Capítulo 4
—muy lenta— dijo Ranma esquivando por la derecha y luego por la izquierda.
Akane lanzó una patada que Ranma empujó con sus manos.
Ambos se impulsaron e intercambiaron algunos golpes en el aire.
—estas des-con-cen-tra-da— golpeteo con un dedo en la frente de ella.
Akane le agarró con fuerza el dedo retorciéndolo —no te burles Ranma.
—¡ Ay, ay, ay! Eso es trampa — se quejó Ranma sacudiendo la mano.
Akane resopló — Ryoga ¿Quieres entrenar mejor conmigo?— Puso su mejor cara de niña buena.
Ryoga por supuesto sonrió embobado. —Claro que sí Akane-chan— respondió acercándose.
Akane le mostró la lengua y Ranma hizo lo mismo — es tú problema si quieres entrenar con el más débil.
— Al menos Ryoga-kun es más paciente.
—Como quieras, igual me estabas atrasando en mi entrenamiento.
Ranma dio un salto lejos de los demás y comenzó a hacer las katas más complicadas que sabía.
Tonto, siempre tiene que ser tan engreído.
Akane no se contuvo en pelear con Ryoga, cada que lanzaba un puño veía la sonrisa burlona de Ranma.
—oye, Akane— dijo Ryoga agachándose para esquivar una patada alta — si quieres podemos ir más despacio.
La respuesta de Akane fue incrementar su velocidad.
—Es-ta bien, cómo gustes—jadeo Ryoga.
Ranma intentaba disimular que no estaba poniendo atención al entrenamiento de sus amigos, pero la verdad era que empezaba a sentir la cabeza caliente.
Ryoga intentaba ser suave con Akane pero no podía negar que ella se acercaba a su nivel con cada día de entrenamiento. Además de fuerte también se había convertido en una joven hermosa, con sus catorce años recién cumplidos, Ryoga estaba seguro que era la niña más linda que había conocido y a veces le costaba trabajo que no se notara lo que empezaba a nacer en su corazón.
La vio saltar y el cabello que antes era corto ahora danzaba junto con sus movimientos, embobado con su belleza salvaje recibió de lleno una patada en su tozuda cabeza. Akane se dio cuenta cuando ya era demasiado tarde.
—¡Ryoga-kun! ¿Por qué no te defendiste?
Ryoga en el suelo se llevó las manos a la cabeza donde empezaba a crecer un chichón.
—Idiota—escupió Ranma burlón.
— ¡Voy por hielo!— Akane arrepentida se echó a correr hacia la casa de Ranma que conocía a la perfección.
—Sabía que eras un debilucho, pero no tanto como para que te gane una niñita.
—¡Cállate tonto! Me distraje un momento y…es que Akane-chan…
Ranma rodó los ojos y volvió a entrenar , de reojo pudo ver como Akane se sentaba al lado de Ryoga y le ponía con ¿Ternura? Una bolsa de hielo, su hielo, en la cabeza.
Tonta.
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Las clases eran aburridas, Ranma solo quería que sonara el maldito timbre para tener un descanso. Comenzó a cerrar los ojos y terminó quedándose dormido entre las arrulladoras lecciones de historia.
En sus sueños vio a Ryoga entrenando con Akane, ella agradecida lo abrazaba al terminar y le limpiaba el sudor. Ryoga lo retaba a pelear y él por supuesto aceptaba, pero cuando lanzaba un golpe, sus brazos parecían dos espaguetis, la fuerza no le alcanzaba siquiera para tocarlo. Ryoga se reía a carcajadas y luego le lanzaba un golpe tan fuerte que le sacudía la cabeza.
Ranma se despertó con dolor de cabeza, se llevó las manos a la frente y pudo escuchar las risas disimuladas de sus compañeros. Miró sobre su escritorio el borrador, levantó la mirada y se encontró con el enfurecido profesor que aún tenía la mano estirada.
— ¡Fuera Saotome! — ordenó el maestro.
Ranma se marchó, no sin antes dedicarle una mirada furiosa a su amigo Ryoga, quien levantó las cejas confundido con su actitud.
