El sol brilla en lo alto, los pájaros cantan y todos celebramos a nuestra manera la caída de Eructo, en lo personal creo que la mejor manera de hacerlo era sentarme con mis amigos y respirar algo de aire puro mientras tomamos un baño en un estanque de aguas termales en compañía de curiosas criaturas narizonas.

Resulta que la salida trasera de la fábrica conectaba con la Aldea Saturno a través de un camino oculto.

«En resumidas cuentas. Después de que te desmayaste. Jeff hizo explotar a Eructo, sacamos a los inconscientes de la fábrica para ponerlos seguros y regresamos para acabar por completo con la fábrica y liberar a los Señor Saturno».

«Wow y como cerraron la fábrica» pregunta Paula.

«Fue bastante simple ―responde Jeff―. Solo tuve que echar algo de super-pegamento en los engranes de la sala de máquinas para hacerla dejar de funcionar».

«¿ALGO MÁS QUE NOSOTROS PODER HACER POR TUDES?» pregunta un Señor saturno que sostenía una toalla sobre su cabeza al lado del estanque.

«Gracias amigo, así estamos bien».

Pasamos un buen tiempo en las aguas termales intentando no mencionar el asunto de los zombis, Eructo o Giygas. Solo queríamos un momento de calma después de tanta acción.

Sumerjo mi cuerpo completo bajo el agua, dejando únicamente mi cabeza en la superficie. «¿Saben? yo no sé ustedes, pero por mí podría quedarme todo el día aquí» digo con los ojos cerrados.

«Hum chicos, ¿y a nosotros cuando nos toca?» pregunta la voz de un niño».

Cuando abro los ojos veo a varias personas y a algunos Señor Saturno haciendo fila para poder tomar un baño.

«Sí, creo que ya es suficiente» digo.

La aldea saturno era muy diferente a cualquier otra ciudad que hubiera visto antes: No tenía calles. Las casas estaban dispersadas por el terreno montañoso. Algunas estaban construidas junto a acantilados, cuya única forma de llegar era a través de escaleras de mano (curioso para un grupo de criaturas que no tienen manos) y otras se situaban en lugares más accesibles. Sus habitantes tienen formas curiosas de hacer las cosas, pero para nada diría que son un pueblo primitivo. Tienen un pequeño huerto de cacahuate y remolachas. Cuentan con su propio sistema de escritura, registrada en una biblioteca local. También cuentan con un doctor ―un señor saturno con espejo frontal en su cabeza― y un hospital. Tenían aire acondicionado y teléfonos. Hombre, hasta tenían su propio sistema de comercio.

La hospitalidad de los Señor Saturno era sorprendente. No solo se ofrecieron a lavar nuestras ropas, también nos invitaron el almuerzo junto con los ciudadanos de Threed. El platillo principal: Queso de maní. Al parecer era lo mismo que los dulces envueltos que nos habían ofrecido antes de partir a la cascada. Apestaba, pero no peor que Eructo o la miel de mosca, así que nos arriesgamos a probarlo, después de todo necesitábamos fuerzas para continuar el viaje. Para nuestra sorpresa supo bastante bien.

Era el momento de partir. El viaje que estábamos a punto de hacer sería el más largo hasta ahora, y sabía que necesitaba toda la fuerza de voluntad posible. Le llamé por teléfono a mis padres para pedirles apoyo y algo de dinero para el viaje.

«Ness, el grupo está por partir a Threed» me dice Paula.

«No regresaremos a Threed».

«¿Entonces a donde iremos?».

«A Fourside».

Fourside ―la gran banana― era de lejos una de las ciudades más grandes y prosperas de toda Eageland, situada en la costa éste del país. Es decir, dirección contraria a Onett ―situado en la costa oeste―. Sin embargo, ese no era momento para actuar como un cobarde, sino como un líder.

