Respiró una bocanada de aire, exhalando fuertemente. Sentía la luz del sol impactando de lleno en su cara, tanto que lo costó varios intentos abrir los ojos por completo: estaba a los pies de una inmensa cascada de varios pisos que desembocaba en un lago tranquilo rodeado de árboles altos y verdes. Aún jadeaba cuando se incorporó y se sentó en el suelo, notando el frío en el cuerpo por la ropa mojada. "Qué dolor" pensó mientras se llevaba una mano a la sien. Miró de nuevo a la cascada e hizo un recorrido visual hacia el lago. Se sentía extraña, e intentó ordenar sus pensamientos. "Lo último que recuerdo es que caímos al vacío después del disparo…" En ese momento, el corazón le dio un vuelco al rememorar aquel momento y buscó desesperadamente a su compañero, hallándolo a pocos metros de ella, tumbado bocarriba, inconsciente. Se puso de pie como pudo y torpemente corrió hacia él, cayendo a su lado.
-Zoro… Vamos… –le llamaba mientras le golpeaba la cara para intentar despertarlo- ¡Zoro!
Tenía la piel más pálida de lo normal y los labios azulados y no emitía ninguna respuesta a sus llamadas.Puso la cabeza en su pecho para comprobar si aún respiraba, conteniendo el aliento mientras no dejaba de pensar en esos últimos instantes antes de caer al vacío. Sonrío al comprobar que aún estaba con ella. Estaba vivo, pero seguro que su estado sería delicado, pues su camisa estaba rojiza por la cantidad de sangre que debía de haber perdido. Aquel sitio no era seguro para ninguno de los dos, estaban totalmente expuestos a cualquier ataque; observó su alrededor y divisó cerca una pequeña cueva que nacía de aquel acantilado por el que habían caído. Se levantó, lo agarró por las piernas y comenzó a tirar de él para conducirlo hasta el interior de esa cueva; obviamente no le era fácil llevar a aquel chico tan fortachón pero debía ponerlo a salvo, se lo debía. A duras penas consiguió dejarlo en medio de aquella cueva oscura y húmeda, en la que sólo se escuchaban el ruido de algunas gotas caer y el eco de sus pisadas. Se sentó sobre sus rodillas y le tocó la cara, notando lo frío que estaba. Tenía que hacer algo y pronto; sin embargo, verlo allí inerte no la ayudaba a pensar nada claro. "Tengo que ayudarlo…. Tengo que hacerlo…" se repitió como un mantra.
-Escucha –dijo al cuerpo de su nakama- Voy a salir a buscar ayuda…
Su voz quedó rota por el dolor que le producía verlo así. Las lágrimas caían en la camisa mojada de Zoro mientras ella le acariciaba el pelo.
-Espérame… por favor… -suplicó en llanto- Volveré pronto…
Se puso rápidamente de pie y salió a la entrada de la cueva. Respiraba entrecortadamente, toda la presión que le suponía esa situación la estaba superando por segundos, pero sabía que debía mantener la calma y buscar una solución cuanto antes, era todo lo que podía hacer por él. Cerró los ojos e inspiró hasta llenar sus pulmones varias veces, expulsando el aire poco a poco y tratando de dejar su mente en blanco. Escuchaba el sonido del agua impactando contra el lago, las hojas de los árboles chocando unas con otras, los pájaros cantando alegremente… Gracias a su Kuki-Kuki no mi no solo podía controlar el aire, sino que también podía percibir todos los sonidos que se encontraban a su alrededor: sintió que su mente dejaba su cuerpo y marchaba por aquel bosque en busca de algo que pudiera ayudarles en aquel momento. De repente, una cancioncilla comenzó a resonar en su cabeza; giró la cabeza hacia donde escuchaba aquella melodía, reconociéndola de inmediato, pues no era la primera vez que la oía… Sus ojos se abrieron bruscamente y echó a correr hacia donde el viento la guiaba.
-No puedes parar –se dijo mientras apartaba decenas de ramas con un simple movimiento de brazos- No puedes fallarle.
