Capítulo VIII.
Como habían imaginado los amigos de Ginny, la pelirroja no se tomó muy bien el cambio de rumbo del ED, sin embargo Weasley no quiso decirle nada a nadie al respecto. De hecho, Ginny hizo un gran esfuerzo para contener su explosivo carácter y su radical pronto en la primera reunión del ED a la que pudo asistir una vez le dieron el alta, y solo hizo dicho esfuerzo porque sabía que todos se habían asustado mucho con lo que le había ocurrido a ella. Sin embargo, eso no significaba que la pelirroja estuviera dispuesta a tratar a todos con una sonrisa, arcoíris, mariposas y amabilidad, después de todo, había sido ella quién había sufrido las fatales consecuencias del enfrentamiento con los Carrow, y no el resto del ED, y era ella quién tenía verdaderos motivos para estar asustada y no los demás.
A Ginny habían tardado más de lo previsto en darle el alta, la leona sospechaba que eso se debía a la insistencia de McGonagall en mantenerla protegida en su habitación, y no era que Weasley no lo valorara, sabía que su jefa de casa se estaba poniendo en peligro con solo tenerla ahí, y que todo eso lo hacía porque se preocupaba por ella, pero tenía muchas ganas de volver a su "rutina", a su sala común y en especial a su cama. Es más, sus sospechas se confirmaron el día en que finalmente Goldenstein y Brown le dieron el alta, McGonagall no le quiso dejar salir de sus aposentos, pero como ya hacía más de una semana que la adolescente había "desaparecido" del castillo, la profesora de transformaciones se vio obligada a ceder. Mientras Ginny estuvo "en cuarentena" -como lo denominaba ella-, recibió las visitas diarias de: Neville y Luna, quienes le ponían al corriente de todo lo que ocurría en el castillo; también obtuvo las atenciones de Lavender y Anthony, quienes se turnaban para revisarla; y por último no le faltó llevarse unos buenos sustos ante la inusitada compañía que conformaban Dobby y Kreacher, quienes se aparecían por ahí cada vez que podían. La pelirroja no entendía de dónde había salido ese dúo tan inusual, o porque Dobby parecía tenerla tanta devoción sí ya no era la novia del "famoso Harry Potter", y aún entendía menos como es que Kreacher -por primera vez desde que lo conocía- parecía mostrarse algo amable con ella. Sin embargo, no quiso darle importancia, lo único que sabía con toda seguridad era que estaba agradecida a sus amigos, y a esos dos extraños elfos por hacerle compañía en esos momentos, aunque eso no quitara que deseara que su encierro llegara a su fin de una vez.
Cuando Ginny por fin regresó a la torre de Gryffindor fue recibida con una ovación, además Seamus y Parvati se habían organizado para robar unas cuantas: golosinas, sándwiches, pasteles y dulces de las cocinas, y para beber habían traído jarras de zumo de calabaza. Todo eso hacía un par de años hubiera pasado por una nimiedad, o puede que se hubiera considerado una ligera y simple travesura, pero en ese momento era casi firmar una sentencia de muerte, y la adolescente estaba enormemente agradecida por el esfuerzo y el riesgo que habían tomado sus compañeros solo por hacerla sentir bien recibida en su casa. Claro está, que Ginny hubiera preferido poder beber cerveza de mantequilla, pero la salida de Hogwarts estaba terminante prohibida y cualquier intento acarreaba un buen castigo, la pena de prisión en Azkaban, así que, era imposible conseguir cerveza de Hogsmeade.
Esa primera noche, la pelirroja, rio, bromeó, bailó y sonrió con todo y a todo el mundo, pero cuando llegó la hora de acostarse y la fiesta terminó, el miedo por lo que podía suceder al día siguiente fue demasiado para ella. Pasó un par de horas acostada en su cama mirando a la lona del techo sin ver realmente nada, incómoda, y con una sensación de asfixia en el pecho que le oprimía los pulmones y no le dejaba respirar, todos los músculos de su cuerpo gritaban por la tensión y la falta de oxígeno. Los sonidos acompasados de la respiración de sus compañeras solo sirvieron para crisparle más los nervios, ¡como las envidiaba!
