El tiempo pasó volando y antes de que se dieran cuenta, era la víspera de Yule. Como Sorvolo predijo, a principios de diciembre la rutina de Adriano se volvió más lenta y letárgica, comenzó a acurrucarse más tiempo con Nagini frente a la chimenea para dormir. Y Sorvolo lo dejó. Después de todo, era invierno. La temporada de hibernación para las serpientes. Y Adriano sólo tiene ocho años y apenas ha pasado unos pocos meses con su herencia de naga, por lo que necesita dormir más de lo usual. Incluso si se encuentran en una isla de clima cálido donde no tendrían que preocuparse de que la temperatura caiga por debajo de cero y por las tormentas de nieve, excepto en las cumbres de Hawái.
Dejará que Adriano se acostumbré y a sus diez años le comenzará a enseñar cómo usar hechizos cálidos y runas para mantener su sangre caliente, lo que prevendrá que se vuelva más lento y letárgico. Es posible que Adriano no sea tan energético como los otros niños en invierno, pero será suficiente para detener la necesidad de dormir a cada minuto.
Sorvolo suspiró con cansancio cuando terminó de limpiar los residuos de la sala de rituales después de su ritual de restablecimiento del alma. Fue más complicado y tardío de lo que había previsto, pero por fortuna ya estaba terminado. Desde que consumió su más grande horrocrux, se había dado cuenta de la estabilidad que había perdido, pero aun así, eso no se comparaba con tener la mente clara.
Y necesitará cada gramo de su ingenio y la mente clara para llevar a cabo lo que planea hacer. La reunión del Consejo Escolar de Hogwarts será el 27 —en el periodo entre Yule y el Año Nuevo— y les había pedido a todos los profesores asistir. Y la próxima sesión del Wizengamot —en la que se supone que jurará cómo lord Slytherin y lord interino Peverell— es el 28. Y Dumbledore estará en ambas reuniones, aunque no sabe que también se activará el asiento Peverell. La expresión que ponga será cómica. Y necesitará cada gramo de paciencia para poder comportarse ante la vieja cabra como si fuera la primera vez que se encontraran, no como cuando tenía 11 años.
Sorvolo respiró profundo y se dirigió hacia sus alas privadas, checó distraídamente la hora y notó que eran las 3:30 am. Cuando estaba a punto de pasar por la cámara del heredero hacia su propio dormitorio, su pie se giró por sí solo. Se detuvo un segundo y buscó su vínculo horrocrux solo para encontrarlo bajo angustia.
¡Santo cielo! ¿Su hijo está teniendo otra pesadilla?
Sin hacer ruido Sorvolo abrió la puerta del cuarto de Adriano y entró. Suspiró cuando encontró a su hijo durmiendo enfrente de la chimenea, acurrucado en el puf en lugar de su cama. Lo que llamó su atención fue cómo Adriano se estremecía muy minuciosamente de vez en cuando, con un ceño fruncido en su dormido rostro y sus globos oculares se movían detrás de sus párpados cerrados. Y la tensión de su cuerpo. El libro que estaba leyendo antes de quedarse dormido seguía sobre su estómago. Las cálidas runas y el fuego le daban el calor que tanto necesitaba mientras dormía. La pequeña mano de Adriano agarraba la cola de Nagini como un peluche y en la otra tenía su juguete de tejón.
Y una Nagini despierta trataba de calmar a su cría enroscándose sobre él formando un capullo protector, le siseaba con suavidad y saboreaba sus mejillas como si las besara. La cabeza, el brazo y las piernas de su hijo estaban sobre ella, usándola como almohada, aunque no era suficiente.
—Tom, haz que pare —Nagini susurró/demandó, sin duda angustiada por no poder proteger a su hijo de sus pesadillas.
Sorvolo se acercó a ellos.
—¿Por qué no le dijiste que fuera a la cama? —preguntó mientras sacaba con delicadeza sus dedos del libro, lo cerraba y lo ponía a un lado.
Recuerda claramente haberle dicho a Adriano que se fuera a dormir después de que se cansara luego de decorar el árbol de Navidad.
—Cuando vine a ver cómo estaba, ya estaba dormido en la silla. No quería despertarlo.
Sorvolo tarareó y lanzó un encantamiento cálido sobre la cama de su hijo para asegurarse de que la repentina frialdad no lo despertará. Luego —con cuidado y sin prisa— los levitó desde la silla de felpa hasta la cama. Desde que comenzaron a meditar y a visitar al terapeuta squib, su hijo ha estado mejorando, pero de vez en cuando aún tiene pesadillas. Y el psicólogo le dijo cómo manejar sus pesadillas, y lo importante qué era asegurarse de que estuviera cómodo durante esos momentos.
