Un poco de claridad penetra por mi ventana, los pájaros cantan y yo me estiro, abro una cortina de mi habitación y me cambio la pijama por una camisa a rayas y unos jeans de mezclilla cortos, pongo sobre mi cabeza la gorra que me prestó Andrew y echo en mi mochila mi bate de béisbol.

«Llegó el momento» exclamo.

A medida que bajo las escaleras empiezo a escuchar el sonido del aceite saltando sobre el sartén de mamá, el olor que procedía de la cocina llamó mi atención. Lo había olvidado, era lunes (Mamá siempre comenzaba la semana con huevos estrellados).

«Te despertaste temprano cariño» dice mamá.

«Pues, sí tengo mucho que hacer».

«¿A dónde llevas ese bate?».

«Mamá, ya te lo dije, el mundo está en peligro y yo debo prepararme para la llegada del devastador universal».

«Pero hoy es día de escuela».

«Mamá, el mundo está...»

«El mundo podrá esperar a que termines tus horas de educación».

Desayuné, cambie las cosas de mi mochila por útiles escolares y partí a lo que para mí era una prisión juvenil llamada escuela.

Otro día de rutina, o al menos eso pensaba, desde que pisé aquel lugar ese día me percaté de que por alguna razón todos los ojos estaban sobre mí, me volví el centro de atención de todo el mundo, pero ni siquiera sabía por qué. Paso a mi casillero en donde me están esperando mis amigos.

«Tú sí que estás loco» me dice Shawn.

«¿Por qué?» le pregunto.

Me muestran un periódico, en titular decía «Tiburones abandonan Onett, La galería de juegos reabre sus puertas». Intento hacerme el desentendido, pero entonces me hacen leer la parte inferior de la hoja. «En la zona se encontró un yoyo con el nombre "Ness" escrito con marcador enredado en el poste de una farola. ―Entonces ahí lo deje―. Testigos declaran haber visto a un niño de gorra roja confrontar a la banda». ¿Cuánta posibilidad había de que en Onett hubieran dos niños llamados Ness? No me queda más opción que confesarlo a los chicos la verdad.

«Cuéntanos, ¿Como lo hiciste?»

«Eso no importa, lo importante es que ya conseguí la ubicación de Paso Gigante».

Paso la mañana contando los segundos para salir. Parece ser que a nadie le importaba que el profesor estubiera en el aula, todos querían oírme hablar de cómo derroté a los tiburones. Para el final del primer periodo ya tenía a una multitud caminando detrás de mí «¿Así que esto es ser popular? Puedo acostumbrarme» pienso. Resulta que Porky había expandido el rumor de que ÉL y yo habíamos decidido limpiar las calles de tiburones para devolverles la galería a los niños del pueblo. Rayos, ¿Por qué no existen escuelas para ricos en Onett?

Para la hora del almuerzo parecía que toda la escuela estaba sentada en mi mesa, me cansé de contar la misma historia una y otra vez.

El Altoparlante empezó a sonar «Podría presentarse el señor Ness Boku en la oficina del director? Ness Boku a la oficina del director».

Abro la puerta esperando no estar en problemas. «¿Quería verme director?». Un destello deslumbra mis ojos.

Al entrar veo a tres señores además del director. Uno de ellos me llamó la atención más que el resto, era un fotógrafo pero parecía provenir del siglo pasado. Tenía una barba cerrada y unos cristales de botella delante de sus ojos, vestía un sombrero de Copa y un viejo abrigo negro.

«Aquí lo tienen». «Ness saluda a los caballeros» me dice el señor director.

El primero me estrechó su mano, me dijo su nombre, pero lo único que recuerdo de él es que tenía una calva tan brillante que podía ver mi reflejo.

El segundo era periodista y quería una nota. «… ¿Se enfrentó usted solo a los tiburones?» me preguntó.

El señor con cabeza de foco me dijo que trabajaba para el alcalde, quien quería conocerme.

Al parecer las escuelas de Eageland podían entregarle un estudiante al primer extraño que viniera a preguntar por él.

«Espere ―le digo al señor director―, eso significa que tengo permiso para salir temprano de la escuela».

Él me lo confirma.

Me quedo pensando un momento cuando el señor de la cabeza brillante intenta adelantar mi respuesta diciéndome que si aceptaba me darían un viaje gratis en limusina.

«Okay, iré».

Subí al elegante vehículo y le dije adiós a la escuela.


«Hey, hey, hey, soy el alcalde Perkle, y tú debes ser Ness. Quería darte las gracias por echarnos la mano con el asunto de los Tiburones. ... Dime ¿Te gustó el paseo en limo?»

El alcalde me aprieta la mano y sonríe hacia la cámara del fotógrafo que nos acompañó. El hombre parecía muy contento de tenerme en su oficina, lástima que no pueda decir lo mismo del policía de su despacho.

«¿Sabes? creo que si todos los policías de Onett tuvieran tu espíritu, la ciudad sería mucho más segura» dijo picándole el orgullo al uniformado.

Le pregunté si me podía retirar pero por alguna razón el alcalde me quería retener en su oficina un poco más de tiempo.

