¿Alguna vez pasaron por una tienda que exhibía algo tan genial que simplemente sabían que lo necesitaban y aunque estaba a un paso de, los separaba una vitrina de cristal para recordarles que nunca lo van a tener? Algo así me sentía en ese momento. Me quedé revisando el libro que me prestaron en la biblioteca esperando tener una respuesta, miró la fotografía una y otra vez y nada. La única persona en todo Onett que sabe su localización es también esa persona a la que sólo un loco buscaría. ¿Pero que puedo hacer al saber que el mundo está en peligro y que mi decisión podría afectar el resultado? ¿Cual es la línea que separa la sensatez de la cobardía?
«Toc toc ¿Happiness?» Se asoma mamá por la puerta de mi habitación.
«¿Qué quieres?» contesto aún un poco molesto.
«¿Quieres que lo hablemos?»
Le abro un lugar en mi cama y ella se sienta a mi lado.
¿Ahora... que quieres saber? pregunta.
«Todo lo que sabes de mí».
«Muy bien... Eres mi hijo, dentro de poco cumplirás trece, pero aún recuerdo el día que naciste como si fuera ayer... ―Empieza a frotarme el cabello―. Pesabas tanto como todas las vidas en este planeta... Había cargado a otros bebés antes, pero cuando te tuve en mis brazos supe que tú eras especial, tal vez porque eras el primero al que podía llamar hijo... Pronto descubriría algo más. ―Mamá alza ligeramente la cabeza dejando una expresión perdida―. Pasó una noche, escuché un estruendo en tu cuarto, subí corriendo, cuando llegué tu lámpara de noche estaba rota en el piso, no había nadie más en la habitación además de un tierno bebé de rizos oscuros que ni siquiera lloraba, sólo miraba la lámpara en el piso como si supiera lo que había pasado, pensé que había sido una ráfaga de aire, pero la ventana estaba cerrada. Le llamé a tu padre...»
«¿Y qué dijo?».
«Lo último que se me habría ocurrido. "Fue Ness, no temas, los bebés suelen romper todo lo que está a su alcance." Le repetí que estabas en la cuna y que aquella lámpara estaba lejos de tu alcance. Ni siquiera habías terminado de aprender a voltearte solo. Él se río y me dijo que ya lo comprendería... Lo cierto es que ya me lo había intentado explicar, pero aquí tu cabeza dura de madre no lo comprendía. "Lo que debes saber es que estamos criando a un niño superdotado" decía. Algún tiempo después, mientras te estaba meciendo para que te durmieras, sin mucho éxito por cierto, el colgante sobre tu cuna empezó a agitarse de forma extraña. Los planetas y estrellas saltaban como locos. Y el astronauta parecía ser jalado por algo, como una aguja hacia un imán. Cuando miré hacia abajo te vi muy concentrado con tu bracito extendido hacia el aire. Fue cuando lo comprendí: De alguna manera tenías la habilidad de mover las cosas sin tocarlas. El problema que eso significaba, no bastaba con mantenerte lejos de objetos peligrosos o frágiles, tenía que esconderlos de tu vista. ―Su tono de voz cambia a uno más vacilón― Uff, cuando descubriste como funcionaba la tele, ni hablar de la estufa».
«Debí ser un verdadero dolor de cabeza.» exclamé un poco risueño.
«Pues sí, pero eras mi dolor de cabeza» contesta mamá poniendo su oreja sobre mi cabeza.
«¿Cómo le hiciste?»
«Mi mejor arma, una vieja canción de cuna que tu abuela me enseñó, aunque era un arma de dos filos ya que si no te hacía dormir, potencializaba tus habilidades, literalmente creabas destellos de luz cuando te emocionabas, tenía que cantártela varias veces antes de que te durmieras».
«¿Canción? ¿qué canción?, me gustaría escucharla».
Mamá lleva un extremo de sus labios hasta los ojos mientras levanta las pupilas intentando recordar. «Hace bastante tiempo que no la canto, ya no la recuerdo. A Tracy ya no le tocó escucharla».
