Capítulo 3

Ranma estaba de buen humor ese día, se quitó los zapatos y estiró los dedos, era obvio que ya no eran de su talla y estaban a punto de romperse pero, para su padre todavía aguantaban un año más. El chico suspiró y los tiró lejos, ya vería cómo arreglarlos o cómo ganarse el dinero para unos nuevos. En los últimos años había tenido trabajos ocasionales a pesar de ser un niño, cortaba bambú y lo vendía, lavaba los platos en un restaurante de la ciudad, ayudaba a cargar bolsas de compras a señoras que siempre le decían que era un niño muy lindo, le pellizcaban los cachetes y le daban propinas.

Pero ese día iba a ser algo diferente, se había inscrito en un torneo infantil, a escondidas de su padre Genma para evitar que le quitara nuevamente el premio.

Era un plan simple, le diría que iba con Ryoga a entrenar al bosque y regresaría en la noche con el premio para esconderlo en un lugar seguro.

Se puso el traje de entrenamiento, que también le quedaba pequeño, tomó su mochila y salió.

Se encontró de frente con su padre en la puerta.

Ranma dejó de respirar por un momento.

—Voy con Ryoga a entrenar— dijo con la voz más firme que pudiera tener un niño de 10 años.

—Trae algo para la cena— fue todo lo que dijo Genma pasando por un lado de su hijo.

Ranma echó a correr con la mochila en su hombro. Pensó que debía pasar por la casa de Akane, ya eran las tres de la tarde y ella no tardaba en llegar de la escuela. Frenó en seco y se cruzó de brazos mirando el cielo, recordó que el día anterior le había dicho de la competencia y también le había pedido que guardara el secreto y como un comentario aislado le había dicho que si quería ver una demostración de verdadero arte entonces fuera después de clase. Ella lo había llamado presumido, él debilucha y como siempre terminaron peleando. ¿Seguirá enfadada? Pensó mientras se rascaba la cabeza. Se sacudió ¿Quién se preocupaba por esa niñita? Él no, eso es seguro. Ajustó su uniforme con fuerza, enderezó su postura y se encaminó a paso firme hacia la ciudad.

En los últimos años su vida había cambiado un poco, Akane y sus hermanas habían ingresado a la primaria en la ciudad y el padre de Ranma había insistido en que él también tenía que cultivar la mente por eso lo había inscrito en una primaria, pero solo para varones, "para evitar distracciones" había asegurado Genma. Ranma no entendió a qué se refería con eso, le daba igual, él sólo quería ser un gran artista marcial.

La escuela la encontraba aburrida, le gustaba más cuando la señora Tendo le explicaba. La comida de la escuela no estaba mal pero no tenía ese delicioso sabor casero y a leña del hogar de Akane y aunque Ryoga estaba en el mismo curso que él, no era lo mismo que cuando era pequeño, en definitiva pequeños cambios hacían la diferencia en su vida.

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El auditorio de la escuela de Ranma era pequeño, se habían inscrito unos veinte niños. Él destacaba entre los otros por su particular trenza y también resaltaba su estatura un poco más grande que los otros . Se lamentó recordando que Ryoga no participaría, su mamá lo había castigado por no se que cosa que ya no recordaba.

Analizó a sus rivales, algunos compañeros que conocía pero no tenía idea que practicaban artes marciales, otros desconocidos, un chico de gafas y cabello largo que estaba de brazos cruzados en una esquina, en fin , de seguro que los vencería todos rápidamente.

Las graderías comenzaron a llenarse de padres de familia, algunos profesores y uno que otro curioso. Ranma miraba la puerta cuando vio ingresar una chica de cabello corto, sintió que el corazón le daba un vuelco pero al verla más de cerca supo que no era Akane, su mirada se apagó por unos instantes, pero si Ranma Saotome tenía algo era un gran orgullo, resopló, regresó los dos pasos que había avanzado y comenzó a calentar para acabar rápido con esos niñitos.

Llegó el primer combate, un chico regordete más grande que él se plantó enfrente, era obvio que le llevaba al menos dos años.

Hicieron los saludos respectivos y el chico no tardó en lanzarse contra Ranma, empujándolo con su cuerpo, Ranma saltó por encima de la cabeza del chico cayendo tras él.

