El helicóptero despegó en medio de un remolino de arena y espuma mientras la joven investigadora observaba alejarse la ruidosa máquina desde la playa. La aeronave voló a pocos metros de la superficie del mar y giró tras la bahía perdiéndose de vista entre las palmeras.

Mao suspiró y se agachó para tomar su instrumento de medición que había quedado semienterrado por toda la arena que se había levantado alrededor. ¿Por qué siempre tenía que involucrarse con los pilotos de combate? Al menos este tal Hikaru estaba ya casado y no tendría que preocuparse por volver a enamorarse de uno.

Lentamente caminó por la arena y subió a un médano alejándose del murmullo de las olas mientras el viento hacía ondear su bata de laboratorio.

Pensó en la oficial que había visto en el helicóptero; su rostro le había resultado familiar, pero por mucho esfuerzo que hiciera no podía recordar en donde lo había visto. ¿Era la esposa del teniente Ichyjio? Esa mujer tenía un aspecto imponente, casi como de una guerrera Mayan. ¿Estaría a salvo Hikaru? Ojalá no lo regañas por haber estado charlando en la playa… de seguro había malentendido la situación.

El sonido de una bocina y el ruido de un motor la hicieron regresar de sus pensamientos. Un jeep se acercaba por las dunas y por la forma errática de conducir Mao supo que se trataba de una de sus colegas quien venía a buscarla. La joven suspiró y levantó el brazo con el instrumento y lo agitó en dirección al vehículo que se acercaba, quien rápidamente la vió y cambió de dirección dirigiéndose directamente hacia ella. Mao sonrió, al menos no tendría que regresar caminando al laboratorio.

El vehículo se detuvo abruptamente a su lado levantando una pequeña ola de arena y polvo mientras la joven de cabello rojo que lo conducía suspiraba visiblemente aliviada. —¡Mao! —exclamó enseguida mirando a la joven doctora con preocupación. —¿Dónde te habías metido? ¡Te busqué por toda la isla! ¿Y ese helicóptero…? ¿Eran…?

—El personal de la fragata, si. —respondió la joven poniendo su instrumento en la parte trasera del Jeep. —Déjame conducir a mi. ¿Quieres?

La joven de cabello rojo suspiró aliviada. —Gracias… sabes perfectamente que no me gusta conducir entre la arena.

Anna era la encargada de pilotar la embarcación asignada a la estación de investigación de la isla del Atolón de Midway y era una excelente capitán, pero en tierra se movía como un pez fuera del agua, incapaz de conducir con seguridad cualquier otro vehículo con ruedas. Afortunadamente Mao y las otras chicas solían conducir por la isla en su lugar.

Mao se puso tras el volante y con pericia condujo el vehículo por las traicioneras arenas de la playa hasta la calle de ripio que bordea el perímetro de la isla, en donde rápidamente se pusieron camino hacia el pueblo de la misma.

—Creí que a estas alturas ya se habrían ido. —dijo Anna mirando por sobre su hombro en la dirección que había tomado el helicóptero. —¿No están tardando demasiado para una operación SAR? —preguntó.

—Hay 8 hombres desaparecidos. —dijo Mao. —Es comprensible que no quieran rendirse tan fácil, aunque la verdad, cuatro semanas es demasiado tiempo… —dijo sacudiendo la cabeza.

Su compañera se cruzó de brazos. —Les ofrecí usar a Ta-Chan para la búsqueda, pero dijeron que no tenía el rango suficiente.

«Ta-Chan» era el apodo que las chicas del laboratorio habían puesto a la pequeña embarcación bautizada "Tanuki" por su anterior Capitán.

—Tienen razón. —respondió la joven de cabello violeta. —Nuestro barco es demasiado pequeño para rastrillar la parte del océano en donde desaparecieron esos aviones.

La tarde había comenzado a caer y las sombras de las palmeras y edificaciones se alargaban sobre el camino. El laboratorio era el único edificio iluminado en esa parte del poblado y no tardaron mucho en llegar allí. Aparcaron el jeep junto a un par de bicicletas y entraron al edificio sacudiendo la arena que habían traído de la playa.

—¡Mao! —las recibió una mujer de unos treinta años y cabellos cortos de color azul y bata de investigadora quien se incorporó de pronto desde atrás de un escritorio —¿Otra vez estabas metida en el mar? —preguntó al ver el traje de baño de la joven asomándose por debajo de su bata.

—Lo siento Katy, esta mañana ví una lectura prometedora al Oeste. —respondió la joven colgando la bata en uno de los percheros. —Voy a tomar una ducha para sacarme toda esta sal del pelo, las dejo a cargo.

La mujer suspiró e hizo un gesto con la mano tras lo cual volvió a sumergirse en su escritorio detrás de la pantalla de su computadora.

