REY DE LOS DEMONIOS

¡Hola! Volví, eso quiere decir que sobreviví a la semana :)

-Lin Lu Lo Li: Jaja Definitivamente la perdimos. Qué puedo decir, me gusta mucho escribir romance y ya era hora de juntar a ese par. Este capítulo viene cargado ¡Espero que te guste y gracias por leer!

-Guest: Siempre me emociono cuando veo que en verdad mi historia te esté gustando tanto :3 ¡Gracias por leer! Y disfruta de esta nueva actualización.

El próximo capítulo ya está rondando mi mente, así que tal vez lo acriba de una vez y tengan una actualización más pronto de lo que se esperan :D

¡Gracias por leer!

¡Y disfruten de este nuevo cap! :)

Atte. XideVill


Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.


CAPÍTULO 16.

INUYASHA

No había forma.

De ninguna manera iba a permitirlo.

–Kag… – Miré el objeto entre sus manos – Creí que eso le pertenecía a los Okami. ¿Por qué te lo dio?

–Bueno… – sonrió nerviosa – Digamos que le hice una promesa.

–¿Promesa? – cuestioné impaciente – ¿Qué clase de promesa?

–Eso ya no importa. Será mejor que vayamos de una vez.

La tomé del brazo cuando quiso subirse al carruaje.

–Es peligroso.

–Lo sé – dijo sin mirarme.

–Y tal vez revivas los recuerdos de aquella noche.

–Eso también lo sé.

La fui soltando lentamente para que se girara y me dejara ver sus hermosos y enormes ojos marrones.

–Pero aun así quiero ir – dijo tajante – Y si dijeras que no, te aseguro que encontraré la forma de llegar a Lothar.

–¿Por qué? — Mi pregunta fue casi un susurro.

–Tu padre fue muy bueno conmigo. Me aceptó en su Reino después de haber perdido el mío aquella noche.

–Sí, pero él…

–Inuyasha – dijo con una voz tan cálida – Él hizo lo que cualquier padre haría por un hijo – Buscó mis manos y las envolvió – Aún si eso significara tomara la vida de alguien más con tal de otorgarle paz a su ser amado.

–No dejaré que nada malo te pase.

–Eso ya lo sé tonto – Me sonrió – Además, yo puedo defenderme sola.

Sonreí.

–Kagome.

La atraje hacia mí y la envolví entre mis brazos. Su exquisito aroma recorrió por todo mi cuerpo, haciéndome sentir en calma.

Cuando bajé del caballo un hombre se acercó de inmediato para llevárselo. Caminé rápidamente hacia el carruaje en donde estaba Kagome y le ofrecí mi mano para que bajara. En respuesta recibí una sonrisa.

–Majestad.

–Dime ¿Cómo está?

Miroku pasó rápidamente su mirada curiosa hacia Kagome.

–Miroku – insistí – ¿Cómo está mi padre?

–Eh… Venga por favor. El Rey ha estado muy intranquilo estos días.

–Claro.

Miré a Kagome.

–Ve – me dijo ella – Yo iré a mi habitación, claro si es que no la han ocupado ya.

–Claro que no Princesa – intervino mi amigo – Esa habitación está tal y como usted la dejo, si no me cree puede preguntárselo a su Majestad…

–Vayamos de una vez – corté de inmediato.

Miroku pareció mirarme con algo de diversión en su mirada.


KAGOME

Estaba de vuelta, si bien Lothar no era mi hogar de nacimiento, se había convertido en mi único lugar seguro.

Tras la puerta de mi habitación se escuchaban algunas voces y entré sin llamar demasiado la atención.

–Y quiero que limpien muy bien ese cuadro.

–Sí señorita Kikyo.

–¿Qué pasa aquí? – dije llamando la atención de todas las muchachas que se encontraban limpiando la habitación.

–Princesa – dijeron al unísono.

–Qué bueno que ya regresó – comentó Kikyo haciendo un gesto disimulado para que todas salieran – Cuando vi que Inu… El Príncipe Inuyasha regresó con usted, corrí rápidamente hasta aquí para limpiar un poco. Verá, cuando regresó del Templo de las Nubes sin usted, todo el palacio se preocupó.

