Capítulo 2

La señora Tendo estaba entretenida en algunas labores del hogar, había batallado con la ropa sucia de Akane como todos los días, se detuvo a pensar si sería mejor comprarle solo ropa café, así se verían menos las manchas, suspiró al colgar una de sus camisetas que a pesar de todo el esfuerzo seguía viéndose sucia.

—¿Quieres que te ayude?— Kasumi se acercó y comenzó a pasarle la ropa.

Saiko sonrió, su hija Kasumi era la que más permanecía cerca a ella, le gustaba la cocina y parecía saber siempre en que debía ayudar, cuando guardar silencio y también tenía la habilidad de llevarse bien con sus hermanas, cosa que le parecía algo complicado dado sus personalidades diferentes. Nabiki siempre obtenía lo que se proponía era una niña muy inteligente para su edad y Akane era inocente y dulce pero a la vez tenía sus momentos explosivos. Pero bueno eran solo niñas, ¿Qué tantos problemas podrían dar? ¿Estaría siendo muy estricta con ellas? Pensó la señora Tendo mientras extendía la cobija favorita de Akane.

—¡Mamá!— gritó Akane desde algún punto de la casa.

Saiko Tendo se encogió en su lugar, no, definitivamente no estaba siendo muy estricta. Recordó entonces a la señora Cologne que había sido su partera y después de ver a Kasumi le había aconsejado que no tuviera más hijos, es una niña trampa, había declarado, es una niña tranquila pero si tienes más, seguro serán unos niños que te harán rabiar y llorar. Llevándose una mano a la mejilla Saiko pensó que algo de razón tenía la anciana.

—Kasumi puedes…

—Ve tranquila mamá yo termino de tender la ropa— se adelantó la niña a responder.

Saiko caminó con desgano hasta la habitación de las niñas. Akane se encontraba frente a Nabiki con el ceño fruncido.

—¡Mamá!— Akane corrió al verla en la puerta.

Saiko se agachó para recibir a la niña que venía con los ojos húmedos —¡Dile que me la devuelva!— apuntó a su hermana con el dedo mientras se refugiaba en el pecho de su mamá.

—¿Nabiki?...¿De qué habla Akane? Querida.

— No es nada mamá —Nabiki giró la cara con los ojos cerrados.

—¡Nabiki Tendo! Esa no es forma de hablarle a tú mamá.

La niña sintió un escalofrío —Mamá solo son negocios.

—¡Nabiki vendió a la señora Risu!— lloriqueo Akane.

—¡Querida llegaron los niños!— anunció Soun desde la entrada.

Saiko suspiró —hablaremos de esto luego Nabiki.

La niña tragó saliva.

—¡Pero mamá!— se quejó Akane.

—Lo solucionaremos ¿está bien bebé?

—No soy una bebé.

Saiko suspiró de nuevo, estaba apunto de darle una migraña —Está bien... Akane, lo solucionaremos, ahora ve a saludar a tú amigo Ranma ¿Quieres?

En medio de su enojo Akane salió pisoteando y murmurando algunas cosas incomprensibles. Su madre salió detrás deseando que llegara la noche pronto.

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—Ranma, entonces...¿Cuántos kanjis sabes escribir ya?

El niño miró a la señora Tendo y parpadeó —¿Kanjis?

—Si, ¿ ya sabes algo de katanana o hiragana?

El niño miró a Akane que parecía distraída en su silla haciendo girar un lápiz, luego vio a Ryoga quien se encogió de hombros.

—Oh… está bien empezaremos desde cero.

La señora Tendo puso algunas tareas a Akane, otras a Nabiki y luego le dio un libro a Kasumi, para poder dedicarse a los niños recién llegados.

—Ranma y Ryoga, espero que tengan una buena memoria, vamos a empezar por las vocales A, I,U, E,O— recitaba de memoria mientras iba haciendo los trazos en un papel. —Inténtenlo ustedes, primero la A, tenemos un trazo de izquierda a derecha, luego uno de arriba a abajo y … el más difícil este que da la vuelta…por aquí — los niños miraron con atención las indicaciones y trataron de seguirlas en su cuaderno.