Ninguna de ellas sabía lo afortunada que era por poder dormir tranquila, Ginny hubiera dado cualquier cosa por saber si al día siguiente los Carrow volverían a dejarla moribunda, o si ya se habían cansado de ella y pasarían al siguiente alumno a quien torturar. Weasley sabía que estaba mal, pero deseaba que fuera la segunda opción, que se hubieran olvidado ya de ella, aunque eso implicara ver sufrir a otros. Una voz cruel en su cabeza que se asemejaba espeluznantemente a la de Tom Riddle le dijo "ja, ¿qué pensaría Harry de eso? ¿Crees que te perdonaría? ¿Y tu padre? ¿Acaso no temes decepcionar a tu familia?" La pelirroja una vez más se retorció entre sus sábanas intentado dejar la voz a un lado, pero le resultaba casi imposible, sabía que sus padres estaban orgullosos de ella hiciera lo que hiciera, y que ellos y sus hermanos solo querían verla a salvo, pero una parte de Ginny no podía evitar preguntarse sí no se sentirían decepcionados ante su inmenso egoísmo. Cuando el silencio y las respiraciones acompasadas se hicieron ensordecedoras, y la sensación de asfixia creció en su pecho hasta casi ahogarla, la pelirroja se levantó de la cama, no tenía nada claro en su mente, solo sabía que necesitaba salir de ahí o sino se ahogaría, y eso hizo.
Ginny se dejó llevar por sus pies hasta que terminó en la habitación de los chicos de séptimo curso, los ronquidos de Neville y Seamus apenas parecían llenar el aire vacío que seis respiraciones debían colmar. Por un segundo se quedó parada en el umbral, ¿cuántas veces había entrado en esa habitación el curso pasado en busca de Harry? Recordó con una punzada de dolor el susto que se había llevado -su ahora ex novio- la primera vez que ella le despertó de noche para ir a dar un paseo juntos, ojalá pudiera volver a hacer eso; no hacía falta que Harry volviera a ser suyo, ella no pedía eso, solo que él estuviera a salvo. Negó con la cabeza desterrando los recuerdos de unos meses atrás, cuando todo parecía un poco más fácil. Aunque su mente y sus recuerdos le habían hecho pensar inevitablemente en Harry, esta vez no había llegado hasta allí en busca de "El Elegido", Ginny realmente no había estado pensado mientras andaba hasta allí, simplemente se había dejado llevar. Pero ahora que estaba en el umbral de la puerta, sabía porque estaba allí, y no, no era por su ex, con determinación se acercó a una de las camas vacías más cercanas a la ventana, la que estaba pegada a la de Seamus, y se sentó a los pies de esta.
Allí donde estaban sus dedos descalzos debía haber un viejo baúl destartalado, con las correos un poco raídas y desgastadas, pero no había nada, la pesadez en su pecho creció un poco más. Miró hacía la mesita de noche vacía que había junto a la cama, ese hueco solía estar ocupado por: unas pocas chuches para lechuzas, un recorte de periódico de hacía unos años enmarcado, una rana de chocolate y una placa de prefecto perfectamente pulcra. Sin embargo, estaba limpia, noto como si una pesada piedra cayera al fondo de su estómago. Con cuidado de no hacer ruido Ginny se incorporó y se acercó al armario que correspondía a esa cama, abrió la puerta con la mayor delicadeza posible procurando que el chirrido de las viejas bisagras no despertara a los dos jóvenes que yacían dormidos en sus camas, y vio que el armario estaba completamente vacío excepto por un único jersey de un color marrón rojizo con una R mayúscula en blanco.
La pelirroja sintió como un cosquilleo le revolvía el estómago, tomo la prenda entre las manos y la acarició con delicadeza, se notaba que el jersey estaba hecho a mano, tenía esa ligera aspereza que poseen las prendas caseras la cual las tiendas eliminan mediante magia, con hechizos suavizantes. El diseño del jersey tenía un patrón un poco más burdo del que ella estaba acostumbrada a usar, pero de alguna forma a ella le parecía más encantador. Y el olor que desprendía, no era como el que solía salir de los paquetes de Navidad envueltos en ese papel marrón, sino que olía su hermano, olía a Ron. Las lágrimas que había estado acumulando en sus ojos durante toda la noche, por fin salieron. Con el jersey entre sus brazos se tumbó en la cama sin hacer de su hermano y corrió las cortinas del lado de Seamus para evitar despertarle, pero dejó la más cercana a la ventana sin cerrar para que la luz de la luna le bañase la piel y así evitar dormirse. Sin poder evitarlo, Ginny se hizo un ovillo en la cama, mientras abrazaba con fuerza y aspiraba el olor que salía de la prenda que sostenía en sus manos, no gimió, ni emitió ruido alguno, hacía tiempo que había aprendido a llorar en silencio, cuando sus pesadillas en segundo se volvieron tan frecuentes que no había noche en la que no despertara a sus compañeras a gritos, pero los espasmos si que sacudieron su cuerpo entero, eso nunca había aprendido a manejarlo.
