Harry Potter pertenece a J.K. Rowling.

Solo nos pertenecen los OC.

La Pirata de los Cielos

Capítulo 54: Céline Volkova, la #1 en la Segunda Prueba.

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Daphne y Tracey, miraban a su novia, caminando de un lado a otro. El trio de plata de Slytherin, estaba en un salón abandonado, hace ya tantos siglos, que era un milagro, que siguiera allí. Les daba cierta sensación de que el suelo podría romperse de un momento a otro, pero eso no les impidió, usar esa sala, para tratar de descifrar el misterio de ese huevo de oro.

Céline llevaba ya tanto tiempo en silencio, que sus novias, solo podían temer que no fuera a dirigirles la palabra, jamás. Entonces, la rubia de ojos verdes, dejó de camino y miró fijamente el huevo, solo por un instante. —No logro descifrar, por qué... chilla, cuando lo abres. Pero jamás, nos hubieran entregado algo, que no seriamos capaces de descifrar.

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Las tres chicas, se encerraron en la biblioteca, incluso usaron la Capa Invisible y fueron a la biblioteca prohibida, pero no encontraban nada, que fuera útil.

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Pero fue durante un desayuno, que Tracey tuvo una revelación. O bueno: la tuvo, en la ducha. — "Cuando te metes a bañar, tu voz suena distinta y sabemos que existen animales mágicos marinos, que no pueden hablar, como lo hacemos los mortales ¿Qué pasa si es algo así?"

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— ¡Potter!, ¡Weasley!, ¿les importaría, prestar atención? —La irritada voz de la profesora McGonagall restalló como un látigo en la clase de Transformaciones del jueves, y tanto Alex como Ron se sobresaltaron. La clase estaba acabando. Habían terminado el trabajo: las gallinas de Guinea que habían estado transformando en conejillos de Indias estaban guardadas en una jaula grande colocada sobre la mesa de la profesora McGonagall (el conejillo de Neville todavía tenía plumas), y habían copiado de la pizarra el enunciado de sus deberes («Describe, poniendo varios ejemplos, en qué deben modificarse los encantamientos transformadores al llevar a cabo cambios en especies híbridas»). La campana iba a sonar de un momento a otro. Cuando Harry y Ron, que habían estado luchando con dos de las varitas de pega de Fred y George a modo de espadas, levantaron la vista, Ron sujetaba un loro de hojalata, y Alex, un pescado de goma. —Ahora que Potter y Weasley tendrán la amabilidad de comportarse de acuerdo con su edad —dijo la profesora McGonagall dirigiéndoles a los dos una mirada de enfado cuando la cabeza del pescado de Alex cayó al suelo (súbitamente cortada por el pico del loro de hojalata de Ron) —, tengo que decirles algo a todos ustedes: Se acerca el baile de Navidad: el cual constituye una parte tradicional del Torneo de los Tres Magos y es al mismo tiempo, una buena oportunidad para relacionarnos con nuestros invitados extranjeros. Al baile sólo irán los alumnos de cuarto en adelante, aunque si lo desean pueden invitar a un estudiante más joven... —Lavender Brown dejó escapar una risita estridente. Parvati Patil le dio un codazo en las costillas, haciendo un duro esfuerzo por no reírse también, y las dos miraron a Alex. La profesora McGonagall no les hizo caso, lo cual le pareció injusto a Alex, ya que a Ron y a él sí que los había regañado. —Será obligatoria la túnica de gala —prosiguió la profesora McGonagall y todos ahora sabían, el motivo para pedirlas, en la carta de ese año. —El baile tendrá lugar en el Gran Comedor, comenzará a las ocho en punto del día de Navidad y terminará a medianoche. Ahora bien... —La profesora McGonagall recorrió la clase muy despacio con la mirada—. El baile de Navidad es por supuesto una oportunidad para que todos... echemos una cana al aire, podríamos decir —dijo, en tono de desaprobación. Lavender se rió más fuerte, poniéndose la mano en la boca para ahogar el sonido. Alex comprendió dónde estaba aquella vez lo divertido: la profesora McGonagall, que llevaba el pelo recogido en un moño muy apretado, no parecía haber echado nunca una cana al aire, en ningún sentido. —Pero eso no quiere decir —prosiguió la profesora McGonagall —que vayamos a exigir menos del comportamiento que esperamos de los alumnos de Hogwarts. Me disgustaré muy seriamente si algún alumno de Gryffindor deja en mal lugar al colegio. —Sonó la campana, y se formó el habitual revuelo mientras recogían las cosas y se echaban las mochilas al hombro. La profesora McGonagall llamó por encima del alboroto: —Potter, Volkova, por favor, quiero hablar con ustedes. —Dando por supuesto que aquello tenía algo que ver con su merluza de goma descabezada, Alex se acercó a la mesa de la profesora con expresión sombría, mientras que Céline, solo adoptó un porte oficial a su lado. La profesora McGonagall esperó a que se hubiera ido el resto de la clase, y luego le dijo: —Potter, Volkova, los campeones y sus parejas...

