Nerd a la orden
He perdido la noción del tiempo, aun encerrado en esa cripta, no había forma de revisar, así que parecía como si lleváramos una eternidad ahí. No habíamos comido nada desde que los "Fugitivos" nos invitaron unos bocadillos camino a Threed por lo que el sonido de nuestros estómagos no se hizo esperar. Tenía tanta hambre que incluso la comida congelada de la que habló Paula se oía apetecible.
Dormimos, y cuando no pudimos dormir más buscamos mantener la mente en cualquier cosa que nos ayudara a pasar el tiempo: Chaladas, 50 preguntas, manitas calientes, canciones infantiles. Paula fue la que sugirió la mayoría de los juegos, yo solo accedía, pero al final el hambre pudo con mi buen humor.
«¿Por qué no jugamos a la comidita?» preguntó en cierto momento Paula.
Mi respuesta fue una simple mirada sarcástica mesclada con indiferencia.
«No Mousketson, no es comida de verdad» le responde la niña al ratón.
Solo fue cuestión de tiempo para que el hambre también acabara con el optimismo de Paula.
«¿Por qué no le vuelves a llamar a Jeff?» pregunté.
«Creo que será mejor cuidar las fuerzas que nos quedan».
Volví de vez en cuando a intentar forzar la cerradura de la puerta, pero creo que ya conocen el resultado. Nuestra fuerza se estaba debilitando, pero aquella puerta de piedra permanecía.
«¡Ness, ya llegó!»
«¿Sí? ¿En dónde está?» pregunté emocionado, pero algo confundido.
«En alguna parte de Threed ―contesta mientras se toca la cabeza― está intentando contactarme». «Vamos Jeff, dirígete al mausoleo del cementerio» murmura. «Llegó, está justo arriba de nosotros».
Corrimos hacia la puerta, esperando lo que tuviera que pasar.
¡CRASH. BOOM. PIU, PIU!
A nuestras espaldas un horrible y enorme pedazo de metal apareció entre una gigantesca nube de polvo destruyendo la cama de piedra. Era redondo y tenía orificios en donde todavía quedaban cristales de lo que parecían haber sido ventanas, si se trataba de un vehículo. Un OVNI estrellado. Nos acercamos con cautela.
De pronto se abrió por la mitad dejando salir al ennegrecido tripulante.
«Bien, hasta aquí llego el Corre-cielos». Fueron las primeras palabras que lo escuchamos decir mientras veíamos como limpiaba sus lentes.
Un corte de tazón rubio, un saco verde y dos sucios cristales que escondían sus ojos tras todo el polvo que volaba en la habitación. Para mi sorpresa parecía tener mi edad. Solo podía tratarse de Jeff, pero aun así decidí preguntar.
Al vernos, su rostro quedo paralizado antes de pensar en que responder. Después se aclaró la garganta y habló: «Soy Jeff… aunque creo que ustedes ya lo saben porque… o quizá no, vine porque ustedes me llamaron. ―Se acomoda los lentes―. No soy muy fuerte, soy algo nerd y un poco miope. Pero espero poder ser de ayuda.
Aunque esperaba ver a un chico de mi edad o quizá más grande. La apariencia de Jeff escapaba mucho a la idea de cómo me lo había imaginado, Había llegado al campo de batalla con traje y corbatín, y al juzgar por el emblema de un pino cosido en su saco asumí que se trataba del uniforme de una escuela privada. Tenía poco aplomo en su habla, además de un acento extranjero. En cuanto a su apariencia física, no habría durado ni un segundo en mi escuela sin que algún bravucón lo marcara de por vida: Gafas con bastante aumento, orejas grandes, larguirucho y escuálido, y bastante pecoso. Él mismo lo reconoció: era todo un "Nerd". «Si es como Austin ―el ratón de biblioteca de mi escuela― será muy difícil encontrar un interés mutuo» pensé. pero si era uno de los niños que nos acompañaría sería importante congeniar con él. Fácil ¿No? Siempre y cuando no se pusiera a hablar en "Cienciañol" para alardear de sus conocimientos.
La primera en cordializar fue Paula. «Mucho gusto Jeff, yo soy Paula y él es Ness. Necesitamos tu ayuda para abrir esa puerta».