«Wow, cual es la prisa velocista, ¿Vas a un lugar en especial?»

«De hecho señor, estoy pensando en ir a Forest Park».

«Excelente. Te diré qué, aguárdame un segundo y me encargo de llevarte en limusina».

«Señor alcalde ―interrumpe el policía―, ese lugar está clausurado».

«Eso no importa, lo que sea por hacerle un favor al héroe del pueblo». «Mira muchacho ―dirigiéndose a mí―. Por qué no tomas asiento, Te diré cuando puedas partir».

En el lugar había un comic –ya lo había leído por cierto– y una bolsa de botanas. Pasan los minutos, de vez en cuando volteo a ver al Policía que está en la habitación, sin ninguna palabra me decía "No me agradas", lo que hacía mi estancia más incómoda, escucho al alcalde hablar por teléfono mientras cuento los segundos para irme.

«Por cierto hijo ―me dice el ayudante pelón del alcalde―, ¿será que puedas memorizarte estás líneas?».

Todas eran frases como «El alcalde Pirkle me inspira para ser una mejor persona,» o «mi familia en estas elecciones votará por Pirkle». Claro, el viejo quería utilizarme para promover su campaña, esto no era otra cosa que un soborno. Por si fuera poco, escucho al alcalde decirle al teléfono que la rueda de prensa empezaría a las 2:00. Sí claro, me querían tomar por tonto. De haber sabido creo que habría sido igual terminar mi jornada en la escuela.

«¿Dónde queda el baño?» pregunto.


Después de que me dieran una respuesta, salgo del ayuntamiento y prosigo hasta mi destino. Necesitaba algo con que defenderme y en mi mochila sólo había libros y cuadernos. Paso al Escondite ―que quedaba cerca del camino a Forest Park― y tomo el "bate de emergencia", uno que encontramos en la cancha, como nadie lo reclamó se quedó con nosotros, además de una linterna y dos latas de refresco.

Estoy frente a dos rejas de Fierro cerradas con un candado, sobre ellas se extiende una cinta amarilla con la leyenda "CLAUSURADO, NO PASAR". Lo siento cinta amarilla, pero el destino del universo está en juego. Me trepo a un árbol y salto los barrotes.

Forest Park es un pequeño sitio para acampar ubicado en las sombras de los cerros, no muy lejos de Onett, tenía pequeñas cabañas, mesas de picnic y lugares para encender fogatas, papá nos solía llevar a Tracy y a mí una vez al año, atesoro buenos recuerdos de ese lugar. Sin embargo, me percato de lo diferente que se ve. No hay ningún alma en las proximidades, hay dibujos de tiburones en las paredes de las cabañas, hay muebles saliendo por las ventanas y vidrios rotos, además de botellas y latas de refrescos por todos lados.

Frank me había dicho que detrás de la Cabaña de los Artistas en Gira –la más grande– debía encontrar una pequeña cueva que me llevaría a Paso Gigante. Lo encuentro, una pequeña boca en la pared de la montaña.

Aquí vamos, enciendo la linterna, me armo de valor y me deslizo a través del agujero. Después de caminar con la cabeza agachada por algunos metros llego a una gruta, empiezo a avanzar por una pendiente, el camino se hace cada vez más disparejo y se me hace más difícil buscar donde pisar hasta que la ruta se vuelve prácticamente inexistente. "¿Y ahora qué?" Pienso mientras muevo la luz de mi linterna por la gruta. Me doy cuenta que el lugar es más altos de lo que creí, encuentro una soga que bajaba de lo que parecía ser una ruta. Gracias Frank. Me quito mi cinturón y me amarro la linterna a la cabeza, comienzo a escalar una de las paredes.

Ahí, delante de mí, la tenía, una hormiga regordeta y negra, tenía una antena roja y una antena verde, medía apenas el tamaño de mi pulgar. Grande para ser una hormiga pero pequeña para lo que me había imaginado. «¿Esto es lo que volvió loco a Gordon?» exclamo para mí. Era agresiva y sus mandíbulas rojas no me daban mucha confianza, termino pisándola pero pronto llegan más, empiezo a zapatear por todos lados para evitar que se me subieran. Sacó los refrescos de mi mochila y replicó el truco que me enseñó Shawn, dos chorros de refresco salen disparados mojando a varias hormigas, el resto va tras el dulce y empiezan a beber los charcos de burbuja. «Claro, a las hormigas les gusta el azúcar. Buen provecho».

Seguí escalado la montaña desde adentro, esta vez sin la ayuda de una cuerda, me encuentro con un pasillo oscuro y profundo. Escucho una voz dentro de mi cabeza, mi mente estaba recibiendo los pensamientos de alguien más.

«Finalmente llegas, esta es la primera localización de "tu santuario" pero es mío ahora, quítamelo, si te atreves».

Una hormiga plateada realmente grande sale de las sombras del túnel, se erguía caminando únicamente sobre sus 2 patas traseras. Poco más alta que yo.