— ¿Qué parejas? —preguntó Alex.

La profesora McGonagall lo miró recelosa, como si pensara que intentaba tomarle el pelo. —Sus parejas para el baile de Navidad, Potter, Volkova —dijo con frialdad, mirando a la Slytherin, quien seguía tan seria, como una máscara—. Sus parejas de baile.

Alex sintió que se le encogían las tripas. — ¿Parejas de baile? —Notó cómo se ponía rojo—. Yo no bailo —se apresuró a decir.

—Sí, claro que bailas —replicó algo irritada la profesora McGonagall—. Eso era lo que quería decirte: Es tradición que los campeones y sus parejas, abran el baile.

—Yo no bailo —insistió Alex, con un rostro desencajado de horror y un sonrojo pronunciado. ¿A quién podría invitar?, ¿Su madre tendría tiempo, para enseñarle a bailar?

—Tranquilo, ¿sí? —en ese instante, Alex recordó, que Céline estaba allí y volvió su mirada, hacía ella. —Mis madres me enseñaron a bailar, así que yo puedo enseñarte.

—Es la tradición —declaró con firmeza la profesora McGonagall—. Tú eres campeón de Hogwarts, y harás lo que se espera de ti como representante del colegio. Así que encárgate de encontrar pareja, Potter.

—Pero... yo nunca podría...

—Ya me has oído, Potter —dijo la profesora McGonagall en un tono que no admitía réplicas.

—Es viernes, nos faltan dos clases más... a las... digamos... —Y Céline, comenzó a calcularlo en su mente, mientras contaba con los dedos —te estaremos esperando, a las 19:00 en el salón 178.

— ¿A las 19? —Preguntó Alex, no familiarizado, con el horario militar.

—A partir de las doce del mediodía, los militares Muggles, cuentan las siguientes 12 horas, como si los números fueran reemplazados, como si siguiera corriendo, hasta la medianoche, cuando se completan las 24 horas del día y se reinicia a la 1:00am. —explicó McGonagall Te espera, a las 7:00pm.

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7:00pm. Salón 178

Cuando Alex llegó allí, encontró a su hermana sonriéndole, sentadas en cuatro sillas, estaban Daphne, Tracy, Susanna y Aleksandra.

Susanna y Aleksandra comenzaron a explicarlo todo, sobre bailar y sobre COMO bailar, en situaciones como esta: de bailes formales.

Alex comenzó a bailar con Céline, siguiendo las instrucciones de sus "tías" Susanna y Aleksandra, pero era obvio, que Céline sabía cómo bailar. Así que solo, tenían que enseñarle a él y algo a Tracey, pues Daphne era Sangre Pura y sabía bailar.

Tendrían que venir a esa habitación a bailar, hasta aprendérselo, a lo largo de dos semanas.

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A lo largo de los tres días siguientes, Alex siguió a Su Li, hasta percatarse de que eso sería perturbador y solo lograría alejar a la china. Así que logró reunirse con ella, en la biblioteca.

— "Hola, Su" —Susurró Alex, mientras rogaba, no estar asustándola.

La chica de cabello negro y rasgos orientales, se asustó un poco, cuando él le habló, pues estaba concentrada en su libro, haciendo su tarea. Le costó un poco, pero logró sonreírle al chico e hizo su mejor esfuerzo, para no reírse de su propio susto. — "Hola Alex"

Alex se fue sonrojando, cada vez más. Una cosa, era estar junto a una chica tan bella (o incluso más) que Cho Chang y otra, era hablarle. ¡Especialmente, pedirle esto a ella! — "Me estaba preguntando, si acaso ya tenías pareja para el baile"

Ella hizo una mueca. — "El chico con el que quería ir, irá con una Hufflepuff y estoy sin ideas".

— "Me preguntaba si acaso, querrías venir conmigo" —El rostro de Alex estaba tan rojo, que no se diferenciaba de su cabello.

El abrazo de Su, lo hizo sonrojarse aún más. —Por supuesto que sí, Alex.

— "Li, Potter, váyanse." —les gruñó Madame Prince, saliendo de la nada. — "Están perturbando la tranquilidad de este santuario"

¿Santuario? Pero si solo es la biblioteca —pensaron la Ravenclaw y el Gryffindor, mientras se marchaban, no sin que antes, Su sacara un libro.

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Deseosos de impresionar a los visitantes de Beauxbatons y Durmstrang, los de Hogwarts parecían determinados a engalanar el castillo lo mejor posible en Navidad. Cuando estuvo lista la decoración, Alex y Céline pensaron que era la más sorprendente que había visto nunca en el castillo: a las barandillas de la escalinata de mármol les habían añadido carámbanos perennes; los acostumbrados doce árboles de Navidad del Gran Comedor estaban adornados con todo lo imaginable, desde luminosas bayas de acebo hasta búhos auténticos, dorados, que ululaban; y habían embrujado las armaduras para que entonaran villancicos cada vez que alguien pasaba por su lado. Era impresionante oír los villancicos... cantados por un yelmo vacío que no sabía más que la mitad de la letra. En varias ocasiones, Filch, el conserje, tuvo que sacar a Peeves de dentro de las armaduras, donde se ocultaba para llenar los huecos de los villancicos con versos de su invención, siempre bastante groseros.