«Oh, seguro, hmm yoo… ―mete la mano a su saco saca un pequeño artefacto― creo tener lo que necesitan».
Jeff se dirige a la Puerta y coloca el extraño artefacto de frente a la cerradura de la puerta como si se tratara de una llave, algo dentro de la cerradura empieza a traquetear. Devuelve el aparato a sus bolsillos y después abre la puerta hacia un oscuro pasillo.
«Abierto».
Me quedo boquiabierto por la sencilles con la que Jeff resolvió el problema, voltee de reojo para ver la expresión de Paula, quien a diferencia de mí solo reflejaba orgullo y confianza en su sonrisa.
«Oye, muy bien ―encomio a Jeff―. ¿Cómo le hiciste?».
«Oh, fue muy fácil, solo usé esta cosa ―contestó dándome a ver el aparato―. Es una máquina que abre puertas».
El artefacto parecía el estuche de una navaja suiza, tenía una ranura por donde salía un mecanismo al presionar un botón.
«¿Y dónde las venden?».
«Oh, no, no están a la venta, me lo presto un compañero de mi escuela, él lo inventó».
Después de que Jeff y yo terminamos de conversar Paula le dio un fuerte abrazo a Jeff agradeciendo repetidas veces haber venido.
Jeff quedo rojo como tomate. «Sí, bueno… hum, hay algo más en que los pueda ayudar».
Mi estomago se adelantó a cualquier respuesta. «Algo que comer no nos vendría nada mal» contesto avergonzado.
Jeff nos invitó unas barras de granola que había en su nave. Nos supieron a gloria.
«Tal vez no sea mi incumbencia, pero… ¿Qué hacen dos niños encerrados en un lugar como este?».
«Larga historia ―le respondí aun con algo de granola en la boca―, pero en resumidas cuentas, nos tendieron una trampa».
Jeff también conoció a Mousketson, y aunque en un principio se espantó de ver un ratón en mi hombro, después de explicarle que él también era miembro de nuestro grupo su expresión cambió a una sonrisa. Creo que después de todo no fue tan difícil congeniar con él.
Los cuatro subimos a la superficie. Abrí lentamente la puerta del mausoleo para revisar que no hubiera zombis merodeando. Una horda de cuerpos nos estaba esperando afuera, cerré la puerta con rapidez. Parece que el impacto del ovni de Jeff había alertado a todo el cementerio de nuestro intento de escape.
«¿Que ocurre?».
Le contamos a Jeff sobre los zombis, pero él creyó que le estábamos tomando el pelo.
«¿No le contaste lo de los zombis?» le pregunté a Paula.
Ella solo volteó la mirada.
Si nuestro tono serio no lo convenció, seguro que los golpes constantes que se daban contra la puerta para derribarla lo hicieron «Esperen ¿están hablando en serio? ¿Acabo de caer en medio de una ciudad repleta de zombis? ―pregunta Jeff exaltado y tembloroso―. Por favor díganme que tienen un plan».
«¿Cuáles son tus habilidades?» le pregunté.
«Pues bueno, soy muy bueno construyendo cohetes botellas, además de…».
«Me refiero a tus superpoderes» interrumpo.
«¿Mis qué?»
«¿No tienes PSI?» exclamé anonadado.
«Alto, ¿te refieres a la hipotética habilidad de ejercer poder con la mente?».
Le pedí un segundo a Jeff y jalé a Paula aparte. «No tiene poderes, ¿por qué lo llamaste?».
«Oye, ya nos ayudó a salir de la cripta».
«Pues sí, y ahora hay que sacarlo de aquí o se lo van a devorar los zombis».
«Oigan ―llamó Jeff tocando mi espalda―. ¿Por qué no utilizamos esto?».
Había una escalera de mano acostada junto a algunas herramientas, Jeff sugirió usarla para escapar por el hoyo que él había abierto en el techo de la cripta al caer. «Los zombis esperan que nosotros salgamos por está puerta, ¿no es así? Entonces por qué no usamos la "Salida de emergencia"» razonó él.
Hicimos lo que él sugirió y entre los tres llevamos la escalera abajo. La paramos contra el techo. Fui el primero en subir y después de revisar el perímetro le hice señas a mis compañeros.
