Regresé a la cabaña donde estaba Paula empapado en pintura azul.
«Ness, volviste —dice Paula al tiempo que sujeta sus manos sobre el pecho—. ¿Trajiste la llave?».
«Aquí la tengo Paula».
«¿Te hirieron daño?».
«No, sólo, estoy un poco azul».
«Lamento haberte causado tantos problemas».
«Descuida ―digo a la vez que abro el candado—. No lo pude haber hecho sin tu ayuda».
Tan pronto como abro la reja de la celda Paula me abraza apretándome con todas sus fuerzas. "Gracias, gracias Ness" repite con alegría. "Regresemos a Twoson, mucha gente ha de estar preocupada por mí" agrega levantando un oso de peluche de su celda.
«Creo que lo mejor será partir mañana —digo mirando al cielo— o la noche nos alcanzará en el camino».
«Sí, creo que será lo mejor».
La gente de la aldea Feliz-feliz se acercó para disculparse. Un matrimonio de granjeros nos ofreció alojamiento en un mesón.
«Esta es tu habitación —dijo el casero—, espero que no tengas problemas con el color azul, pero si quieres la podemos pintar».
«Así está bien» contesto.
«Oh bueno». «Señorita Paula, le mostraré su habitación».
Tomo una ducha para quitarme la pintura del cuerpo y cuando termino noto que Mousketson se había quedado contemplando la habitación. «Oye, tampoco está tan mal». Aún tenía algunas preguntas en mi cabeza: «¿Cómo había llegado Pokey aquí?» «¿A dónde me dirigiría ahora?».
Alguien toca la puerta de mi habitación.
«Adelante».
Una chica de cabello húmedo y vestido rosado se asoma. «¿Es buen momento?» pregunta...
Mousketson corre a recibir a Paula.
«Oye que bonito ratón. ¿Eres mascota de Ness?».
Mousketson chirria.
«A okay, acompañante, lo siento».
«¿Puedes entenderlo?» le preguntó.
«Claro, telepatía: Puedo escuchar sus pensamientos en mi cabeza».
«¿Y puedes escuchar mis pensamientos también?».
«Solo si quisiera y si me dieras la oportunidad».
Mousketson vuelve a chirriar.
«Si es cierto —dice Paula—, Ness ¿Y tus modales?»
Oh, sí, sí, Paula, Mousketson: Exit mause. Mausketson, Paula.
El ratón chirria haciendo una reverencia y Paula se la devuelve diciéndole: El placer es mío Mousketson.
Paula y yo nos quedamos conversando un buen rato de trivialidades y de cómo habían cambiado las cosas durante aquella última semana. Me contó sobre sus constantes sueños en donde iniciaba un viaje con un niño de cabello negro y gorra roja de nombre Ness para salvar el mundo.
«Bueno, el viaje será duro». Digo un poco temeroso.
«Tal vez —dice ella—, pero estoy segura de que si unimos nuestras fuerzas lo podremos lograr». Suelta un largo bostezo mientras extiende los brazos. «Vaya, ha sido un día muy largo, creo que va siendo hora de ir a descansar. Descansa Ness, descansa Mausketson».
«Descansa Paula».
Estoy arropado en sábanas cuando la voz de una niña me despierta. «Tracy ahora no» pienso todavía algo adormilado. Me encorvo adolorido y cuando mi cerebro termina de acomodar las cosas en mi cabeza recuerdo que estoy en la aldea Feliz-feliz.
«Ness, Ness» repitió la voz de Paula mientras tocaba la puerta. «Ups, aún estabas dormido, ¿verdad?» dice avergonzada.
«Meh, no pasa nada —digo mientras me froto los ojos—. ¿Qué ocurre?».
«Tuve un sueño».
«¡¿Me despertaste por un sueño?!» digo un poco molesto.
Paula frunce el ceño. «Dijiste que no importaba» me dice.
«Pues sí, pero. —Suspiro—. ¿Qué soñaste?».
«¿Recuerdas que ayer me contaste que otros dos niños nos acompañarían en nuestro viaje?». Paula me empezó a contar que en su sueño íbamos a Threed, donde conocíamos a un tercer amigo.
«Genial, podemos pasar a Threed después de regresar a Twoson» le digo.
Paula regresó a alistarse a su habitación después de volver a disculparse conmigo por haberme despertado.
«Bien Exit Mouse, es hora de partir» le digo a Mausketson.
