Capítulo 44
Al abrir la puerta del bar y no ver a nadie allí, Sally arrugó el entrecejo antes de alzar la voz levemente.
-¿Hola? ¿Rust?
La mujer se asomó a la parte privada del bar, pero tampoco halló allí a nadie, y Marty tampoco había llegado a la reunión de aquella tarde, donde por fin todos se verían tras casi una semana desde las novedades averiguadas.
La mujer sacó su teléfono del bolso, apoyándolo en la barra cuando repentinamente la puerta se abrió, haciendo que se girara de forma veloz, asustada.
-Rust… hola. Iba a llamarte ¿Dónde está todo el mundo? -Preguntó ignorando su bolso, contemplando al rubio avanzar mientras sacaba su tabaco.
-He ido a tirar la basura detrás. Robert lleva enfermo unos días, y Marty me avisó hace un rato de que podía ser que se retrasara. ¿Estás bien? No tienes muy buen aspecto. -Agregó al estar tras la barra, mirándola de frente. Tenía unas profundas ojeras y se la veía cansada. Ella suspiró discretamente antes de responder.
-No estoy durmiendo mucho ni bien, la verdad. Cuando lo consigo después de estar pensando en ese hijo de puta, revolviendo dentro de mi cabeza las veces que pude haberlo visto, me despiertan las putas pesadillas.
Rust exhaló el humo del cigarro, pasándoselo después a ella tras que terminara de hablar, tomando la palabra cuando le dio las gracias por el gesto.
-¿Papania se puso en contacto contigo después de lo de la comisaría?
-Sí, tal y como dijisteis que pasaría. Se presentó en mi casa un par de días después. Me contó que habían ido a hablar con Jackson también, pero no podía decir nada que no me dijera a mí. También dijo que tras haber estado investigando, no habían encontrado un domicilio al que pudieran adscribir a ese cabrón, ni un lugar donde trabajara... nada. El tío no está en ninguna base de datos actualizada. A pesar de todo, de nuevo las cosas se estancan.
-Tarde o temprano encontraran a más gente que lo haya visto. Ahora sabemos quién y cómo es.
-Ya, pero eso puede ir en nuestra contra también. ¿Qué pasa si la prensa se entera? No podrán ocultarlo mucho más si sigue matando. Seguro que él ya sabe que lo buscan, será más cauto y se esconderá más.
-Puede que tarde más, pero no podrá reprimir sus ganas de seguir cometiendo crímenes, dada su psicopatía, y eso junto con la presión de saber que ya está en el punto de mira, le hará cometer errores.
-Sí, puede que tengas razón. Es sólo que tengo miedo de que en este punto pueda algo salir mal. Y yo…
-No puedes esperar más, lo sé. -Añadió ante su actitud, contemplándola bajar la mirada unos segundos para tomar aire. Entendía su frustración, sabía cómo se sentía después de lo que él mismo había vivido en su antiguo oficio.
-No quiero poder joder nada por mi impaciencia, Rust. Quiero ser muy cuidadosa, y también continuar buscándolo yo misma, aunque Papania me haya dejado muy claro que tengo que parar y no interferir.
El rubio volvió a fumar al recibir el cigarro, y escudriñándola durante aquellos segundos en los que exhalaba, habló, siendo tan certero como siempre.
-¿Qué es lo que pretendes, Sally? ¿Qué quieres hacer?
-Ir a su pueblo natal e investigar. Allí empezó matando, al norte del estado, y está volviendo para allá. Allí habrá gente que lo conozca, que pueda decirnos cosas que no sabemos aún… Y necesito que vengas conmigo, Rust, porque Marty no va a estar muy de acuerdo con esto. Eras poli, de los mejores. Alguien como tú verá cosas que a mí se me escaparían. Por favor.
Tras un segundo de silencio en el cual el hombre tomó una nueva calada, habló mientras volvía a fijar sus ojos en ella.