La hora del descanso era un campo de batalla. Había muchos niños y los platillos más deliciosos se acababan primero. Ranma siempre tenía la ventaja, en un par de saltos estaba a la delantera para llevar lo que le gustaba. Caminó decidido hacia el comedor. Lo divisó en medio de la multitud de cabezas negras y sonrió mostrando los dientes. Se impulsó con ambos pies en el suelo y cayó justo sobre la cabeza de Ryoga ganándole el pan relleno de cerdo.
—¡¿Oye que haces?! — gritó Ryoga, pero Ranma ya se encontraba fuera de su alcance. Desde lo lejos Ranma lo miró fijamente mientras se comía su almuerzo en dos bocados.
Más tarde le daré una paliza, pensó Ryoga mientras su estómago gruñía, maldito Ranma.
Al terminar clase Ryoga siempre esperaba a Ranma para no perderse de camino a casa, ese día se había demorado demasiado en salir. Ryoga miró confundido entre los rostros de sus compañeros buscando a su amigo pero no lo encontró. ¿Se habrá ido a casa sin mí?, Idiota.
Ranma escondido detrás de un árbol sonreía malicioso, pero su sonrisa se diluyó de golpe al ver quien se acercaba a lo lejos.
—Olvídalo, no lo conoces— ordenó como si el muchacho pudiera escucharlo.
Shinnosuke que estudiaba en otro instituto de casualidad pasaba por el lugar frenó al escuchar su nombre.
Ryoga se apuntaba el pecho y repetía su nombre, al tercer intento abatido agachó la cabeza y le hizo un gesto para que se marchara.
Ranma amplió su sonrisa cuando Shinnosuke dio varios pasos, pero la perdió al ver cómo se detenía y regresaba, tenías que acordarte de ese idiota. Los jóvenes se marcharon, Ryoga sin perder de vista a Shinno para poder regresar.
Ranma chasqueó la lengua y se encogió de hombros, no había salido todo como pensaba, pero ya se le ocurriría cómo molestar a su "querido amigo".
No podía ir a su casa todavía, no si no quería encontrarse con Ryoga. Camino sin rumbo definido por las calles cercanas al instituto.
Pasó por una heladería que siempre estaba llena de jóvenes y entonces la vio, allí junto a la ventana estaba Akane comiendo o más vale masacrando un helado con la cuchara, sus amigas la veían con preocupación, tenía unos cuantos cabellos fuera de su lugar y el uniforme algo sucio.
Torpe, ¿se habrá caído?
Akane se quedó con la cuchara en la mano y giró violentamente hacia la ventana.
Ranma se pensó descubierto, de inmediato se escondió tras la pared, tras unos minutos sin que nada ocurriera, se atrevió a asomarse de nuevo, para su sorpresa Akane ya había terminado su helado y se encontraba de brazos cruzados con mala cara.
Ranma decidió marcharse, nada que hacer, ella tenía mal carácter, de seguro había sacado un punto menos en algún examen o cualquier bobada sin sentido.
Caminó por el parque y se encontró frente a una fuente de agua. Miró por el suelo hasta dar con una piedra pequeña, la lanzó al agua viendo las ondas que se formaban, buscó otra para hacer lo mismo pero esta vez más grande, la lanzó desde una distancia considerable. El agua se removió desparramándose un poco por el borde. Ramma resopló y tomó una roca todavía más grande.
Escuchó a un niño susurrarle algo a su mamá quien lo miró con desaprobación. Ranma soltó la piedra haciendo un hueco en el suelo.
Estaba actuando extraño y no quería reconocer por qué, pisoteó lleno de una desazón y regresó sobre sus pasos.
Cruzó la esquina y tropezó con alguien, haciendo uso de sus habilidades mantuvo el equilibrio.
—¡Auch!— la joven se frotó la frente y levantó la mirada contrariada.
—¡Ranma!
—¡Akane!
Ranma dio un paso atrás y se aclaró la garganta, Akane alisó la falda de su uniforme.
—Ranma… ¿Vas a alguna parte?
—Eh, no, yo…— Ranma miró a ambos lados— vamos a casa.