—Tendremos que hacer de tripas corazón, Alex —le dijo Ron el viernes por la mañana, en un tono que sugería que se proponían asaltar una fortaleza inexpugnable—. Antes de que volvamos esta noche a la sala común, tenemos que haber conseguido pareja, ¿vale?

—Eh... vale —asintió Alex, quien, al ver a Ron tan patético, teniendo aquellos arranques de ira... simplemente, no se atrevió a decirle, que sería acompañado... por alguien que NO era de Gryffindor. Pues ya había visto su reacción, cuando chicos de séptimo, sexto o incluso de tercero, mencionaban que personas de Hufflepuff, Ravenclaw o incluso de Slytherin, los invitaron al baile.

Así que Alex, prefería que él pensara, que también estaba sin pareja y que se llevara la sorpresa en el baile. Alex se retiró a su habitación y allí, encontró una nota. Tomó el huevo y fue al baño, llenó la bañera, colocó el huevo bajo el agua y sumergió su cabeza, abrió el baño y sus ojos también se abrieron, al ahora escuchar voces y no chillidos:

Donde nuestras voces suenan, ven a buscarnos,

que sobre la tierra no se escuchan nuestros cantos.

Y estas palabras medita mientras tanto,

pues son importantes, ¡no sabes cuánto!:

Nos hemos llevado lo que más valoras,

y para encontrarlo tienes una hora.

Pasado este tiempo ¡negras perspectivas!

demasiado tarde, ya no habrá salida.

Ya ha pasado media hora, así que más vale que te apresures

porque lo que se queda aquí siempre se pudre.

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A pesar del sinfín de deberes que les habían puesto a los de cuarto para Navidad, a Céline no le apetecía ponerse a trabajar al final del trimestre, así que lo hizo todo, tan pronto como le era posible, y se pasó la primera semana de vacaciones disfrutando todo lo posible con sus compañeros. El sótano de Slytherin seguía casi tan lleno como durante el trimestre, y parecía más pequeña, porque sus ocupantes armaban mucho más jaleo aquellos días.

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Finalmente, llegó el gran día del baile de Navidad.

Daphne llevaba un vestido verde jade, mientras que Céline llevaba un vestido más estilo victoriano y eso la hizo feliz.

Cuando supo que sus madres, querían vestirla, le asustó irse a presentar, ante tantas personas, vestida como Pirata o Vikinga. Pero afortunadamente, la casa Volkova, tenía muchísimas tradiciones y aquel vestido verde menta, con los detalles de hilo plateado, el escote en V, el corsé y la falda como campana, la hicieron verse como una autentica princesa.

Céline y Daphne, Alex y Su Li, Krum... ¿Acompañado por Hermione? Y finalmente, Delacour y Davies.

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Llegó la mañana de la prueba, con un viento frio soplando y poniendo a los cuatro competidores, con la piel de gallina, especialmente, cuando ya sabían, que necesitaban sumergirse en el Lago Negro.

Céline ya sabía, que Daphne estaba en el fondo del lago, pero ella no sería tan estúpida, como para mojarse. Empuñando su varita mágica, la hizo girar varias veces, por encima de su cabeza. — ¡Reidi nordanvindsins! (Furia del Viento del Norte) —el viento sopló y lentamente, iba aumentando su fuerza, hasta que...

«¡Nos es casi imposible, ver a los competidores!» Dijo Bagman, notando solo un par de muros de vientos tormentosos de color gris, que casi hacían volar a más de uno, o sus sombreros y capas. «¡Pero según el ruido de olas en el Lago Negro, el hechizo de Céline Volkova, tendría que estar surtiendo efecto!» Pasaron los minutos. «¡La mayor parte del viento se ha calmado; excepto un viento que soplaba en vertical y causaba que el lago sea dividido en dos!» los minutos pasaron «¡Veo algunos tentáculos del Gran Calamar y la Gente del Mar, no puede acercarse a los campeones, quienes están tomando en brazos a sus respectivos rehenes, sacándolos sanos y salvos, desde el otro lado del lago!» Todos permanecieron en silencio un momento, antes de comenzar a aplaudir y silbar. «¡Qué grandiosa demostración de magia de viento, decisiones rápidas y directas, sorteando obstáculos en segundos!» Bagman se tomó un momento, antes de hablar. «La señorita Delacour y el señor Krum, suman un total de cuarenta puntos, el señor Potter, sumará treinta y cinco puntos y la señorita Volkova sesenta puntos»