Bajé del escenario por el mismo lugar que subí, No podía cerrar la boca de la emoción y no podía creer que acababa de cantar junto a los Hermanos Fugitivos, y Paula tampoco, ninguno de los 2 sabía que decir. Los primeros en hablar fueron Billy y Lizzy, supongo que me decían cosas como, «Estas loco» y felicitaciones por mis agallas. Claro, no me consideraba un excelente cantante y el único escenario en el que había tocado era el garaje de Matt así que quien sabe cómo llegue ahí arriba. Paula solo mostró algunos dientes en una sonrisa cordial mientas meneaba la cabeza de un lado a otro como si me digiera «no puedo creer que lo hicieras», la verdad yo tampoco así que solo me encogí de brazos en respuesta.

Quisimos regresar al camerino con la banda cuando toda la gente del teatro nos rodeó a los cuatro.

«Hacía tiempo que no pasaba algo original en este teatro».

Vi a Paula encogerse de hombros, por lo que supe que el ambiente la estaba poniendo nerviosa, había que salir de aquí. De pronto escuchamos un silbato sonar con todas sus fuerzas. Entre la multitud se abrió un camino que dejo pasar a un hombre larguirucho y güero que no se veía muy feliz. Lo reconocí, era el hombre que no dejó tocar a los "Fugitivos" afuera del teatro la otra vez.

Había un hombre esvelto de mediana edad sentado detrás de un viejo escritorio en una polvorienta oficina a la que apenas entraba el sol, vestía un traje de color olivo y tenía unas gafas un poco excéntricas. No se veía muy molesto, es más hasta nos recibió con una sonrisa en su rostro.

«Señorita Paula».

«¿Que quiere señor Poochyfod?» contesta Paula en un tono serio pero firme.

Sí, al parecer ese era su nombre, no pude evitar soltar una risilla al escucharlo.

«Esperen ¿ustedes dos se conocen?».

«Todo el mundo conoce a Paula Jones, es famosa en Twoson pero yo la pude hacer una auténtica estrella si me hubiera dejado».

¡¿Por qué estamos aquí?! contesta Paula un poco más asertiva. Toda la incomodidad y timidez de hace unos minutos se había ido de su rostro.

«Por tu amiguito» le contesta. «No creas que no me he dado cuenta que estas frecuentando a mis empleados para meterles quien sabe qué en la cabeza ―dice dirigiéndose a mí―, ¿Que querías lograr en el escenario? Ahora entiende. Ellos me deben mucho dinero y no se irán de aquí hasta que me hayan pagado la última moneda».

«¡No puede hacer eso!».

«Soy el dueño del teatro niño, puedo hacer lo que me plazca» me contesta después de exhalar el humo de su cigarrillo.

Paula y yo intercambiamos miradas de enojo y entonces se me ocurre una idea, y ,al juzgar por la mirada de Paula quiero suponer que pensamos en lo mismo.

«¿Y si nosotros pagamos su deuda?»

Poochyfud suelta una carcajada completa y contesta: «No me hagan reír. A menos que tengan $10, 000 les voy a pedir que salgan de aquí si no quieren que los eche a patadas».

Paula y yo volvemos a intercambiar miradas por la increíble coincidencia.

«Sí, es lo que pensé». Agrega con arrogancia el gerente del teatro.

Azoto con fuerza en el escritorio de Poochyfud el fajo de billetes que nos dio Everdred.

El hombre se queda boquiabierto y congelado con su porro a pulgadas de su negro mostacho.

«El contrato» exclamo.

«No tan rápido niño, quiero ver si tienes la cifra exacta» me contesta con un tono menos burlón.

Me quedo mirándolo con una expresión de seguridad en mi rostro mientras su cara se va distorsionando al ir contando el dinero.

«Sí, creo que está todo». «Tú ganas» agrega mientas hurga en los cajones de su escritorio. «Romperé este contrato». Y así lo hace.

Yo solo me quede mirando con una sonrisa en mi cara como pasaba todo: La banda entra a la habitación después de que Poochifud los hubiera llamado.