Ranma miró el de Ryoga y torció la boca, el suyo estaba un poco ¿Apachurrado?

—Muy bien Ryoga— dijo girando el cuaderno del niño. —A ver Ranma enséñame.

Ranma escondió el cuaderno, la señora Tendo soltó una risita — está bien si te equivocas— dijo tomando el cuaderno, el niño se resistió hasta que resignado lo soltó. Ella lo giró una y otra vez tratando de encontrar el significado — Bueno querido Ranma tendremos que usar el cuaderno con guía de caligrafía.

—bruto— murmuró Ryoga

—despistado.

—¡A quién le llamas despistado!

—¡Niños, niños!— Ya es suficiente, vamos a practicar mientras termino de hacer la comida.

Los chicos se cruzaron de brazos e hicieron un puchero.

Akane continuó garabateando sin prestar atención a las constantes peleas de los otros niños. Ranma la miró de reojo, no parecía la misma niña enérgica que había conocido, interceptó una bola de papel que Ryoga le tiró y se la devolvió dándole justo en la boca abierta, Ryoga tosió hasta que pudo escupirla.

Una mirada furtiva de la señora Saiko hizo que todos regresaran a sus deberes.

Aunque Akane no podía dejar de suspirar y mirar por la ventana esperando con ilusión algo que no llegaría.

Después de unas tres horas la señora Tendo dio por terminada la lección. Los niños recogieron todo y se disponían a despedirse. Ranma se quedó de pie disfrutando el rico aroma que venía de la cocina de los Tendo, tragó saliva y su estómago comenzó a gruñir, no había olido algo tan rico nunca en su vida. Tal vez, quizá solo esta vez puede que su papá lo esperara con algo más que arroz y verduras para cenar (si es que le había guardado algo para cenar). Agachó la cabeza y corrió hacia la puerta, además tenía que llevar a Ryoga hasta su casa para que no se perdiera, podía ser que en el camino encontrara alguna fruta o un conejo.

—¿A dónde creen que van?— preguntó Saiko desde la cocina.

—regresamos a casa señora Tendo, gracias por su paciencia — dijo Ryoga.

—No, no, no, vayan a lavarse las manos para que coman con nosotros.

—Pero…

—Nada de peros, a lavarse ya— recalcó con un tono que no daba lugar a dudas.

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Sentados en la mesa Ranma jugaba con sus dedos con la mirada fija en la cocina.

Nabiki se sentó con ellos, Akane la miró furiosa pero su hermana solo se encogió de hombros como si no hubiera hecho nada.

La señora Saiko comenzó a poner un cuenco con arroz para todos, Ranma se apresuró a agradecer por los alimentos y devorarlos en cuestión de segundos.

—Muchas gracias, debo regresar a Ryoga a su casa— dijo el niño haciendo una reverencia ante la mirada asombrada de todos.

—¿Pero qué dices Ranma? Si ese era solo el arroz, siéntate y no bromees más— lo reprendió la señora Tendo sin dejar de servir.

Ranma confundido se volvió a sentar junto a Akane.

Cuando estaba en casa, su papá casi siempre le daba un cuenco con arroz solo o a veces vegetales y muy ocasionalmente un poco de pescado, además tenía que terminarlo lo más rápido posible para que no se lo quitara ya que el señor Genma alegaba que él solo era un niño y no necesitaba comer tanto. Pero él sí necesitaba comer, su cuerpo se lo decía, su estómago gruñía y dolía, tanto que tenía que escapar muchas veces para intentar pescar y comer algo decente en las noches.

—toma el mío — Akane empujó su plato hacia él con una sonrisa.

Ranma con los ojos abiertos y las cejas levantadas se quedó mirando el arroz del que aún escapaba vapor y luego a Akane, esa sonrisa le pareció algo diferente y sintió un pequeño cosquilleo en el pecho.

— puedes comerlo, pero es más rico mezclarlo con lo demás, ¿ no crees?— insistió Akane

Ryoga del otro lado de la mesa esperaba el resto de su comida, a diferencia de Ranma, su padre solía llevar alimentos muy variados a su hogar gracias a sus constantes viajes, su madre, que se quedaba en casa los cocinaba siempre delicioso, así que después de un buen entrenamiento lo esperaba con una cena casera. El día de hoy tendré doble comida pensó Ryoga emocionado.