"Confío en ti, Eirea". El recuerdo de las palabras que su compañero le dijo en aquella celda impactó de lleno en el corazón, sintió como sus ojos volvían a llenarse de lágrimas y los cerró en un intento de controlar su llanto. La cancioncilla resonaba más fuerte en su cabeza, estaba cada vez más cerca… Ya casi podía escucharla con sus oídos… Saltó por encima de un pequeño arbusto y gritó con todas sus fuerzas.
-¡CHOPPEEEEEEER!
El reno se asustó al escuchar pronunciar su nombre y aulló del terror. La chica cayó al suelo sobre sus piernas, apoyando una mano en el suelo y tratando de recuperar el aliento.
-Ei.. ¿Eirea? –dijo acercándose a ella- Eres tú. Me has asustado…
-Tienes…que venir… cuanto antes…
-¿Qué ocurre?
-Es…. Zoro…. Está herido…
El gesto de Chopper cambió radicalmente y, sin mediar palabra, se transformó en un animal de cuatro patas, haciendo que su nakama se subiera en él y le fuera guiando para llegar a la cueva; aunque el viaje de vuelta se le hizo eterno para ambos, por fin divisaron la cascada y entraron rápidamente hasta llegar a donde estaba el joven. El reno cogió su mochila, la abrió para sacar su estetoscopio y lo colocó sobre el pecho de su compañero. Sin pensarlo dos veces, cortó la camisa de Zoro para inspeccionar la herida.
-¿Cómo está? –le preguntó Eirea con un hilito de voz, pero Chopper seguía sacando material de su mochila, lo que hizo que la chica perdiera los nervios- ¡DIME ALGO!
-¡Tiene una bala en el pecho, podría morir si no hacemos algo ya! –la voz de su nakama retumbó en aquella cueva mientras su peludo rostro se llenaba de lágrimas. Miró a la chica, igual de afectada que él, y sacó una mantita pequeña con la que intentó tapar a Zoro- Necesitamos una hoguera, está perdiendo calor y esta cueva es demasiado húmeda…
Pero sus palabras quedaron en silencio, pues su compañera ya no estaba. Eirea había salido de allí a buscar lo necesario para poder ser de ayuda; recogió tantas ramas y hojas como sus brazos le permitieron, volvió de nuevo a la cueva, encendió una fogata cerca de donde estaba el cuerpo del joven y se sentó al lado de su nakama.
-Tengo que sacarle la bala –expresó Chopper, colocándose una linterna en la cabeza- Parece que tiene algo de fiebre y la herida puede infectarse en cualquier momento. Tienes que ayudarme: sujétale el brazo para poder operarle mejor.
Eirea asintió sin dejar de mirar a Zoro. Sabía que ya no podía hacer nada más por él, que su deuda estaba saldada, pues él le prometió que la sacaría de aquella celda y cumplió con su palabra; mientras le sostenía el brazo, no dejaba de mirarlo al tiempo que pensaba lo imbécil que era aquel chico que le había demostrado que, detrás de todas las riñas y malas palabras, su corazón no era tan frío como demostraba. Había algo en su actitud que lo hacía aún más enigmático… más de lo que ya lo era. Le miró la mano, esa mano que ella había agarrado tan férreamente, y recordó aquel momento en el armario, cómo la miraban sus ojos profundos, cómo su cuerpo se tornaba a su alrededor para protegerla… recordó aquella sonrisa pícara que siempre mostraba cuando estaban a punto de pelear, su voz cuando le decía lo insoportable que era… pero también su mente le rememoró la sensación que sintió cuando la agarró para evitar que cayera al agua aquella noche en el barco… Algo se revolvió en su interior, algo que la hizo sentirse totalmente extraña y asustada a la vez.
-Ya está –anunció Chopper sacándola de su abstracción, sosteniendo la bala atrapada en unas pinzas quirúrgicas mientras sonreía victorioso- Le pondré un poco de medicamento y le vendaremos el brazo. Ahora todo depende de él…
Eirea ayudó a su compañero y lo dejaron descansar después de la intervención, saliendo juntos a la entrada de la cueva para ver como el sol caía entre las montañas. Se sentaron juntos y compartieron algo de la comida que Chopper tenía guardada en su mochila.
-¿Cómo conseguiste encontrarme? –preguntó el reno tras un rato en silencio- Estaba bastante lejos de aquí.
