REY DE LOS DEMONIOS
¡Hola! Volví :D
- Lin Lu Lo Li: La historia dio un giro y como lo dijiste Kagome puede echarse para atrás, pero ¿Lo habrá hecho? :3 ¡Gracias por leer!
- Guest: ¡Hola! ¡Gracias por leer la historia y espero que te guste esta nueva actualización!
Enserio traté de actualizar antes :C Pero supongo que el domingo es mi único día libre. ¡Aquí un nuevo cap! ¡Espero lo disfruten!
Nos vemos dentro de una semana o un poco antes :p
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
CAPÍTULO 13.
KAGOME
Sentí la intensa mirada de Inuyasha posada en mí. Nos quedamos en silencio, lo suficiente para que Myoga lo interpretara como una afirmación absoluta.
Queríamos escuchar su relato, la famosa verdad de la que hablaba, pero, sobre todo, quería escuchar sobre mi verdad.
–Cuando la humanidad se encontraba en una eterna guerra nació una nueva era, la del poder. Era un mundo en donde todo lo que un simple mortal buscaba era el poder y la eterna gloria.
Escuchamos con atención, solo el silbido del viento era una segunda voz.
–Fue así como se formaron lazos, algunos eran conocidos como Lazos de Sangre, estos eran irrompibles, no existía magia, curación o maldición capaz de romperla – Hizo una pausa para mirarnos – Hasta que sucedió.
–Ve al grano anciano – Inuyasha soltó hastiado.
Myoga pareció esconder una sonrisa y asintió.
–Hace muchos siglos atrás existió un Rey que formó un Lazo de Sangre con una sacerdotisa, ella era conocida como Midoriko.
–Si, si, si y él era…
–No estoy hablando de Lothar Majestad – cortó –, el Inu no Daiyōkai o más conocido como el Gran Perro Blanco, sino de Setsuna no Takemaru – Inuyasha y yo volvimos a mirarnos confundidos – Es probable que ya nadie hable de él, es lógico que en las grandes historias solo se hablen de seres que conserven un gran poder en su interior, en su caso el de un demonio y una sacerdotisa.
–¿Quién era él? – Me atreví a preguntar.
–Un simple humano – respondió enseguida – Pero por sus grandes habilidades de lucha logró conquistar varios Reinos, incluido el de la Sacerdotisa. Cuando esto pasó él le propuso formar un Lazo de Sangre con la única condición de otorgarle protección a cambio de su gran don.
Ella aceptó desde luego, se encontraban en medio de una guerra y su gente no tenía cómo poder defenderse. Fue así que tras un periodo de no más de un par de meses, Takemaru se posicionó como el Rey de Reyes usando el don de sanación de Midoriko. La sangre de una sacerdotisa era valiosa, se podía convertir en una poderosa arma de destrucción. Pero esto cambió cuando ella conoció a Lothar el Inu no Daiyōkai y vivieron un romance que pocos se podían permitir en ese entonces.
Hizo una pausa para buscar entre los cajones y sacar un pequeño bulto para luego sentarse y ponerlo sobre la mesa.
–La figura del Gran Perro Blanco apareció en los sueños de Takemaru desde entonces – continuó – Una noche, cuando todo el palacio dormía y solo el canto de los grillos adornaban los pasillos, Takemaru fue en busca de su esposa, pero lo que encontró fue lo que hizo colapsar su ira.
–¿Qué vio? – dije interesada, en cambio Inuyasha roló los ojos con fastidio.
–Su amada esposa sostenía esto entre sus manos.
Miré el objeto sobre la mesa, parecía un juguete, uno hecho de lana tan blanca que parecía un pedazo de nube.
–¿Un juguete? – pregunté.
–Así es – dijo el anciano dejándolo sobre mi regazo – Pero no es cualquier juguete, sino uno en forma de un Perro Blanco.
–El mismo que Takemaru soñaba – agregué en un susurro y el anciano asintió.
–Asombrado por lo que sus ojos veían se mantuvo en silencio al pie de la puerta, escuchó a su amada hablar con alguien, solo que en la habitación no había nadie más. La luz de la luna reflejaba la figura de Midoriko tras la ventana y aquello pareció calmar la ansiedad de Takemaru hasta que ella volteó y de inmediato sus ojos viajaron a su vientre, con la delgada tela que vestía, Midoriko no pudo ocultar lo evidente.