Quiso parar de llorar, se echó la bronca mentalmente a sí misma una y otra vez, mientras se repetía que llorar era para débiles y que llorar no solucionaba nada, pero eso no evitó nada, llevaba meses aguantando todo eso, y ahora que había empezado no había quien lo parara. Lloraba por el dolor físico que había sufrido a diario desde el primero de septiembre; lloraba por el agotamiento mental que le producía estar en ese castillo, un sitio que había amado durante los últimos cinco años; lloraba por las camas vacías, los huecos sin llenar en clase, y los espacios desocupados del gran comedor; lloraba por las torturas el miedo y la preocupación que se habían vuelto una constante en su vida; lloraba por sentirse impotente ante el sufrimiento de otros y en especial ante el de sus amigos; lloraba por todos esos amigos que habían sido encarcelados en un lugar inmundo como Azkaban solo por ser hijos de muggles; lloraba por la incertidumbre, el miedo y el pánico de lo que le estuviera sucediendo en su casa a su familia, gente que arriesgaba la vida todos los días por acabar con ese horror; lloraba por Tonks quién estaba embarazada y vivía con la amenaza constante de su tía psicópata sobre su cabeza y por Ted Tonks quién se había visto obligado a huir por ser hijo de muggles sin saber sí algún día conocería a su nieto; lloraba por Ron, Harry y Hermione, quienes se habían marchado sin decir una palabra en una misión suicida. Por todo eso, y más lloraba desconsolada en la cama de su hermano mayor, aspirando el olor de alguien a quien no sabía si volvería a ver nunca y quien tantas veces le había intentado proteger de todo mal. Y así, de alguna forma se quedó dormida.
Ginny despertó al amanecer, cuando los primeros rayos de sol le dieron en la cara, tumbado a su lado abrazándola se encontraba Neville, el chico debía de haberse despertado en algún momento de la noche y en vez de haber acabado con su sueño había decidió ponerse junto a ella. Ginny se acurrucó contra el, buscando sentirse protegida, y Neville aun dormido no la decepcionó, la apretó más fuerte reafirmando su abrazo y buscando consolarla como podía. Weasley se quedó un rato allí, acurrucada en el pecho de su amigo, sintiéndose protegida y querida aunque el abrazo no viniese de parte de quién había ido a buscar. Cuando le quedó claro que ya no volvería a dormirse se incorporó y con sigilo salió de la habitación, aún llevaba el jersey marrón en la mano, y cuando llegó a la sala común se lo puso, en vez de subir a su cuarto se sentó en un alfeizar interior de la ventana de la torre desde dónde era capaz de ver el límite del bosque, junto a este la pequeña cabaña de Hagrid y un poco más al este el lago azul que ya había comenzado a helarse. Estuvo ahí un rato sola, sin pensar en nada, solo contemplado el paisaje imponente que había frente a la ventana, poco a poco el sol fue elevándose sobre el lago y los estudiantes comenzaron a bajar desde sus habitaciones. Algunos la saludaron al pasar, otros solo la miraban, y había quienes ni se dieron cuenta de que estaba allí sentada.
- Yo solía robarle ese jersey -dijo una voz suave detrás de ella - él siempre se quejaba y decía que no le gustaba nada, pero luego siempre me lo pedía de vuelta, así que creo que en el fondo le gustaba.
- Ron odia el marrón, pero somos tantos que a mi madre se le olvida que color le gusta a cada uno -respondió Ginny haciéndose a un lado para dejar hueco a la rubia junto a ella.
- ¿Siempre ha sido así no?
- ¿Así cómo?
