DRAGON CASTLE
-Declaración-
…
Todo parecía tener sentido.
Todo estaba claro en su cabeza.
Fue a visitar a la dragona algunas veces luego de su revelación, y se dio cuenta de que si, sus sentimientos eran tal y como creyó. Tenía claro que se había comportado erráticamente cada vez que fue, hasta que ya llegó el punto donde estuvo a punto de dejarse en evidencia, y ahí, decidió no volver más a la mansión en ruinas hasta tener clara la situación en la que se había metido. Usó esos días fríos para ordenar sus pensamientos, sus sentimientos, y creía haberlo logrado, luego de pasar largas horas cazando, durmiendo, y hablándole a Zwei sin parar.
Él estaba harto de ella, por lo mismo decidió que ya era hora de volver.
O más bien, de subir ahí.
De decirlo de una vez.
Dedicó el día anterior a hacer un par de comidas para Weiss, para dejarle, así como en la mañana buscó el café usual, y a pesar de intentar mantener la calma, se sentía nerviosa, y al menos el caminar por la montaña le sirvió para calmarse.
Pero no sirvió del todo.
Ya que, cuando entró, cuando vio ahí a Weiss, en su gran versión de sí misma, su cuerpo ocupando gran parte del destruido salón, empezó a vacilar, sus interiores removiéndose. Una mezcla entre anticipación, ansiedad y nervios. Ni siquiera tenía espacio en su cabeza para admirar la grandeza de su existencia.
Si, le gustaba la dragona, por muy estúpido que sonara cada vez que lo mencionaba, aunque fuese en su cabeza.
Si, era una estupidez.
Y era una estupidez porque se trataba de una sucia humana que anhelaba una relación con un respetable dragón como lo era Weiss, si es que eso era remotamente posible, y no era de la clase de persona que se ocultaba las cosas, así que, quería decirlo y finalmente sacarse eso de encima y dejar de actuar erráticamente, y ahí surgía el problema principal, ¿Y si la molestaba con su sentir? ¿Y si la hacía sentir mal? ¿Y si le desagradaba aquello? Y ni siquiera quería pensar en la fatídica muerte que le tocaría al insultar a Weiss de esa forma.
Cuando era niña, y se dio cuenta que sus gustos eran algo diferentes de lo normal, en ese entonces, no solía ser bien visto en lo absoluto, y en un pueblo pequeño, siempre tuvo miedo de terminar siendo el centro de la atención por algo así, que la molestasen o que la tratasen de formas desagradables.
Fue una de las tantas razones que la hicieron marginarse con el tiempo.
Fue una de las tantas razones que la hicieron tornarse en una persona retorcida.
Los humanos cazaban creaturas diferentes a ellos, aunque fuesen híbridos, si no eran iguales a ellos, los maltrataban y aniquilaban, el ser humano no perdonaba ni siquiera a su misma raza, y en esa época pensó lo peor, pero ya luego de la persona en la que se convirtió, luego de convertirse en un ser repudiable, el que le gustasen las mujeres no era algo realmente importante en comparación. No era la gran cosa.
Probablemente, su pueblo la perdonaría fácilmente al haber sido solo eso.
Pero no tenía perdón, ya no.
Sea como sea, lo que sentía en ese momento era algo aún más imperdonable que simplemente enamorarse de su mismo sexo, ¿No? Ni siquiera creía que hubiese comparación.
Era una especie diferente, y no una especie cualquiera, sino de las más importantes e omnipotentes del mundo entero, intocables, prácticamente un mito entre el resto de creaturas. No creía que hubiese cabida para un humano en su linaje.
Soltó un suspiro, sintiéndose ya desanimada.
Si, fue ahí con la intención de decirle a la dragona lo que sentía, de sacarse eso del pecho, sin importar la conclusión que aquello llevase. Porque se sentía sofocada al guardárselo, y eso que se había dado cuenta hace poco, si pasaba más tiempo, iba a terminar soltándolo de una u otra manera.
Y le avergonzaba el no tener control sobre sus sentimientos, sobre todo cuando creyó que estos no podrían resurgir de su interior luego de lo que ocurrió años atrás.