«Caballeros, este chico ha pagado su deuda, son libres de irse, fue un placer trabajar con ustedes».

La banda no lo podía creer. No es hasta que yo se los repito que en la oficina resonaron los vítores y aplausos.

«Gracias, gracias chicos, creo que ahora estamos en deuda con ustedes. ¿Cómo podemos pagarles?»

«Necesitamos llegar a Threed».

Podemos hacer eso ―nos dice Nice―, Vengan y les mostraré lo buen chofer que soy.

La banda nos llevó a la parte trasera del teatro en donde descansaba su vieja van negra.

«Denos solo un segundo, no teníamos planeado salir de aquí hoy» nos dice Gorgeous».

Los hombres empacaron sus maletas y encendieron el motor.

No quiero mencionar cada uno de los olores que percibimos adentro o el hecho de que Nice era mejor baterista que conductor, habíamos conseguido un vehículo que nos llevaría a Threed y eso nos bastaba, además que el viaje incluía música en vivo.

Más o menos cuando dejamos de ver edificios y cruces de calle Paula le dijo adiós a Twoson mientras que yo me seguía haciendo la misma pregunta: Cuanto más me voy a alejar de mi hogar antes de que pueda volver a él.

Paula no tardó mucho en hacerse admiradora de los Cinco Fugitivos, parecía estarlo pasando incluso mejor que yo.

Después de unas cuantas horas en carretera llegamos a un túnel. La luz del sol se escondió y varias luces rojo neón tomaron su lugar. Ahí es cuando lo vi, una figura fantasmal con la forma de una campana y unos profundos ojos rojos delante de nosotros, luego fueron dos y pronto el túnel estaba repleto de ellos. A los "Fugitivos" les pareció importar poco y siguieron avanzando sin dejar de tocar un jazz alegre.

«Miren, tenemos admiradores que salieron a recibirnos» exclamo con alegría Lucky.

«Hum, chicos, no creo que sean admiradores» contestó Paula

«Entonces que no estorben nuestro camino» exclamó Nice.

Un fantasma se pegó a una de las ventanillas, en ese momento Groovy ―ignorando la situación― toca un blow de saxofón a todo pulmón, el fantasma de la ventana desaparece.

«No soportan la música» razono en voz alta. «¡Toquen más alto!» exhorto a la banda.

«Al público lo que ordene» contesta Groovy.

Los fantasmas se esfumaron por completo y nosotros pudimos cruzar el túnel. Estábamos tan centrados en la celebración que nos tardamos unos segundos en comprender que, para ese momento ya debíamos poder ver la luz del sol, pero no fue así.

El cielo estaba cubierto por una densa capa de extrañas nubes. Atravesamos un cartel con la leyenda "Bienvenidos al soleado Threed" y una familia feliz pintada sobre él. El lugar para nada se parecía al de la pintura: Calle tras calle solo había casas vacías, no parecía haber un alma en las proximidades.

«Threed no es un pueblo maldito ¿verdad?» pregunto, pero nadie me da una respuesta.

La mirada de todos va de una ventanilla a otra buscando señales de vida.

«¿Estás segura de que quieres que nos bajemos aquí?» le pregunto a Paula.

En un tono menos seguro, ella me contesta que sí.

Adentrándonos en el pueblo encontramos unas cuantas luces encendidas. El camión se detiene en frente de una tienda de muebles, era nuestra parada.

«Bien, chicos, aquí nos despedimos ―nos dice Gorgeous―. Una vez más les quiero dar las gracias. No sé qué vienen a buscar dos niños como ustedes a un pueblo como este, pero estoy seguro que ustedes podrán alegrar el lugar con su pequeña marca de sol».

«Y ya saben ―agrega Lucky―, si nos necesitan estamos en camino a Fourside».

Después de la despedida el motor arranca y yo me quedo parado viendo las luces traseras del camión encogerse en la distancia hasta que dan vuelta en un cruce en donde desaparece de mi vista.