Akane volteó a mirar por encima del hombro. Las amigas que había dejado atrás hace unos minutos hablaban en secreto entre ellas. Agachó la cabeza y caminó despacio al lado de Ranma.
No hablaron mucho en todo el recorrido hasta la casa de Akane, por alguna razón Ranma solo parecía indiferente.
—Bueno… nos vemos…— Akane abrió la puerta.
— Espera— Ranma la detuvo por el brazo.
Akane miró la mano de Ranma y luego su cara con una muda interrogante.
—¿Qué te pasó?¿Quién fue?
—¿Eh?
— Si, ya sabes…¿Por qué traes el pelo revuelto y el uniforme sucio?
Akane enrojeció, se soltó del agarre de Ranma para pasarse las manos por el cabello intentando acomodarlo.
—No, no es nada.
Ranma torció la boca — está bien como quieras.
Akane se quedó viéndolo alejarse, ¿Estaba Ranma realmente preocupado por ella?
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—Ranma, cuando regreses tenemos que hablar de algo serio.
—¿De qué se trata viejo?
—Ya lo sabrás, ahora vete que se hace tarde.
Ranma se encogió de hombros y corrió, no porque llegará tarde precisamente.
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Las puertas del instituto Furinkan se cerraron justo cuando Akane acababa de ingresar.
Los compañeros de Akane y algunos de otros salones comenzaron a rodearla. Ella se puso a la defensiva, apretó la maleta con su mano izquierda y resopló.
El luchador de zumo quiso intimidarla con su enorme cuerpo, avanzando hacia ella con pasos que retumbaban.
Akane se impulsó para darle de lleno en el estómago con la rodilla, para el asombro de muchos eso bastó para dejar fuera de combate al luchador, quien se desplomó en el suelo dejando salir el aire de sus pulmones.
Unos pocos tuvieron suficiente con esa demostración de fuerza y retrocedieron disimuladamente perdiéndose entre la multitud que rodeaba la entrada del instituto.
Akane miraba furiosa a todos los chicos que pretendían ganarle. El equipo de esgrima unió fuerzas con el de baloncesto, que poco o nada sabían de combate, pero también querían conseguir una cita con ella.
Akane lanzó su maletín de cualquier forma para tener las manos libres.
Atajó un florete, que amenazaba con levantarle la falda, y lo partió a la mitad.
Le arrebató el balón al capitán del equipo de basket y lo lanzó usando su fuerza al máximo, algunos dientes salieron volando.
Resopló acomodándose el cabello cuando otro grupo ya estaba sobre ella.
—¡Ya, déjenme en paz! Van a hacer que llegue tarde a clase de química.
Decididos los chicos de otros deportes se unieron para vencerla.
Primero le dio un golpe en la barbilla al capitán del equipo de fútbol, luego unas cuantas patadas a sus compañeros.
El timbre sonó alertando a todos los que se acercaron para ver la contienda.
El capitán del equipo de Kendo aprovechó para pasar al frente y apuntarle a Akane con la espada.
—¡Kuno, ya es suficiente, estoy cansada de llegar tarde a clase!— gritó Akane aburrida de lidiar con los tontos del instituto.
El joven, mayor que ella por un año, se acercó, bajando su espada.
—¡Hermosa Flor, empecemos una linda historia de amor, todos los días serán feli..
Kuno Tatewaki quedó silenciado por una patada alta de Ranma que apareció en medio de los dos.
— ¡Ranma!
—¿Así que por esto estabas tan rara?— inquirió frunciendo el ceño.
—O-oye Ranma que haces…— Akane retrocedió mirando a ambos lados mientras la gente comenzaba a murmurar.
—Responde
—¿Quién es él?— preguntó uno de los compañeros de Kuno.
— Parece el novio de Akane— respondió otro.
— ¿Qué? ¿Akane tiene novio?
Los murmullos comenzaron a escalar en decibles. Pronto Ranma comprendió que estaban en medio de todo, apenado arrastró a Akane de la mano hacia una parte más retirada.
Ella se soltó agitada por la carrera.
—Ranma, ¿Qué haces aquí? Y ¿Por qué golpeaste al superior Kuno?
Haciendo caso omiso a la primera pregunta se acercó a ella —¿Te preocupa ese idiota?