De todas formas, si Weiss la rechazaba, podría seguir su camino, seguir su misión, porque ya empezaba a sentirse obsesionada con la dragona, o sea, ya lo estaba, le pasó prácticamente de inmediato, y sabía que ahora empeoraría más y más, conforme más tiempo pasase en ese continente.
Ya le había prometido cocinarle por siempre, ¿Qué más le quedaba?
Bueno, sí, podría seguir con su misión, sin mayores distracciones, seguiría recaudando información en el continente y luego partiría hasta donde le llegase la siguiente pista, y ya sabía que el desierto era un lugar que parecían estar atacando incansablemente.
Pero, si Weiss se enojaba por insultarla de esa forma, la mataría probablemente, ahí ni sueños de seguir con su camino, y ahí todo su arco para redimirse se iría al traste.
Pudo sentir una gran brisa atacarla, haciendo que su cabello se levantase y que su capa se menease. Al parecer se distrajo lo suficiente para atraer la atención de la dragona, o más bien, para molestarla. El rostro de esta estaba cerca, sus colmillos de marfil brillando, su indiscutible grandeza siendo suficiente para hacerla quedarse como una roca, aterrada.
Si, solo bastaba un pequeño mordisco y adiós Ruby Rose.
Bueno, creyó que moriría como su madre, así que al menos morir en las fauces de un dragón sonaba a una buena historia, y de nuevo sintió cierto dolor de dejar a Zwei solo.
Lo dejaría abandonado ahí, en un continente helado, ajeno, totalmente solo.
Pobre.
Me ibas a decir algo, ¿En qué piensas tanto para quedarte parada como una tonta? No tengo todo el día.
Escuchó total indignación en su voz gruesa.
Bueno, siempre podría intentar huir, usar su agilidad y evitar ser mordida. Bajar de la montaña y no volver jamás, esperar a que el agua se descongelase y tomar un barco, y adiós, ese encuentro estaría para siempre olvidado.
Pero debía intentarlo primero, de todas formas, seguiría sin ser su mayor error.
Tenía una larga lista de errores, unos mucho peores, así que podía con eso.
Tomó aire.
Una.
Dos.
Tres veces.
Notó los movimientos en las patas del dragón frente a ella, haciendo temblar el piso en sus pies.
¿Ruby? ¿Tienes una contusión cerebral o algo?
Era claro el leve tono de preocupación, así como el tono de burla, pero se vio concentrada en su nombre, ya ni siquiera recordaba en qué momento se lo había dicho a la dragona, ni lo había escuchado salir de esta, y su corazón volvió a latir con rapidez, más de lo que ya latía.
Si, le gustaba, mucho.
¿Siquiera que estaba pretendiendo?
¿Tener un amorío con una dragona de varios de metros de altura que podría matarla con un pisotón?
Ni siquiera sabía cómo funcionaría algo así. Quizás si estuviese con su máscara humana, muy hermosa, por cierto, le sería más fácil decirlo, se sentiría menos intimidada al ser más alta que en ese momento, ¿No? Como sea, era ahora o nunca.
Levantó la mirada, con decisión.
Tenía miedo, sí.
Pero también tenía fe en que las cosas saldrían bien.
Por primera vez daba la razón de que su optimismo llegaba al punto de ser estúpido.
Si lo decía, ya podría sentirse mejor, quedarse, o irse, sin sentir presiones.
Estaba determinada a decirlo, sí.
La dragona parecía asombrada ante su posición llena de decisión, y se quedó en silencio, su mandíbula abierta ligeramente, denotando sorpresa.
"Weiss, tengo sentimientos por ti."
Habló.
Fuerte.
Sin vacilar.
Intentando que su voz fuese lo suficientemente clara para que la mujer la escuchase.
Silencio.
Un silencio que pareció eterno.
Le llamó la atención como la dragona, aun desde la distancia, parecía aun mantenerse en shock, siendo lo suficientemente expresiva para notar sus cambios de humor aun portando su faceta escamosa. Era una experta en eso, ya se había convencido a sí misma.
Los ojos se abrieron de golpe, realización, las pupilas como pequeñas rayitas en el mar celeste. Las escamas plateadas tornándose ligeramente rojizas, ¿Vergüenza? ¿Molestia? ¿Ambas?
Y finalmente, la dragona encontró su voz.
¿PERDONA? ¿QUE TÚ QUE?