«(…) ¿Recuerdas la estatua por la que Everdred me preguntó? Estaba en la aldea Felíz-felíz y al parecer es culpable de que todos perdieran la cabeza en ese lugar. Según Eructo, Giygas la ha metido a Fourside. Tenemos que encontrarla y destruirla antes de que sea demasiado tarde. ―Suelto un gruñido de frustración―. ¡Sabía que había algo extraño en esa cosa!».

«Entonces tenemos que volver a Threed para tomar un autobús hacia Fourside» me dice Paula.

«Threed está cercada, ¿lo olvidas? Los autobuses no pueden entrar ni salir de allí».

«¿Y qué propones?».

«Hasta donde yo sé, hay más de un camino para llegar a un lugar. Cuando salimos de la fábrica vi una brecha que se adentraba en la montaña. Si la seguimos tal vez lleguemos a un pueblo o una ciudad en donde podremos tomar un autobús».

«¿Y si en vez de llegar a un sitio nos perdemos?».

«Para eso tenemos a Exit Mouse».

Reanudamos la marcha. Avanzamos a través de un estrecho valle repleto de arbustos y matorrales.

«¡Auch! estas ramas» refunfuñó Paula después de que su cabello se atorara con una que salía de la pared.

«En realidad es una raíz» corrigió Jeff mientras ayudábamos a Paula.

«Ness, estoy casi segura de que este no es un camino».

«Como se nota que nunca han usado un atajo» exclamé en son de burla.

«Mousketson, ¿no le vas a decir nada?».

El ratón chilló, pero Paula no dijo nada, creo que el pequeño explorador estaba de mi lado.

«Vamos chicos, ¿Dónde está su sentido de la aventura?».

«Hum, ¿chicos?» exclama Paula.

Algo cascabeleó entre los arbustos.

Nos pusimos a la defensiva. No era exactamente un animal lo que nos encontramos ino más bien una especie de planta humanoide: su cuerpo parecía un gran cardo, poseía brazos y piernas; y sobre su cabeza ―que era una flor― habían dos ojos, así como una boca.

A este se le unieron dos más, eran tres en total, todos nos apuntaban con sus lanzas cuyas puntas asemejaban una hoja. Con ellos también llegaron pequeños brotes con patas y un malvado hongo caminante, pero este último no era rosado con puntos blancos como los de Twoson, sino verde y de una muy mala pinta.

«¡Vamos equipo! podemos con ellos» alenté.

Antes de que Paula o yo pudiéramos lanzar un primer golpe, empezamos a tallar una de nuestras rodillas con la otra al mismo tiempo. Los brotes cargaban en sus hojas una especie de pica-pica. Menos mal Jeff utilizaba pantalones.

Jeff dispara algo de pegamento, dejando a uno de los hombres cardos adherido al suelo. Al ver el resultado carcajeó y procedió a burlarse: «Ahora qué vas a hacer».

El hombre cardo suelta una fragancia hacia la nariz de Jeff.

«Oh, eso huele bastante bien» dice Jeff antes de caer dormido sobre unos matorrales.

Salto entre hierbajos para alcanzar a Jeff y ponerme en frente de él con el fin de protegerlo.

«¿¡Que le hiciste!?» le pregunto al hombre cardo mientras repelo su lanza con mi bate. A pesar de su baja estatura, poseía una fuerza similar a la mía.

Genero una descarga de PSI que arrasa con los brotes. Sin embargo, los hombres cardos eran muy insistentes y volvían a levantarse para seguir luchando.

Paula, quien estaba no muy lejos de nosotros estaba peleando con el tercer hombre cardo mientras lidiaba con la picazón.

El hombre cardo la punza con su lanza haciéndola encogerse en cuclillas.

Creo un campo de fuerza alrededor de Paula y luego la insto a usar Fuego PSI para quemarlos de una sola vez, pero ella se muestra indecisa.

«No puedo, no se me hace correcto».

«¿Que no qué?».

«Son seres vivos que solo están defendiendo su territorio».