- Ron, -Lavender hizo una pausa midiendo sus palabras y procurando no ofender a la pelirroja -Ron, siempre ha sido el hermano olvidado -viendo la crispación en el rostro de Ginny, Brown continuó explicándose -no es tan revoltoso como los gemelos, ni es una chica como tú, y al final eso ha hecho que recibiera menos atención -la rubia fue bajando la voz poco a poco hasta casi hacerla un susurro -o al menos esa es la sensación que tengo.
Ginny exhaló dejando que la tensión se relajara de sus hombros, sabía que Lavender no lo estaba diciendo con malicia, la chica había querido mucho a Ron durante su corta relación, y en el fondo la rubia tenía razón.
- Supongo que sí -explicó Ginny -Ron nunca dio problemas de pequeño, estaba ahí, obedecía y hacía caso, además era muy sonriente siempre aunque los gemelos se portaran mal con él, nunca se quejaba y siempre me cuidaba. Por eso creo que puede que tengas razón y que pasara a un segundo plano, Bill, Charlie y el otro -dijo evitando decir el nombre del traidor de su hermano -eran demasiado mayores y ya no estaban en casa y ellos ya lo habían hecho todo: prefectos, capitanes de quidditch, premio anual..., Fred y George siempre han sido agotadores, y yo pues era la pequeña y la única chica, mamá sola no podía con todos y hacía su mejor esfuerzo, pero siete hijos son muchos hijos.
- Creo que por eso salió conmigo -respondió Lavender, Ginny la miró inquiridoramente y ella continuó -a mi me gustaba él, Ron, nadie más. Yo le prestaba atención y le ponía por delante de todos, incluso que del famoso Harry Potter y la brillante Hermione Granger -Brown sonrió con tristeza -lo peor es que nunca le guste, solo le gustaban mis atenciones, Ron nunca fue malo conmigo, pero yo fui una tonta y realmente no vi de quien estaba enamorado.
- ¡No fue su culpa! -Lo defendió Ginny.
- No, claro que no -estuvo de acuerdo Lavender -pero tampoco fue culpa mía.
- Supongo -se hizo el silencio durante unos segundos entre las dos.
- ¿Crees que algún día conseguirán estar juntos? -Preguntó la mayor.
- Si sobrevivimos a esta guerra yo me encargaré de que lo hagan -Brown sonrió con sinceridad
- Espero que Hermione este bien -dijo Lavender, Weasley la miró sorprendida -no somos grandes amigas, pero no quiero que le pase nada malo.
- Es Hermione -replicó Ginny -sabe cuidarse.
- ¿Y cómo va el tratamiento de Ron?
La pregunta pilló desprevenida a la menor de las dos chicas, ¿de qué hablaba Brown?, durante unos agonizantes segundos se quedó mirando a la chica con aire confundido sin saber que responder, luego recordó que Ron estaba supuestamente enfermo en casa con spattergroit y nadie debía saber que no era cierto, por eso Ginny había mantenido la mentira en todo momento, ni siquiera sus amigos más cercanos sabían la verdad.
- Mis padres no me han dicho nada en sus cartas, -dijo improvisando un poco, aunque era cierto, hacía tiempo que no recibía carta desde casa -así que supongo que no habrá mejorado o me lo hubieran contado, solo espero que no vaya a peor.
- Seguro que no -animó Lavender pasándole un brazo por los hombros.
Se quedaron un ratillo así en un silencio que para nada resultaba incómodo, hasta que apareció Demelza y mandó a la pelirroja a cambiarse, Ginny se despidió de Lavender y subió las escaleras con pesadez a darse una rápida ducha, ponerse el uniforme, y hacer la mochila para clase. Sí quería que el día no fuera de mal en peor debía ser puntual, los Carrow no servían para profesores pero desde luego no toleraban la impuntualidad, y ya bastante tenía la pelirroja con que haber faltado más de una semana a clase. Sin embargo, justo antes de salir del cuarto, por el rabillo del ojo atisbó el jersey marrón que había dejado encima de su baúl y lo guardó en su mochila junto a sus libros, esperando que le proporcionara algún consuelo durante el día.
Ginny no apareció en el gran comedor para desayunar, no tenía hambre y no creía que pudiera soportar el centenar de ojos que se posarían sobre ella si lo hacía, era mejor que el rumor de su retorno se fuera esparciendo poco a poco por el castillo, y no que todos la miraran como un auténtico freak show nada más entrar. Los más probable es que para la hora de comer todo el mundo ya lo supiera, y nadie se sorprendería al verla entrar en el gran comedor, o al menos no habría tantos rumores. Así que en su lugar, fue directamente a su primera clase de el día, que era encantamientos.