Veinte minutos más tarde la doctora Mao Nome volvió a entrar a la oficina vestida de forma casual con una remera blanca y shorts azules mientras se secaba el cabello con una toalla. Afuera estaba bastante oscuro y las luces de la oficina iluminaban el cantero de plantas mal cuidadas entre el edificio y la desierta calle. Más allá de los edificios, la pista iluminada de la base y los hangares podían verse perfectamente recortadas contra el oscuro cielo.

Vió a su compañera llamada Katy todavía en su escritorio terminando de cargar los datos de una planilla en su computadora, más allá vió las piernas de Ana que asomaban por sobre los apoyabrazos del sillón y por el resplandor que salía de la oficina de Eowyn, la chica seguía inmersa en sus tareas de programadora de casi veinticuatro horas al día. Se dirigió a la pequeña cocina y al abrir la puerta vió a su colega Mary sentada en una de las sillas de la mesa mientras miraba algo en su Pad con un emparedado a medio comer frente a ella.

—Voy a llevarle algo de comer a Eowyn. —dijo abriendo el refrigerador. —¿Alguna novedad?

—Nada. —respondió la mujer de cabellera rubia y anteojos de marco dorado dejando su Pad a un lado del plato mientras estiraba sus piernas debajo de la mesa. —Salvo por ese helicóptero que estuvo revoloteando por toda la isla buscando algo. —dijo bostezando.

—Buscaban un piloto. —respondió Mao tomando una lata de energizante y un recipiente de plástico con el nombre de la programadora en la tapa.

—¿No se supone que deberían buscar a los pilotos desaparecidos en el mar? —preguntó la joven dando un mordisco al emparedado.

—La UNSpacy pierde pilotos más seguido de lo que parece. —comentó Mao volviendo a pensar en su viejo amigo Shin Kudo. —Al menos esta vez pudieron encontrarlo. —dijo cerrando la puerta con un movimiento de su cadera.

La habitación del servidor de las computadoras del laboratorio estaba en penumbras y solo el brillo de los caracteres que la joven escribía en esos momentos en las múltiples pantallas que la rodeaban iluminaban un poco aquel lúgubre ambiente. Mao conocía muy bien como su colega odiaba la luz directa así que se acercó con cuidado de no pisar ninguno de las docenas de cables que cruzaban la habitación de punta a punta y tras ponerse detrás de la joven arrimó la lata fría de energizante a la mejilla de la programadora.

—¡Ahhh! —exclamó la joven de larga y oscura cabellera ondulada de apariencia desprolija sorprendida mientras giraba la silla violentamente.

—Será mejor que bebas y comas algo. —dijo Mao sujetando la silla para evitar que siguiera girando. —Toma. —dijo poniendo el recipiente con la comida frente a la pantalla.

La joven programadora tomó la lata con ambas manos y miró a su jefa. —He terminado. —dijo con un hilo de voz.

Mao la miró sorprendida. —¿Ter-terminado? —preguntó sin creer lo que escuchaba.

—Se está compilando ahora mismo. —dijo la joven de aspecto desgarbado levantando un dedo largo y fino mientras señalaba la pantalla en donde una cascada de líneas de código se desplazaban con una velocidad abrumadora. —No hay errores, todo parece indicar que tenemos una versión estable y...

Mao la abrazó con fuerza. —¡Eres mi Espectro favorito! —exclamó mientras la apretujaba entre sus brazos. La joven programadora no tenía las fuerzas para liberarse de la energética doctora y se dejó sacudir irremediablemente. —No me… digas… así. —rogó. —Se supone que es… un secreto. —dijo en voz baja.

Mao la soltó y tomando la silla la llevó rodando hasta la puerta con la confundida programadora aún sosteniendo la lata de energizante con ambas manos. —¡Atención! ¡Reunión de equipo! —exclamó asomando la cabeza por la puerta.

Las cabezas de sus compañeras se fueron asomando desde diferentes lugares de la oficina. —¿Ahora? —dijo Ana cabeza abajo desde el sillón.

—Ahora. —volvió a repetir Mao llevando la silla con su compañera por el medio de la oficina. —Eowyn ha terminado su entorno de simulación y tenemos que diseñar el plan de trabajo para cargar los datos.

Las chicas lanzaron un grito de asombro mientras Mao arrastraba a la pobre Eowyn hasta el salón de conferencias, donde las cinco no tardaron en estar sentadas a cada lado de la mesa con sus computadoras y pads encendidos a la espera de la nueva tarea asignada.

Cuando Eowyn terminó de explicar las condiciones y limitaciones del entorno de simulación que había creado ya era noche cerrada en la isla y los grillos cantaban afuera tras la ventana mientras la luna se levantaba por entre los jirones de nubes.

Las cinco mujeres estaban agotadas tras la larga jornada, pero a su vez estaban entusiasmada por las nuevas posibilidades que se abrían ahora al poseer aquel nuevo software a su disposición.

—Solo hay un problema. —dijo Katy haciendo danzar una lapicera en su mano derecha. —¿Qué haremos con la parte de datos en tiempo real? ¿De donde sacaremos un enlace directo a los satélites de la UNSpacy? —preguntó.

