Todos habían gritado al ver a Isshin atravesar el cuerpo de su hija con su zanpakuto. Pero el grito fue aun peor al ver el brillo de su reiatsu apagarse.

—¡¿VIEJO IDIOTA, QUÉ DEMONIOS HICISTE?! —gritó Karin al ver a su hermana.

Isshin estaba de pie con la boca abierta como si no pudiera hablar.

—Isshin-san, Isshin-san —interrumpió Urahara—. ¿Cuánto le transferiste? —pregunto él al otro shinigami.

—La mitad de mi poder —admitió Isshin con la voz baja.

—¡Ahhh! Ya ves, solo necesitabas poner un poco, un 10%, no la mitad —replicó el vendedor rascándose la cabeza con la mano—. Ahora, bueno, puedes sentirla, tiene el poder de un teniente.

—¿Pero su cuerpo? —gruñó Isshin que no había retirado los ojos de su hija.

—Le pusiste demasiada energía amigo mío ¿es obvio no? Su cuerpo no estaba preparado para tanto, y trató de adaptarse de la única forma posible.

Yoruichi se había acercado con una sabana para cubrir el cuerpo de Yuzu que seguía sin reaccionar aunque ya fuera de peligro, como dormida. Sin embargo ese no era el problema. Ya no tenía el cuerpo de una niña de 11 años, más bien parecía de 20, un poco más alta, quizás midiendo 1.60 centímetros,delgada, delicada, los rastros finos, con apariencia de cierta fragilidad, su cabello largo hasta la cintura, y con las curvas de una mujer adulta.

—¡MASAKIIII, MASAKIIIII, AHORA NUESTRA YUZU ES UNA MUJER, ES HERMOSA COMO TÚ! —gritó Isshin con lagrimas en los ojos antes de voltearse hacia Karin—. ¡KARIIIIIN, ES UN MILAGRO, TU HERMANA ES UNA MUJEEEER, LOS HOMBRES LA VAN…! —Siguió él pero Karin cerró su puño y lo golpeó directo en la boca—. ¡OHH MASAKIII, TU HIJA ES CRUEL! —continuó gritando.

—Mmmmmmm —murmuró Urahara a un lado revisando varios aparatos que pasaba una y otra vez sobre Yuzu—. Si, mmmm, ya veo, estaba en lo cierto, seguro fue por lo del infierno…mmmmmm… no reversible… yare yare… esto es un problema…

—Demonios ¿Qué más hicieron imbéciles? —preguntó Karin rabiosa a su padre y al vendedor que había adoptado una postura pensativa, como tratando de resolver una duda.

—Buenooooo… No sé cómo decirles esto, así que aquí va… —comentó el vendedor alzando una mano con un dedo extendido—. Su cuerpo es ahora reishi puro, no va a poder volver a tomar forma física —respondió Urahara tapándose la boca con el abanico.

Todos en la tienda se quedaron callados.

—TUUUUUUUUU —gritó Karin lanzándose con una patada contra su padre —. ¡IDIOTA OTOU-SAN, TARADO! ¡VES LO QUE HICISTE!

Isshin sintió su sangre helarse. «¡Kami!» pensó. ¿Qué clase de mal broma era esa? ¿Qué había hecho él para que le pasara algo así? ¿Qué había hecho su hija? Yuzu era joven, con toda una vida por delante, era completamente injusto. La única forma de mantenerla con él sería en un gigai, y eso tenía sus desventajas, después de todo era solo un cuerpo artificial, no era algo permanente, hasta él sabía que en algún momento el suyo fallaría y tendría que regresar a la Sociedad de Almas. «Ohh Masaki, Masaki, maté a nuestra hija Masaki, te he fallado» lamentó en silencio.

¿Y la otra alternativa? Esa era llevarla a la Sociedad de Almas ¿Pero qué haría él? no podía dejarla sola, tendría que ir con ella, pero entonces eso significaría dejar a Karin sola ¿Y Ichigo? Bueno, él al menos tenía suficiente edad para comprender y defenderse. Es que por donde lo viera había un problema. Además de eso estaba todo el asunto de su deserción, y no se sentía listo para lidiar con eso.

La puerta se abrió de un golpe.

—ICHIGOOOOO —gritó Isshin al ver la cabeza anaranjada de su hijo—. ¡ICHIGOOO, TU HERMANA ES UNA MUJER ADULTAAA, Y TIENE UN HERMOSO PAR DE TE…! —siguió él antes de sentir otro golpe, está vez mucho más duro de Karin, pero claro recordó, su hijo no podía escucharlo ni verlo.

—¡¿QUE DEMONIOS HICIERON AHORA?! —increpó Ichigo alarmado al ver a Karin dar un golpe en el aire. No era para menos, había recibido una llamada de Karin y casi que no la había podido entender entre sollozos y llanto, estar sin poderes era lo mismo que estar ciego, pero no tenía que ser adivino para saber que alguien más estaba en la habitación.

