«¡HERMANO!».
Irrumpe Tracy en mi habitación.
«Despierta Ness, lo prometiste... Dijiste que me llevarías a ver el meteorito».
«Iremos más tarde, es muy temprano».
La pulga hace todo lo posible por levantarme, pero no tiene resultado. Estaba agotado. La cortina de mi habitación se abre y entra el sol por la ventana.
«¡Ya es de día!» reclama
Pongo la almohada sobre mi cabeza, pero Tracy me la quita para azotarme con ella. Era perseverante la chiquilla, pero si cedía, ella vería que sus métodos daban resultado y los volvería a utilizar.
Dejo que se canse y al cabo de unos segundos el ajetreo se detiene. Paz.
«¡Aagh!» Mi oído siente algo húmedo «¡Tracy!» grito saltando de la cama.
Veo a "Ricitos de Oro" arreglada para salir y con una exposición en su rostro que fingía inocencia.
No puedo enojarme con esos lindos ojos verdes.
Termino de salir de la cama cuando me percato de un detalle: Llevaba puesta mi camisa a rayas y mis shorts de mezclilla, no había dormido con pijama aquella noche. Me quedé pensando un segundo y después descarte aquella posibilidad: «No, lo que paso anoche fue sólo un sueño, el universo no está en peligro». Aun así mi cuerpo estaba algo agotado, como si no hubiera descansado bien.
«¿Ocurre algo?».
«Nah olvídalo».
Agarro mi vieja gorra de béisbol roja ―nunca salía sin ella― y bajamos las escaleras.
Si no mal recuerdo, esa mañana mamá hizo Hot cakes . No nos dejemos salir hasta que hubiéramos terminado.
«¿Cómo te fue anoche cariño?» Pregunta mamá.
Me atragantó por un segundo, tomo un sorbo de leche y respondo: «¿A qué te refieres con anoche?»
«¿Encontraron al hermano de Pokey?».
Todo hizo clic en ese momento dentro de mi cabeza. Todo era cierto, mis poderes, el meteorito, Buzz-buzz, la misión de salvar el universo, La extraña conversación que tuve con papá. Reviso uno de los bolsillos de mis shorts y encuentro una pequeña piedra azul.
«¿Ness?, Ness».
«¿Ustedes lo sabían, no es así?»
La expresión en el rostro de mamá cambia al instante. «Entonces ya te disté cuenta» exclama en un tono bajo.
«¿Hace cuánto lo sabes?» insisto algunas veces.
«Doce años» contesta mamá al verse sin salida.
«¿¡Y CUANDO PENSABAN DECÍRMELO!?» reclamo mientras me levanto furioso de mi asiento. No solía levantarles la voz a mis padres, pero como no hacerlo en un momento así.
Mamá intenta calmarme sin mucho éxito.
«… Como pides que me calme cuando me voy enterando que toda mi vida es una mentira, todo el tiempo cree ser un niño normal pero no es así, un niño normal jamás podría salvar el universo. ―Mi voz se quiebra y concluyo: ― ¿Por qué no me lo dijeron?».
Mamá agacha la cabeza y responde: «Tal vez por falta de tiempo. Prometí decírtelo en algún momento, pero, estaba tan ocupado que no me di cuenta lo mucho que había crecido».
Lo que obtuve no fue una excusa, era una aceptación.
Subí por mi bate y salí de la casa con Tracy. Subimos la colina ―evitando usar el "atajo"― cuando por detrás de nosotros escuchamos un fuerte tintineo. Un furioso bull terry corria hacia nosotros arrastrando una cadena: El perro de los McCartney.
«¡Corre!» le digo a Tracy jalándola de la mano.
Correr colina arriba no sería muy efectivo. Saltamos sobre unos arbustos secos, el can nos sigue el paso atorando su cadena en unas ramas.
«Eso no lo detendrá por mucho tiempo».
Corremos a una pequeña cabaña cercana.
«¡Señor Lier, señor Lier!» grito agitado golpeando la puerta.
El perro logra liberarse llevándose una rama entre su cadena. Había una ventana abierta. Sin pensarlo dos veces meto a Tracy por ella, luego salto yo y la sierro justo a tiempo.
La casa del señor Lier era bastante polvorienta, los muebles eran muy viejos y muchos ya no estaban en buen estado, ah sí, también había un enorme hoyo en medio de la sala. De las profundidades empezó a ascender una luz. Alguien silbaba.
«Escóndete ―Le pido a Tracy―, y pase lo que pase no salgas».
Me deslizo por debajo de una mesa intentando hacer el menor ruido posible; cuanto polvo hay aqui. Un hombre sale del agujero. Tuerzo la nariz intentando contener un estornudo.