—No, yo…— Akane irguió su postura intentando parecer más grande — Yo sé defenderme sola, no tenías que armar semejante lío, ahora me van a suspender.
Ranma bufó pasándose las manos por la cara —¡Se nota que tenías todo bajo control!
—Así es todos los días y para tú información siempre les gano.
—Eso es solo por esa suerte loca tuya o simplemente porque se contienen al pelear con una niñita como tú.
—¡Cállate!
Akane se dio vuelta dejando a Ranma murmurando todo tipo de cosas, antes de entrar al edificio, giró la cabeza con una risa traviesa — yo creo que estás celoso— dijo con voz cantarina.
Ranma tardó unos segundos en procesar la información —¿Ce-lo-so? Celoso, ¿Celoso yo? ¡¿Quién está celoso?!— gritó a la puerta por la que había desaparecido ella.
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—Akane…¿Entonces vienes con nosotras?
—¿Eh?
—Oh, lo siento, supongo que querrás ir con tú novio.
Akane frunció el ceño — ¡Yuka!— se quejó.
—¿Vas a ir con Ranma?
—¿A dónde?
—¡Al festival!
—¿Hay un festival?— preguntó sorprendida.
Sus amigas se echaron a reír — Ay Akane, de verdad que estás enamorada.
—¡Claro que no!
—¿Entonces vienes con nosotras?
—Bueno…le preguntaré a mi mamá si puedo ir.
—Puedes quedarte en mi casa, para que no regreses tan tarde al bosque.
—Gracias— sonrió Akane.
Akane no había ido a muchos festivales en su vida, vivir lejos de todo no ayudaba mucho. Tenía un hermoso yukata que su mamá le había regalado por su cumpleaños, era azul con flores contrastantes, se imaginó disfrutando con sus amigas, pero un momentáneo giro de su imaginación la hizo pegar un respingo. Ranma vestido como nunca lo había visto, de forma tradicional, se acercaba para acompañarla.
Sacudió la cabeza con energía, seguro que el bobo de Ranma se reiría de ella, le diría que era una tonta infantil.
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—Akane, hija, te ves muy hermosa.
La señora Saiko dio vueltas alrededor de su hija ajustando el obi.
—Gracias mamá.
—pero no te vas a ir con el puesto ¿Verdad?— preguntó preocupada.
Akane hizo un gesto con las manos — claro que no, solo me lo estaba probando antes de irme.
—Akane hija ¿estás segura de querer ir? Digo, estás mejor en casa y…
Saiko miró a su esposo de reojo quien sufrió un repentino ataque de tos.
—Lo que tú padre quiere decir es que esperamos que te diviertas mucho y que regreses a casa de tú amiga temprano.
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El festival era más hermoso de lo que Akane había imaginado, las personas vestidas de manera tradicional en medio de luces tintineantes, faroles, avisos llamativos de los puestos de comida y de juegos.
Vio a sus amigas a lo lejos y corrió con pasos cortos que le dejaba el yukata. Yuka y Sayuri también se veían bien en sus yukatas, pero siempre era Akane la que resaltaba y se llevaba todas las miradas, aunque ella no fuera muy consciente de ello.
Un hombre de contextura gruesa y yukata gris invitaba a los asistentes a probar su suerte.
—¡Vamos!— sugirió Yuka arrastrando a sus amigas— ¡el premio son tres mil yenes!
Entre risas las chicas se aproximaron al señor quien les explicó rápidamente que debían comprar un tiquete por tres yenes para poder jugar y que si adivinaban el número de la balota que él sacaba de una caja entonces serían ganadores.
Frente a ellos en una mesa estaba la dichosa caja negra, fácilmente podía contener mil balotas, así que la posibilidad de ganar no era muy grande.
Yuka fue la primera en pasar, le entregó el dinero al señor quien lo guardó celosamente en su billetera.
—¿Qué número escoge señorita?
— Ummm, ¿El cincuenta y seis?
El señor metió la mano a la caja, se escuchaban las esferas chocando unas con las otras.
—¿Quieres cambiar tú respuesta? — indaga el señor ya con la esfera en la mano.
