Después de una agitada y productiva mañana de investigación recorriendo la ciudad, Artemis llegaba a la casa Tsukino un tanto abatido y meditabundo.

El gato blanco rodeó la entrada principal y trepó hasta la ventana de la habitación de Serena, dando un salto para entrar.

El suave tacto de la mullida alfombra fue para sus cansadas patas una agradable bienvenida.

Como parte de la rutina, observó a atentamente el entorno antes de permitirse relajarse.

Nunca se sabía dónde podría aparecer el enemigo, cualquier acto precautorio, por pequeño que fuese, resultaba útil. Tanto él como su compañera de misión permanecían siempre alertas.

La suya era una gran responsabilidad y debían afrontarla encarnados en una forma humilde e inofensiva.

En su otra vida, probablemente se habría reído si alguien le hubiese dicho que tendría que luchar por el Milenio de Plata en cuatro patas y con sus propias garras.

Parecía imposible que como gatos pudieran contribuir a la causa, hacer una diferencia en el camino a la victoria. Resultaba frustrante en ocasiones, pues su condición actual los limitaba.

Tras confirmar la ausencia de peligro, se dirigió hacia la cama.

Supo que Luna se encontraba ahí antes de siquiera ingresar a la alcoba, sus instintos, su aroma, se lo dijeron.

La contempló en silencio, sonriendo para sus adentros.

El brillante pelaje negro trajo a su mente la sedosa cabellera de ébano que coronaba la belleza de la mujer que recordaba.

Para su corazón ella no había cambiado.

Cuando el amor es genuino, las banalidades de las apariencias desaparecen y los sentimientos permanecen fieles. El suyo se había fortalecido en la adversidad.

Porque la vida juntos, su familia, no era sólo un bello recuerdo. Era una convicción, un propósito compartido. Ambos poseían la férrea determinación que los llevaría a alcanzar esa anhelada felicidad.

Lo merecían.

Y por Diana, cambiarían la piel y hasta el mundo.

El suave ronroneo de Luna lo sacó de sus cavilaciones.

Agotado, se acurrucó a su lado.

Su reconfortante calor cobijó sus sueños de un futuro glorioso y feliz.

Si podía tener eso al final de un día difícil, todo valía la pena.