El aíre es frio como el cristal.
Tal vez porque es invierno y Emiya Shirou abre los ojos, buscando el origen de la baja temperatura. Observa su alrededor por unos segundos, analizando los detalles que lentamente se aclaran.
Es como que algo estuviera fuera de lugar, pero solo es el cobertizo de la mansión Emiya, llena de basura que ha acumulado durante los años, algunas proyecciones y electrodoméstico que ha arreglado.
Bostezó e hizo estiramientos para refrescar su cabeza ¿Qué es lo que estaba haciendo? Lleva puesta sus ropas de trabajo, manchadas con aceite. Estaba trabajando con una estufa, aunque no recuerda si la terminó de arreglar. Nada fuera de lo común.
Se agachó y la tocó, disparó sus circuitos y una sensación cálida, como si sus venas se llenarán de agua caliente. Líneas verdosas recorriendo su brazo hasta alcanzar la punta de los dedos.
Analizó la estufa.
Perfecto estado, bueno, es algo vieja y está seguro de que tendrá que revisarla o tal vez comprar una nueva, pero para lo que queda del invierno, si no sufre un fuerte golpe, cumplirá su propósito. Sonrió levemente y se la llevó para la casa. Los tejados de la mansión están cubiertos de nieve y el camino también. Anotó en su mente las labores diarias y camina con la estufa hasta el comedor, en donde la instaló.
Aún es temprano, así que después de pensarlos unos segundos y olerse, decidió darse una ducha y preparar el desayuno. Conociendo a Fuji-nee, tendrían que cocinar para cinco o mejor dicho seis personas, ella contaba como dos o incluso tres. Tal vez eran ocho porciones son las adecuadas.
(*)
El desayuno estaba listo. Solo faltaba preparar el postre, que sería una gelatina. hervía el agua cuando una cabeza se apoya en su espada.
—Shirou, quiero albóndigas—susurró Illya a la vez que bostezaba como uno oso, la hermana mayor del pelirrojo parecía más dormida que despierta. Apenas se mantenía de pie y aplastó su cara contra la espada de su hermanito, aún lleva un pijama rosa.
El chico negó con la cabeza.
—Hoy toca comida japonesa. Comimos comida italiana hace dos días.
—Pero me gusta la comida de Shirou.
—Significa que te gustará lo que estoy cocinando.
—Si, pero quiero comida italiana.
—No te puedo malcriar.
—¿Malcriarme? Soy la hermana mayor, es mi deber malcriarte—refunfuño como una pequeña niña.
Y antes que pudiera responder, una risa les interrumpe.
Emiya Kiritsugu, el padre de ambos les sonríe con calidez y saluda a la par que frotaba su leve barba, barba que lo hace envejeces diez años.
—Una mañana bastante animada, por lo que veo—bosteza con un gesto extrañamente parecido a Illya y abre sus grises ojos con interés cuando su nariz reacciona—. Eso huele delicioso, Shirou.
Shirou le devolvió la sonrisa.
—Estará listo en unos minutos.
Kiritusgu afirmó y junto a Illya, prepararon la mesa, para seis. Bien, no habían olvidado a Fuji-nee. Ahora está ocupada por sus deberes de profesora, pero siempre que tiene la oportunidad aparece para un buen desayuno, almuerzo o cena. A nadie le molesta, es parte de la familia.
Una persona más entró a la habitación. Respira profundamente, absorbiendo los olores que le llamaban y a la vez que intentaba controlar sus rojos cabellos revueltos en una trenza rudimentaria. Unos ojos verdosos como las praderas le observaron, la mujer daleó la cabeza, regalándole con una amplia sonrisa.
Una sonrisa maternal.
Algo está mal, susurró una voz en su cabeza.
—Luca—dijo con una voz llena de calidez que conoce muy bien y el mundo se puso de cabeza.
Shirou se resbala y se golpea la cabeza con la esquina de la cocina.
—¡Luca! —exclamó con horror y corre hacía el, preocupada.
No puede ser…, pensó Shirou con un nudo en la garganta y ojos llorosos. Ella… es su madre, pero ¿Por qué reaccionó de esa forma? Se siente como si fuera la primera vez que la ve, pero es la misma de todos los días, la que siempre ha estado con él. Ignora el punzante dolor y ve su rostro. Una mujer que suele ser confundida con una universitaria, aun cuando es mayor que el viejo.
Esa es Saijo Elza, una madre afectuosa y enérgica. Le revisa la frente en donde se golpeó con el mueble, estaba sangrado. No le movió, revisaba la herida levantando sus cabellos, se golpeó en la sien.
—Mamá…—susurra y la palabra parecía alienígena.
—Estas sangrando. Illya tráeme el botiquín—Ordena con preocupación, realmente se preocupa por él, aunque no debería pensarlo mucho, porque es su madre, claro que se preocupa por él.
—¡Si! —exclamó su hermana, corriendo en búsqueda los primeros auxilios.
Kiritsugu se acercó junto a la pelirroja, alarmado mientras dejaba un plato al lado.
—¿Qué te pasó Shirou? ¿Te tropezaste o tuviste una decaída?
El niño no respondió, realmente el golpe le había afectado más de lo que esperaba. La imagen de sus padres juntos es difusa.
—Creo—susurra como si fuera un niño perdido—, no lo sé, simplemente me caí.
—Mmm eso es extraño—juega un poco con su barba—, tal vez tengamos que llévate al médico.
—No, no. Estoy bien, puedo servir el desayuno—intenta levantarse, pero es detenido con una sola mirada que le hizo sentirse como un niño de siete años. No recordaba esa mirada, pero entiende lo que debe hacer. Callar y agachar la cabeza.
—Nada de eso—exclamó la mujer—tú no te mueves hasta que revise la herida ¡Estas sangrado, Luca!
—No duele tanto—protesta para su propia sorpresa.
—Eso es un alivió, pero eso no significa que no sea profunda. déjame revisar y ahí consideraré que te puedes levantar—Concluye con toda autoridad.
—Viejo, discúlpame con Fuji-nee, nunca más podré preparar su desayuno. Dile que nunca pude volver a levantarme y que tendrá que buscar un nuevo chef personal.
Kiritsugu soltó una risita.
—Parece que está bien, Elza, es todo un comediante.
Ella suspira con designación.
—Al menos sigues manteniendo tú humor, pero no te levantaras hasta que revise bien esa herida.
—¡Mamá! —Illya llegó con corriendo con el botequín entre sus manos—¿Cómo está Shirou?
—Gracias Illya, en espíritu sigue igual, pero revisemos esa cabeza para ver si aún sigue funcionando. Limpiemos la sangre y veamos qué tan profundo fue.
(*)
Solo fue un leve golpe en la cabeza, no fue contundente, pero la punta del mueble le hizo una herida que dejará una cicatriz, pero no era nada grave. Un parche en su frente y no habrá ningún problema. No estuvieron más de diez minutos, así que podría volver a la cocina, lo que su madre no le dejó y lo mandó a sentarse.
Illya reclamó el lugar a su lado, atenta como una hermana mayor, pero Shirou la distrajo con la comida.
Sus padres tomaron el otro lado de la mesa, bastante juntos. Kiritsugu es menor que Elza, pero aparenta ser mayor a ella, aunque no le ayudaba que ella aparentara menos. Ojos oscuros de melancolía y ojos claros risueños, aunque estos últimos también tienen un aíre de pesar, pero cuando estaban al lado del otro, parecía que aquel peso que ambos tenían se hacía más ameno.
Padre, madre, hija e hijo. Cuatro son los residentes de la casa Emiya. Un matrimonio y sus dos hijos, una familia normal, aunque ambos hijos son de una relación anterior de la pareja, pero son detalles que no hacen menor la unidad de la familia Emiya.
Está calidez es la usual, pero puede ser muy adictiva. Realmente había reparado bastante bien la estufa, pensó Shirou.
—¿Te quedaste toda la noche en el cobertizo, Shirou? —se sobresaltó al darse cuenta de que le hablaban a él, se había quedado mirándolos. Kiritsugu le dio una mirada de curiosidad al darle un vistazo a la estufa, aunque está claro que sabe la respuesta.
—Si, Ahora debiera funcionar por lo que queda del inverno sin problemas, mientras no le den un golpe.
