La decisión de Malfoy
Draco se había sumergido en el tercero de los recuerdos que Pansy le había dado a Potter.
—¿Recuerdas esa fiesta de Navidad? —Pansy estaba relajada y hablaba con confianza, se veía divertida y feliz.
—¿Cómo iba a olvidarla, Pans? Ese día tu padre estaba tan ebrio que se subió a una mesa para cantar O sole mío mientras con su varita trataba de lanzar guirnaldas sobre todos.
—¡Merlín, Adrian! todo lo que consiguió fue que la punta de su varita expulsara ranas…
—¡Ranas gordas y llenas de verrugas que croaban por todas partes!
—Una cayó sobre el regazo de mi madre —ella se tapó la cara con ambas manos, riendo como loca —salió corriendo del salón y no regresó en toda la noche.
Ambos se carcajearon durante un buen rato.
—Esos tiempos nunca regresarán —dijo Adrian tiempo después.
—No es malo que no regresen —respondió ella —la guerra nos ha quitado muchas cosas, pero nos ha dado muchas más.
El rostro de Adrian se contorsionó y Draco pudo ver que no estaba de acuerdo con la chica. Se preguntó cuantas veces había puesto esa misma cara hablando con él, en cuantas ocasiones, conversando acerca del pasado, cuando el mismo Draco había dicho, al igual que Pansy, que pese a lo que habían perdido tras la guerra, la ganancia fue mucho mayor ¿Había torcido el gesto su antiguo compañero con la misma rabia? Se habían llenado sus ojos de aquel disgusto tan visible en ese recuerdo?
—¿Has vuelto a pasar por la casa? —preguntó Pansy.
—Es propiedad del Ministerio —dijo él —como muchas otras —se encogió de hombros —yo he podido conservar la casa en Box Hill aunque la uso… de cuando en cuando. Prefiero vivir en Londres, es más cómodo.
—A mi me gusta vivir aquí —ella seguía relajada —he descubierto que soy un alma solitaria.
—¿Tú? —él rió, su expresión de nuevo serena y normal —siempre fuiste una chica de sociedad, como una flor que florecía cerca de las multitudes.
—Eso fue en otra vida, Adrian —respondió Pansy con una sonrisa.
Draco salió del recuerdo con brusquedad y se volvió hacia Potter.
—Box Hill —dijo con los ojos brillantes —yo no sabía que consiguió mantener la casa de su madre. Pensé que todo lo que tenía era su apartamento en Londres pero no, tiene la casa de Box Hill, Potter ¿Por qué habría de ocultarme eso?
—¿Y por qué se lo dijo a Parkinson?
Él negó con la cabeza
—Ni siquiera creo que lo dijera de forma consciente, más bien fue un comentario casual, parte de la conversación mientras trataba de recuperar el control. Le enfureció que Pansy no estuviera cabreada con el mundo como él.
—¿Crees que podría haberla hecho daño?
—No lo sé, en realidad no creo, siempre se llevaron bien y puede que tratara de tantearla por si podía meterla en esa secta de mierda, como a mi. Tampoco a mí ha querido hacerme daño. Supongo que le importa la familia.
—También Luna es su familia, si lo piensas así y estuvo a punto de morir.
—No sé si él sabría que Lovegood estaba en San Mungo ese día, además, la verdad es que no es lo mismo su relación con Pansy y conmigo que la que tiene con Lovegood…que es inexistente, entre otras cosas.
—Eso es cierto —respondió Harry —¿Vamos entonces?
—Sí. Ahora mismo
—Sabes que sí salimos de aquí sin decir nada no nos lo perdonarán.
—A mí eso me importa una mierda.
—Pero a mí no.
El rubio refunfuñó pero salió tras él para ir a reunirse con los demás.
—Quiero dejar clara una cosa, Potter —dijo nada más llegar a la puerta y contemplar al grupito que había tomando té —esto no es tu jodida Orden así que ni creas que vamos a ir en equipo a ninguna parte. Tú eres un auror, yo soy un Agente e incluso Granger es parte del Departamento de Seguridad Mágica, pero el resto… el resto son civiles y se van a quedar aquí —sentenció.
Diez minutos después se preguntó en qué momento había perdido el control de toda aquella puta situación.
Había llegado a Box Hill con un pequeño ejército de idiotas.