-Te escuché cantar –y añadió al ver el gesto contrariado de su nakama- Tengo el poder de controlar el aire, así que también puedo escuchar los sonidos que trae el viento.
-¡Dioooos, es alucinante!
-No creas… No todo lo que escucho suele ser agradable de oír… Oye, ¿por qué estabas tan lejos del barco?
-Cuando fuimos al pueblo, le pregunté a un campesino por las plantas típicas del lugar y decidí ir a buscar algunas para tenerlas por si fueran necesaria, pero se ve que me alejé demasiado.
-Alejarte ha sido la mejor decisión que has tenido.
-Calla, que me haces sonrojar…
Se hizo el silencio de nuevo entre los dos, pero había algo que reconcomía al pequeño médico, algo que le tenía completamente desconcertado. Así se armó de valor y le dijo:
-¿Cómo es que habéis acabado Zoro y tú aquí… juntos?
"Buena pregunta" pensó la chica mientras sonreía pícaramente al beber agua; entonces, tardó un buen rato en contarle a Chopper cómo el espadachín fue capturado y los encarcelaron juntos en la misma celda, todo lo que tuvieron que hacer para salir de allí y cómo Zoro fue herido por un general de la Marina cuando intentaban huir.
-¿Caísteis desde lo alto de esa montaña? –gritó extrañado el reno a la vez que sus ojos se perdían en la inmensidad de aquel muro de roca.
-Exacto.
-¿Al agua?
-Sí.
-¡¿Y CÓMO PUDISTE ESCAPAR?! ¡COMISTE UNA AKUMA NO MI! ¡TENDRÍAS QUE ESTAR MUERTA!
-¡No lo sé, Chopper, no me grites, por Dios!
Y es que eso era algo que aún no había logrado entender: si no le fallaba la memoria, Zoro ya estaba inconsciente cuando ambos cayeron al agua… Era imposible que pudiera salir del agua por sí sola, el simple hecho de pensarlo era ya una locura.
-Tal vez Zoro me sacara del agua –reflexionó mientras bebía otro trago- No puede haber otra explicación… Usó las últimas fuerzas que tenía para sacarnos del agua y dejarme sobre la arena…
-¿Estás colorada? –curioseó Chopper con una ceja levantada.
-¿Qué dices? -apresuró a contestar a la vez que se tapaba las mejillas, comprobando cómo le ardían y levantándose como un resorte- Debería de ir a por más leña para la noche. El fuego no debería apagarse, si no…
-Tranquila, saldrá de esta. Le he tratado peores heridas… Pero es verdad que esta noche es muy importante para su recuperación. Esperemos que su cuerpo luche y la herida no se infecte, porque todo mi arsenal de medicinas está en el barco... En fin, vete a descansar que yo me ocupo de las ramas y de hacer la guardia.
-Pero…
-No hay peros. Váyase a dormir, señorita.
-Está bien… Gracias Chopper –y, tras darle un beso en la mejilla, entró en la cueva.
-Ojalá todo fuera tan fácil con su hermano –masculló el reno mientras se adentraba en el bosque.
La chica llegó hasta donde se encontraba su compañero y se sentó a su lado sin dejar de mirarlo: se le veía tan plácidamente dormido mientras las llamas dibujaban siluetas en su cuerpo que no pudo evitar sonreírle. A pesar de todo, le tenía bastante aprecio, sobre todo después de haberle contado su más profundo secreto y que él no hubiera sentido rechazo por ello. Le acarició la cara con delicadeza, no quería molestarlo, pero era algo que necesitaba; sin pensarlo, se acercó a su oído y le susurró:
-Zoro, tienes que luchar… Por favor…
Pasó los dedos por su mejilla y se tumbó a su lado para darle calor, quedándose dormida entre lágrimas.