Le dio una mirada a Illya y frunce el ceño, quejándose abiertamente que no le moleste con sus juegos con Fuji-nee (La cual no llegó, debe estar muy ocupada por el trabajo).
—Bien hecho y gracias—Dijo Elza—pero ya lo sabes, no me gusta que te duernas en el cobertizo.
Está seguro de que han tenido bastantes veces está conversación, pero no únicamente relacionado a este tema.
—Se que lo que haces es importante, pero siempre te olvidas cuidarte. Si no duermes bien, no podrás cumplir las metas que te impongas—Su mirada es reflexiva—. Te terminara pasando factura y sé que no quieres fallarle a los demás, enfócate en descansar en tú habitación por un par de días y puedes volver a trabajar en las noches.
—Eso haré, mamá.
Su madre le sonríe con ternura. Shirou no puede controlar la sonrisa infantil que surge en su propio rostro y solo se podía sentir como un pequeño niño que admira a sus padres como si fueran superhéroes.
(*)
Shirou se retira de la mesa para lavar la loza, pero Elza le siguió, como suele hacer. Ambos son los encargados de lavar después de cada desayuno, almuerzo y cena. Aunque es el quien hace el desayuno, el almuerzo lo suelen hacer juntos y la cena la hace ella. A Shirou no le molesta ser el encargado de todas, pero su madre le dice que tiene que relajarse.
—¿Estás seguro de no quieres quedarte en casa? Descansar un día no te hará mal, luca.
—Sigo de pie, no voy a fallar a mis responsabilidades por una pequeña caída
—A veces me pregunto de donde nació tú sentido de responsabilidad, siempre lo has tenido tan marcado.
—Una crianza de dos buenos padres, ¿Tal vez? Ambos me mostraron responsabilidad, cumplir con el deber.
—Diría que te criamos bien—afirmó para sí misma—. Por otro lado, un descanso nunca es malo ¿Cómo está esa cabecita tuya? Parecías atónito.
—Solo… fue un mareo.
—Por eso te digo que descanses. Quédate aquí, déjame mimarte alguna vez, casi siempre te levantas antes que yo.
—Agradezcamos que soy yo quien se levanta primero, y no Illya o Kiritsugu.
Elza comenzó a reír.
—No seas así, ellos lo intentan cuando pueden… aunque estaría bien que la carne estuviera menos quemada o cruda…
—Tal palo, tal astilla.
—Se nota mucho en esos dos, aunque diría que eres tú, quien se parece más a Kiritsugu. No cambies el tema.
—Perdón, mamá.
Elza sonríe con cariño y le da una palmadita en la cabeza.
—Bien, no te seguiré insistiendo. Si consideras que te encuentras bien, confiare en tú percepción, pero sabes lo que pasara si me entero de que el cansancio te está afectando.
—Lo sé, nada de entrenamiento mágico o kyudo—no sería la primera vez, aún recuerda cuando no le permitió participar en el último torneo de Kyudo por entrar a una pelea con unos chicos mayores que maltrataban a uno menor, Ayako y Shinji querían colgarlo, principalmente el último, porque terminó involucrándose en el proceso.
—Exactamente, mi pequeño ha crecido tanto que ahora conoce las consecuencias de sus actos—bromeo Elza, para después detenerse y observar a su hijo, inmediatamente sonríe como una niña y abraza a Shirou—Nada de pequeño, mi hijo ya es un hombre, un buen hombre. Que suerte tiene la chica que se robó tú corazón.
—Mamá…
—Pero no te confíes—retoma su seriedad—, sigue mejorando y creciendo, ya eres un buen hombre, espero que en diez años más seas un gran hombre—Su mirada es profunda y parece que no le mira, si no que observa algo que hay más allá—. Será difícil, la vida no es fácil, pero sigue siendo tú mismo, mantiene tú principios y crece, aceptando tus fallos y virtudes, siempre mejorando.
Shirou sonríe con vergüenza.
—¿Cuándo se convirtió esto en una charla motivadora?
Elza suspira y cruza los brazos, afirmando para sí misma.
—Una madre tiene sus epifanías, principalmente cuando se pregunta cómo es posible que eso saliera de su cuerpo.
Ella vuelve a sonreír y le abraza. Shirou la envolvió en sus brazos. Lo que decía Elza, tenía sentido. Aunque sintió algo raro, ella era un par de centímetros más bajo que él. ¿En qué momento creció tanto? Si hace poco era tan alta, él no le alcanzaba ni los hombros. Se aferra a su madre, como si no la hubiera abrazado en años, pero ella siempre ha tenido la costumbre de abrasar y no soltarle.
Siempre le ha gustado ser abrazado por mamá, su primer recuerdo es un cálido abrazo.
—Sigue creciendo y sigue tú camino, pero no te olvides de tú madre ¿Okey?
—Nunca podría olvidar—Shirou le sonríe, aunque siente como si una aguja al rojo vivo se clavara en su corazón.
Terminaron de lavar los platos y comenzaron a cocinar. Al rato, Illya llamó a Elza para que le ayudara con su cabello. Se disculpa con su hijo, pero Shirou no tiene ningún problema y sigue cocinando solo, pero había unos ojos en su espalda. Claro que quería hablar.
—¿Para algo, viejo?
—Mmm… esa frase… no, mejor ignorare eso—Suspira con una expresión inescrutable—Realmente te has convertido en un hombre y no lo digo por tú altura o edad, simplemente has madurado.
—Esos dicen todos—dice con orgullo.
—Se te está subiendo a la cabeza, eso no es muy maduro de tú parte, Shirou.
—Tal vez, pero si todos los dicen, tiene que ser por una razón.
—Puede ser, pero, aun así, seguirás mi sueño—expresa con la frialdad de un asesino.
Y la mente del chico, se detiene por unos segundos. Recuerdos de una noche bajo la luz de la luna, un deseo más antiguo que él, sueños rotos, la fragilidad de la vida y una promesa al hombre que admira. Emiya Shirou tiene y sigue un sueño, el sueño de su padre. Ser un héroe de la justicia, por el niño que no pudo cumplir su deseo al crecer. La admiración llevada al extremo.
Recuerda que, al despertar en la mañana… ambos fueron regañados por las chicas de la casa.
Prometió seguir su sueño, cumplir aquel deseo incumplido, pero no es solo por una promesa, es mucho más.
—Lo he hecho mío.
—¿Hecho tuyo? —la confusión en su rostro es extraña.
—¿Cómo explicarlo? —Shirou duda con gran expresividad—No lo sé, simplemente siento que lo he hecho mío. No solo lo sigo porque lo prometiera, la promesa es importante, pero al final, lo sigo porque lo consideró hermoso. Ayudar a otros, no puede ser un pecado. Seguiré este sueño a mi manera y cuando se cumpla, mirare a todos con una sonrisa, aunque haya una cuerda en mi cuello.
—Eso…—Kiritsugu frunce el ceño— es muy sombrío, incluso para un adolescente—Se acerca y comienza a jugar con el cabello de su hijo en movimientos rusco—no imites el aíre melancólico de tú padre.
—Es difícil no imitar los hábitos de tú padre.
—Mmm no sé cómo responder a eso. Esto es más complicado que simplemente salvar a otros, ya te lo he dicho, salvar una vida, es abandonar a otra.
—Lo sé, pero eso no significa que no lo intente.
Kiritsugu suspira y vuelve a jugar con el cabello de su hijo, pero con mayor suavidad.
—Lo repito, no seas un hombre melancólico. Sonríe más seguido, aunque tú sueño será difícil de alcanzar, no ignores a la vida, te arrepentirás si lo haces y también veo que no vas a retroceder con eso, intenta vivir al máximo cada día, consigue una novia o dos.
El aíre se esfuma como si nunca hubiera existido.
—Ese es un consejo muy cuestionable—Shirou le mira con disgusto—¿No estarás engañando a mamá? No te voy a cubrir.
—¡No es eso lo que quería decir! —Kiritsugu parece… muy arrepentido.
—¿Realmente lo hiciste?
—¡No!, es solo que… realmente no pensé… tuve una extraña relación antes de conocer a tú madre. Era inmaduro y tal vez lo sigo siendo, pero aprendí mi lección y nunca le haría eso a Elza. Le amo demasiado para hacerle eso.
