No sabía cuánto tiempo más íbamos a quedarnos en Threed, tampoco sabíamos cuánto faltaba para que nos encontráramos con un zombi, aunque era cuestión de tiempo; lo que sí sabía era que debíamos estar preparados.
«Buenas noticias, mi papá depositó más dinero en mi cuenta».
«Excelente, quizá tengamos que pasar un tiempo en este lugar antes de descubrir cómo salir o encontrar a Jeff». Paula se dio cuenta que pensar en eso me ponía nervioso (quizá por una expresión de mi rostro), por lo que rápidamente se mordió los labios. «¿Te ayudo hablar con tu familia?».
«Sí. Gracias por el consejo».
Paula me sonríe con ternura.
Lo esencial era el alimento y el equipo, por lo que llevé a la caja registradora lo que yo elegí de la tienda: 5 bolsas de botanas, algunos chocolates y 4 refrescos, además de 2 botellas de agua.
Cuando Paula lo vio no tardó ni un segundo en reprocharme mientras le hacía un gesto de desprecio al alimento: «Eso es mucha comida chatarra ¿no crees?».
Genial, una niña fitness. «¿Qué tiene de malo?» reprocho.
«No es sano, llevemos algo de esto». Paula me muestra un par de sobres de comida congelada».
«Eso es mucho peor».
Siempre he tenido problemas con la comida congelada, se me hace una burda imitación de platillos reales.
«Espera. ¿Has estado comiendo puras golosinas desde que saliste de casa?».
«¿Como crees? ... Solo durante la cena».
«Oigan. Se ponen de acuerdo o dejan avanzar a la fila» nos dice el cajero.
Un grupo de adolescentes que iban detrás de nosotros no empujan y toman nuestro lugar. «A un lado ñoños».
Les reclamamos, pero ellos solo nos ignoraron. Compraron unos refrescos y un par de bolsas con botana.
Eran tres chicos y una chica, más altos que nosotros, y por su atuendo parecía que se esforzaban demasiado por estar en onda, tenían esa actitud de patanes promedios que ya había visto antes, nada que no pudieran controlar dos niños que habían derrotado a un topo gigante, pero no valían la pena.
«¿Ya ves? ―le digo a Paula―, ellos no compraron comida congelada».
Paula voltea los ojos.
«A ver, ¿si eres tan valiente por qué no te mueves por el pasadizo del cementerio como tanto prometes» le dice el más larguirucho a quien parecía ser el líder.
Eso ultimo si llamó mi atención. «¿Pasadizo?» les pregunto.
«Sí, así es ―me responde el más alto (un chico con demasiado fijador para el cabello y un abrigo sin mangas) mientras se recarga en el mostrador mirando sus uñas― lleva a unas cataratas fuera de la ciudad. Prácticamente el cementerio era nuestro club nocturno hasta hace unos días, pero en el momento indicado se lo quitaremos a los zombis».
«Dime cuando» digo mirándolo a los ojos imitando su estilo rudo.
El líder suelta una carcajada y es seguido por sus compañeros como si fueran borregos.
«No me hagas reír enano, aun si lograras abrirte paso entre los zombis te tendrías que enfrentar con el horrible monstruo que habita ahí, mojarías tus pantalones de solo ver una foto».
«Ya nos hemos enfrentado a monstruos antes».
«Mañana por la mañana».
«¿Por qué no ahora?»
Por la rápida expresión en su rostro, parece ser que mi respuesta lo sorprendió. Fingió que no se le notó, pero fue muy evidente. Sus colegas empezaron a cuchichear detrás de él, aunque por mi lado Paula me reclama, pero a ambos nos importó poco.
El tipo le hizo una seña a su grupo para pedirles que guardaran silencio y después me contestó: «Tienes agallas chico, ¿pero por qué primero no le haces caso a tú mamita y te comes tu comida congelada?». Da media vuelta y se vuelve a carcajear mientras sale de la tienda.
Eso ultimo sí me hizo enojar y a juzgar por el rostro enrojecido de Paula también a ella. Estoy a punto de ir tras ellos cuando mi compañera me detiene. Ella menea la cabeza de un lado a otro con rapidez.
«¡Cobardes!» exclamo.
La verdad es que Paula a veces si se solía comportar como una pequeña madre, sobre todo cuando me veía frustrado y a mí eso no me gustaba, no cuando trataba de ponerse en una actitud firme conmigo siendo que ella es incluso un año menor que yo. Aunque quizá no lo hacía a propósito, después de todo la mayoría de niños con los que pasaba el tiempo tenían la edad de prescolar, ella sabía lo que era ser una hermana mayor a pesar de ser hija única, pero de una forma le tenía que dejar claro que a mí no me podía tratar así. Cielos, ¿y si Tracy alguna vez sintió que yo me estaba comportando como papá?