—te aplastaré y no quedará si no tú ridícula trenza para que tú mamá llore— se burló haciendo gestos como si lloriqueara.

—Idiota.

A Ranma no le dolió la amenaza, pero la mención de su mamá hizo que sintiera un pinchazo en el pecho. ¿Dónde estaría ella? ¿Por qué su papá siempre evadía el tema? ¿Ella sabía que su papá era tan estricto con él?

De nuevo el niño intentó aplastar a Ranma corriendo para estrellarse con él mientras sonreía de manera odiosa.

Ranma dio un giro en el aire, con la pierna recta le dio justo en el estómago y lo lanzó fuera, el público ahogó una exclamación. Una señora corrió gritando "mi bebé"

—¡Fuera! El ganador es Saotome.

Ranma sonrió, se metió las manos en los bolsillos, saliendo hacia las graderías. Algunos de sus compañeros se acercaron a felicitarlo. De nuevo buscó una cara conocida que no encontró. Chasqueó la lengua restándole importancia.

Las peleas de aquel niño de gafas no tomaron tampoco mucho tiempo, todos sus rivales cayeron pasados unos segundos. Para los ojos inexpertos era algo inexplicable, pero no para Ranma que estaba deseando enfrentarse a aquel niño y no perdió de vista sus rápidos movimientos.

—Tienen un descanso de media hora para la pelea final— anunció uno de los jueces.

El estómago de Ranma gruñía, lo sabía debía haber comido un poco más.

Un olor delicioso inundó sus fosas nasales, lo siguió cómo un perro hambriento, hasta llegar justo debajo de un árbol donde vio una chica de más o menos su edad, llevaba el cabello largo de color lila, algo que para él era prácticamente imposible, además vestía una ropa diferente a los niños que el conocía un conjunto de pantalón y blusa en tonos rojos con adornos dorados que brillaban con el sol. La niña se giró para inspeccionarlo de arriba a abajo.

—¿Quién ser tú?

Ranma apenado miró a todas partes para luego señalarse en el pecho —¿Yo? Eh, soy Ranma Saotome— hizo una pequeña reverencia.

La niña se aproximó a él y pareció sonrojarse — Yo ser Shampoo.

—¿No eres de por aquí verdad?

La chica sacudió la cabeza — Shampoo venir de China.

Ranma abrió los ojos sorprendido. Más allá del bosque y de la ciudad no conocía nada. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de su estómago.

—¿Ranma querer comer? Shampoo preparar comida deliciosa.

—¿De verdad?— la mirada del niño se iluminó.

Shampoo puso un platillo con fideos delante de Ranma quien no tardó en devorarlos.

—¡Gracias por la comida!

—¿Querer más?

—¿puedo?— dijo en voz baja como si se tratara de un delito.

La niña le pasó otro plato que él comió rápidamente.

—¡Delicioso!, muchas gracias.

Shampoo dibujó una amplia sonrisa, quería decirle al niño que fueran amigos, tal vez a él le gustaría entrenar con su abuelita.

—Bueno, debo irme, gracias ¡Adiós!— Ranma se alejó corriendo dejando a Shampoo con la boca abierta lista para decir una palabra que no llegó.

—¡Shampoo! ¡Shampoo!— gritó el otro finalista del torneo corriendo hacia el árbol para abrazarlo.— Shampoo, tienes que usar crema, tienes la piel reseca.

—¡Mousse estar abrazando un árbol!— gritó histérica la niña.

—Lo siento— se apresuró a ponerse las gafas soltando el árbol — Ya podemos compartir la comida— dijo sentándose cómodamente con la espalda recostada en el tronco que acababa de abrazar.

—Ah, si… la comida…— Shampoo se limpió la comisura de la boca.

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Ranma entendía que era una competencia y que no había necesidad de ser precisamente amigo de su rival, pero la mirada de ese chico transmitía verdadero odio, a través de las gruesas gafas podía ver unos ojos inyectados en sangre, ese muchacho quería acabar con él.

Después de las indicaciones del juez del encuentro, Ranma hizo una breve inclinación a modo de saludo, no tan breve como la de su oponente. Se puso a la defensiva esperando la forma de medir las habilidades del niño de la túnica blanca.

—¡Vamos qué esperas!— lo incitó Ranma con tono de superioridad.

