Aclaraciones

Honestamente, me arrepiento de haber pospuesto este anime por tanto años debido a la cantidad de episodios que tenia y por su temática (no le hagan el fuchi a los spokon)

Es un anime espectacular que hizo que me saliera un poco de mi rutinario y cansado día a día, e hizo que mis ganas de escribir, volvieran.

Este es un libro de OS de diversas situaciones y escenarios de la GOM. (Aún que no me cierre a crear de otros integrantes)

Opté por colocarle nombre a cada interés amoroso porque, créanme, a mi edad, no es cómodo usar "TN" o "_"

Todo se desarrolla post del último juego, por fin, el escenario principal es con los chicos en el último año de preparatoria. Es decir, son mayores de edad. Rondan entre los 18 y 19 años respectivamente. Las chicas, por su parte se encuentran en el segundo año.

Espero que les guste, pero que, sobre todo, lo disfruten.

Muchos besos.

Val.


Kuroko Tetsuya

— ¿Se encuentra bien?

La respuesta de Ai fue asentir rápidamente. Sin embargo, supo al instante que era algo tonto, algo en vano. Era imposible mentirle a alguien con la capacidad de observación que tenía Kuroko. Sumando que, era muy evidente que el clima le estaba afectando de sobremanera; Sus mejillas y nariz rojas, sus manos temblorosas y el paso apresurado que llevaba, no pasaban desapercibidos.

—Nakamura-san —pronunció Kuroko con su habitual tono plano, deteniéndose. Ella lo imitó, volteándose con el fin estar frente a frente y de verlo a los ojos. Podía jurar que percibió un pequeño atisbe de reproche en él—, no mienta.

—No es nada —aseguró—. Aún así, ya estamos cerca, podré aguantar.

Era común que después de sus entrenamientos, ambos se encontrarán para irse caminando juntos a la estación de metro. Vivian a pocas calles de diferencia ya pesar de esto, Kuroko siempre se disponía a dejarla primero en su casa antes de irse a la suya. El hecho de que este se tomará el tiempo de enviarle un mensaje antes de sus prácticas deportivas, la esperara a las afueras de la escuela y la acompañara todos los días, hacía que el corazón de Nakamura Ai, latiera sin parar.

Intentó retomar el paso, más su compañero bloquea su camino repentinamente. A veces olvida la poca presencia de este y le molesta que a pesar de los cercanos que eran, todavía le jugara en contra. No tuvo tiempo de reprochar, sus ojos se ensancharon al sentir como la bufanda que anteriormente era portada por Tetsuya, es envuelta delicadamente en su cuello.

—Si sigue así, podría atrapar un resfriado —musitó. Ai observar curiosa el ligero sonrojo que se coloreo en las mejillas ajenas—. Sea más cuidadosa la próxima vez. Si se siente mal, por favor, hágamelo saber. No se guarde las cosas.

Lo único que logró pronunciar fue un "gracias" que fácilmente podría confundirse con un susurro. Kuroko avanzó y comenzó a alejarse poco a poco con las manos en los bolsillos, en dirección a su lugar de destino, mas al notar que la joven no se encontraba a su lado, enarcó una ceja al obsérvala con la mirada perdida en el mismo sitio. .

—¿Nakamura-san? —preguntó confuso.

Ai gira su cabeza de un lado a otro, saliendo de su trance.

—Sí, ya voy.

Con un pequeño trote llego hasta él y luego de confirmar que todo se encontraba en orden, se encaminaron hasta la estación.

Ai no podía evitar enterrar su nariz en la bufanda y aspirar el dulce aroma de kuroko.

Y este último no podía evitar sonreír disimuladamente cada que la descubría.


Akashi Seijuro

El firmamento nocturno se encontraba decorado de brillantes estrellas, el parque hermosamente iluminado y el ambiente ameno. Sin embargo, el clima era un problema que atormentaba a Amano Miyu.

Aun no podía creer lo descuidada que fue al olvidar su chaqueta y guantes en casa, todo por salir a toda prisa y así evitar que su salida se viera retrasada por su culpa. Akashi la había llevado a cenar a un restaurante que hacía mucho tiempo había querido visitar bajo la excusa de agradecerle por su larga amistad. Fue una grata sorpresa que hizo que le regalará una gran sonrisa en agradecimiento.

A la hora de salir del lugar, el viento frío provocó que su piel se erizara y que sus manos temblaran. No veía la hora de regresar al auto y tomar un poco de calor, pero Akashi sugirió una pequeña caminata con el propósito de "digerir mejor la comida". Miyu sabía de antemano que era una nueva excusa para así pasar un rato extra juntos. Por más que estuviera muriendo del frío, no podía negarse a algo tan dulce.

