Narrador Nahiara:

El timbre resonó por toda la escuela, marcando el inicio del receso y provocando que las aulas se vaciaran rápidamente. Saqué mi tóper con comida junto con mis auriculares de la mochila y me alejé del bullicio en busca de un lugar tranquilo. Dirigí mis pasos hacia unas escaleras poco transitadas, una de las dos salidas de emergencia de la Academia UA.

Me senté en uno de los escalones, conecté mis auriculares y comencé a escuchar música mientras disfrutaba de mi almuerzo, un estofado con arroz.

De vez en cuando, miraba mi celular, pero algo me irritó: la misma noticia se repetía una y otra vez.

—Qué dramáticos son aquí — juzgue mientras probaba un bocado de comida. Sin embargo, sabía que la UA era una prestigiosa academia y que el ataque que había sufrido no era algo sin importancia. Aunque todavía se hablaba de ese incidente como si hubiera ocurrido ayer.

—Extraño el colegio — reflexioné mientras miraba nostálgicamente las fotos en mi galería, especialmente una en la que aparecía con mi salón de clases. De repente, escuché unos pasos bajando las escaleras desde arriba.

—¿Interrumpo algo? — se escuchó una voz a mi lado. Levanté la mirada y me encontré con unos ojos azules que me observaban con una sonrisa engreída. Negué con la cabeza.

—Entonces no te importa que almuerce contigo — manifestó el chico. Me moví a un lado, dándole espacio para que se sentara y comiéramos juntos —¿Qué tal tus clases? Escuché que son muy aburridas — preguntó mientras comía la comida de la cafetería.

—Nunca me aburro en clases — confese mientras daba una cucharada a mi almuerzo —Desde mi punto de vista, las clases son interesantes, pero parece que a la mayoría no les gusta la tranquilidad de los estudios generales. Todos querían entrar a la especialidad de heroísmo. ¿Y tú Monoma cómo te va en la clase 1B?

—Me va mejor que en la clase 1 A — expreso él con una sonrisa burlona —Los estudiantes de la clase 1 A acapararon toda la atención, pero no por mucho tiempo. Les mostraremos a todos que hay personas mucho mejores que ellos en el Festival Deportivo — luego soltó una risa maniática que hizo temblar su cuerpo y la bandeja que tenía en su regazo.

Lo miré con una mezcla de extrañeza y nerviosismo. Aún no me acostumbraba a esa risa proveniente de mi amigo. Quién diría que después de admirar tanto a la gigantesca academia, alguien se posicionaría a su lado y le hablaría de esa manera.

—¿Te quedaste sin aliento, eh, latina? — se río de manera extraña, burlándose de mí.

Lo miré como si le hubieran crecido dos cabezas, pero en un mundo de Quirks eso era muy posible. Decidí caminar ignorándolo, quien dejó de reírse al darse cuenta de que fue ignorado como una insignificante mosca. Lo escuche dar grandes pasos para alcanzarme.

—No me digas que te ofendiste por un simple comentario, extranjera — se puso a mi lado y me observó.

Mira, no me podía dar el lujo de insultar, porque me enseñaron a no faltarle el respeto a nadie si quería que me respetaran igual. Pero ahora que mi mejor amiga no está, esa que le decía de todo a cualquiera que se creía con suficiente valentía para hacerlo, me hace replantearme esa enseñanza, ¿sabes?

—¿Necesitas algo o simplemente me estás molestando porque no tienes nada mejor que hacer? — señale evitando soltar algún insulto, pero lo haría en cuanto llegara a casa.

—No necesito nada, y como dijiste, no tengo nada entretenido que hacer. Pero ver a una extranjera quedarse sin aliento al ver la UA, eso sí que es interesante — declaro inocente el rubio.

Luego entramos a una gran sala llena de futuros estudiantes, despertando la curiosidad del chico.

—Y dime, ¿qué número te tocó?

—N.º 6348 — comente mientras observaba todo aquel lugar en el que fácilmente podrías perderte. Mi acompañante soltó un sonido de sorpresa, lo que causó confusión en mí.

—Al parecer, nos toca sentarnos juntos — expuso con una sonrisa arrogante —. Parece que no te librarás de mí por ahora, ja, ja, ja — su risa era espeluznante y llamativa, tanto que algunas personas nos miraban curiosas.

Respondí rápidamente, tomé al chico japonés del brazo y lo llevé en busca de nuestros asientos. Les llevó unos 20 minutos encontrarlos.

—Ya los vi — solté el brazo del rubio, quien venía callado pero con una sonrisa ligeramente burlona.

Caminamos hacia nuestros asientos, pasando por encima de algunos estudiantes debido a la falta de espacio entre las casi 9000 personas que se postulaban

—Permiso... Disculpa... Lo siento — me disculpaba cada vez que pasaba por encima de alguien.