Ante los grandes ojos azules de Ranma desfilaron varias bandejas con vegetales, pescado y pollo. El niño se limpió un hilo de saliva de la comisura, lo cual ocasionó una risa burlona de Nabiki que fue borrada de inmediato con una sola mirada de la señora Tendo.

— come lo que gustes pequeño Ranma— dijo sentándose ella también a la mesa.

Todos comenzaron a servirse y comer tranquilamente. Ranma tomó algo de pollo y verduras que también hizo desaparecer con un rápido movimiento de palillos para el asombro de todos.

—Vaya Ranma, eres un muchacho en crecimiento, come más — se rió Soun sirviendo un poco más.

—Te va a doler la barriga— gruñó Ryoga. Aunque él también quería otro poco, sabía que debía guardar espacio para la cena de su madre o se haría acreedor a un castigo.

Akane a duras penas tocó la comida y dejó la mesa pronto.

Nabiki tenía el turno de lavar los platos, casi siempre su mamá la ayudaba pero esta vez la dejó sola mientras pensaba un castigo adecuado por lo que había hecho.

— Akane-chan, gracias por todo, nos vemos pronto para jugar ¿Si?— Ryoga sonrió y Akane solo asintió.

Los niños se despidieron y Ranma retó a Ryoga a correr por el bosque hasta su casa. Una vez allí lo empujó por la puerta, sólo para asegurarse que no se perdiera, de nuevo.

Ranma miró el camino a su casa y torció la boca.

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—Akane hija, mañana tú padre debe ir a la ciudad, tal vez encuentre al niño que compró a la señora Risu.

—Pero mamá — lloriqueo Akane.

—lo siento Akane, no hay nada más que podamos hacer por hoy.

Akane esperó que su mamá saliera de la habitación, trepó a la cama de Nabiki y abrió la ventana lanzándose de cabeza. Escuchó un quejido que no era el suyo, se paró limpiándose las manos en el pantalón.

—¡Por qué siempre tienes que caer encima de las personas!— se quejó Ranma.

—¡Ranma, qué haces aquí!— gritó Akane para luego arrepentirse y taparse la boca, miró a todos lados pero nadie de su familia se veía cerca.

— Bueno yo…vine porque estabas rara.

—¿Eh?— Akane alzó una ceja.

— Si bueno, ya sabes…¿Estás enferma?

Akane negó con la cabeza.

—¿Entonces qué te pasa?

La niña tomó la mano de Ranma y corrió arrastrándolo por el bosque sin importarle si él podía llevar el ritmo o no. Se detuvo al fin al estar a unos cuantos metros de su casa.

— La señora Risu— dijo empezando a llorar.

— ¿Acaso se murió ese bicho?

Akane frunció el ceño —No, tonto es que — paro un momento a sorber la nariz — ¡Nabiki se la vendió a un niño de la ciudad! — Akane se dejó caer al suelo y comenzó a llorar desconsolada.

Ranma no supo porqué se sintió también triste de repente, se agachó junto a Akane y le puso una mano en la cabeza.

—¡Vamos!

Akane se limpió la cara con la manga de su blusa de puntitos de colores —¿A dónde?

—Pues a la ciudad, ¿No era eso lo que ibas a hacer?

Akane asintió varias veces.

—Bueno entonces deja de llorar y vamos.

— ¿Ranma, tú sabes cómo llegar a la ciudad? — preguntó la niña con sus grandes ojos llorosos.

Ranma la miró con la boca abierta —claro que sé ¡¿Cómo pensabas llegar?!

Akane se encogió de hombros, la verdad es que su papá casi no la había llevado y ella tampoco se sabía el camino de memoria.

Ranma se dio con la mano en la frente — ¡Vamos! Antes que me arrepienta.

En casa de los Tendo, la señora Saiko pasó por el cuarto y vio a Akane, o eso pensó al ver el bulto de almohadas cubiertas con la cobija y pensó que era mejor dejarla descansar, de seguro estaba muy triste por su mascota.

Mientras, Genma Saotome devoraba la porción de arroz que le correspondía a Ranma.