–¿Enserio?

–Sí, incluso esa joven – miró hacia la ventana – La que es buena peleando.

–¿Hablas de Sango? – intervine.

–Sí, ella. Estuvo a punto de matarlo.

Llevé una de mis manos a la boca, tratando de esconder mi sorpresa.

–Menos más que el joven Miroku estuvo ahí para impedirlo.

–Ya veo.

–Princesa – levanté la cabeza – ¿Puedo hacerle una pregunta?

–Claro que sí.

Dio un par de pasos hacia mí y cuando estuvo lo suficientemente cerca se detuvo.

–¿Dónde ha estado todo este tiempo?

–Creo que la respuesta a esa pregunta tú ya la sabes muy bien.

–¿Yo?

–Sí, fuiste tú quien le dijo al Príncipe todos los rumores que se decían de mí ¿O me equivoco?

–Princesa yo…

–Pero no entiendo de dónde salió el rumor de que el Rey Koga y yo nos besamos.

El silencio que se formó en la habitación fue casi sofocante, hasta que el ruido de la puerta terminó con aquella agonía.

–¡Kagome!

Miré a mi amiga parada en la entrada.

–Sango.

Corrió hacia mí y me abrazó aún incrédula.

–¿Enserio eres tú?

Sonreí mientras me separaba de ella para mirarla a los ojos.

–Te extrañé – dije en respuesta.

–No vuelvas a desaparecer así – amenazó.

–¿Por qué? – sonreí cómplice – Si lo hago otra vez ¿Matarás a su Majestad el Príncipe?

Sango pareció sentir remordimiento y escondió la mirada.

–Oye, no te estoy reprochando – advertí – Lo importante es que ya estoy de vuelta.

–Sobre eso…

Sango pareció mirar con disimulo a la muchacha tras de mí.

–Su Majestad el Rey me envió a buscarte – susurró.

–¿Su Majestad se encuentra bien?

–Ahora está estable, pero…

Dejó la conclusión al aire. Aquello lo interpreté de muchas formas.

–Vayamos – dije abandonando la habitación.

Cuando entré todos se encontraban en completo silencio. Sesshomaru parecía concentrado leyendo unas hojas y cuando Inuyasha me vio no tardó en llegar hasta mí.

–Kagome… – susurró.

–¿Qué ocurre? – dije de igual forma.

Su semblante era el de disgusto y enojo.

–Inu…

–Querida hija – llamó Toga desde su cama – Ven, acércate.

Miré a Inuyasha y este pareció ponerse en alerta. Caminé hasta quedar al lado de su Majestad y esperar a que volviera a hablar.

–Qué bueno es tenerte de vuelta.

–Majestad…

–Sí, lo sé querida. Mi estado no es el más digno.

–No diga eso por favor.

Sonrió mientras buscaba mis manos.

–Siento no poder cumplir mi más grande anhelo, pero… — Hizo un gesto para que me acercara más a él y lo hice – Al menos concédeme el privilegio de ver a uno de mis hijos casado con una mujer noble y bondadosa como tú.

–Padre – intervino Inuyasha.

Toga sonrió y negó con la cabeza.

–Eres obstinado querido hijo, necesitas a alguien capaz de hacer que te doblegues.

–Ya se lo dije padre, no voy a obligarla a aceptar algo que no quiere – advirtió el menor mientras se colocaba junto a mí.

Todo Rey merece una Reina.

Sentí la tensión que se ejerció en el cuerpo de Inuyasha cuando soltó aquella frase.

–¿Qué fue lo que dijo?

Fue cuando Sesshomaru dejó lo que estaba haciendo para formar parte de la conversación.

–Lo que escuchó Princesa – afirmó con voz grave – Inuyasha sucederá al trono cuando mi padre...

–Por favor no lo diga – pedí exaltada – Pero ¿Qué pasará con usted? Usted es el primogénito de su Majestad – Miré al Rey – Majestad no puede hacerle esto a su propio hijo.