Apreté el juguete entre mis manos.
–Su embarazo ya casi llegaba a culmino y para Takemaru significó traición.
–Pero… él pudo ser el padre ¿O no?
–De eso nada, Takemaru nunca la tocó – sentenció Myoga – Ella era una Sacerdotisa y las relaciones de pareja implicaban muchas cosas, una de ellas era…
–No es necesario que cuentes todos los detalles anciano, mejor cuenta el final de esta historia – exclamó Inuyasha.
Myoga pareció juzgar su impertinencia al igual que yo, solo que esta vez pude ver en Inuyasha un cierto nivel de ansiedad que intentaba disimular con enfado.
–No, yo sí quiero saber todos los detalles – dije sin dejar de mirar sus ojos dorados.
El anciano se aclaró la garganta antes de continuar.
–Cuando los seres espirituales entregan su pureza a un humano, ya sea por amor o no, implica renunciar a su don, pero si fue con un demonio el castigo es más severo, lo pierden, se transfiere y al final mueren.
–Pero ¿Por qué Midoriko no murió? – cuestioné.
–Por el Lazo de Sangre, al estar unida con un humano la sangre de Midoriko reconoció a su hijo como el de Takemaru, fue así como no murió.
–¿Y qué pasó con Lothar?
–Al ser él un demonio puro no puede morir, pero ¿qué es peor para un demonio que la muerte? – Miró a Inuyasha.
–Ser un simple humano – respondió este.
–Así es Majestad, Lothar perdió su sangre demoníaca y se volvió un simple mortal – Me miró – Tan mortal como nosotros.
–¿Qué pasó después? – seguí, pero mis ojos ya no eran capaces de mirar a Inuyasha.
–Takemaru al sentirse traicionado buscó su venganza, mandó a que lo busquen y que lo maten, mató a toda la gente de Midoriko, no tuvo piedad ni con los niños, encerró a Midoriko en una celda y la mantuvo cautiva hasta que naciera su hijo. Fue una noche de luna llena cuando se escuchó el primer llanto de un recién nacido y fue una noche de luna llena cuando el gran palacio del Rey de Reyes ardió en llamas. Takemaru había mandado a cercar todo el lugar y prender fuego el palacio con ella dentro, pero no contó con la llegada de Lothar – hizo una pausa como si tratara de recordar hasta el más mínimo detalle – Él se presentó en su forma de demonio, colosal y enorme Perro Blanco ¿Cómo? – Se hizo la pregunta y negó con la cabeza – Lamento decirle que no tengo una respuesta para eso.
–¿Entonces la salvó?
–Ambos se enfrascaron en una pelea, una pelea en la intervinieron demonios y otra clase de seres apoyando al Inu no Daiyōkai, la historia no lo cuenta, pero Lothar fue conocido como el Rey de los Demonios después de su victoria.
Victoria vacía después de todo, si bien se convirtió en el ser más poderoso del mundo, no pudo salvar a su amada ni a su hijo, llegó tarde y lo único que encontró en su lugar fue una perla, a la que llamó Shikon. Se lamentó por años, sufrió, esperó y murió después de siglos. Es así como termina su historia, la de un demonio y la de una sacerdotisa.
Dejé que el silencio pusiera fin a todas las voces dentro de mi cabeza, esperé y pronto lo entendí.
–Yo… – dije tratando de no sonar rota – ¿Yo que soy en realidad?
–El origen de los Higurashi es desconocido, para algunos eran unos simples humanos, pero para otros… – Me miró – Fueron creados por la perla.
–¿Qué es realmente?
–Creo que sabe la respuesta a esa pregunta Princesa.
–Sí, pero quiero escucharla de usted.
Respiró por la nariz y soltó todo el aire por la boca antes de responder.