«¡Achoo!».
«¿Quién anda ahí?».
No me queda más que salir.
«Soy yo, señor Lier».
«Ness ¿vienes por lo de... "El asunto"?» preguntando dejando escapar un aliento a Ajo.
«¡Hermano!» Grita Tracy saliendo de una puerta.
«Te dije que vinieras sólo muchacho» me dice Lier mientras yo le hago un gesto a mi hermana.
«Lo sé, pero ALGUIEN insistió en venir».
El señor Lier se queda pensando un segundo y después nos dice: «Puedo ver en sus rostros que no quieren regresar».
Teniendo en cuenta que afuera había un perro esperando para comernos, no, no tenía muchas ganas de regresar.
«Bien, pero quede claro que hago esto porque solamente confío en ti Ness».
Intentemos pensar que el hecho de que un hombre de mediana edad invite a dos niños a un lugar oscuro dentro de su casa no tiene nada de tétrico. Avanzamos por un oscuro pasillo de piedra y tierra subterránea. Le pido a Tracy que no se separé de mí.
«Sé lo que piensas de mí Ness ―dice el señor Lier―. Crees que sólo soy un viejo mentiroso, pero creo que puedo llegar a sorprenderte».
Llegamos hasta el final del túnel, una extraña estatuilla dorada nos estaba esperando. Tenía la forma de, bueno... imaginen un Premio Oscar , pero con cuernos.
«¿Qué es esa cosa?».
«Es la prueba de que aquí debajo hay un tesoro enterrado. Este es mi destino, comeré ajo para fortalecerme y seguiré cavando».
Algo en ella me inquietaba: Brillaba de una forma inusual.
«…Es el brillo de su valor chiquillo» menciona Lier.
Tracy me jala del brazo. «Ness, vámonos de aquí» suplica.
«Creo que será lo mejor».
Revisamos el perímetro y continuamos hacia el punto en donde descansaba el meteorito. Una vez más escuchamos un tintineo. Detrás de nosotros se acercan cuatro niños en bicicleta.
«Oye Ness. Pasamos a buscarte a tu casa, pero ya habías salido».
Ascendimos todos juntos hasta la cima de la colina, mis amigos y Tracy se pusieron a revisar la roca roja. Yo por mi parte me senté en una roca debajo de un árbol recordando la experiencia de la anoche anterior. Todos tienen sus teorías: Que si albergaba vida extraterrestre o no.
«¿Se imaginan que en este meteorito haya llegado un diminuto alienígena con la capacidad de entrar en la cabeza de las personas para comerse sus cerebros y dejar huevecillos haciéndose cada vez más, comenzando una invasión?» comenta Matt.
«O tal vez podría tratarse de un alien de buen corazón y que haya venido a ayudarnos a pelear contra un mal mayor, pero ahora está muerto», respondo.
Después de tranquilizarme decidí contarles todo a mis amigos. Por supuesto que no se lo creyeron.
«No, en verdad está hablando enserio» me defiende Tracy.
«Me creo lo de Porky ―exclama Shaw―, ese niño es tu amigo cuando le conviene».
«Bueno, tal vez eso pueda explicar por qué los animales están un poco agresivos» dice Andrew quien siempre fue muy perspicaz.
Unos perros y cuervos los corretearon en el camino.
«Bien Ness, suponiendo que el destino del mundo en verdad está en tus manos ¿Qué piensas hacer?».
Lo tenía claro: Buscar aquel lugar llamado "Paso Gigante". Sólo había un detalle: No sabía dónde encontrarlo. Pregunté, pero todos quedaron con una expresión de confusión en su rostro.
«¿Dijiste Paso gigante?» pregunta Stinky.
Con interés le confirmé esperando obtener alguna información.
«¿Han escuchado la historia de Gordon Colson?» pregunta con seguridad.
Stinky podía tener un traje hecho de tierra y un nido de pájaros en la cabeza, pero poseía una habilidad para hacer sonar a la idea más absurda como una genialidad. Hablaba sin pelos en la boca.
«Gordon Colson era un cartógrafo, recorría la región trazando mapas. Junto a un equipo se adentró entre los cerros de estas tierras para descubrir sus secretos. Al cabo de un tiempo volvió él solo, o por lo menos una parte de él, una expresión de terror se había apoderado de su cara. Aunque en un inicio no pudo hablar de lo que hizo o lo que le sucedió con sus hombres sin perder el control, con el tiempo comenzó a soltar algunas pistas: "Hormigas gigantes" decía mientas dejaba la mirada perdida. No terminó de dibujar un mapa, por lo que la localización de aquel lugar seguía siendo un misterio. "Así es mejor ―decía él―. Mejor mantenerlo en secreto que ser el responsable de la muerte de algún curioso". En lugar de eso en sus hojas estaban dibujadas la huella de un pie. "Si ven esta cosa, corran" advertía Gordon.