–No pierda su tiempo – intervino Sesshomaru – Yo lo intenté, pero su terquedad duplica sus años.

Luego de eso abandonó el lugar dejando solo el eco de la puerta al cerrarse.

–Ya di la orden – Habló finalmente Toga – Ya todos lo saben y se cumplirá mi última voluntad al pie de la letra.

–Ya te dije que no pienso obligarla a aceptar algo que no quiere.

–Pero, si aún no sabes lo que quieres – sentenció el Rey mientras me miraba – Dime hija ¿Cuál será tu decisión?

—Yo…

Miré a Inuyasha y de inmediato lo vi negar la cabeza.

–No tienes que hacerlo.

–¿Qué pasará si no acepto? – musité.

–Como ya lo dije: todo Rey merece una Reina – dijo Toga con la voz cansada – En caso de que no aceptes, eventualmente tendré que buscarle a mi hijo otra prometida.

Inuyasha me tomó de la muñeca y me obligó a salir de la habitación de inmediato.

–Espera – pedí, no obedeció – Inuyasha, detente.

–Buscaré un lugar en donde puedas estar segura.

–¿Qué?

Detuve mis pasos y se giró para buscar mi mirada en la oscuridad.

–Será lo mejor – sentenció.

–¿Qué pasará contigo?

–El decreto del Rey es inquebrantable. No tengo más opción que aceptarlo.

–Pero…

–Ve por tus cosas, prepararé un carruaje.

–Espera Inuyasha — Lo detuve – No quiero irme.

–No tenemos otra opción.

–Sí la hay – dije dando un paso hacia él – Aceptaré.

–Kagome ya hablamos de esto.

–Pero me ofreciste tu compañía.

–Eso fue antes de saber que sería Rey de Lothar y todo lo que implica esa responsabilidad.

–Inu…

–No puedo ponerte en peligro y hacerte sufrir.

–Y no lo harás.

–Eventualmente lo haré. Cuando todos sepan que no puedo darle un heredero al Reino me veré obligado a…

–Ni lo digas – advertí – La razón por la que pienso aceptar ser la Reina de Lothar es por ese motivo exactamente. Porque no puedo y no quiero imaginarme verte con otra.

Su semblante cambió rápidamente a uno de complicidad.

–¿Aceptarás solo porque estás celosa?

Inmediatamente sentí mis mejillas bañarse en una onda de calor insoportable.

–No… – dije nerviosa, mientras bajaba la cabeza – Además… Quisiera comprobar si mi teoría del Kotodama no Nenju es cierta o no.

Su sonrisa desapareció.

–De ninguna manera.

–Inuyasha ¿Sabes lo que significaría si resulta ser cierto?

–Que no moriste en nuestra primera noche – soltó sin más y no pude sentir vergüenza.

–No hablo de eso — Intenté no sonar nerviosa – Significaría que podría existir un nosotros en el futuro.

Buscó mis manos y cuando las encontró las envolvió dentro de las suyas.

–Nada me haría más feliz que tener un futuro contigo Kagome – confesó – Nada me haría más feliz que poder despertar todos los días viendo tus hermosos ojos y sintiendo tu calidez junto a la mía.

–Entonces no huyas – pedí mientras cerraba los ojos pegaba mi frente en la suya – No dejemos que tu maldición y mi don decidan por nosotros.

–No quiero perderte…

–Ni yo a ti. Estaremos juntos en esto.

–Serás la Reina más hermosa de todos los Reinos.

Sonreí mientras abría los ojos y me encontraba con el sol de su mirada.

Te amo.

Mi corazón soltó un latido doloroso cuando procesé el significado de aquella frase. Y mientras mi razón y mi corazón se ponían de acuerdo, sus labios daban paz a los míos.

Acepté sentirme vulnerable entre sus brazos.

Acepté sentir sus latidos junto a los míos.

Acepté un futuro que en el pasado se le fue arrebatado a alguien más.

Continuará...