Los primeros rayos de sol entraron en la cueva, iluminando los recovecos de la piedra y las brasas del fuego apagado después de toda la noche ardiendo. Zoro abrió los ojos poco a poco, pues la claridad le molestaba, y se encontró con el techo de la caverna; contrariado, pasó su mano por la cara y posó su brazo en su frente. "¿Cómo he llegado aquí?" se preguntó en silencio; lo último que recordaba era estar peleando con Eirea antes de que aquel marine le disparara y sus ojos se cerraran ante las retinas de su compañera. "Eirea…esa idiota…" pensó mientras soltaba una carcajada silenciosa al rememorar la cara de desquiciada que tenía cuando se encontraron sin salida. Sin embargo, ese instante de felicidad se tornó gris al pensar en dónde estaría ella o si estaría a salvo. "Seguro que se ha vuelto a meter en problemas" se dijo al tratar de incorporarse, aunque el dolor que le provocó su brazo le recordó que estaba malherido. Así, tras varios segundos para recomponerse, se giró poco a poco sobre su brazo sano con intención de levantarse en ese movimiento, pero se topó de bruces con la cara de su compañera, dormida apaciblemente a su lado, haciendo que se sorprendiera y volviera a quedar tumbado bocarriba en un golpe seco.
-Joder –se quejó de dolor, tocándose el vendaje.
Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho y no precisamente del malestar que la herida le producía. Cerró los ojos y la vio de nuevo en sus pensamientos, con sus ojos cerrados y una media sonrisa tan parecida a la de su hermano pero tan diferente para él. De pronto, se percató de que la chica comenzó a moverse, posiblemente porque su lamento la habría despertado.
-¿Zoro? –preguntó con un hilo de voz, denotando preocupación por él- ¿Estás bien?
-He estado en mejores momentos, la verdad… ¿Qué ha pasado?
-Chopper te sacó la bala del pecho y te atendió para que no se te infectara la herida.
-¿Chopper? ¿Está aquí?
-Sí, salí a buscar ayuda y lo encontré no muy lejos de aquí.
-¿Encontraste a Chopper para que me curara?
-Bueno… -dijo la chica sintiendo que sus mejillas volvían a ruborizarse- la verdad es que…
-Me sorprende que pudieras dar con él, con lo torpe que eres… -le interrumpió Zoro con su sonrisa burlona, haciendo que Eirea lo mirara con un odio profundo.
-Eres insoportable.
-Mira quien fue a hablar.
Zoro se incorporó como pudo, soportando el dolor que aquella herida le provocaba y sentándose en el suelo para sentirse más digno en esa discusión, El hecho de que Eirea le hubiera salvado la vida le removía algo en su interior que era incapaz de gestionar y que le hacía sentirse fuera de sí. "Y que no haya sake aquí para aguantar esto…" susurró a la vez que se frotaba el rostro.
-¿Aguantar el qué? –le preguntó mirándolo desde abajo, con gesto aún más enfadado.
"Maldita sea…" pensó al recordar el poder que poseía la chica, capaz de escuchar lo más imperceptible. Carraspeó intentando buscar una salida que solucionara el embrollo en el que se acababa de meter.
-Aguantarte a ti, que eres insufrible.
-¿Yo? -contestó agachándose hacia él- ¿Te has mirado bien? Eres incapaz de tener una conversación normal sin estar bebido.
-Lo hago por no escuchar tu voz resonando en mi cabeza.
-Gilipollas –gritó agarrando el vendaje del su hombro a la vez que se acercaba a su cara
-Arpía –contestó Zoro quedándose a centímetros de ella, sin achantarse.
-¡Buenos días!
Ambos se giraron hacia la entrada de la cueva para ver como Chopper llegaba con un gran saco; sintió miedo al ver las miradas de odio que le dedicaron sus nakamas pero luego pensó que si había alguien cuerdo en esa caverna era él, así que se armó de valor y les dedicó un gestó de ira mientras dijo despacio y con un tono pausado:
-He dicho buenos días.
Eirea soltó a Zoro bruscamente, tan estupefacto como ella, y devolvieron el saludo, algo que hizo feliz al reno, que se dirigió hacia donde estaban canturreando.
-Me alegro que hayas despertado, Zoro. Ahora miraré cómo está esa herida. He salido al amanecer y he encontrado una cabaña cercana, así que he cogido unas cuantas cosas que nos podrían hacer falta.
-Ojalá haya sake en ese saco –susurró el joven, haciendo que su compañera lo fulminara con ojos de asesina.
-He traído algo de comida y botellas de agua. Ah, y también he encontrado algo de ropa para ti, Eirea. He pensado que te gustaría cambiarte y tomar un baño.