Y ahí se encontraron, caminando uno al lado del otro, conversando acerca de lo más relevante de su semana. Akashi sobre los nuevos negocios en los que debía ayudar a su padre y la lista de universidades que tenía en mente. Ella, de los exámenes finales que se encontraban cada vez más cerca.

—Amano-san, aguarde —dijo, interrumpiendo la charla y ubicándose frente a ella.

La joven no tuvo tiempo de articular una pregunta con respecto a que se refería, porque Akashi le cubría manos, que yacían agarrando fuertemente las azas del bolso que llevaba, con las suyas y las ubicó a una corta distancia de su boca para posteriormente expulsar cálidos. soplidos de esta.

—¿A-Akashi-kun? —el nerviosismo no le permitía formular una frase coherente.

—Discúlpame, por mi culpa has estado sufriendo por el frío todo este tiempo.

Tan cálido…

—N-no es así, yo olvidé mis cosas. No deberías sentirte mal. Tendré más precaución.

—Sí, la próxima vez sé más cuidadosa—dijo, con una sonrisa que ella correspondió.

Él sabía de ante mano que esto sucedería, la conocía y sabía lo descuidada que podría llegar a ser.

—¡No es necesario que hagas eso! —exclamó la joven al notar como Seijuro se quitó la chaqueta para colocársela a ella.

Él rodó sus ojos, sin eliminar la sonrisa de su rostro.

—No es nada —dijo despreocupado, encogiendo sus hombros con desinterés y posando con delicadeza la prenda sobre los hombros ajenos.

De igual forma, sabía que esta no sería la última vez que haría este tipo de cosas.

Y le agradaba.


Kise Ryota

—Está tardando mucho, ¿no lo crees Koba-cchi? —comentó Kise, mirando su reloj—. Es algo muy extraño de su parte.

La chica asiente mientras juega con sus dedos con evidente intranquilidad. Usualmente Kobayashi Naori era una persona que se destacaba por su enorme paciencia, el hecho de que sea cercano al rubio y deba lidiarlo todos los días, era una prueba grande de ello. Así que el hecho de esperar a un retrasado Kasamatsu no es algo que le moleste. Empero, la temperatura descendía cada vez más, ocasionando su malestar. Era muy sensible al frío y si bien portaba su uniforme de invierno, no era suficiente para brindar la calidez necesaria a su cuerpo.

— ¿Podemos adelantarnos, Kise-kun?

Si se encontraban cerca del cine, podrían comprar anticipadamente las botánicas y guardar el asiento de su amigo. Era un plan coherente, Mas, Naori en su sano juicio dejaría a una persona cercana aventurarse sola en una actividad que fue planeada en conjunto y Kise lo sabía de antemano. Esto encendió la alarma dentro de su cabeza e inició un rápido escaneo en la joven.

Claro, que tonto era, ¿cómo pudo pasar aquel detalle?

Con suavidad, jala el brazo ajeno hasta ubicarla frente a él para así, apegar la parte trasera de su cabeza a su pecho mientras le rodeaba los hombros con sus brazos. Una sonrisa ladina se dibujó en su rostro cuando notó cómo se tensaba.

—Aún tenemos tiempo antes de que comience la película —dijo cerca del oído de Naori—. Esperamos pacientemente, Koba-cchi.

La recién mencionada suspira pensadamente sin mencionar palabra. Kise era todo un caso, sería inútil contradecirlo. Además de que sentir su calor y perfume varonil, la hace olvidar por completo el frío que tanto le molestaba. Con una tenue sonrisa en sus labios, se apega más a su acompañante, eliminando cualquier rastro de incomodidad.

Kise ante la acción, se inclina y apoya su mentón sobre la cabeza de Naori, a la vez que, en su interior, desea que la clase su ex capitán de equipo se extienda un poco más.


Midorima Shintaro

—¡¿Eh?! ¡¿No te quedarás a vernos?! —el fuerte tono de voz que usamos Takao, hizo que varios de los jugadores girarán a la entrada del gimnasio exaltados.

—Takao —Midorima le dedicó una mirada de reproche.

—Discúlpenme, chicos —murmuró apenada la chica—. Me gustaría, pero si no me voy pronto, dudo llegar a tiempo.

Ver a sus amigos practicar, por alguna extraña razón le relajaba de su ajetreada agenda diaria. Sobretodo aquel chico de cabellos verdes que cada día se robaba más y más su corazón.