Mi habitación tenía una bonita vista a las montañas, me quedé contemplando una extraña cueva tapada con piedras que había en una de sus paredes, mi espíritu aventurero no me dejaría pasarlo.
Paula se para en el umbral de mi habitación. «Estoy lista» dice ella habiéndose amarrado su listón al cabello, y abrasando a su oso de peluche.
La esposa del casero nos invitó el desayuno, no era la comida de mamá, pero igual estaba bien. Durante el tiempo que estuvimos en la mesa le pregunté por la cueva de la montaña. Ella me dijo que era la madriguera de un monstruoso topo gigante. La entrada había sido clausurada para evitar que este saliera.
«Tal vez en ese lugar pueda encontrar uno de mis santuarios» pienso, ¿Cuánta posibilidad podía haber?».
«Así que en verdad estás pensando en ir a enfrentar a ese topo» me dice Paula después que le hubiera contado el asunto de los santuarios.
«Bueno, ya enfrenté a una hormiga gigante, estoy seguro que con un poco de ayuda puedo hacer lo mismo con este topo. ¿Qué dices, te apuntas?»
«Me apunto» contesta ella con decisión.
«Wow ¿en serio?, Creo que eres la primera que no piensa que estoy loco».
«Locura es pensar que un chico de doce años me rescató».
«Excelente, entonces vamos allá. Pero primero, necesitarás equipo».
Hablando de equipo, nos abastecimos en la farmacia local. Lo único que teníamos eran dos dólares de Paula, así que no nos alcanzaba para mucho, menos mal que el cajero comprendido nuestra situación y le regaló una sartén de 50 dólares a Paula para que pudiera defenderse.
«¿Enserio me lo va a regalar así nada más?» preguntó Paula.
«Oigan, no voy a dejar que crucen el Valle del Descanso Pacífico sin protección, no cuando están aquí por nuestra culpa en primer lugar. Es lo menos que puedo hacer». «Qué hay de ti beisbolista, ¿Hay algo que quieras llevarte?»
Ya que el señor insistió decidí cambiar mi viejo bate pintado de azul por uno más resistente, también pedí prestado un mazo y un cincel.
«No sé de qué te va a servir, pero aquí tienes».
El pueblo entero estaba ocupado quitando el color azul de sus casas, decidimos dejarlos trabajar y partir a la montaña para ver la madriguera de ese supuesto topo gigante más de cerca.
«¿Cómo vamos a quitar estas piedras?» pregunta Paula.
«Para esto es el cincel, sólo hay que romper una roca y.…»
El montículo de piedras se viene abajo permitiéndonos pasar.
Nos encontramos en una cámara subterránea, más grande de lo que me imaginaba, me tropiezo con un agujero en el piso. Con el rostro en tierra veo a un regordete topo asomándose por otro agujero, da una zarpada y vuelve a tierra. Me desgarro todo el párpado, por poco y pierdo un ojo.
«¿Que fue eso?» pregunta Paula.
«Un topo» contesto mientras me sano.
Paula suelta un breve grito agudo antes de sentarse en el suelo de golpe. El topo la había arañando en la pierna desde atrás. El camino está repleto de esos agujeros. Empecé a jugar una "pequeña partida" de dale al topo.
«¿Sabes curar heridas con tu mente?» le pregunto a Paula.
Agitando la cabeza me hace saber que no.
Intenté usar PSI para cerrar la herida de su pierna. No tuve mucho resultado en principio.
«No soy doctora Ness, pero ¿por qué en lugar de intentar contactar con mi pierna no intentas contactar con mi cerebro».
Hice lo que Paula me sugirió y su herida sanó casi de inmediato.
Por accidente pateo la linterna que había dejado en el suelo, esta cae por un risco hasta un pequeño estanque subterráneo. Quedamos a oscuras. Entonces Paula enciende una pequeña flama naranja entre sus manos, eso hace que mis labios se extiendan de felicidad.
Avanzamos detrás de la difusa luz hasta que un murciélago sale de las sombras a recibirnos, Paula pierde la concentración y apaga la flama de fuego que había encendido dejándonos nuevamente en la oscuridad.
«Paula, está bien, no hay porque temerle a la oscuridad» digo un poco avergonzado.
«¿Miedo? No le tengo miedo a la oscuridad».
«¿Entonces por qué me abrazas?» digo perdiendo aire.
«¿Qué?».