Yuka miró a sus amigas quienes negaron con la cabeza.
El dueño del juego abrió la mano y reveló el número treinta.
Yuka agachó la cabeza y dio un paso atrás — inténtalo tú Sayuri.
—Está bien— dijo acercándose — veamos tengo catorce, Daisuke también, nos conocemos desde los cuatro años, eso serían diez años más veintiocho — murmuró mientras hacía cuentas —¡Treinta y ocho!— exclamó por fin.
—¡Excelente número señorita! — el señor abrió la mano y todas se acercaron para ver — Es una lastima que no sea el ganador.
Se reveló el número setenta en la balota.
Sayuri hizo un puchero y retrocedió.
Akane miró la caja negra, cerró los ojos concentrada y pudo ver en su mente claramente la mano que tomaba la esfera y mostraba el número ochenta y siete. abrió los ojos pensando que su imaginación era muy vívida y soltó sin más —ochenta y siete.
—Muy bien señorita, veamos el resultado.
Cómo si se tratara de un deja-vú la escena se repitió.
—¡Akane ganaste!— gritaron las jóvenes dando saltos.
El dueño del puesto miraba aún incrédulo.
—¿Gané?— Akane parpadeó mirando la mano del señor que estaba igual de sorprendido.
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Akane y sus amigas se alejaron contando el dinero mientras el señor las miraba a punto de echarse a llorar. Nunca nadie había acertado.
En el transcurso de la noche Akane continuó ganando uno tras otro, ante el asombro de sus amigas y de ella misma, los premios de tiro al blanco, de atrapar peces, sacar muñecos de peluche.
La joven Akane pensó que era una coincidencia muy divertida. Cuando ya no tenían cómo llevar más premios, se sentaron a disfrutar de un poco de la comida dulce del festival. Yuka y Saiyuri degustaban un kakigori mientras esperaban que Akane regresara del puesto de Taiyaki. A ella le gustaban aquellos peces porque fue la primera comida dulce propia de un festival que había probado con su mamá hacía muchos años. No recordaba nada antes de la llegada a la casa de los Tendo, ni siquiera su nombre, cada que se detenía a pensar en eso Saiko le decía que ella siempre iba a ser su hija. Akane no tenía nada que reprocharles ni a sus padres ni a sus hermanas, pero a veces, solo a veces, se perdía en pensamientos o recuerdos extraños, no eran algo concreto, no eran rostros, ni lugares, eran algo más que aún no podía descifrar y siempre que tenía esas sensaciones terminaba agotada y con dolor de cabeza.
—la preferida de los dioses.
La voz la sacó de sus pensamientos, unos ojos de iris púrpura le devolvieron la mirada.
—¿Disculpe?— preguntó Akane pensando si había escuchado mal tal vez.
La señora la miró con una media sonrisa—¿ te diviertes en este lugar?
—ah, yo, sí señora — respondió a la carrera haciendo una pequeña inclinación de cabeza.
— ¿y regresarás pronto a casa?
Akane se giró para ver a sus amigas a lo lejos en la banca.
— Me quedaré con mi amiga esta noche.
Ayame vio por encima de Akane a las chicas que se reían divertidas.
—me refiero a tú verdadero…no importa, solo no abuses de tu …buena suerte.
Akane ladeo la cabeza.
—¡Señora Ayame! Su pedido— llamó la dueña del puesto de Taiyaki.
— Adiós, señorita.
Akane se despidió con una breve inclinación. Después de unos minutos recibió su pedido y caminó despacio, pensativa. Una pequeña sacudida en su hombro la sacó de sus pensamientos.
—¡Señora Risu!, Te dije que no podrías venir conmigo ¿Por qué no me esperaste con Kasumi?
La ardilla bajó del hombro y recorrió la mano de Akane hasta llegar al bocadillo.
— Con que solo vienes por la comida ¿Eh? — Akane la regañó dándole un toque en su pequeña cabecita.
La criatura guardó la comida en su boca y trepó de nuevo por el brazo de Akane hasta su hombro.
Akane comenzó a caminar pero sintió nuevamente un tirón en la ropa.
— señora Ritsu, es por este lado — señaló Akane hacia adelante.
