Salto de la cama y me quedo mirando unos segundos a la ventana, esa no es la vista que conozco, no es la que veía todas las mañanas. Paula se había vuelto a comunicar conmigo esa noche y estaba seguro que me estaba pidiendo ayuda. «Entonces por eso no regresó ayer a casa ―pienso―, Debe estar en problemas, tengo que decírselo a sus padres». Tomé mis cosas y salí corriendo de la habitación.

«Buenos días señor ―dice el recepcionista con una sonrisa― ¿Durmió bien?».

«Si, supongo» digo escogiendo los hombros mientras le devuelvo la llave de la habitación.

El señor me entrega una pequeña hoja con unos números anotados. ¿Y esto qué es? Pregunto. Su cuenta, me responde.

¡193 dólares! No tenía ese dinero ni en el cajero.

«Bueno, debió pensarlo antes de pedir el servicio a la habitación».

«No se haga, esa era una trampa, ¿Dejar una cartilla junto al teléfono? ―protesto― ¿Qué esperaban que hiciera?»

El viejo tomó el teléfono y me hizo pasar un mal momento, si, llamó a mi papá quien accedió a pagar mi cuenta pero también me regaló un sermón sobre la importancia de administrar el dinero.

Ya habiéndome dejado en ridículo con mi padre, el recepcionista me dice con una sonrisa de papel: «Gracias por elegirnos como lugar de descenso».

Desayuné en un pequeño café cercano, no pensaba gastar más dinero en aquel hotel. Después de eso continúe mi camino, sin embargo, tenía todo el cuerpo adolorido por el ejercicio físico del día de ayer, además aún no sabía cómo usar los autobuses por mi cuenta. Renté una bicicleta y empecé a recorrer las calles de Twoson.

Ahora ¿en dónde quedaba la casa de Paula? me decía a mí mismo doblando en calles procurando reconocer alguna, creo que aquel hongo también había afectado mi sentido de localización por lo que el camino era casi nuevo para mí, empecé a notar que Mousketson me hacía algunas indicaciones, no lograba entender que me estaba intentando decir así que solamente le dije: Descuida, encontraremos el camino. De pronto decidió bajarse de la bicicleta y correr en dirección contraria, voy tras él intentando Atrápalo, pero ¿quién puede atrapar a un ratón con las manos?

En mi persecución el sonido de un saxofón llama mi atención, «Conozco esa canción» ―un suave blues que resonaba en las paredes de los edificios de alrededor―. Me desvío hacia la parte trasera de un teatro. Dos tipos de negro sentados junto a una van, uno más alto que otro y otro más esbelto que uno.

Exclamo con emoción «¿Ustedes son...?».

¿Los únicos e inigualables ―Interrumpen con una voz rasposa pero jovial― hermanos fugitivos? Así es, y tú no eres de por aquí, ¿cierto?

«No, ¿lo dicen por la mochila?»

«No, lo decimos porque a los habitantes de esta ciudad ya no les impresiona vernos aquí».

Lucky y Gorgeous —Miembros de un grupo de Jazz que yo había conocido por mi padre—.

«Mi papá tiene todos sus discos».

«Pues tiene buen gusto —comenta Gorgeous —. Pero dinos ¿Qué te trae a Twoson?».

Les conté el asunto de Paula, en eso un hombre joven malhumorado sale por la puerta trasera del teatro.

«¿Escuché música?, ya saben que si las personas los escuchan tocar no van a querer pagar para verlos sobre el escenario, ahora entren que el espectáculo comienza en diez minutos».

«¡No puede silenciar la música!» protesto.

«Olvídalo chico —me dice Lucky—, aquí sólo escuchan al dinero. En cualquier caso si vez a Paula salúdala de mi parte, sería un placer para mí conocerla».

Tenía que seguir buscando a Exit Mouse, si algo le sucedía, Stinky no me lo perdonaría. El pequeño roedor sale de entre unos arbustos. Antes de volverlo a perseguir me quedo frente a él intentando averiguar que quería decirme. Me empieza a hacer señas, ahora comprendía que quería que lo siguiera. Lo convencí para que regresara a mi mochila y que me guiara desde mi hombro.