Mousse sin perder su gesto hosco adoptó una postura desconocida para Ranma y con un grito se lanzó sobre él.

La velocidad fue lo primero que observó Ranma, esquivó por poco un golpe con la mano abierta que pretendía darle en la mejilla. Tuvo que hacer uso de su flexibilidad y de su propia velocidad para esquivar con un mortal una patada directa.

Mousse sonrió — es una lastima que no pueda usar mis armas o ya estarías derrotado niñita— escupió Mousse evaluando a su oponente.

—¿Ni-ñi-ta?— masculló Ranma enojado — Luego no quiero que te pongas a llorar tonto.

Sin mediar más palabras Ranma atacó con todo lo que tenía, dando un salto en el aire dio un giro completo sobre su eje y le propinó una patada en costado que hizo retroceder a Mousse.

Shampoo abrió los ojos de par en par sin perder un solo movimiento de los dos. Ella que siempre había entrenado con Mousse pensaba que él era bueno, pero…¿Era posible que este chico Ranma fuera mejor? Shampoo analizó con más detalle al niño de la trenza, no era tan alto como Mousse pero resaltaba sin duda con esos grandes ojos azules. El corazón de la niña dio un vuelco, si Ranma ganaba eso significaba que había alguien más fuerte y por lo tanto…

Mousse atacó con patadas sin misericordia, una de las cuales alcanzó a Ranma en la pierna desequilibrandolo. Cayó al piso con un sonoro golpe y Mousse se abalanzó sobre él como un león sobre su presa, levantó la mano para acertar el golpe en la cara de Ranma, pero este pudo liberar una de las piernas y de una patada en el estómago lo lanzó a unos cuantos metros.

Los asistentes cuchicheaban volviéndose un murmullo ensordecedor, nunca habían visto esta clase de nivel en niños tan pequeños.

Mousse tosió agarrándose el estómago con fuerza.

—¡Pagarás tú afrenta!— gritó enloquecido arremetiendo nuevamente.

Ranma detuvo el golpe con su mano abierta, ambos temblaban por el esfuerzo.

—¿Qué…es…una afrenta?— jadeó Ranma apartándolo de un empujón.

—Pero…¡Qué idiota!— repuso descolocado Mousse— Ya no te acuerdas que te comiste lo que preparó mi prometida.

Ranma tampoco sabía que era una prometida, pero no iba a preguntar y quedar de nuevo como un idiota. La conclusión era sencilla ya que lo único que había comido eran los fideos de esa niña de cabello lila.

—ya no te alteres, cuando gane te invitaré un plato de fideos— se burló Ranma mientras saltaba de nuevo al ataque.

Mousse tembló de ira, a pesar de su corta edad era un guerrero que no permitía ningún tipo de ofensa a su clan y menos a su prometida.

Lleno de determinación Mousse bloqueó la patada que Ranma le lanzaba.

Shampoo miraba atenta a su prometido, cuando se concentraba así ella sabía que iba en serio, sintió un pinchazo de culpa al haber dejado que otra persona se comiera sus fideos, pero ¿Acaso no le dio un motivo para ganar esta pelea? Después de todo no había resultado tan mal. La niña sonrió.

Los chicos comenzaron a atacar sin reservas. Ranma saltó hacia atrás para propinarle una patada directa en la cara a Mousse, un hilo de sangre brotó del labio del chico y sus gafas se hicieron añicos, no tardó más de un segundo en sacar otro par de la manga de su camisa.

—¡ey cegaton! No lo viste venir ¿Eh?— se burló Ranma.

Mousse gruñó, estaba cansado de que todos se burlaran de su baja visión. Irguió su postura y levantó una pierna, si tuviera sus armas, con las que regularmente peleaba seguro que ya le hubiera ganado, pensó, era una lástima que las prohibieran en el torneo. Se decidió por una rápida combinación de golpes con la mano, sin embargo Ranma los esquivó y en su última maniobra se quedó abajo para barrerlo. Mousse cayó sentado y a pesar de su esfuerzo por mantenerse cayó dándose un golpe seco en la cabeza.

Ranma confiado sonrió buscando nuevamente entre los asistentes un rostro conocido, barrió con la mirada sin éxito. Mousse aprovechó la distracción para reponerse y saltar desde su posición dándole un golpe en las costillas que lo hizo tambalear. Aguantando el dolor Ranma respondió con un golpe en el pecho , Mousse cayó hacia atrás con los ojos fijos en su prometida, no podía creer que estaba a punto de perder el conocimiento, él, el guerrero más fuerte de toda su aldea — sham...— murmuró antes de caer derrotado.