–Midoriko usó la poca fuerza espiritual que le quedaba para sellar su alma y la de su hijo dentro de la perla, por eso Lothar nunca los pudo recuperar, él era un demonio, no podía ¿Cómo podría? – Cerró los ojos – Fue así como el don de Midoriko se mantuvo oculto por años. Aquel que poseía la perla tenía la fortuna de incrementar su poder. Y aquel que poseía a una sacerdotisa nacida de la perla tenía la oportunidad de ser invencible – Myoga negó con la cabeza y me tomó de las manos – Tus padres sabían del peligro que eso te traería cuando crecieras. Nadie quiere ser presa de seres malvados que solo buscan apoderarse de tu don y usarte como un arma.
–¿Cómo lo sabe? – exclamé.
–Porque estuve ahí – Myoga me miró – Yo lo vi, tu don es casi tan poderoso como el de Midoriko y por eso tus padres lo sellaron dentro de ti. Ellos no iban a permitir que te hicieran daño.
–Pues ya lo hicieron – dije poniéndome de pie – Vi morir a todos y no fui capaz de hacer nada para salvarlos, ahora tengo a un maldito loco buscándome y todo por este don.
–Kagome…
–No – le dije a Inuyasha – Tú también eres igual.
Contuve las lágrimas, lo miré una última vez antes de salir de aquel lugar y sentí el viento helado hacer estragos dentro de mí.
–¡Kagome! – Inuyasha me detuvo.
–Suéltame…
–Por favor escúchame.
–¡No quiero escucharte! Tú lo sabías – acusé – Lo sabías desde un principio.
–Déjame explicarte…
–¿Cuál era tu plan Inuyasha? – lo enfrenté – ¿Pensaste que después de aceptar casarme contigo tendrías todo resuelto?
–¿Qué? No, yo solo...
–Pensabas romper tu maldición acosta de mi vida ¿Verdad?
Guardó silencio, lo admitía y aquello fue incentivo suficiente para estampar mi mano en su mejilla. Me aparté de él y me esforcé por tratar de no sonar rota.
–No quiero volver a verlo frente a mí nunca más Majestad.
–¡Kagome! – me llamó.
Sentí sus pasos tras de mí, no me detuve, sin embargo, luego de unos segundos ya no lo escuchaba más. No miré atrás, preferí seguir el camino cuesta abajo por mi cuenta. Ya lo tenía claro, al final de cuentas Myoga tenía razón, un gran don como este solo podía convertirme en un arma.
INUYASHA
—¡Kagome!
La llamé, pero ya no la encontré. La niebla alrededor hacía difícil mi búsqueda.
–¡Kagome!
–No la encontrará Majestad.
Agarré al anciano por el cuello.
–¿Dime dónde está?
–Majestad…
–¡Dime a dónde fue!
Cuando vi que necesitaba aire para poder hablar lo liberé.
–No lo sé… – musitó con dificultad – Tal vez usó una barrera.
–Eso es imposible, ella no sabe…
–Le recuerdo que es una Sacerdotisa y claro que si puede – Lo vi masajear su cuello – Solo que no tuvo oportunidad para hacerlo.
Lo fulminé con la mirada antes de ir por mis cosas. Si Kagome ya no estaba aquí entonces ya no tenía sentido quedarme por más tiempo.
–Majestad ¿Qué hace?
Miré a Myoga tras de mí.
–Me largo de aquí – afirmé – Nunca debí traerla…
¡Maldición! Esa mujer me volvería loco.
–Pero no puede irse en su estado.
–¿Estado? Já ¿De qué hablas anciano? ¿Acaso estás delirando?
Apuntó a un objeto que estaba en un rincón cubierto por una manta. Me acerqué y cuando la retiré mis orejas saltaron a la vista en el espejo.
Me había convertido en una bestia una vez más, lo había olvidado y es que esa mujer tenía el don de hacerme olvidar hasta de las cosas más presentes en mi vida.
Decidí quedarme solo por esta noche, ya mañana buscaría a Kagome y trataría de arreglar las cosas. Sabía que no tenía que involucrarme, lo sabía desde un principio, pero la insistencia de Sesshomaru y la de mi padre era una completa tortura. Mentiría si dijera que no tenía otra opción, mentiría si dijera que Kagome no me interesaba y no como Sacerdotisa, sino como mujer.
Esperaba poder arreglar las cosas y que no fuera demasiado tarde cuando la encontrara.
–Ya pasaron cuarenta días desde que regresaste del Templo de las Nubes.