Después de unos minutos empecé a ubicarme, resulta que había estado caminando en dirección opuesta y Mausketson lo sabía. La casa de Paula no estaba muy lejos, ya no podía perderme. Una Patrulla se enciende detrás de mí, me orillo para dejarla pasar, pero al parecer el oficial quería hablar conmigo, me hizo bajarme de la bicicleta.

De la patrulla bajo un hombre uniformado y dos perros que no se veían muy amigables.

«¿Eres tú Ness?» pregunta.

Asiento con la cabeza mientras veo a los canes, conocía esa mirada, era la misma mirada que tenían los animales salvajes de Onett

«Descuida chico, están entrenados. ―Se presenta como el detective Blue―. … Investigo la desaparición de Paula Jones, ¿Tienes alguna idea de donde puede estar?

«Titubeando un poco le contesto, Si, no, ni siquiera la conozco en persona, me contactó anoche.»

«¿Y qué te dijo?» pregunta.

«No recuerdo muy bien, "Yo Paula ... Ayuda ... oscuro"».

«¿Te contactó a ti? Es curioso ―dice tocándose el mentón―, hablé con sus padres y ninguno de ellos mencionó que su hija los hubiera contactado, tampoco se comunicó con la Policía, ¿No dices que ni siquiera la conoces en persona? ¿Entonces por qué se comunicó contigo?».

No pude evitar recordar el interrogatorio de Onett. El vello de mi cuerpo se eriza, tenía el PSI a flor de piel, pero lo contuve.

No estás registrado en ninguna escuela de la zona ¿eres un turista? ¿dónde están tus padres?

No contesté nada.

«… Sí, creo que tendrás que acompañarme a la comisaría». Me toma del brazo y yo suelto un grito. En un segundo el oficial y sus perros saltaron hacia atrás cayendo sobre sus espaldas. Fue un reflejo.

Me monto sobre mi bicicleta y salgo huyendo pidiendo disculpas. Escucho una sirena

detrás de mí, sabía que estaba en problemas. Corro hasta la puerta de la residencia Jones, casi al instante sale un hombre alto.

«¿Tu otra vez?».

«Tengo información sobre Paula pero tiene que esconderme,

El señor Jones me deja pasar, ni un minuto después llega aquel policía.

Al parecer el papá de Paula había llevado el caso de su hija a la policía y el detective Blue me tenía a mí cómo principal sospechoso.

«¿Y qué hay de Everdred? ―le pregunta el señor Jones bastante alterado― Estoy casi seguro que aquel ladrón tiene algo que ver.»

«Señor, por favor cálmese suplica. Necesito volver a revisar su casa, los perros parecen seguir el rastro de algo». (Pues claro, ese algo era yo).

«¡¿Que me tranquilice?! ―protesta el señor Jones― ¡ES MI HIJA LA QUE

DESAPARECIÓ! No, no voy a dejarlo volver a revisar mi casa y NO QUIERO

ESCUCHAR OTRA PALABRA QUE NO SEA QUE LA ENCONTRARON». Azota la puerta.

«Sé que esto parece mal pero puedo explicarle» suplico.

«¿Dónde está Paula?» me pregunta el señor Jones.

«No lo sé, pero claramente me estaba pidiendo ayuda».

«Mi pequeña» exclama angustiado. «¿Te dijo algo más? ¿Una pista?»

Presiono mis pensamientos y recuerdo que Paula también había dicho algo sobre un lugar oscuro y con agua.

Después de quedarse pensando por unos segundos el señor Jones comenta: «Paula confía en ti, dime una razón para que yo lo haga».

Genero un pequeño destello de luz con mis manos y contesto: «Tengo los mismos poderes que Paula, tal vez por eso me contactó».

«Ve al oeste, a Burlgin Park e investiga si Everdred sabe algo. Es un viejo ladrón, todo el mundo lo sabe y la policía no hace nada».

Me dirigí con Manzanito para obtener más información sobre Burglin Park.

«Wow, Everdred es dueño del parque, es un tipo serio». Exclama Manzanito.