La voz, más fuerte que nunca, resonó por todo el lugar, retumbando en sus oídos, en su cabeza. Tuvo que taparse los oídos ante lo fuerte de la voz gruesa, ilusamente creyendo que así iba a salvar a sus tímpanos, aunque si la voz salía de su cabeza, entonces claramente no tenía sentido, pero no recordaba haberla escuchado tan física en todo ese tiempo. Dolía, bastante.
"¡No grites, Weiss!"
Notó el gran cuerpo retraerse ante su propio grito, sus alas pegándose a su cuerpo, arrepentimiento en su expresión, pero parecía seguir con ese claro asombro.
¿De qué estás hablando, idiota?
Ahora la voz sonó más normal, pero igual de intensa. Por su parte dejó caer la mirada al suelo, meditando como decir lo siguiente, para luego levantarla una vez más, enfocándose en los ojos de la dragona.
"Pues, lo que dije, tengo sentimientos por ti, ya sabes, románticos. Me gustas."
Nuevamente hubo silencio.
Pasaron unos segundos para que la dragona negara con su rostro, resoplando.
¿Te das cuenta de que soy un dragón, cierto?
No pudo evitar soltar una risa ante la pregunta.
De eso sí que estaba segura del todo.
Había un dragón enorme frente a ella, que llevaba conociendo el último tiempo, así que sabía a ciencia cierta que no era un espejismo o una imaginación suya, o no hubiese sido congelada por esta, ni salvada por esta.
"No estoy ciega, te veo frente a mí y eres claramente un dragón."
Weiss soltó otro resoplido, y sus escamas empezaron a volver a su color plateado usual.
Hubo aún más silencio. Notaba los gestos inquietos en la dragona, así como los leves resoplidos que generaba. Luego de unos momentos, esta la miró más de cerca, sus ojos escaneándola sin detenerse, como si intentase meterse en su cabeza o algo similar. Esperaba que ese no fuese otro poder de dragón que no conocía, aunque no le sorprendería tanto, tomando en cuenta lo de la telepatía que usaba en ella para comunicarse.
¿Así es como sabía su nombre?
Oh no, esperaba que la telepatía no funcionase así.
Bueno, de ser así, Weiss ya hubiese sabido de sus sentimientos hace varios días.
Se mantuvo firme, intentando no vacilar. No iba a dejar que la intimidante figura lograse hacerla flaquear. Intimidar o avergonzar, porque esa mirada solía provocar ambas reacciones.
Entonces esta habló.
¿Estás segura de que es lo que sientes? ¿No estarás malinterpretando tu admiración?
Oh.
¿Acaso sabes lo que es estar enamorada?
Sintió su pecho agonizar en dolor, como si alguien la estuviese aplastando. Sus huesos crujiendo bajo su piel. No, no era físico, en lo absoluto.
Pero…
Tenía la sensación de que había escuchado eso antes, tal vez era una de las tantas cosas que olvidó de aquella época, antes de caer en el abismo. Sabía que todo ese tema, su sexualidad, la muerte de su madre, el destino de un cazador, su deseo de ser su madre y morir como esta, causaron que cayese, y solía repetirse que esas fueron las razones para no olvidarlas.
Para no volver a cometer el mismo error.
Y ahora, los recuerdos que, lamentablemente, si estaban nítidos en su cabeza, volvían a emerger, agrios, amargos, ya que al final, estaba volviendo a sentir, y eso hacía que sus sentimientos del pasado aflorasen, doliesen. Enamorarse era un error, siempre lo fue, pero no podía controlarlo, no era capaz, era más fuerte que ella, aunque, usualmente, todo era más fuerte que ella.
Ruby Rose era quien más recaía.
Era quien siempre terminaba en el suelo.
Ahí pertenecía.
Respiró profundo, intentando controlar el dolor que tenía entre sus costillas, no quería volver a recaer, no ahora, no en ese instante.
Debía ser más fuerte, debía asegurarse de ser más fuerte de lo que fue.
Volvió a mirar directamente a los ojos celestes, los cuales parecían preocupados, completamente preocupados. Se debió de quedar en silencio durante mucho rato, no la culpaba. Quizás el dolor, la culpa, el remordimiento, la traición, se logró notar en su rostro expresivo.