—Viejo… me preocupas.
—Eso debería decir yo, mejor dejó de distraerte, si no llegaras tarde a clases.
(*)
Illya ya bañada y con las ropas de la academia Homurahada, le esperaba en la entrada de la casa, junto a Elza y Kiritsugu.
Elza se acerca, abraza a Illya, y esta le devuelve el abrazo. Kiritsugu le dirigió una mirada y se despidió con un movimiento de la cabeza y una sincera sonrisa que atrapa desprevenido al niño antes de ser atrapado por los brazos de su madre.
Cálidos, la única manera de describirlos.
Prolongo el abrazo todo lo que pudo, al punto que fue Illya quien lo arrastró hacía afuera después de despedirse con un abrazo de su padre. Mantuvo la mirada hacia atrás, observando a su padre y madre, los que se despidieron con un movimiento de sus brazos, mientras Kiritsugu abrazaba por los hombros a Elza.
—¡Vamos, Shirou! —se quejó Illya—llegaremos tarde.
—Perdón, estoy algo desorientado.
—Realmente te pegaste fuerte ¿seguro que no quieres quedarte?
—No te preocupes, estaré bien—. Golpea sus propias mejillas para despertar. Llevaba todo el mañana adormecido. Ilya pone los ojos en blanco al verlo.
Recorrieron un par de cuadras, hablando sobre los lugares que Illya quería visitar en otros países, como la Torre Eiffel, la Gran Muralla China y diversos restaurantes bastante famosos. Illya podía ser baja de altura, pero tenía grandes deseos de explorar el mundo. Realmente lo había pensado, pero el dinero que gana en su trabajo de medio tiempo no le da para un viaje como ese. Tiene el dinero del viejo, pero no se sentía bien usar su dinero. Para Illya no sería un problema usar el dinero de Kiritsugu, pero establecieron un acuerdo a los minutos de discusión.
—Bien, pagaremos nuestros propios pasajes y el resto de lo pediremos a Kiritsugu—expresó derrotada.
—Realmente no quieres trabajar.
—Claro que no, si Kiritsugu tiene el dinero ¿Por qué no aprovecharlo?
—… y resulto que yo soy el hermano menor.
—¿Qué quieres decir?
—Adivina.
Shirou comenzó a reír e Illya se molestó.
Pero se detuvieron cuando en una intercepción, se escuchaban bullicios y el resto de los transeúntes se detenía a observar, lo que imitaron los hermanos.
Varias patrullas cerrado la calle, alrededor de una casa, bomberos y una ambulancia se encuentran estacionados. Esto sería un caso aislado, un típico accidente en la ciudad, pero es la tercera vez en la semana. Escuchó los rumores en el tumulto, habían encontrado a una familia muerta.
Desde los padres a la hija mayor, solo sobrevivió el hermano menor que se ocultó bajo la cama. Los apuñalaron en el corazón y algunos decían que no habían robado y otros que sí, estos últimos decían que era la única forma de justificar un acto tan horrible.
Ese pequeño, le acaban de arrebatar todo y…
Illya jaló de su manga.
—Vamos Shirou, llegaremos tarde.
—Pero…—¿Por qué se detiene? ¿Qué es lo que planea hacer?
—Por favor, quiero ir a la escuela con mi hermanito—empujó con más fuerza y sus ojos están lleno de preocupación.
Shirou se dejó arrastrar.
Avanzan por el camino, se encuentran con otros alumnos que caminaban en la misma dirección, pero ambos hermanos no se separan aun cuando saludan ocasionalmente a algunos conocidos. Llegaron a la entrada de la preparatoria.
Su hermana toma la delantera, se da media vuelta, le mostró la lengua burlescamente.
—Realmente te pareces a Kiritsugu, a veces tienes que relajarte y experimentar algo nuevo.
—¿Qué es lo que quieres decir, Illya? ¿Quieres actuar como una hermana mayor? Al menos explica lo que quieres decir.
Hace un puchero y vuelve a burlase con la lengua y después, se aleja. Shirou hizo un ademan de alcanzarla, una voz le llamó de la espalda.
—Shirou—Una voz femenina le llama e inmediatamente se da media vuelta.
Una chica nerviosa que peina sus morenos cabellos con un movimiento torpe de su mano, casi parecía que ocultaba uno de sus ojos con sus mechones por pura timidez. Solo dejaba a la vista un ojo oscuro que le observaba con calidez.
Es Tachie, su novia.
Le saludo con formalidad y se posiciono a su lado, nota su herida y la preocupación invade el único ojo observable. Ella se acercó (demasiado), tocando con delicadeza su rostro. Extendiendo sus dedos desde las mejillas hacía arriba y levanta su cabello para ver bien.
—¿Qué te paso?
Todo malestar o pensamiento errático desaparece, respira con tranquilidad y sujeta las manos de Tachie alejándolas de su rostro, pero no las suelta.
—Nada, solo me caí y tuve un mal golpe.
—Eso no se puede considerar nada, Luca. ¿Acaso te volviste a pelear con alguien?
—¿Pelear? ¿Por qué iba a pelear con alguien? Solo fue una caída.
—¿Por qué iba a pelear con alguien? —imita su tono de voz y demuestra porque ella nunca tuvo un papel importe en alguna obra escolar—¿Qué clase de mentira es esa? Te llevo limpiando las heridas desde que tengo memoria. Siempre andas con Matou-kun buscando conflictos.
—No buscamos conflicto, solo hice lo correcto.
—Saltaste al peligro, pero no sigamos con esto, estoy segura de cual serán tus siguientes palabras. ¿Cómo te sientes? El parche es bastante grande.
—Estoy bien, no te preocupes. ¿Cómo estás? —la imagen del niño sin familia vuelve aparecer—La ciudad últimamente parece más peligrosa, estaba pensando que estaría bien si te acompaño a casa después de clases.
—Me encantaría, aunque no me gustaría que te quedes hasta tan tarde, como dijiste, se ha vuelto peligroso—ella cerró los ojos y murmuró—era más fácil cuando éramos vecinos.
—Al menos vamos al mismo instituto.
—Un pequeño consuelo, aunque aún extraño mi casa y volver juntos todos los días…
Hace más de diez años que no son vecinos, desde el incendió de Fuyuki, la casas de ambos estuvieron en el centro de la tragedia. Tuvieron suerte que ambas familias por diversas razones no estuvieran en sus hogares en el fatídico día en que todo cambio, todo se derrumbó.
Fueron salvado por una simple casualidad, un viaje con ambas familias, su madre se llevaba bastante bien con los padres de Tachie. Así que el viaje surgió, incluso en ese viaje conoció a Kiritsugu y a Illya.
Se podría decir que ese viaje mejoró su vida a mejor, pero no a más de quinientas personas que desaparecieron entre el humo y la ceniza. Una herida en Fuyuki que nunca será olvidada, una herida que nunca podrá cerrar.
¿Cómo hubiera sido su vida si el viaje no hubiera ocurrido? Se salvo por una coincidencia, pero los demás murieron. Incluso se enteró de algo, los cupos del viaje, a las termas, habían sido liberados hace unos días antes de la tragedia porque un cliente cancelo. Esa persona le salvo la vida, pero eso no es un consuelo.
Quinientas vidas consumidas.
Tachie le sujeta el brazo y le sonríe con pesadez.
—Perdón, me volví a perder.
—Solo procúrate en volver.
Por su cercanía, atrajeron unas miradas de estudiantes, pero avanzaron juntos hasta que se separaron en los pasillos. Pertenecen a distintas clases.
La miró antes de que desapareciera.
—¿Almorzamos juntos? —Shirou le llamó desde el otro lado del pasillo, atrayendo la mirada de los estudiantes que pasaban a su lado.
Ella se giró con sorpresa, le sonrió y volvió a acercarse a él, daleó la cabeza, exponiendo el ojo abajo del flequillo con una sonrisa adorable.
—Perdón, me comprometí al almorzar con unas amigas y no quiero molestar al presidente, pero si quieres pasamos a comer después de clase.
—Me encantaría—Ella le volvió a sonreír ampliamente y se despidió, perdiéndose entre los estudiantes.
Un sentimiento de vació le envolvió.
