Le quito a Jeff los auriculares y me los pongo.

Escuché la voz de un varón, habló de forma cordial y enérgica como hablaría un reportero.

«... Les daremos una pista de donde pueden encontrarla (interferencia)… #38 de Twin Pigs Street (interferencia)… Gracias por sintonizarnos. Prrr ».

De inmediato corro a buscar un taxi, Jeff viene detrás de mí preguntando a donde íbamos.

«Al #38 de Twin Pigs Street» le dije a nuestro chofer, aun sin tener ni idea de donde quedara eso.

«Está a tres cuadras del "Time", ¿te llevo o prefieres…».

«¿Qué más te dijo esa voz?» le pregunto a Jeff tan pronto como llegamos a la mencionada calle.

«¿No se supone que eran tres? ¿Dónde se ha quedado la chica?».

Mi corazón luchaba por huir de mi pecho y mi cabeza hacía un esfuerzo por no dejar escapar el peor pensamiento.

Tan pronto como empezamos a gritar su nombre:

¡PAULA! ¡PAULA!

«Ness, ya hemos estado aquí antes», dijo Jeff.

Sobre la calle estaban las huellas de unas llantas que señalaban hacia un hoyo en la pared de un negocio abandonado. Era el lugar en donde casi nos atropelló aquel taxi loco.

Ahora que era de día podíamos ver cómo la mayoría de los negocios estaban abandonados, no solo cerrados; por lo que casi no habia actividad en los alrededores.

Nos asomamos por el agujero en la pared.

«Paula, ¿estás aquí?».

En la oscuridad una luz violeta se encendió. Nos quitamos de su alcance.

El resto de la pared se desmorona. De la nube de polvo que esta salió un viejo enemigo.

«¿Monstruo de Chatarra Malvada? ¿Te quedaste con ganas de un segundo round? ―Saco mi bate de la mochila―. ¡Vamos Jeff! ya pudimos con él una vez.

«De hecho no lo hicimos. Paula lo hizo».

«¿¡Qué!?».

El Monstro de Chatarra Malvada lanza un golpe que me manda a volar. Jeff sale corriendo en mi auxilio

«¿Cuál es el plan?» pregunta mientras me ayuda a levantarme.

«Procurar no morir y destruirlo».

El enemigo prepara otro rayo.

«Cuando diga "ya" te avientas hacia la derecha» dice Jeff.

«Bien».

«¡Ya!».

Jeff saca pirotecnia de su saco, al verla proyecto una sonrisa.

«Necesito Fuego PSI».

«Yo… no sé hacer eso».

El Monstruo de Chatarra arranca contra nosotros, Jeff se tira al suelo como una muñeca de trapo mientras me insta a hacer lo mismo, pero yo ya estaba saltando hacia la derecha. El puño hecho de una televisión me volvió a alcanzar, pero esta vez golpeándome en la cabeza, de no haberme puesto el casco para la batalla no se si la habría contado.

Me curo y me levanto. En cuanto a Jeff, él no parecía haber recibido daño alguno.

El Monstruo de Chatarra nos estaba dando la espalda, y la calle era demasiado estrecha como para permitirle girar. Era nuestra oportunidad.

Reúno toda mi concentración y estoy por lanzar una descarga de PSI Rockin, pero justo antes de eso Jeff se me avienta sobre mí. El rayo cruzó por encima de nosotros.

El enemigo había girado su torso para atrás teniéndonos nueva mente en frente de su cañón.

«Ni siquiera tengo oportunidad de usar mis ataques más poderosos contra él, ¿cómo vamos a derrotarlo?».

«Ponchando sus ruedas» contesta Jeff mientras apunta con su láser.

Corrimos a protegernos en un callejón.

«Okay, ahora solo falta encargarnos de su rayo de la muerte» exclamé.

Jeff y yo nos quedamos pensando en un plan.

«Lo tengo ―exclamé yo―. Dame una de tus bombas».