«Ah, pero no te importó eso cuando casi te pones a perseguir a ese oso en la caverna de la aldea Feliz-feliz».

«¿Quieres discutirlo ahora?».

«¿Y qué me dices de los montoncitos de porquería?».

«¿Te refieres a los secuestradores de los Señor Saturno?».

El escudo de Paula se rompe y yo lo siento como un estallido en mi cabeza que me deja algo aturdido. El cardo aprovecha la oportunidad para punzarme en un costado y tirarme sobre mi propia mochila. Está por clavarme su lanza en el pecho cuando yo doy una vuelta en el suelo para esquivarlo.

Paula lanza una ráfaga de fuego a mi contrincante y con algo de telequinesis le arrebata la lanza al otro. Este último suelta ese agradable aroma en las narices de Paula, pero ella se cubre rápidamente. Una vez yo de pie la ayudo a encargarse del enemigo.

Fue todo. Utilizo PSI para aliviar la comezón que nos habían dejado esos brotes.

«¡Asombroso!» exclamo mientras le muestro los cinco a Paula.

Para mi sorpresa, Paula no se veía nada feliz. Ella estaba de brazos cruzados.

«Oigan, ¿qué sucede?» pregunta Jeff despertando de su sueño de tierra.

«Pues nada ―contesto sarcástico―, que si Paula no se hubiera hecho la santa esta batalla se habría acabado mucho antes de comenzar».

«Al menos yo tengo valores» refuta Paula.

«¿Llamas valores a perdonarle la vida a unas plantas? Dime, ¿crees que la comida que comes todos los días esta echa de polvo de estrellas?».

Paula refunfuña al tiempo que da un zapatazo.

«Okay chicos, ―exclama Jeff al tiempo que se pone en medio de los dos―, (dijo algo más pero no le presté atención)».

«Nada de esto hubiera pasado si hubiéramos regresado a Threed en vez de ponernos a buscar atajos. Dime Ness, ¿te gustaría que algún extraño entrara a tu casa para lastimarte a ti y a tu familia por pura diversión?».

«Oye Ness, ―Jeff señala a una piedrita azul que hay en el piso― ¿Esa no es tu piedra?».

Por supuesto que lo era, debió haberse salido de mi bolsillo cuando aquel "gnomo" me tiró. Por alguna razón estaba tintineando discreta y suavemente.

«No sabía que podía hacer eso» exclamó Jeff.

«Lo hace cuando llegamos a algún santuario, aunque con más intensidad y reproduciendo una melodía».

«¿Y crees que haya un santuario cerca?» pregunta Jeff.

«Sí, tal vez» le respondo a Jeff. «Al parecer mi atajo sí nos está llevando a algún lado» digo en son de burla.

No podía entender la frustración de Paula. «Había que hacer lo necesario para sobrevivir» pensaba, y el hecho de no poder hacerla razonar como yo me molestaba.

Paula se dirige a mí un poco más tranquila pero aun algo enojada: «Ness, tú sabes que nuestras habilidades pueden ser letales, si no tenemos cuidado podríamos causarles daño a personas inocentes».

«Paula, estamos en una guerra, y en un campo de batalla no hay reglas además de vivir o morir».

«De hecho eso no es cierto ―dijo Jeff―, en muchas civilizaciones de la antigüedad los guerreros honorables se regían por códigos».

«Gracias Jeff» exclamó Paula.

«Bien, ¿y no sería bueno tener uno y conocerlo en vez de inventarlo en medio de la batalla?».

Después de discutirlo durante algún tiempo llegamos a esta conclusión.

PODÍAMOS USAR CUALQUIER PSI OFENSIVO Y PIROTECNIA CONTRA ROBOTS, ZOMBIS Y OBJETOS INANIMADOS, Y COMO SE TRATAN DE NUESTROS PRINCIPALES ENEMIGOS, TAMBIEN SOBRE ALIENIGENAS.