La ardilla insistió señalando con su hocico hacia el lado contrario. Akane suspiró, levantó una mano para indicarle a sus compañeras que la esperaran y caminó entre las personas abriéndose paso, dobló en la esquina de un puesto de algodón de azúcar y se encontró con un túnel hecho de luces tintineantes en color rosa, estaba alejado del resto del festival para que se pudiera apreciar mejor en la oscuridad.
Su amiga bajó de su hombro, para guiarla a través de él.
—espera…— Akane daba pasos cortos con sus sandalias de madera.
Antes de llegar al final, Akane tropezó con la raíz de un árbol que sobresalía, trastabilló un poco hasta que recuperó el equilibrio, apenada miró hacía atrás y se llevó una mano al pecho, aliviada de no estar entre la multitud.
—Torpe.
Entrecerró los ojos para ver el final del túnel y ahí estaba él, de pie, con media sonrisa burlona, cruzado de brazos sobre su camisa roja.
—¡Ranma!— Akane se acercó mientras su corazón bombeaba más rápido.
Él se llevó una mano al pecho tomando el dije que guardaba por dentro de la camisa.
—¿Viniste al festival?
Ranma dio una mirada rápida hacia donde se encontraban los puestos de comida y negó con la cabeza.
— Vi a este bicho lejos y pensé que se había perdido, la seguí hasta aquí— Ranma señaló a la ardilla que permanecía en el hombro de Akane. — No quería que estuvieras lloriqueando y desconcentrada en los entrenamientos por perderla.
—Gracias por preocuparte— respondió Akane mirando al suelo.
Ranma desconcertado por no obtener una respuesta agresiva ante su comentario, resopló — ¿Y quien dijo que me preocupaba?
Akane soltó una risita disimulada que hizo que Ranma fijara la mirada en su boca, sintió el corazón latiendo en la garganta. Ahora se sentía peor por lo que tenía que decirle.
—Akane…
—¿Umm?
— Tú… ya no tienes que preocuparte de esos idiotas del instituto.
—¿Qué?
—Bueno ya sabes Kuno y los demás.
Akane abrió los ojos de par en par—¿Qué hiciste Ranma?
—¿Yo? Y ¿por qué asumes que fui yo?
—Ranma…— amenazó Akane acercándose más.
—Eh…es cierto, Kuno y otros idiotas me buscaron cuando salía del instituto. Pregúntale a Ryoga.
—No me digas que…
—No les hice daño…no mucho al menos.
El chico se rascó la cabeza.
Akane dio un largo suspiro, Ranma se preparó para el regaño pero en vez de eso ella solo empezó a reírse, primero por lo bajo y luego a carcajadas. Ranma sonrió aliviado, no podía dejar de sentir esas cosquillas cada vez que Akane se veía feliz. Se le hizo un nudo en la garganta de solo pensar el verdadero motivo por el que había ido hasta el festival.
—Akane yo …
—¿Si?
—¡Akane! ¡Akane!
Un tumulto de peluches, peces y toda clase de baratijas se movían a toda velocidad hacia ellos.
Yuka asomó la cabeza entre dos osos de peluche.
—¿Ranma?
—Ay, perdón por interrumpir, pensamos que te habías perdido y nosotras… perdón Akane.
— ¡¿ Qué?! No, no, no interrumpen nada— Akane movió las manos desesperadamente.
—Vamos Ranma, no seas tímido, acompáñanos un rato al festival.
Sayuri empujó a Ranma y Yuka a Akane.
— busquemos donde guardar los premios de Akane y ¡divirtámonos!
—Yo…ya debería irme…— se excusó Ranma mirando hacia el lugar por donde había llegado.
—No seas amargado— intentó convencerlo Yuka.
—Los dulces están deliciosos— añadió Sayuri.
Ranma solo veía a Akane, comprendió su silencio como una respuesta, esperó unos segundos antes de emprender la marcha.
Esa tonta jamás le pediría que…
Akane tomó valor para tirar de la manga de su camisa justo cuando este dio un paso.
—quédate— pidió en un hilo de voz .
—Puedes quedarte en casa de Hiroshi, creo que ustedes podrían ser buenos amigos— propuso Yuka.