«Pero no tenemos como encenderlas».

«Confía en mí».

Asomé la cabeza del oso de peluche para llamar la atención del enemigo. No tardó ni dos segundos en estallar.

«Okay, tardará en recargar» dije antes de salir al frente. «Oye Megatron, ¿has jugado como jardinero antes? ¡Atrápala!».

Con Telequinesis sostengo una bomba delante de mí, lista para ser bateada. El objetivo era la boca de la lavadora ―o cañón, como quieran verlo―.

Fallé, la bomba rebotó en la lavadora y calló en el techo de la camioneta.

«¡Oh vamos!».

Simplemente uso telequinesis y la pongo en su lugar justo antes de que el Monstruo de Chatarra disparara su rayo.

Ahora que lo pienso: un pequeño error y allí habría quedado.

No importa. La lavadora explotó y todas las piezas de la maquina se vinieron abajo dándonos así la victoria.

«Oye, bien hecho» dijo Jeff saliendo del callejón.

«Así como tú evitando esos rayos».

«Trigonometría básica. Podía cambiar la dirección de su disparo, pero no la altura, por lo que era bastante predecible a donde debíamos movernos».

Agarro el decapitado peluche recordando la razón por la que habíamos llegado a esa calle en primer lugar. «¿Y si ese robot la…».

La radio de la OPEL comenzó a sonar de la nada. La voz que hablaba era enérgica y carismática como la de un vendedor:

«Ven ahora a los Grandes Almacenes de Fourside, aquí encontrarás lo que estás buscando. Grandes Almacenes de Fourside, te esperamos… (interferencia)… Prrr».


Los Grandes Almacenes de Fourside estaban ubicados en el centro de la ciudad, el edificio era lujoso, contaba con 3 niveles superiores. Nos habríamos quedado a admirar el lugar si no hubiéramos tenido prisa por encontrar a Paula. Estábamos cansados de correr de un lugar a otro. Mis pulmones y corazón estaban luchando por espacio dentro de mi pecho.

«Este lugar es gigante, ¿por dónde empezamos a buscar?» preguntó Jeff.

No sabía cómo contestarle a Jeff, solo podíamos preguntar.

«¿No ha visto a una niña como de esta estatura (un poco más alta que yo pero menos que Jeff), vestido rosado y cabello rubio?» preguntaba yo.

«Muchacho, se más específico».

Mi tono de voz se exalta al no recibir una respuesta. «Tiene más o menos mi edad, bonitos ojos gris-azulados y probablemente estaba suplicando por ayuda». Suspiro de angustia.

«¿Ya hablaste con un guardia de seguridad?».

De repente las luces se apagan dejándonos en completa oscuridad. La gente se asusta.

El altoparlante comienza a sonar. La voz que hablaba era la de una mujer, amable pero formal.

«Su atención por favor. ¿Podría el cliente de Onett dirigirse a la oficina del cuarto piso? Prrr. Gracias».

Encendimos una lampara y corrimos hacia las escaleras eléctricas lo más rápido que pudimos.

Un disco de vinilo volador se estrella contra mi cara rompiéndome la nariz. Otro se lanza contra mi panza sacándome el aire y haciéndome caer al piso. Jeff empieza a disparar su láser.

«¡Ness! ¡Ness! Tienes que levantarte».

Aún estoy consciente, pero sin el coraje para volverme a poner de pie.

«¡¿Quieres dejar de portarte como un tonto?!».

Bajo las nubes de agua que cierran el cielo de Fourside está una niña de cabello dorado viendo como salen personas de un viejo teatro, satisfechos por el concierto que acaban de ver, pero de entre toda esa multitud un niño de gorra roja llama la atención por moverse en dirección contraria. Mientras que los demás bajan él sube las escaleras del edificio. Debió haber olvidado algo importante en su asiento. Sí, como no.

Una vez que el niño entra, la niña se cruza de brazos maldiciendo al amigo que la dejó sola.