Shampoo miraba incrédula la escena, se supone que Mousse era el mejor de su aldea y que por eso estaba comprometida con él. Corrió donde Mousse, que ya estaba volviendo en sí, él la llamó con voz temblorosa, pero ella retrocedió casi como si temiera la presencia del niño.

—¡El ganador Ranma Saotome! — anunciaba el juez levantando la mano del niño.

Ranma sonreía complacido, estaba tan distraído con todo el bullicio que no la vio llegar.

—¡Ranma! dijo la niña plantándose de frente a él.

—Ah…chica de los fideos— saludó

— yo ser Shampoo

—Ah, eso Shampoo, hola.

La chica tenía el ceño fruncido y las manos empuñadas. Ranma se preparó para un golpe, un grito, pero lo que recibió lo dejó paralizado. Ella se lanzó sobre él abrazándolo por el cuello.

— Ranma vencer a Mousse, ahora Ranma ser mi prometido— aseguró

—¿Qué? ¿Prometido?

—Si, Ranma ser más fuerte.

Ranma intentó librarse del abrazo pero la niña parecía tener más fuerza incluso que el mismo Mousse.

—¡Shampoo!— gritó Mousse corriendo hacia ellos—¡Tú suéltala!

Ranma movió las manos para indicar que no era quien la tenía abrazada. En ese momento sintió algo frío en el pecho que lo hizo dar un respingo, miró dentro de su traje pero solo encontró el collar que Akane le había dado.

La discusión entre Shampoo y el cegatón iba subiendo de nivel, por lo que Ranma aprovechó para librarse del abrazo de la chica y retroceder.

—¿Este es el premio?— preguntó Ranma casi en susurro al juez.

El señor lo miró y parpadeó, miró hacia los demás jurados quienes asintieron al tiempo. Ranma tomó el pequeño trofeo y el sobre con el dinero con una reverencia para luego echarse a correr rumbo al bosque.

Para cuando Shampoo y Mousse dejaron de pelear, la personas ya se estaban retirando del lugar, no había rastro de Ranma, ni del premio. La chica murmuró algunas cosas en chino y se alejó zapateando seguida por Mousse.

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Ranma estaba feliz por el premio, era más de lo que había recibido por cualquier otro trabajo antes, pero otro sentimiento muy diferente era el que sentía por la ausencia de su amiga en la competencia. Sus pasos lo llevaron a la casa de los Tendo, lo había decidido, le diría que era una tonta por no ir a verlo, una mala amiga y que además le debía un helado como disculpa, imagino todo un escenario donde Akane le ofrecía disculpas con ojos llorosos mientras él pensaba si aceptarlas o no.

—¡Ranma! ¡Ranma-kun!— la señora Tendo lo llamó mientras movía una mano en frente de su cara.

—¿Eh?— El niño volvió de su ensoñación encontrándose con el apacible rostro de la señora Tendo. —Bu-buenas tardes señora Tendo— Tartamudeó a modo de saludo.

—Hola querido Ranma y felicidades— dijo mirando el trofeo.

Ranma se rascó la cabeza —Ah, si, bueno, yo gané, pero…— el niño miró a todos lados temeroso —usted podría…guardar el trofeo— susurró.

La señora Tendo era consciente de la situación de Ranma con su padre, a veces no entendía muy bien la amistad de su esposo con el señor Genma, mientras Soun era amoroso con sus niñas y a veces hasta sobreprotector, Genma parecía que no se interesaba por otra cosa que no fueran las artes marciales, era demasiado estricto con su hijo y a la vez descuidado en aspectos básicos, pero quién era ella para inmiscuirse en esos asuntos, aparte de apoyar al niño en lo que estaba a su alcance. Saiko suspiró.

—Claro que si Ranma-kun, lo guardaré en un lugar seguro.

Ranma lo entregó y se quedó mirando hacia la puerta, la señora Tendo siguió la mirada y le sonrió.

—¿Quieres pasar? Aunque la pequeña Akane fue a ver a Shinno-kun y aún no regresa.

