Jeff rebusca en el fondo de una malteada mientras intenta procesar toda la información: Un devastador universal alienígena. PSI. Mis santuarios. Entre otras cosas.

«Alto, alto, ¿Me quieres decir que ustedes esperan que yo, un simple Nerd que hace apenas un día ni siquiera conocía otra cosa además de su escuela, ¿los ayude a salvar el mundo?».

«Pues si lo pones así…».

«Lo cierto es Jeff, que, si no creyéramos que puedes ser de ayuda, no te habría llamado. ¿Qué dices? ¿Estas con nosotros?». Paula le extiende su brazo sobre la mesa.

El rostro del chico cambia para reflejar algo de entusiasmo. Estrecha la mano de Paula y después la mía. Bien… ¿Cuál es el plan? preguntó.

«Los zombis parecen estar escondiendo algo, hay que regresar al cementerio y averiguar que es».

Tan pronto como dejé de hablar mis compañeros me reclamaron molestos.

«Calma, calma, esta vez será diferente».

«¿Por qué lo dices?» refunfuñó Paula.

«Porque esta vez tenemos el cerebro de nuestro lado. ―Miro directamente al nerd―. Jeff ¿alguna sugerencia?».

Jeff empuja sus lentes hacia arriba y agacha la cabeza evitando contacto visual. «Sí, bueno… Podría usar el método científico para llegar a una conclusión» ―murmuró para sí―. ¿Qué es lo que han observado de los zombis?» nos preguntó.

«Pues, les gusta revisar en la basura».

«Y al parecer si te muerden no te conviertes en zombi».

«No se acercan al centro del pueblo».

«¿Algo más?» preguntó Jeff mientas apoyaba su codo en la mesa y se tocaba el mentón.

«¿Además de que parecen estar protegiendo algo? No, no se me ocurre nada más».

«¿Qué opinas?».

«¿Que son zombis a los que les gusta la basura?» respondió con inseguridad. «No tengo nada. Lo siento» se lamentó.

«Está bien, tal vez solo necesites más información» lo consoló Paula.

Pagué la cuenta de la Pizza, dejé algo de propina para la camarera y después de eso abandonamos el local.

Dejamos un bote de basura en medio de una calle vacía y nos escondimos a la espera de un zombi. Después de algunos minutos uno se acercó al traste y hurgó en él. Seguido de eso lo empezó a girar sobre su eje para poder moverlo, con la ayuda de otro lo treparon a una camioneta y lo pusieron junto con otros. No me lo podía creer, «¿esos zombis realmente iban a conducir?» me preguntaba. Paula y Jeff estaban tan impresionados como yo. La camioneta arrancó hacia el sur de la ciudad. Nosotros corrimos detrás de ella, pero era inútil, de cualquier modo, decidimos avanzar discretamente en línea recta con dirección hacia el sur teniendo la esperanza de obtener más información de a donde se dirigían.

Una enorme carpa llamó nuestra atención. ―No, no era el Centro de Protección Contra Zombis. Ese se encontraba en medio del centro, mientras que esta se ubicaba en las afueras de la ciudad en un campo abierto. Esta no tenía luces llamativas ni de ningún tipo. Además de que esta era morada y no naranja.

Jeff sentó su atención en las flores que crecían en el suelo, todo el campo estaba repleto de estas. Aunque yo no le encontré nada extraordinario, según Jeff, eran una especie muy extraña ―tanto como el nombre con el que Jeff las nombró―. Aunque tampoco es como si fueran muy bonitas. Solamente eran flores silvestres con cinco pétalos color hueso.

«Olvídate de las flores, mira eso».

Vimos la camioneta que habían usado aquellos zombis para trasladar la basura, estaba mal estacionada junto con otros vehículos. Nos escondimos detrás de estos.

«Así que ahí es donde la llevan» exclamó Paula en voz baja.

«Sí, pero la pregunta es ¿por qué?» contesté.

Había dos guardias custodiando la entrada, por lo que no podríamos acercarnos por esa dirección.

Mousketson chirria sobre mi hombro.

«Tienes un plan, ¿no es así?» le pregunto.

El ratón asienta con la cabeza.

«Entonces guíanos».