De pronto una figura irreconocible llega por la espalda de la niña y le tapa la boca para que esta no grite.

«¡Neeeess!».

«¡Paula!».

Me levanto del suelo sujetando a mi escudo de peluche con la mente y sacando mi bate de su lugar.

Más discos de vinilo se dirigen hacia mí, eran igual que una pelota de beisbol, solamente más planos.

HIT.

El disco da a parar contra una lampara de noche que se dirigía hacia nosotros volando.

Creé un campo de fuerza alrededor de Jeff para protegerlo de posibles impactos

Ahora es el turno de dos platos de porcelana que tenían las mismas intenciones que los discos, uno es destruido por el láser de Jeff mientras que otro es repelido por mi escudo y cae rompiéndose contra el suelo.

Jeff y yo no éramos los únicos luchando. Algunas personas se habían puesto a ayudarnos como podían. Eso nos dio la oportunidad a mi amigo y a mí de subir las escaleras al tercer piso.

Mientras subíamos vimos bajar por los escalones una taza de café; una taza de café con piernas. Esta se lanza a nosotros dejando caer el hirviente líquido que cargaba sobre nosotros. Nos habríamos quemado de no ser por el escudo decapitado que lo repelió.

Ya en el tercer piso nos recibió una banda de instrumentos malvados: Un micrófono, unos tambores de batería y unos platillos.

«¿Quieren un duelo de Rock?». Genero una descarga de PSI Rockin que manda a estos al taller.

Después de ellos llegó una guitarra eléctrica, y por eléctrica me refiero a que al tocar acordes lanzaba literalmente truenos y relámpagos.

«Truenos ¡Eso es!». Me quito la Medalla Franklin de mi pecho y la sostengo con una de mis manos enfrente del enemigo.

La guitarra lanza un ataque que es reflejado por mi medalla y devuelto a ella misma.

Me quedo mirando por un momento la Medalla Franklin recordando como la había conseguido.

«¡Qué estás haciendo! ―me reclamó Jeff esperándome para subir al cuarto piso― ¡Hay que continuar!».

«¡Esta tienda está maldita!» gritó un tipo mientras corría hacia el piso de abajo.

En el cuarto piso un helicóptero de combate a control remoto y unos autos de juguete son los primeros en recibirnos.

Mientras Jeff le disparaba a los carritos, una soga con patas y ojos se lanzó a él para amarrarlo.

«¡Ness, ayúdame!».

Yo aún estaba peleando contra el helicóptero, el cual era bueno evitando los hits de mi bat. Me tropiezo con un carrito, cayendo de espalda.

«Okay, ustedes lo pidieron» exclamo antes de usar otra descarga de PSI Rockin.

Me pongo de pie. Desde la oscuridad se acercaba una banda de cubiertos voladores. Para este punto estaba realmente cansado y estresado, pero estaba resuelto a no rendirme, pongo lo que queda del oso de peluche frente a mí y entonces.

¡CRASH!

Espantado volteo mi tronco para saber que había sido ese estruendo. Una lampara del techo había caído justo detrás de mi espalda. Hablando de espalda, se la acababa de dar esa banda de cubiertos voladores, ¿en dónde estaban ahora?

Mousketson sale espantado de mi mochila, chirriando histéricamente sin contar con algún interprete.

«¿Que ocurre?» le pregunto.

«Ness ―gritó Jeff con el mismo tono histérico de Mousketson―. Te acaban de apuñalar por la espalda».

Llevo una de mis manos a mi espalda y agarro el mango de un cuchillo. «Ajá, esto puede servir para liberarte».

Los cubiertos se habían incrustado en mi mochila, pero ninguno había llegado a tocarme.

Corto la soga que ata a Jeff y lo ayudo a ponerse de pie.

Una señora de tez oscura y cabello algo canoso se acerca a nosotros. «Disculpen ¿Saben dónde puedo encontrar los sanitarios?»

