¡Me descubrieron! Pensó de inmediato. Aquí termina mi aventura.

-¿Qué pasa?- Ace debió percatarse de que algo ocurría al mirar la expresión de la chica, se volteó y vio al hombre de contextura gruesa que se aproximaba hacia ellos como buscando a alguien. La chica no respondió, se había quedado petrificada- No te preocupes.

Maris sintió presión sobre la cabeza y cuando miró hacia arriba se encontró con el ala naranja del particular sombrero del pirata. Le quedaba algo grande.

El guardaespaldas pasó a unos pocos centímetros de ellos y siguió de largo. Ni siquiera sospechó que bajo ese sombrero y con esas ropas sencillas estaba la desaparecida tenryuubito.

-Te queda bien- dijo Ace mirándola con una sonrisa.

Maris sintió unas cosquillas en el estómago. Él había hecho desaparecer un problema que en su momento le había parecido monumental con una facilidad y rapidez abismante, además ahora tenía su peculiar sombrero sobre su pequeña cabeza.

-Listo- dijo el cocinero y les pasó las porciones a cada uno.

La tenryuubito le dio una probada a la bola de takoyaki. Nunca le habían dejado comprar algo en un puesto de comida, así que era la primera vez que a su boca llegaba algo que no estuviese hecho por cocineros privados. Era grasoso y se sentían alimentos de calidad dudosa; sus padres nunca la hubiesen dejado comer algo así y eso le encantaba más que nada. Empezó a devorarlos uno tras otro. La comida callejera es deliciosa, pensó, no tenía idea de que las frituras supieran tan bien. Se había llevado una gran cantidad a la boca cuando notó que Ace la estaba mirando asombrado. Estaba congelado con la boca abierta y la bola de takoyaki apunto de entrar a su boca.

Maris, quien tenía las mejillas infladas de comida, no tuvo tiempo para avergonzarse porque la situación le pareció tan cómica que estalló en una risotada al mismo tiempo que intentaba tragar los pedazos de alimento para que no salieran volando. Se atoró un par de veces así que tuvo que golpearse en el pecho para no ahogarse. Cuando ya había tragado todo y había logrado detener la risa volvió a echar una ojeada al pirata y lo encontró riendo sutilmente. En ese momento la muchacha se sonrojó por la manera en que él la miraba, en cómo tenía la cabeza apoyada en su mano derecha y la exploraban unos ojos sugerentes.

-Veo que te gustó el takoyaki- dijo el vendedor sin tener idea de qué estaba interrumpiendo.

La muchacha aprovechó la salvada y se dirigió al cocinero para elogiar la comida. Ambos continuaron la merienda hasta que las bandejas quedaron vacías y sus estómagos llenos.

-¿Y qué quieres hacer ahora?- preguntó Ace. Como ya no podía sujetarse el sombrero simplemente se rascó la cabeza mientras Maris decidía.

-Mmm… ¡Oh ya sé! El Sabaody Park, vamos ahí.

-Está bien.

Fueron hasta el Sabaody Park y la muchacha apenas podía ocultar su emoción en cada paso que daba. Había ido una vez de niña y recordaba poco, pero lo que recordaba la emocionaba. Llegaron a la gigantesca y parafernálica entrada donde en unas titánicas letras se podía leer el nombre del parque de diversiones. Pasaron el umbral y observó todo el lugar sin ser capaz de ocultar su asombro. Casi todas las máquinas tenían las burbujas como parte de su diseño y algunas, como la montaña rusa, abarcaban casi la totalidad del parque. No había atracción que no llamara su atención.

-¡Vamos al barco pirata!- dijo apuntándolo.

-No… no veo la novedad en eso.

-Entonces la montaña rusa.

Fueron a hacer la fila y cuando fue su turno de sentarse en el vagón la muchacha sintió un potente e inmediato arrepentimiento. La barra de seguridad descendió y encerró sus piernas. Ya no había marcha atrás, iba a morir, iba a morir en ese momento y solo podía pensar que estaba feliz de no haberse casado con Chalros. Con sus manos apretó la barra tan fuerte que Ace se percató de su nerviosismo.