Ni tampoco era de las que se quedaban en silencio.
La persona en la que decidió convertirse ya no se callaba.
"Si, sé lo que siento, porque ya lo he sentido."
Weiss giró su rostro levemente, curiosidad en su expresión, pero se mantuvo en completo silencio, dándole espacio, como si esperase que continuase hablando, y si bien no quería revivir esa época, creía que era una buena forma de aceptarlo, y bueno, si Weiss parecía interesada, quien era ella, una mera humana, para callarse.
No, no callaba, no más.
Bajó la vista al piso, los azulejos maltratados y rotos dándole un reflejo opaco de sí misma. Sus puños se apretaron, sintiendo aquella ira, aquella impotencia, aquella desesperación. Aquello que la marcó por siempre, aquello que la hizo cambiar por completo. Pero todo eso, todo lo que ocurrió aquel día, sirvió para rectificar su camino, para volver a sentir orgullo de ser quien era.
Y no a hundirse más y más.
Tocó fondo, así que pudo volver a emerger.
"Me enamoré de una mujer años atrás, estuvimos juntas durante un largo tiempo, hasta que nuestros caminos se separaron, hasta que me traicionó."
Si hubiese descubierto la verdad antes, su corazón no habría salido destrozado de aquella forma, su corazón y su cuerpo. Pero no pudo, y se enteró de la peor forma. Esa gente hizo mucho daño, y aun se arrepentía de no haber sido capaz de hacerles frente, de proteger a los inocentes, de proteger al pueblo. No fue capaz de despejar su mente lo suficiente para al menos darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor y así haber podido reaccionar a tiempo.
Podía sentir la mirada de Weiss en su humanidad, y levantó la vista solo para asegurarse. Los celestes brillaban, comprensivos. No era necesario que dijera nada, o que se acercase, o hiciese algún movimiento, solo necesitaba ver sus ojos para entenderla, llevaba cuatro años viviendo entre bestias, y más de diez cazándolas, así que podía reconocer muchas de sus expresiones. Esta, sin embargo, parecía querer hablar de todas formas, aunque el movimiento de abrir y cerrar su mandíbula le daba la señal de que estaba vacilando en lo que iba a decir.
Fue descortés de mi parte el asumir tu inexperiencia en el tema.
Negó ante sus palabras, sonriéndole.
Se sentía amargo, la situación, lo que sucedió, su pesar aun latente, más de lo que creyó, pero con Weiss se sentía más tranquila, en todo ámbito. Se sentía tranquila, como si tuviese otra oportunidad de sentir. Quizás remediar sus errores del pasado.
Al final, tenía que seguir adelante.
Prometió que eso haría, y si sentir de nuevo iba a ayudarla a seguir, a sanar, lo permitiría.
"Sé que en comparación contigo soy una niña, ya que tienes muchos años de vida, así que entiendo que pudieses asumir algo así. Se podría decir que he tenido una vida corta y complicada."
Weiss se removió de su lugar, su rostro más serio, un atisbo de curiosidad en su rostro, así como preocupación. Tal vez se había visto demasiado de ese otro lado que permanecía oculto, porque intentaba olvidar aquello lo que más pudiese, permaneciendo optimista, siguiendo adelante, sin tener tiempo para mirar atrás. Siguiendo el nuevo camino que se obligó a seguir, el camino de su madre.
El retomar el camino que antes no fue capaz de seguir.
Y ojalá pudiese olvidar tanto de esa horrible época, como olvidó lo que pasó antes.
Se dañó tanto la cabeza, que era difícil siquiera recordar rostros, recordar lugares, recordar memorias.
Pero recordaba el dolor, siempre recordaba el dolor.
Y la culpa, la gran culpa.
El gran rostro de Weiss se acercó, lentamente, sumisamente, y ladeó el rostro, sin entender el cambio. Parecía que esta le quería decir algo, pero no sabía cómo decirlo, y esa nueva reacción le pareció graciosa, y también adorable.
De inmediato se sintió más tranquila, menos agobiada.
No sabía si eran sus sentimientos, o simplemente el ver un dragón, porque vaya que le encantaba, que lograban que acallase todo lo malo, todo lo que la amargaba. Era una sensación liberadora, que solo solía sentir cuando leía aquel diario de su madre.