Sorvolo agarró la manta favorita de su hijo —que le compró al inicio del invierno—, se aseguró de que las runas cálidas siguieran funcionando y luego frotó su mano sobre ellas. Durante su tiempo con la tribu naga había aprendido cuán necesario era esto. El aroma del tutor y la familia en la cama y la manta no solo proporcionará el consuelo necesario para el niño, sino que también lo ayudará a reducir las pesadillas y le permitirá seguir durmiendo en paz. Y el aroma se enterrará en lo más profundo en su subconsciente, haciéndole saber que no está solo y trayéndole calma. Puso la manta sobre ellos, arropándolos con cuidado. La manta es lo suficientemente grande para cubrirlos a ambos.
El resultado fue significativo ya que su ceño fruncido desapareció, aunque no la tensión en su cuerpo. Había mejorado con el tiempo, y aunque sabe que su hijo podría tener pesadillas ocasionales a lo largo de su vida, las clases de oclumancia lo ayudarán a enterrar esos recuerdos en algunos pasillos antiguos y olvidados de su palacio mental.
Hablando de las clases de oclumancia…
Sorvolo estaba frotando su mano en la almohada cuando una nueva idea le vino a la mente. Cerró los ojos y buscó el vínculo horrocrux entre ellos. Se concentró en enviar todo el afecto y cariño que sentía hacia su hijo a través del vínculo, y observó con deleite como la tensión dejaba su cuerpo poco a poco y caía en un sueño pacífico.
Sorvolo soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo antes de asentir hacia Nagini y girarse, listo para irse a su dormitorio y dormir un poco. Cerró distraídamente las barreras mientras se dirigía al baño para darse una ducha rápida. Asegurándose de que el agua tuviera la temperatura correcta, entró en la ducha y su mente se dirigió hacia su hijo una vez más.
A decir verdad, estuvo tentado a borrar de la memoria de su hijo su abusivo pasado. Pero sabía que no podía hacerlo. Eso dejaría un enorme vacío en su memoria, ya que ha sido la mayor parte de su vida. Mejor lo ayudará a construir un buen paisaje mental y a enterrar esos recuerdos en lo profundo de las mazmorras. Eso, y más terapia mental.
Sorvolo suspiró y cerró la regadera. Estaba demasiado cansado para secarse o ponerse algo cómodo, por lo que usó un rápido hechizo de secado y bostezó, salió de la ducha listo para dormir toda una década; estaba exhausto tanto física como mágicamente. Quizás esa fue la razón por la que no notó el cosquilleo de las barreras al moverse.
Pero sí se dio cuenta del bulto de mantas de casi un metro y medio parado en el medio de su habitación.
Sorvolo lo observó, bastante seguro de que no alucinaba y que ese bulto de mantas no estaba ahí cuando se metió a bañar. Entonces su cerebro hizo clic y se dio cuenta de que un bulto de mantas no debía de mantenerse erguido, sino caer al suelo sin apoyo. Y luego reconoció la familiar sensación de cercanía de su horrocrux y el cosquilleo de las barreras.
—¿Adriano? —preguntó Sorvolo incrédulo, mirando el pequeño agujero cerca de la parte posterior de la manta donde unos familiares ojos verdes se asomaban por el capullo de mantas.
¿Cómo pudo el niño quitar sus barreras y entrar a su habitación?
El niño cambió su peso de un pie al otro con torpeza.
—Padre.
Al parecer no está lo suficientemente despierto como para hablar en español.
—Usa tus palabras, pequeña mamba —Sorvolo decidió decírselo a su hijo con un poco de autoridad, sabiendo que su instinto naga le diría lo que la parte humana de su cerebro está avergonzada de admitir.
—¿…Puedo dormir contigo? —Adriano preguntó vacilante y lleno de incertidumbre.
Sorvolo vio que su hijo lo miraba con sus grandes ojos esperanzados y un poco somnoliento, y las mejillas sonrojadas de vergüenza medio escondidas en el capullo. Qué adorable vista. Lo bastante como para derretir el corazón del Señor Tenebroso.
Sorvolo suspiró y miró a Nagini —que había decidido que no necesitaba permiso para invadir su espacio personal y se acurrucó en su cama— observándolos divertida. Bueno, al menos su hijo ya lo está buscando cuando lo necesita, gracias a la terapia.
Su hijo y sus necesidades siempre serán su prioridad, incluso sobre su propia necesidad de privacidad.