Finalmente, logramos sentarnos y solté un bostezo de sueño. Aún no me había acostumbrado al horario, pero no me sorprendía, después de todo, viví toda mi vida al otro lado del mundo.

—Bueno, considero que es mi deber saber quién está en nuestra academia — habló el ojiazul con tono altanero, captando mí atención lo miré con interés —. Hasta ahora no he escuchado tu nombre, extranjera.

—Pues, rubio presumido, no me lo has preguntado — señale el error sin darme cuenta de que había utilizado el español en mi respuesta —. Me llamo Nahiara Ramírez, ¿y tú? — extendí mi mano izquierda hacia él.

—Ya que te has presentado, supongo que no tengo más opción — Neito pasó su mano por su cabello, peinándolo hacia atrás, y con una sonrisa altanera me tendió su mano derecha, estrechándola —Soy Neito Monoma.

—Mucho gusto, entonces, Monoma.

En ese momento, las luces se encendieron en el escenario y un rubio con gafas, vestido como un rockero, emergió como un ascensor.

—La UA no deja de sorprenderme — comenté mientras observaba al héroe que daba inicio al examen de admisión

Después de eso, una escena protagonizada por un chico que parecía obsesionado con seguir las reglas interrumpió el discurso, reprendiendo a otro chico que susurraba desde una distancia de cinco metros. Solo deseaba no tener a ese chusma como compañero.

Luego de esa escena, me encontraba estirando luego de cambiarme la ropa a una deportiva. Estaba en el Campo N.º 1 rodeada de numerosos estudiantes. Una bocina sonó y la puerta de la Ciudad Falsa se abrió, haciendo que todos se lanzaran a correr. Esperé un momento para que la mayoría tuviera ventaja y luego me uní a la carrera.

—Acabemos con esto rápido — teorice mientras escuchaba explosiones al entrar a la Ciudad Falsa.

Concentro mi energía y activo mi Quirk. De repente, mi figura se difumina, dejando tras de mí solo una estela borrosa de movimiento. Mis ojos están enfocados en el objetivo, y comienzo a sortear los obstáculos con impresionante agilidad, zigzagueando entre los robots en un despliegue asombroso de velocidad.

Sin embargo, los robots no son presa fácil. Están diseñados para detectar hasta los movimientos más sutiles, y responden con giros y movimientos rápidos, tratando de anticipar mis ágiles ataques. A pesar de mi increíble velocidad, algunos robots logran reaccionar a tiempo y contrarrestar mis movimientos, reduciendo la cantidad de puntos que acumulo.

El sudor empieza a perlarme la frente, mientras intento mantener el ritmo. En cada paso, mi mente analiza la mejor ruta para esquivar los brazos mecánicos y la distancia precisa para evitar las embestidas de los robots. La tensión aumenta cuando un robot se aproxima desde un ángulo inesperado, y tengo que ejecutar una pirueta en el aire para evitar el impacto.

A pesar de mi esfuerzo, no puedo evitar que algunos brazos metálicos me alcancen levemente, ralentizando mi velocidad. Cada segundo cuenta, y cada punto perdido duele, pero sigo adelante con tenacidad.

Finalmente, la prueba llega a su fin y me detengo exhausta pero satisfecha mientras mi respiración se normaliza lentamente. Aunque no he logrado la cantidad de puntos que esperaba debido a mi reacción tardía en algunos momentos críticos.

—Esta manera de evaluar no rinde — observe la cara de varios que estaban destrozados ante el resultado.

Tampoco era algo como si tuviera el poder de cambiar aquello pero no sabia si en lo académico destacaban así que tal vez tendrían una oportunidad de entrar en los estudios generales.

Mientras iba a los vestidores observe las instalaciones, ya vestida camine hacia la salida seguida de varios estudiantes era de tarde. Aburrida saque mi teléfono y revise mis mensajes.

"¡A romperla, loco!"

Eso me alegro el día luego de tanta locura.

—¡Ey, latina!

Detuve mi andar y fije mi mirada al frente para toparme con ricitos de oro, si, apenas siquiera conocía su nombre y ya lo bautice con un apodo, pero estábamos a manos por como el me llama.

Camine hasta quedar frente a el, la duda se reflejo en mis ojos e hizo una señal para que me colocara a su lado.

Empezamos una breve charla con un ¿cómo te fue en el examen?, mientras caminábamos hasta que me dijo algo que sin duda estoy agradecida por el resto de mi vida aún que fue sospechoso.

—Te quiero proponer un trato, extranjera

—¿De qué se trata?— esto era raro e inesperado.

—Quiero aprender más sobre la cultura latina y a cambio te puedo enseñar sobre la cultura japonesa más de la que ya tienes conocimiento — me tendió la mano como un signo de formalidad.

Lo analice y sin siquiera parpadear, acepte.

Tal vez no es tan mal idea disfrutar mi estadía estudiantil en Japón.