Mousquetson nos lleva hasta un pequeño agujero que había en la parte izquierda de la carpa. A gachas nos asomamos por él, y entonces lo vimos: Varios zombis trabajando en lo que parecía ser una granja. En cierta parte había zombis pasando basura de un cesto a otro; por otro lado, había zombis recolectando una sustancia pegajosa de más botes de basura y depositándolo en frascos de cristal. Ahora reconocía ese olor, era el mismo que había olido en el cementerio la noche pasada y ese era el zumbido que había escuchado. Pero no estamos hablando de un solo zombi trabajando en privado sino de varios, fácil más de cincuenta. No podíamos enfrentarlos a todos en ese momento, pero sea lo que estuvieran haciendo teníamos que detenerlos y averiguar que estaban tramando. Había que sacarlos de ahí.

«¿Alguna idea?».

«¿Y si le prendemos fuego a la carpa?».

Le contesto a Paula con una sonrisa de aprobación.

«Perfecto. ¿Alguno de ustedes carga consigo un encendedor? Yo perdí el mío escapando del cementerio».

Apartamos a Jeff de la carpa y después Paula lanza una ráfaga de fuego.

«Oh claro, piroquinesis, ¿por qué no se me ocurrió?»exclama Jeff con sarcasmo. «Hey Paula ¿Sera que puedas encender la mecha de estos cohetes?».

Jeff tenía pequeña pirotecnia bajo su saco verde. Paula ayudó a encenderlos y él los lanzó a la punta de la carpa. Pronto el lugar se volvió una antorcha gigante.

Los zombis empezaron a escapar, pero no porque les importara su "vida" (si se puede decir que estaban vivos), sino que parecía preocuparles más proteger aquellos botes de basura. De dos en dos los fueron sacando. La estructura se vino abajo.

Cuando pareció no quedar ninguno le pedí a Paula que cesara el fuego. Ella empezó a usar "PSI Freeze" para apagarlo. La pobre quedó bastante mareada.

«Creo que será mejor que descanses un poco ―le digo―. Jeff y yo iremos a revisar si dejaron alguna pista ahí adentro».

«Está bien, solo tengan cuidado, algunas piezas aún pueden seguir cayendo».

Aún quedaban algunos botes de basura. Jeff reviso uno y yo revisé otro. Levanto la tapa del mío y…

«¡Waah!»

Un enjambre de insectos alza el vuelo y me rodea. Agito las manos de un lado a otro para quitármelos de en sima.

«¡Abejas!» grito.

«Descuida. Son Sírfidos. Se reconocen por el patrón de su abdomen y su forma de volar».

«¡¿Importa?!».

«Estos son inofensivos».

Los insectos escapan del sofocante calor del lugar. Aun así, fueron lo de menos. Algo había lastimado mi nariz. El olor que escapaba del bote de basura era superior al del hollín, además de nocivo. Me tapé la nariz y revisé. El bote de basura no solo contenía basura, sino también una especie de baba o miel de la que provenía el repugnante olor.

«Así que de esto se trata. Una granja de miel. Tal vez no te guste la idea, pero debería llevarme un poco para analizarlo».

Con un palo que había en el piso Jeff toma una muestra y la coloca en un recipiente de cristal que saco de su mochila, ya que todos los frascos que había en la carpa habían reventado por el calor.

Volvimos con Paula.

«¿Qué es eso?» preguntó ella.

«Miel de sírfido ―contestó Jeff―. Los zombis la estaban produciendo en masa. Al parecer, alimentan a las moscas cernícalo con la basura de la ciudad».

«¿Moscas?» preguntó Paula.

«Sí, la mayoría de estas especies se alimentan principalmente del néctar de las flores, pero está en especial se asemeja a la mosca doméstica, se alimentan de la basura; por eso el terrible olor, pero la flor de dónde sacan el néctar es muy sensible a la luz, extraña, por cierto, por lo que estas densas nubes son excelentes para que puedan crecer sin problema» dijo Jeff (o al menos eso entendí después de que le pidiera quitar todos los términos científicos).

«¿Entonces ese es el plan malvado? ¿Producir miel de mosca?».

«¿Y para que la quieren?».