Un cambio de turno inesperado arruinó sus aviones aquel día. Se sintió frustrado, esta era su último entrenamiento antes de un juego importante y añoraba observar las nuevas habilidades de ambos e ir a comer algo después.

A pesar de esto, no estaba enojada, ninguna persona desea enfermarse, menos una persona tan responsable como lo era su compañera Yura.

—Qué lástima —reprochó Takao con un puchero—. Bueno, esperamos verte en el partido al menos.

—Por supuesto que sí —Aseguró con una gran sonrisa.

—¡Bien! —exclamó con el mismo gesto—. Entonces, nos vemos mañana, Nara-chan.

—la joven notó como Midorima rodeó sus ojos al escuchar a Takao decir su nombre con tanta familiaridad. Le pareció extraño su gesto—. Vamos, Shin-chan.

Nara levantó su brazo en señal de despedida a la vez que miraba con expresión jocosa como Takao jaloneaba el brazo del más alto.

Al salir del gimnasio, notó que el cielo se encontraba nublado y el viento se sentía mucho más frío que hacía horas atrás.

Inconscientemente dejó escapar un suspiro cansino. No se encontró del todo abrigada. No esperaba que el lindo sol de la mañana, se transformará en una repentina lluvia con granizo.

¿Es posible que el clima cambie tan de repente?

Sale de sus pensamientos al sentir una prenda caer sobre su cabeza. Frunce el ceño a la vez que la tomaba con sus manos y la tallaba: Era un abrigo ancho de lana.

—Tú horóscopo de hoy, dice que tu Lucky ítem es una prenda cálida —escuchó a sus espaldas.

—Midorima-kun —Pronunció sorprendida, girándose para así lograr ver a su amigo.

Levantó su mirada para así lograr ver su rostro a la vez que pegaba la prenda a su pecho. El rostro ajeno se encontraba serio como era costumbre. Aunque, no sabia si aquel el sonrojo en sus mejillas era por la agitación producto de su entrenamiento o vergüenza. Nara consideró que la primera era la más razonable.

—Y —continuó, extendiéndole un paraguas. Ella lo agarró sin salir de su trance—… El consejo del día es mantener la salud como prioridad.

Y sin más, se dio la vuelta e ingreso nuevamente al gimnasio como si nada hubiera pasado. Como si lo que acaba de suceder, no hubiera encendido sus nervios. Como si lo que acaba de suceder, fuera algo que hiciera todos los días. Como si lo que acaba de suceder, no la haría estar más segura de lo que sentía por él.

—Eres cruel, Midorima-kun —murmuró para sí.

Por otra parte, Midorima mantenía la mirada gacha para evitar a toda costa que Takao descubriera la verdadera razón de su sonrojo, como también, evitar escuchar las burlas y bromas del mismo.


Aomine Daiki

Mizue gruñe al encontrar a su amigo "desaparecido" durmiendo plácidamente en la azotea de la escuela. Saca el silbato que guardaba en el bolsillo de su falda y sin temor alguno, lo lleva a sus labios, produciendo un molesto estruendo.

El chico se exalta y se levanta abruptamente con una de sus manos sobre el pecho y la otra en su frente. Sus cejas se juntan al observar a la joven.

—¡Oye, Mizue! —Chisto, fulminándola con la mirada— ¿Qué crees que haces?

—Acaso no sabes qué hora es? Los chicos te están esperando para empezar el entrenamiento. Además, ¿Cómo puedes estar ahí acostado como si nada con este clima? —entrecerró sus ojos al ver como el chico se encaminaba a la baranda de la azotea—. ¿Sucede algo, Aomine-kun?

—Nada importante —Contestó con tono indiferente.

Obviamente no le cree y le da una fuerte palmada en la espalda antes de colocarse junto a él.

—¡¿Por qué?! —Exclamó, quejándose por el golpe.

—Porque eres un tonto y pésimo mentiroso —soltó una risa socarrona al ver la cara de enojo de acompañante—. Vamos, diez centavos.

—Eres mucho más molesta que Satsuki —murmuró él. Ella escucho, más prefirió hacer caso omiso—. Este año todo se siente diferente.

—Es normal, es el último.

—Último año en la escuela y último año en el equipo. No había caído en cuenta de eso hasta ahora.

— ¿Aomine-kun? — inquirió al percibir como el tono de voz del chico se apagaba.

—Pensé que las cosas habían cambiado lo suficiente para mí, pero después de este año todo será aún más diferente. En verdad, no quiero que esto acabe.