Avanza por el pasillo y los ventanales mostraban el exterior. El cielo le parece tan melancólico. Algunos dicen que es un sentimiento que trasmite el invierno, pero no es así. Se siente como si algo no estuviera bien y así era, los accidentes que estaban ocurriendo no son normales.
Pero no puede hacer nada, solo es un estudiante, como era un niño cuando ocurrió el incendio de hace diez años.
Y aun así siente que pudo hacer algo.
Pero no tiene sentido esa línea de pensamiento.
Al entras a su clase, lo primero que se encuentra es al presidente del consejo estudiantil.
—Emiya. No te vez bien ¿Ha pasado algo?
Issei, su amigo, uno de sus pocos amigos. Le recibe con su rostro serio de figura pública, pero cuando sus ojos suben a su cabeza, su temple desaparece y la preocupación aparece en su rostro.
—¿Te volviste a pelear?
—¿Por qué todos creen que me hice está herida en una pelea? —suspira y apunta su cara—¿Realmente tengo la cara de un delincuente?
—Cabello rojo y un parche, para un tercero, si, Para los que te conocen, tal vez.
—Disculpa por mis ancestros, los prejuicios de la sociedad japonesa y las injusticias.
—Entonces, me disculpo por mi prejuicio. ¿Qué es lo que pasó?
—Me caí.
—Resultó ser una situación mucho más amena.
—¿Amena? No pensé que le dirías eso a alguien se golpeó la cabeza con la punta de un mueble.
—Era eso o una pelea, prefiero una mala caída ante el conflicto innecesario—dijo con seguridad mientras se acomodaba los lentes.
—¿Conflicto innecesario? Si peleas por pelear, es un conflicto sin sentido. Si estás protegiendo a alguien, es salvación para el indefenso.
—Pero estas lastimando a alguien, ¿No es lo que odias, Emiya?
Shirou frunce el ceño mientras se acerca a su asiento y mira Issei, sentado en el puesto de al lado.
—Si, pero cuando no existe opciones. Es la opción que debes tomar, sin importar que duela, porque sabes que es lo correcto.
Issei lo pensó unos segundos y le dirigió una mirada.
—Tal vez tienes razón, pero tal vez preguntar antes de atacar. Al menos sabrás que no existía una opción pacífica y el peso de los golpes desaparecerán.
—Si veo a grupo de matones pateando a un indefenso, ¿Debo preguntar antes de actuar? Además, se pierde el factor sorpresa y para una pelea de grandes grupos, un ataque inesperado es un factor importante en cualquier conflicto. Si lo conectas en el momento más oportuno en el lugar correcto, puedes destruir toda estrategia o ventaja grupal.
—Eso ultimo si parecía el comentario de un delincuente.
—Tal vez—negó con la cabeza—parece que si he desarrollado la mentalidad de un delincuente.
—Aún puedes ser salvado, empieza con preguntar antes de actuar y tal vez logremos que dejes de pensar como un delincuente. También puedes unirte al templo y vivir la vida de un monje.
Shirou le sonrió y negó con la cabeza, mientras que Issei soltó una risita.
El profesor de la primera clase apareció. Comenzó a pasar la lista y solo un alumno faltó, Matou Shinji.
Shinji y Sakura llevaban dos semanas sin presentarse en el instituto.
—Emiya—llamó Kuzuki, el profesor de la última clase antes de almorzar. Su voz era la misma de siempre, una típica tonalidad neutra, de cual no se trasmite felicidad o enojo.
Bueno, esos rasgos describían al propio profesor. Por eso no era muy querido por un gran grupo de alumnos, a Shirou particularmente no le desagrada.
La clase había terminado, el resto de alumno se dirigían a comprar o sacaban sus almuerzos. Como de costumbre almorzaría junto a Issei en la sala del consejo estudiantil, pero al ser llamado por Kuzuki-sensei le dirigió la mirada al presidente, él cual afirmó y siguió su camino.
—¿Necesita algo, Kuzuki-sensei?
—No ha tomado atención durante toda la clase.
—Perdón, por alguna razón he estado distraído durante todo el día.
—No le preguntaré la razón del porque esta así, pero aun así debe enfocarse en lo que es importante, ignorando los inconvenientes o sentimientos que obstaculicen, porque en ocasiones es la única manera de cumplir su deber. En este caso, los estudios deben ser su prioridad.
Shirou abrió los ojos con sorpresa, no se esperaba un sermón de Kuzuki, pero lo que dice, tiene su sentido. Aunque no es como que la escuela sea su máxima prioridad. Es su obligación y lo cumplirá, pero tiene otros fines. Pero desde el punto de vista de un profesor, tiene sentido.
—Lo tendré en cuenta, Kuzuki-sensei.
El profesor afirmó en silenció y con un gesto se despidió. Shirou al verlo irse, sintió un pesar. Como si quisiera seguir hablando con él, pero tenía que almorzar, así que siguió su camino.
Al llegar, se encontró con Issei que lo esperaba y la vicepresidenta del consejo estudiantil, una chica de cabellos dorados y ojos que eran como las praderas más verdes y hermosas que alguna vez pudo observar.
Saber a notar su presencia, le sonrió con amabilidad y sería mentira decir que su corazón no se aceleró, pero inmediatamente recordó a Tachie y desapareció por completo la confusión.
—Saber, buenas tardes.
—Buenas tardes, Shirou. Así que hoy almorzarnos los tres juntos, perfecto ¿No te importa que te robe un poco de almuerzo? —dijo sin vergüenza, lanzándole una mirada profunda al almuerzo que aún no había abierto.
—¡Saber! —la reprendió Issei.
—Tranquilo, ya me esperaba está pregunta. Traje extra para los tres si se daba la situación.
El presidente suspiró y la vicepresidenta sonrió ampliamente, emocionada.
Los tres tomaron asiendo y Shirou repartió el extra que trajo entre los dos miembros del consejo estudiantil, obviamente con una mayor porción para Saber. Ya había aprendido que era necesario traerle un poco más que extra a la chica.
Tiene un gran estómago, principalmente cuando trata de la comida que él prepara. Lo que le hacía feliz, era como alimentar a Taiga, es satisfactorio alimentarlas.
Issei dio una mirada a los dos platos y aunque no lo expresó en voz alta, Shirou sintió una queja por su porción más pequeña.
Shirou soltó una risita.
—La próxima vez traerá una porción más grande para ti, Issei.
El estoico presidente se ruborizó como un tomate.
—¡Yo no he dicho nada!
—No es necesario, puedo leer tus pensamientos con esa mirada que le das a la porción de Saber. Si quieres, te puedo dar un poco de la mía.
—Yo… no es necesario…
Shirou reparte parte de su porción al presidente.
(*)
Saber fue la primera en terminar, aparentemente satisfecha. Aunque la conocía muy bien y estaba seguro de que podría seguir comiendo.
—Shirou—Saber le llamó con su rostro estoico, pero filtraba su tranquilidad y satisfacción. Le gusta verla de esa manera, porque la felicidad de Saber era algo que él deseaba…
—¡Shirou! —gritó Saber, agitando su mano frente a él.
—¿Eh? —¿Qué lo que había pasado? Pensó Shirou, fue como si todo se hubiera cortado—perdón Saber, estaba distraído.
Ella le miró profundamente y de manera inescrutable.
—Estas distante, Shirou.
—Perdón, llevo todo el día así. No eres la primera que me lo dice.
Issei afirmo desde el otro lado, aun comiendo.
—Si necesitas hablar de algo, estamos aquí.
—No es necesario, solo me pegue en la cabeza y parece que me dejó algo lento.
Ella murmuró.
—Tal vez le he dado más golpes de los que debería…
Shirou le sonrió y se acarició la cabeza.
—Tal vez debería demandarte por que parece que me falta unos tornillos.
—Así que no estas preparado para practican un poco.
Saber es la presidenta del club de Kendo, siempre peleando con Taiga y varias veces le han invitado a la casa, así que una dinámica de chef y cliente se formó entre ellos.
—Me gustaría, pero tengo un compromiso con Tachie.
Ella asintió de manera estoica, pero parecía decepcionada y Shirou sintió culpa. Le gusta entrenar con Saber, pero tiene su compromiso con Tachie.
