- Vaya, tu fotografía ocupa una página completa. Señaló Michiru, algo sorprendida tras hojear la revista, que si bien no mostraba a Haruka en portada, sí le dedicaba varios párrafos.

Él simplemente se encogió de hombros, restándole importancia al asunto y bebió su café.

Tras percatarse de que un grupo de jovencitas a unas mesas de distancia no le quitaban la vista de encima, sonriendo y murmurando entre ellas, no pudo evitar externar una inquietud.

- ¿En qué momento te convertiste en una celebridad?

El corredor de autos puso gesto de estar hurgando rápidamente en su memoria.

- Creo que fue entre la NASCAR del año pasado y aquel comercial de vino.

- Ése en el que apareces como el Dios Baco obsequiando sus manjares a los simples mortales…Errónea y convenientemente caracterizado como Eros, por cierto.

- Con gusto puedo demostrarte ésta noche que lo de Dios del erotismo no es error de percepción, cherrie.

Con toda intención, había hablado lo bastante fuerte como para que las colegialas lo escucharan, acompañando a su seductora voz de una tórrida mirada.

Unas suspiraron, otras se sonrojaron y más de una se guardó un grito emocionado; sólo una, audaz y veloz, corrió hacia él y le robó un beso. Luego, todas salieron apresuradas de la cafetería entre risas.

-Adolescentes.
Fue lo único que dijo Michiru, y continuó bebiendo su cappuccino con calma.

- ¿No hay escena de celos?

Inquirió él, provocándola divertido.

- No. Tú y yo estamos más allá de eso. Pero si el Dios Eros desea compensarme más tarde, estoy a su disposición.

Por debajo de la pequeña mesa, Haruka sintió el roce de su pie acariciándole el tobillo, y supo que esa noche dormirían muy poco.