«Vamos al cementerio».
«Ness, ¿en serio vas a dejar que lo que hayan dicho esos tontos te afecte?».
«No, no, no…olvídate de ellos, ¿pero es que no lo ves?».
Paula inclina levemente la cabeza sin saber que responder.
«Ese pasadizo podría ser la siguiente localización de Mi Santuario. El monstruo que mencionaron…».
«El guardián».
«Y los zombis, están cuidando que yo no me acerque ahí».
«Espera, aún no nos hemos puesto de acuerdo sobre lo que vamos a llevar».
«Olvídalo, lo discutimos más tarde».
Los pocos matices de claridad que quedaban se habían desvanecido por completo, la temperatura había empezado a descender, una brisa era lo único que corría por las calles abandonadas de Threed, suficientemente fuerte como para hacer rodar una lata vacía de alimento para gato.
Las únicas luces que alumbran nuestro sendero son las de las farolas colocadas en la fría oscuridad sin poder ir a ningún lado, además de una lampara de bolsillo que sostengo con mi mano. Avanzamos lentamente hacia el norte de la ciudad sabiendo que con cada paso aumentaba nuestra posibilidad de encontrarnos con un zombi. En cualquier momento voltearía y tendría un horrible rostro desfigurado frente a mis narices.
«No te apartes de mí» le digo a Paula procurando tenerla cerca.
«No lo hare».
Empezamos a escuchar el traqueteo de una papelera, como el que hacen los mapaches cuando buscaban comida y tal vez eso era.
Paula fue la primera en verlo. Estaba parado más allá del patio de una casa, parado bajo una farola. La figura de un hombre larguirucho y lleno de tierra estaba hurgando en la basura mientras gruñía suave mente.
Paula tomo mi mano y la apretó con fuerza, y yo hice lo mismo con la suya, no corrimos al instante, quizá porque nuestras piernas se habían quedado congeladas o quizá porque queríamos asegurarnos de que solo era un tipo delgado y sucio hurgando en la basura de una casa abandonada. ¿Si es un zombi no estaría más interesado en un cerebro que en basura? No me iba a quedar a averiguarlo. El tipo levantó la cabeza del basurero y lentamente la empezó a voltear.
No nos quedamos lo suficiente para saber qué clase de rostro se vería por detrás de esa nuca. Corrimos sin soltar al otro, si era humano no teníamos nada que le interesara, si era un zombi y nos empezaba a perseguir habríamos tomado ventaja.
De repente nos encontramos con una pared de ladrillos que se extendía en frente de nosotros impidiéndoos seguir corriendo en línea recta. Volteamos hacia atrás mientras recuperamos aire, nada, volvemos a mirar la pared de ladrillos, no muy lejos de nosotros había un reja rota y oxidada que abría un camino más allá de aquella pared.
«Así que este es».
«El cementerio local».
Así nos lo confirmaron las letras de hierro que descansaban sobre la reja oxidada.
Desde afuera alcanzamos a ver unos cuerpos que rondaban por la oscuridad, no parecían ser tantos como nos lo habíamos imaginado, aunque también puede ser que el resto se habían esparcido por los límites de la ciudad.
Podía sentir como mis rodillas chocaban entre sí una y otra vez. Nos echamos al suelo y empezamos a avanzar como soldados en terreno enemigo. El cementerio estaba lleno de hoyos, aun así, decidimos no encender ninguna luz ―cualquier señal de vida―, la única luz que alumbraba nuestro camino era la luminosidad proveniente de la ciudad que se reflejaba en las nubes en un tono rojo pálido.
Mi estomago se arrastra por la tierra y la hierba seca, y mis brazos y piernas se van llenando de pica-pica. Podía sentir el olor de la carne podrida. Mientras nosotros intentamos ser lo más silenciosos posibles a los zombis no les parece molestar caminar haciendo sonar sus pies al arrastrarlos por donde van, quizá por la falta de articulaciones sanas. No sé qué ruido me ponía más nervioso, los gruñidos que resonaban a nuestro alrededor o el que no sabía si habíamos producido uno de los dos por no ser lo suficientemente cautos.