— eso te pasa por entretenerte jugando— dijo a la nada justificando su comportamiento.

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El sol ya se había escondido y la temperatura había bajado unos cuantos grados. Akane apretaba la mano de Ranma dejándose guiar entre árboles y animales nocturnos.

— ¿Seguro que es por aquí?

Ranma se rascó la cabeza y trató de recordar — si, seguro— dijo no tan seguro.

El niño se frenó en seco al ver algo moverse entre las ramas. Con una mano detuvo a Akane.

Un mapache panzón pasó por delante de ellos corriendo.

— Uff, menos mal no era.

—¡Ranma! — chillo Akane poniéndose detrás de él.

Un oso pardo había asomado el hocico entre los matorrales.

El niño miró a su alrededor evaluando sus opciones y tragó saliva.

El oso comenzó a avanzar hacia ellos gruñendo y botando saliva entre sus fauces.

—¡Corre Akane!— gritó Ranma empujando a la niña mientras él saltaba para acertarle un golpe al oso.

La niña se alejó unos pasos pero le fue imposible huir dejándolo a merced de ese furioso animal.

El oso enfurecido por el golpe en la cabeza se paró sobre sus patas traseras mostrándose todavía más amenazante.

Ranma sintió un escalofrío pero aún así exclamó con valentía —¡Ven por mí tonto!

Se echó a correr en el sentido contrario de donde estaba Akane. El oso lo persiguió de cerca resoplando y gruñendo.

Ranma se vio sin salida en un barranco del que por poco cae, estaba perdido. Miró hacia el fondo oscuro, estaba seguro que no sobreviviría a la caída, retrocedió un paso y la tierra bajo sus pies comenzó a desprenderse.

El oso se relamió y comenzó a aproximarse más. Cuando abrió la boca para darle la primera mordida Ranma lo agarró por las orejas y saltó encima de él.

El animal confundido se sacudió, Ranma cayó hacia atrás y fue recibido por un zarpazo que lo hizo rodar varios metros. Por un momento perdió la conciencia pero la recuperó justo a tiempo para ver el hocico abierto a punto de devorarlo. El niño cerró los ojos asustado. Escuchó un gruñido diferente cómo un quejido y luego silencio.

—El bosque es peligroso, ¡Vete a casa!

Shinnosuke de pie junto al oso derrumbado tenía un palo que sostenía sobre su hombro.

—¡Ranma!— lo llamó Akane que corría buscándolo en la oscuridad.

—¡Aquí!— gritó él niño poniéndose de pie.

—¿Y tú quién eres?— dijo Shinnosuke.

Ranma se pasó una mano por la cara — Soy Ranma, Shinno ¡Ranma Saotome! Tú amigo — dijo desesperado, ya no sabía cuántas veces había tenido esa conversación con su amigo. — él es un poco olvidadizo— le susurró a Akane quien observaba al oso desmayado y con la lengua por fuera.

—Akane-chan ¿qué haces a estás horas fuera de tú casa?— Shinno se aproximó a la niña.

Ranma arrugó la cara — ¡A ella si la recuerdas!

Shinno se rascó la cabeza — lo siento Ranma, acabo de recordarte también.

—¡Vamonos!— Ranma dio media vuelta—¡Gracias Shinno! — dijo agitando la mano.

Akane inclinó la cabeza — Muchas gracias Shinno.

El niño se quedó viendo como los otros caminaban hacia las afueras del bosque, Akane y ese otro niño ¿Cómo se llamaba? Pensó antes que se perdieran en la oscuridad.

Resultó que faltaba poco para encontrar la salida del bosque, a lo lejos se veían unas luces titilantes.

—¡apresúrate! — Ranma bajó por una pequeña colina que conducía al sendero.

Akane lo siguió entre emocionada y asustada.

A esas horas de la noche algunas personas iban y venían apuradas hacia sus casas. Cuando alguien les preguntaba, Ranma respondía con seguridad que sus padres estaban en un almacén o droguería cercanos.

—¿Cómo dijiste que se llamaba el niño que tiene la señora Risu, digo la estúpida ardilla?

