Después de un tiempo caminando, decidí hacer una pequeña pausa para comer, mamá había puesto en mi mochila una lonchera con una porción extra de filete además de una nota motivadora: "Tú puedes hacerlo, con amor mamá". Le di una ración al Exit Mause y después de terminar continúe caminando.

Llegué a Twoson como a eso de las tres. Paré a descansar en un restaurante de comida rápida junto a la carretera, saqué algo de dinero del cajero automático. Estaba mirando por la ventana cuando un joven corpulento, cachetón y desalineado se acerca a la mesa.

«¿Está ocupado este asiento?».

«No» le digo con la cabeza.

Como si le hubiera dicho "adelante", se sienta en frente de mí. Me empezó a sacar plática como si nos conociéramos de toda la vida, tenía un acento algo curioso y un olor peculiar. El chico se presentó como Manzanito.

«¿Cuál va a ser tu orden?» pregunta la camarera.

Antes de que pueda decir algo Manzanito se me adelanta: «Yo quiero una hamburguesa doble con triple queso».

«¿Tiene dinero para pagarla?» pregunta desconfiada.

La camarera me informó que tenía ante mis narices una sanguijuela. Solía ir a los restaurantes para sentarse junto a alguien y levantarse antes que llegara la cuenta. Manzanito se levanta bastante apenado. No pude evitar sentir pena por él, pero a la vez me sentía como un bobo por lo que estaba a punto de hacer.

«No, espera ―le digo―, yo pago».

«¿Enserio?» pegunta él.

«Claro, después de todo yo sólo iba a pedir un refresco».

Manzanito, vestía una camisa roja debajo de un amplio overol negro, su cabello era del color del cobre y tenía chapas coloradas. Cuando terminó de comer guardó una pequeña ración en una bolsa para llevar. Me acompañó a la salida agradeciendo mi generosidad.

«No eres de aquí, ¿cierto?» pregunta.

«¿Como lo sabes?» le respondo.

«Por la mochila ―me contesta mientras se chupa los dedos―, asumiría que vienes de excursión, pero no veo a nadie más contigo. ¿Qué te trae a Twoson?»

«Estoy buscando a una niña llamada Paula».

«Oh, la niña prodigio, bueno ―dice encogiéndose de hombros― todos la conocen así, para mí es la única persona en todo Twoson que me dirige la palabra, además de su madre».

«¿Sabes dónde vive?» pregunto levantando las cejas.

«Por supuesto, es mi vecina, te puedo llevar, si gustas».

«Pues claro».

«Ven, es por acá».

Mis pies me llevan para el lado contrario. Fue bastante extraño, finalmente fui detrás de Manzanito.

Por mencionar algo de Twoson, era bastante diferente de Onett, antes de llegar al pueblo te encontrarás con amplios campos verdes en donde veras a vacas pastando y graneros que se alzan a la distancia. Llegando al pueblo me percaté de que no tenía ese toque colorido de mi ciudad natal. La mayoría de los hogares tenían un color blanco cremoso con tejas verdes o naranjas, muchos preferían cercar por completo la entrada a sus casas con altas vallas de madera, claro que también tenían su encanto, algunas vallas y paredes estaban cubiertas con enredaderas de donde crecían flores. Las calles estaban arboleadas creando bonitas sombras durante la tarde.

Manzanito me llevó al lugar que había visto en televisión, una casa con un letrero en el techo que decía «Prescolar Polestar» y un patio amplio con juegos.

«Bien Ness, yo te espero aquí» dice Manzanito.

«¿No me acompañas?».

«Siii ―titubea indeciso―, digamos que no soy muy bienvenido en la residencia Jones».

«Pero tú dijiste que Paula y su madre te suelen tratar con amabilidad».

«No es por ellas, sino por el padre, es un tipo serio. Eso y por las mamás que no me quieren cerca de sus niños».

«¿Sabes qué? ―farfullo―, tal vez no sea el mejor momento, ni siquiera me siento muy bien que digamos».