—Ven —dijo firme Sorvolo, se giró hacia su cama y se estiró.
Tomó un vial de estabilizador mágico y una poción reabastecedora que guardaba en su reserva y se los bebió, mirando como el bulto de mantas se subía a su cama y se hacía bolita, enterrando su cabeza en su costado y cerrando sus pequeñas manos en puños en su pijama; su respiración pronto se volvió profunda y regular. Sorvolo desvaneció los viales vacíos y sonrió con dulzura mientras frotaba con delicadeza la cabeza llena de suaves rizos negros. Para la parte naga del niño, sin duda le parecía normal estar cerca de la guarida del mayor y buscar su consuelo. Para la parte humana, hace tiempo que lo había aceptado como su padre y alguien a quien admirar. Alguien en quien podía confiar que lo protegería incluso de una tonta pesadilla.
No le tomó más de un minuto a Sorvolo seguir a su hijo a los brazos de Morfeo.
[***]
Sorvolo se despertó la mañana de Yule como lo hacía todas las mañanas. Pasó de un sueño profundo a estar alerta en cuestión de segundos. Antes de abrir los ojos, dejó que sus sentidos y magia sintieran sus alrededores en busca de una amenaza inmediata, en especial cuando se dio cuenta de un peso sobre él. Pronto sintió que no había amenaza alguna, y tanto su tacto como olfato y las barreras le dijeron que era su hijo el que estaba arriba de él durmiendo en su dormitorio en el Castillo Slytherin. Y que Nagini dormía a su lado. Sorvolo suspiró y se permitió el raro lujo de simplemente permanecer acostado en su cama mientras lanzaba un Tempus.
Eran casi las ocho de la mañana. Bueno, es Yule, y le había permitido a su hijo descansar de su rutina. Le ordenó a Barty que fuera a reunirse con sus amigos y pasara tiempo con ellos. Después de todo, es una festividad para celebrar con amigos y familia, y Sorvolo había planeado celebrar el primer Yule de su hijo de la manera mágica adecuada. También planeó llevarlo al festival Makahiki del Hawái Mágico más allá del borde del bosque del castillo. Su hijo había aprendido sobre ellos y había hecho muchas preguntas sobre el tema. ¿Quizás también lo llevaría al festival de las luces de Honolulu en la tarde?
Oh, sí, a Adriano le va a encantar. Hablando de él…
Sorvolo miró su pecho donde Adriano se movió adormilado y giró su rostro hacia el otro lado. La mejilla llena de grasa de bebé que había estado abajo antes ahora tenía la impresión del patrón de su camisa. Sorvolo suspiró y se estiró, ganándose un quejido de su hijo quién agarró sus brazos con sus pequeños dedos y continuó durmiendo.
Sorvolo rodó los ojos, aunque estaba feliz de notar que su hijo al fin está creciendo y ganando peso, siendo mucho más saludable que antes. Los diversos regímenes de pociones por fin han curado todas sus deficiencias nutricionales y ha comenzado a trabajar en su crecimiento y la ganancia de músculo, y el ejercicio regular junto con las clases de artes marciales también han provocado un crecimiento tanto mágico como físico. Adriano ahora puede comer más comida cocida sin ayuda de las pociones, aunque siempre preferirá la carne cruda. Y Sorvolo se ha asegurado de siempre tener un plato de buena carne cruda disponible para Adriano de vez en cuando.
Aunque sus instintos aún son altos, Adriano ha estado mejorando con la continua educación de su padre y el sanador mental. Puede que Sorvolo nunca lo admita, pero la terapia dual con su hijo lo ha estado ayudando con su alma y cordura. Solo una fracción de su alma y su obsesión con el poder le permitieron convertirse en lo que Dumbledore y su lado luminoso asumieron que era. Pero ya no más. Ahora ha recuperado su cordura así como su familia con la que puede contar al final del día. Sorvolo sonrió levemente y miró al durmiente niño naga.
Bueno, es Yule. Puede permitirse descansar un poco.
Con eso, Sorvolo levantó su mano y el nuevo libro que compró pero que no había tenido tiempo de leer se acercó a ella. Lo abrió con entusiasmo antes de dejarlo flotando inclinado en el aire para que lo pudiera leer mientras estaba acostado. El libro trataba sobre los vínculos de las almas y era ilegal en el Reino Unido, pero él no está ahí ni nadie puede encontrar este libro. Y ya que el alma de Adriano se unió a la suya debido al horrocrux accidental, necesita aprender todo sobre ellos.