Miré a Miroku con enfado.
–Gracias, pero sí contar y estoy al tanto de eso.
–Oye tranquilo. Solo lo decía porque desde entonces nada en el palacio es igual – Se acercó sentado sobre su caballo – Y la bella Sanguito no quiere verme.
–Prefiero eso, yo siento que cada vez que estamos en un mismo salón ella quiere cortarme la cabeza.
Sonrió.
–Perdiste a su Princesa ¿Dime qué esperabas?
–¡Casi me mata! – acusé y mi caballo levantó la cabeza alarmado.
–Y te recuerdo que gracias a mi rápida intervención no lo hizo.
–De hecho, fue gracias a mi padre, tú solo aprovechaste la situación para tomarla por la cintura – acusé y nuevamente apareció aquella sonrisa lujuriosa.
El silencio vino acompañado por una suave brisa. El invierno se acercaba y se hacía sentir en cada rincón del palacio.
Y solo me preguntaba si Kagome estaría bien, si estaría comiendo bien y si no tendría frío. La había buscado por un poco más de un mes y lo seguiría haciendo si no fuera por la salud de mi padre.
Mientras me encontraba fuera de Lothar buscándola, había recibido la noticia de que la salud del Rey de Lothar no era buena. Sesshomaru decía que era cosa de la edad al igual que los médicos, pero mi padre no era tan débil como para permitir que algo así lo tumbara en cama, él no era así.
Sin embargo, todo apuntaba a eso y la realidad era así de dolorosa.
–¡Majestad! ¡Majestad! – Volteé a ver de quien se trataba – Majestad ya le tengo una respuesta.
Miré a Miroku quien ya me veía con confusión en su mirada.
–Kikyo ve a mi habitación y espérame ahí – ordené y ella asintió antes de irse.
–¿Respuesta? – dijo sorprendido – ¿A qué?
–No es asunto tuyo.
Hice andar a mi caballo. Rápidamente Miroku me siguió.
–No será lo que estoy pensando ¿O sí?
–¿Y qué estás pensando? – acusé.
–Inuyasha, no.
–No ¿Qué?
–Sabes perfectamente de lo que estoy hablando.
Bajé de mi caballo y se lo entregué.
–No, en realidad no sé de lo estás hablando – sentencié antes de irme y dejarlo con la palabra en la boca.
Sonreí al imaginarme su cara de libidinoso.
–Majestad – dijo Kikyo al verme entrar.
–Ya te dije que puedes llamarme Inuyasha.
Sonrió.
–Inuyasha… – susurró – Ya sé dónde puede estar la Princesa – reveló – Como me lo pidió he estado averiguando con la gente del pueblo y sirvientas de otros Reinos. Como sabe Lothar es un Reino muy comercial por eso es normal que manden a sirvientas a comprar algunas cosas que no encuentran en sus Reinos.
–Por favor te voy a pedir que vayas al punto.
Asintió.
–Claro que sí, he estado hablando con Nara, ella trabaja para los Okami – Sentí mi corazón dar un vuelco – Ella me dijo que hace más de un mes su Rey presentó a una muchacha como su mujer, pero sus descripciones coinciden con las de la Princesa. También me dijo que practica mucho en su templo y casi nunca se la ve por el palacio, sólo cuando el Rey y ella salen a caminar – Retrocedí un par de pasos – Lo han visto tomados de la mano en múltiples ocasiones, hasta incluso los han visto besándose sin ningún pudor.
–Suficiente – pedí – Ya no quiero seguir escuchando más.
–Está bien, pero hay una cosa más – levanté la cabeza y la miré.
–¿Qué?
–Hace poco el Rey de los Okami canceló su compromiso con la Princesa Ayame. Todos dicen que es porque planea casarse con la princesa Kagome.
–¡DE NINGUNA MANERA! – solté alterado – Antes lo mato que verlo poner un dedo encima a mi prometida.
Tiré la puerta a mi paso.
–Inuyasha – dijo Sesshomaru al verme – Nuestro padre quiere hablar contigo.
–Ahora no puedo, dile que hablaremos cuando regrese.
–¿A dónde vas?
–A recuperar a Kagome.
Continuará...