«Investiguemos un poco ―le digo a Paula―, esto tiene la huella de Gyigas por todos lados, tal vez en el camino conozcamos a Jeff».

«No deberían estar vagando solos niños» nos dice una voz por detrás.

Nos dimos vuelta y vemos a un horrible monstruo peludo y sucio mostrándonos los dientes. Se erguía como un humano, pero ¿que humano tenía tal cantidad de pelo? diría que era un hombre lobo, pero ningún hombre lobo tiene dos cuernos saliendo de su frente (lo digo como si alguna vez hubiera visto uno).

Al instante saco mi bate y lo golpeo en la cabeza. El monstro cae de espalda gimiendo por el dolor sin hacer un solo gesto facial. Paula y yo nos acercamos para dar otro golpe cuando una voz exclama: ¡Espera!

«No soy un monstruo real, rayos, a veces olvido que llevo esto puesto». El monstruo se quita lo que todo este tiempo resulto ser una máscara dejando ver una cabeza con un lacio cabello negro.

«Ness, es humano» exclama Paula encorvándose para ayudarlo a levantarse.

«Ups» exclamo llevando mi bate para atrás.

«¿Por qué lleva ese traje de monstruo?» pregunta Paula.

«Para no llamar la atención de los zombis ¿para qué más?» responde él mientas se frota la cabeza.

«¿¡Zombis!?» exclamamos Paula y yo al unísono.

«¡No son de aquí! ¿Cómo cruzaron el túnel?».

«Los fantasmas no soportan la música».

«Y justo se les ocurrió parar en Threed. Temo decirles, pero cayeron en la boca del lobo».

«Tal vez tengamos cosas que hacer aquí».

«Cómo sea, no saldrán en un buen tiempo, pero si les interesa saber más esta es mi tarjeta (Carl Covertman - Informante). Todo esto tiene una explicación».

El hombre se pone su máscara y sigue su camino.

Pongo la tarjeta en uno de mis bolsillos y exclamo: «Guardare esto para más tarde». Después le pregunto a Paula en donde quería empezar a buscar.

«Estoy en las mismas que tú».

Levanto la vista, unas luces ascendían por detrás de unos edificios iluminando las nubes. Cómo polillas fuimos tras las brillantes luces que se movían de un lado a otro. Una colorida carpa de circo se levantaba en medio de un campo, su apariencia contrastaba con todo el lugar por lo que mi emoción no fue de esperarse.

Con los ojos bien abiertos le pregunto a Paula: «¿Vamos?».

«Vamos» me respondió ella.

Cuando nos acercamos más, leímos un cartel de exhibición con los horarios tachados, sobre estos se leía. Bienvenido al Centro de Protección Contra Zombis. Decidimos entrar a ver de qué se trataba.

Me sentí un poco más aliviado al ver más gente adentro, la ciudad no estaba tan abandonada después de todo, pero no parecían estar esperando ver una función, por lo general la gente se sienta en butacas alrededor de la pista y no extiende un campamento sobre ella. El lugar estaba repleto de personas de todas las edades: niñas y niños, hombres y mujeres recostados en el suelo con sus respectivas familias. Había desde un hombre desaseado rascándole la espalda a su perro hasta un matrimonio intentando dormir a sus dos niños pequeños.

«Tal vez Jeff esté aquí» pensamos, por lo que empezamos a preguntar si alguien de ahí lo conocía.

Después de unos minutos una señorita se puso de pie sobre el podio de ceremonias y empezó a hablar a través de un micrófono.

«Conciudadanos, antes de empezar quiero darle las gracias al maestro Markovski y su equipo por dejarnos usar su carpa como albergue». Señala con la palma de la mano a un hombre fornido y esbelto con un poblado bigote rizado. «En serio señor Markovski, tiene un corazón muy grande y en cuanto sepamos cómo deshacernos de los zombis buscaremos la forma de pagárselo».

«Con que abran el camino para que dejemos el pueblo nos conformamos. Después de todo, de eso vivimos» Contestó el hombre de bigote rizado con una voz tenor.