—Takashi Haruto, mi hermana dijo que su papá hacía zapatos.

Ranma se detuvo a pensar unos segundos — estoy seguro que había una zapatería cerca del parque.

Los ojos de Akane se iluminaron — ¿El parque queda cerca?

Ranma asintió y corrieron por la acera por dos cuadras más.

"Zapatería Takashi"

Por suerte aún estaba abierta. Un señor de pelo y barba canosos descansaba en una silla con los brazos cruzados sobre el delantal de cuero.

Los niños se miraron, Akane dio un paso al frente aclarando la garganta —Señor disculpe.

El zapatero dio un brinco en su silla — ejm, eh ¿Si? ¿Vienes por unos zapatos?

La niña sacudió la cabeza — ¿está Haruto-kun en casa?

— Ese mocoso salió a jugar con una ardilla en el parque y no ha regresado, si lo encuentras dile que regrese o lo castigaré.

—¡Gracias! — gritaron los niños echando a correr hacia el parque.

En el parque había unas cuantas personas caminando, algunas parejas, pero solo un niño parado frente a un árbol.

La niña se acercó corriendo y lo llamó— Haruto, ¿Takahashi Haruto?

El niño giró hacia ella y Akane pudo ver que tenía los ojos hinchados de llorar.

—Soy Akane, la hermana de Nabiki…ella…¿Dónde está la señora Risu?

El niño comenzó a sollozar —¡Ella se la llevó! — dijo entre lágrimas.

—¿Ella quién?— preguntó Ranma viendo a todos lados.

— Esa niña, Azuza Shiratori, ella siempre se adueña de las cosas.

—¿Y sabes donde vive?

—Allí — señaló el niño una mansión que estaba en una colina cercana.

Los niños se dispusieron a irse cuando Haruto los alcanzó — esa niña es terrible.

— No te preocupes, recuperaré a la señora Risu— dijo Akane decidida.

—Pero, pero …¡Es mía!— gimoteo el niño.

—Tu abuelo dijo que regresaras o te iba a castigar— Ranma le señaló el camino a casa.

De inmediato el niño se tensó y corrió hacia la zapatería.

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La mansión estaba rodeada por un cerco no muy alto que se le hizo fácil trepar, se dirigieron a la primera ventana donde vieron la luz encendida. Ranma se puso a 4 patas para que Akane pudiera asomarse. La niña se bajó tan rápido como subió, agazapándose al lado de Ranma con la cara roja.

El niño sintió curiosidad y de un salto se colgó del borde de la ventana, al igual que ella no se demoró mucho en bajar.

—¡Qué asco! ¿Qué están haciendo?— preguntó en un susurro con la cara contraída.

Akane se sonrojó aún más —se están besando.

—¿Besando? ¿En la boca?— Ranma parecía conmocionado —¿Tus papás hacen eso?

Akane asintió — si, a veces, cuando creen que no los vemos.

—¿Entonces es algo malo?

La niña sacudió la cabeza —no, se supone que es una demostración de cariño entre adultos… eso dijo mi mamá.

Ranma arrugó la nariz — que extraño…vamos, busquemos a la pequeña ladrona.

Los chicos continuaron su búsqueda mientras los esposos Shiratori se ponían más románticos.

—Esta es la cocina.

—El baño.

—cuarto de lavar

—Este tampoco

—No

—Nada

—Pasillo

Ranma comenzó a impacientarse — tendremos que entrar y buscar en el segundo piso.

Los niños se colaron por el patio y luego por una ventana abierta.

—¿Tú crees que Azuza está dormida?— preguntó Akane lo más silencioso posible.

—Es lo más seguro, ya es muy tarde.

La niña sintió un pinchazo de culpa, estaba lejos de su casa, desobedeciendo a sus padres.

Ranma abrió una puerta y los dos pasaron en pringanillas. Una lámpara de colores iluminaba toda la habitación, en una cama grande rodeada de infinidad de peluches y muñecos de toda clase dormía Azuza Shiratori, una niña de cabello castaño abundante y ondulado.

El niño señaló el escritorio donde había una jaula.