Mientras leía, Sorvolo pensó en los horrocruxes bien escondidos en el lugar menos esperado del castillo: la habitación de Adriano. Incluso si alguien irrumpe en el castillo, ¿quién en su sano juicio buscaría algo tan importante ahí? Los buscarán en el dormitorio principal, su despacho personal o en la biblioteca, no en la recámara del heredero. Bueno, todos estaban ahí, excepto uno: el guardapelo que fue envuelto como un regalo y esperaba cerca del árbol navideño junto a la chimenea en la sala de estar bajo un encantamiento de ilusión. Sí, había accedido a traer un árbol navideño. No es como si pudiera decirle que no a su hijo cuando se lo pidió con esos malditos ojos de cachorro.
Sorvolo suspiró y acarició el cabello de su hijo mientras pensaba en cómo el afecto físico lo ayudaba a mantener los pies sobre la tierra, sin darse cuenta de cuánto lo necesitaba. El frío y la soledad que sintió en el orfanato —que se había grabado en sus huesos— se están yendo poco a poco y están siendo reemplazados con la calidez, amor y compañía de una verdadera familia. Pero no se dio cuenta que lo necesitaba tanto como Adriano lo necesitaba a él. Está agradecido de que el niño no rehúya de su afecto y que sea pegajoso.
Incluso si sabía que lo necesitaba, nunca se habría atrevido a confesárselo o pedírselo. Ni siquiera a su hijo.
La terapia dual también lo ha estado ayudando mucho ya que el terapeuta Squib reconoció los problemas de abandono de Adriano y tiene un plan para trabajar en ello. Si bien Sorvolo sabe que dejará que Adriano se aferré a él, también sabe que tiene que superarlo si es que asistirá a Hogwarts.
Hablando de la terapia, necesita comenzar a planear cómo mantener a su hijo ocupado para que no tenga tiempo de pensar en el pasado, como sugirió el terapeuta. Eso incluye más actividades físicas y juegos al aire libre.
Sorvolo se detuvo cuando un plan se formó en su cabeza y de inmediato convocó su agenda y una pluma. Oh, sí, tiene algunas ideas sobre qué clase de actividades —seguras y que no requieran que Adriano abandoné la seguridad de las barreras— al aire libre puede organizar para su hijo.
¿Quizás pueda construirle una cancha de tenis? Sí, y también un muro de escalada con suficiente seguridad y encantamientos de almohadón en el patio trasero, y un campo de tiro con burbujas y objetos en movimiento como platillos voladores. Para poder convertirse en un formidable duelista, Adriano necesita trabajar en su puntería.
A Adriano también le encanta nadar en el río, así que tal vez le fije una hora para nadar bajo la atenta mirada de Nagini, y también le comprara un traje de baño adecuado . ¿Quizás una hora cada martes, jueves y sábado después de la siesta? Sorvolo tarareó, convocó el horario de su hijo y notó que Narcissa había agregado clases de baile cada dos sábados. Se encogió de hombros y añadió la nueva rutina. En el día de danza, Adriano puede cambiar su clase de natación a los domingos.
Los ojos de Sorvolo repasaron con pereza las nuevas actualizaciones del horario de su hijo. Lord Sharptooth también añadió unos cambios: le enseñará a Adriano duendigonza, las tradiciones olvidadas y la magia arcana.
Sorvolo se giró hacia su agenda y agregó idiomas a su lista de cosas por hacer. Necesita encontrar un buen maestro de literatura e idiomas lo antes posible para que le enseñe latín, árabe, sánscrito, francés, polinesio y chino mandarín; Adriano puede aprender otros idiomas después si lo desea. Se había encargado de enseñarle a Adriano español —para mejorar su vocabulario— y alemán, y el niño absorbió el conocimiento como una esponja. Le pondrá un examen mañana y si lo encuentra adecuado, preparará la poción de modificación de acento con acento alemán para ambos.
Hablando de idiomas, Sorvolo añadió a su lista otro punto para mejorar su lengua y magia pársel. Tiene un buen número de libros que coleccionó mientras viajaba por el mundo. Puede que la magia pársel sea declarada oscura y malvada en el Reino Unido, pero es utilizada ampliamente en países de Asia —como la India Mágica— y algunos países de África.