PODÍAMOS USAR PSI FREEZE α* Y PSI ROCKIN EN ANIMALES SIEMPRE Y CUANDO ESTOS FUERAN AGRESIVOS Y SE INTERPUSIERAN EN NUESTRO CAMINO, PERO ESTABA PROHIBIDO USAR FUEGO PSI β Y PIROTECNIA PESADA EN ELLOS.

PODÍAMOS USAR CUALQUIER TIPO DE FUEGO PSI EN PLANTAS Y HOMBRES PLANTAS SIEMPRE Y CUANDO SE INTERPONGAN EN NUESTRO CAMINO, PERO NO PODÍAMOS USAR PIROTECNIA ALGUNA EN ELLAS PUES GENERARÍA UN INCENDIO.

Y ESTABA COMPLETAMENTE PROHIBIDO USAR CUALQUIER TIPO DE PSI OFENSIVO EN HUMANOS.

QUIEN ROMPIERA ESTE CODIGO HABRÍA DESHONRADO SU PAPEL COMO ELEGIDO.

«Okay, ¿pero si una multitud de humanos controlados por esa estatua nos acorrala?» pregunto.

«Confiemos en Dios ―dice Paula―, recuerda que nuestro objetivo es destruir esa cosa no a las personas que controla».

Los tres continuamos nuestro camino, ahora más unidos que antes.

En cierto trayecto del camino Jeff nos comentó que no se estaba sintiendo muy bien. Resulta que un hongo había empezado a crecer en su cabeza.

«Te encargaste del hongo maligno caminante, ¿no es así?» le pregunto a Jeff.

«Bueno, le disparé después de al hombre planta, pero lo esquivó y salió corriendo».

«El muy cobarde debió rociarte mientras dormías» argullo.

Jeff pierde el control y en un tono completamente inquieto empieza a hablar sobre un hongo paracito que convierte a las hormigas de las selvas en zombis

«¡Yo no quiero ser un zombi!» gritó.

Paula y yo buscamos calmarlo.

«Tranquilo, si son como los de Twoson estarás bien durante algún tiempo» le digo.

Yo sabía lo que se sentía, así que le ofrecí una mano a Jeff para guiarlo en caso de que sus movimientos o sentidos empezaran a fallar.

Llegamos a una caverna, donde estábamos casi seguros que nos encontraríamos al guardián de mi santuario, ¿cómo sería la criatura que lo protegía? No encontramos nada además de un pequeño brote seco y marchito. Al brote le salieron dos ojos de su tallo y después de hacer erupcionar la tierra creando un montículo mostró una boca.

«Yo soy El Brote Billonagenario, sobreviviente por excelencia y ser vivo más longevo hasta ahora».

No sabíamos cómo reaccionar, ¿después de enfrentar a una hormiga y un topo

gigante, este era el siguiente jefe a derrotar? Un poco decepcionante, a decir verdad.

«Hem… eres una planta».

«Más respeto mocoso ―exclamó―, he vivido más que toda tu especie».

«Espera. ¿Brote billonagenario? ¿quieres decir que has vivido un billón de años?» preguntó Jeff.

«Sí, así es» respondió el brote.

«Eso es físicamente imposible, porque, el universo solo tiene catorce mil millones de años».

«Oh… ¿Y qué va a saber un bebe como tú? ―replicó el brote―. Además, es difícil medir el tiempo en una cueva después de tantos años».

Se le arruino la presentación a este tipo .

«Como sea anciano». Le hago señas a mis compañeros para que pasemos de largo al "brote billonagenario".

Una raíz se levanta del suelo haciéndonos tropezar.

«¿A dónde van? No preparé mi discurso durante más de mil años para ser ignorado de esta manera. Niños groseros. Si quieren saber cómo un triste y marchito brote ha sobrevivido durante tantos años en esta oscura y fría cueva…».

«En realidad no» interrumpo.

«Se los voy a decir de todas maneras ―insiste en un tono de frustración―. A pesar de la poca luz que he recibido del sol, mis raíces han crecido fuertes gracias al Poso Lechoso, su néctar es mejor que todos los fertilizantes juntos, y no pienso compartirlo con nadie».