—Bueno Ichigo, ya veras, yo solo soy un humilde vendedor de…

—¡Para con tus estupideces Urahara! —Interrumpió él con las manos alzadas—. ¿Por qué están todos aquí? Imagino que el viejo también está pero no puedo verlo. —El vendedor solía ser confiable, pero su manera de actuar era algo complicada, enrevesada, con planes ocultos detrás de planes.

—Un muy mal temperamento —respondió el vendedor levantando la mano —. Tienes que controlar eso, déjame ver… ten —dijo Urahara sacándose un caramelo de los bolsillos antes de que Ichigo lo dejara caer al piso.

—¡NO SOY UN NIÑO!

—Entonces deja de actuar como uno —replicó Urahara con los ojos entrecerrados—. Esto es algo serio ¿Por qué mejor no nos cuentas de tu pequeña aventura en el infierno ohhhh Kurosaki-kun?

Ichigo no supo cómo reaccionar, no le había contado nada al vendedor, pero recordaba muy bien lo que había pasado con Yuzu y como había pensado que iba a morir, no podía olvidar la cadena negra en su pecho. Y si tenía algo que ver… kami, tenía que contarles todo.

—Entonces… algo vino con Yuzu y su sangre quincy la estaba matando, así que tu padre… —respondió Urahara al terminar de escuchar el relato de Ichigo y por fin informarlo sobre lo que había pasado.

—¡Es mi culpa, todo esto es mi culpa! —afirmó el muchacho con la cabeza entre las manos y viendo a la cama que parecía vacía pero no lo estaba, y es que era su culpa. Apenas vio la cadena desaparecer lo único que hizo fue llevarla a casa, modificar su memoria y hacer como si nada hubiera pasado.

—¡No hijo! ¡Es mi culpa! —interrumpió Isshin apenado y colocando una mano transparente sobre el hombro de su primogénito—. Si les hubiera contado sobre mi pasado habrían confiado en mí, nada de esto hubiera pasado. —Karin repitió sus palabras una por una.

—¿Y qué vamos a hacer ahora? —preguntó Ichigo al aire. Demonios, quería ver a su padre, merecía una paliza, como había hecho eso sin esperar ni preguntar.

—Supongo que tendré que hablar con el viejo Yama-ji —reconoció Isshin.

—¿Qu-qu-qué? ¿Por qué? — preguntó Ichigo después de escuchar a Karin decirle lo que su padre había dicho. El comandante general no era precisamente la persona más flexible del mundo, lo sabía, serio, seco, poco emotivo, deber antes que nada. Definitivamente no quería imaginarse su reacción.

—¡Oh, Ichigo! Tu hermana no puede quedarse aquí, dile eso a tu hermano Karin —respondió Isshin que sin haberse dado cuenta había tomado ya una decisión.

—¿Pero por qué no? Solo necesita un gigai —suplicó él. No podía ser tan complicado, si, técnicamente Yuzu estaba muerta, pero su padre usaba un gigai. Urahara, Yoruichi y Tessai también ¿Por qué sería ella distinta?

—Hijo, sería injusto para ella, imagínala aquí como una niña atrapada en el cuerpo de una mujer, sus amigos, su vida, todo ha desaparecido¡No! lo mejor es empezar de nuevo en la Sociedad de Almas. Repite eso Karin.

Ichigo detestaba tener que hablar de esa manera, estaba demasiado furioso y no podía hacerle nada al imbécil de su padre, aunque podía entender hasta cierto punto su argumento, pero eso no lo hacía más sencillo.

—¡Entonces yo me voy con ella! ¡Y perdón, pero no soy una paloma mensajera! —reclamó Karin a un lado con los puños apretados.

—¡No hija, no puedes hacerlo! —respondió Isshin con los ojos cerrados y moviendo la cabeza en señal de negación.

—¿Pero por qué no? ¡Ella es mi hermana! —increpó Karin.

—Las personas crecen de manera distinta en la Sociedad de Almas, si te vas con ella, dentro de 10 años te vas a ver igual ¿Estas preparada para eso? ¿Para tener 20 años y que todos te vean como una niña? —interrumpió Yoruichi que miraba a Karin con simpatía.

—Yare yare, podrías quedarte estancada en ese tamaño por varias décadas Karin-chan, otra chibi shinigami, podrían abrir una Asociación de Niños Shinigami —replicó el vendedor con una sonrisita.

—Si, como Toshiro-kun —respondió Isshin recordando a quien había sido su tercer oficial.

—¿Toshiro? ¿Pero Toshiro es un niño no? —preguntó Karin.

