Por aquél callejón oscuro sólo el taconeo apresurado de una solitaria joven rompía el silencio de la noche.

Desde varias cuadras atrás había notado que alguien la seguía. Al mirar de soslayo alcanzó a distinguir una alta figura masculina que de vez en cuando detenía sus pasos, con infructuoso disimulo.

Tan concentrada estaba Mina en su repentino acompañante, que para cuando se dió cuenta, se hallaba en una calle cerrada y apenas iluminada. Maldijo para sus adentros.

- ¡Rayos! ¿Lo habré perdido?

Se preguntó en voz alta.

Sorpresivamente, unos brazos la sujetaron con fuerza, empujándola contra la pared.

El peso de otro cuerpo la inmovilizó, impidiéndole huir.

- ¿No gritarás asustada?

Inquirió Taiki en su oído.

- Tu aroma es inconfundible. Sabes que tu perfume me mata. Pero gritaré si te complace.

Dijo, antes de besarlo.

Al separarse un poco y observar con detenimiento su atuendo, de abrigo y sombrero, no pudo evitar reír.

- Luces como Dick Tracy.

- Me pediste pasar desapercibido.

Ella iba a replicar, y él la interrumpió posando un dedo sobre sus labios.

- ¿Hasta cuando seguiremos ocultando lo nuestro?

La rubia le mordió el dedo, suspirando antes de responder.

- Hasta que mis amigas y tus hermanos no enloquezcan un poco más con la noticia.

- Eso quizás no suceda, lo sabes. No estoy dispuesto a esperar tanto.

- Entonces, hasta que pueda lidiar con todos ellos. Y con tus fans, además. Sí que son intensas. Dudo que me perdonen robarles tu corazón fácilmente.

- Excusas, mi amor, excusas. Pero si te complace, las aceptaré.

La besó nuevamente.

- Siendo sincero, esto es divertido.

- Y excitante.

- Por supuesto.

Ésta vez la besó apasionadamente.

Dio unos pasos, arrastrándola con él hasta un rincón en penumbras.

Y el mundo dejó de existir para ambos.