Sorvolo se rascó el costado de la sien con la parte posterior de la pluma mientras calculaba los pros y contras de usar la magia y el ritual de mejora del cuerpo a la edad de ocho años, casi nueve. Los libros que leyó nunca han especificado un límite de edad, pero ¿siendo tan joven? Sin duda Adriano se volverá más alto que sus compañeros y mágicamente más poderoso incluso sin la ayuda de los rituales, lo que lo hará más encantador y deseado. Lo necesitará para conseguir contactos fuera de la secta tenebrosa. Sorvolo sabe que todos se sentirán intensamente atraídos por el encanto y poder de su hijo, tal y como lo habían hecho con él.
Bueno, todos excepto Dumbledore.
Pero ¿necesita pasar por esos rituales a una edad tan temprana? ¿Es mejor hacerlo ahora o esperar a que sea mayor de edad?
Después de pensarlo por un rato, Sorvolo decidió investigar más antes de llegar a una decisión, y lo añadió a su lista.
Sorvolo agregó otro punto para entrenar y modificar los reflejos de su hijo. Ahora como un nuevo naga su instinto y reflejo ante el peligro son cambiar a su forma naga y sisear y gruñir de forma amenazadora mientras muestra sus colmillos venenosos. Pero no puede dejar que esto continúe ya que cuando vaya a Hogwarts, los estúpidos e imprudentes niños y el viejo tonto y desconfiado asustarán y representarán un peligro para el niño. Necesita cambiar sus instintos a sacar y apuntar con su varita.
Y sabe justo cómo hacerlo. Después de todo, él también lo hizo. La única diferencia era que él era un adulto en ese momento. Adriano es solo un niño —de nueve años en siete días—, por lo que será más propenso a su instinto por defecto y le resultará difícil cambiar. Pero Sorvolo es persistente y una vez que Adriano sepa lo importante que es, será tan decidido y obstinado como pueda ser. Además, aún tienen dos años para ello.
Todas sus cavilaciones se detuvieron cuando Adriano se estiró y bostezó, al fin despertando.
—Buenos días —Sorvolo frotó el desorden del cabello del dormilón y lo puso con gentileza sobre la cama mientras se levantaba.
Después de refrescarse en el baño, Sorvolo notó que Adriano todavía estaba acurrucado en el espacio que dejó, absorbiendo todo el calor.
—Despierta, Adriano.
El niño permaneció quieto sobre la cama. ¿Se está haciendo el dormido?
Sorvolo rodó los ojos.
—¿Eso significa que no quieres abrir tus regalos?
Justo como previó, Adriano se levantó de golpe de la cama.
—¡Estoy despierto! ¡Estoy despierto!
[***]
Los elfos se habían superado y, sabiendo que era el primer Yule de su humano favorito, estaban decididos a darle lo mejor.
—¡Guau!
Fue la exclamación de Adriano mientras miraba perplejo la mesa llena de champiñones, ricotta, tarta de huevo frito, tostadas de aguacate con huevo, salchichas, una cazuela de salsa, bollos de ricotta con arándanos, una cazuela de croissant de huevo y muchos platos más.
—¿Estamos esperando invitados?
Sorvolo resopló y se sirvió algunos croissant, bollos y café.
—No, es todo para nosotros.
—¡Pero no podemos comer tanto!
—Los comeremos por unos días.
Adriano sonrió ante las palabras de su padre y se sirvió su increíble desayuno de una vez.
—Padre, ¿podemos ir a ver al pulpo mágico? —preguntó de repente.
Sorvolo se detuvo por un breve momento antes de abrir los ojos al darse cuenta.
—Se llama Kraken, Adriano —enfatizó.
¿Adriano en serio piensa que visitar al kraken está en el itinerario de hoy? A este ritmo, Sorvolo tendrá casi todo el cabello canoso antes de que su hijo vaya a Hogwarts.
—¡Es uno de los animales más peligrosos que existe, Adriano! ¡No puedes visitarlo cuando quieras!
—¡Pero es tan genial y grande! ¡Y tú dijiste que no me lastimaría!
Sorvolo sintió ganas de golpear su cabeza contra la mesa. ¿Quién hubiera dicho que algún día usarían sus propias palabras contra él?
—¡No, no lo vamos a ir a ver! No quiero ver si tiene suficientes células cerebrales como para reconocer al lord y heredero del castillo —dijo y gimió por dentro cuando Adriano se entristeció—. Además, tenemos otros planes para hoy.
Ante eso, Adriano se animó de inmediato.
Sorvolo silbó con fuerza, se escuchó un silbido en respuesta y un águila arpía con al menos un metro de envergadura vino volando y aterrizó enfrente de Adriano.
—¿Hades? —Adriano lo miró boquiabierto antes de sonreír y extender la mano—. Feliz Yule a ti también —dijo, alborotó sus plumas y lo alimentó con las salchichas y el tocino de su plato.