Jeff solo se encoje de hombros. «Creo que tengo una hipótesis―comenta―. Los zombis necesitan basura para alimentar a los sírfidos, y ¿Quién produce tanta basura además de los humanos? Si los zombis quisieran atacar el pueblo ya lo hubieran hecho, pero si se deshicieran de los habitantes ¿quién les proporcionarían más basura? Por eso les conviene más tenerlos controlados».

«Es por eso que tienen cercada Threed, para controlar su población y que esta no represente un problema».

«Creo que tengo una idea ―expresó Paula―. Si los zombis van tras la basura, ¿por qué no utilizamos la basura como carnada para tenderles una trampa».

«Me gusta como piensas ―comento―. Piensen equipo. ¿Qué clase de trampa le podemos tender a los zombis?»

Mousketson empieza a chirriar, así que le pido a Paula que lo traduzca.

«Él sugiere un montón de ratoneras gigantes» me contesta ella después de encoger los hombros junto con una sonrisa burlona.

«No suena mala idea, pero ¿de dónde vamos a conseguir eso?».

RING

«¿Ahora que sucede Mansanito?».

«Wow Ness, te oyes molesto. ¿Sucede algo?».

«Meh, pase mal la noche». Omití el hecho de que casi nos devoraban por su culpa.

«Oye, me quedé pensando en la idea que me diste ayer, la de fabricar un objeto para deshacerte de los zombis, yo nunca he visto uno, pero tú eres mi patrocinador así que tú mandas».

«Oh, muy bien, y ¿qué tienes?».

«Primero pensé en un tipo de ratonera gigante (sin comentarios), pero sería poco eficiente. Luego pensé en una trampa de oso, pero me dije: "no, que ridículo, los zombis no parecen osos". Aunque como ya te dije nunca he visto uno, así que no puedo asegurar nada…»

«Ve al grano».

«Oh sí, sí, estaba quedándome sin ideas, cuando veo una mosca pararse en un papel matamoscas. La pobrecita se desnucó intentando huir…».

«¡Que excelente idea Manzanito!».

«¿Sí?».

«Sí, es lo que ibas a decirme, ¿no? Acabas de inventar un papel para zombis ¿cierto?».

«Oh, claro, je je, no es como si te hubiera llamado para pedirte cambiar de proyecto».

«Descuida Manzanito, de todas formas, no hay manera de entrar o salir de Threed, por lo que no podría haberlo recibido».

(…)

CLICK

Ya teníamos la idea de lo que usaríamos como trampa y la carnada. Solo nos faltaba el lugar en donde la tenderíamos: De preferencia necesitábamos un lugar amplio en donde pudieran caber varios zombis. Por un momento pensamos en la carpa que teníamos detrás de nosotros, sin embargo, la estructura se había venido abajo y el lugar había quedado hecho ruinas. Aun así, esa no era la única carpa en la ciudad.

Regresamos al Centro de Protección Contra Zombis y les contamos a los presentes nuestro plan. Algunos cuchichiaban entre sí, otros solamente nos ignoraron y otros más se rieron al escuchar la idea del papel para zombis, pero ninguno nos dirigió la palabra.

«¿Es en serio? ―reproché―. ¿La ciudad está siendo atacada y ustedes prefieren quedarse refugiados aquí antes de escuchar a unos niños? Tarde o temprano se acabarán los recursos que producen basura y cuando los zombis ya no vean ningún provecho de seguir manteniéndolos con vida ¿qué creen que va a suceder?»

«Está bien, está bien, creo que no nos viene mal escuchar su opinión ―contestó con condescendencia una mujer del grupo que llevaba la delantera―. Ahora. ¿Por qué piensan que los zombis buscan nuestra basura?».

Les mostramos el frasco de miel de mosca.

«Por esto, los zombis la están industrializando y necesitan basura para eso».

«¡Ya quítenles el micrófono!». Gritó un joven desde la multitud.

«A ver, entonces su plan consiste en traer a los zombis a este mismo lugar, ¿y si ese papel para zombis no funciona qué? ¿Le van a entregar la carpa a nuestros enemigos?».