-Oh, muchas gracias Chopper –gratificó la chica, tomando en sus manos la ropa que le tendía su nakama y añadiendo mientras se dirigía al exterior con un gesto mordaz- Da gusto tener compañeros así, no como otros…
Zoro hizo el ademán de levantarse, pero el doctor se puso delante de él para cambiarle el vendaje y ver como estaba la herida.
-Esto está curando a un ritmo sorprendente. Tendré que apuntar esa pomada en mi libro –miró a su amigo a quien le rechinaban los dientes y murmuraba algo ininteligible- ¿Habrá algún día en el que no os peleéis?
-Solo sabe hacerme enfadar.
-¿No crees que estás exagerando un poco?
-Y yo pensaba que no podía haber alguien más irritante que Luffy, pero resulta que tiene una hermana. ¡Una hermana melliza, Chopper!... Sólo he sido benévolo con ella porque me salvó la vida al encontrarte… bueno, y rescatándome del lago, claro está.
-No puede ser…
-¿El qué?
-Ella es usuaria de un Akuma no mi… no pudo salvarte del agua…
-Entonces… ¿cómo demonios salimos del lago?
Ambos se quedaron en silencio por un momento, mirándose contrariados, hasta que Chopper comenzó a rebuscar nuevos vendajes en su mochila. "No puede ser" pensó Zoro "Juraría que ella tiró de mí hacia la superficie… Pero no tiene sentido" El recuerdo borroso de su compañera sacándolo del agua se hacía tan turbio en su cabeza que no sabía discernir si era real o producto de su imaginación.
-Bueno, sea como sea, estáis vivos y eso es lo importante–continuó Chopper en tanto le ponía vendas nuevas y le colocaba un cabestrillo- Esto ya está, aunque vas a tener que estar unos días con el brazo así.
-Perfecto –le dijo victorioso mientras su nakama le ayudaba a levantarse, pero tuvo que dar un par de pasos atrás porque su cabeza comenzó a darle vueltas- Ya podemos regresar al barco.
-Creo que eso no va a ser posible –le explicó mientras recogía su instrumental.
-¿Cómo dices?
-Digo que vas a tener que quedarte aquí al menos una noche más.
-Tienes que estar de broma.
-Soy médico, Zoro, no humorista.
-Pero puedo caminar. Chopper, ¡estoy bien!
-No, no lo estás. Has perdido mucha sangre, por lo que está débil para llegar hasta la ciudad.
Zoro se quedó en silencio, con unas ganas enormes de pegar un puñetazo a la pared de la cueva. Y lo que le dijo su compañero tampoco ayudó mucho:
-Además, he estado pensando… y creo que voy a salir a buscar a los demás y traer el barco lo más cerca de aquí para que no sea tanto esfuerzo para ti.
-Espera… ¿quieres dejarme aquí solo… con ella?
-Vamos, habéis estado juntos un día, no pasará nada por un par de días más.
-¡UN PAR DE DÍAS MÁS!... Esto es flipante –maldijo mientras se dirigía a la entrada de la caverna.
-¿A dónde vas?
-Necesito que me de un poco el aire para asimilar todo lo que me acabas de decir…
-¡Vale, pero no te alejes mucho! –gritó Chopper y lanzó un suspiró al aire- Solo faltaba que te perdieras…
-Dos días… ¡Dos días!
Zoro caminaba hacia la entrada del bosque sin dejar de mascullar calumnias por el hecho de tener que quedarse a solas con su compañera más días.
-No me importa tener que soportarla en el barco: si me molesta, puedo irme al gimnasio o a mi habitación. Pero ¿aquí? Somos dos en una cueva siniestra… ¡y sin sake!
Anduvo un par de minutos entre los árboles más pegados al lago, pues hasta él sabía de su pésimo sentido de la orientación, y paró en uno lo bastante alejado para tener intimidad. "No estaría mal pasar un tiempo con ella a solas… a lo mejor podríamos limar asperezas" pensó una parte de su cabeza, pero rápidamente otra parte de él reconoció que sería una idea pésima, "su voz es irritante, y tiene la misma sesera que Luffy… imagínatelo". Sacudió su cabeza para borrar todo tipo de argumentos y se concentró mirando al frente; sin embargo, su corazón dio un vuelco y sintió como todos los controles de su cuerpo dieran alerta roja a sus sentidos: a pocos metros de su posición, a los pies de la orilla, estaba Eirea de espalda a él, con su larga cabellera negra al viento y en ropa interior aseándose antes de cambiarse.