Nadie respondió. Todas (Menos Eowyn que miraba en forma distraída por la ventana ajena a todo lo que estaba pasando) sabían que no disponían de los medios necesarios para aquella tarea.

—Es cierto. —dijo Mary rascándose la cabeza. —Nuestro array de datos es muy pequeño y no cubre ni por asomo la zona del proyecto.

Mao contempló el mapa del Océano Pacífico y suspiró. —El presupuesto que nos asignaron es minúsculo, si pedimos que nos instalen una nueva antena parabólica van a rechazarlo sin siquiera escuchar nuestra propuesta. —dijo. —Tenemos que encontrar una forma de usar los equipos que tenemos a mano, reutilizar o "colgarnos" de cualquier sistema que tenga cobertura en la zona, es la única forma en la que podríamos continuar con el programa.

—Un Global Hawk. —dijo Eowyn con la nariz pegada al cristal de la ventana.

—Ah, uno de esos drones de vigilancia. —dijo Ana, quien sabía mucho de hardware militar y era versada en tecnología en general. —Sería genial tener uno de esos para que registrase toda el área por nosotros, además son completamente autónomos y pueden volar por días y días…

—Los inútiles del ejército nunca nos dejarán usar uno de sus juguetes más preciados. —dijo Mary sacudiendo una mano. —¿En donde diablos podríamos conseguir uno de esos? —preguntó.

—Ahí hay uno. —dijo Eowyn señalando el cristal.

—¿Eh? —exclamaron las cuatro mujeres a coro levantándose de sus asientos tras lo cual corrieron hacia la ventana.

En esos momentos el enorme dron aterrizaba en la pista iluminada mientras el equipo de investigadoras abría la boca al unísono.

—Vamos a la terraza. —dijo Mao con entusiasmo. —Tengo que ver esto.

Las cinco mujeres subieron las escaleras corriendo hasta el segundo piso en donde estaba el acceso al techo y podían ver gran parte de la base que se encontraba totalmente iluminada para recibir a aquella aeronave.

La doctora Mao Nome tenía unos enormes largavistas con amplificación de imagen. Se los ajustó sobre el rostro y enfocó la calle de rodaje por la que en ese momento carreteaba la enorme aeronave autónoma.

—¿Ves algo? —preguntó Ana.

—Veo al helicóptero de la fragata junto a los hangares y personal del ejército esperando junto a él. —dijo mientras ajustaba los controles de imagen y enfoque. —Son los pilotos de los VF's que quedaron para continuar con la búsqueda.

Mao ajustó el zoom del aparato y pudo distinguir el color del traje de uno de los pilotos. ¿Era Hikaru? El otro piloto debía ser entonces su compañero y la mujer que estaba junto a ellos parecía ser la oficial que había visto en el helicóptero. ¿Estaban allí para recibir a aquel dron?

El aparato salió de la calle de rodaje y se acercó hasta el hangar, deteniéndose sobre las marcas de aparcamiento designadas para ello. De inmediato los dos pilotos y la mujer oficial caminaron hacia él mientras el drone apagaba sus motores.

Mao se quitó el aparato y se lo pasó a su colega Mary. —Sería genial que pudiéramos usar uno de esos. —dijo volviéndose hacia las demás. —¿Lo habrán traído para continuar con la búsqueda?

—Seguramente. —dijo Katy volviéndose hacia la programadora. —Eowyn, necesitamos información técnica sobre ese aparato para poder ver sus capacidades de análisis y hardware de procesamiento. ¿Puedes encargarte de ello?

La joven asintió con la cabeza y sacando una computadora portátil de entre sus ropas sueltas se sentó en el suelo con la espalda apoyada en la baranda y comenzó rápidamente a navegar por la web.

—Eso está muy bien y todo pero… ¿Cómo vamos a conseguir el permiso para meter nuestras manos en esa cosa? —preguntó Mary pasando el aparato a su compañera Katy.

—Alguien va a tener que ir a hablar con quien esté a cargo de la operación de búsqueda y rescate en la fragata. —dijo Ana. —¿Saben quien es? —preguntó.

—Ni idea. —respondió Mao.

—Es la Comandante Hayase. —informó Katy sin dejar de mirar por los largavistas. —Creo que es justamente ella quien está allí recibiendo el aparato. —dijo.

—¿La Comandante Hayase? —preguntó Mao confundida. —¿La misma Hayase que…?

—La misma que estuvo con el Almirante Global en el SDF-1. —confirmó la mujer de cabello azul pasando el largavistas a su colega Ana.

Mao se golpeó la frente con la palma de la mano. —¡Con razón su cara me resultó conocida! —dijo de pronto al recordar su fugaz encuentro en la playa por la tarde. —¿Ella está a cargo de la operación de búsqueda y rescate?

—¿La conoces en persona? —preguntó Eowyn levantando la cara de la pantalla de su computadora. Mao sonrió y sacudió la cabeza. —No realmente… pero conozco a su señor esposo. —dijo cruzándose de brazos.