Ranma sintió un frío que le recorrió la espalda, abrió la boca para decir algo pero fue interrumpido por un ruido del interior de la casa.

La señora Tendo se frunció en su sitio.

—Nabiki…¿Va todo bien con la comida?— preguntó Saiko con desconfianza. Cuando regresó la mirada Ranma ya se había marchado.

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El chico refunfuñaba mientras pateaba piedras del polvoriento camino. Akane era una tonta, cómo podía haber preferido ir a ver a Shinno que ver su competencia.

—¡Boba, boba, tonta! — grito desde la copa de un árbol al que trepó desenfrenado.

—¡Ranma, baja de ahí!— se escuchó un apotente voz.

El niño sabía que estaba en problemas, se bajó con un solo salto para encarar a su padre.

—papá…

Genma se ajustó los anteojos con el ceño fruncido — Estás castigado— sentenció.

—pe-pe ro ¡Papá!

—Pero nada Ranma, yo no te he enseñado a ser un mentiroso.

El pequeño pensó que no podía ni contar todas las veces que había visto mentir. Se cruzó de brazos y giró la cara con un puchero.

—diez mil flexiones y diez mil abdominales.

—Pero…

—diez mil quinientas serán entonces.

—No, no, no, 1, 2, 3— Empezó a contar Ranma tirándose al suelo para realizar los abdominales.

Genma se cruzó de brazos dispuesto a vigilar de cerca a su hijo.

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Ranma sentía como latía y temblaban sus extremidades, tendido en el suelo tan solo era capaz de levantar un poco la cabeza, su padre satisfecho con el castigo se había ido hacía unos minutos atrás y el chico incapaz de seguirlo se dedicó a mirar el cielo anaranjado.

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Akane suspiró por tercera vez viendo la ventana, sus amigas de la escuela la miraron con preocupación.

—ya lleva dos días así.

— seguro se peleó con Ranma.

—Pobre Akane y su amor no correspondido.

—¿Saben que puedo escucharlas cierto?— Akane giró la cabeza matándolas con la mirada —para que sepan no me pasa nada, no me he peleado con Ranma y además dejen de hablar de amor ¡Tenemos 10 años!— gritó enojada.

Su compañera Yuka siempre tenía una amable expresión, le recordaba un poco a su hermana Kasumi que llevaba el cabello castaño largo como su compañera. Se acercó con gesto compungido y le dio unas palmaditas en la espalda — tranquila Akane— dijo con voz conciliadora.

Akane decidió caminar un poco para despejar la mente, aún quedaban unos minutos de descanso. Pasó por la zona verde que estaba cerca a uno de los muros. Se sentó apoyando la espalda en uno de los viejos troncos de los árboles más grandes dispuesta a pensar en otras cosas, pero entonces una sensación extraña en su nuca la hizo girar, inspeccionó el muro pero no encontró nada extraño. Continúo con su intento de relajarse pero ese piquete incómodo en la nuca la obligó a mirar de nuevo sobre su hombro a mayor velocidad, viendo el momento justo en el que su amigo se dejaba caer hacia afuera de la escuela.

—¡Ya te vi!— gritó Akane poniéndose de pie con las manos en la cintura.

Del otro lado Ranma se aferraba con la punta de sus dedos del borde de la pared mientras su cuerpo colgaba. Rayos, pensó. Tenía dos opciones: dejarse caer o enfrentarla. Comenzó a sentir un ligero temblor y cosquilleo en sus brazos, tomó impulso y de nuevo estuvo en el borde.

Se miraron por eternos segundos hasta que ambos giraron la cabeza resoplando.

Tonta

Bobo

Ranma resignado se marchó, al final no había podido enterrar su orgullo y decirle lo que tenía preparado, o más o menos preparado en su mente, decirle que era el mejor, que había ganado el torneo y que ella era una ingrata o mejor, que no le importaba ni un poco que no lo hubiera visto pelear.

Akane por su parte regresó a clase con peor humor del que ya tenía, tonto,tonto,tonto. Ya suficiente tenía con tener que ver el estúpido trofeo con el nombre de él cada que entraba a casa porque ¡Oh si! su padre había insistido que merecía un buen lugar en el centro de la sala.

—¡Tendo! — regañó el profesor de mala gana.

Akane sacudió la cabeza.