—Que la pases bien, Shirou.
—Gracias Saber, será para la próxima. Estoy seguro de que está vez te voy a vencer.
Ella afirmó con un además y el aíre que la rodeó fue uno mucho más alegre. Alegre por darle una nueva paliza, pero está seguro de que está más cerca de derrotarle.
(*)
Shirou y Tachie se encontraron al terminar la jornada, se toman de las manos y avanzan juntos entre los estudiantes.
Sus manos son finas y cálidas, como si fueran un pequeño animalito que deseas proteger con todas tus fuerzas. Siempre había alguien que le dedicaba una mirada, pero eso era normal cuando ambos salían juntos. Tomarse de la mano es algo que hacen desde que eran pequeños y no era una costumbre que hubiera cambiado.
Era el chico quien siempre arrastraba a la chica de un lugar a otro, aun cuando ella era bastante tímida y prefería la tranquilidad. Solía llevarla a correr, a jugar en el parque, a la pelota y una gran cantidad de actividades. Siempre la arrastraba, a tal punto que le comparaba con su antiguo perro que se llamaba Shirou…
Lo que admite que no estuvo muy bien, pero al final él también se dejaba arrastrar por ella a otras actividades. Le gustaba bastante los programas de televisión y bueno, ambos lo disfrutaron.
Así que desde ahí es la costumbre que caminaran con las manos juntas, aunque con los años cambiara el significado, a uno más vergonzoso, pero más profundo.
Cuando uno crece y se da cuenta del significado que dos personas del sexo opuesto (y algunas del mismo sexo) se tomaran de las manos en público es una demostración del vínculo personal y propio, es como si fuera un trozo de tú corazón y lo expusieras al mundo. Todo cambia, su percepción sobre el otro toma un nuevo rumbo y aunque en el impulsó la soltó…
Pero hubo un pensamiento que se cruzó en su mente y una realidad que tuvo que enfrentar ¿Qué era más importante para su corazón? ¿Las burlas de los otros niños o el lazo que le unía con Tachie?
Volvió a tomar su mano y no se arrepiente.
Si fuera por él, nunca le soltaría. Tomarla de la mano es un milagro.
Pero ¿está seguro de que nunca le soltó…?
—Shirou, no te pierdas—dijo Tachie con preocupación, lo que vuelve a atraer a Shirou al mundo de los vivos.
—Yo…
Ella se acercó más y rodeó sus brazos en él. Lo que le hizo temblar y casi resistirse.
Esto está mal, pensó Shirou. Observó a su alrededor y como el invierno parecía absorbe cada vez más a Fuyuki. Como si la ciudad estuviera perdiendo su alma y volviéndose un cascarrón vació,
Algo malo está sucediendo y que está poniendo a todos en peligro. A donde mire hay algo mal, la cantidad de personas que se mueven por la ciudad, una efímera cantidad ¿Por qué no lo notó? La cantidad de estudiantes que fueron a la escuela fue mínima.
Los accidentes, no era únicamente el que se encontró en camino, el distrito de casas tradicionales había desaparecido en una explosión de gas.
Shinji, Sakura y Rin llevan desaparecidos incluso antes de que su distrito desapareciera ¿Dónde están?
Shinji y Rin están peleando, para detener a Sakura...
No, no tiene sentido aquella línea de pensamiento. ¿De dónde surgió? Parece una mala broma.
Shirou soltó una risita y Tachie le miró a los ojos, confundida. Le volvió a tomar de las manos, ambas.
Si, eso es. No puede actuar como un loco por la persona que está delante de sus ojos.
—Shirou—ella dejó caer su cabeza en su hombro—¿Qué es lo que pasa? A veces te sueles perder, pero no suele pasar más de una vez día. Tengo miedo, cada vez pasa, temo perderte.
—Perdón yo—encuentro que las cosas están mal, que no deberías abrazarme, porque…—no puedo pensar con claridad. La ciudad, algo está pasando y no puedo quitármelo de la cabeza—negó con la cabeza, alejando aquellos fragmentos y observó el rostro de Tachie. No puede seguir preocupando este rostro, tiene que protegerlo—Déjame ver tú rostro y me recuperaré, siempre funciona.
Tachie le miró fijamente y comenzaron a caer lágrimas.
—Esto siempre sucede—sollozo—¿Crees que no lo noto? Desde el día que sucedió el incendio siempre parece que miradas hacia donde vivíamos. Perdimos a tantas personas ese día, a casi todos los que conocimos, a nuestros antiguos amigos y vecinos, pero nosotros seguimos aquí y eres el apoyo que me permitió no caer en el abismo—su postura es frágil, como si el viento se la pudiera llevar—pero siempre parece que hubieras quedado atrapado ahí ¿Acaso no puedo apoyarte de la misma manera que lo haces conmigo?
—¡No es eso! No eres tú—Es como si fuera un sueño, sus padres, su hermana, sus amigos—es que algo está mal, en la ciudad y en mí.
—¿No hay nada que pueda hacer? Shirou… Luca, siempre has estado para mí y no puedo devolverte todo lo que has hecho por mí.
No existe nada más que odie que verla llorar y le duele desde lo más profundo de su corazón ser el causante. Las manos de Tachie tiemblan, pero se aferran a él con todas sus fuerzas, como si supiera que si lo suelta, lo perdería para siempre.
Pero fue Luca Saijo quien la soltó.
Lo cuerdos que había ahogado en las profundidades del caos, volvieron a respirar y el chico de cabellos como el fuego, ardió en los lamentos de los muertos.
Cuando todos los males de la humanidad se filtraron por el corazón de un falso dios demonio creado por una antigua civilización para expiar a la humanidad, quinientos sacrificios fueron reclamados y la simple fuerza del fuego maldito, fue liberado.
En aquel caldero de almas atormentadas, dos sacrificios avanzaban por las cenizas, lamentos y maldiciones. El niño avanzaba con firmeza, siguiendo cualquier camino que no estuviera bajo las llamas, ignorado toda llamada de auxilio o dolor en su cuerpo. Obedecía las palabras de su madre antes de que el techo de la casa le cayera encima. Que corriera y no se separaran.
Así que obedeció con los ojos entre lágrimas, caminando entre pasillo de llamas, rodeando los escombros de casas caídas e incluso retrocediendo por varios caminos que eran imposible de cruzar.
Estuvieron dando vueltas, aunque no se dieran cuenta, ya que las estructuras se derrumbaban constantemente, bloqueando caminos o cambiando el paisaje ya conocido.
Aun así, el chico siguió corriendo, sujetando a la chica con todas sus fuerzas y protegiéndola del fuego cuando una pared cayó, levantando una llama que terminó quemando el rostro del chico, el cual gritó, soltó a la chica por instinto y cayó al piso.
Esté gimió y se dio cuenta que no podía abrir el ojo, pero inmediatamente se levantó.
—¿Tachie? —una nube de polvo se levantó y gritó, llamándola, pero apenas era audible. Sus gritos eran callados por lamentos y sollozos de cientos de personas. Todo moría y ellos no eran distintos.
—¡Shirou, Shirou, Shirou! —le escucho e inmediatamente avanzó y se agachó, sosteniendo una mano que se aferró con todas sus fuerzas, y el empuja, provocando únicamente un gemido de dolor por parte de la chica…ella no se mueve.
—Por favor ¡Ayúdame Shirou! —gimoteó y Shirou se desesperó, buscando en todas las direcciones.
Tiene que protegerla, es Tachie, siempre lo hace.
Apartó el polvo y aún con lágrimas en sus ojos observó con claridad, escombros más grandes que él cayeron sobre ella, aplastando su mitad inferior.
—Tachie—tartamudeo en su horror y con lágrimas, su madre y ahora Tachie aplastadas. Pero ella seguía viva, podía sacarla. Los escombros eran muy grandes para empujarlos, así que volvió a tirar.
Ambos sollozaron, pero aun así siguió esforzándose, aferrados el uno al otro con todas sus fuerzas y dio un último empujón, que causó que se soltaran y cayera hacia atrás.
—Shirou por favor… estoy asustada… duele mucho… por favor… ayuda…
Shirou comenzó a toser cada vez más, sus pulmones se queman, su rostro arde y su amiga está bajo los escombros entre las llamas. Todos gritan.
