"Cuando era un bebé mis padres no podían ocuparse de mí. Eran tenryuubitos, no podían darse el lujo de no dormir y de complacer a todas las necesidades de un recién nacido. Yo tenía una nana, se llamaba Aurora. Debía tener más de unos cincuenta años, la recuerdo con cabello corto y negro, con unos pocos mechones plateados, sonriéndome y cantándome canciones de cuna. Estuvo conmigo muchos años, para mí ella era todo lo bueno en el mundo.
"Empecé a crecer y ella me contaba cosas sobre su vida fuera de allí. Tenía dos hijos, uno ya había pasado los 18 años y el otro aún tenía 16. Me decía que eran unos muchachos inteligentes y apuestos, pero hace años que no podía verlos. Cuando le pregunté por qué no quiso responderme; como habrás adivinado tenía un neck-ring pegado al cuerpo. Yo era muy inocente, no entendía muy bien lo que ocurría en mi casa, casi no veía a mi madre y menos a mi padre, lograba entender que la que realmente cuidaba de mí era Aurora. A esa edad mis verdaderos padres solo estaban ahí, en el fondo, y no me preocupaba mucho de interactuar con ellos.
"Ocurrió a los 5, creo. Unos niños me dijeron que mi cuidadora en realidad era una esclava, que la razón por la que era mi niñera era porque la habían vendido en la casa de subastas de humanos. En un principio no lo creí, pero cuando logré unir los cabos sueltos caí en cuenta de lo que me habían dicho y llegué a una conclusión. Si la liberaba ella podría por fin ver a sus hijos y no estaría forzada a estar conmigo.
"Averigüé dónde mis padres ocultaban las llaves y, cuando tuve la oportunidad, me escabullí. Era demasiado pequeña para que alguien sospechara de mis propósitos o para que escucharan mis suaves pasos dentro de la habitación de mis padres. Robé la llave de Aurora y se la entregué. Ella casi entró en shock cuando se la di, vio la oportunidad. Por mi parte quería entregarle todas las facilidades para que lograra su cometido. Un día ella intentó su escape, con mi ayuda. Pero fallamos, nos descubrieron. Recuerdo el rostro horrorizado de mis padres cuando se dieron cuenta de lo que yo había hecho.
"Lo que ocurrió luego es… es algo que no quiero recordar en realidad. Basta decir que Aurora nunca volvió a ver a sus hijos… o nada en realidad. Para mí ese fue el crimen más grotesco que alguien podía cometer, y luego de eso tenía que ver el rostro de los culpables cada día, era tortura. No pasa un día que no la extrañe ¿sabes? Con ella la vida era… buena"
A Christine se le rompió la voz. Las lágrima finalmente escaparon a sus mejillas y empezaron a correr de manera torrencial.
-Nunca pude perdonarlos y… no olvidé que ella había sido la única persona que alguna vez amé. Cuando me la quitaron, me quitaron todo.
El llanto volvió a apoderarse de ella, había recordado lo que sintió por tantos años luego de que eso ocurriera: soledad. Hasta el día de hoy ella siempre había estado sola.
Logró tranquilizarse y se limpió la cara con las mangas de su camiseta. Respiró hondo y cuando se sintió preparada miró al pirata. No puede ser, pensó, tiene que ser una broma.
Él seguía sentado, aparentando escucharla, pero sus ojos cerrados y su respiración indicaban que claramente estaba durmiendo. Christine simplemente no podía creerlo.
-Ace- dijo mientras lo sacudía desde un brazo tratando de despertarlo. Luego reiteró con brusquedad y algo más enfadada- ¡Ace!
El susodicho regresó del sueño y la miró con unos ojos plagados de modorra. Pestañeó por unos segundos mientras la muchacha trataba de digerir lo que acababa de ocurrir.
-¿Te acabas de dormir mientras yo contaba…?- no era posible, tenía que ser una broma.
-¡Oh, lo siento!- dijo rascándose la cabeza por debajo del sombrero.- creo que me vino algo de sueño.
-No puedes hablar en serio.- Iba a golpearlo, iba a hacerlo.