«¡¿Que no está viendo lo que está ocurriendo?!».

«Ay, gran cosa, tampoco es la primera vez que un fenómeno como este ocurre, hace años pasó lo mismo, en un momento todo volverá a la normalidad».

No supimos que hacer ante tal respuesta.

«¿Esto ya había ocurrido hace años?».

El altoparlante volvió a sonar:

«¿Señor Ness? Por favor diríjase a las oficinas ubicadas en la primera puerta a su izquierda, ¡Gwaarg! Gracias».

«¿Y los baños?» preguntó la mujer.

Jeff y yo corrimos a donde nos señaló la "señorita" siniestra del altoparlante sabiendo que seguramente nos tenía una trampa preparada.

Justo antes de llegar me detengo a tomar aire, no podía dejar de jadear.

«¿Te encuentras bien?».

«No Jeff, no me encuentro bien. Paula está con esa cosa y es por mi culpa. Estoy seguro que no la querrá soltar sin primero pelear».

«Si quieres podemos descansar».

Mi respuesta fue un no. ¿Cómo podíamos descansar en un momento como este?


«¡Paula!».

Entramos a una oscura oficina con un escritorio en medio y una ventana detrás de este, las cortinas evitaban que cruzara la luz del sol. Había alguien sentado en una silla de oficina dándole la espalda al escritorio.

La puerta se cerró sola.

«Lo siento, ella no está aquí». La voz reveló su verdadera identidad: Una criatura verde y viscosa llena de largos tentáculos, una sonrisa maniaca, un ojo sobre su cabeza y dos antenas, cada una con un ojo adicional, tres ojos en total. «¿Verdad que esta habilidad es increíble? ―su voz cambia a la del reportero que escuchamos en el teatro―. Puedo ser quien sea».

«¿Giygas?».

«¡Ja! El amo Giygas tiene cosas más importantes que hacer como para participar en este pequeño experimento. Soy unidad Mook 1707, pero tú puedes llamarme el Espectro de los Grandes Almacenes».

«¿A qué te refieres con experimento? Si le hicieron algo a Paula yo…».

«Te hemos estado observando desde que llegaste a Fourside. Conociendo tus habilidades y formas de luchar. Puedes haber llegado muy lejos, pero sigues siendo tan débil y vulnerable sin tu punto fuerte».

«¿Mi PSI?».

«¿Esa pequeña descarga de energía psicoquinética? No me hagas reír. Te refrescaré la memoria. ―El extraterrestre (no voy a fingir que no sabía que lo era) imita mi voz― "Vaya, no sé qué haríamos sin ti" ―Nos muestra un monitor sobre el escritorio, en la grabación se ve a un par de niños y una niña luchando contra un gigante hombre plateado en una habitación de hotel, la niña intenta correr a auxiliar a uno de sus compañeros, pero el gigante plateado la detiene con uno de sus tentáculos, al no poder acercarse crea un escudo psíquico sobre su compañero herido tirado sobre el piso―. Lo olvidé, ¿cuál era el nombre de tu asistente femenino?».

Molesto lanzo una descarga de PSI Rockin α al Espectro de los Grandes Almacenes, pero al hacerlo me entero que estaba protegido por una burbuja semitransparente que repele mi ataque PSI.

«Como decía, te hemos quitado tu punto fuerte y ahora yo, un simple soldado de Giygas, te tengo a mi merced, cansado, desmoralizado, al borde de un colapso emocional y completamente inmune a los ataques PSI. ―El tono de su voz cambia a una más grave y monstruosa― ¡Esta tienda será tu tumba! ―. Gwaarg». PSI Fuego.

Repelo el ataque con mi escudo de peluche, mi escudo se vuelve una bola de fuego, por lo que se lo aviento al enemigo haciéndolo rugir de dolor. Le doy un golpe con mi bate, otro, pero él, con varios de sus tentáculos me lo arrebata de las manos.