«Oh».
«Pero, mira, lo mismo paso con tus ―hace comillas con los dedos ― poderes, al final nunca se fueron, sólo... estaban dormidos en alguna parte de tu cabeza, tal vez puedas despertar su recuerdo de alguna manera».
«Entonces, ¿por eso no querías decírmelo, para evitar que me hiciera daño?»
«Ness… ―Suspira―. Lamento habértelo ocultado, nadie me enseñó a ser madre, mucho menos de un niño superdotado, más o menos cuando empezaste a hablar dejaste de utilizar tus poderes. Para mí fue un suspiro, por primera vez sentía que podía estar un paso adelante de ti para cuidarte. Tu padre insistió en que te lo digiera, pero... ―Empieza a hacérsele un nudo en la lengua― él no sabía lo difícil que era cuidarte mientras el otro trabajaba. Ponte en mi lugar. ―Suspira y me talla la espalda― Terminé convenciéndolo para que ninguno de los dos dijera nada, por lo menos durante un tiempo. Aun así, él me advirtió que tarde o temprano lo sabrías, después de todo es un instinto de supervivencia. Vaya razón que tenía».
Hay un silencio que dura unos segundos.
«Lamento haberme enojado contigo... Pero lo cierto es que aún no sé cómo utilizarlos... Eso que dices, ni siquiera sabía que podía hacerlo, anoche un perro me mordió y la herida sanó al instante. Hoy un montón de ardillas me atacaron… ―Le muestro a mamá los arañazos y mordeduras debajo de mi camisa. Veo como saltan sus ojos― …e intenté replicarlo, pero no pude.»
«¿Dónde te hiciste eso?» pregunta algo espantada.
«Eso no importa, lo que yo…»
«Y yo dejando a Tracy ir contigo».
«¡Escúchame! ¿Cómo se activan? ¿Qué más puedo hacer además de generar luz y mover cosas con la mente? Tal vez si supiera utilizarlos me sentiría más capaz de salvar al mundo».
Mamá se levanta y me dice: «Creo que eso tendrás que conversarlo con tu padre».
«Si va a ser así de incómodo como AQUELLA charla...»
Mamá se ríe.
«Una pregunta más ―le digo antes de que saliera de la habitación―. ¿Conoces la ubicación de un lugar llamado Paso gigante?».
Estaba a punto de salir de mi habitación cuando regresa mamá con un botiquín médico. Me pide que me quite la camisa y me empieza a aplicar alcohol en las heridas.
Entre auch y gemido le pregunto a mamá: «¿Si tuvieras una tarea que cumplir, pero en tu camino te encuentras con un pequeño obstáculo, más o menos, un gran obstáculo, en frente de ti que hace aún más difícil tu tarea... que haces?».
«Sabes lo que te hemos enseñado sobre tus responsabilidades. Date vuelta. Haría todo lo que está en mi poder para saltar ese obstáculo y si no puedo buscaría otro camino».
«¿Y si ese camino es peligroso?».
Ella guarda silencio unos segundos, y después me contesta «Dependerá de que tan importante sea para ti esa tarea».
Técnicamente mamá estaba de acuerdo con lo que estaba a punto de hacer. Abrí mi mochila de cuero, eché en ella mi bate y un costal de canicas, en uno de los bolsillos de mis jeans guardo mi Yoyo. «Quizá si hago bien las cosas pueda evitar que me hagan daño» pensaba. Aun así, necesitaba saber más sobre mis poderes, así que decidí llamar a papá. Levanto el teléfono, pero nadie contesta.
La televisión esta prendida. El noticiero empieza a hablar sobre una señora que fue atacada por una parvada de palomas hoy mismo en el parque.
«Hermano, es la señora que nos regaló las paletas».
El rostro de mamá sólo refleja angustia.
«¿Si todos los animales se están volviendo salvajes que va a pasar con King?» pregunta Tracy acariciando el lomo del Ovejero.