Siempre estaba listo para mimar al hermoso y plumoso depredador de su padre.
Hades chilló en respuesta y se pavoneó, acicalándose. Y entonces Adriano notó un pequeño rollo de pergamino atado en su pata.
—¿Es para mí? —pregunto, ganándose otro chillido.
Adriano miró a su padre en busca de confirmación. Al recibir un asentimiento, le quitó el pergamino mientras Hades sumergía la cabeza en su jugo y luego se fue volando. Adriano lo desarrolló, miró confundido la pieza de rompecabezas que encontró y leyó en voz alta la nota.
#En el día almaceno la luz del sol
En la noche brillo cuando termina el día
Adriano parpadeó antes de mirar a su padre.
—Vamos a crear nuestra propia tradición de Yule —dijo Sorvolo y limpió la boca con la servilleta—. Encuentra todas las respuestas de los acertijos y hallarás todos los obsequios.
—¡Una búsqueda del tesoro! —Adriano comenzó a saltar en su silla—. ¡Sí, sí, sí! Ah, espera, déjame resolver esto…
Los ojos de Sorvolo brillaron con diversión mientras observaba a su hijo leer con rapidez las líneas una vez más y luego pensar.
—Almaceno la luz del sol… brillo en la noche… almaceno la luz… ¡Lo tengo! ¡Es la lámpara solar! —Adriano se bajó de la silla de un salto y de inmediato salió corriendo.
—¡Espera! —Sorvolo lo detuvo.
Adriano saltó de un pie al otro con impaciencia mientras Bailey traía su capa de invierno color verde bosque, el gorro de lana a juego y las botas amarillas con cordones a juego. De inmediato le agradeció y se los puso, luego salió corriendo al jardín.
Sorvolo sonrió y siguió a su hijo que corrió hacia la verja donde había instalado un par de lámparas solares. Adriano hizo un sonido emocionado cuando encontró una pequeña caja de cartón debajo de ellas y la abrió con entusiasmo. Allí estaba la siguiente pista con un montón de números escritos en un trozo de pergamino y una segunda pieza del rompecabezas.
#Todos me aman. Soy bonita y huelo bien
¡Mira hacia abajo para encontrarme! Estoy cerca de tus pies
—Bonita, huele bien… cerca de mis pies… cerca de mis pies… ¡Es la parcela de flores! ¡Es bonita, huele bien y está cerca de mis pies!
Adriano corrió hacia la floreciente parcela de flores cerca de la fuente con un sonriente Sorvolo siguiéndolo con lentitud. Al parecer los acertijos son un poco fáciles para él. Tendrá que hacerlos más difíciles el próximo año.
Adriano miró alrededor de la parcela de forma crítica antes de agarrar una caja de madera con una gran sonrisa. Cuando intentó abrirla, la encontró sellada. Sorvolo se le acercó y observó fascinado cómo Adriano miraba alrededor de la caja y descifraba la contraseña muy rápido.
—¡Ah! —Adriano sacó el trozo de pergamino con los números y marcó el código.
La caja se abrió con un clic, revelando la siguiente pista, la tercera parte del rompecabezas y una llave de bronce.
Adriano las guardó en su bolsillo y leyó la siguiente pista.
#Huelo muy bien, en especial en primavera
¡Puedes usarme para darle un toque especial a tu comida!
—Un olor especial… ¿para la comida? ¿Cómo el… orégano o las hierbas…? ¡Ah! ¡Las hierbas! ¡El lecho de hierbas!
Adriano corrió hacia el lecho de hierbas al otro lado del jardín y buscó la siguiente pista. Plantó las rodillas en el suelo y miró alrededor hasta que notó una caja hecha de bambú cuidadosamente oculta en los setos de romero.
—¡Ah! —tomó la caja con entusiasmo, notó la cerradura de bronce y sacó la llave de su bolsillo.
Con un clic, la caja se abrió y reveló una pequeña piedra preciosa triangular, la cuarta parte del rompecabezas y la siguiente pista.
#Conmigo puedes acelerar como un ave en el cielo.
Mis dos ruedas te harán volar.
—Acelerar como un ave… ¡Dos ruedas! ¡Mi bicicleta!
Sorvolo se rio entre dientes y observó como Adriano salía corriendo hacia el pequeño cobertizo en el jardín donde se guardaba su bicicleta. Lo siguió con lentitud y al llegar vio que Adriano ya estaba desatando el frasco de vidrio atado al manubrio de su bicicleta. Buscó a tientas en el frasco, lo examinó y notó que la tapa tiene una forma triangular familiar.