«Cada cierto tiempo llegan exploradores humanos a esta montaña, tú no serás otra cosa que una botana más para mi hormiguero».

Las paredes se cubren de una capa negra, millones de hormigas salen desde las profundidades. Son demasiadas, intentó escapar, pero detrás de mí sólo hay una caída de aproximadamente siete metros. Volteó mi mochila esperando encontrar algo útil más allá de mis libros de texto, del fondo cae mi vieja plumilla de guitarra, al verla no puedo evitar sonreír recordando la letra de una canción.

«If you don't see a way out
Just stand up and Rock out!
».

Los pequeños insectos empiezan a trepar por mis piernas mientras me muerden. «Qué más da» pienso, si voy a caer, hay que caer a lo grande. Los vellos en mi piel se erizan mi corazón palpita cual amplificador. Levantó mi brazo para crear el mayor acorde de guitarra invisible que se haya imaginado. Tan pronto como lo bajo, despido energía, fuertes destellos azules, rojos y amarillos ―mis colores favoritos y los que componen mi look, (mi esencia) ― llenan toda la cueva arrasando con el ejército de hormigas a su paso. Las que quedaron salieron corriendo.

«Será entre tú y yo,» me dice la hormiga gigante ―quien ya había perdido una antena después de aquella descarga de poder― a mi mente,

El monstruo sale corriendo para abalanzarse contra mí. Sin lugar para correr me agachó y cuando la tengo sobre mí, ruedo por el piso levantándome justo debajo de su tórax haciéndole perder el equilibrio y tirándola por el precipicio. El santuario era mío.

Avancé hasta ver un resplandor, era la luz del sol, afuera estaba una huella de un pie gigante fosilizado esperándome, "Al fin" suspiro exhausto pero realizado. Tan pronto como mis pies tocaron el lugar me sentí mucho más tranquilo, la piedra azul de mi bolsillo empezó a reproducir una pequeña melodía, sonaba incompleta pero familiar, como si ya la hubiera escuchado antes, generó en mí una sensación que sólo había sentido en casa, también despertó en mí lo que parecía ser un recuerdo: Por un momento vi a un pequeño cachorro.

Por cierto, ni siquiera sentía como si hace un momento hubiera estando peleando, cuando acordé las mordeduras y piquetes de aquellas hormigas se habían desvanecido casi por completo.

Levanto la vista y veo los tejados de Onett a la distancia, «tengo este bonito lugar para mí» decido quedarme un rato y disfrutar de la vista. Al cabo de unos minutos vuelvo a sentir pensamientos externos en mi cabeza.

«Ness, es tu padre, haz estado fuera por mucho tiempo. ¿No crees que es hora de un descanso?».

Volteó por todas partes. «¿Papá? ¿dónde estás?» Pregunto en voz alta.

«Creo que eso mismo le gustaría saber a tu madre de ti».

«¿Cómo estás haciendo esto?».

«¿La telepatía? ¿Porque no le haces una llamada a tu viejo cuando llegues a casa?»

Salto la reja de Forest Park. Había un oficial de policía esperándome,

«¿Te divertiste muchacho?» pregunta con un tono de satisfacción y una sonrisa en su cara.

Era el mismo oficial que hace unas horas había estado mirándome feo en la oficina del alcalde, me atrapó en el acto.


«¿SE PUEDE SABER DONDE RAYOS HAS ANDADO?» pregunta mamá despues de despachar al oficial Mala Cara. Echaba truenos de la boca, no recordaba la última vez que había utilizado esa voz.

Justo cuando sobreviví a ser devorado por una hormiga gigante me veo ante la espada y la pared.

«Tuve que ir a buscarte a la escuela, tu director me dijo que habías escapado».

Ese viejo mentiroso.

Decidí contarle a mamá todo, comenzando con el asunto de los Tiburones. Ya lo sabía por el noticiero.

«¿En qué rayos estabas pensando? ―pregunta mientras bate las manos por todos lados― ¿Crees que porque tienes poderes no te pueden hacer daño?».

«Tu dijiste que si se trata de una responsabilidad...»

Mamá aprieta los dientes y me dice: «No me hables de responsabilidades después de haber llegado en una patrulla. ―Pone una mano sobre su frente―... Yo confiando que sabes lo que haces.»

«¡Claro que se lo que hago! ―protesto―, ¡estoy buscando las ocho localizaciones de mis santuarios! ¡Hoy encontré el primero, me faltan siete!».

«¿Y sabes a donde ir para encontrarlas? ―Suspira y se toca el puente de la nariz―. ¿Sabes qué? No, no estás listo, tu padre intentó convencerme de que estabas listo para iniciar un viaje por ti solo pero hoy me demostrarte que no».

«¡El mundo está en peligro!» exclamo a la defensiva.

«¿Y Cómo vas a salvarlo si estas...? ―Mamá aprieta los labios como si estuviera escondiendo una navaja bajo su lengua―. Por esto no quería decirte lo de tus poderes todavía... Ve a tu cuarto».

«¡Pero tengo que hablar con papá!».

«¡Hablaras con él en otra ocasión! Ahora ve a tu cuarto».