«No temas Tracy ―dice mamá―, King es parte de la familia, no se ataca a la familia».
Dejando de intentar obtener respuesta dejo el teléfono. «Vuelvo enseguida».
«Ness ―llama mamá con un tono de inseguridad― ... Mantente alejado de los animales y ... vuelve antes del anochecer».
Avanzo por las sombras de Onett que Iban cubriendo la luz del sol, intento silenciar la parte de mi cabeza que sigue diciéndome que esto es una mala idea. Estaba en territorio de tiburones, ya no había vuelta atrás. "No veo razón por la que un tiburón atacaría a un niño, no represento peligro para sus dominios. ¿Cierto?
Un Skater sale disparado por detrás de mi espalda dándome un golpe en el costado.
«¿Que tenemos aquí? ―exclama en son de burla―. Carne fresca».
«No estoy buscando problemas» digo.
«¿Entonces qué haces aquí?»
«Esto fue una mala idea» pienso dando media vuelta.
Unos tipos saltan de los tejados en palos para saltar bloqueando mi ruta de escape.
Me tenían rodeado. Aquellos sujetos escondían sus identidades bajo mascaras con sonrisa de psicópata dibujadas y unos visores sobre sus ojos. Además, para hacerle honor a sus nombres tenían lo que asemejaba a una aleta de tiburón sobre sus cabezas.
Saco el bate de mi mochila pero intento explicarles amablemente a los caballeros que el mundo estaba en peligro y que hablar con Frank podría ser indispensable para salvarlo.
«Tú no quieres hablar con Frank ―exclama uno―, lo que quieres es que Frank te de una paliza».
«¿Por qué no le ahorramos el trabajo al jefe?» agrega otro.
Un tiburón me somete y me quita mi bate mientras otro se para delante de mí preparándose para darme un puñetazo en la panza. Mi corazón se acelera, algo despierta dentro de mí, siento como si una energía escapara por mis ojos. El Tiburón que tenía enfrente se desploma al suelo. Yo en vez de ponerme a pensar qué es lo que acabo de hacer aprovecho que mis agresores quedaron hechos hielo para devolver el bate que dejaron caer a mi mochila y escapar.
Suelto la bolsa de canicas, escucho a un tiburón tropezarse. Otro se sube en su palo saltador intentando brincarme en sima, saco mi Yoyo y lo disparo atorándose en el palo de ese punk, lo jaló dejando caer al tiburón. Cuando volteo veo a un skater despertando de su sueño de calle, furioso se trepa a su tabla, va detrás de mí. Nueva idea. Disparo mi Yoyo contra un poste de farola creando una cuerda en tensión casi invisible, en menos de un segundo otro tiburón cae al suelo dejando su skate libre para un servidor.
Estoy a punto de completar mi escape cuando por mi espalda alguien me lanza un hula-hula y caigo del skate en forma de tiburón.
«¿Se te acabaron las agallas pescadito?» Dice alguien levantándome por la espalda.
Cierro los ojos esperando a recibir el primer golpe. En lugar de eso escucho a los tiburones dialogando:
«Bien ¿Quién va primero?».
«Yo no, ya viste lo que le hizo a Chump cuando intentó golpearlo».
«Coincidencia».
«¿Y porque no lo intentas tú, dientes?».
«A mí no me hizo tanto daño, le dejaré el primer golpe a quien tenga más sed de venganza».
«Yo nunca antes había golpeado a un niño» susurra uno.
"Pues sí, pero alguien tiene que enseñarle a este niño a no meterse con los tiburones."
«¿Porque no sólo me llevan con Frank?» intervengo.
«Al cliente lo que pida» contesta alguien con malicia.
Los tiburones me dirigen a la galería de juegos, la cual habían tomado como su cuartel.