La mayoría de zombis estaban junto al mausoleo intentando derribar la puerta, sin embargo, ya habíamos llamado la atención de algunos, así que debíamos movernos rápido, cosa que al parecer Jeff no entendió. Se puso a buscar algo entre los restos de su nave mientras íbamos perdiendo la oportunidad de escapar.
«¡JEFF! ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?! ¡HAY QUE IRNOS!».
Los zombis que estaban en la puerta del mausoleo se dieron la vuelta hacia nosotros. El chico apenas estaba empezando a subir por la escalera mientras cargaba otro extraño artefacto sobre su espalda además de su mochila. Una vez arriba lo jalé de la mano para apresurar el paso.
Paula empuño su sartén y yo "blandí mi bate", empezamos a derribar a cuanto zombi se interpusiera en nuestra ruta de escape. Jeff por su parte sacó una pistola de balines cargada con pequeños guijarros, parecía ser bastante efectivo; hasta que se quedó sin proyectiles.
Estamos a punto de llegar a la salida del cementerio y entonces, Paula cae en un hoyo.
«¡Suficiente!» exclamé «Ayúdala a salir» le pedí a Jeff mientras le doy la cara a la horda que teníamos por detrás.
PSI ROCKIN.
No liberé toda mi energía, solo la necesaria para derribar a algunos de los más cercanos.
Tan pronto como lo vio, Jeff gritó y soltó a Paula. Seguí derribando zombis con mi bate, a la espera de que Paula saliera del agujero.
Un zombi se interpuso entre nosotros y la reja oxidada, pero Paula simplemente lo congeló, y yo lo derribe como a una estatua de hielo.
Ya en las calles de Threed, se nos hizo más fácil correr. Por cierto, ya parecía ser de día sobre las nubes de la ciudad.
«¡Exijo una explicación!» gritó Jeff mientras lo jalaba.
«¿¡Ahora!?».
«¿¡Enserio!?».
Todavía teníamos zombis por delante, así que no podíamos bajar el paso. Derribábamos todo lo que pudiera servir de obstáculo detrás de nosotros.
Estamos a punto de llegar al centro de la ciudad cuando, Paula, quien iba a la cabeza se desvía hacia la derecha.
«¿¡QUÉ ESTAS HACIENDO!?» le reclamé.
«¡No podemos llevarlos al centro de ciudad!».
Fue su idea llevarnos a una casa con el garaje abierto. Parece que la familia que vivía en esta casa no se había detenido a asegurarse de dejar todo cerrado cuando salieron huyendo. Nos escondimos en un armario dejando un espacio abierto para poder ver qué acontecía.
Vimos una horda de zombis en la calle, algunos se desviaron hacia las casas, y sí, también a la que nosotros estábamos. Antes de que uno se acercara a revisar el armario una de las ventanas de la casa de en frente se cerró de la nada ―o quizá porque Paula uso telequinesis, no lo sé―. Todos los zombis fijaron su atención en eso, algunos entraron en la casa mientras que el resto la rodeo cerrando todas las rutas de escape.
«Increíble. Trabajan de forma organizada» exclamo Jeff en voz baja.
Paula sale del armario y nos hace señas para que la sigamos. Intenta abrir la puerta a la casa, pero estaba cerrada.
«Jeff, tu maquina».
«¿Cuál es el plan? pregunté.
«Ustedes solo síganme».
Ya adentro de la casa, nos movimos con cautela. Escuchamos un ruido proveniente de la cocina.
Había un zombi revisando la basura y otro más viendo la tele. Evitamos hacer preguntas y subimos al segundo piso. Salimos por una ventana de la parte de atrás hacia el tejado. No se veían zombis alrededor pero no parecía haber forma de bajar.
«¿Y ahora qué?».
Paula saltó al suelo, cruzando la cerca.
«¡¿Ella acaba de levitar»?!» exclamó Jeff.
Le ofrezco mi espalda a Jeff y lo cargo. «Sujétate» le digo antes de imitar a Paula. Nuestro aterrizaje no fue tan limpio como el de ella, pero al menos no nos rompimos ningún hueso.
«Te prometo que te explicaremos todo, pero primero hay que ponernos a salvo» dijo Paula.