-¿Todo bien?

-Creo que me quiero bajar- dijo ella totalmente tiesa y con los ojos cerrados.

-Creo que es muy tarde para eso, ya estamos subiendo.

Y efectivamente el vagón estaba comenzando un lentísimo ascenso que continuó sin detenerse por un buen rato. Cada segundo que pasaba Maris sentía que su alma se saldría por su boca e iría a dar una vuelta por el carrusel.

-Creo que fue mala idea comer justo antes de esto- dijo ella y un momento después estaban bajando por la montaña a toda velocidad. La tenryuubito se había agachado todo lo posible, abrazado sus piernas y cerrado los ojos para pretender que nada estaba pasando.

-Abre los ojos- le gritó Ace mientras reía.- Levántate, mira al frente.

Pero Maris escuchaba los gritos de horror de las otras personas y bajo ninguna circunstancia iba a levantar la cabeza.

Se mantuvo así durante todo el juego y cuando bajaron Ace no paraba de reír.

-Te hiciste bolita…- se sujetó el estómago que ya comenzaba a dolerle por la humorada- todo el juego.

La muchacha no quería hablar de eso. Todo le daba vueltas y eso que ni siquiera había abierto los ojos. Miró a su compañero que estaba a punto de caerse al suelo de la risa.

-No es gracioso, casi muero- dijo lamentándose de sí misma, lo que hizo que el comandante solo riera con más ganas.

Cuando Ace pudo respirar se dirigieron a un juego más tranquilo. La noria era una de las mayores atracciones, era tremenda y las vistas debían ser de lo más espectaculares. Maris se preguntó hasta qué Grove podría ver desde ahí.

Ingresaron a una de las burbujas que actuaban de cabina y quedaron uno frente al otro mientras la rueda rotaba a paso tranquilo. Desde ahí podía verse todo el parque, lleno de personas que esperaban en filas o que disfrutaban de la alegría desde una banca. De repente un vagón de la montaña rusa pasó muy cerca de ellos y pudieron ver a toda las personas montadas gritando. A la chica se le revolvió el estómago de solo recordarlo. Miró al pirata, quien no miraba el paisaje, sino que tenía los ojos fijos en ella.

-Tengo que decirte algo, Ace.

El comandante se inclinó hacia ella y la miró con seriedad. El momento al fin había llegado.

Maris tenía miedo. Sabía cómo se sentía la gente con respecto a los tenryuubito, lo sabía porque ella misma los despreciaba en la misma medida o incluso más. Era consciente de todo eso que significaba su existencia y en las terribles maneras en que un tenryuubito podía utilizar su poder. No culpaba a Ace si decidía abandonarla después de soltar un par de insultos, no estaba preparada emocionalmente para ello, pero en lo más profundo de su ser quería que él supiera toda la verdad, sentía que precisamente a él no podía mentirle con respecto a quién era, aunque eso significara perderlo. Y ese momento era perfecto, el ambiente dentro de la burbuja era tan tranquilo que generaba un espacio íntimo ideal para hablar de algo así.

-La verdad es que no soy una esclava, los guardias me buscan porque soy una tenryuubito y escapé de mi familia. Sé qué vas a pensar, pero yo no soy como el resto de mi clase, me repugna casi todo lo que hacen y nunca he creído que tenemos privilegios congénitos por nuestros ascendientes. Siempre he envidiado a la gente de fuera de Mary Geoise, me gusta su libertad y… las aventuras, los piratas. Por eso huí, no quiero tener nada que ver con esa gente, quiero salir al mar y que el destino decida mi próximo camino.

Maris cerró los ojos recordando la primera vez que había visto lo monstruosa que era su familia. Aún sentía un nudo en la garganta cuando lo hacía.

Fue entonces cuando miró a Ace para descubrir su reacción.