Algunos dicen que Gordon Colson en realidad se volvió loco y que terminó matando a sus hombres. Pero lo que nadie puede negar es que su espíritu aventurero murió con ellos».
Tracy me tenía agarrada con tanta fuerza del brazo que sus uñas ya me estaban lastimando.
«¡Auch Tracy!».
Con intriga preguntó Matt «¿Y qué fue de Gordon?».
«Pues algunos dicen que pasó el resto de sus días encerrado en su casa. Otros opinan que, aunque se readaptó a la sociedad desarrolló una fuerte insectofobia.»
«Es ahí a donde debo ir» exclamo emocionado.
«¡¿Estás loco?! ―protesta Andrew― ¿No escuchaste la parte de las hormigas gigantes o la de "¡aléjense de ahí!"?.»
«A veces las historias exageran los hechos ―contesto―. Vamos chicos, tenemos todo el domingo. ¿Quieren pasarlo viendo una roca vacía o quieren ayudarme a encontrar Paso gigante?».
Nos dirigimos al último lugar que un grupo de niños visitaría por voluntad propia en domingo: La biblioteca. Tan sólo me abrumaba pensar en la información que podía almacenarse en un sitio como este, aun así, sabía que era el mejor lugar a donde podíamos ir.
«… Será como buscar una aguja en un pajar» exclama Matt desmotivado al ver la gran cantidad de libros que había delante de nosotros.
Pensaba lo mismo, pero si esa aguja es una clave importante para la salvación del universo valía la pena encontrarla.
Poco a poco fuimos vaciando los estantes ojeando libro por libro. No tardamos en llamar la atención de la bibliotecaria.
«¿Puedo ayudar en algo?» Pregunta una voz cálida en un tono bajo.
Cuando me doy cuenta habia una colina de libros sobre la mesa. Cuando algo es importante para uno el tiempo se va rápido, cuando no, pueden pasar horas y no avanzará.
«Disculpe... ―digo encogido de hombros―, devolveremos todo a su lugar».
Mantiene un tono sereno. «Descuida. No es muy común ver jóvenes en la biblioteca los domingos, ¿están buscando un tema en especial?»
«Esta…»
La bibliotecaria dirige un dedo a sus labios pidiéndome hablar más bajo.
Estábamos buscando información sobre un lugar llamado Paso Gigante o algo sobre Gordon Colson".
«Creo que puedo ayudar» comenta mientras se toca la barbilla y sonríe con astucia.
La seguimos hasta el rincón de "Historia local", saca un libro titulado "Leyendas e Historias de Onett". Eso dibujó una sonrisa en mi rostro.
«Llévenselo ―exclama desde su escritorio―. ¿Dos días bastarán? Pregunta mientras pasa sus dedos por el teclado».
«¿Lo dice en serio?» pregunto con los ojos iluminados.
«Pues no suelo hacer esto, pero me alegra ver a niños entusiasmados por la lectura que no sean cómics, creo que retrasa mi envejecimiento por la monotonía de pensar que pasaré el resto de mi vida detrás de un escritorio... Olviden eso último. Dos días para devolverlo» agrega poniendo la mirada en la computadora.
Nos dirigimos al «Escondite», una pequeña casa del árbol ubicada en cierta parte del bosque que prefiero no mencionar. Era nuestro lugar, donde nadie podía molestar y de donde nadie podía correr, era un secreto que nos unía. El único problema era que en aquella ocasión iba Tracy con nosotros, no la podía dejar sola y no estaba dispuesta a regresar a casa. La solución: Vendarle los ojos durante el camino y hacerle jurar por el cabello de su muñeca Lili que no hablaría jamás sobre el asunto.
Al llegar nos enteramos que unas ardillas habían tomado el fuerte, nos lanzaban bellotas desde el árbol mientras otras bajaban para mordernos. No nos íbamos a ir, este era nuestro lugar y no se los daríamos sin pelear.
Saco el bate de mi mochila y le digo a Tracy que se aleje del árbol.
«Creo que es hora de darles a esas ardillas una probada de su propia medicina». Stinky saca su resortera y empieza a dispararles a las ardillas del árbol sus mismas bellotas.
Shawn agarra de la bicicleta de Matt dos latas de refresco, las agita y las abre. Apunta a los roedores que se habían subido a la cabeza de Matt, lo deja empapado, pegajoso y tirado en el piso, cuando el pobre niño se levanta se le pegan un montón de hojas, pero al menos las ardillas se alejaron.
«Alguien tiene que subir ―exclamo―. Andrew, tu gorra».