¿Me hablarías más de la relación que tuviste?
¿Qué?
No se esperó eso.
¿Weiss interesada en su pasado? Quizás si había ablandado un poco su corazón, o solo había hecho emerger su curiosidad.
Sea como sea, le agradó el interés.
Quizás si se interesaban mutuamente, ¿No?
¿No?
"¿En serio quieres oír eso?"
Si, nuestra raza no tiene el concepto de una relación casual, por el contrario, nuestro deber es casarnos y tener hijos para evitar una extinción. Pero si te duele hablar de eso, no tienes que decirme.
Se quedó mirando a la gran dragona, como se veía imponente como siempre, pero había un tono suave en su voz, cuidadoso, diferente a lo usual, y sintió que aquello la enamoró un poco más, y se vio sonriendo. Y, por otra parte, si bien no era su tópico preferido para hablar, así podían cambiar un poco el tema de su declaración, que aun sentía las orejas hervir.
Era un paso enorme para una humana el declararse a un ser magnificente.
Tal vez era un pequeño paso para Ruby, pero un gran paso para la humanidad.
"Han pasado años de eso, duele sí, pero hablarlo probablemente sea lo mejor para superarlo. Pero que no creí que te interesaría la vida amorosa de un humano, ya sabes, una relación entre humanos inferiores."
Que sean inferiores no significa que no sean interesantes.
Si, un ser magnificente sin duda.
Se vio soltando una risa, creyó que la dragona sería más dura, que ya estaría enterrada en el suelo, muriendo, luego de declararse, pero no.
Era un alivio.
Al menos podían hacer que nada ocurrió y seguir hablando, así ya no tendría que morderse la lengua para no decir nada, ni tendría que irse de ahí para siempre y no volver a ver a un dragón en su vida, y sería una tonta si decidía hacer eso.
Había ganado de cierta forma
Caminó hasta el lugar con menos escombros del lugar y ahí se sentó, Zwei siguiéndola, tan callado como antes, sin querer inmiscuirse demasiado, y lo agradecía. Weiss también se movió, dejando caer su gran peso cerca, cuidadosamente, muy cuidadosamente considerando lo grande que era. Si a ella misma le tocase ser un dragón así, ya habría roto algo de casualidad, sin poder controlar su propio cuerpo. Solía ser algo torpe, para ser una cazadora profesional.
El rostro de Weiss quedó a su lado, y no pudo contener su sonrisa. Le gustaba pensar que había roto uno de los muros en el corazón de la dragona, de una u otra forma. Quizás su declaración sirvió para algo.
Respiró profundo, y se tomó un momento para recordar aquellos tiempos, de forzar a su cabeza, de darle lucidez a los recuerdos borrosos, sus errores envenenando su mente, aunque en ese momento, esa era su idea, nublarse tanto la cabeza que así no tendría que recordar todo lo que la hacía sufrir, porque huía, porque era débil, y eso era frustrante, y se desquitaba matando como una desquiciada.
No sentía orgullo de la persona que fue.
Se giró, mirando hacia los ojos celestes, grandes y atentos.
"¿Quieres que te cuente solo de esa relación, o de mi vida en general, de cómo era yo antes?"
Era extraño siquiera ofrecerlo.
Y era estúpido siquiera hablar de quien era, sabiendo lo reprochable que era esa persona, un error que debía mantenerse oculto.
Pero, por otro lado, quería ser honesta con Weiss.
Presentarse tal cual era.
Con sus logros, y con sus miles de errores.
Notó curiosidad en el rostro ajeno antes de que esta demostrase curiosidad con palabras, así que lo tomó como un sí.
No le gustaba hablar de eso, queriendo ocultarlo, pero le gustaba hablar con Weiss, así que se podría desahogar y al mismo tiempo contarle sobre su vida, así ambas sabrían más de la otra.
Esa idea no dejaba de hacerla sonreír.
Sonreía, a pesar de tener miedo pasando por sus venas.
No creía poder ser más para Weiss de lo que era en ese momento, pero era aterrador el ser echada de ahí, de su vida, por sus errores, y si eso ocurría, sería un error más con el que cargaría.
Así que solo esperaba que Weiss no la juzgase por quien solía ser, si no por quien era.
Solo esperaba eso.