Nos quedamos quietos detrás de una lápida, levanto la cabeza para revisar el perímetro, no a muchos pies de nosotros había un bote de basura, a él llego una figura humana, lo destapó y un fuerte zumbido empezó a sonar. De él también escapó un horrible hedor, uno que superaba a cualquier peste olida antes, creo que lo podría comparar al olor de un calcetín sudado mesclado con el de un recipiente de fruta podrida y aun así me quedaría corto; como fuese, lo olimos tan solo unos segundos, pero lo suficiente como para provocarnos nauseas al instante.
Con bastante curiosidad clavamos la mirada en lo que la poca claridad nos dejaba a ver. Acercarnos solo un poco más podía ser suicidio. La figura humana metió lo que parecía ser un palo al cesto y lo meneo como lo haría un vendedor de algodón de azúcar en una feria. El palo salió bañado en una sustancia pegajosa que fue depositada en un tarro de vidrío.
Me acerqué al bote de basura para averiguar que había en él una vez que el zombi se fue.
«Ness, no» murmuró entre dientes Paula mientras me hacía señas con la mano para que volviera al suelo.
Aun así, no hice caso. Lentamente agarro la tapa de aluminio para levantarla y descubrir lo que ocultaban los zombis, pero justo en eso Mausketson sale de mi mochila.
«Ve por él» le digo a Paula con señas.
Ella solo se encoje de hombros mientras esboza una sonrisa burlona.
Termino cediendo y entre los dos comenzamos a seguir al ratón desde el suelo. Nos llevó a la salida trasera del cementerio y regresó a mi mochila.
Por delante teníamos un brumoso y oscuro bosque. Intenté verle el lado positivo: Había más oportunidad de avanzar sin ser vistos. Claro que eso significaba que había más oportunidad de ser emboscados.
Seguimos el sendero trasado, sin embargo, aquí la visibilidad era aún menor por no decir nula, por lo que nos vimos obligados a encender esa lampara de bolsillo. Finalmente nos topamos de cara con uno, piel podrida y gris, ojos en blanco y sin labios. Se abalanzo sobre nosotros, pero Paula lo congelo rápidamente con PSI.
«¡Sí, muy bien! ―Le exclamo a Paula en voz baja―. No son rival para nosotros».
«Bueno, ese solo fue uno, No quiero imaginarme que habría pasado si hubiéramos llamado la atención de todos».
Con eso que dijo Paula pensé en lo lamentable que sería si un habitante del pueblo hubiera querido enfrentarlos con un arma: Resonaría el disparo y pronto tendría a una horda de zombis sobre él sin nada que pudiera hacer.
Encontramos a otros dos zombis, pero nos agachamos antes de que nos vieran, después de todo parecía que sus sentidos ―además de la visión nocturna― no estaban muy agudizados. Revisamos su comportamiento: Solo estaban parados ahí, como dos guardias de la corona, vigilando el camino y seguramente protegiendo algo.
«¿Entonces allí es donde hay que ir?» susurro Paula.
«Sí, a la cuenta de 3 los atacamos… 1… 2…».
RING, RING
«Diga» contesto con el rostro completamente caído sabiendo lo que nos esperaba.
Los zombis que vigilaban voltearon a vernos con sus ojos en blanco, pero no dejaron su puesto, solo nos miraron desde su lugar. Aun así, escuchamos a varios otros acercándose.
«Ness, hola, estaba comenzando a trabajar en un nuevo invento y quería tu opinión. ¿Qué prefieres, un des-doblador de pretzeles o una máquina que fabrique burbujas cuadradas?».
«¿Por qué no un invento que nos ayude a deshacernos de zombis?» contesto con sarcasmo mientas corremos devuelta al cementerio.
«… Qué gran idea Ness, adiós».
Click
Estamos por llegar al cementerio cuando nos vemos rodeados por cuerpos de hombres y mujeres de todas las edades, incluso había una niña zombi; no pude evitar helarme al pensar en lo cruel que debió ser la vida para dejarla a tan corta edad, ¿qué sentirían sus ya destrozados padres al verla en esta condición?
No había lugar a donde huir: Hacia el bosque, zombis; hacia el cementerio, zombis. Solo podíamos enfrentarlos.
«Si logro concentrarme lo suficiente como para imaginar el mayor acorde de guitarra de todos los tiempos, mayor que todos lo ya había tocado antes, tal vez pueda generar una onda de energía lo suficientemente grande como para derribar a todos los zombis» pensé.
Paula genero un muro de fuego PSI, pero no sirvió de mucho. Los zombis seguían acercándose, para menos mal a velocidad zombi.
«Ness ¿Ahora qué?».