Porque todos y cada uno de ellos había decidido ir, incluyendo a Pansy que sabría Merlín cuando se había convertido en parte de aquellos lunáticos.
Y Potter, el auror, el responsable de cumplir las leyes, de mantener el orden y la justicia, estaba allí, encabezando a aquella panda de dementes como si ir a una misión rodeado de civiles fuera la cosa más normal del mundo.
Por si aquello fuera poco, Tony había aparecido en Grinmauld Place un par de minutos antes de irse y, por supuesto, les había acompañado. Al menos él sí era una persona capacitada para ir a una misión de esas características.
—Zabini, tú, Ginny y Luna id por detrás —Ron, ve con Anthony, rodead la casa hacia la derecha. Parkinson tú vienes conmigo, iremos por la izquierda y Hermione irá con Malfoy…
—…a la puerta principal —dijo el rubio con una sonrisa maliciosa.
—¿Crees que estará aquí? —preguntó Pansy al auror mirándole a los ojos con cierto aire de indefensión que casi tocó el corazón de Harry.
—Tranquila —en un impulso le tocó el brazo y le dio un ligero apretón —siempre intento no hacer daño a nadie si no es estrictamente necesario ¿De acuerdo?
Ella asintió, incapaz de hablar y, aunque él ya la había soltado, Pansy tuvo que contener el impulso de tocarse en ese lugar. Aún podía sentir el calor de su agarre y, Merlín la ayudara, el contacto había despertado en ella algo raro, algo que no era capaz de definir.
Podría jurar que aquella era la primera vez en su vida que tocaba a Harry Potter o, más bien, que él la tocaba a ella.
—Vamos —la vio estremecerse y, pensando que tenía miedo, volvió a tocarla, en aquella ocasión únicamente poniendo la mano en la parte baja de su espalda —te he dicho que vengas conmigo para poder protegerte, sé que estarías más cómoda con Malfoy pero él y Hermione… En fin, no es sensato separarlos, por extraño que parezca. No dejaré que te pase nada.
Se puso delante de ella y Pansy no pudo hacer otra cosa que mirar su nuca, repitiendo en su mente aquellas palabras una y otra vez.
Sabía, porque no era ninguna estúpida, que él estaba hablando como auror y que, realmente, de todos los presentes era posible que ella fuera la menos preparada para un duelo, pero aun así, esa frase le hizo algo raro a su estómago.
Era una locura y si no estuviera hablando de Harry Potter, Pansy habría pensado que se sentía atraída por él, pero ni siquiera ella era tan tonta como para fijarse en el Niño que Vivió y al que ella quiso entregar para salvar su culo.
Sacudiendo la cabeza agarró con fuerza su varita y caminó detrás del moreno, tratando de no mirarle donde no debía.
—Quieta —él echó la mano hacia atrás para pedirle que parase y se quedó quieto, escuchando —Hay alguien dentro —susurró —se acerca a la puerta principal.
Veloz, se giró por dónde habían llegado, poniéndola de nuevo tras él y casi corrió hacia donde debían estar Hermione y Draco.
En el momento en que giraron la esquila vieron el primer hechizo golpear a un árbol a unos doscientos metros.
—Os cubrimos—estaba diciendo Anthony que, junto a Ron estaba lanzando hechizos antiaparición para evitar que el mortífago pudiera escapar.
—Draco —siseó Rabastan Lestrange lanzando una maldición tras otra al rubio.
Ambos duelistas intercambiaron maldiciones mientras Hermione, escondida detrás de un grueso tronco, había lanzado un Protego horribilis y continuaba con los hechizos protectores, cubriendo a Malfoy cuanto podía.
—Fianto duri
—¿Qué es eso? ¿Un Malfoy siendo defendido por una sangre sucia? ¡Deberías estar avergonzado!
—Repello inimicum
La barrera se completó, cubriendo completamente al rubio.
—¡Deberías estar muerta maldita impura! —estaba gritando Lestrange — ni siquiera eres digna de respirar el mismo aire que yo, eres una put…
Su discurso se cortó de golpe cuando un hechizo petrificador salió de la varita de Pansy e impactó en la espalda del mortífago.
—No sé a vosotros —dijo mirando el rostro pálido de Hermione que estaba curando el brazo de Draco que había sido alcanzado de refilón por una maldición punzante —pero a mi me estaba levantando dolor de cabeza.