Había visto a decenas de mujeres frente a él, pero aquella imagen le hacía quedarse anonadado, como una mosca que mira fijamente a una bombilla, y sentía cómo sus piernas empezaron a temblar. Sus ojos observaron sus curvas, aquellas caderas tan perfectamente simétricas, esas piernas tan delicadas y ligeramente musculadas; al recogerse el pelo a un lado, Zoro pudo apreciar su espalda marcada con cicatrices, compungiéndolo sobre todo después de lo que él sabía. Eirea se sentó en la orilla para lavar su pelo, girando su cabeza hacia el bosque, por lo que el joven se tuvo que esconder detrás del árbol en un acto reflejo; con la respiración entrecortada, posó su mano en el pecho para apreciar cuan fuerte le latía el pecho, y se asustó de aquel sentimiento tan inusual en él: su mente estaba completamente en blanco y su cuerpo temblaba de pies a cabeza. No debía estar allí, así que se marchó procurando hacer el menor ruido posible dado el oído tan fino de su compañera; no podía parar de pensar en el por qué había actuado así, ya que, normalmente, su cuerpo reaccionaba diferente ante una mujer, aunque esta vez fue diferente y sintió miedo de lo que esa sensación hacía sentir en él, totalmente distinta a lo que le provoca cualquier otra fémina. Ella era especial aunque lo sacara de sus casillas.
-Aquí estás –le dijo Chopper, que lo esperaba en la entrada de la cueva- Pensé que te habías perdido. Oye, ¿estás bien?
-Sí… sí… ¿Por qué dices eso?
-No sé, parece como si hubieras visto a un fantasma. Estás pálido. Voy a tomarte la temperatura.
-No, estoy bien, Chopper, de verdad.
-Tu cara no dice lo mismo. Y si no me crees… ¡Eh! Eirea, ¿no opinas que Zoro tiene cara de enfermo?
Giró levemente la cabeza para otear de reojo como la joven regresaba de su baño; no quería mirarla, no después de lo que acababa de ver, e intentó cerrar sus ojos, pero el cuerpo de la chica aparecía en su mente. Estaba totalmente descolocado, fuera de lugar, y aún más al escuchar los pasos cerca de él, haciendo que contuviera la respiración para evitar que percibiera lo nervioso que estaba.
-Mmmmm…
Al abrir los ojos, se encontró con su mirada escudriñando cada centímetro de su cara y sintió como se enrojecía al verla tan cerca de él; sin embargo, la chica sonrió y se giró hacia la cueva, no sin antes anunciar:
-No, sigue teniendo la misma cara de gilipollas. ¿Dijiste que habías traído comida? Estoy muerta de hambre.
Suspiró aliviado, sin darle importancia a su insulto, pues solo quería que se alejara de él; no obstante, Chopper le instó a entrar en la cueva junto a ellos para explicarle el plan a la chica, quien tampoco se tomó a bien pasar más tiempo con su compañero, pero se mostró algo más razonable que este. Así, con la promesa del reno de regresar lo antes posible y dándole indicaciones sobre las curas de la herida, se marchó de allí, dejándolos a solas. Podían escuchar el sonido del agua caer al lago, el canturreo de los pájaros que volaban cerca, los árboles moviéndose con la brisa… mientras los dos se miraban con cara de odio extremo.
-Yo haré la primera guardia –informó la joven mientras salía a la entrada.
-Oh, gracias a Dios, ya me siento mucho más seguro –ironizó Zoro mientras se sentaba y se recostaba sobre la pared, cerrando sus ojos- Trata de no molestarme, voy a descansar un rato.
La chica le hizo un gesto con su dedo corazón y se sentaba en una roca cercana. Él esperó a quedarse a solas para sonreí mientras abría un ojo para verla otear el horizonte. "Creo que me lo puedo pasar muy, pero que muy bien" pensó antes de quedarse dormido.