—Jaja, no, debe tener como 100 años, pero parece de 12 —replicó Ichigo riéndose aunque sabía que se había perdido la mitad de la conversación, pero por lo menos podía aclarar lo de su edad—. Ya va, ya vaaa ¿de dónde conoces tú a Toshiro? —preguntó enseguida algo enojado.

—Este… bueno… cuando no estabas…

—¡Eso no es importante ahora! —interrumpió Isshin cortando a su hija—. ¿Entiendes Karin por qué no puedes irte con tu hermana?

—S-s-sí —respondió ella entre lágrimas.

—Hey Urahara ¿No hay nada que puedas hacer para escuchar a mi papá? Esto fastidia.

—¿O-o-tou-san? ¿Ka-ka-rin? ¿I-chi-nii?

—¡YUZUUUUU! —gritaron Isshin y Karin al mismo tiempo al ver que la niña había abierto los ojos y los llamaba no sin esfuerzo. Ichigo seguía parado viendo como el resto de su familia se movía.

—Me-me siento ex-ex-extraña —respondió Yuzu al ver a toda su familia abrazándola alrededor de la cama. Hasta Ichigo que se había unido a ellos sin estar muy seguro de lo que hacía.

—¡OHHH YUZU, MI HIJA, HAS CRECIDO TANTO! —gritó Isshin repentinamente—. ¡TE PARECES TANTO A TU MADREEE, Y MIRA TUS TET…! ¡OUCH!

—¡La vas a asustar! —replicó Karin después de golpear a su padre.

—Supongo que el viejo está diciendo idioteces… —dijo Ichigo al ver otra vez a su hermana pequeña cerrar el puño y golpear el aire.

—¡Y este es otro final feliz gracias a un atractivo y humilde vendedor de dulces! —dijo Urahara que miraba la escena junto a Yoruichi —, pero déjenme revisarla un poco más.

—¿Qu-qué pasó O-tou-san? ¿Don-dónde est-estoy? ¿Por qué me-me-me duele tan-to el cuer-po-po? —preguntó Yuzu aún tartamudeando, se sentía rara, como si la estuvieran jalando de las piernas y tratando de estirarla a la fuerza. Hasta su ropa se sentía muy apretada.

—¿Qué recuerdas hija?

—No lo-lo sé, algui-en, u-u-na mujer, una espa-da-da, es… su nombre… no-norecuerd-o-o… ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! —gritó Yuzu de repente al bajar sus ojos y darse cuenta de los cambios que había sufrido.

—¿Que-que-queeee… que-que es esto…? ¿po-po-por qué tengo… mi pe-pe-pecho? —preguntó entre lagrimas.

—Yuzu acaba de gritar Ichigo —le dijo Karin a su hermano que se había quedado a un lado de la cama.

—Es mi culpa, Yuzu, es mi culpa, dile eso Karin.

—¡Que no soy una paloma mensajera! Además, ella puede oírte.

—Ichi-niiiii —suplicó Yuzu asustada. No entendía como era que su hermano no podía escucharla, los demás lo hacían. Sin embargo Ichigo ni volteaba.

—Ya te dije que NO ERA TU CULPA —replicó Isshin dándole un cabezazo a su hijo.

—¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH! —gritó Yuzu de nuevo sin creer lo que sus ojos veían, era como si su padre se hubiera vuelto transparente de repente.

—Otou-san te dio un cabezazo Ichigo, pero lo que hizo fue meter su cabeza dentro de la tuya, y Yuzu volvió a gritar.

—¡¿Qué demonios te pasa viejo loco?! Se te olvida que no puedo verte —reclamó Ichigo aireado levantando las manos al mismo tiempo y cerrándolas como para golpear algo.

—Un poco más a la derecha Ichigo…

—Increíble, todos son como niños, salgan de aquí Isshin-san y Ichigo-kun, yo hablaré con Yuzu-chan, Karin-chan, puedes quedarte —dijo Yoruichi que miraba la ridícula escena donde Karin traducía para su padre, y Ichigo le gritaba al aire.

—Y justo a tiempo —comentó Urahara arreglándose el sombrero —. Si no me equivoco tenemos visitas. Tessai, el té. Urara, unas galletas. Jinta, recibe a nuestros invitados.


—¡Oh! Que honrado me siento ¿Quién habría pensado que dos capitanes estaban tan necesitados de venir a comprar dulces en mi humilde tienda? —comentó el vendedor de manera teatral a ver a los recién llegados—. El muy noble Kuchiki-taichou —que asintió con la cabeza—. La maestra asesina, Soi-Fon-taichou —que bufó con cara de asco al ver su reverencia—. Y mi muy estimada Kuchiki-san —que levanto su mano en saludo sin dejar de ver a Ichigo.

—¿Rukia? —preguntó el antiguo sustituto a su lado. Frustrado de saber que Rukia estaba cerca y no podía verla.