«Pueden estar seguros de eso. Dicho eso comencemos. Este es el segundo día desde que parte del pueblo fue tomado por los zombis».

«¿Alguna razón por la que no se acercan al centro?» preguntó alguien desde la multitud.

«Aun nos la tenemos, pero veámoslo como una ventaja, pueden estar seguros de que aquí estarán seguros y les alegrará saber que no hemos tenido perdidas».

«A mí me mordió uno» dice otra voz.

«Pero sigue siendo humano, que es lo bueno. Al parecer la mordida de los zombis no hace más que provocar una infección en la parte que la recibió y puede ser tratado en un hospital.

Pasemos a las ideas, se aceptan cualquier sugerencia».

Se escucho de todo. Paula y yo solo estábamos esperando el momento oportuno para hablar.

«¿Por qué no buscamos a quien está detrás de todo esto? ―propongo―. Creo tener una idea y necesito algo de ayuda para encontrarlo».

Todas las miradas se pusieron sobre mí, pero nadie dijo nada.

«Hum, ¿pequeños dónde están sus padres?» nos pregunta la mujer sobre el podio un poco confundida, pero sin perder su aplomo.

«Oh vamos ¿me van a decir que no nos podemos quedar en está carpa sin la autorización de un adulto?» contesto indignado.

«Lo siento niños, se agradece que quieran ayudar, pueden quedarse, pero por favor dejen que hablen los adultos».

No lo podía creer, otro lugar en donde evaluaban tu edad antes que tus capacidades.

Ahora Paula toma la palabra: «¿Alguno de aquí conoce a alguien llamado Jeff? También es un niño y necesitamos su ayuda».

Salgo de la carpa intentando escapar de mis pensamientos negativos. Me quedo mirando la hierba seca que crecía a mis pies como si fuera lo más interesante que hubiera visto en mi vida.

Detrás de mí una voz empezó a llamar mi nombre.

«… Espérame ―me dice Paula―. ¿A dónde vas?».

«Necesito estar solo un momento» contesto sin ánimos.

Caminando bajo las oscuras nubes de Threed, mi mente liberó todas esas inquietudes para atormentarme, a una parte de mí ya no le importaba nada, ni siquiera la posible destrucción del planeta, solo quería volver a casa.

«¿Qué sentido tenía ayudar a personas que ni siquiera la valoran? ¿por qué estoy aquí cuando podía estar en casa jugando una partida de Mario 64?» pensaba mientras que por otra parte algo me recordaba lo cobarde y egoísta que era por pensar así. ¿Pero cuál era el caso? Sea que decidiera avanzar o regresar estaba atrapado en este pueblo maldito. Mis pies dejaron de responder y me tiré de pompa en el frío asfalto.

«Nunca debí aceptar esta misión».

Un pequeño ratón marrón sale de mi mochila y se para en mi hombro. Suelta un chirrido para llamar mi atención.

Me le quedo mirando por unos segundos antes de contestarle. «Adelante, di lo que quieras de mí, no va a cambiar nada».

«En realidad está diciendo "Todo estará bien"» exclama una voz cálida detrás de mí.

Veo a una chica de cabello dorado y ojos claros con una expresión de angustia acercándose a mí. En eso, una lagrima sale de uno de mis ojos, al instante volteo la cabeza en dirección contraria y me tallo la mejilla. «Bravo Ness, ahora la acabas de preocupar aún más» pienso.

Ser un hermano mayor había forjado en mí un lado protector. ¿Y qué es un protector? Un niño podía tomar de ejemplo a sus padres, a quienes nunca vería llorar porque son fuertes y cuidan de los más vulnerables, o al menos eso pensaba yo.

Paula me sonríe de lado tiernamente, se sienta junto a mí y me pregunta: «¿Por qué no me dices que te ocurre?».

Qué más da ―pensé―, ya no puedo humillarme más. No soy ni un héroe ni un protector.

«Extraño mi hogar».