¡Ayuda, duele, espera, ayuda, por favor, tú allí, maldito seas, dios, necesito que alguien me ayude, por favor, duele, toma a mi hijo, por favor, ayuda, duele mucho, sálvale a él, no me ignores, libéranos de todo mal, vete, suéltame, no me sueltes, duele, ayuda, solo a mi hijo, por favor no me deje sola, Shirou!
El pequeño niño se rompe en mil pedazos, gritó a todo pulmón y corrió con todas sus fuerzas hacia cualquier dirección para no quedar atrapado en el fuego, pero las maldiciones de los moribundos subieron como hormigas rojas y devoraron su piel.
Sus recuerdos descuartizados por el dolor de los demás, olvidados por su propia cordura que se hacía pedazo con cada pasó. Siguió gritando hasta perder la voz, con la esperanza de que sus gritos callaran las voces.
—SHIROU.
Pero las voces no desaparecieron, aun cuando la lluvia comenzó a controlar el fuego y la figura de un niño, ciego, sordo y mudo avanzaba, las voces seguían ahí, incluso cuando sus piernas cedieron a su propio peso.
Los lamentos no se detuvieron.
Maldecían al pequeño que aún respiraba al ignorar las incontables voces que le pedían ayuda. Escapó desesperadamente para salvarse a sí mismo.
Despedazado como el cristal, imposible de restaurar su forma original, Saijo, hijo de Elza Saijo, pereció en los escombros y Avalon: La utopía eterna, forjó a Shirou Emiya, hijo de Kiritsugu Emiya.
—Shirou, vuelve por favor…—solloza la imagen de una joven mujer que reconoce como Tachie, pero ella había muerto hace más de diez años cuando solo era una niña, igual que su madre en el fuego y su padre hace cinco años bajo la luz de la luna. Igual que Illya en las maldiciones de Santo Grial…
Pero ¿no todo puede ser una simple pesadilla? Tiene a Tachie frente a él, su madre estaba bien y feliz junto a Kiritsugu. Illya está bien, no ha sido devorada por la sombra…
Shinji, Rin, Caster y Rider…
Sakura…
Todo el pueblo de Fuyuki y Fuji-nee.
Una parte de su mente, una pequeña voz le susurró que ignorada todos esos malos recuerdos como lo hizo alguna vez y abrazara lo que tenía al frente, a Tachie, que es toda una hermosa joven llena de vida y no la pequeña niña aplastada que suplica su ayuda.
Acepta lo que está frente a ti y no lo sueltes, ignora los murmullos de tú espalda, aquellos lamentos de pasado tiene que ser olvidado.
La simple idea le horrorizo, porque lo que está frente a él es solo una mentira y aunque fuera real ¿Acaso alguien puede olvidar verdaderamente el pasado?
Encerrar su pasado fue la forma en que logro poder seguir viviendo. Era mucho más fácil fingir que había olvidado todo en vez de aceptar la muerte de su madre, su mejor amiga y sus conocidos.
La muerte de todas las personas que alguna vez le entregaron cariño.
Lo que fuera este mundo, es una oda al pasado y una falsa utopía, porque aceptar esta fantasía es abandonar las personas que esperan por él. No puede abandonar el pasado, pero necesita seguir adelante, por el bien de los que morirán, por el bien de lo que ama, por su propio bien.
Necesita seguir adelante.
Y como si hubiera cortado un hilo con una tijera, un flujo se interrumpió y lo primero que desapareció fue el cielo, quebrazando en un millar de cristales color arcoíris.
El olor del mana.
Solo debía cerrar los ojos y volver al mundo real.
Pero la ilusión de Tachie, tan real que parecía confusa y asustada al mundo que se hacía pedazos. La culpa le abofeteó. Aunque no fuera real, se siente y lo parece.
Shirou comenzó a llorar.
—Tachie, perdón, por favor perdóname—la disculpa que nunca pudo pronunciar.
—¿Qué es lo que pasa Shirou? ¿Por qué lloras? —la niña comenzaba a lagrimear y a romperse su voz. ¿Por qué lloraba? Cierto, ella siempre era así. Ella no podría ver a otros llorar, porque ella lagrimeaba con ellos. Siempre fue así, en los recuerdos reales y falsos.
Tachie siempre lloraba por otros.
—Perdón por abandonarte, por negarte—la abraza y se aferra a la ilusión, aunque lo sabe, realmente lo sabe, aún con todos esos recuerdos de una vida a su lado, los preciados momentos de su madre y padre criándolo junto a una hermana mayor que siempre estuvo a su lado—por negarlos a todos, por olvidar, por dejarlos atrás.
—¿De que hablas? Tranquilízate, estoy a tú lado—ella le abraza, con ternura.
—Perdón por olvidar, Tachie, mamá, todos, perdón.
Solo una última vez, quiere hundirse en este mundo.
Pero el sueño se desvaneció y lo único que quedó fue un corazón desangrándose de viejas y nuevas heridas, aunque de alguna manera, también de nuevos recuerdos; ya sean amargos o preciosos.
(*)
Shinji bosteza y le dirigió una brusca mirada a la mujer que le noqueó, y ella le sonríe.
Quería maldecirla, pero sabía que se lo merecía. Así que simplemente se preparó para Salir. Rin había dicho que era probable que Sakura estuviera preparándose para invocar el grial ahora que solo quedaban dos Servant que no estaban a su mando. Así que irían al templo, el mismo templo en donde encontró el cadáver de Kuzuki.
Aquella idea le causó cierta diversión y escalofrió. ¿Realmente era ahí donde tendría que presenciar la muerte de su hermana? El mismo lugar en donde presenció una muerte en la guerra por el santo grial.
La primera vez que presenciaba una muerte.
Avanzó hasta el comedor de la base y encontró a Tohsaka sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y mirada distante.
—Idiota— se dirige a la chica de las coletas—¿Nunca te dieron el consejo más importante que todos tienen que escuchar alguna vez en tú vida?
—No tengo ganas para tus bromas, Matou.
—No es una broma, es un consejo que te hubiera servido bastante.
Ella arrugo la nariz y pareció ignorarle al voltear la mirada, pero al cabo de unos segundos, preguntó.
—¿Cuál es ese consejo?
Shinji sonrió y con toda expresividad, utilizando sus brazos, se adelantó hacía el campo de visión de la magus y como si fuera un teatro, respondió.
—Dormir.
Ella guardo un silencio inescrutable, bastante incómodo para la actuación que hizo y más aún cuando mantuvo su exagerada postura, esperando una respuesta.
Que finalmente llegó.
—Es la primera vez que dices algo inteligente, Matou. Casi admirable.
—Estoy de acuerdo—afirmó Rider—nadie hubiera esperado algún consejo sabio de usted, Master.
—Estoy de acuerdo—apoyó Rin, casi como si el sueño hubiera desaparecido en su rostro.
—¿Acaso nadie espera algo de mí? —gruñó el chico.
Ambas mujeres afirmaron sin pensar en la respuesta.
El chico agarró su cabeza con desesperación y se controló antes de gritar. ¿Qué hizo para merecer ese despreció?
Comportarse como un idiota con todos, pensó y dejó caerse, chocando con la pared.
—¿Emiya aún sigue durmiendo?
Y como si lo llamará, Caster apareció en el comedor, pero Emiya no aparecía.
—Ey, Caster ¿Dónde está Emiya? Es hora de partir—dijo Shinji.
—Shirou-sama está durmiendo por el mal estado en que se encuentra y por eso no participará en esta misión. Pero no se preocupen, aunque mi Master no participe, los acompañaría hasta el final.
Caster, la princesita de cuentos de hadas hizo una reverencia hacía Rin y Shinji. Ambos se quedaron mirándola, atónicos. Principalmente por parte del chico, él cual no procesa las palabras que le han comunicado. Porque son un sin sentido. Acaba de ver a Emiya hace unas horas y aunque se veía cansado, le conoce bastante bien y no es de los que se quedan atrás.
Es de los primeros que saltan a la acción y se llevan la peor parte. Como cuando unos chicos mayores golpeaban a unos más pequeño, Shirou fue el primero en saltar golpear a uno por la espada e inmediatamente golpear a otro. Tuvo que seguirle y golpear a otro por sorpresa.
