simplemente lo perdí."

El niño sonrió. "Bueno está bien, no te preocupes. La tía Winry puede hacerte uno nuevo."

Ed no pudo evitar corresponder la sonrisa ante la mención de la rubia. "No hay mejor automail que el de Winry, ¿cierto?"

El niño asintió. "Espera, ¿conoces a mi tía?"

"Sí, soy… un viejo amigo."

Los ojos del niño se llenaron de aún más curiosidad. "Wow ¿cómo te llamas?"

"Edward."

Los ojos del niño brillaron con intensidad y sus mejillas se sonrojaron ligeramente por la emoción al mismo tiempo que, de un momento a otro, el niño saltaba sobre la cama para colocarse al lado de la cadera de Ed, casi subiéndose encima de él.

"¿En serio?" Preguntó el niño mientras recargaba sus rodillas y sus manos sobre la cama para acercarse lo más posible a Ed.

Ed sólo pudo atinar a asentir con la cabeza cuando la puerta de la habitación fue abierta para dar paso a Rose.

"¡Eddie!"

Ed enarcó una ceja. Nadie lo había llamado así desde… bueno, no estaba seguro. Probablemente cuando aún era un infante en Resembool.

Confundido, Ed preguntó. "¿Eddie?"

Rose se sonrojó ante la pregunta pero antes de que pudiera responder, su hijo intervino. "Mamá, ¡es papá! ¿Por qué no me dijiste que papá era el que estaba aquí?"

El sonrojo de Rose no hizo más que intensificarse. "Eddie, ven aquí."

"¡No!" El niño se aferró al brazo de Ed. "Quiero quedarme con papá."

Apenada, Rose se acercó y colocó su mano en la cabeza de su hijo. "Cariño, lo siento mucho, pero él no es tu padre. Edward sólo es un buen amigo."

El niño hizo cara de puchero. "Pero se llama igual que yo."

"Eddie, hay muchas personas llamadas 'Edward'. Sólo se trata de una coincidencia." Dijo Rose con una sonrisa un poco triste al darse cuenta de la decepción que se estaba reflejando en los ojos de su hijo.

Con ojos brillantes, Eddie miró al rubio. "¿Entonces tú no eres mi papá?"

Ed tragó saliva antes de responder pues se sentía un tanto incómodo con la situación tan personal en la que se había visto envuelto. "No, lo siento mucho. Eddie ¿cierto?"

El niño asintió tristemente con la cabeza mientras soltaba el brazo de Ed.

"Bueno, no seré tu padre pero eso no significa que no podamos ser amigos ¿no? Al fin y al cabo eres la primera persona que conozco que comparte mi nombre." Dijo Ed con una sonrisa.

Eddie se le quedó viendo unos momentos hasta que se pasó una mano por los ojos para limpiar la ligera humedad que había comenzado a formarse en sus ojos. "Si vas a ser mi amigo, ¿me vas a contar cómo fue que perdiste tu brazo?" Preguntó con curiosidad.

La sonrisa de Ed se tambaleó un poco al recordar la transmutación humana pero rápidamente lo encubrió con una breve risa. "No me vas a dejar escapar fácilmente de eso, eh."

"Entonces ¿me vas a decir?" Preguntó Eddie con una nueva sonrisa iluminando su rostro.

"Ya veremos."

El niño cruzó sus brazos. "No es justo. Mamá siempre me dice eso cuando quiere decirme que no."

Un poco más repuesta de su sonrojo, Rose tomó a su hijo por las axilas para forzarlo a bajarse de la cama. "Eddie, ya fue suficiente. Edward aún está recuperándose. Además…" Se agachó para quedar a la altura de su hijo. "Claramente te dije que no tenías que entrar a la habitación, señorito." Agregó en tono de reprimenda.

"Pero quería verlo." Se defendió Eddie.

"Hay un tiempo para todo, Eddie." Siguió ella regañándolo.

"No vayas a ser dura con él, Rose." Intervino Ed. "La verdad es que Eddie es una compañía agradable."

"¿Lo ves, mamá?"

Rose suspiró y sonrió. "Aún así no debiste hacerlo, Eddie. Pero en fin, por esta ocasión será mejor que vayas a desayunar. A no ser que prefieras quedarte en casa en lugar de ir a jugar con los Robbins."

"¡No! ¡Sí quiero ir!" Respondió Eddie antes de salir disparado de la habitación con dirección al comedor.