Ella comprendía a lo que se refería, después de todo, la escuela no era para siempre. Aomine ya no jugaría más con el equipo de Tōō, debería prepararse para los exámenes y así ingresar a una buena universidad, cuando estuviera ahí, estaría tan ocupado que tal vez su tiempo para jugar baloncesto se vería muy reducido.

No lo culpaba.

—Es normal sentir miedo.

—¡¿Qué?! Yo no le tengo miedo a nada.

—Pero, no deberías atormentarte tanto por eso —ignoró su comentario. Optó por posar su mano sobre su hombro, brindándole un leve presiónn—. Disfrutemos con felicidad los momentos que todavía juntos, Aomine-kun.

El recién nombrado, gira su vista hacia ella con notable expresión de sorpresa antes de soltar una corta risa irónica.

—Si que sabes que decir cuando te lo propones, Bakamura —dijo, mientras retiraba la mano de la chica de su hombro. Una mueca se dibujo en sus labios cuanto la sintió—. Está helada.

—Es tu culpa por desaparecerte —dijo con tono burlón—. No sé dónde cayó mi guante.

Aomine exhala con pesadez y ubica sus manos en el bolsillo de su abrigo. Ella intentó soltarse por mera inercia y nervios, pero contaba con la fuerza suficiente para lograr su cometido.

—Oye… —siseó.

—Sólo cállate y mira el paisaje.

Mizue posa su atención en el cielo, estaba nublado y no tenia nada de especial, mas el olor a tierra húmeda y el choque del viento en su rostro basto para calmarla.

Era mejor enfocarse en eso, en lugar de las mariposas que revoloteaban en su estómago debido a Aomine Daiki.


Murasakibara Atsushi

—¡Murasakibara-kun! —El recién nombrado voltea al escuchar el fuerte grito a sus espaldas—. ¡Espera!

-¿Oh? ¿Tana-chin? —preguntó confuso.

—Mura... saki... bara... Kun. Qué bueno quete pude alcanzar —logró decir entre jadeos. Sus manos se encontraron en sus rodillas, reposando su peso. Vaho salía de su boca en cada exhalación debido al clima frío.

-¿Que Paso? —preguntó, marcando una ceja.

—Diez —dijo la joven extendiéndole un paquete de snacks—. Las olvidaste en el gimnasio.

—Oh —su reacción no fue la más expresiva, sin embargo, en sus ojos ensanchados y cejas elevadas, se vio un déje de asombro. Los labios agrietados de la joven, le dedicaban una sonrisa de oreja a oreja.

Watabane Yui

¿Otra vez esa chica lo persiguió por varias cuadras sólo para traerle su merienda favorita? Al parecer las palabras de Himuro no eran del todo erradas.

Eres impresionante.

Un bajo estornudo lo saca de sus pensamientos. Yui cubría su nariz con sus manos, preparada para lo que parecía ser, un estornudo más.

—Tana-chin.

—Lo siento—dijo tras una apenada risita—, este clima está de locos

Inconscientemente, Murasakibara posa una de sus manos sobre la cabeza de la chica, arreglando su gorro y ubicando un par de mechones traviesos tras sus orejas.

Ella deseaba, desde lo más profundo de su ser, que este no escuchara los fuertes latidos de su corazón.

—Oye, Tana-chin, ¿No crees que un chocolate caliente vendría bien? —preguntó con su característico tono desinteresado. Sus manos se encontraban ahora en sus hombros—. ¿Deberíamos ir?

La chica lo observa con confusión. Atsushi comía muchas cosas, pero rara vez tenía antojos por bebidas calientes.

—Chocolate... ¿caliente? —inquirió, intentando verificar si el chico se había equivocado con su petición.

—Sí, tu nariz está roja —dirigió uno de sus dedos a la nariz ajena—. Tus mejillas también —luego, presiona suavemente una de sus mejillas— y estás tiritando.

—Bueno, yo…

—Vamos —dijo con voz cantarina, alargando la "S"—. Ya me dio hambre. Quiero pastel también.

Yui nunca ha sentido agrado por los días fríos, era sensible a estos, por ende, era común que pícara un resfriado o una fiebre. Sin embargo, ese día no hubo molestias. Porque la calidez que le brindaba Murasakibara era suficiente para soportarlo, más cuando la mano que antes se encontraba en su hombro, se desplazó suavemente hasta su antebrazo, donde reposaba plácidamente. De igual forma, sirvió para excusar el aumento de su sonrojo.

Murasakibara creaba tantos efectos en ella sin darse cuenta.

—Sí —respondió, luego de unos minutos, sonriendo—. Vamos.