Al final les dieron una paliza, no siguieron golpeando al niño que huyó mientras ellos peleaban y obligo a Shirou a comprarle el almuerzo por una semana. Situaciones parecidas ocurrieron varias veces, las situaciones cambiaban, a veces ganaban y en su mayoría perdían.
Pero siempre era Emiya quien saltaba a proteger a alguien, en consecuencia, le seguía. Varias veces cuestionó sus propias amistades, bueno, su única amistad. Pensar que aquellas peleas no fueron lo que rompieron su relación, si no la envidia de un niño tonto.
—No me lo creo—escupió con brusquedad—exceptuando que esté muriendo, dudo que ese cabeza dura no se levanté y principalmente cuando la maldita humanidad está en peligro. Su complejo de héroe está demasiado desarrollado para tener una siesta mientras nosotros estamos afuera.
Se levantó e hizo el ademan de caminar hacía la habitación del idiota, pero Caster se cruzó. Con cabeza gacha, sin poder mirarle sus ojos, ella expresó con una fuerte presión, como si el mana impregnara sus palabras.
—Shirou-sama está durmiendo y no está en las condiciones para acompañarnos.
Fue un efecto instantáneo, como si fuera una orden absoluta de una figura de autoridad. Casi recordó a su padre y a su abuelo. Retrocede por instinto y surge la necesidad instantánea de obedecerla, sin ninguna queja o recomendación.
Es aterradora. No le sorprende que, a través de esa fachada de princesa, se oculta una bruja que asesino a sus propios hijos. Aun así, una pequeña chispa no le hizo retroceder. No podía dejarse intimidar por otro Servant, esté día era el día más importante de su vida.
Porque hoy ha decidido seguir un camino sin vuelta atrás, porque ya ha sido informada la asociación de magus. Una parte de él se hizo una simple pregunta: Si ya han informado a la asociación y enviaran a magus, verdaderos magus preparados para una situación de vida y muerte ¿Por qué sigue aquí? Puede escapar y esperar que todo se solucione.
No es Emiya, no tiene un aura de héroe de manga o anime. Un futuro espíritu heroico que luchará contra leyendas. Incluso en su estado actual, fue capaz de eliminar un Servant de clase Assassin.
No es Tohsaka, un magus con grandes habilidades y conocimiento. La prestigiosa hija de los Toshsaka, una familia que no ha caído en la decadencia.
No es un maldito Servant, héroes o villanos de leyendas que están sobre lo humano.
No es un magus de la asociación, preparado para dar muerte y cumplir la misión que le han asignado.
Era solamente…Shinji, el infame hijo de una familia caída en la desgracia. ¿Qué es lo que puede hacer? Nació sin la capacidad de utilizar sus circuitos mágicos. Necesitó la ayuda de un magus de la era de los dioses para despertar unos decadentes circuitos mágicos y ahora ¿Quieren que luche contra una amenaza al nivel planetario? ¿Con la capacidad de acabar con la vida de todo el planeta?
Tiene que luchar contra el fin del mundo y no tiene la capacidad para herir a un vagabundo sin asquearse consigo mismo.
La imagen de Kuzuki surge en su mente, la imagen de su estúpido profesor que murió de una forma horrible en una guerra que no le pertenencia. Una víctima de fuego cruzado. La relación de ambos nunca fue más que de alumno y maestro, lo respetaba por ser una figura de poder y tal vez por su estilo de hombre de pocas palabras, pero nada más.
Aquella muerte nunca tuvo que afectarle de forma personal. Emiya al ver el cuerpo, siguió subiendo la escalera hacia su destino, mientras que él comenzó a temblar y vomitar, pero tal vez no era que fuera Kuzuki, simplemente no está acostumbrado a la muerte y deseo nunca acostumbrarse, pero tal vez no tiene opciones. Ya tomó su decisión.
Luchará para salvar el mundo, para detener a Sakura, su hermanita. La imagen de Kuzuki es reemplazada por Sakura y se pregunta ¿Emiya puede seguir subiendo la escalera con tanta facilidad?
Tal vez solo tiene que cerrar los ojos y huir.
Toda esa línea de pensamiento le dio asco, porque quedarse ahí abajo, mientras Emiya, su amigo sigue subiendo, es algo que no puede aceptar. No porque crea que le está superando. Diablos, si fuera por él, simplemente no se acercaría a la escalera. Lo que pasa es que no quiere dejar a ese tonto seguir subiendo la escalera solo y aún menos cuando Sakura está involucrada.
Tal vez solo tiene que subir hasta Sakura y cuando pierda la vida, él puede quedarse ahí, llorando y odiándose. Porque es su responsabilidad como hermano mayor, acompañar a su tonta hermana que se perdió en un mar de mierda.
Estúpidos sentimentalismo que corrompen la lógica. Si fuera lógico, nunca se hubiera involucrado en la guerra, si fuera lógico hubiera estado junto a su hermana, si tuviera los pies en la tierra le hubiera entregado Rider a Tohsaka. Si no estuviera ciego, hubiera dejado todo esté conflicto de lado y dar media vuelta, nunca subir la escalera.
No lo hace por un sentimiento de héroe, sino porque las personas que le importan quedaron atrapadas en esa maldita escalera y si quiere ser algo más que basura, tiene que subir y hundirse en la miseria, pero no lo hará solo.
Shinji dio un paso adelante.
—No intervengas en mi camino, Caster. Tengo que ver si lo que dices es real, porque conozco al hombre más terco de este mundo y estoy seguro de que se hubiera levantado, aunque no tuviera las piernas.
—Shirou tiene que descansar. ¿No eres su amigo? Si eres su amigo, déjalo descansar.
—Pues déjame ver si es verdad, podrá seguir durmiendo después si realmente está mal.
Shinji agudizó la mirada, ignorando el hecho que ella es un Servant. Simplemente plantó cara a una tormenta y de alguna forma espera que no le destroce.
Lo que hubiera escalado a un mayor conflicto, si no fuera porque Emiya surge desde la espalda de la chica, casi como si fuera un fantasma.
Ella saltó y retrocede con una gran sorpresa. Shinji sonríe abiertamente, satisfecho con sus suposiciones, pero su sonrisa desapareció con la notable hinchazón en sus ojos. Emiya estuvo llorando.
—¿Estas bien, Emiya? —pregunta con auténtica sorpresa.
—Yo…—vaciló—no estoy bien, pero mi cuerpo se siente mejor que nunca. Solo necesito uno minutos a solas, con Caster. ¿Salimos inmediatamente o pueden darme un momento a solas con ella? Si no lo tenemos, me quedaré unos minutos y los alcanzaremos.
Shinji mira a Caster, con receló. La cual oculto su rostro con sus manos y puede sentir un aíre de culpa. Shinji mordió su labio y estuvo a punto de abrir la boca hasta que Rin se le adelantó y con un movimiento, sujetó su brazo, casi como una atadura.
—Nos adelantamos, Emiya. Estaremos en el templo.
Y así Tohsaka le arrastra hacía fuera y Rider les sigue.
(*)
Shirou observa a Caster, la cual no se atrevía a mirarle a los ojos. Era bastante obvio encontrar a la culpable del sueño, pudo sentir el olor de la magecraft de Caster actuando en él. Además, dudaba que otro magus pudiera atraparle en una ilusión tan realista, menos aun cuando es ella quien le estaba protegiendo.
—Medea—le llama en tono relajado y busco sus ojos, los que finalmente fueron capaces de mirarle. Llenos de un inescrutable sentimiento—Gracias por curarme. Puedo ver que estuviste trabajando mientras yo dormía, así que te lo agradezco profundamente, gracias a ello podré afrontar lo que nos espera está noche con todas mis fuerzas.
Volvía a desviar la mirada y Shirou suspira.
—Ahora, abordando otro tema. Ese sueño es cosa tuya, no hay dudas. ¿Por qué me atrapaste en ese sueño? Y… ¿Por qué tenía que ser así? Revivir a todos los que le he fallado, incluso a los que había encerrado en mi corazón para poder sobrevivir sin volverme loco.
No responde inmediatamente, como si pensará su respuesta o simplemente no quería responder. Shirou la mira y se dio cuenta de algo. Está enojado con Medea y está seguro de que no puede ocultarlo.