Sin cruzar su mirada con la de Ed, Rose dijo. "Ahora vuelvo. Iré por tu desayuno."

Ed sólo pudo asentir con la cabeza antes de que Rose saliera de la habitación.

Unos minutos más tarde, Rose regresó con un vaso de jugo de naranja recién exprimido y un tazón de avena con frutas.

En cuanto Rose colocó el desayuno en la pequeña mesa que había colocado sobre la parte media de Ed, él le agradeció y ella asintió con la cabeza antes de darse la media vuelta con la clara intención de salir de la habitación.

"Rose, espera."

Sin voltearse a verlo, Rose respondió. "¿Sí, Ed?"

"¿Qué pasa?"

Rose suspiró y volteó a verlo con un nuevo sonrojo comenzando a asomarse a sus mejillas. "Lo siento."

Ed enarcó una ceja. "¿Por qué? ¿Por lo de Eddie?" Ella asintió y antes de que pudiera formular palabras, el rubio continuó. "No le veo ningún problema." Dijo encogiéndose de hombros. "Bueno, seguramente hay nombres mucho mejores pero no hay nada que pueda hacerse ahora ¿no?" Concluyó con una sonrisa.

"Pero tu nombre es maravilloso. Quería que mi hijo tuviera el nombre de una de las mejores personas que he conocido en mi vida."

Ed se sonrojó ligeramente por el cumplido. "Eh… gracias. Pero no es para tanto."

Ella le sonrió antes de sentarse en la silla que se encontraba al lado de la cama en la que se encontraba Ed. "Para mí así es." Jugueteó un poco con sus dedos antes de enfocar nuevamente su mirada en la de Ed para continuar con la conversación. "Pero sí te ofrezco una disculpa por hacerle creer a mi hijo que su padre se llama Edward. Nunca le mostré alguna fotografía tuya ni nada por el estilo." Se apresuró a agregar. "Pero quería que mi hijo tuviera una imagen positiva de una figura paterna, que pudiera imaginar tener un padre como todos los demás. Aún es muy pequeño y, en realidad, no sé si algún día seré capaz de decirle cómo fue que él llegó precisamente a mi vida." Sacudió su cabeza ligeramente, mientras agachaba su mirada hacia su regazo. "No, más bien creo que no lo haré. Mi hijo no tiene porque saber acerca de eso."

Ed tragó saliva mientras observaba a Rose recordando lo que había vivido hace unos años durante las revueltas sucedidas en Lior. Con la mirada cariñosa y la forma en la que se dirigía a su hijo era fácil olvidar que Eddie había sido fruto de un abuso.

Cuando Ed encontró su voz, habló. "Rose, en serio, no tienes nada de lo qué disculparte. Entiendo porqué lo hiciste. Es más, estoy seguro de qué hiciste lo mejor. Eddie se merece una infancia feliz y tú no tienes porqué torturarte pensando en el pasado. Eres alguien fuerte así que no dejes que el recuerdo de lo qué pasó te atormente."

"Ed…"

"Te lo dije una vez ¿no? Que tenías que caminar hacia adelante con tus propias piernas." Dijo con una sonrisa. "Y es lo que estás haciendo y de una manera increíble. Es obvio que Eddie te ama y eso habla del excelente trabajo que has hecho como su madre."

A Rose se le escapó una lágrima. "Ed… eres muy amable."

Ed rió ligeramente. "Nada de eso. Sólo soy un visitante que está acaparando tu cuarto y tu comida." Dijo antes de tomar una cucharada de la avena y llevarla a su boca con un ligero temblor pero lo suficientemente controlable para evitar que el contenido se cayera de la cuchara.

Dándose cuenta de que Rose aún estaba un poco perdida en sus pensamientos, Ed bromeó. "Sabes, no me vendría mal un poco del tocino que estabas cocinando."

Rose rió. "No creo que sea una buena idea por el momento pero ¿qué te parece si esperamos el visto bueno del doctor? Le llamé hace rato y vendrá a verte después del medio día."

Ed suspiró exageradamente. "Bien, supongo que no me queda de otra. Mientras podemos comenzar con algunos ejercicios ¿cierto?"

Rose sonrió. "Termina de comer y una vez que veamos que tu estómago no rechaza la comida podemos empezar."

Ed asintió y se dedicó a comer mientras que Rose se retiraba de la habitación para atender algunos asuntos antes de volver a la habitación para ayudar a guiar a Ed con algunos ejercicios para desentumecer y devolver la vitalidad a sus miembros.