Jeff y yo nos agachamos bajo el escritorio para protegernos. Jeff mantiene cargada su arma.

«¿Y ahora qué?» murmuró Jeff.

«Escucha, hasta donde sé se necesita algo de concentración para encender el Fuego PSI, ¿viste esa grabación? Si yo no ardí en llamas es por los constantes disparos que recibía el starman que no le daban la oportunidad de concentrarse».

El escritorio que protegía nuestras espaldas se levanta por los aires.

«¿Estas en aprietos niño?». El Espectro de la Tienda prende en fuego el escritorio que sujetaba con telequinesis y lo lanza hacia nosotros.

Abrazo a Jeff y creo un campo de fuerza alrededor de nosotros. Aunque logré evitar que los restos del escritorio nos hicieran mucho daño, nos llevamos feas quemaduras.

Rodamos por el piso lejos del fuego

Jeff revisa dentro de su saco para asegurarse que ninguna de su pirotecnia se hubiera encendido. «¿Dónde está?» preguntó apuntando con su arma.

El enemigo calló del techo sobre Jeff y lo abrazó como lo haría un pulpo.

«¡Quítamelo! ¡Quítamelo!» gritaba Jeff mientras el extraterrestre extendía uno de sus brazos para lanzar otra descarga de Fuego PSI.

Me agacho y contraataco: Levanto el láser que Jeff dejó caer y le disparo a uno de eso feos ojos saltones. Enseguida saco el cuchillo que usé para desatar a Jeff y le corto un tentáculo al monstruo.

Gwaaarg. El monstruo soltó a Jeff cayendo sobre los restos del escritorio. Se aparta arrastrándose.

Lanza otra descarga de Fuego PSI directo hacia mi pecho, pero no se enciende. Pues a su vez yo había disparado otro láser.

Jeff encendió una bomba con el fuego en la habitación y se la lanza al extraterrestre.

«Te derrotamos, y sin Paula. toso―».

El moribundo alien sonríe con maldad y nos contesta: «¿Enserio?».

«¡Oye!» exclama Jeff al ver que sus bombas y cuetes salen volando de su abrigo hacia arriba en la habitación y quedando suspendidos sobre nosotros.

«Díganme, ¿qué tan buena es su especie respirando humo?

―Toda la habitación se había empezado a encender―.

»Solo es cuestión de que mi mente se desvanezca y me los llevaré conmigo. Prrr».

Corrimos a la puerta pero esta estaba bloqueada.

«Mousketson, ―tos―, busca una salida».

El ratón se desliza por debajo de la puerta, pero regresa sabiendo que ninguno de los dos cabía por allí.

«Busca ayuda».

Jeff por su parte también estaba buscando algo en el piso.

«El tiempo se les acaba» se burló el espectro

Corro a la ventana e intento abrirla pero las bisagras estaban derretidas y pegadas una a la otra. La pelea en mi pecho se había convertido en una sangrienta guerra que me causaba cada vez más dolor. Mi cerebro estaba ardiendo dentro de mi cráneo. «Okay, tú puedes, una última vez» me digo a mí mismo dispuesto a lanzar una última descarga de PSI contra los cristales de la ventana.

No lo consigo, en lugar de eso me encorvo por el entumecimiento en mi pecho. Si así se sentía un infarto ahora lo sabía. Veo mi bate de aluminio en el suelo y extiendo mi mano para alcanzarlo. Caigo sobre mis rodillas al no poder enderezarme.

Jeff está diciendo algunas palabras pero mi cabeza solo lo interpreta como ruido que aumentaba su dolor.

Había llevado mi cuerpo y mente a su máxima capacidad y había colapsado.

Todo se volvió blanco. El escenario ardiente se había desvanecido.

Una pequeña criatura con alas translúcidas y antenas desciende desde arriba.

"¿Buzz Buzz?".

«Me equivoqué contigo, creí que al perderme aprenderías la lección y vigilarías mejor a tu equipo».

El insecto se aleja volando.