—Responderé vuestras preguntas en orden inverso—finalmente habló, con un tono apagado y distante. Aún no le mira—. El sueño que tuvo era un hechizo de sueño, como puede imaginar. Le atrapaba en una ilusión creada a base de sus recuerdos.
—Una pesadilla…
—Se equivoca, no es una pesadilla. Es una ilusión creada a base de los anhelos más profundos de su corazón. La lógica del hechizo es atraparle en una ilusión de la el afectado no desea salir, por eso es relativamente fácil anularle. Si el afectado se da cuenta que es un sueño y desea volver a la realidad, la fantasía se romperá.
Shirou no responde, mirando un punto no especifico, atrapado en sus pensamientos.
Anhelos, recuerdos que había encerrado en lo más profundo de su corazón. Las personas que alguna vez le amaron y cuidaron, memorias que abandonó para poder seguir viviendo, para poder ser el hijo de Kiritsugu Emiya.
Ahora estaba todos de vuelta, fresco el rocío de primavera y amenazaban con romperle. La imagen de su madre y de Tachie, unas versiones que nunca conoció, unas ilusiones de lo que hubiera sido si nunca hubieran sido devoradas por la maldad del mundo.
Una imagen de lo más deseado por su corazón ¿Era acaso posible que incluso su corazón hubiera estado encerrado? Ahora duele y no desaparece el pesar. Quiere seguir llorando, pero no tiene tiempo para llorar o lamentarse por la situación. No puede maldecir a la persona que le hizo esto, porque al final del día aquella tortura fue producto de su propia inconciencia y haberse obligado a olvidad.
Aunque lo hubiera hecho por su bien.
—Me disculpó, Shirou—dijo Medea, agachando la cabeza—imagino lo que observó en aquel sueño y su reacción, le dolió profundamente.
—No tienes que disculparte por el sueño, es mi propio anhelo como dices—lo debo guardar en mi corazón y ¿Encerrarlo y olvidarlo?
—Aun así, reitero mi disculpa. He visto en lo más profundo de su corazón y aun así le hice vivir esa tortura.
¿Ella ya lo había visto? Tiene sentido, aunque el negara los recuerdos. Shirou observó el pasado de Medea, incluso cuando ella se perdió a sí misma. Que ella pudiera verlos, es un resultado lógico.
—No tienes que disculparte por el sueño, Medea—ese no es el verdadero problema—. ¿Por qué? ¿Por qué me encerraste? ¿Cuál era la necesidad?
Medea no levanta la cabeza y eso irrita a Shirou, pero mantuvo la compostura, esperando una respuesta. El chico confía en la chica, pero su confianza ha sido burlada y necesita saber la razón.
—Usted…
—Estoy esperando—Emiya interrumpe su murmullo, cruzando los brazos.
Caster levanta la mirada y le observa, con culpa y vergüenza.
—No deseaba que participara en la batalla con Sakura Matou.
—¿Por qué? No le veo sentido a lo que dices.
—Usted tiene un vínculo con la señorita Matou y no deseo que participe en la muerte de alguien que usted quiere.
Shirou niega con la cabeza y apunta a la puerta.
—No, no puedo aceptar eso. Shinji y Tohsaka están ahora mismo avanzando hacía una batalla igual de personal que la mía, no, me equivoco. Es incluso más profunda para ellos, es la hermana de ambos, y han decido luchar. La consideración que estas teniendo conmigo es algo que no puedo aceptar y nunca aceptare.
Medea, le mira a los ojos, comenzaban a brotar lágrimas.
—Lo que he hecho, es una decisión egoísta y no tiene nada que ver con los dos Master restante—el chico quiso hablar, que Caster detiene con un movimiento de la mano—déjeme continuar, tengo que decir esto. Ha sido una decisión estúpida, lo sabía incluso antes de hacerla, pero lo hice por mi egoísmo. Es por que deseo que no exista un nuevo pesar en su corazón. He visto todo lo que debía ver y aun cuando es tan joven, es atormentado por miles de gritos y no quería que agregará otro más.
Caster respira, pesadamente ante de continuar.
—Pude verlo, a todas las personas que perdió frente a sus ojos, hace solo unas horas perdió a alguien y en menos de 24 horas ¿Tiene que asesinar a alguien que ama? He visto sus recuerdos con la señorita Matou. Aunque el amor que usted procesa hacía ella, no es el mismo que ella anhela, usted la quiere como si fuera su familia. Lo encontré injusto y decidí tomar aquella tonta decisión. Me disculpó con usted y lo he arruinado todo, todo lo que teníamos. No pido su perdón, pero espero que nuestra asociación no se vea dificultada está última noche.
Shirou no reacciona abiertamente. Miró a Caster y responde con sinceridad.
—Medea, puedo apreciar tú consideración, pero no la puedo aceptar. Medea, no te podría perdonar si no me hubieras dejado participar está noche. Si al despertar, darme cuenta de que algunos de ustedes a muerto y cuando puedo hacer algo, cuando puedo luchar junto a ustedes. No soy el niño que fue atrapado en el fuego, ahora puedo hacer la diferencia y necesito hacerlo. Porque es parte de mi responsabilidad. Sakura era mi amiga y no hice nada para cambiar la situación e incluso si no fuera Sakura, no quiero que algo como esto vuelva a suceder.
Medea afirma, con culpa.
—Soy una idiota.
—No lo puedo negar.
Shirou sonríe por primera vez en el día y Caster agudizó la mirada.
—Este es el momento en que dices que no lo soy y que terminará en una tierna escena entre ambos, aceptando mi error y aprendiendo a ser mejor.
Shirou levanta los hombros con indiferencia.
—No soy un buen mentiroso, pero suerte para la próxima.
Ella suspira.
—Puedo aceptar este resultado si no hay rencores o por lo menos que no mantengamos barreras que no nos permita trabajar juntos.
El chico lo piensa e inmediatamente se acerca a ella y entrelazó sus manos. Pequeñas y suabes.
—Medea, no te mentiré, una parte de mí está enojada y asimilando lo que he visto. Era demasiado real y he visto a personas que había decidido encerrar por mi propio bien, pero igualmente te agradezco la oportunidad de haberlos visto otra vez, me recuerda porque no me puedo rendir. Aunque duela, es el dolor que me permite seguir y aunque solo fuera una mentira, volver a verlos, recordad a todos los que he dejado atrás, recordad la persona que alguna vez fui, es algo que necesitaba para reafirmar lo que creo.
—Entiendo…
El chico aún tiene una duda.
—Medea ¿Por qué no apareciste en aquel sueño?
—Limite todo aspecto relacionado a la guerra por el santo grial.
—Mmm… no funcionó muy bien, fueron esos aspectos que me permitieron saber que estaba en un sueño. El incendió seguía ahí, aunque no había estado en él.
—Es imposible eliminar la guerra de tú ser.
—Es imposible borrar el pasado, lo único que podemos hacer es aceptarlo y seguir caminando.
—Ambos tenemos pasados que no nos orgullece.
—Eso es verdad, pero ¿Nos vamos a detener, incluso con el destino funesto que nos espera?
—Tienes razón, al menos está vez no lo haremos solos, Shirou, aunque… ¿Puedo llamarte por tú otro nombre? Solo es una petición egoísta, pero me gustaría ser la primera persona en llamarte por ese nombre en años, porque eres ambos, el chico que murió y nació en el incendio.
—Eso… —su madre pronuncia su nombre con cariño y orgullo. Su amiga que le apoda como su perro, pero sin ninguna malicia, si no con cariño. Su padre que le da su apellido y pronuncia el nombre que ahora es suyo con paz. Todos esos momentos son suyos y los acepta—Por favor, estaría muy feliz si lo dijeras.
—¡Luca!
Nota de Autor:
¡Hola! Espero que les gustara el capítulo.
Hay un par de cosas que tengo que decir, primero, es un capítulo que tuve en mente desde hace años, aunque siento que pudo ser mucho mejor, pero aquí está y espero que les gustes.
Admito que aquí puse mis headcanon favoritos y también, puedo decir que este capítulo es un adelanto a mi siguiente proyecto si todo sale bien.
Agradezco mucho a mi Beta reader por su ayuda.