—A la derecha Ichigo-kun —señalo Urahara con el dedo—. No, miento, era a la izquierda. —El muchacho le devolvió una mirada llena de furia—. Es gracioso je jeje.

—Entonces ¿Cómo puedo ayudarlos? Les prometo que tengo todo lo que necesitan para cubrir sus necesidades. Toda clase de dulces, nacionales e importados —comentó el vendedor con un catálogo de varias páginas en su mano.

—Urahara Kisuke—respondió el capitán de la sexta división con frialdad, sin embargo se detuvo por unos segundos al ver que había otro shinigami presente, uno que no había visto hace décadas pero del que había escuchado rumores luego de la batalla de Karakura—. Shiba Isshin —continuó él a modo de saludo aunque algo despectivo, antes de informarles sobre el motivo de su visita—. La doceava división detectó un fuerte reiatsu en la ciudad, el comandante general nos ha ordenado investigar.

Isshin sabía que había tomado una decisión ya, pero pensaba que tendría un poco más de tiempo antes de que la Sociedad de Almas se percatara de lo que había ocurrido. Ahora iba a tener que acelerar sus planes, y eso cuando no estaba realmente seguro de cómo ejecutarlos de una manera en que lo beneficiara a él y a su familia.

—Buenooo, verán… —replicó en seguida Urahara antes de que él tuviera oportunidad de decir algo, informando a los visitantes de todo lo que había ocurrido con Yuzu.

—Ya veo —comentó Kuchiki un poco sorprendido aunque tratando de disimular, no sin antes dirigirle una mirada a él y a Ichigo, sin duda estableciendo en su mente la conexión familiar que ambos compartían—. Pensé que se había recuperado —continuó mirando hacia el muchacho incapaz de responder.

El antiguo capitán de la décima división se sintió frustrado, pensó una vez más como había querido mantener a sus hijas alejadas de los peligros de la vida shinigami. La vida en la Sociedad de Almas no era precisamente sencilla, tenía demasiadas complicaciones, y darse cuenta ahora como otros shinigamis se habían visto involucrados de alguna manera era como un balde de agua fría cuando ese era su lugar como padre, él tuvo que haber estado ahí.

—Kurosaki Yuzu no puede quedarse en el mundo de los vivos —comentó Kuchiki frio y seco.

—¿Crees que no me he dado cuenta Kuchiki? —reconoció él enojado, el descaro, la presunción, la falta de tacto, era casi como si se creyera con el derecho de darle ordenes.

—Puede quedarse con mi hermana…

—Bah, como si yo necesitara un favor de un Kuchiki. Todavía tengo familia allá —replicó el antiguo capitán sin dejar al otro terminar, no es que Isshin quisiera iniciar un conflicto con el capitán de la sexta división, pero le desagradaba profundamente su forma de ser. Si, él también era un noble, o lo había sido, pero jamás había actuado con esos aires estirados y prepotentes, como si nada lo afectara. Sin embargo no dejó de notar algo de decepción en los ojos de Rukia-chan.

—¡Rukia-chaaaaan! mi tercera hija… no es nada… —arrancó él tratando de al menos dejar claro que el problema no era ella, solo su hermano.

—Su clan ha caído en la desgracia —interrumpió Kuchiki arrogante.

—¡Oh, que magnanimidad hacia un clan caído Byakuya-bo! —respondió Isshin olvidándose de lo que tenía pensado decir—. Ups, lo siento, Kuchiki-dono —comentó él con un tono sarcástico más propio de Urahara, y es que por mucho que le desagradara su actitud, él también sabia como jugar esos juegos.

—Yare yare, no peleen ahora… Tenemos cosas más importantes que resolver —interrumpió el vendedor al ver que Soi-Fon se había colocado a un lado de Kuchiki lista para desenvainar la zanpakuto.

—¿Dónde está Yuzu-chan? —Preguntó Rukia quizás intentando calmar un poco la situación antes de mirar un poco apenada a su hermano—. Perdona Nii-sama.

—Con una linda gatita —respondió Urahara también intentando relajar las cosas.

—¿Yoruichi-samaaa? —preguntó Soi-Fon con brillo en los ojos. Isshin bufó al ver su reacción al escuchar el nombre. Shaolin, algunas cosas no cambiaban.

—Ichigo-kun, lleva a Kuchiki-san con tu hermana —dijo el vendedor con un suspiro al muchacho que se había quedado en silencio a un lado sabiendo que no podía participar en la conversación—. Ah cierto, Kuchiki-san, creo que conoces el camino. —Enmendó rápidamente recordando su falta de poderes.

Pero por fin se habían quedado solos, Soi-Fon los había abandonado al escuchar el nombre de su maestra, y ahora solo estaban ellos, dos antiguos capitanes y uno de los actuales.

—Ahora sí, empecemos…