—Bien hecho Parkison —Harry le sonrió y fue hacia Rabastan —quedas detenido…
—¿En serio, Potter? —preguntó Malfoy sacudiendo la cabeza.
—La ley es la ley, Malfoy —le riñó Hermione mientras sanaba su hombro también.
—¡Merlín, mujer! está petrificado.
—No lo está. Pansy ha usado un hechizo, el Petrificus totalus, no una maldición de petrificación — comenzó diciendo con esa voz repelente que antes le ponía de los nervios —todo el mundo sabe que las habilidades del sujeto petrificado con un hechizo para oír, ver, sentir y pensar funcionan correctamente, por lo tanto es imperativo leerle los derechos a un detenido que esté en ese estado. Sin embargo, si le hubiera enviado una maldición —frunció el ceño —además de que habría sido una utilización de magia oscura bastante cuestionable, entonces sí que él estaría… ya sabes, desmayado debajo de la piedra en la que se hubiera convertido.
Cuando la chica acabó de hablar ya había terminado de curar a Draco y Harry había leído sus derechos al mortífago.
—No hay nadie más ahí —dijo Blaise que estaba regresando con Ginny, Anthony y Ron de revisar la casa —estaba él solo.
—Se nos ha vuelto a escapar —Draco apretó los dientes, cabreado.
—Pero le tenemos a él —Harry sonrió —podremos utilizar veritaserum y cantará como un canario.
—Tardarán días en darnos la luz verde para la poción de la verdad —intervino Anthony.
—Hay otro modo… —Draco miró a Potter quien, tras pensarlo unos segundos asintió
—Volved a Grinmauld Place —dijo a los demás —Malfoy, Anthony y yo llevaremos a Lestrange al Ministerio.
A excepción de Hermione y Ron, ninguno cuestionó las palabras de Harry y uno a uno se fueron apareciendo.
—¿Qué vais a hacer? —preguntó Hermione cruzándose de brazos —no pensarás que vas a desahacerte de mi tan facilmente ¿No, Harry?
—O de mí, ya que estamos —intervino Ron que también se acercaba a su amigo con el ceño fruncido en una mueca feroz.
—Ron, no hay forma de que dejen que vengas al Ministerio a llevar a las mazmorras temporales del Wizengamot a un detenido.
—No quiero ir. Pero quiero que me digas por qué te estás intentando deshacer de todos los demás…
Hermione, que había estado callada contemplando a Draco, abrió los ojos desorbitadamente y suspiró.
—Quieres usar legeremancia en él ¿Verdad? Es más rápido que el veritaserum y además, a diferencia de la poción no es posible esquivarlo.
—Granger… —comenzó diciendo Draco
—No —le cortó ella —tienes razón —él no pudo evitar mirándola con cierto asombro. Nunca habría esperado que precisamente ella le conminara a romper las normas o, en ese caso, las leyes —necesitamos respuestas y no podemos esperar a que los protocolos se cumplan… Vámonos Ron —dijo tirando del brazo del pelirrojo —estaremos en casa de Harry.
El rubio solo le dedicó una sonrisa. Pero Hermione no necesitaba nada más, porque fue una sonrisa sincera, una de esas que sólo le dedicaba a ella.
—¿Preparado, saco de mierda? —Draco le apuntó con la varita en cuanto la mujer se fue —Legeremens
….
Draco sabía que Granger estaría bastante cabreada con él cuando cruzó el vestíbulo de la Mansión Malfoy. Sabía que ella esperaba que regresara con Tony y Potter a la casa de este último, pero él no quería dejar pasar más tiempo para hacer lo que debía hacer.
Caminó hasta el despacho de su padre y entró sin llamar cerrando tras él.
Le encontró, tal y como esperaba, sentado tras su escritorio, con un vaso de brandy en la mano mientras escribía algunas cartas.
Por un instante Draco se preguntó con quién se escribiría Lucius ya que, tras la guerra, había terminado en tierra de nadie, odiado por unos, repudiado por otros.
—El hijo… pródigo —siseó haciendo que el brandy se balanceara en la copa.