Antes de que Rose regresara, Ed comió su desayuno sumiéndose en sus pensamientos. Hace años se portó un poco extraña conmigo y ahora esto. No puede estar enamorada de mí ¿verdad?


Una semana después Ed ya mostraba evidentes signos de mejora. El doctor lo había ido a revisar cada dos días para asegurarse de que su sistema inmune se estuviera recuperando adecuadamente después de tantos días de estar luchando con algunas infecciones y fiebres derivadas de las heridas sustraídas durante su encuentro con Gluttony. Para ese punto las heridas ya habían sanado y los rezagos (raspones, cortes y moretones) habían desaparecido casi por completo dejando como único pendiente, además del automail, la sanación de las 3 costillas rotas que aún requerían de unas semanas más pero que al menos ya no le provocaban el mismo dolor de antes.

El ánimo de Ed había mejorado bastante a comparación de la primera vez que despertó en la habitación de huéspedes de Rose. A pesar de aún no tener autorización del doctor para salir a la calle, el saberse en Amestris le brindaba una alegría y una calma que no había sentido en muchos años. Además no podía quejarse de su anfitriona y su hijo. Rose amablemente le había brindado la mayor cantidad de cuidados que le fueron posible y, francamente, era una compañía muy agradable. Era muy fácil platicar con ella por lo que en pocos días Ed fue puesto al tanto de lo que había ocurrido desde la primera vez que viajó a la Tierra. Las pláticas casi siempre eran dirigidas por Rose ya que Ed no estaba realmente motivado de hablar del cómo había sido su vida en la Tierra y, afortunadamente, Rose pareció darse cuenta de esto puesto que ella nunca insistía en que él le diera detalles cuando él llegaba a mencionar algo de su pasado.

Cuando Rose estaba ocupada con las labores del hogar, Ed se veía acompañado muchas veces por Eddie. A pesar de la desilusión inicial del niño, Eddie lo buscaba mucho por lo que aprovechaba cada oportunidad para colarse a la habitación del rubio. Ed no tenía mucha experiencia tratando con niños pero rápidamente descubrió que Eddie era un muy buen niño. Tenía altas dosis de curiosidad y energía como cualquier niño de su edad pero a su vez era muy respetuoso y atento ya que siempre buscaba la manera de apoyar a Ed llevándole comida (lo cual el rubio agradecía enormemente porque Eddie tendía a llevarle postres y botanas) o llevándole los objetos que, en sus condiciones actuales, el rubio no podía alcanzar. En otras circunstancias, Ed se hubiera sentido frustrado por las cosas que no podía hacer por sí mismo pero la ayuda de Eddie y su buena disposición hacía que no tuviera tiempo de pensar en eso.

A pesar de la hospitalidad y agradable ambiente que se respiraba en el hogar de Rose, Ed no podía evitar sentirse un tanto melancólico y ansioso al no haber visto todavía a su hermano y a Winry. Entendía el razonamiento de Rose pero eso no hacía que la espera fuera más fácil por lo que el joven dedicaba todo el tiempo posible a sus ejercicios y a tomar las medicinas recetadas por el médico a pesar de lo poco que le gustaba tomarlas.

Una vez que la semana acordada transcurrió, Ed se sentía mucho mejor y su cuerpo lucía más saludable. Ciertamente aún estaba delgado pero eso era normal puesto que no podía recuperar la masa muscular que tenía en antaño cuando su estado actual se derivaba, en parte, del descuido para su persona que había tenido en los últimos años. Por ello, la mañana siguiente al cumplimiento del plazo acordado, Ed le pidió a Rose que llamara a Winry, petición a la que la joven accedió.

Mientras Rose hacía la llamada, Ed se quedó en su habitación sintiéndose sumamente nervioso. Le había pedido a Rose que no le dijera a Winry que él era el paciente que requería de sus servicios y, aunque sabía que Winry jamás rechazaría la posibilidad de ayudar a alguien, internamente temía que no pudiera ir a verlo o que de alguna manera descubriera la verdad y se negara a verlo. Tal vez fuera una tontería pensar en eso pero Ed no podía dejar de sentirse culpable de la manera en la que "se despidió" de ella la última vez que estuvo en Amestris, o quizás por la falta de una despedida apropiada cuando ella siempre había dado lo mejor por apoyarlos a él y a su hermano.