El adolescente que ya llevaba un rato molestando, pasó al frente y contestó. «Lo que sucede es que todo este asunto de zombis come basura y papel para zombis es una tontería». Era el mismo patán que nos habíamos encontrado en la farmacia el día anterior. Lo reconocí desde que mencionó la comida congelada para provocarme. «Tal parece que ustedes niños nacieron ayer, así que les voy a explicar. Los zombis comen cerebros y carne humana, no basura. Y no pueden atraparlos como si fueran moscas PORQUE NO SON MOSCAS».

«¡¿Cuál es tu problema?!».

«Mi problema es que no quiero escucharte decir más estupideces».

Una mujer se para en medio de ambos y exclama «Okay niños, ya es suficiente, no vamos a usar papel matamoscas para capturar zombis. A su tiempo les tenderemos una trampa, pero no será en esta tienda».

Un hombre esbelto y de bigote rizado toma la palabra. «… Creo yo, que la idea del papel para zombis es una de las locuras más grandes que he escuchado. Pero, ¿no se supone que este es un circo? Quiero decir, la gente viene a ver a hombres volando en cañón y osos montando monociclos. Hasta hace unos días creía haberlo visto todo, pero entonces me entero que los zombis son reales y veo un OVNI estrellarse en el cementerio de esta ciudad, es cuando me percaté que aún me falta mucho por ver, entonces ¿por qué no creer que la idea de estos muchachitos puede funcionar?».

«¿Y si no lo hace?».

«Si no funciona, los zombis recolectarán la basura y se irán ―contestó Paula―. Si no es la basura lo que buscan. Entonces no habrá nada aquí que los haga venir».

Los refugiados se ofrecieron a ayudarnos una vez que el señor Markovski ―el director del circo― nos permitiera usar su carpa. Nos hacía falta mucho pegamento, así como papel, por lo que alguien nos ofreció llevarnos hasta una fábrica de pegamento en la que él antes trabajaba, ubicada a las afueras de la ciudad, por lo que había que estar preparados, en caso de ver un zombi. Compré un nuevo casco de beisbol ya que el anterior lo había dejado en la aldea Feliz-feliz manchado de azul. Paula eligió un sartén más grande y más grueso, y aunque me ofrecí a invitarle algo a Jeff, él prefirió quedarse con sus gadgets.

Paula y yo acompañamos al hombre que nos llevaría a la fábrica de pegamento en camioneta junto con el señor Markovski. Por otro lado, un segundo grupo iría a recoger un rollo de papel a una imprenta que había quedado cerrada el día que aparecieron los zombis, por lo que el artefacto abre puertas de Jeff les sería de mucha utilidad. Aunque el tímido nerd se vio inseguro de ir en primer lugar, terminó accediendo por el bien mayor.

La fábrica era lo más oscura y fría que una fábrica abandonada puede ser. Estábamos en territorio zombi, así que debíamos ser cautelosos. Creo que el miedo a la oscuridad proviene de la ansiedad de no saber qué es lo que te espera en tu siguiente paso, a pesar de que lo tengas frente a tus ojos. ¿Nos encontraríamos con un zombi escondido en las sombras? No había forma de saberlo sin prender una lampara, y la lampara ya estaba encendida, por lo que si había algo oculto en las sombras nos vería antes que nosotros a lo que se esconde en las sombras.

Un joven de camisa rallada ve a los hombres que lo acompañaban cargar toda una caja con latas de pegamento sobre sus hombros cada uno y procede a imitarlos. Sin embargo, pesaban más de lo que parecía y sus delgados brazos aun no terminaban de desarrollarse.

«Ness, lleva tan solo de dos en dos» dijo Paula mientas cargaba dos latas de pegamento.

«Estoy bien».

El señor Markovski vio que la caja que tenía entre mis brazos a penas y se movía, por lo que se ofreció a ayudarme. Ni siquiera pude dar una respuesta antes de que la caja me fuera arrebatada de las manos.

Mientras veía la espalda de aquel hombre dirigiéndose a la camioneta de carga el joven entusiasta se queda pensando en cómo él mismo estaba destinado a luchar contra un ejército alienígena mucho antes de convertirse en hombre y el largo camino que le faltaba por recorrer. Incluso la telequinesis no había sido suficiente para levantar una simple caja.

Paula, que ya iba en su tercera vuelta, se ofrece a ayudarme.

«No, ¿sabes qué? creo que tienes razón, me llevaré de dos en dos».