Sí bien el profesor Flitwick actúo como sí la pelirroja hubiera acudido a clase toda la semana, cuando el jefe de ravenclaw se paseó entre las mesas corrigiendo los encantamientos le dirigió unas palabras de animo a la joven y le dedicó una sonrisa calurosa. Las cosas fueron ligeramente diferentes en la siguiente clase, que era Aritmancia y estaba impartida por la profesora Vector, Séptima sí que dio la bienvenida a Ginny, cosa que no era sorprendente teniendo cuenta que para el nivel de los EXTASIS solo quedaban 6 en esa clase y la ausencia de la Weasley había sido muy notoria toda la semana pasada. Pero cuando llegó el turno de Estudios Muggles, Ginevra estaba asustada, los nervios que había ido rehuyendo todo el día por fin la alcanzaron y la pelirroja no sabía que hacer con ellos. Ginny sabía que no haber aparecido por clase en toda la semana pasada iba a traer fatales consecuencias para ella, claro, eso solamente sí no se tenía en cuenta que había desaparecido del castigo por arte de magia sin que la despacharan los Carrow. Sin embargo, Ginny decidió no dejarse amedrantar por esos matones de tres al cuarto, puede que su cuerpo siguiera gritando en agonía cada vez que andaba un poco más rápido de lo que debía, o que le hubieran quedado algunas nuevas cicatrices de las torturas, pero eso no iba a hacer que se doblegara ante esos dos mortífagos. No obstante y a pesar de la incredulidad de muchos, no paso nada extraordinario en Estudios Muggles. Cuando Alecto Carrow la vio, no hizo amago algún de reconocer su presencia, tampoco se dirigió a ella en ningún momento, o le exigió quedarse después de clase, Ginevra Weasley era una alumna más entre el montón, y la pelirroja no podía estar más contenta de ello.
Esa fue su última clase del día, ahora que Ginny estaba en sexto y ya había pasado los TIMO'S, cursaba menos clases, las "necesarias para tener un buen futuro", había dicho su madre, y eso hacía ella, aunque realmente no sabía con que perspectivas de futuro tendría, porque como las cosas siguieran así ella no tendría ninguna. El caso es que ese día, Weasley solo tuvo 3 clases, y todas ellas fueron por la mañana, temprano y seguidas, por lo tanto la chica para las 12:00 del mediodía ya estaba libre, así que Ginny fue a hacer después de la hora de comida, se asentó en la biblioteca para ponerse al día con todo lo que se había perdido, una vez terminó eso busco un libro de magia médica esperando quizá encontraría algún hechizo nuevo que pudiera serviles al ED, y cuando eso pareció no dar resultado buscó un libro de pociones de dónde podría sacar otras cosas útiles, así las horas pasaron volando. Por la biblioteca no aparecieron ninguno de los hermanos Carrow, pero sí los alumnos miembros de su grupo de soplones, quienes informaban a los mortífagos de como estaban las coas en Hogwarts, Ginny no sabía si por gusto propio o con la esperanza de obtener privilegios, como no ser torturados en clase. Y para cuando el día empezaba a llegar a su fin y la hora de la cena finalmente se acercaba, Weasley anduvo hasta la torre de Gryffindor para dejar sus cosas.
Iba casi llegando al tercer piso cuando se topó de frente con Peeves, quien se puso a cantar esa canción que ella se había inventado en su primer San Valentín en Hogwarts para Harry, el poltergeist solo lo hacía con la intención fastidiarla, pero sí algo no había conseguido Ginny aquel año era desarrollar paciencia para lidiar con gente o entes como Peeves. Weasley desesperada intentó por todos los medios que el poltergeist se moviera de su camino, pero cuando el bicho no lo hizo la adolescente sacó su varita del bolsillo para hechizar a la criatura, con tan mala fortuna de que en ese momento apareció una de las personas que menos deseaba ver.
- Cinco puntos menos para gryffindor -dijo una voz que arrastraba las palabras -¿acaso aún no ha aprendido que está terminantemente prohibido usar magia en los pasillos Weasley?