Frank estaba en el patio trasero del lugar limpiando un viejo armatoste. Al verlo me quedé mudo. Un tipo con gafas oscuras, de traje color rojo y una elegante cabellera que lucía una cresta hecha de gel que asemejaba la aleta de un tiburón, a pesar de lo que uno creería, no utilizaba el lenguaje de un pandillero, sino que poseía una elocuencia que intimidaba al escucharlo hablar,
«¿Quién eres tú?...Vamos ¿Ni tu nombre sabes decir?»
«Soy Ness, y, no soy nadie importante».
«Curioso que te consideres nadie, porque si llegaste hasta aquí, es porque debes ser alguien». Me extiende su mano.
Acepto el apretón y entonces... Frank me apuñala en un riñón.
«Alguien que representa una amenaza para mí y que debe ser eliminada ―agrega―. No, no lo saques aquí, sólo lo empeoraras. Dile a tu madre que te lleve al hospital. Puedes quedarte el cuchillo. ―Me da la espalda y continúa: Que te sirva de lección niño: Frank es una persona peligrosa».
Una parte de mi inocencia se fue ese día. En el mundo realmente existe gente que te hará daño sin importarles tu edad. Mi esperanza de obtener algo de información aquí se desplomó… No, no me iba a dar por vencido, este cuchillo era como los colmillos de aquel perro, "muy bien cerebro, sé que puedes hacerlo" pienso. Saco rápidamente el objeto de mi cuerpo y me muerdo mi camisa para evitar gritar, pongo una mano sobre la herida para evitar perder mucha sangre, comienza el hormigueo, el dolor de cabeza y el frío.
Barro las piernas de Frank con mi bate, el cae al suelo soltando otro cuchillo, lo pateo lejos de su alcance y le pregunto decidido a obtener una respuesta «No más trucos sucios Frank ¿Qué sabes de Paso gigante?»
«¿Cómo lo..?»
«DIMELO Y ME VOY DE AQUÍ» presiono dando un paso al frente.
«Está bien –contesta retrocediendo sin levantarse del suelo–. Tengo información que podría servirte».
«Habla».
«Frank a prueba de fallas... Nunca pierde una batalla ―Dice deslizándose rápidamente al monstruo mecánico que tenía por detrás―. Saluda a Frankenstein II».
Un tanque robot hecho de la basura pero que funcionaba casi a la perfección. Tenía una cabeza de balde con la sonrisa de los tiburones pintada en sima. Una cabina hecha de madera, y la base de un buldócer.
Habría sido arrollado por Frankenstein II de no ser porque uno de sus brazos (Si, tenía brazos) se atoro en un árbol que había en el patio de la galería. Eso me dio una ventaja, empiezo a golpearlo con mi bate. Logro quitarle el único brazo que podía utilizar para atacar, poco a poco fue quedando inservible. Tengo que reconocerlo, Frank también me ayudó forzando el motor intentando liberarse del árbol.
Aquella cosa empezó a producir tanto humo que el líder de los Tiburones se vio obligado a dejar su nave.
"Frank a pruebas de fallas es ahora sólo "Frankasado"» dice mirando a lo que queda de su invento arder en llamas.
«Perder una pelea no lo vuelve fracasado ―comento ―, es sólo que, los malos nunca ganan, un fracasado nunca habría podido crear semejante invento, solo le dio un mal uso: Aterrorizar a la gente, por eso tuvo un mal resultado».
Frank guarda silencio algunos segundos y después comenta «¿Ubicas Forest park?»
«Uhum».
«Detrás de "La cabaña de los artistas en gira" hay una pequeña cueva que te lleva al paso gigante, yo no he llegado a verlo pero sé que está ahí por las hormigas gigantes. Y oye, puedes venir al árcade cuando quieras, después de todo ya no voy a estar.»
«¿A dónde irás?»
«Aún no lo sé, sin Frankenstein II los tiburones estamos vulnerables, aquellos tontos de adentro no son más que payasos».
«¿Porque no dejan la vida de crímenes?»
Salí del arcade victorioso. Realmente lo había logrado, no sólo me enfrenté a Frank y gané, también logré utilizar mi poder a voluntad.