«Te refieres a Mi Santuario».

«Ah, ¿ahora si te interesa? Si lo quieres tendrás que quitármelo». El Brote Billonagenario suelta un grito desagradable que llama a más brotes a la batalla.

«Pues son plantas» digo mientras miro por todos lados.

«Y están en nuestro camino» agrega Paula.

«Entonces hagámoslo».

Paula lanzó una ráfaga de fuego que iluminó toda la cueva de una luz naranja. Luego yo lancé una descarga de PSI Rockin agregando destellos color neón.

De repente y sin previo aviso Jeff le dispara dos guijarros a Paula.

Paula le reclama a Jeff.

«Lo siento Paula, no sé qué me sucede, el ataque era para El Brote Billonagenario».

«El hongo en tu cabeza, está alterando tus movimientos» dije yo.

«¡Por favor quítenme esta cosa!» exclamó de desesperación.

El Brote Billonagenario se ríe de nosotros. «Esto sí es divertido, ustedes mismos se causan más daño del que les hacen mis sirvientes».

Paula lanza otra ráfaga de fuego, esta vez al pequeño brote con ojos. Este es consumido por las llamas y desaparece.

De la tierra emerge otro brote con ojos, pero este era verde.

«Vaya, eso fue doloroso. ¿En serio creían que sería tan fácil derrotar a alguien que ha sobrevivido durante eras? He sido testigo de la extinción de un gran número de especies, y de seguro seguiré vivo cuando suceda lo mismo con la suya».

«Sí, sí, ya entendimos, eres resistente, fanfarrón» respondí con sarcasmo.

«Por si no lo sabes, hay alguien más en busca del poder que tú posees ―dijo Paula―

y quiere utilizarlo para destruir la Tierra. ¿Qué crees que ocurrirá cuando eso suceda?».

«Aquí los únicos que están destruyendo el planeta son ustedes, ¿o quieren que crean que lograron llegar aquí sin matar una sola planta? Te tengo noticias, niñita, los que se extinguirán serán ustedes, pero la tierra se puede reparar por si sola y yo también».

Jeff suelta un grito de dolor mientras se aprieta la cabeza. «¡Se está comiendo mi cerebro!» exclamó.

«Hay que intentar llevarlo al santuario» exhorto.

Puesto que El Brote Billonagenario era la única planta adherida al suelo del lugar sería fácil burlarlo y seguir adelante.

«Ah no, ustedes no irán a ninguna parte».

Un temblor sacudió el lugar, un montón de raíces empezaron a emerger de la tierra y el Brote Billonagenario comenzó a alzarse. Bajo ese montoncito de tierra de donde sobresalía un tallo verde había un cuerpo tonificado hecho enteramente de raíces.

«No inventes» exclamo al ver que el enemigo ahora era más alto que nosotros.

Me tira al suelo de un golpe.

Para ser alguien que supuestamente tiene un billón de años se veía bastante bien.

En el suelo genero un escudo sobre mi cuerpo, justo antes de recibir otro golpe.

«¡Solo arránquenme este hongo de la cabeza!» gritó Jeff.

Eso me dio una idea.

«Paula, utiliza Fuego en El Brote Billonagenario, pero no en su tallo, sino en sus raíces».

Paula lo hace, así releva mi lugar mientras que yo cubro a Jeff quien ya se había tirado al piso por el dolor.

«Vamos amigo, tienes que levantarte».

«¿Sabes lo que hace la colonia con la hormiga que porta un hongo?».

El Brote Billonagenario lanza un golpe, pero Paula lo repele con su sartén, lanza otro y Paula lo esquiva encontrando la oportunidad para lanzar PSI Fuego, esto se repite varias veces.

El enemigo cae derrotado, siendo consumido por el fuego.

Paula corre junto a nosotros. «¿Como está?» preguntó sobre Jeff.