—Me temo que no, padre —replicó Draco con una sonrisa sentándose frente a él —si fuera así significaría que regreso dispuesto a ser perdonado y, teniendo en cuenta que no me arrepiento de nada y que se helará el infierno antes de que regrese, creo que es únicamente una visita.
El hombre más mayor apretó los labios en una fina línea y le miró durante un rato. Finalmente se bebió de un trago el líquido ambarino y dejó la copa sobre el escritorio, apoyando las yemas de sus dedos unas contra otras mientras continuaba con los ojos fijos en los de su hijo.
—Bien entonces ¿A qué debo este… honor?
—Vengo a ver qué tanto sabes de una historia muy… interesante. La vida y milagros de Anthony Malfoy.
Lucius entrecerró los ojos, repentinamente tenso.
—¿De qué quieres hablar? Era mi bisabuelo, el padre de mi padre.
—Oh, lo sé, por supuesto que lo sé. Lo que no sabía es que no eras el único nieto de Anthony, padre.
La expresión de Lucius se volvió desagradable. Sus facciones se convirtieron en una mueca de desagrado, con las mandíbulas apretadas, la nariz arrugada y los ojos entrecerrados.
Golpeó con el puño la mesa, con tanta fuerza que la copa se alzó y cayó, rodando por la superficie.
—¡Yo soy el único Malfoy! —gruñó con furia.
—Mmm —me temo que no —sonrió —es más, desconozco cómo habéis conseguido que nuestro árbol genealógico no muestre lo que no queréis mostrar pero ambos sabemos que está incompleto.
—¡No es cierto! —gritó de nuevo Lucius con salvajismo —¡Todo eso son mentiras!
Draco le contempló y poco a poco una sonrisa se fue abriendo paso en sus labios.
—Vaya vaya, padre. Así que es cierto… No lo sabes ¿Verdad?
—No hay nada que saber —le cortó, terminante.
—Oh pero claro que lo hay —su sonrisa se amplió —conoces los… rumores ¿No es verdad? chismes de pasillo… susurros maliciosos que nadie quiere que sean ciertos. Pero lo son, padre —rió bajito —lo son. Que maravillosa noticia ¿No crees? La familia Malfoy que siempre se ha vanagloriado de ser pura y sin mácula, resulta que tiene sucios secretos escondidos debajo de la alfombra.
—¡Nada de eso es cierto!
—Pero es que yo lo he visto —replicó Draco que, a diferencia de su progenitor estaba muy tranquilo —Anthony Malfoy tuvo dos hijos con Elin Berge, dos hijos que a su vez tuvieron hijos ¿No es maravilloso? Una gran familia feliz.
—Ya está bien, Draco —masculló con rabia.
—¿Es que no quieres conocer la historia, padre? ¿Quieres que siga cogiendo polvo debajo de la alfombra? ¿Quieres… engañarte y engañar a todos?
—¡He dicho que ya está bien! —gritó fuera de sí poniéndose en pie.
—Y yo he dicho que no —Draco también se levantó pero no gritó aunque su voz era profunda, oscura, llena de poder y furia —vas a escucharme, padre. Por una maldita vez en tu vida vas a callarte y me vas a dejar hablar a mi.
Lucius se echó ligeramente hacia atrás, impresionado al oír a Draco enfrentándose a él de esa forma.
Ya no era un niño y no estaba teniendo un arranque de rebeldía, era un hombre. Un hombre con sus creencias propias, con sus ideas, con su forma particular de ver el mundo.
Su hijo había cambiado hacía mucho tiempo y, lejos de ser la viva imagen de él, se había convertido en alguien diferente a lo que esperaban.
Era inconcebible, casi imposible pero ahí estaba. Ni la crianza, ni sus enseñanzas, ni la Marca… nada había influido en él a largo plazo. Quizás cuando era más pequeño sí, más manejable y dúctil, pero Lucius suponía que perder la guerra le había hecho cuestionarse muchas cosas y, siendo como era, un Malfoy, se había adaptado para sobrevivir.
Sí, suponía que fue eso, la forma que su hijo había encontrado para formar parte de ese nuevo mundo que, les gustara o no, era el que tenían.
Aquello él podía respetarlo, admirarlo incluso.
Elevando el rostro, de forma altanera, se sentó de nuevo, escuchando mientras Draco le contaba, con pelos y señales, toda la historia de su antepasado y Elin Bergen, mientras le explicaba cómo su apellido estaba ligado a los Parkinson, a los Pucey e incluso a los Lovegood de una forma bizarra y desconcertante.