-Iré contigo, Sally. Creo que tienes bastante razón en lo que has dicho, y además sé que si no lo hago irás sola, y eso sí es un muy mal plan. Te conozco bastante ya.
La morena sonrió levemente antes de responder, contemplando el rostro serio del camarero.
-En realidad sabía que dirías que sí, porque también te conozco yo a ti lo suficiente.
-Puede que eso sea lo que tú piensas, pero no sea muy real.
Rust obvió la sonrisa pícara de la mujer mientras aplastaba la colilla contra el cenicero, centrando sus ojos en los de la morena cuando la escuchó hablar de forma desafiante.
-¿No te ha quedado claro con las veces que te lo he demostrado? Puedo volver a mostrarte un ejemplo si lo necesitas; ahora mismo, además.
-No te cortes, adelante.
Sally sonrió nuevamente cuando él siguió su juego, pasando automáticamente después a levantarse del taburete para pegarse contra la barra lo máximo posible. Sin pensarlo un instante, sujetó a Rust de la camisa para acercarlo y poder besarlo con decisión.
Pronto sintió las manos de él sobre su espalda, respondiendo con ganas a su beso, tal y como sabía que haría. No obstante, aquello no duró mucho, pues ambos se separaron al escuchar la puerta abrirse.
-Ya veo que no me echáis de menos.
Ambos contemplaron a Marty casi en el umbral, devolviéndoles la mirada con una pícara sonrisa antes de avanzar hasta la barra mientras Sally hablaba.
-Cuánto tiempo, Marty; me alegro de verte por fin.
-Sí, y yo, aunque ojalá fuera en otras circunstancias y acabemos con esto. ¿Cómo lo llevas?
-Bueno, ya sabes; intento manejarlo y no volverme loca al mismo tiempo. ¿Has conseguido alguna información nueva sobre ese cabrón?
-No, lo siento mucho. Vamos a tener que plantearnos una nueva estrategia para buscarlo y lidiar a la vez con la policía.
Marty calló cuando el teléfono de la camarera sonó, observándola buscarlo mientras susurraba que lo sentía. Al ver que la llamada era de su trabajo, se disculpó nuevamente para cogerlo, saliendo del bar veloz.
-Bueno, ¿y qué tal? Veo que las cosas están cambiando más de lo que parecía. -Rompió el silencio Hart, observando los movimientos de Cohle tras la barra, quien respondió sin inmutarse.
-¿A qué te refieres?
-Venga, hombre, no jodas. Estabas muy entregado cuando os he interrumpido enrollándoos en un sitio tan a la vista, y sabiendo que venía. Eso no me cuadra mucho con lo que me cuentas. ¿Estáis saliendo?
-No. Hemos hablado del tema y eso, ambas posturas están claras, con lo que no vamos a tirar por ahí; es lo mejor teniendo en cuenta la realidad a la que ella se enfrenta, Marty.
-¿Y entonces qué pasa?
-Pues que, aunque yo no esté enamorado, como sí pasa al contrario, es evidente que hay otras cosas. Sólo nos dejamos llevar y ya está, sin líos y teniendo las cosas claras.
-Vale… -murmuró el hombre con el ceño levemente fruncido, hablando de nuevo. – O sea que os veis, folláis, y todo eso si surge, pero no sois nada. ¿Acaso todo eso no es lo mismo que ser novios, salvo por no llamarlo así?
Rust finalmente centró sus ojos en los de Marty, quien lo contemplaba con una sonrisa incrédula, haciendo que hasta él mismo pensara en lo estúpido que sonaba realmente, con lo que no trató de fingir.
-Pues sí, Marty, puede que tengas razón, pero vamos a dejarlo estar. ¿No eras tú el que decía eso de no pensar tanto y dejarse llevar? Te estoy haciendo caso por una vez; no hagas que me arrepienta.
El mentado rio por lo bajo, negando con la cabeza mientras el rubio terminaba de mover unas cajas tras la barra, fingiendo no darle importancia a aquello que acababa de decir, y empezaba a pensar conscientemente.