«Oye ―dice Manzanito con espíritu― no viniste de tan lejos para nada. Créeme, te va a caer bien Paula. Si tiene la decencia de darme los buenos días a mí, estoy seguro que te recibirá a ti».

Sus palabras me convencieron. «Okay, lo haré».

Atravieso zigzagueando por todo el patio hasta el pórtico, (mis pies se estaban comportando de una manera extraña). Doy un suspiro y tocó el timbre "Adelante", canturrea con fuerza una voz cálida.

Al entrar me encuentro con un salón de clases, bueno algo así: había pequeños pupitres, un pizarrón y una pequeña estantería, además de juguetes tirados y niños pequeños jugando y gritando.

«Tú no eres Paula ¿Quién eres?» pregunta una pequeña.

Una mujer elegante, de rizos dorados, me sonríe tiernamente. «¿Puedo ayudarte en algo jovencito?» pregunta con una voz calmada entre todo el bullicio de la habitación.

«Estoy buscando a Paula, creo que hay algo importante que quiere decirme».

«Paula es como una madre para mí» exclama un pequeñín.

«Bueno, Paula aún no llega, ¿por qué no pasas a esperarla? ―Me señala con la mano una puerta―. Como vez, ―se agacha para levantar a un niño con la boca llena de crayón― estoy un poco ocupada.

Paso al comedor donde me pongo a ver unas fotografías y cuadros que había en la pared.

«¿Buscas algo, muchacho?» pregunta una voz gruesa pero calmada detrás de mí.

Volteo y veo a un hombre alto y de hombros anchos con una bandeja de emparedados en la mano.

«Yo, busco a Paula. Su esposa dijo...».

Interrumpe: «¿Eres de alguna cadena de televisión?».

«No señor, mi nombre es Ness y vine porque Paula me llamó». Aún recuerdo que mientras decía aquello dejé caer algo de baba al piso, morí de vergüenza en mi interior.

«Así que tú eres Ness ―dice el señor Jones escaneándome con la mirada―… Supongo que es decisión de Paula conocerte o no. Espérame aquí.»

El padre de Paula sube las escaleras, después de unos segundos baja con prisa. «Paula aún no ha regresado» dice. «No suele llegar tarde a casa» murmulló para sí.

«Tal vez esta con una amiga» comento tropezando con la lengua.

«Tal vez, en ese caso creo que será mejor que te retires».

«Sí, creo que será lo mejor» digo ahogándome en mi vergüenza.

Me tropiezo con algunas cosas antes de salir y con la misma pared buscando la puerta.

«¿Ya te vas?» pregunta la señora Jones.

«Hum sí, es que no me siento bien».

Afuera está Manzanito esperándome para preguntarme como me fue. Horrible, le contesto, Paula ni siquiera estaba, sólo hice el ridículo en frente de sus padres.

Manzanito me invitó a su casa: una pequeña "choza" que a simple vista parecía deshabitada. Dijo que quería darme algo. Manzanito toca la puerta y dice: Ratón, ya regrese y vine con un amigo. Varios cerrojos empiezan a sonar y la puerta se abre. Un pequeño roedor gris sale a recibirnos.

«Oye, tienes un ratón ―exclamo alegre―, Mausketson ya puedes salir» le digo a mi pequeño acompañante.

Ambos ratones se dan la mano y corren adentro.

«Son animales muy inteligentes ¿Sabías que comparten muchas similitudes con los humanos?» comenta Manzanito después de entregarle la bolsa de sobras a su compañero.

La casa de Manzanito estaba llena de cachivaches, motores, turbinas y aparatos extraños. Pisé una caja de Pizza al entrar.

«¿Que es todo esto?» pregunto con curiosidad.

Resulta que Manzanito era un inventor.

«Ese horno que ves ahí es un resazonador, se supone que le puede dar un nuevo sabor a la comida, y eso que tienes en la mano es un succionalodo, convierte el lodo en leche de chocolate. No he podido terminar nada».

«¿Que te detiene?» pregunto.

