Las voces provenientes de la cocina despertaron a Yaten mucho más temprano de lo habitual aquél día. Y aquello no era bueno para su humor ni su rostro.
Aún bostezando, se dirigió ahí dispuesto a decirles dos o tres cosas a quienes interrumpieron su sueño reparador.
- ¿Por qué tanto alboroto?
- Va a proponerle matrimonio.
La expresión de Yaten indicaba que tenía algo que decir, pero callaba, pues no iba a gustarle. Conocía bien a su hermano, así que Taiki lo instó a continuar.
- Dilo, anda. Te aseguro que puedo soportarlo.
Seiya pasó la mirada de uno a otro. El ambiente se tornó serio de pronto; en el tema del amor sus opiniones no podían diferir más.
Dió un largo sorbo a su café.
Era muy temprano para sostener una discusión sin cafeína en su sistema.
- No es propio de ti tomar una decisión trascendental precipitadamente. Tus planes eran otros apenas hace unos días. Disculpa si dudo de tu buen juicio, pero nunca has actuado como un romántico enamorado hasta la locura. Justo ahora, eso pareces; francamente, resulta preocupante.
El mayor escuchó el argumento con paciencia, a sabiendas de que era la preocupación lo que lo motivaba.
- ¿Crees que cometo un error al querer casarme con Ami?
Cuestionó, con genuino interés por la respuesta.
- Cuidado ahí, hermanito. Entras en terreno peligroso.
Era la forma de Seiya de aconsejarle que eligiera sus siguientes palabras con cuidado.
Enseguida, tomó uno de los waffles que el castaño acababa de preparar y ocupó una de las sillas. Taiki se apoyó contra la barra de la cocina, sosteniendo su taza de café y Yaten permaneció de brazos cruzados junto a la puerta.
- Pocas personas te conocen como cualquiera de nosotros dos, dudo que haya alguna mujer que esté a tu nivel. Sin embargo, Mizuno… Te ves feliz a su lado. Es el momento, no la persona que elegiste lo que me intriga.
- Si me veo feliz, es porque realmente lo soy. Y eso se debe a que la amo. Como nunca, como a nadie. Dime...¿te has enamorado? Si no conoces ese sentimiento, no podrás entenderme. En realidad, no esperaba que lo hicieras. Sólo deseaba compartir mi felicidad con quienes más me importan.
- "Amor"... El tema me provoca escalofríos. Por su causa, tú actúas de una manera que nunca creí posible. Y Seiya, mira cómo lo ha dejado el amor.
Ambos voltearon hacia el aludido, quien daba otro bocado.
- ¿Qué hay de malo conmigo?
Preguntó, casi inocentemente.
Mayor y menor se llevaron la mano a la frente y menearon la cabeza, dando una exhalación resignada.
- Paso de eso, no es para mí.
El ojiverde finalmente se aproximó a la mesa, se sentó e indicó al otro a que hiciera lo mismo.
Lostres Kou compartían los alimentos como cada mañana.
- Espero que me permitas contribuir con tan célebre ocasión ayudándote con la selección del traje, te aseguro que incluso Mizuno apreciará mi buen gusto.
- De hecho, contaba con que ambos me acompañaran a la joyería después del desayuno.
Un rato más tarde, ya los tres en el coche, Seiya rompió el silencio con una inquietud:
- ¿Y quién va a cocinar cuando te mudes?
- Supongo que tendrán que aprender.
Respondió Taiki con una carcajada.