Paula enciende otra flama de fuego. Tenía un murciélago pegado en mi pecho. No pude evitar perder el control. El animal se aleja volando, pero yo caigo de pompa en otro estanque. Paula contiene su risa y me pregunta si estoy bien. "Estoy bien" le contesto un poco enojado. Ella me ofrece una mano, pero yo elijo levantarme sólo. No sólo acababa de hacer el ridículo, había mojado mis últimos jeans limpios.
«Debe haber una forma más sencilla de mantener la luz encendida» digo.
Levanto una antorcha que encontré en el suelo y la enciendo con el fuego de Paula.
«¿De dónde sacaste eso?» pregunta ella.
Cuando vuelvo a mirar veo los huesos de un esqueleto humanos. Paula habría soltado un fuerte grito de no ser porque puse mi mano sobre su boca. Me quede sin poder moverme mientras Paula le repetía a la Palma de mi mano que eso era un esqueleto.
«Ness, esa es una señal de que hay que salir de aquí» dice Paula.
«No hasta comprobar si aquí hay un santuario» contesto.
Ninguno de los dos nos echamos para atrás.
En las profundidades de la montaña nos encontramos con una bestia grande y peluda durmiendo. No, no era un topo, sino un viejo oso. Pero ¿Quién confunde a un oso con un topo? Nos proponemos ser lo más cauteloso al pasar en frente del animal, piso los huesos de un pescado que tronó como una papa frita. La bestia se incorpora furiosa. Nos doblaba el tamaño y sus fauces eran tan grandes como mi cabeza.
«Ponte detrás de mí» le digo a Paula.
Con un zarpazo me manda a volar, de no ser por el pequeño campo de fuerza que creé frente a mí (un pequeño truco que aprendí en el valle del descenso pacífico) no lo habría contado. Quedó adolorido no sólo del cuerpo: Siento como si aquel oso hubiera golpeado en lo más profundo de mi mente generándome una jaqueca y dejándome un poco aturdido, pongo mis manos sobre mi cuello y me quedo en posición fetal para protegerme. Paula se pone entre el oso y yo.
«Por favor no lo hagas» suplica.
El oso da otro zarpazo. Paula es protegida por su peluche, pero este es desgarrado.
Una pequeña masa empieza a crearse delante de la furiosa chica mientras el oso se intenta quitar la felpa de entre las garras y dientes, estalla en lo que parecía ser una pequeña pero potente ventisca que deja al animal escarchado. El oso retrocede (quizá por el cambio repentino de temperatura), alejándose de nosotros.
Paula recoge los trozos de su peluche y está a punto de ir tras el oso cuando la detengo.
«Paula ¿qué estás pensando?»
«Hay que continuar» dice ella un poco más tranquila.
«Estas bien caliente ¿Segura que no quieres descansar un poco?» Le pregunto a la colorada chica.
«Estoy bien. Era sólo un peluche».
Era la primera vez que no veía esa tierna sonrisa en su rostro, por lo que la mentira no se le daba.
«Tenía una gorra. —Le digo a Paula mientras ella bebe de mi cantimplora—. Muy similar a esta, pero no estaba autografiada por "El señor beisbol". Aun así, era especial para mí porque era de mi papá, un día la perdí, y pasé horas buscándola, pero no la encontré, cuando mi papá se enteró se encargó de comprarme otra, pero yo no pude sacarme aquella primera gorra de la cabeza. Esta me la dio un amigo antes de que yo partiera así que ya te imaginarás el dilema que fue elegir cual me llevaría de viaje. "Si pierdes una, ¿qué más da?, tienes otra idéntica". Para mí cada una es diferente y tiene su propio valor».
«Tengo a Teddy desde que tengo memoria —dice Paula después de unos segundos en silencio—. Otros niños dejan sus mantas, almohadas o peluches al entrar a primaria, pero yo no... Tal vez porque jamás dejé el preescolar por completo. De cualquier modo, no le veo el sentido a perderle el cariño a algo con lo que creciste, pero creo que está bien, porque el siguiente año entro a secundaria».
Paula y yo empezamos a aflojar el paso por ir conversando, resulta que a ella a diferencia de a mí nunca le escondieron la verdad sobre sus poderes.
Después de un rato nos encontramos con una bestia realmente monstruosa, más grande que aquel oso, tenía navajas por garras y unos diminutos ojos. Un topo gigante
«Final mente llegaste —le dice una voz a mi mente—, esta es la segunda localización de tu santuario».
Lo sabía.
El monstruo se abalanza hacia nosotros. Rápidamente suelto una carga de "PSI Rocking" que logra frenarlo apenas por unos segundos. Da un zarpazo, pero Paula lo repele con su sartén generando un rechinido realmente desagradable. En uno de sus intentos atrapa a Paula con sus garras.