—¿Estás diciendo que el joven Adrian es el que ha hecho todo esto? ¿Que ha conseguido unir a los antiguos mortífagos para que le ayudasen? —Lucius estaba completamente consternado —Rodolphus y Rabastan siempre fueron unos idiotas —masculló llenándose de nuevo la copa de brandy y ofreciendo a Draco, quien declinó —¿Qué sentido tenía todo esto? —preguntó alzándo una ceja —el mundo ha cambiado y cualquiera puede ver eso. Potter —dijo sin desprecio casi por primera vez en su vida —venció al Lord y, todos sabemos que tu madre tuvo mucho que ver en eso —puso los ojos en blanco —Merlín sabe que cometí algunos… errores durante la guerra —Draco sabía que era todo cuanto su padre estaba dispuesto a admitir —y puedo decirte que el mundo es un lugar mejor ahora que Potter le venció —frunció el ceño, pensativo —Sigo sin estar de acuerdo con las leyes que han creado, sigo pensando que todos esos seres inferiores son… —alzó el labio superior en un gesto despreciativo —inferiores, pero la verdad es que no quiero vivir en una guerra constante, ni servir a nadie, dicho sea de paso…
—Ojalá lo hubieras pensado antes de joderme la vida, padre —siseó Draco en voz baja.
Lucius le ignoró.
—No tiene sentido ¿Qué es lo que espera conseguir Adrian? Siempre fue un mago mediocre y no demasiado inteligente.
—No lo sé, pero pienso averiguarlo. Le tenemos casi acorralado. Hemos atrapado a Rabastan y casi desarticulado a su pequeña banda de idiotas, así que es cuestión de tiempo que le frenemos los pies.
—Es… desagradable oírte hablar de cómo estás ayudando a Potter —chasqueó la lengua —¿Cómo te has visto envuelto en todo esto? Pensé que estabas por ahí dilapidando la herencia en lugar de estar buscando una bruja decente con la que perpetuar nuestro apellido como es tu deber.
Draco sonrió. En aquella ocasión sonrió con tanta malicia que Lucius se tensó de nuevo. Al fin y al cabo era su hijo y conocía sus gestos bastante.
—En cuanto a eso, padre… en realidad sí que tengo a la persona perfecta para perpetuar mi apellido.
—¡Sobre mi cadáver! ¿Me oyes Draco? Si vas a decirme que todo eso que he estado leyendo en la prensa es verdad y que tienes algún tipo de…. —arrugó el rostro — relación —escupió con asco —con esa… esa…sa
—Si te atreves a decirlo —dijo Draco saboreando cada una de las palabras mientras sacaba la varita y la apoyaba en la mesa de forma relajada —vas a tener un serio problema, padre. Nunca, jamás, consentiré que nadie vuelva a insultarla en mi presencia —Se puso de pie y fulminó a su progenitor —es la mejor persona que he conocido en toda mi maldita vida. Ella sí es pura… y no por su sangre, ella representa todo lo bueno, la inocencia, el perdón, la redención. Con ella puedo ser yo mismo sin miedo a ser juzgado, no tengo que fingir ser lo que no soy porque ¿Sabes qué? Me acepta con todo. Incluso con mi pasado de mierda. Me toca, incluso aunque la Marca sigue aquí —gritó arremangándose para señalar su tatuaje —una Marca que tú, padre, me obligaste a tomar porque la tengo por tu culpa. Y deja que la toque pese a todo lo que hice en el pasado, todo lo que la dije, todos los insultos… Sí, tengo una relación con ella y pretendo tenerla durante todo el tiempo que ella me quiera a su lado. De modo que padre, puedes hacer lo que quieras, con tu oro, con tus propiedades y con tu vida. Dejé que me utilizarais todos como un títere en el pasado, pero mi presente lo dirijo yo y mi futuro —sonrió, apenas una curvatura de sus labios —mi futuro es de ella.
Ambos se giraron cuando escucharon un ruido en la puerta y vieron a Narcisa allí, mirándoles en silencio.