«Meh, te ahorro unas vueltas».

Entre los dos levantamos una caja y la cargamos al camión. Realizado le sonreí a la chica de ojos gris-azulados. ―Sí, al parecer ella tenía ese mismo color de ojos el día que la conocí, solo que no le había prestado atención hasta ahora―. Recordé las palabras que pronuncio Buzz-buzz aquella otra noche: "Valor, Amistad y Sabiduría". Creo que después de todo contaba con lo necesario para combatir el mal.

Aun cabían más cajas en la batea de la camioneta, pero entonces nos dimos cuenta que un grupo de zombis se había empezado a reunir alrededor de la fábrica. Decidimos que teníamos suficiente pegamento, así que salimos a toda marcha del lugar; arroyando cuanto cuerpo se interpusiera en nuestro camino.

Regresamos a la carpa, donde nos esperaba Jeff.

«¿Cómo te fue?» le preguntamos a Jeff.

Jeff levanta los hombros en respuesta.

«Oigan. ―Se acerca el grupo que había acompañado a Jeff―. El nerd es su amigo, ¿no es así?».

«Sí, así es» contestamos con decisión por si se querían burlar de él.

«Tremendo material el que tienen aquí. Hizo volar un auto con zombis adentro que querían bloquearnos el paso».

«Fue bastante sencillo, si tomas en cuenta que ya no tenía capó» contesta con modestia Jeff mientras se acomoda las gafas».

«Y según cuenta, el OVNI que se estrelló en el cementerio es suyo».

«Yo nunca dije eso».

«De hecho a nosotros nos consta que el chico de aquí llegó en ese OVNI. ¿No es así Jeff?».

«Pues sí, pero yo no lo hice, lo tomé prestado».

«¿Se lo pediste prestado a un alien?» pregunté en un tono vacilón.

«¿Por qué no comenzamos a trabajar y dejamos la charla para después?» dijo Paula después de notar que Jeff se estaba sintiendo un poco presionado.

Todos colaboraron para hacer de aquel lugar una trampa. Hasta los adolescentes de la farmacia se ofrecieron para ayudarnos a extender un rollo de papel sobre la pista. Por cierto, el líder se llamaba Tyler.

Después de colocar un contenedor con todos los desperdicios que encontramos en los alrededores se colocó el pegamento sobre las hojas de papel. Terminamos para el anochecer. Ahora solo faltaba descansar y esperar hasta el día siguiente. Todos los refugiados pasarían la noche en un hotel y nosotros también, claro, después de comprar unos tacos para cenar.

«Alguno de ustedes ha estado antes en un hotel».

«Yo sí» respondió Paula.

«Excelente. Hagan lo que hagan no revisen la cartilla que está al lado del teléfono. Es una trampa».

La habitación tenía dos camas matrimoniales. Jeff y yo pusimos nuestras cosas en una y Paula dejo las suyas en la otra.

Jeff se puso a organizar su mochila. Me daba curiosidad saber que era el artefacto que cargaba sobre su espalda. Así que pregunté.

«Es un mega cohete botella ―nos explicó mientras lo sacaba de su recipiente―. Desde que lo armé, he estado buscando el mejor momento para lanzarlo, pero ahora que me doy cuenta que estamos en una misión para salvar al mundo, decidí que lo guardaré para una emergencia».

La mirada del niño no se apartaba de su creación. Un cohete casero de cartón cubierto de aluminio plateado y con la copa pintada de rojo. Jeff incluso registró el modelo: versión 1.04. Era algo impresionante.

«¿Sabes?, esto pudo ser de mucha utilidad en el cementerio» comenté.

«Sí bueno, comenzamos a correr y ni siquiera tuve oportunidad».

«Cuéntanos un poco más sobre ti Jeff» dijo Paula sentada en su cama.

«Pues bien, como ya pudieron notar, no tengo PSI. Pero poseo otras habilidades que quizá puedan ser útiles en el viaje».

«Me refiero, a tu vida, je je ―aclaró Paula―. ¿Quién es Jeff? Puedes comenzar por tu apellido si quieres».