"Shhh, necesito concentración" contesto con los ojos cerrados. «Estoy por tocar en un concierto, todos ovacionan mi nombre».
«¿Y ahora qué haces?».
«PSI Rockin, mis habilidades se intensifican cuando pienso en algo que me gusta mucho».
«Bien, entonces piensa, en tu gorra de beisbol, tus amigos, tu familia».
Hago lo que Paula me sugiere. De repente veo en la primera fila a mi mamá, a Tracy y a papá gritando con todas sus fuerzas, entre la multitud se asoman mis amigos de "el escondite". El vello de mi piel se eriza.
«Date prisa Ness, agh, solo puedo congelar uno a la vez».
Bajo la mano tocando mi guitarra de aire con mi vieja plumilla. Varias ondas de colores son disparadas hacia el ejército de muertos vivientes seguido de lo que se escuchó como una bomba.
Sentí como si me hubiera estallado el corazón, quede bastante mareado, abro los ojos, no podía ver nada además de un fondo blanco y una que otra sombra. Tampoco podía sentir mis piernas.
«¿Lo conseguí?» pregunto intentando controlar mi respiración.
«Derribaste a varios, pero aún quedan muchos» dice Paula poniendo uno de mis brazos sobre su cuello y llevándome.
Recuperé algo de visión y veo que ya habíamos llegado al cementerio, pero eso para nada era una buena noticia. Aun teníamos zombis por delante y por detrás, algunos apenas se estaban levantando de sus tumbas.
«Voy a hacerlo una vez más».
«Que ni siquiera se te ocurra».
Nos ponemos contra espaldas listos para luchar hasta caer. Entonces la voz de una mujer llama desde la distancia.
«¡Oigan zombis, métanse con alguien de su tamaño!».
Vimos a un motociclista cruzar rápidamente el cementerio arrollando a varios zombis por su paso llegando de una forma dramática pero sorprendente derrapando en un círculo a nuestro alrededor que derribo aun a más zombis.
«¡Suban!», dijo la figura femenina desde debajo de su casco.
«¿Quién eres?» pregunta Paula con asombro.
«Alguien que puede sacarlos de aquí, ahora suban».
Ella vestía completamente de negro: chaqueta de cuero negra, guantes de motociclista negros, su casco, negro; botas negras, y un pantalón de mezclilla negro. No teníamos idea de quien era, pero era mejor opción que los zombis. Hacemos lo que nos pide. Por desgracia el terreno disparejo y las muchas lapidas que se levantaban de él no le dieron oportunidad a la extraña motociclista de ganar velocidad para escapar por donde entró. Así que nos movimos hacia la dirección en donde había menos zombis, que era el éste, aún dentro del cementerio.
Paramos delante de un pequeño cuarto echo de piedra. Entramos en él y cerramos las amplias puertas de madera y la aseguramos bien.
«Eso estuvo cerca ―dice la motociclista mientas se quita su casco meneando una melena castaña.
Mi corazón latía a mil por hora. Aquella experiencia fue aterradora, pero «Eso fue increíble, nosotros estábamos… y entonces tú… y wow» exclamo mientras hago ademanes para rellenar los espacios en blanco. No fue buena idea pues mi cabeza aun adolorida recibió otra sacudida.
«Pues muchas gracias. ―Sonríe―. Soy Jill por cierto».
No parecía cruzar los 25.
«Soy Ness» contesto estrechando su mano mientras suelto una sonrisa coqueta. Quizás era el adolescente floreciendo en mí, pero me atrevo a decir que Jill era bastante bien parecida.
«¿Y qué hacías en el cementerio a esta hora de la noche si puedo saber?» pregunto Paula con algo de indiferencia.
«Lo mismo les iba a preguntar chicos».
«Yo pregunté primero».
«Estábamos investigando a los zombis. Parecen estar ocultando algo».
Jill guarda silencio por un segundo y entonces nos dice: «Síganme». Ella nos guía por unas escaleras hasta un pasillo subterráneo.
«Creo que deben ver esto» Nos dice Jill abriendo una puerta de piedra descubriendo una oscura cámara.
Todo esto me parecía asombroso, me sentía como todo un explorador a punto de descubrir un tesoro en unas antiguas ruinas. Dentro de la cámara había una cama de piedra y algunos nichos en la pared, en el suelo había latas de cerveza y colillas de cigarros, fuera de eso no parecía haber nada interesante.
«¿Hay algún interruptor o panel secreto que…?».
«Disfruten su descanso eterno». Jill cierra la puerta dejándonos a Paula y a mi encerrados.