Paula no dijo ni una palabra, en lugar de eso empezó a tallarme la espalda tocando una fibra que me dejo más sensible aún.

No, no iba a ceder a romper en llanto, no cuando había una niña y un ratón que confiaban en mí. Me levanté de golpe, casi me da un vértigo.

«Hay que continuar» exclamo.

Ness, espera ―dice Paula sin levantarse de la banqueta―. ¿Por qué no les hablas? … A tu familia.


Paula se queda a cierta distancia, yo deposito unas monedas en el teléfono de la farmacia. Marco el número que tengo anotado en mi mochila y apoyo el teléfono en uno de mis cachetes esperando a que conteste alguien. Bipbipbip. No hay respuesta, con un nudo hecho en mi corazón estoy a punto de devolver el teléfono a su lugar cuando escucho la voz de una mujer.

«¿Bueno?».

En ese momento sentí una calidez que se alojó en mi pecho, era la voz que hasta hace unos días había escuchado diariamente. De la única persona en la tierra que conocía cada una de mis lágrimas.

«¿Mamá?» exclamé soltando los tensos músculos de mi cuello».

«Hola amor, hasta que te dignas en llamar, ¿Cómo estás?».

«Te extraño».

«Sí cariño, también te extraño, pero me alegra saber que estás bien».

«No mamá, no estoy… ―volteo discretamente para asegurarme de que Paula no está escuchando y continúo con un tono de voz más discreto: No estoy bien. Estoy cansado y tengo miedo, solo quiero volver a mi hogar».

«Sí amor, lo entiendo, debías saber que habrán días así, pero eso me confirma que estás bien».

Guardé silencio intentando comprender que significaba eso ultimo que mamá dijo.

«Escucha, sé que eres valiente, sé que eres fuerte, pero sigues siendo un niño humano que se cansa, y más con la responsabilidad que estás llevando, aún con todos los poderes que tengas; tu corazón busca refugiarse en los lugares en donde se siente seguro y en donde tiene buenos recuerdos, y me alegra saber que es aquí, porque me confirma que he criado a un niño feliz. Espero que escuchar la voz de tu madre te haga sentir mejor. ¿Te sientes mejor?».

«Sí, mucho, pero no sé por cuánto tiempo».

«No te inquietes por el futuro Happiness. Todos pasamos por algo así cuando dejamos nuestro hogar, pero te comparto un truco que a mí me sirvió. Crea nuevos recuerdos al lugar a donde vayas y con las personas que te acompañen, así siempre encontraras un refugio para tu corazón».

Otra voz se empieza a escuchar en el fondo, más aguda y tierna que la de mamá.

«¿Ese es Ness?».

«Sí ―respondió la voz de mamá―. ¿Quieres hablar con él?».

«Hermano, hola» exclamó la voz de Tracy».

«Hey, pulga».

«Bien, yo los dejo porque tengo que seguir lavando el baño, hablamos en otra ocasión, ahí salúdame a tu nueva amiguita».

«¿Qué? ―exclamo― ¿Como supiste qué…?

«Tracy me conto algo al respecto, además…―Baja el volumen de su voz― Tengo la sospecha de que no quieres que te oiga hablar con tu madre».

«¿Cuándo vas a volver?» me pregunta Tracy.

«Aún no lo sé» respondo después de un suspiro.

Tracy me puso al corriente de los programas de televisión y me dijo que había empezado a pasar más tiempo con Picky ahora que los hermanos de ambos no estaban. Lo que significaba que Pokey no había vuelto a casa después de lo que sucedió en la aldea Feliz-feliz.

«¿Aún no ha vuelto?».

«No, según lo que me dijo Picky escapó de casa en busca de felicidad».

«… Tengo que irme».

Click.

No lo podía creer, yo aquí pensando en volver a casa y mi vecino huyendo de la suya. Pensé en lo que dijo mamá: «El corazón busca refugiarse en el lugar en donde se siente seguro». Pero si Pokey no tenía intenciones de quedarse en su casa o con su familia ¿a dónde podía correr?