Akane no pudo ocultar la sonrisa, allí en medio pudo ver una cola esponjosa que reconocería en cualquier parte. Apuró los pasos hasta alcanzarla pero antes que sus pequeñas manos tocaran la jaula, su pie se topó con algo suave. Los ojos de los niños miraron al tiempo el pato de goma en el suelo. Akane retiró el pie con suavidad para evitar el chillido.

—tonta— gesticuló Ranma.

Akane en respuesta le mostró la lengua. Ranma la apuró para que tomara la jaula y entonces…el desastre.

El maldito pato que no se había acabado de inflar emitió un pito agudo que se prolongó por varios segundos. Azuza abrió los ojos perezosa y se encontró a los niños con su preciado tesoro en las manos, se puso de pie con un salto sobre la cama y los apuntó con el dedo.

— devuélvanme a Antonella Brunetti.

—¡Se llama señora Risu y es mía!

Azuza saltó sobre Akane, Ranma intentó detenerla. El niño no quería aplicar más fuerza de la debida, era consciente que no debía usar sus habilidades como practicante de artes marciales. Pero la pequeña cleptómana no tenía problemas en usar cualquier tipo de trampa, le enterró las uñas en los ojos a Akane, la niña soltó un grito agudo y Azuza aprovechó para arrebatarle la jaula de un manotón dejándola en la cornisa y poniéndose delante de ella.

Ranma intentaba que Akane la dejara examinarla un poco —¡Tramposa! — gritó enfurecido.

Azuza se acomodó el cabello —¿Acaso estamos en una competencia? Tonto niño.

—Akane ¿Estás bien?

Un aura peligrosa comenzó a emanar de la niña, levantó la cabeza descubriendo dos grandes rasguños.

Azuza retrocedió temerosa un paso y Akane se fue tras ella, las dos rodaron por la cama forcejeando. La mano de Azuza alcanzó la ventana y la jaula se tambaleo.

—¡Señora Risu!— gritó Akane lanzándose tras ella.

Ranma siguió a Akane sin pensarlo dos veces tirándose al vacío.

Ella se aferraba a la jaula, él niño la alcanzó y la cargó cayendo como si nada al suelo.

—¡Boba! No vuelvas a hacer eso, ¡Todavía no sabes cómo caer!— la regañó poniéndola en el suelo.

Ignorando el regaño, Akane dirigió su atención a la señora Risu, abrió la jaula y de inmediato la criatura trepó por su brazo hasta posarse en el hombro de la niña.

Desde la ventana Azuza Shiratori comenzó a lanzar toda clase de objetos, Se escucharon voces de adultos, era momento de huir.

Esquivando peluches, ollas, un sapo, ropa, unos platillos y finalmente una linterna que Ranma atrapó en el aire.

—¡Gracias!— gritó agitándola

—¡No! Devuélvanme a Antonella y a Simona —aulló Azuza en la ventana.

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Los niños se adentraron en el bosque corriendo, con la ayuda de la linterna fue mucho más fácil llegar a la casa de los Tendo justo antes del amanecer.

—Ranma…muchas gracias— Akane hizo una reverencia.

—¡Sube! Nos van a descubrir— Ranma giró la cara avergonzado.

Akane se llevó las manos al cuello y luego tomó la mano de Ranma, le puso algo allí y la cerró.

—Es para ti.

Trepó por la ventana cayendo de lleno sobre su hermana Nabiki.

—¡Akane! Le diré a mamá que te fuiste de casa con ese mocoso hambriento.

—¡Nabiki! Entonces le diré que fuiste tú la que hizo que las orquídeas de mamá se secaran por echarles agua caliente.

Nabiki afiló la mirada, pensó por un minuto si quería otro castigo, finalmente se dio media vuelta hacia la pared— vete a dormir.

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Ranma de pie frente a la ventana observaba un collar del que colgaba una piedra hexagonal de color negro.

Continuará…

Notas

ya se que va lento pero necesito construir los antecedentes jejje

-Pobre de mi Ranmita le toca aguantar hambre T.T

-Azuza cleptomana y fastidiosa

-Gracias a todos los que dejaron un mensajito BabyFace,Vanezl25,Ranchan27, Rhoula7, Arianne Luna, ,

los leo en los comentarios.

un abrazo diluanma