Por lo que pude notar, a Jeff se le hacía más fácil soltar datos científicos que participar en una conversación. Cada vez que se le hacía una pregunta sobre sí mismo contestaba con una respuesta corta ―como sí o no― y luego levantaba la cabeza como si el resto de la respuesta estuviera escrita en el techo. De hecho, parecía como si estuviera recitando un currículo. «Nací en Winters, desde que recuerdo he tenido habilidad con las matemáticas, pero mi verdadera vocación la descubrí a los 10 años: armar cohetes botella». Pero ni siquiera mencionó su apellido.

«¿Algún amigo?» pregunté.

«Sí, uno. Toni, es mi compañero de cuarto y mejor amigo».

«Debió ser duro dejarlo» exclama Paula con empatía.

Me llamó la curiosidad que Jeff mencionara un compañero de cuarto. Podía tratarse de uno de varios hermanos, aunque por el estilo de Jeff, no me habría sorprendido al escuchar que el chico iba a la universidad; en cualquier caso, decidí preguntar.

Jeff iba a un internado. No sabía mucho de esos lugares además de que significaba vivir en una escuela, lo que se me hacía bastante cruel. ¿No son suficiente las ocho horas que uno pasa estudiando? ¿En qué momento uno ve a su familia o recibe el cariño de su madre después de un día duro? Recuerdo que incluso vi una película en donde le daban un reglazo en las manos a un niño por desobedecer el reglamento. Solo por el nombre, "Snow Woods" ―el internado a donde asistía Jeff― sonaba como un lugar frío. Sea que fuesen ciertas o no las ideas que tenía sobre los internados, preferí no hacerle más preguntas a Jeff.

«¿Qué hay de tu familia?» preguntó Paula.

«Pues… verán… yo…» Jeff no sabía qué contestar «¿Saben qué?, no soy bueno haciendo esto. Ustedes son chicos muy extraños para mí y estoy seguro de que a mí ustedes también me ven raro, nunca antes había dejado Winters. Por lo que todo es nuevo para mí. Lo único que se de Eageland es lo que aprendí en mis clases de antropología, y en ningún lugar vi algo sobre una ciudad que estuviera bajo el control de zombis. Sonará ridículo, pero…. ―Se sonroja―. Paula es la primera chica de mi edad con la que hablo…».

«Bueno, es un honor para mí» responde la chica sin saber cómo reaccionar.

Cabizbajo Jeff concluye: «Lo único que deben saber sobre mí es que no se socializar».

Tal vez Jeff no lo había notado, pero acababa de mantener un dialogo de forma natural.

«Creo que yo… disculpen que lo mencione, pero… ¿hay turnos para usar la regadera?».

«Úsala» lo instamos.

No se lo pedimos, pero antes de meterse a bañar Jeff mencionó algunos datos sobre el metabolismo de su cuerpo y términos científicos que justificaran su olor corporal. Sí, lo sé, no había necesidad teniendo en cuenta la actividad física que había tenido, además de que tampoco olía peor que nosotros, pero así era Jeff.

Una vez que Jeff se metió a duchar observo que Paula se quedó pensativa mirando su cama, por lo que le pregunté si ocurría algo».

«Es tímido ―expresó ella―, tal vez fui un poco imprudente con mi pregunta, pero, creo que lo mejor será no hacerlo sentirse obligado a hablar de su vida personal. Después de todo queremos que se sienta cómodo entre nosotros».

«Sí, bueno, creo que me será difícil compartir un tema de interés con alguien que ha pasado toda su vida en una escuela».

«¿En serio? Porque te vi muy interesado en su cohete botella».

«Es que sí está increíble».

«Confía en mí. algunos de los niños en el prescolar son bien tímidos cuando llegan por primera vez, pero al cabo de un tiempo se integran al grupo».

«Ahí vas de nuevo».

«¿Qué?» preguntó extrañada.

«No puedes tratar a todo el mundo como a niños de prescolar».

«¿Por qué no?» preguntó algo a la defensiva. «Todos fuimos niños de prescolar en algún tiempo».

«Pues sí, pero no a todos les gusta recordarlo».

Una vez que salió Jeff de bañarse entró Paula y al salir Paula entré yo. Incluso Mousketson recibió un baño en el lavabo. Había sido un largo día para los cuatro, así que no tardamos en caer dormidos. Cuanto agradecí poder volver a dormir en una cama aquella noche.