«¡Suéltala!» grito mientras lo golpeó con mi bate
Me mandó a volar con un zarpazo. Ya la tenía delante de su boca cuando la deja caer después de que su nariz se prendiera en fuego.
«Es cierto Mousketson, los topos son ciegos, sin su nariz está en desventaja» dice Paula.
«Entonces hay que aprovecharla» digo dando un salto en el aire para darle un golpe en la cabeza al monstruo.
Ruedo por su espalda y quedo tendido en el piso. El topo da media vuelta para confrontarme, extiende la mano y me da otro zarpazo; bueno, casi, de una manera logre detenerlo con mi mente dejando su mano rosando mi cuerpo. Empiezo a golpearlo hasta que este deja de luchar por liberarse. Me había hecho con mi segundo santuario.
Con intriga pregunta Paula «¿Él está...?»
«Bueno, era él o nosotros» contesto.
Mousketson sale de mi mochila y se adelanta hasta la salida de la cueva.
Nos encontramos en algún lugar refundido en la montaña. Una amplia alfombra de césped crece en el suelo. La piedra sonora empieza a sonar; parece continuar la melodía de Paso gigante pero aún se oye inconclusa.
«¿Que ocurre Ness?» pregunta Paula.
No es nada —contesto un poco ido—, sólo... Me pareció haberme visto a mí de bebe.
Nos sentamos en el pasto a contemplar el lugar, también aproveché aquel momento para contarle más sobre mis santuarios a Paula.
«Hay algo que me une a ellos, que me transmite la sensación a hogar».
Después de unos minutos en silencio le digo a Paula: «Oye no estás tan indefensa como creí, eso que hiciste con el topo fue asombroso».
«Bueno, jamás había explorado mi potencial» dice un poco sonrojada.
«¿Qué ocurre Mousketson?» le pregunto al pequeño roedor que estaba intentando llamar nuestra atención.
En el suelo había pequeñas manchas que parecían ser huellas diminutas, de ahí el nombre "Lilliput".
De regreso en la aldea Feliz-feliz devolví el mazo y el cincel. Me encontré una vez más con Pokey, aunque yo estaba un poco más calmado como para hablar con él, parecía que no esperaba volver a verme por aquí. Se echó a correr y yo salí detrás de él.
«Tenemos que hablarlo». Le grito
«Soy inocente». Declaró.
Como siempre no tardé mucho en atraparlo.
«Lo que ella te haya dicho no le creas» exclamó mientras se intentaba soltar de mis brazos.
«No, espera… ¿Qué?».
«Ness…» exclamo Paula llegando detrás de mí. Su rosto parecía como si hubiera visto un fantasma. Estaba mirando directamente a Pokey cuando soltó las últimas palabras que crearía escuchar: «Él es uno de mis captores».
«¿Qué?» Exclamé soltando a Pokey,
Sabía bien lo que acababa de escuchar, pero esperaba haber escuchado mal. No lo quería creer.
«V… vamos Ness, yo estaba siendo controlado como todo el pueblo».
Agarro a Pokey de unos de los tirantes de su overol azul para evitar que volviera escapar.
«Pero tú ni siquiera eres parte del pueblo» razoné en voz alta evitando cualquier contacto visual.
«Ness, ¿lo conoces?» preguntó Paula conteniendo su enojo.
«Mi vecino».
El rostro de Paula se ablanda.
«Ellos me sacaron de mi casa Ness, tienes que…»
«¡Cállate!».
Estaba cansado de escuchar todas sus mentiras, mi mente intentó unir hilos, no se le ocurría nada, pero sí había llegado a una conclusión: ya no volvería a sentir lastima por Pokey, y si tenía la oportunidad de no volverlo a ver, mejor. Cerré un puño, me mordí el labio superior, inflé el pecho y entonces…
«Solo vámonos de aquí Ness» me dice Paula en un tono serio, pero algo quebrado, como si estuviera intentando contenerse de hacer lo que yo estaba a punto de hacer.
Algunos ciudadanos estaban observando, en su rostro se leía miedo, seguro pensaba que cualquiera de ellos podía estar en el lugar de Porky, pero no era así, ninguno de ellos había crecido a mi lado como lo había hecho Minch.
«Sí, creo que será lo mejor».
Suelto a Porky y le doy la espalda. Paula y yo retomamos nuestro camino a Twoson pero ninguno de los dos dijimos nada sobre este asunto.