Ginny se giró con lentitud y clavó sus ojos marrón chocolate bañados en desprecio en los negros del director, sí este percibió el asco de la pelirroja no dijo nada al respecto.
- Le he hecho una pregunta responda -ordenó con prepotencia.
- No he hecho magia -contestó ella con sequedad.
- Pero estaba a punto -el pelo graso caía sobre su cara creando sombras oscuras en ella, dándole un aire más autoritario.
- Eso no puedes probarlo -replicó Ginny.
- Hábleme con respeto Weasley, soy su director -afirmó Snape.
La adolescente no hizo ni el amago de contestar mordiéndose la lengua, no queriendo recibir otro castigo por hablar demás, sabía que el viejo murciélago no dudaría en castigarla si tuviera la oportunidad, desde luego no había dudado ni un segundo en arrancarle la oreja a George con magia oscura. Peeves había desaparecido ya del pasillo, pero había dejado a la pelirroja en una situación de la que podría salir verdaderamente mal parada.
- Déjeme decirle Weasley, que le convendría seguir un poco más las normas -empezó a decir el mortífago con lentitud -por lo que tengo entendido ya ha faltado la semana pasada a clase por una indisposición, no creo que quiera tener que trabajar el triple esta por algún castigo extra.
Ginny no contestó, pero se mordió el labio con fuerza, como odiaba a ese patético intento de ser humano, y le odiaba aún más que a Tom Riddle. Los dos se quedaron mirándose el uno a otro con desafío en la mirada, ninguno cediendo terreno al otro. Tan absortos estaban que no se percataron de que dos personas más se acercaban donde estaban ellos, al menos no hasta que una de ellas habló.
- ¿Pasa algo Snape? -Preguntó Amycus Carrow queriendo tener cualquier excusa para castigar a la pelirroja.
Severus se tomó su tiempo para responder pues seguía mirando a la joven, quien se había tensado en su lugar, después de todo había sido él quien la había torturado hasta casi matarla.
- No Amycus -replicó el director con calma -no ha pasado nada.
Ginny contuvo el gesto de sorpresa, no entendía porque Snape no había dicho que hacía tan solo un segundo ella había estado a punto de cometer un acto prohibido, pero no quería delatarse delante de los sádicos de los Carrow.
- ¿Seguro? -Insitió esta vez la melliza malvada -no es normal verte hablando con estudiantes, menos con Weasley -el apellido de la joven sonaba a insulto en la boca de ella, y Ginevra se sintió orgullosa de ello.
- Weasley simplemente se ha visto obligada a preguntarme algo de pociones, puede que Slughorn sea ahora quien lleva la asignatura pero el viejo profesor carece de mi nivel de excelencia y para los alumnos que han superado el TIMO's de pociones a veces es insuficiente.
Si no hubiese estado tan concentrada en contener su gesto sin duda alguna la boca de Ginny estaría abierta de par en par ante la sorpresa, ¿a que jugaba Snape?
- Muy a pesar de Weasley sabe que soy el mejor para explicarle lo que pone en el libro de la sección prohibida "Moste Potente Potions".
Los hermanos Carrow se dieron por satisfechos con esa respuesta y decepcionados continuaron su camino, pero la sorpresa había desaparecido de Ginny para ser sustituida por el terror y la curiosidad, ¿cómo sabía Snape que libro de la sección prohibida había estado consultado hacía un rato para el ED? Weasley ni siquiera había pedido permiso para cogerlo, simplemente se había escabullido con un encantamiento desilusionador entre la verja y lo había tomado.
Ahora que los Carrow se habían alejado y el brillo de la confusión refulgía en los ojos castaños de la gryffindor, Snape volvía a parecer un murciélago abalanzándose sobre su presa, se acercó a ella arrastrando ligeramente los pies con lentitud y cuando estuvo cerca le susurró.
- Efectivamente Weasley, sé absolutamente todo lo que pasa en mi colegio que no te quepa ninguna duda, no hay ni un solo libro, actividad o club que escape de mis conocimientos.
Y tras decir eso se alejó a paso rápido de allí dejando un sabor amargo en la boca de la pelirroja, la forma en la que había dicho club, casi como sí se estuviera riendo de un chiste interno le había puesto los pelos de punta, ¿acaso sabía lo del ED?, ¿y entonces sabría quienes formaban parte del ejercito?. Esta en vez de dirigirse a la torre de gryffindor como tenía pensado anduvo hasta la sala de los requerimientos dónde un par de horas más tarde asistiría a una reunión. Ginny no había comido nada en todo el día, y el poco hambre que había notado hacía un rato había desaparecido, sentía la boca seca y el estómago pesado, como sí tuviera piedras dentro. ¿Y ahora como les diría a todos que Snape sabía la verdad sobre ellos?