Una sola gorra de béisbol no era suficiente para protegerse de las bellotas que nos aventaba las ardillas del árbol, así que me pongo la gorra de Andrew sobre la mía. Vaya diferencia.
Asciendo la escalera, una parvada sale volando de El escondite haciéndome dar un paso atrás. Me suelto, cierro los ojos, espero recibir el golpe en mi espalda que sacará todo el aire de mis pulmones pero en lugar de eso algo frena mi caída, termino en el suelo de rodillas. Pasó tan rápido.
Unos pájaros se abalanzan contra nosotros.
Después que nos los logramos quitar de en sima ―Dejando que se llevaran las frituras de nuestras mochilas― hablamos sobre lo ocurrido. Todos me hacían preguntas como: «¿Qué fue eso» o «¿cómo hiciste aquello?».
«¿Hacer qué?».
«Ness, acabas de dar una vuelta limpia en el aire» contesta Matt.
«Yo diría que hasta saltaste en el aire» agrega Andrew.
Las ardillas empezaron a extender su perímetro, pronto las tuvimos nueva mente sobre nosotros.
«Ness, vámonos de aquí» suplica Tracy.
«Tú fuiste la que decidiste venir».
«Mamá me pidió que no me separara de ti».
Puede que mamá me pidiera que cuidara a Tracy porque confiaba en mí, aunque también puede ser porque sabía que estando Tracy yo evitaba buscar problemas, solo que eran los problemas los que me buscaban a mí.
«Debo volver a intentarlo» exclamé.
Corro hasta la base del árbol donde dejé caer la gorra de Andrew y me la vuelvo a poner en la cabeza. Esta vez logro entrar en el escondite. Las ardillas van detrás de mí.
«Muy bien roedores, ustedes lo pidieron».
Me pongo una pinza en la nariz y saco de un recipiente la cosa más apestosa que había olido en mi corta vida. Un calcetín sudado de Stinky remojado durante año y medio en el jugo de un queso añejo. ¿Por qué teníamos algo así en el Escondite? No recuerdo, estabamos aburrido.
En un instante todas las ardillas que hace un segundo estaban arañándome y mordiéndome salen huyendo.
«Hemos recuperado el fuerte». Devuelvo el apestoso calcetín a su recipiente, me quito la pinza de la nariz y les hago una señal a mis amigos.
«Tal vez la historia de la abeja extraterrestre no suene tan descabellada ahora», expresa Shawn.
«Andrew, tu gorra».
«Quédatela Ness, se cuánto la quieres desde hace tiempo, alguien tan valiente como tú se la merece más que yo, sólo cuídala ¿quieres?».
La gorra de Andrew era similar a la mía con la diferencia que estaba autografiada por El "Señor Béisbol". Por supuesto que la había querido desde hace tiempo.
«Gracias amigo».
Abrimos el libro y después de pasar algunas páginas lo encontramos, la historia de Gordon Colson acompañada de una fotografía en blanco y negro de una huella gigante tomada desde un globo aerostático.
Sentí un sentimiento de satisfacción, sentí como si estuviera a pasos de encontrarlo. El libro no contenía mucha más información de la que ya habíamos oído, sólo que muchos han bajado a investigar más de cerca, pero pocos han regresado para contarlo.
«Ánimo Ness, si este lugar en verdad existe y está cerca de Onett seguro que alguien en el pueblo lo debe conocer, sólo hay que preguntar» me ánima Shawn.
Le vendamos los ojos a Tracy y bajamos al centro de Onett. Nos dividimos: Matt y Stinky fueron a preguntar al muelle, Shawn y Andrew fueron al norte y Tracey y yo nos quedamos en el parque que estaba delante del Ayuntamiento, mismo lugar en el que quedamos en vernos a las 12:30.
Una señora que estaba alimentando a las palomas nos regaló unas paletas a Tracy y a mí, fuera de eso no tuvimos mucho éxito. «Quizá los muchachos han tenido mejores resultados» pienso.
Da la hora fijada y a los minutos llegan Matt y Stinky, no tienen mucho que decir. Poco después llegan Shawn y Andrew con noticias.
«¿Cuál quieres oír primero, la buena o la mala?».
«La mala» contesto.
«Te diremos primero la buena».
"Esta bien".
«La buena es que ya tenemos idea de quién puede conocer Paso Gigante».
Con impaciencia y emoción pregunto: «¿Quién?».
Después de intercambiar miradas de inseguridad me contestan: "Frank"
El lider de los tiburones.
Me sentía en una montaña rusa, en un momento todo parecía ir bien y me sentí contento hasta que llegaba algo a arruinar y tirar todas mis expectativas al suelo. No podía seguir así, necesitaba un descanso.