«Débil».

Llegamos a una fuente natural que brotaba en medio de un verde valle. Solo que la fuente no era de agua, sino más bien de una sustancia parecida a la leche, aunque con un ligero color rosado.

En alguna parte de mi corazón escucho la voz de mi mamá diciendo: «Se un joven pensativo y fuerte» después de escuchar la melodía del lugar.

Paula vigila a Jeff mientras este duerme con la cabeza sobre sus rodillas. El rostro de ella refleja preocupación.

«No quiero ser inoportuno, pero, buen trabajo el que hiciste ahí adentro» le digo a Paula en un tono quieto.

«Luchar por mis amigos me da fuerza» me dice ella mientras me sonríe de lado.

Paula me muestra los cinco y yo acepto el saludo.

El hongo sobre la cabeza de Jeff se desprende, haciéndonos sentir más tranquilos. A los pocos segundos Jeff se despierta con dolor de cabeza, pero sano. Ahora podía apreciar el bello lugar.

«Bienvenido a Mi Santuario».

¿Qué era exactamente la leche que brotaba de aquella fuente? No lo sé, y Jeff ―el cerebro del grupo― tampoco. No era exactamente algo apetecible para nuestras lenguas, pues era muy amargo; quizá algo que nutre a las plantas. Puesto que Jeff se había quedado sin recipientes de muestra nos tuvimos que quedar con la duda.

Ese era el final del camino, solo podíamos volver.

Pasamos junto a los ennegrecidos restos de un viejo brote.

Paula se detuvo a contemplarlo una última vez.

«Ness, ¿sabes por qué deje de usar mis poderes?».

Guardé silencio y dejé que Paula hablara.

«Tenía siete años, mamá y yo estábamos en el parque, era hora de volver a casa, pero yo quería seguir jugando, mi berrinche provocó que cayera un rayo. ―Se entrecierra su garganta―. Casi golpea a mamá… ―Paula se queda mirando al suelo durante algunos segundos, como si visualizara la escena y luego continúa devolviéndole el volumen a su voz: ― Aunque nadie salió realmente herido ese día, comprendí que mis poderes son peligrosos, yo, soy peligrosa».

Jeff y yo guardamos algunos segundos de silencio.

«Bueno, de no ser por esos poderes, Jeff seguiría con un hongo en la cabeza» digo después de haber pensado bien mis palabras.

«Sí, creo que tienes razón. Esa fue una de las razones por la que decidí acompañarte en tu viaje, encontrarles un propósito a mis habilidades.

«¿Y que hay de ti Jeff? ―pregunté al chico que hasta ahora había decidido guardar silencio― ¿qué te impulsó a hacer este viaje?».

Mi pregunta lo agarró desprevenido «Pues, vine porque ustedes me llamaron».

«Pues sí, pero no cualquiera habría cruzado el océano para ayudar a dos niños a los que ni siquiera conoce».

«Bueno, como ya se habrán dado cuenta, no soy un tipo normal ―Jeff guarda silencio para meditar que sería lo siguiente que iba a decir―. Siempre había tenido ganas de dejar Snow Woods, conocer el mundo, y conocerme a mí. Solo que no había encontrado una razón para hacerlo. Una noche salí de mi cama para investigar quien me estaba llamando, y siguiendo la frecuencia llegué al otro lado del océano. Puedo ser un poco persistente a veces».

Llegamos a la Aldea Saturno al anochecer, ahí nos invitaron una taza de café y un lugar en donde dormir antes de volver a Threed a la mañana siguiente.

Si pudimos llegar hasta aquí, podíamos cruzar cualquier obstáculo que se levantara contra nosotros, siempre y cuando siguiéramos unidos.


Nota

*Para diferenciar la magnitud del ataque Jeff sugirió clasificarlos de esta manera: alfa y beta. A partir de ahora, cuando lean α seguida de una habilidad PSI se trata de una descarga mínima y cuando lean β es una descarga mayor.