—lo siento profesor — se disculpó haciendo una reverencia.

El maestro siguió con su clase, era raro que la niña Tendo se distrajera de las clases, siempre había sido buena alumna así que dejó pasar el castigo.

Akane aunque le gustara mucho la clase de historia tenía la mente puesta en otro lugar,¿Ranma la estaba buscando? O sería solo una coincidencia, además por qué parecía enojado él, si era ella la que debía estarlo. Ranma descarado.

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Ranma no había asistido al colegio por intentar hablar con Akane, así que aprovechó el tiempo para trabajar un poco. La buena señora Jin tenía un puesto de comida, sus ojos bondadosos siempre miraba a Ranma con ternura a pesar de su forma de hablar un poco brusca, ella sabía que era un buen muchacho y fuerte además, porque nunca le decía que no al trabajo pesado.

— Ranma querido, ve a comprarme una caja de tomates, ya casi se termina esta— señaló la señora.

El niño se apresuró al mercado que quedaba a pocas cuadras de ahí y regresó corriendo con el encargo. Cuando estaba agachado dejando la caja en su lugar notó unos pies que se pusieron a su lado, subió la mirada para encontrar otro par de ojos azules.

— Shinno…

El niño que iba al lado de su abuelo lo miró entrecerrando los ojos.

— Hola Ranma, hace tiempo que no nos visitas muchacho— Saludó el viejo alzando el palo que llevaba por bastón.

Ranma inclinó brevemente la cabeza a modo de saludo.

—Shino, no te quedes ahí parado, saluda a tú amigo Ranma ¿Lo recuerdas?

El niño miró al cielo y apretó los ojos —¡Ah, si! Ranma, hola ¿Cómo éstas?

Ranma dejó caer los hombros, siempre era lo mismo con ese olvidadizo.

—Hola Shinno— dijo con desgano.

—Nos vemos Ranma, tenemos unas compras que hacer— se apresuró a despedirse el abuelo seguido por su nieto.

Ranma se quedó observando a las dos personas mientras se alejaban. En un momento sintió a su lado la presencia de la señora Jin.

—Y…dime Ranma…¿Por qué detestas tanto a ese niño?

Ranma giró la cabeza en cámara lenta —¿Qué yo qué?...

La señora le sostuvo la mirada hasta que Ranma agachó la cabeza.

—yo no lo detesto, él es un…amigo.

Jin arrugó la cara y luego dio un largo suspiro, le puso una mano en la cabeza a Ranma despeinándolo —no seas tan duro con Shinno, es un olvidadizo y hace poco estuvo enfermo.

—¿Enfermo?— preguntó Ranma poniéndose a organizar los tomates, no muy convencido.

— Ajá — la señora Jin se remangó la camisa para ponerse a trabajar — justo el día de tú competencia, tenía una fiebre muy alta. Su abuelo vino hasta aquí por algunas medicinas.

Ranma se quedó estático, sería posible que…

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La señora Jin lo había tenido ocupado toda la mañana y parte de la tarde, lo bueno era que le había dado una paga considerable. Ranma comía un dango camino a casa, atento en todo momento por si su papá se aparecía en el camino.

Escuchó unas hojas que crujieron muy suave, Ranma suspiró, conocía perfectamente a quién pertenecían esas pisadas, años entrenado el oído para reconocer ese sonido.

—¡Oye bicho, vuelve a tú casa!

La señora Risu paró la colita y movió los bigotes.

—¡Ya te dije que no le digas bicho!

La voz de Akane tomó desprevenido a Ranma quien se encogió en su lugar.

—A-akane— tartamudeo

La niña caminó hasta la ardilla y le acarició la cabeza, el animal pareció complacido, se quedó quieta con los dos puntos negros que tenía por ojos cerrados —¿por qué salió corriendo señora Risu?

Akane no estaba muy convencida de hablar con él, había seguido a la señora Risu hasta ahí pensando que era un juego o que tal vez había algunas nueces en esos árboles.

Ranma pudo sentir una tibieza que emanaba del colgante que le había regalado Akane, estaba seguro, ese objeto podía cambiar de temperatura por algún extraño motivo.

— tú fuiste… es decir…¿visitaste a Shinno cuándo estuvo enfermo?— Ranma aventuró, sin saber muy bien cómo hablar con ella.