-Tranquila, tranquila- dijo percibiendo el aura asesina de su interlocutora a la vez que levantaba las manos en señal de inocencia- escuché todo, me quedé dormido cuando te descubrieron, pero escuché todo.
Christine seguía impactada, él no debía ser una persona normal. Trató de normalizar su respiración y sus sentimientos contradictorios.
Al menos no la había visto llorar.
Una risa empezó a brotar en los labios de la chica y pronto se convirtió en una carcajada. Ahora era Ace el impactado. Ella lo sintió entonces, no estaba sola. Estaba a punto de llorar de felicidad.
-Oye, no te rías- dijo el pirata frunciendo el ceño, revelando un lado infantil - ¿Te ríes de mí? ¿Qué es tan gracioso? ¡Oye!- Pero ella no podía escucharlo y ya le dolía el estómago por tensarlo tanto.
El enojado pirata le agarró los hombros para calmarla y la muchacha, en su desenfrenado ataque de risa, terminó empujándolo y ambos rodaron por el pasto hasta que ella quedó sobre él. La risa murió instantáneamente. No podía precisar qué decían los ojos del comandante a la vez que no podía asegurar qué expresaba con sus propios ojos. Lo único que se movía eran sus pechos, que subían y bajaban a un ritmo acelerado. Un montón de sensaciones nunca antes experimentadas recorrieron el cuerpo de la chica, un fuerte cosquilleo en el abdomen, algo similar a una brisa cálida que recorría su cuello, un ardor suave, pero perceptible que presionaba su entrepierna. Antes de que pudiera reaccionar el pirata ya estaba mirando sus labios y, como sumida en un trance, se acercó deseando con fervor la proximidad de su piel tan cálida, la persistente ansia de tocar esos brazos tan firmes, de acercar su cuerpo al de aquel hombre que en un solo día le había dado vuelta su mundo, que la hacía reír y llorar con una facilidad que la asustaba.
-¡Aquí está!-gritó un hombre desde la distancia a lo que ambos se separaron de inmediato- Es la tenryuubito.
Christine vio de dónde provenía la voz. Era un desconocido. No me digas que Sanctus ofreció una recompensa por mí, pensó. Tras él venían dos figuras más con intenciones hostiles. La muchacha empezó a levantarse sin apartar la vida de la nueva amenaza y antes de que se diera cuenta Ace ya se estaba parado a su lado y les dedicaba una mirada peligrosa.
-Oye oye no se vayan a meter con mi cita- movió un brazo en su dirección y de él salió despedida una monstruosa llama de fuego que se abalanzó como un felino sobre los cazarrecompensas. Las ropas de dos de ellos ardieron en fuego y el tercero intentó ayudarlos como pudo al ver cómo gritaban pidiendo por ayuda.
Antes de que la joven pudiera procesar lo que acababa de ocurrir el pirata ya la había tomado de la mano y habían empezado a correr. Volteó a ver la escena y recién entonces cayó en cuenta de que detrás de las personas que intentaban lidiar con el fuego se encontraba un grupo de gente con las mismas intenciones de capturarla. Así que continuó su escape con el comandante delante de ella y tirándola del brazo, a lo que respondía intentando con todas sus fuerzas seguirle el ritmo; claramente no estaba en tan buena forma como él.
-¿Qué fue eso?
-La Mera Mera no Mi- respondió sin voltearse.
Mira que guardarse tal secreto...
El camino ya se estaba cubriendo por un tinte anaranjado, anunciando que el fin del día estaba más que próximo. La brisa vespertina se deslizaba entre la hierba segundos antes de que los pies de los fugitivos pasaran pisoteándola. Quizá era esa sensación de vigor que acompaña el ocaso aquella que hacía que corriera briosa la sangre de sus venas y entrelazaba sus falanges. Respiraban la última gota de luz que tenía el archipiélago para ofrecerles.
Llegaron a una zona poblada. A sus lados se extendían las tiendas y casas, pero ahora había una cantidad considerablemente menor de transeúntes. Ace no la soltaba y luego de dar un vistazo a su alrededor la introdujo en un callejón. Se volvió hacia ella y, exhalando una buena cantidad de aire, le dijo:
-¿En dónde quedamos?