Adriano parpadeó, sacó la piedra preciosa triangular de su bolsillo, la presionó contra la tapa y observó con deleite cómo se abría con un zumbido. Tan pronto como se abrió, Sorvolo vio a su hijo sacar la última pista, la quinta pieza del rompecabezas y una piedra rúnica de cristal.
#La gente me da vueltas y vueltas
Poniendo en mí luces en una cuerda
Y luego debajo de mí
Colocan los regalos que traen
—¿Luces en una cuerda y colocan regalos? —preguntó Adriano y recordó a la tía Petunia decorando el árbol navideño en Navidad y a Dudley abriendo sus regalos en la mañana—. ¡El árbol de Navidad!
—¡Sí! Vamos.
La voz de su padre lo sacó de sus amargos recuerdos y Adriano parpadeó, luego sonrió y salió corriendo. Llegó rápidamente a la sala de estar donde decoró el árbol de navidad con la ayuda de su padre anoche después de la cena.
Pero no había nada debajo de él. Adriano parpadeó y luego ladeó la cabeza cuando algo llamó su atención: una de cartón mediana con un molde vacío. Adriano pensó por unos minutos antes de sacar la piedra preciosa triangular de su bolsillo y colocarla sobre ella. La caja brilló y se abrió para revelar un rompecabezas sin resolver con piezas de aspecto familiar, cinco de las cuales tiene en su bolsillo.
—¡Guau!
—¿Qué dices? ¿Deberíamos armarlo?
—¡Sí! —Adriano saltó y le sonrió a su padre.
En serio sabe lo que le gusta. De inmediato se sentaron en la alfombra enfrente de la chimenea y comenzaron a armar el rompecabezas juntos.
—¿Ya terminaron con la búsqueda del tesoro? —preguntó Nagini mientras se acercaba a ellos con lentitud para vigilarlos.
Su vientre estaba abultado con la comida que acababa de consumir.
—Aún no —respondió Sorvolo.
Adriano parpadeó y miró a su padre. ¿El rompecabezas no es su regalo?
—¿Por qué no te unes a nosotros, mamá?
—Okey.
Juntos, los tres comenzaron a pensar en el rompecabezas. Lo resolvieron después de varias discusiones, debates y pucheros, revelando que era un arte de su castillo. Tan pronto como Adriano colocó la última pieza, un rayo de luz surgió y todo el lugar debajo del árbol navideño brilló, luego cayó como un líquido invisible, revelando al menos una docena de regalos multicolores. Adriano está bastante seguro de que su mandíbula cayó hasta el suelo.
—Feliz Yule, hijo mío.
Adriano parpadeó rápido, se pellizcó y chilló, confirmando que no estaba soñando.
—Feliz, eh, Yule, padre —susurró todavía boquiabierto por los regalos.
—Creo que lo rompiste —comentó Nagini con aspereza y observó a su hijo con diversión.
—No es mi culpa que pensara que el rompecabezas era su único regalo. Como si fuera a dejar que mi hijo solo recibiera un regalo en Yule —dijo Sorvolo antes de convocar los obsequios y comenzar a repartirlos.
Adriano cerró la boca con un audible clic y tomó un sorbo del chocolate caliente que Cici les trajo.
—Primero los nuestros —dijo.
—Ahí está —Nagini resopló.
Sorvolo negó divertido con la cabeza, agarró los regalos de su hijo y se los pasó.
—¿Y el de mamá?
Nagini se quedó quieta ante eso y abrió mucho los ojos cuando vio como Sorvolo sacaba una caja con su nombre —luciendo tan sorprendido como ella— mientras Adriano saltaba emocionado en su lugar. ¡Desde que se convirtió en una maledictus nadie le había dado regalos! ¿Su cría le hizo uno?
—¿Juntos? —preguntó Sorvolo al notar a Nagini abrumada.
Adriano y Nagini asintieron.
Rápidamente desenvolvieron sus obsequios. Adriano se detuvo un momento para ayudar a su mamá también. Recibió un diario Moleskine con hojas ilimitadas, una hermosa pluma de águila y una pequeña caja de terciopelo de su padre. Adriano abrió con rapidez la caja, revelando un guardapelo de oro macizo con una serpentina S con incrustaciones de piedras verdes en el frente. Jadeó.
—¿Es el…?