—Yo…no sé, es que— balbuceo Ranma rascándose la nuca.
—Chicas, Ranma se tiene que ir— intervino Akane.
— No, yo supongo que me puedo quedar un rato más.
Yuka y Sayuri aplaudieron — ¡Vamos a buscar a los chicos! Ya deben estar por llegar— gritaron mientras se adelantaban.
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—Toma— dijo Akane pasándole un algodón de azúcar a Ranma.
—¿Dónde se quedaron tus amigos?
—Deben estar jugando algo por ahí.
Ranma dio una mirada a sus alrededores, cerciorándose de estar solos.
—¿Quieres jugar tú también?
Akane negó con la cabeza — creo que ya gané lo suficiente.
—Ya veo… Akane yo, tengo algo que decirte.
Akane se detuvo para mirarlo a los ojos. Ranma pensó que era algo sencillo lo que tenía que hacer, pero viéndola allí con ese yukata y el cabello recogido hizo que se le encogiera el corazón.
—Voy a entrenar.
Akane levantó una ceja —¿A esta hora?
—No, no es eso, es solo que…papá dice que debemos aprender nuevas técnicas…
— me parece bien, siempre hay algo nuevo que aprender.
—Si es cierto, pero no es eso a lo que me refiero…Hay un lugar donde vamos a aprender no sé qué técnicas de entrenamiento.
— ¿Vas a un viaje de entrenamiento?
—Si.
—¿A dónde vas? Tal vez pueda pedirle permiso a mamá, podemos pedirle a Kasumi que nos haga comida que podamos llevar.
Ranma sintió el miedo agarrandose de su estómago.
—A China.
—¿Eh?— Akane ladeo la cabeza.
—Me voy a China.
—¿Po-por unas semanas?
Ranma guardó silencio. Se miraban, pero a la vez parecían estar perdidos en la oscuridad.
Akane sintió esa oscuridad apoderarse de ella, algo en el fondo le ordenaba que le dijera a Ranma que no lo hiciera, que se quedara, pero era algo más que su simple deseo. Podía ver con claridad que él le obedecería como un ente.
—¿Akane? — Ranma miraba las manos de ella que le apretaban los antebrazos.
—¿Akane? — insistió Ranma
— Estoy bien— dijo en voz baja mientras aflojaba las manos y las dejaba caer a los lados.
Ranma se agachó preocupado para verla bien.
—¿Seguro?
Akane enrojeció y dio un paso atrás consciente de la cercanía.
—Si, estoy bien— repitió recuperándose por completo.
Eso fue extraño, pensó dando un suspiro.
— El viejo me lo dijo hace unas horas, ya sabes que a veces se pone misterioso. Partimos al amanecer.
—Al amanecer— repitió ella asegurándose de las palabras.
Solo faltaban unas pocas horas para que él se fuera, ya casi era medianoche y está parecía ser su despedida.
—supongo que deberías descansar, ya es muy tarde.
—Entonces… nos despedimos aquí.
—¡Ranma, Akane!, Ya van a empezar los fuegos artificiales— gritaron a lo lejos las chicas que ya se habían reunido con Hiroshi y Daisuke.
—Vamos— ordenó Ranma y sin esperar respuesta comenzó a caminar.
Con cada explosión Akane sentía que estaba más cerca la hora de no ver a Ranma. Se había acostumbrado a sus constantes peleas, a entrenar con él, a compartir la caminata en silencio por el bosque, a explicarle una y otra vez los ejercicios de matemáticas. No quería llorar, tenía la corazonada que volverían a encontrarse. Cuando el último destello de luz azul cruzó el cielo, Akane contuvo el aliento, se puso de puntitas y le dio un beso en la mejilla a Ranma
— te esperare.
Continuará
Buenas ¿Noches? Todavía hay alguien por ahí esperando esta continuación. Espero que sí.
hay un personaje por aquí de una historia anterior ¿lo recuerdan?
Saludos a los que me dejaron un mensaje.
SARITAANIMELOVE
Roxbonita
Lisa 2307
Sury
Arianeluna
Rhou916
Hikari
Benani0125
Vanezl