Akane se levantó despacio mientras sacudía su ropa. —mi mamá me pidió que le llevara unas plantas medicinales y algo de comer.

—ya veo…por eso no pudiste ir a verme competir, digo, no es cómo que te estuviera esperando…

Akane arrugó la cara — si, ya sé que no me estabas esperando — soltó con brusquedad— felicidades …nos vemos— dio media vuelta dispuesta a regresar a casa y no seguir viéndole la cara a ese tonto.

Ranma parpadeó incrédulo ¿Qué le pasaba? Se supone que el disgustado era él ¿O no? De unas cuantas zancadas la alcanzó y se paró frente a ella.

—¿Estás enojada?

Akane se sonrojó apartando la mirada.

—¿es porque te llamé debilucha el otro día?

—No y no soy debilucha— Akane le dio un empujón y siguió caminando pisoteando las hojas.

Ranma se rascó la cabeza, ¿Qué rayos le pasaba a esa niñita?

— ¿es porque fui a tú escuela?

—¡No!

—¡Es porque no nos vimos en el torneo!

—¡No! Además yo sí te vi— Akane se llevó una mano a la boca. Era una torpe, no le iba a decir lo que había pasado y allí estaba dejándose en evidencia.

Ranma se llevó una mano al pecho sintiendo el frío que casi quemaba.

—¿Me viste?

Akane se detuvo con la cabeza agachada — claro que vi, que por poco te gana ese chico Mousse.

—¡Eso no es cierto! ¿Tanto te cuesta felicitarme?— Ranma gritó fastidiado.

— ¿Ah con qué solo eso es lo que quieres niñito vanidoso? Pues ¡Felicidades! Y felicidades también por tú compromiso con esa niña ¿Cómo se llamaba? Ah sí, Shampoo— Akane masculló el nombre de aquella niña.

—¿Compromiso? ¿Cómo qué compromiso?... Yo no te vi en la gradería, pensé que…

—Si, después de ir donde Shinno, fui a ver el torneo, justo para la pelea final, pero te vi muy ocupado con Shampoo, por eso mejor me fui a casa…idiota.

—¡Qué tonta! Yo no estaba ocupado con Shampoo, ella …

— te estaba abrazando— Akane se giró viendo a Ranma con los ojos llenos de lágrimas. Él chico dio un paso atrás sorprendido.

—pero…

—¡¿Es verdad que eres su prometido?!— Akane gritó apretando los ojos para no dejar caer unas lágrimas.

De nuevo esa palabra, prometido, acaso ella le había hecho una promesa.

Ranma se acercó con el ceño fruncido y le preguntó a Akane al oído, por si acaso alguien pudiera escucharlo — ¿Qué es un prometido?

Akane dejó de tensar el cuerpo, era posible que Ranma fuera tan ingenuo — ¿De verdad no sabes lo que significa?

Ranma avergonzado negó con la cabeza. Akane dejó salir el aire en un suspiro — significa que te vas a casar con ella.

—¡Qué! ¿Quién dijo eso? Esa niña está loca.

—Entonces …¿No es verdad?— aventuró Akane recuperando un poco la sonrisa.

—Claro que no, ¿quién piensa en esas estupideces de casarse?. Además ella me dijo que estaba comprometida con Mousse.

Akane no respondió, le bastó con saber que él no estaba comprometido con nadie, por algún motivo eso la hacía feliz.

Ranma se quedó mirando la sonrisa de Akane y un calorcito se instauró en sus mejillas y también en el pecho, allí donde estaba el regalo que ella le había hecho.

—qui-quieres, digo, gané algo de dinero...¿quieres ir por un helado?

—pero que tenga cerezas

los niños siguieron hablando por el camino seguidos por la señora Risu quien movía contenta la cola.

Continuará

Ya sé que tardé una eternidad y de verdad lo siento, a veces en el día no me queda más que unos minutos para escribir.

Gracias, gracias, gracias a los que se quedaron para seguir esta historia, ya se viene algo mucho mejor en el siguiente capítulo.

Feliz navidad a todos, que el niño Dios les traiga muchas bendiciones.

Agradezco especialmente a quien me dejó un comentario

Vanezl

Bayby face

SARITANIMELOVE

Rhoula7

Sandy

Benani0125

Arianne Luna

Roxbonita.x27