—Guardapelo de Slytherin. Ahora es tuyo, Adriano. Le he aplicado varios encantamientos de protección contra la mayoría de las maldiciones, maleficios y hechizos, un traslador de emergencias que te llevará al Castillo Slytherin si presionas tu magia en él diciendo "casa" en pársel, un rastreador de salud y ubicación que te monitoreará en busca de peligro. También lo encanté para que cualquier otra persona que no esté en esta habitación en este momento no pueda verlo, incluso si lo usas fuera de tu túnica. Nadie podrá notarlo o quitártelo.
Adriano sonrió, le agradeció y tocó el guardapelo, maravillándose con la forma en la que los ojos de la serpiente brillaban y se calentaba ante su toque, como si lo reconociera y lo saludara. Se lo puso. Sorvolo volvió a su regalo; era una vela aromática con forma de libro viejo que combinaba con su mesa en su estudio, y una agenda diaria personalizada que tenía una serpiente de color verde que de vez en cuando siseaba y soltaba palabras que formaban "El mejor padre del mundo". Es la primera vez que recibe un regalo personalizado. Nunca le habían obsequiado uno antes. Las personas siempre le compraban obsequios caros sin ningún toque personal en ellos.
A su lado, Nagini también tenía un colapso mental. Su cría le regaló un kit de cuidado de serpientes que contenía un cepillo de aseo, champú y aceites para serpientes que harían que sus escamas brillen aún más, y una gran alfombra suave, peluda y caliente que casi la hizo ronronear contenta.
—Gracias, cría. Pero yo no te di nada —dijo Nagini.
—Bueno, siempre puedes compensarlo con abrazos —Adriano sonrió haciéndole saber que no es gran cosa.
Nagini se convirtió en la mejor madre del mundo que le enseña, lo cuida y le da muchos abrazos. Él sabe lo afortunado que es tener por fin una mamá.
Adriano recibió una hermosa boina de color Slytherin y una bufanda tejida con algodón hecho por duendes de Sharptooth. Adriano sonrió al recordar lo que le dio: un portavasos de madera personalizado de cuatro piezas con un soporte con el letrero de Gringotts y la frase "Mi tío favorito" grabados. Incluso si lo hizo a prueba de derrames y polvo, hidrófugo e ignífugo, aún así sabe que lo golpearan juguetonamente en la cabeza por su descaro. De nuevo.
Recibió una caja de manualidades de bricolaje de Narcissa, lo que lo hizo sonreír. Narcissa recordó lo que Adriano planea hacer para el cumpleaños de su padre. Y ahora él está agradecido de haberle enviado una amplia colección y variedades de tés que a ella le gustan.
Recibió varias tarjetas de 100 galeones para Honeydukes de Barty, las cuales se las dio a su padre para que se las guardara hasta que vaya a Hogwarts. También recibió un atlas mágico que muestra todos los lugares mágicos y no mágicos del mundo, su esencia habitual, el clima actual, la hora, y las criaturas y plantas mágicas y no mágicas que habitan ahí. Adriano sonrió; le encantaba. Sonrió aún más al pensar en la reacción de Barty cuando encuentre las colecciones de la música de sus bandas favoritas de la última década. Barty se había estado quejando más de una vez de cuánto las extrañaba.
Recibió una tarjeta de 1000 galeones para la tienda de libros de Jona Bay en Hawái —que tiene una enorme sección mágica oculta a la que sólo podían acceder las personas mágicas— de Lord Malfoy, lo que lo hizo detenerse. No le regaló nada ya que solo lo había visto una vez. Cuando padre le aseguró que él se encargó de ello, Adriano asintió agradecido y le dio la tarjeta para que se la guardara junto a la de Honeydukes.
El último regalo es del tío Severus y es una suscripción a la Revista de Animales Mágicos que lo hizo sonreír con felicidad. Adriano no había hablado mucho con él excepto de las clases de pociones. ¿Cómo se dio cuenta de lo que le gusta? Al parecer el tío Severus es muy observador. Después de todo, es el favorito de su padre y un brillante espía. Adriano en verdad espera que al tío Severus le guste la agenda personalizada —con un kit de pociones grabado que se mueve como si estuviera preparando una poción— y el cronómetro —que le recordará el tiempo y qué etapa de la poción se prepara a continuación— que le envió.
—Muy bien, estos son los planes del día de hoy —dijo Sorvolo, movió todos los regalos a un lado y lanzó un Tempus.
Son casi las 10:45.
—Iremos al festival de Makahiki y almorzaremos afuera. Si no estoy mal, el baile de hula comienza a las 11. En la tarde iremos al festival de las luces de Honolulu. Y en la noche celebraremos el ritual de Yule. ¿Entendido?
—¡SÍ!