«He enfrentado tipos serios antes»

«Aun así... No creo que Everdred sea capaz de un secuestro, más que nada se dedica al carterismo. Ya sé. ―Se pone a buscar entre sus cosas―. Te presento "El detector de robos portátil". Sólo lo pones en tu bolsillo o mochila y generará una fuerte alarma a la primera variación de peso».

«¿Un invento nuevo?» pregunto asombrado.

«Si, así es, esos doscientos dólares están dando fruto y como acordamos, tú serás el primero en probarlo. Aún estoy trabajando en otro invento pero aún no está listo».

Me dirigí en bicicleta hacia el oeste hasta llegar a Burglin Park —Un extenso campo cercado en donde se levantaba un mercado de pulgas—, la comida aquí estaba más barata que en el centro de la ciudad así que decidí comprar algo de comer para más tarde y de paso preguntaba a los comerciantes dónde podía encontrar a Everdred, la mayoría sólo me miraba como si estuviera loco. Después de cómo media hora de dar vueltas por el mercado me percaté de que en el fondo del campo había una pequeña casa junto a un estanque. Había un hombre robusto y moreno arriba del tejado vistiendo una playera hawaiana y pantalones rayados, un sombrero y unos lentes oscuros de jazz.

«¿Es usted Everdred?» pregunto.

«Menos charla y más acción» dice antes de saltar del techo.

Rápidamente yo saco el bate de mi mochila y la alarma del invento de Manzanito empieza a sonar. Mousketson sale tapándose los oídos y reclamándome que hiciera algo. "¿Que es esa cosa?" pregunta Everdred quien había caído de pie desde el techo pero ahora estaba en el suelo llorando por su tobillo. "No es nada". Digo intentando romper aquella cosa. Una vez que logré callarla le extendí la mano a Everdred para ayudarlo a levantarse.

«Gracias chico, no fue una gran idea después de todo. Dejémoslo en un empate. Ahora, ¿por qué viniste a buscarme?»

«¿Que sabe del secuestro de Paula?»

«Un tipo de azul y un niño gordo se la llevaron a la aldea Feliz-feliz».

«¿Qué? ¿Para qué?»

Su expresión se ablanda. «Chico, hay cosas que no estas listo para escuchar».

«DIME» insisto.

«Creo que iban a hacer de ella un sacrificio humano»

Al oírlo quede como hielo por un momento. «¿Y usted no hizo nada? ―digo indignado―, ¡Lo sabía y no llamó a la policía!»

«Oye muchacho, por si no lo sabes soy un ladrón, mi relación con la policía no es exactamente amigable».

Yo no sabía que pensar, primero Buzz-buzz, Pokey y ahora Paula, me consumía la impotencia, ¿Cómo iba a salvar el mundo si ni siquiera podía salvar a las personas que me pedían ayuda?

«Chico ―Everdred pone su mano sobre mi hombro― mírame, no hay nada que se puedas hacer, a estas horas Paula ya ha de estar muerta».

«¡No puede ser verdad! ―digo dando un paso para atrás―, ella se comunicó conmigo anoche, y no me voy a quedar aquí sin hacer nada, ¡aún hay oportunidad de salvarla! ¡yo lo sé!».

«Entonces llama a la Policía» me exhorta.

Creo que se podía decir que me encontraba en las mismas que Everdred. Además, aquel oficial tenía razón, por algo Paula me contactó a mí y no a la policía.

«Iré yo, ¿Sabes dónde queda ese lugar del que hablaste?»

«Tengo que reconocerlo Ness, tienes agallas ―comenta Everdred mientras pellizca su largo bigote―. Ve hacia el este, cruza las montañas y sigue el cauce del río, ahí encontrarás la aldea Feliz-feliz, pero tendrás que darte prisa porque si Paula sigue viva, no le queda mucho tiempo. Por cierto, si regresas con Paula, ven a verme, que no se te olvide».

«Tengo que reconocerlo Ness, tienes agallas ―comenta Everdred mientras pellizca su largo bigote―. Ve hacia el este, cruza las montañas y sigue el cauce del río, ahí encontrarás la aldea Feliz-feliz, pero tendrás que darte prisa porque si Paula sigue viva, no le queda mucho tiempo. Por cierto, si regresas con Paula, ven a verme, que no se te olvide».