Cuando la gente fue llegando poco a poco a la reunión al cabo de unas horas, la cara de Ginny fue suficiente para delatar la situación comprometida en la que estaban, pero la pelirroja se negó a contar nada hasta que estuvieran todos. Finalmente, una vez el último miembro tomó asiento, Weasley no perdió el tiempo en relatarles lo que había ocurrido en el pasillo y sus sospechas acerca de Snape.
- Con eso que nos acabas de contar no cabe duda que Snape sabe lo del ED -dijo Padma Patil con la cara blanca de terror, hubo muchos murmullos y la gente empezó a removerse incómoda en sus asientos.
- ¿Y nos sorprende? -Pregunto Michael Corner -quiero decir literalmente en Halloween pintasteis las paredes.
Hubo un asentimiento general, alguno parecía enfadado, muchos otros parecían asustados, había poco que parecieran verdaderamente sorprendidos.
- Sino lo hubiera hecho jamás hubiéramos mirado los falsos galeones -defendió Ernie con esa lealtad característica de los hufflepuffs.
- Michael no les ha acusado de nada -replico Lisa -simplemente ha señalado lo obvio.
- Hay mejores maneras de decirlo -declaró Hannah Abbott.
- Lo que es absurdo es pelearse por eso -cortó Neville la pelea de cuajo -puede que las pintadas no fueran la mejor idea, -admitió el chico -pero en ese momento estábamos aterrados, solos y desesperados y no se nos ocurrió nada más. Ya no podemos dar marchas atrás, así que nada.
- A mi no me pareció mala idea -contradijo Hannah -queríais nuestra atención y la obtuvisteis fácilmente, fue muy eficaz -Longbottom sonrió con calidez a la chica quien le devolvió la sonrisa con un ligero rubor.
- Nos estamos desviando del tema -declaró Ginny mirando con curiosidad a su amigo ante esa interacción. -Tenemos que decidir que vamos a hacer al respecto.
El silencio duró un rato, mientras todos se miraban tensos, a nadie se le ocurría nada, lo más fácil era desmantelar el ED, pero nadie quería volver a sentirse como había descrito Neville, y sin el ED lo harían. Finalmente fue Seamus quien rompió el silencio.
- Sinceramente no se me ocurre ni una buena sola solución a nuestro problema -comentó con total relajación, como si estuvieran hablando del tiempo -lo único que se con certeza es que: tu si que sabes hacer una entrada pelirroja.
Se oyeron varias risas resignadas a lo largo de la sala, y Ginny no pudo más que estar de acuerdo con el chico de cabello color arena.
Lo siento he tardado siglos no tengo excusa, pero aquí tenéis el siguiente cap, espero que os guste, si veis algún fallo en cuanto nombres, gramática, ortografía, etc... decídmelo porfi e intentaré cambiarlo. En cuanto a lo demás si queréis dejarme alguna observación o comentario ya sabéis que lo valoro mucho.
Dedico este capítulo a todos los que me animas a seguir escribiendo en especial a aquellos que apreciáis esta historia y me lo demostráis. Sobre todo a ChiaLobosca y a Aline Weasley.
Chia leí tu comentario, ¡te lo agradezco muchísimo!, me animas a seguir escribiendo, no te preocupes no voy a parar hasta tener la historia terminada aunque me lleve mucho tiempo. Personalmente siempre he creído que Neville empieza a crecer y a creer en sí mismo en el quinto libro, pero que la evolución es lenta hasta que llega a séptimo cuando debe tomar el rol de líder y dirigir a todos así que hacía ahí enfoco un poco las cosas. Respecto a lo de Gin, creo que la relación del "trio de plata", es de alguna forma casi más cercana a la que tienen Harry y Ginny, igual que la que puede ser la del trio de oro. Porque al final los tres viven cosas juntos que nunca han vivido con nadie más, y los apodos y tal muestran una cercanía y confianza única, pero entiendo tu punto de vista.
Se despide por ahora,
B.