«Hasta ahora, la falta de dinero, nadie tira a la basura cosas que funcionan. He pedido dinero prestado pero con mi reputación no creo que haya alguien que confíe en mí, pero si alguien me diera la oportunidad estoy seguro de que lo impresionaría».

«¿Y cómo cuanto necesarias?».

«Unos doscientos dólares».

Sin pensarlo mucho saco esa cantidad de mis bolsillos y extiendo mi brazo.

«¿Lo dices enserio?» titubea con emoción.

«Tómalo ―insisto―, aún tengo bastante». Tenía doce años y estaba aprendiendo a usar una tarjeta de crédito, ¿qué esperaban que hiciera?

«¡Si, si, si! ―exclama de emoción―, puedes confiar en mí, no te voy a decepcionar». Se pone a buscar desesperado algo. «Tiene que estar por aquí… Aquí está». Me da lo que parecía ser para mí un woki-toki. Es un teléfono receptor, Me aclara. Era como un teléfono celular de la época, pero sin pantalla ni teclado. «Si termino algún invento te llamaré para que seas el primero en probarlo».

Llevaba rato actuando de manera muy extraña, cada vez se me hacía más difícil controlar mis movimientos, «tal vez sólo estoy cansado» pensaba, después de todo no sabía con qué me podía sorprender mi extraño cerebro. Exit Mouse y yo estamos a punto de irnos cuando se me ocurre quitarme la gorra para rascarme la cabeza.

«¡Hongos!» exclama Manzanito.

«¿Qué?».

«Literalmente hay un Hongo en tu cabeza… Por eso no puedes controlar tus movimientos,

¿has estado cerca de un Hongo maligno caminante últimamente?».

Claro, poco antes de llegar a Twoson vi unos hongos crecer a un costado del camino aunque no les di mucha importancia, decidí seguir avanzando y sin que me diera cuenta ellos saltaron de la tierra y me empezaron a perseguir en dos pies ―sí, pies―, me atacaron por la espalda y aunque logré destrozarlos con mi bate uno de ellos debió rociarme sus esporas.

Intente quitármelo, pero Manzanito me dice que no lo hiciera, pues volvería a crecer, había que arrancarlo de raíz.

"Sé quién puede ayudarte," dice Manzanito, pero yo le respondo que no podría llegar muy lejos con esta cosa sobre mi cabeza. Él me sugirió ir en autobús, algo que en Onett nunca había conocido. La señorita que me quitó el hongo de la cabeza también me dio cincuenta dólares. Ella coleccionaba hongos y le pareció el mío un espécimen muy interesante. Había un Hotel cerca, así que decidí despedirme de Manzanito para dejarlo trabajar.

Fui a la recepción para pedir una habitación, el hombre detrás del mostrador me miraba raro.

«Hijo, ¿si sabes que este es un hotel elegante? ¿Dónde están tus padres?».

«Vengo yo sólo ―respondo con orgullo―, mire, aquí tengo lo que quiere» agrego poniendo un billete sobre la barra.

«Lo siento, pero son las reglas, sin un adulto, no le podemos dar servicio a un niño».

«Que estúpida regla» murmuro devolviendo el billete a mi bolsillo.

Pongo mi mirada en el teléfono sobre el mostrador y se me ocurre la idea de llamar a papá, que convence al recepcionista para que me dé un cuarto.

«Cincuenta dólares para una habitación estándar».

Utilizo el billete que me dio aquella chica que compró el champiñón de mi cabeza.

Esta era mi primera vez en un hotel. Cuando vi mi habitación no pude evitar hacer wow.

Salté directo a la cama procurando disfrutar el momento. Le hice una pequeña cama a Exit Mouse en el cajón de una mesita de noche. Sobre esa mesita había una cartilla y un teléfono, me sorprendí por todo lo que podía ordenar, claro que no perdí la oportunidad:

Alquilé "algunas" películas, ordené un helado supremo para cenar entre otras cosas. En mi defensa los precios no se veían tan altos.

Salté por la habitación hasta quedar dormido.