Fue por todo ello que Ed no pudo evitar soltar un suspiro de alivio cuando Rose regresó a su habitación diciéndole que Winry tenía algunos pedidos que terminar pero que haría lo posible para tratar de llegar a Central dentro de tres días. Era un alivio y a la vez el nacimiento de un nuevo nerviosismo al pensar en cómo reaccionaría cuando lo viera pero era algo que tenía que enfrentar tarde o temprano además de que, sinceramente, deseaba profundamente verla.

El saber que vería a Winry también significaba que pronto tendría una manera de contactarse con su hermano y, aunque ya conocía las aventuras y estilo de vida actual de él gracias a Rose, ansiaba ver a su hermano en persona por lo que tendría que pensar en cómo actuar cuando Winry estuviera frente a él ya que, aunque le apenara hacerle una petición extra a su automail, no perdería la oportunidad para pedirle a Winry que le compartiera su medio de contacto con Al.

Tres días después, Winry llamó para disculparse con Rose puesto que le había surgido un pedido extraordinario al que no podía negarse pero le prometió que estaría sin falta en Central el día siguiente al medio día. Ed estaba decepcionado de tener que esperar un día más para verla pero a su vez esta prolongación le provocó aún más nervios ante el inminente encuentro con su amiga de la infancia.

Eddie, con su perspicacia infantil, se dio cuenta de que algo le estaba pasando pero Ed desvió la atención del pequeño comenzando a hablarle de temas básicos de alquimia los cuales, sorprendentemente, captaron la atención del niño por el resto del día.

Esa noche Ed no durmió muy bien pero no dejó que el cansancio se notara en su rostro. Se había esforzado para mostrarle a Winry una imagen relativamente sana y fuerte por lo que no quería causarle la menor preocupación adicional porque estaba seguro que se volvería loca al ver lo que había sucedido con sus automail.

Durante las horas que precedieron la llegada de Winry, Ed no podía evitar mirar el reloj de la habitación cada cinco minutos sintiendo que ese día el tiempo estaba pasando sumamente lento. Era tanta la ansiedad en esos momentos que comenzó a elevar la intensidad de sus ejercicios diarios lo que hizo necesario que tuviera que darse un baño antes de la hora acostumbrada.

Cuando Ed terminó de bañarse (para ese punto era capaz de desplazarse lentamente con una muleta hasta la tina del baño) regresó a su habitación y cepilló su cabello para finalmente acomodarlo en la típica coleta que utilizaba actualmente. Al terminar revisó su aliento y el estado de su ropa.

Cuando Ed revisó por enésima vez que su camisa no se había arrugado, el timbre de la casa sonó provocando que el corazón del rubio diera un vuelco. Se quedó congelado en su posición frente al espejo hasta que pudo escuchar las voces relativamente lejanas de Rose y Winry.

Está aquí… Finalmente Winry está aquí.

Reaccionando, Ed se encaminó lentamente hacia su cama con ayuda de la muleta procurando hacer el menor ruido posible.

Justo cuando acababa de sentarse en la cama, escuchó la voz de Rose del otro lado de la puerta de la habitación.

"Sí, Winry. Está aquí, en la habitación de huéspedes. Pasa."

Ed tragó saliva al mismo tiempo que la puerta era abierta.

"Hola, buenas tardes. Mi nombre es Wi-." Winry comenzó a saludar con una sonrisa en su rostro que se vio congelada en medio de su saludo cuando descubrió quién era su "nuevo" cliente.

La caja de herramientas que Winry llevaba en su hombro cayó de golpe al suelo. Ed contuvo una mueca ante el estruendo y sonrió tímidamente mientras miraba fijamente los ojos azules de Winry que se habían abierto enormemente ante la sorpresa.

"Hola, Winry."


N/A: Hola por aquí abajo!

Como les prometí en el capítulo previo ya tuvimos a alguien más dentro de esta historia, o bueno más bien dos jeje Eddie estará haciendo sus apariciones a lo largo de esta historia y nuestra muy esperada Winry finalmente vino a completar a nuestros participantes dentro de este triángulo amoroso y debo decir que este pequeño cliffhanger era demasiado tentador como para dejarlo pasar jeje pero bueno al menos ya tenemos a Winry por aquí. ¿Cómo les irá a Ed y Winry estando juntos después de tres años?

En fin espero que hayan disfrutado de este capítulo y nos leemos dentro de dos semanas.

Muchas gracias por leer!

Golden