—Cissy —Lucius señaló a Draco —habla tú con él —siseó, furibundo tras escuchar las palabras de su hijo. Le miró con el labio superior curvado y la nariz alzada, con un gesto de estar oliendo algo que le desagradaba —estás loco. Jamás consentiré que mi hijo…
—¿Qué no lo consentirás? —Draco soltó una carcajada y en un movimiento tan veloz que nadie lo vio venir, saltó sobre el escritorio, desarmó a su padre, le inmovilizó y le puso la punta de su varita bajo la barbilla —No tienes ni idea de quien soy —susurró arrastrando las palabras —ni idea de lo que la vida a la que me abocaste ha hecho de mi. Así que no cometas el error de pensar, ni por un segundo, que tienes algún derecho sobre mi vida.
—Draco —la voz de su madre le hizo levantar la vista pero no soltó a Lucius —hijo.
—No, madre —dijo con dureza —soy yo el que no va a consentir que nadie, jamás, vuelva a pensar que tiene el poder de utilizarme para sus propios fines, ya sean asesinar a alguien —mordió las palabras —o procrear.
—Hijo —repitió Narcisa —tienes razón —Lucius abrió tanto los ojos que si Draco no hubiese estado tan enfadado le hubiera parecido cómico —y nadie va a decirte cómo vivir tu vida nunca más, tienes mi palabra.
—Pero Cissy…
—Silencio, Lucius —espetó la bruja —él tiene razón ¡Tiene razón, maldita sea! Puede que yo también piense que es una locura mezclarse con s… hijos de muggles, puede que mis creencias sea… distintas a las de otros pero jamás quise para Draco esa vida que elegiste tú. Tus amigos, mi hermana desquiciada y ese… ese demente de Voldemort —ignoró la forma en la que su esposo se estremeció cuando escuchó aquel nombre —se apoderaron de mi casa convirtiéndolo en un infierno de muerte y torturas y ¡Casi pierdo a mi hijo por todos vosotros! —se acercó, estirando una mano hacia Draco —nunca más, hijo —él tomó sus dedos, soltó a su padre aunque no le devolvió la varita, rodeó la mesa y se quedó frente a ella —yo misma me aseguraré de que seas libre para elegir —le sujetó las mejillas entre las manos —puedo tener ideas distintas a las tuyas, pero siempre voy a respetarte y si quieres tener una relación con la señorita Granger la tendrás y la aceptaré.
—¡Cissy!
—¡He dicho que la tendrá! —enfrentó la mirada de su esposo, un esposo al que amaba, pese todo —Lucius —su tono de voz se dulcificó un tanto —Yo te quiero, incluso con tus defectos, no concibo mi vida sin ti, aunque a veces odie muchas de las cosas que has hecho en el pasado. Si esa chica quiere a mi hijo de la misma forma… sea entonces. Todo lo que quiero es que Draco sea feliz y por mucho que te quiera no voy a consentir que ni tú ni nadie le arrebate esa felicidad.
Draco cerró los ojos durante un fracción de segundo y tragó saliva.
Sabía que su madre le amaba, claro que sí, incluso si ella nunca había sido una madre cariñosa y demostrativa. Ella mostró aquel amor incondicional cuando traicionó a Voldemort para salvarle, cuando arriesgó su vida para encontrarle. Pero eso… ese apoyo absoluto a su relación con Hermione fue mucho más de lo que nunca había esperado porque, incluso amando a su padre como le amaba, se arriesgaba a romper su matrimonio sólo por que él encontrara la felicidad, incluso si esa venía de las manos de una hija de muggles.
Inspirando hondo se inclinó para besar a su madre en la frente y la atrajo hacia sí en un abrazo brusco pero lleno de emociones.
—Gracias, madre —dijo con los labios pegados a su piel de alabastro.
Ella suspiró y le devolvió el abrazo con ternura. Fueron apenas unos segundos pero para ambos fue suficiente, no necesitaban más palabras para entenderse.
Lucius resopló pero no volvió a decir nada más y Draco ni siquiera le miró. Dejó su varita en las manos de su madre y se marchó hacia la chimenea que estaba conectada con la red flu en el vestíbulo.
Aún quedaban muchas cosas que decir y no sería la última vez que hablara con su padre pero algo le decía que Narcisa y él discutirían largo y tendido esa noche y, seguramente, la próxima vez Lucius estaría mucho más abierto a respetar los deseos de su hijo.
